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lunes, 19 de mayo de 2014

Cine actualidad/ "GODZILLA"


El Rey de los Monstruos ha vuelto

Para conmemorar el sexagésimo aniversario de su debut en la gran pantalla (“Japón bajo el terror del monstruo”, 1954) nos llega desde Hollywood un nuevo intento de revitalizar el mito del gigantesco monstruo nipón.  Bien es cierto que ya hace 16 años la cinematografía yanqui había intentado, sin demasiado éxito, una operación parecida, pero es ahora cuando las ejecutivos de Warner Bros. han dado luz verde a un nuevo reboot de la franquicia, que, según parece, ha contado con el beneplácito de Toho, la productora de los films originales.

“Godzilla” (2014) ha sido dirigida por el poco conocido Gareth Edwards, que apenas había realizado un largometraje (“Monsters”) con anterioridad.  Parece, pues, que a este señor le van los monstruos, y cuanto más grandes, mejor.  No es la nueva “Godzilla” un remake estricto de ninguna película anterior de las muchas que integran la inacabable saga japonesa, sino sólo un nuevo comienzo apto para el gusto occidental.  En este sentido, habría que realizar varias puntualizaciones, como por ejemplo la primera y principal:  en su propia película, este Godzilla no es sino un personaje muy secundario que aparece en pantalla no mucho más de quince minutos.  Quienes le quitan el protagonismo son dos “kaijus” (monstruos gigantes) conocidos como “Mutos”, que tienen a su cargo los momentos más terroríficos de la cinta.  Ese es otro demérito difícilmente justificable:  con toda una pléyade de personajes propios detrás (King Gidorah, Rodan, Gigan, Mothra, Gamera…), los artífices de este remake se han tenido que sacar de la manga dos criaturas nuevas y que encima de todo copian la morfología del misterioso atacante de “Monstruoso”.

Impulsado por el relativo éxito de “Pacific Rim”, el género llamado “Kaiju Eiga” (cine de monstruos gigantes) trata de ponerse de nuevo de moda en todo el mundo.  Las características de este tipo de films se mantienen inalterables y en “Godzilla” se plasman con total claridad:  criaturas gigantescas que se dan de hostias de lo lindo, destrucción a tutiplén y personajillos humanos que viven risibles historias dramáticas.  Este es, sin duda, el punto más débil de la película:  la excusa argumental para dosificar las secuencias de monstruos es tan baldía e irrisoria que causa auténtica vergüenza ajena.  Ni las peripecias del militar que interpreta Aaron Taylor-Johnson ni las desventuras de sus padres (Juliette Binoche y Bryan Cranston) ni la estéril cruzada que lleva a cabo el científico japonés a cargo de Ken Watanabe tienen el más mínimo interés y, por el contrario, más que emoción causan irritación.

Sin embargo, hay que reconocer que Gareth Edwards se luce de lo lindo en la planificación, filmación y montaje de las escenas de acción.  Deudora indisimulada del Spielberg de “Parque Jurásico”, “Godzilla” recrea varias secuencias inolvidables que pasarán a la historia del género.  Como muestra, basta recordar el primer ataque del muto en la base militar y, sobre todo, la dantesca llegada del propio Godzilla, jalonada por una lluvia que presagia no pocos desastres.  Con momentos tan sublimes como éstos, uno casi se olvida de lo flojito que es lo demás.  Casi.

Luis Campoy

Lo mejor:  las escenas de combate entre monstruos gigantes;  la partitura de Alexandre Desplat
Lo peor:  los personajes humanos, con especial mención a Bryan Cranston y su imposible peluquín
El cruce:  “Godzilla” + “Parque Jurásico” + “Alien” + “Pacific Rim”

Calificación:  7 (sobre 10)

viernes, 16 de mayo de 2014

Asfixiar a Dios

¡Qué ingratos, los seres vivos…!  La sabia Naturaleza pone a su disposición la posibilidad de alimentarse con los manjares más apetitosos y sobre todo más deliciosamente aromáticos…  y ellos, los muy cabrones, se lo pagan inundándola con excrementos de execrable apariencia y, sobre todo, pestilente aroma…  Ya lo decía mi madre:  “Comerás gloria, pero….”

