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miércoles, 23 de abril de 2014

El misterio de Ataúlfo Argenta

Hace unas semanas, mientras realizaba una recopilación de los mejores temas de zarzuela, buscando retratos de cantantes, músicos y compositores, me tropecé con una historia de la que no tenía ni idea, un retazo de esa España oscura que creíamos perdida en el túnel del tiempo…

A finales de los años cincuenta del siglo pasado, los directores de orquesta más famosos y prestigiosos del mundo eran el austríaco Herbert Von Karajan, el norteamericano Leonard Bernstein, el rumano Sergiu Celibidache…  y el español Ataúlfo Argenta.

Argenta, hijo de un ferroviario, sorprendió a su familia con unas dotes musicales que deslumbraron a todo el mundo.  Le matricularon en piano, violín y solfeo, pero todo lo que su ciudad natal (Castro Urdiales, Cantabria) podía ofrecerle era muy poco comparado con lo que ambicionaba.  A los 12 años y poco después de haber dado su primer recital de piano, la familia Argenta se trasladó a vivir a Madrid, donde el joven Ata, al entrar apenas en la adolescencia, se echa novia, Juana Pallarés, la eterna compañera hasta el final de sus días, de cuyo matrimonio nacieron 4 hijos, uno de los cuales sería el famoso y tristemente fallecido Fernando, creador de “Clásicos Populares” y “El Conciertazo”.

Pero volvamos a Ataúlfo.  Después de innumerables vicisitudes (estuvo a punto de ser fusilado durante la Guerra Civil acusado de afinidad ideológica con el bando republicano, y además tuvo que vencer un pavoroso brote de tifus que casi se lo lleva por delante), alterna sus estudios con sus celebradísimas intervenciones ya como pianista, ya como director de orquesta.  En 1947 y contando 34 años, fue nombrado Director de la Orquesta Nacional de España.  Su simpatía y carisma, y su planta como de estrella de Hollywood le hacen ser asombrosamente bien considerado.  El crítico musical del prestigioso Le Figaro dijo de él:  “¿Me creerán si les digo que Argenta es el hombre más encantador, más franco y más generoso que he encontrado en una profesión donde esas virtudes suelen brillar por su ausencia?”  Su vida profesional era un triunfo continuo:  igual dirigía la grabación discográfica de las mejores zarzuelas españolas que ponía en pie a un auditorio de diez mil personas interpretando a Ravel, Moszkowski o Händel.  Su hijo Fernando afirma que sobre su mesa tenía una oferta para dirigir, por una auténtica millonada, a una de las orquestas más prestigiosas de Norteamérica, pero entonces…

El lunes 20 de Enero de 1958, Argenta lleva a su esposa e hija al aeropuerto, desde donde ambas partirán con rumbo a Suiza para someterse la primera a una intervención quirúrgica.  De regreso a Madrid, Ata dirige el ensayo habitual de su orquesta en el Teatro Real, y de ahí se traslada a su vivienda situada en la pedanía madrileña de Los Molinos.  A la mañana siguiente, 21 de enero, el hombre que todo lo tenía aparece muerto en el interior de su vehículo.  Al parecer, había arrancado su coche, encendió la calefacción y, mientras esperaba que el motor se calentara, falleció por inhalación de monóxido de carbono.  Apenas tenía 44 años.  Su orquesta y el mundo entero quedaron consternados pero le ofrecieron innumerables homenajes, y todavía hoy, casi seis décadas después, su fama sigue impertérrita en los circuitos musicales.

Pero ¿qué hay más allá de la versión oficial acerca de su inesperada muerte?  La inhalación de monóxido de carbono es una práctica habitual entre los suicidas más pacíficos, pero ¿por qué diablos iba a suicidarse un hombre joven y feliz a quien sonreía la fortuna?  Las primeras hipótesis que circularon por Madrid hablaban de un tardío ajuste de cuentas hacia alguien que poseía un inequívoco pasado republicano.  Pero ése sólo fue el principio.  La segunda teoría, que fue la que más forma fue cogiendo, aludía a que en el coche no había uno…  sino dos cadáveres (uno de los cuales fue convenientemente hecho desaparecer para no empañar la memoria de tan insigne representante de la Marca España).  Es decir, el chismoseo afirmaba que Ata había aprovechado la ausencia de su esposa para llevar a su casa a su amante, con la que habría acometido determinados actos amatorios en el coche, razón por la cual los dos enamorados tardaron tanto en apercibirse de la existencia del gas.  Es aquí cuando puede volver a tener sentido la teoría del suicidio, ya que también hubo quien teorizó que Argenta se quitó la vida al no poder vivirla en compañía de la mujer a quien realmente amaba.


En fin, todo esto son especulaciones que circularon durante aquellos años en los que la libertad de expresión era básicamente una quimera, donde el ciudadano sólo conocía la versión oficial que el Régimen quería que conociera.  Lo único cierto y verdad es que una muerte imprevista truncó la ascendente carrera de un músico llamado hacia la gloria y que se fue justo cuando saboreaba las mieles más dulces de su éxito.

1 comentario :

Anónimo dijo...

El Teatro Real no se reabrió como sala de conciertos hasta 1966, luego difícilmente pudo dirigir allí su último concierto. Provablemente sería es Real Cinema, o el Monumental