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miércoles, 19 de marzo de 2014

La Reina del rock

Lo que hoy conocemos como “Queen”  (“La Reina”), empezó con una sonrisa.

Fue en 1968 cuando dos jóvenes, Brian May (21 años), que tocaba “un poco” la guitarra, y Tim Staffell (20 años), bajista y voz solista, conocieron a un compañero de universidad llamado Roger Taylor, de apenas 19 años y que tocaba la batería.  Los tres formaron el grupo “Smile” (“Sonrisa”) en aquel agitado Londres postmoderno y contracultural.  La compañía que les contrató para grabar fue Mercury Records, y cuando Staffell presentó al grupo a otro compañero suyo, de origen tanzano, llamado Farrokh (“Freddie”) Bulsara (22 años), descubrieron en él al propietario de una voz poderosa y sorprendente.  A principios de 1970, Tim Staffell decidió abandonar Smile y unirse a otra banda, Humpy Bong, y propuso a Bulsara (quien elegiría como nombre artístico “Freddie Mercury") como su sustituto a nivel vocal.  Faltaba por encontrar a un nuevo bajista, y pronto dieron con John Deacon (19 años), con lo que Mercury, May, Taylor y Deacon se convirtieron en una de las bandas de rock más famosas de la Historia…  ¡Queen!.

La primera decisión de Queen como grupo fue no perder la cabeza en pos de la música, de modo que sus cuatro miembros acabaron tranquilamente sus carreras universitarias antes de ponerse a tocar en serio, teniendo lugar su primer concierto oficial en el Imperial College de Surrey, y grabando sus primeras canciones de estudio a finales de aquel mismo año 1971.  No obstante, fue el sello Trident el primero que les ofreció un contrato, el cual quedó rápidamente finiquitado cuando una compañía mucho más conocida, EMI, compró los derechos y lanzó el primer LP que acababan de grabar y que saldría al mercado en 1973 con el título a secas de “Queen”.  La buena acogida crítica propició la grabación inmediata de un segundo disco, “Queen II”, en 1974, al que seguiría, también en ese mismo año, “Sheer Heart Attack”.

En 1975, llega la obra maestra absoluta de Queen:  su álbum “A Night At The Opera”, del cual se extrae como primer sencillo “Bohemian Rhapsody”, considerado por muchos como la mejor canción de la historia.  Freddie Mercury, virtuoso del piano además de cantante, compuso un tema que mezclaba la balada, el rock e incluso la ópera, y además grabó en varias pistas superpuestas todas las voces.  El éxito esta vez fue enorme y ya nunca les abandonaría.

“A Day At The Races” se publicó en 1976 a modo de secuela de “A Night At The Opera” (por cierto que ambos son títulos de sendas películas de los Hermanos Marx), y se repitió la misma excelente acogida por parte de público y crítica especializada.  Los conciertos y giras empiezan a sucederse de manera multitudinaria, y los siguientes discos de la banda gozaron de similar fortuna:  “News of the World” (1977), “Jazz” (1978) y el directo “Live Killers” (1979).  En el primero de ellos se incluían las celebérrimas “We Are The Champions” y “We Will Rock You”, además de magníficas canciones, himnos deportivos indispensables desde entonces.

Con “The Game”, publicado a finales de 1979, Queen emprende un cambio estilístico incluyendo la utilización de sintetizadores, y se descuelga con una canción que revolucionaría las pistas de baile:  “Another One Bites The Dust”.  Poco después, se embarcan en la realización de la banda sonora del cutre-film de ciencia ficción “Flash Gordon” (1980), que fracasó estrepitosamente a todos los niveles.  Hacía falta un revulsivo, y ése fue el recopilatorio “Greatest Hits” (1980), que se acabaría convirtiendo en el disco más vendido de todos los tiempos.  Sin embargo, el siguiente trabajo, “Hot Space” (1982), fue muy mal recibido, acusándosele de ser excesivamente discotequero.  Con todo, pasaría a la historia por incluir un temazo grabado junto a David Bowie, la famosa “Under Pressure”.  Más fortuna corrió “The Works” (1984), que contenía “Radio Ga Ga” (de donde Lady Gaga tomó su nombre) y la excelente “I Want To Break Free”, en la que los cuatro músicos salían vestidos de mujeres que reivindicaban su igualdad.

En lo más alto de su popularidad, Queen accedió a tomar parte en el macro concierto “Live Aid” (1985) organizado por el líder de los Boomtown Rats, Bob Geldof, y en el que compartieron escenario con superestrellas como David Bowie, Dire Straits, Elton John, U2, The Who, Eric Clapton o Status Quo.  Fue por aquel entonces cuando empezaron a extenderse los primeros rumores de separación, que fueron oportunamente acallados con el lanzamiento de un nuevo disco, a principios de 1986.  Se trató de “A Kind Of Magic”, superventas allá donde los haya y que recogía las canciones que Queen compuso para la película “Los Inmortales”, que protagonizaban Christopher Lambert y Sean Connery.  Un vinilo tan exitoso había que promocionarlo por todo lo alto, y de ahí nacería la macro gira “Magic Tour”, que desembocaría en uno de los conciertos  más vendidos de la historia (tanto en LP como en video), “Live Magic”.  Después de esto y durante tres años, el cuarteto de toma unas largas vacaciones, que aprovecha Freddie Mercury para la lanzar su propio disco en solitario, “Mr. Bad Guy”.

