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lunes, 29 de diciembre de 2014

Cine actualidad/ “BIG EYES”

Arte e impostura

Durante los años sesenta, se hicieron inmensamente populares en los Estados Unidos los dibujos de niños con ojos enormes. Se vendían en papelerías, en supermercados y en gasolineras.  Se desató tal locura en torno a ellos, que las grandes personalidades de la época quisieron tener su retrato con los globos oculares hiperdesarrollados.  Natalie Wood, Joan Crawford, Jerry Lewis o Kim Novak fueron algunos de los agraciados.  Woody Allen, en su película futurista “El Dormilón” bromeaba con que las obras de Keane serían recordadas como la seña de identidad de la década.  Pero ¿quién era realmente el tal Keane que firmaba todas aquellas pinturas…?

“Big Eyes” (“Ojos Grandes”) es el nuevo film del famoso director Tim Burton, que narra la historia del proceso creativo que catapultó a la fama al matrimonio Keane, formado por Walter (pintor fracasado aunque charlatán irresistible) y su esposa Margaret (artista autodidacta de gran imaginación pero presa de una gran timidez).  Bajo la apariencia de felicidad y glamour de la pareja, se escondía una terrible verdad que no fue desvelada hasta muchos años después:  mientras el astuto Walter se atribuía el mérito de la realización de las pinturas, la sufrida Margaret vivía prácticamente confinada en su estudio, pintando y pintando sin parar y sin reunir el valor suficiente para escapar de tan sórdida situación.

Hoy mismo estaba revisando unos breves fragmentos de “Ed Wood”, una de las más bellas y mejores obras de Tim Burton, en la que campaban a sus anchas los rasgos característicos que otorgaron fama y renombre al realizador:  adscripción total o parcial al género fantástico, personajes estrambóticos o directamente frikis, tonalidad oscura y golpes de humor preferentemente negro.  Fue con estos mimbres como Burton construyó su obra y fue asentando su prestigio, hasta que una serie de fracasos comerciales o artísticos acabaron por opacar su fulgor.  Quizás para resarcirse de sus últimos tropiezos (“Alicia en el país de las maravillas” obtuvo un rendimiento comercial importante, pero artísticamente dejaba mucho que desear;  de “Sombras tenebrosas” lo único que acaba por recordarse es su magnífico tráiler;  y “Frankenweenie” no era sino una “pequeña” muestra de genialidad animada), el realizador californiano ha querido reinventarse o huir de sí mismo y cambiar radicalmente de temática y de estilo.  Me atrevería a decir que la temática intrínseca de “Big Eyes” (el verdadero artista se ve obligado a luchar denodadamente para demostrar su autoría sobre su obra) podría llegar a pasarle a Burton con respecto a su última película.  Prácticamente nada en la temática ni en el tono ni en la puesta en escena podría hacer pensar que el autor de “Bitelchús” ha sido quien la ha facturado.  Todos sus rasgos de estilo han desaparecido y brillan por su ausencia, el humor es prácticamente inexistente y la fotografía luminosa y los colores vivos deslumbran al espectador.

El caso es que, una vez asumida y aceptada la autoría de Tim Burton (aunque para nada lo parezca), “Big Eyes” se disfruta como una deliciosa rareza, un producto de asombrosa calidad técnica y estética que refleja a la perfección una época maravillosa y cuenta con estupendas interpretaciones de su pareja protagonista…  hasta que llega el último acto y todo se desmadra.  Si bien es cierto que tanto Amy Adams como, sobre todo, el magnífico Christoph Waltz, rayan a gran altura, sorprende el modo en que Burton cambia bruscamente de registro y obliga a Waltz a cruzar absurdamente la fina línea que separa la genialidad del ridículo.  Esos exabruptos de comicidad que irrumpen durante la escena del juicio constituyen un manchurrón que le resta algo de acierto a una obra que estaba conmoviéndonos y emocionándonos.  Con todo, y aun cuando trata de la menos burtoniana de las películas de Burton, durante la mayor parte de su metraje aspira a ser un buen melodrama bellamente retratado y eso siempre se agradece.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, el vestuario, el diseño de producción
Lo peor:  la inexistencia de los rasgos de estilo habituales de Burton;  los brotes de comedia que casi estropean su tramo final
El cruce:  “Cómo robar un millón y…” + “El caso de Thomas Crown” + “Sombras tenebrosas”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

viernes, 26 de diciembre de 2014

Cine actualidad/ “DIOS MÍO, ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO?”