La siguiente anécdota, real como la vida misma, acaeció pocas fechas atrás, pero bien hubiera podido suceder en cualquier momento de la longeva Historia humana… 

Apretado por inaplazable necesidad, había accedido al cuartito con el tiempo justo y preciso para vaciar las desechables sustancias en la taza al efecto.  ¡Qué alivio se experimenta al depositar tal cantidad de lastre y, tras un segundo de relajo, tirar vengativamente de la cadena…!  A continuación, tocaba levantarse, y la costumbre (que suele desembocar en ley) dictaba dejar la puerta del excusado entreabierta, para que los pútridos olores no exterminasen a las inocentes bacterias autóctonas.  El reducto conocido como “WC” (iniciales británicas de “Water Closet”) desembocaba en una zona común en la que se hallaban dos urinarios de pared y el lavabo, y tal emplazamiento, entre machos saciados de su necesidad, podía llegar a resultar tan concurrido como la mismísima plaza del pueblo.  Así pues, mientras el agua caía sobre las manos y éstas se desteñían de la lechosa capa de jabón, un compañero accedió al lavadero y pareció que éso podía merecer el inicio de una conversación.  Mas no había iniciádose la charla cuando el recién llegado, afectado por una repugnante fetidez a la que su autor ya se había habituado, bramó airado:  “¿QUIERES CERRAR ESA PUERTA, QUE SALE UN TUFO QUE SE ASFIXIA DIOS?” y, acto seguido, incapaz de culminar la humana función que le había traído a tal dependencia, salió de ella como quien huye de la peste (nunca más oportunamente empleada la metáfora).


Con los ojos como platos y las mejillas como tomates, al “ofendido” sólo le quedaba agachar la cabeza y rezar fervientemente para que del cielo no cayera una deidad asesinada por obstrucción respiratoria nasal aguda…

martes, 13 de mayo de 2014

Cine actualidad/ "EL GRAN HOTEL BUDAPEST"

Delirio visual

De vez en cuando, nos tropezamos con ejemplos sumamente clarificadores de lo que es el verdadero cine, y, sobre todo, de lo que fue el cine en su origen:  el predominio de la imagen sobre todo lo demás.

La historia de “El Gran Hotel Budapest”  se centra en Gustave H., el todopoderoso conserje del mayor establecimiento hotelero de Zubrowka, imaginario país en la Europa de los años 30.  Las múltiples vicisitudes de Gustave y su protegido, el botones Zero, están narradas con humor y, sobre todo, con un sentido pictórico de la puesta en escena.

Si cometiésemos el imperdonable error de juzgar a “El Gran Hotel Budapest” exclusivamente en base a su argumento, probablemente no tendríamos mucho que decir.  Una comedieta no muy lograda, con gags muy simples y personajes sólo disfrutables por adictos al slapstick.  Ahora bien, si la afrontamos desde la perspectiva de un espectador ansioso de que le cautiven, le sorprendan y le maravillen, seguramente en los últimos años no se ha visto una obra igual.  El director Wes Anderson despliega un derroche de belleza casi pictórica, de principio a fin.  La composición de cada plano es una filigrana, el tratamiento del color es magistral y la rutilante imaginería visionaria de Anderson no decae ni un segundo.  Por si fuera poco, la partitura la firma uno de los mejores compositores de la actualidad, el francés Alexandre Desplat, toda una garantía de buen gusto en el apartado musical.

El otro grandísimo aliciente, la guinda del pastel, lo constituye un super reparto de estrellas cinematográficas que, sin duda, se divierten a lo grande.  El listado quita el hipo:  Ralph Fiennes, F. Murray Abraham, Adrien Brody, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Jude Law, Harvey Keitel, Bill Murray, Edward Norton, Tilda Swinton, Tom Wilkinson y Owen Wilson.  Otro motive más para darle una oportunidad a una pequeña obra de arte digna de que no la dejemos escapar.

Luis Campoy

Lo mejor:  la maravillosa puesta en escena
Lo peor:  por desgracia, el fondo no está a la altura de la forma
El cruce:  “El exótico Hotel Marigold” + “El mundo está loco, loco, loco”

Calificación:  8 (sobre 10)

miércoles, 7 de mayo de 2014

Carpenters, el cielo y el infierno

Para aquéllos a quienes nos gusta la música melódica, quizás con un toque excesivo de azúcar no del agrado de cualquiera, los Carpenters fueron los reyes indiscutibles del género durante los años setenta.