En 1989 se publica “The Miracle”, cuando ya la grave enfermedad de Freddie Mercury (SIDA) era algo más que un rumor.  El cantante, cuya homosexualidad era un secreto a voces, aún tuvo fuerzas para grabar con la española Montserrat Caballé el tema “Barcelona” y para reunirse una última vez con sus compañeros de Queen en el álbum que supuso el canto de cisne de la banda, “Innuendo”, al cual pertenecía la emotiva “The Show Must Go On”, auténtico testamento musical de Mercury.

Sólo dos días después de confesar al mundo que padecía el SIDA, Freddie Mercury falleció a los 45 años de edad, el día 24 de Noviembre de 1991. La conmoción fue poco menos que universal.  Recuerdo que la emoción que sentí fue sólo comparable a la que me embargó cuando murieron Elvis en 1977 o John Lennon en 1980.  Los dolientes compañeros de Mercury organizaron un emotivo y multitudinario concierto de despedida, en el que lograron reunir a compañeros como Elton John, Metallica, Roger Daltrey, Guns‘N’Roses o George Michael.

Pero la gallina de los huevos de oro era demasiado productiva como para permitir que agonizara.  En 1995, Queen edita un álbum titulado “Made in Heaven” (“Hecho en el Cielo”) en el que se incluyeron algunos temas previamente grabados y desechados, y nuevas remezclas de canciones que Freddie Mercury había lanzado en su disco en solitario.  Lo siguiente era el salto a los escenarios, y, en la estela del musical “Mamma Mia” basado en las canciones de Abba, se sacaron de la manga “We Will Rock You” (2002), una producción en la que los temas más famosos de la banda se iban sucediendo enlazados por un argumento en el que el Rock se equiparaba a la Libertad.

Pero tampoco entonces Freddie Mercury descansaría tranquilo en su tumba.  En 2004 y durante 5 años, May y y Taylor “ficharon” al músico Paul Rodgers para formar un nuevo cuarteto, con Danny Miranda sustituyendo a John Deacon al bajo, tras la intención de éste de retirarse.  El sonido de los varios conciertos y el disco de estudio que grabaron, “The Cosmos Rocks” (2006) no era malo en absoluto, pero era demasiado evidente que, si bien a Deacon podía reemplazársele, Mercury era simplemente insustituible.

Tras disolverse “Queen + Paul Rodgers” en 2009, a finales de 2013 Brian May anunciaba que estaba sometiéndose a diversas pruebas ante la sospecha de que podía padecer cáncer de próstata (enfermedad que se llevó a su padre a los 66 años, la misma edad que él tenía entonces), si bien meses después comunicaba que, afortunadamente, no sufría la maligna dolencia.  Tan contento se puso, que divulgó su intención de recopilar varias grabaciones inéditas de Freddie Mercury en un nuevo disco bajo el sello de Queen, e incluso, hace apenas un par de semanas, se ha sabido que habrá nueva gira este mismo verano, donde Queen (es decir, lo que queda de ellos:  Brian May y Roger Taylor) contarán con la voz solista de Adam Lambert, ganador del concurso “American Idol”.


Es evidente que un grupo mítico como Queen se resiste a caer en el olvido, a pesar de que la ausencia de una personalidad abrumadora como Freddie Mercury parecía aconsejar otra actitud.  Pero son tantos los fans y tantos los imitadores (recordemos a la banda murciana Unrisen Queen, que hace pocas fechas llenaba a rebosar el Teatro Guerra de Lorca), que supongo que era muy difícil renunciar a esa clase de magia que ellos como nadie supieron crear y contagiar.  Larga vida al Rock’n’Roll y que Dios salve a la Reina….

lunes, 10 de marzo de 2014

La increíble muerte de Paul McCartney

Hoy quiero recordar para todos vosotros una de las leyendas urbanas más famosas y al mismo tiempo más olvidadas de la historia de la música:

PAUL IS DEAD
(“Paul ha muerto”)

A mediados de los años 60 y cuando se decía que los Beatles eran más famosos que Jesucristo, se extendió como la pólvora entre los adeptos a la banda de Liverpool el insistente rumor de que uno de sus líderes, el bajista Paul McCartney, estaba muerto y había sido sustituído por un doble.  Quienes creían a pies juntillas en la veracidad de esta historia presumían de haber hallado multitud de pruebas más o menos visibles, y el pobre Paul se vio tan acorralado que en más de una ocasión tomó la palabra para gritar, angustiado, “¡Estoy vivo!”….