Desmontando prejuicios


De entre todas las cinematografías europeas, no cabe duda de que las producciones inglesas, italianas y francesas son las únicas mimadas por las distribuidoras de nuestro país.  De hecho, suele ser habitual que los fenómenos de masas (acotando la expresión a lo que hoy en día puede constituir un fenómenos masivo, tratándose del séptimo arte) que se producen en las tres nacionalidades citadas, también tengan su eco en nuestra piel de toro.  Con respecto a la industria gala, son recientes los excelentes resultados cosechados por “Bienvenidos al Norte” (Dany Boon, 2008) o “Intocable” (Olivier Nakache, 2011), desprovistas en su reparto de estrellas de relumbrón y únicamente avaladas por la frase “Número Uno de recaudación en Francia”.  Pues bien, la operación trata de repetirse estas Navidades con “Dios Mío, ¿pero qué te hemos hecho?”, el último bombazo en las salas de allende los Pirineos…

La trama de “Dios Mío, ¿pero qué te hemos hecho?” se centra en una familia francesa de clase media-alta, cuyo cabeza de familia profesa con orgullo un ideario “gaullista” (es decir, influenciado por la doctrina del recordado Charles DeGaulle) pero que una y otra vez se ve abocado al límite de su capacidad de tolerancia cuando tres de sus cuatro hijas se van casando con individuos tan poco recomendables (desde su punto de vista) como un árabe, un judío y un chino,  todas sus esperanzas se cifran en la última soltera de sus herederas, a la cual sólo le piden que, por fin, elija como marido a un católico…

El punto de partida de la película y, sobre todo, su nada discreto tráiler, ya dan una idea muy acertada de por dónde van a ir los tiros.  El director, Philippe de Chauveron, también guionista junto a Guy Laurent, no es precisamente un mago de la sutileza, como tampoco un esteta consumado.  Simplemente se limita a poner en imágenes su libreto con oficio y pundonor, basando el peso específico de la función en la labor de un elenco muy bien escogido, encabezado por Christian Clavier y Chantal Lauby.  A Clavier lo conocí bajo los rubios bigotones del galo más valeroso en “Astérix y Obélix contra César”, pero donde pude admirar su verdadero talento interpretativo fue encarnando al despreciable Thenardier en la miniserie de “Los Miserables” que protagonizó Gerard Depardieu;  un actorazo como la copa de un pino, vamos.  Clavier está fenomenal como Claude Verneuil, el burgués atrapado entre sus convicciones y la felicidad de su prole, y que paulatinamente va dejando que se derriben en su mente todas las barreras de la intolerancia.

Precisamente sería ése el mensaje “oculto” del film:  sólo la tolerancia puede impedir que se derrumbe la Torre de Babel.  Por encima de una colección de chistes ciertamente funcionales (de esos que te roban más carcajadas de las que serían políticamente correctas) y de un manojo de situaciones tan previsibles como efectivas, “Dios Mío, ¿pero qué te hemos hecho?” constituye un imprevisto alegato contra el racismo y la xenofobia, lógicamente lleno de tópicos (no son casuales las referencias a Louis de Funés) pero que te deja no sólo el esbozo de una sonrisa sino también el deseo de capear exitosamente el temporal de los prejuicios.

Luis Campoy

Lo mejor:  Christian Clavier, los chistes sobre los tópicos xenófobos
Lo peor:  podría haber dado más de sí:  más chistes, más mensaje
El cruce:  “Adivina quién viene a cenar esta noche” + “Bienvenidos al Norte”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

domingo, 21 de diciembre de 2014

Cine actualidad/ “EL HOBBIT: La Batalla de los Cinco Ejércitos”

Adiós a la Tierra Media

La nostalgia y la tristeza me envolvían mientras presenciaba el estreno de “El Hobbit:  La batalla de los Cinco Ejércitos”.  De algún modo (o de todas las maneras), esta tercera entrega de la saga iniciada en 2011, colofón a la segunda gran trilogía tolkieniana, suponía el punto y final a un maravilloso viaje de partida y no regreso a una Tierra Media en la que hemos vivido inolvidables experiencias desde hace 13 años...

Tengo especial simpatía hacia las películas que empiezan desde lo más alto, con una set piece o “escena cumbre” ya en sus minutos iniciales.  “La Batalla de los Cinco Ejércitos” es el súmmum de esa categoría;  de hecho, no recuerdo haber visto jamás una entrega de una saga en la que se disimulara menos el hecho de que simplemente continuaba la acción interrumpida en el capítulo anterior.  Sin ningún tipo de preámbulo o introducción, el primer fotograma enlaza con el último de “La Desolación de Smaug”, con el dragón encaminándose ominoso hacia la Ciudad del Lago.  Mas una vez concluída la secuencia en cuestión, el ritmo decae progresivamente hacia un valle de inacción en el que uno tiene tiempo de hacerse no pocas preguntas sin respuesta (del tipo “¿Cuándo leches va a volver a pasar algo?”), hasta que, hacia el final del metraje, se desencadena la batalla que da título a la película y uno se olvida de todo y vuelve a disfrutar (casi) como un crío.