Los hermanos Richard (nacido en 1946) y Karen Carpenter (nacida en 1950) habían tenido desde niños una inequívoca inclinación hacia la música.  Fue Richard el más precoz, y desde muy niño se pasaba las horas muertas escuchando la amplísima colección de discos de su padre, cuando no las múltiples emisoras de radio a las que tenía acceso.  Ya a los 8 años, el pequeño Richard comenzó a tocar diversos instrumentos, comenzando por el acordeón y recalando en el que le dio la fama:  el piano.  Por su parte, su hermana Karen, una muchacha con cierta tendencia al sobrepeso, vio en la música la posibilidad de liberarse de las clases de gimnasia, y se decantó por un instrumento muy poco usual tratándose de una señorita:  la batería.  La primera formación musical que ambos fundaron fue el “Richard Carpenter Trio” en 1965, donde Richard tocaba el piano, Karen la batería y un tal Wes Jacobs, amigo de Richard, se ocupaba del contrabajo.  El grupo duró poco más de un año, pero en 1966 los hermanos Carpenter ya tenían un nuevo proyecto:  “Spectrum”, otro trío en el que les acompañaría nada menos que John Bettis, destinado a ser uno de los letristas más famosos de la segunda mitad del siglo XX.  El caso es que también Spectrum se disolvió demasiado pronto, y fue más o menos por aquel entonces cuando Richard convenció a su hermana de que lo que tenía que hacer era dejar la batería a un lado y explotar el instrumento más hermoso al que tenía acceso:  su preciosa voz.  Bajo el sello Magic Lamp, lograron publicar un single firmado por “Karen Carpenter” (con Richard como teclista), que contenía las canciones “Looking For Love” y “”I’ll Be Yours”.  La aventura tampoco funcionó, pero ellos no se rindieron.  Karen empezó a tratarse su preobesidad e inició un régimen bastante restrictivo, al tiempo que Richard se dedicaba a enviar “demos” (maquetas) de sus canciones a múltiples compañías discográficas.  A&M Records, propiedad del famoso trompetista Herb Alpert, fue la que más fuerte apostó por ellos, y les propuso lanzarles como dúo bajo la denominación “The Carpenters”.  Su primer LP “Offering” salió a la venta en 1969 y tuvo una repercusión más bien discreta, llegando sólo hasta el puesto 54 del Billboard.  Pero ni ellos ni Alpert se desanimaron, e hicieron bien:  su segundo LP “Close To You” (1970) entró directamente al número uno, y permaneció allí durante varias semanas.  El público estadounidense alucinaba con aquellos muchachos que hacían un tipo de música tan a contracorriente, con aquellas composiciones tan melódicas y de arreglos virtuosos, y aquella voz tan dulce pero tan potente.

Durante 5 años, los Carpenters parecían poseer el “toque de Midas”:  todo lo que hacían se convertía en oro, todos los LP’s y todos los singles (“Rainy Days and Mondays”, “Goodbye To Love”, “Superstar”, “Only Yesterday”…) triunfaban…  hasta que en 1975 el globo empieza a desinflarse.  Quizás fue la saturación, quizás la gente comenzaba a empalagarse de tanto dulzor...  o tal vez los visibles problemas de salud de Karen resultaban cada vez más preocupantes.  Su dieta tan estricta le pasaba factura, y el ajetreo de los conciertos y las giras le provocó stress y agotamiento.  Comenzaron a correr rumores de que parecía alguna enfermedad de extrema gravedad, como cáncer.  La discográfica lo desmintió, pero aconsejaron a la cantante que ingresara en una clínica de reposo durante algún tiempo.  Sólo lograron retenerla durante dos meses.  Cambiaron de manager y enseguida volvieron al trabajo, aunque, sorprendentemente, la fortuna ya no les sonreía.  Ahora fue Richard quien necesitó ayuda médica, pues había empezado a tomar somníferos a los que acabó enganchado, y anunció que se tomaría un año sabático para desintoxicarse.  Fue en aquel momento (año 1979) cuando Karen, quien hasta entonces era la voz solista en los discos pero la comparsa de Richard en materia de decisiones, pensó grabar su propio álbum en solitario.  Marchó a Nueva York y grabó todos los temas de un LP que nunca vería la luz, a pesar de contar con la producción del prestigioso Phil Ramone y la colaboración de los músicos de acompañamiento de Billy Joel.  Llegó a rumorearse que fue su propio hermano Richard quien boicoteó la publicación del vinilo, por miedo a que el triunfo de Karen supusiera la puntilla definitiva a los Carpenters como dúo, pero nadie pudo probar esta (¿absurda?) teoría…