Todo empezó el martes día 9 de Noviembre de 1966.  Paul salía de los estudios Abbey Road tras una larguísima sesión de grabación del album “Revolver”, y de camino recogió en su coche a una joven llamada Rita, que hacía autostop.  En principio, la muchacha no reconoció a su chófer, pero cuando lo hizo, trató de abrazarlo y éste, al pretender esquivarla, perdió el control, estrellándose el coche contra un camión.  La chica salió ilesa, pero el músico sufrió gravísimas heridas en la cabeza, que en primera instancia le dejaron desfigurado y horas después (a las 5:00 de la mañana del miércoles día 10) provocaron su muerte.  Al enterarse Brian Epstein, manager de la banda y apodado “El Quinto Beatle”, lo primero que se le ocurrió fue sobornar a los policías, los médicos y los enfermeros que habían conocido de primera mano la tragedia, así como a los periodistas y resto de medios de comunicación, para impedir que se divulgase la noticia.  El cuarteto de Liverpool NO PODÍA quedarse sin uno de sus miembros fundamentales, era absolutamente imposible, ya que los fans nunca lo aceptarían.

Fue así como surgió un concurso televisivo llamado “El Doble de Paul McCartney”, que tuvo como ganador a un joven canadiense llamado William Campbell.  Una vez proclamado campeón, Campbell no sólo recibió un adiestramiento intensivo (McCartney era zurdo, pero Campell era diestro), sino que se le obligó a realizarse varias operaciones de cirugía estética hasta ser el vivo retrato del compositor fallecido.


Sin embargo, los Beatles auténticos no podían soportar vivir con el peso de tan monumental engaño, y se propusieron dejar pequeñas pistas en sus discos, para alertar a los fans más perspicaces.  Según la leyenda, la portada del disco “Rubber Soul” presenta una foto tomada desde la tumba de Paul;  en la cubierta de “The Beatles, Yesterday and Today” aparecen los músicos con muñecos despedazados que simbolizan los restos del difunto;  en “Revolver” se ven unos dibujos de los rostros de frente de John, George y Ringo, mientras que Paul aparece de perfil.



En el caso del mítico “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, la analogía es mucho más evidente:  si uno se fija en las coronas de flores que aparecen en la parte inferior (una de ellas con forma de bajo, el instrumento que tocaba Paul), diríase que la multitud de personajes famosos invitados se han congregado para asistir a un entierro.  En la contraportada de este mismo álbum, George, John y Ringo aparecen de frente, mientras que Paul está de espaldas.  La canción “She’s leaving home” empieza diciendo “Wednesday morning at five o’clock…” (“Miércoles por la mañana a las cinco en punto”, hora exacta del supuesto óbito);  otro de los temas se titula “Lovely Rita” (nombre de la misteriosa pasajera);  y no olvidemos la mística “Within you, without you” (“Dentro de ti, sin ti”), quién sabe si dedicada por George Harrison a su amigo desaparecido.


En el disco “Magical Mystery Tour” se incluye la canción “Strawberry Fields Forever” (“Campos de fresas para siempre”, de donde David Trueba ha tomado el verso “Living Is Easy With Eyes Closed” que da título a su película “Vivir es fácil con los ojos cerrados”), en cuya parte final se oye a John diciendo “I’m very bored” (“Estoy muy aburrido”), aunque no son pocos quienes afirman que lo que dice en realidad es “I buried Paul” (“Yo enterré a Paul”).  En la carátula de dicho disco “Magical Mystery Tour”, los Beatles salen disfrazados de animales, tres de ellos de colores claros y el cuarto (la morsa) de color oscuro.  Pues bien, en el posterior doble LP “The Beatles” se incluye una canción, “Glass Onion”, en la que se dice “The walrus was Paul” (“La morsa era Paul”);  en seguida salieron quienes afirmaron que la morsa era un símbolo de muerte en algunas culturas, que el traje oscuro era el atuendo de un difunto e incluso que, en no sé qué dialecto pseudo-griego, “walrus” significa directamente “muerto”.


Pero donde se rizó el rizo definitivamente fue en la famosísima portada de “Abbey Road”.  Los cuatro jóvenes cruzan un paso de cebra en lo que, se dice, es una verdadera procesión fúnebre.  Preside John Lennon vestido de blanco, que sería el cura;  le sigue Ringo Starr con traje negro, en calidad de empleado de la funeraria;  en tercer lugar camina Paul (¿el muerto?);  y el último, George Harrison, que va vestido con ropa vaquera, haría las veces de enterrador.  John, Ringo y George tienen el pie izquierdo adelantado y el derecho hacia atrás, pero Paul lleva el paso cambiado (pie derecho delante, pie izquierdo, detrás)…  y además va…  descalzo.


Serían muchas más las pistas, falsas o no, que podríamos entresacar de entre el aluvión que los fans de la banda se empeñaron en hallar a partir de que un locutor de radio de Detroit fuese el primero, en 1969, en difundir el extraño rumor del fallecimiento de Paul McCartney y su sustitución por un doble.  Yo ni lo creo ni lo dejo de creer, pero me ha apetecido contároslo durante esta soleada tarde de Marzo…