Es 1980 y los Carpenters tratan nuevamente de saborear las mieles del éxito.  Editan un nuevo trabajo y su sencillo de presentación (“Touch Me When We’re Dancing”) asciende rápidamente al número 20 del Billboard.  Karen, no obstante, aparece cada día más desmejorada, y su anorexia es patente.  Sin embargo, se casa por sorpresa con el empresario Tom Burris.  Karen deseaba una familia propia pero Burris le confesó que se había sometido a una vasectomía.  Cuando se enteró de esto, Karen quiso suspender la boda, pero su posesiva madre se negó, porque ya las invitaciones estaban enviadas, los medios habían sido convocados y el escándalo sería apocalíptico si el compromiso se cancelaba.  El matrimonio duraría apenas un año.  Desolada, Karen decide acudir a una clínica especializada en el tratamiento de la anorexia nerviosa.  Le obligan a dejar de lado las casi ¡90! píldoras laxantes que tomaba cada día, cuando ya su cuerpo era poco más que un pellejo del que el despiadado Burris se burlaba.

Era demasiado tarde.  Un día, Karen nota que su corazón late de manera anormal, y, como consecuencia de ello, es ingresada en el Hospital Lennox Hill de Nueva York, donde la mantienen durante más de un mes mediante alimentación intravenosa.  Al salir del hospital, decide regresar a Los Angeles, donde residen sus padres.  El 3 de Febrero de 1983 se queda a dormir en el hogar materno, y por la mañana su madre la encuentra inconsciente en su cuarto.  Llaman a la ambulancia y la ingresan de urgencia en el Downey Community Hospital, donde fallece aquel fatídico 4 de Febrero.  En el informe del forense, se certifica que la muerte se debió a “irregularidades en los latidos causados por desequilibrios químicos asociados con la anorexia nerviosa”.  La voz más extraordinaria del pop se apagaba para siempre a los 32 años, víctima de su imposibilidad para aceptar su propia naturaleza.  Sus fans nunca dejaremos de emocionarnos al escucharla.

viernes, 2 de mayo de 2014

Cine actualidad/ "HER"

Amor informático

¿Cuántas veces le han dicho a una persona que se pasa las horas muertas ante el ordenador, que parece que está enamorado de esa máquina?  Eso más o menos es lo que le sucede a Theodore, el protagonista de “Her”.  Se trata de un hombre en proceso de separación que, taciturno, ahoga su propia incapacidad para vivir, adaptándose a las vidas de otros.  Su trabajo consiste en escribir cartas para otras personas, cartas en las que muestra una sensibilidad y agudeza de las que carece en su propia existencia.  Hasta que un día cambia de sistema operativo y éste, que le habla con sensual voz de mujer y atiende al nombre de “Samantha”, capta mucho más que su atención….

Si en otras películas hemos conocido a seres cibernéticos capaces de despertar el miedo, el odio o el afecto, lo que pretende el director Spike Jonze es que nos convenzamos de que entre un humano y un sistema operativo puede llegar a establecerse una relación amorosa que satisfaga a ambos.  Dicho así suena casi cómico (¿quién diablos se enamoraría del Windows XP, y ni siquiera del Windows 8?), pero el guión de “Her” es lo bastante inteligente como para que asumamos que un hombre en las circunstancias de Theodore es capaz de colgarse de un programa informático, y de que no nos echemos a reir cuando dicho programa muestra capacidades de experimentar sentimientos.

A excepción de un desenlace algo decepcionante y aun desconcertante, “Her” sorprende, cautiva y conmueve, y ello no sólo se debe al guión y dirección, obra de Spike Joze (“Cómo ser John Malkovich”), sino sobre todo a la tierna y entrañable composición de Joaquin Phoenix (menos mal que no dejó la interpretación como había amenazado), en el papel más complejo y completo de su carrera.  Le acompañan un par de actrices asociadas al mundo del comic:  Amy Adams (la nueva Lois Lane de “El Hombre de Acero”) y la que es considerada la mujer más sexy del mundo, Scarlett Johansson (la Viuda Negra de “Los vengadores”), que es la propietaria de la voz con la que habla la cautivadora Samantha.  Mi amigo Monty dice que es precisamente por eso (porque, en la versión española, a quien oímos no es a Johansson sino a su dobladora Inés Blázquez) por lo que la película pierde algo de credibilidad y fascinación al no ser escuchada en versión original y, bueno, si Monty lo dice, seguro que debe ser cierto…

Luis Campoy

Lo mejor:  Joaquin Phoenix
Lo peor:  tanto el desenlace como el epílogo resultan precipitados y confusos
El cruce:  “Yo robot” + “A.I.” + “Engendro mecánico”

Calificación:  8 (sobre 10)