Al igual que comentábamos aquí con motivo del estreno de “Los Juegos del hambre:  Sinsajo Parte 1”, la sensación de que estamos asistiendo no a una película completa sino a una fracción de otra (u otras) sobrevuela demasiadas veces por el patio de butacas, lo cual se hace especialmente molesto tratándose, como todo el mundo sabe, de la adaptación de un libro de apenas 300 páginas en las que los guionistas han añadido morralla a tutiplén.  Estoy seguro de que, si esa “Versión del Director” que se editará en DVD a no mucho tardar, fuese la “Edición Resumida” y no la “Edición Extendida”, podríamos hablar de una gran obra de aventuras épicas;  por el momento, sólo se me ocurre pensar en un chicle masticado y alargado irregularmente.  Claro que, en definitiva, hollamos esa mágica Tierra Media, con sus mismos asombrosos paisajes y sus mismos encantadores personajes (hobbits, enanos, humanos, orcos, trasgos, etc.), y de vez en cuando se nota la misma mano maestra con la que el director Peter Jackson nos enamoró a principios de siglo, de modo que uno acaba dejándose llevar y el desenlace sí es impactante y apasionante e incluso emocionante…

Lo que no termino de entender es por qué, cuanto más avanza la tecnología digital (al menos, la desarrollada por la empresa Weta), los efectos visuales se notan cada vez s y no cada vez menos.  Tengo la sensación de que no hay ni un solo plano en la película en la que el ordenador no haya tenido un innecesario protagonismo, y eso canta que da gusto no sólo en las (impresionantes) panorámicas de las batallas, sino también, y esto es lo más irritante, en los primeros planos de algunos actores.  Que sí, que ya sé que Orlando Bloom tiene 37 años y tiene que aparentar que es incluso más joven de lo que aparecía en “La Comunidad del Anillo”, pero esa espesísima capa de maquillaje photoshopeado le confiere un aspecto más bien ridículo (a Cate Blanchett también) que te priva de la emoción que en otros momentos te embarga.  Un poco triste que Peter Jackson no haya entendido que sus tres primeros films sobre el Anillo eran grandes porque la espectacularidad nacía de dentro hacia afuera, y no sólo basándose en el cegador poder de la informática, como pretende ahora.

A nivel de guión, era inevitable la existencia de terribles bajones en la historia, y es fácil darse cuenta de que, nada más desvanecerse la amenaza del dragón, todo lo que acontece en relación a la Ciudad del Lago y sus pobladores es un punto negro de proporciones dantescas:  no sólo el heroico arquero Bardo al que da vida el ascendente Luke Evans tiene muchísimo más protagonismo del que debería, sino que ese odioso y ridículo Alfrid (Ryan Gage) que desgraciadamente campa a sus anchas por doquier, constituye en sí mismo un error tan garrafal que se hace imperdonable.  Eso sí, cuando te das cuenta de que te has acabado por encariñar con todos los enanos de nombres pocosilábicos y permutables, a pesar de que muchos de ellos apenas han tenido un par de frases en toda la trilogía, te das cuenta de lo bien que han aprovechado esos actores su momento de gloria.  Destaca, cómo no, el excelente Richard Armitage representando a Thorin Escudo de Roble (seguramente uno de los mejores personajes de toda la saga), capaz de pasar de ser el más campechano compañero de armas al más diabólico enemigo en cuestión de segundos.  Impresionante.  También se merece una mención especial el supuesto protagonista, Martin Freeman, en un papel mucho más complejo de lo que aparenta, al que confiere un tono entre cómico y dramático muy reivindicable.

A pesar de su ritmo lleno de altibajos y de demasiados minutos en los que dan ganas de echar una cabezadita, “El Hobbit:  La Batalla de los Cinco Ejércitos” posée el aliciente material de ese apoteósico combate final en los alrededores de Erebor (que reedita los acaecidos en el Abismo de Helm y los Campos de Pelennor), y el inmaterial que constituye la emotiva despedida a esas tierras y esos personajes que nos han hecho tan felices.  Sólo por estos “pequeños” detalles, no se puede (ni se debe) ser totalmente frío y objetivo a la hora de valorarla.

Luis Campoy

Lo mejor:  la espectacular y larguísima batalla final
Lo peor:  los personajes y escenas de relleno, el abuso indiscriminado de efectos digitales
El cruce:  “El Retorno del Rey” + “Las Dos Torres” + “El Rey Arturo”

Calificación:  7 (sobre 10)

martes, 16 de diciembre de 2014

Cine actualidad/ “EXODUS, Dioses Y Reyes”

De gladiador a libertador

Mi amor por el cine se lo debo a mis padres y a mi colegio.  En el salón de actos del “Sagrado Corazón” vi tantísimas películas que aprendí que a veces la vida imaginada llena y satisface más que la existencia real.  Uno de aquellos títulos que los curas proyectaban habitualmente era la grandiosa “Los Diez Mandamientos” de Cecil B. De Mille, con Charlton Heston haciendo de Moisés y Yul Brynner encarnando al malvado faraón Ramsés.  Pocas escenas se han grabado tan a fuego en el imaginario colectivo como aquélla en la que las aguas del Mar Rojo se abren para dar paso al pueblo judío en pleno éxodo…

“Exodus” (subtitulada inútilmente “Dioses y hombres”, quizás para que no la confundamos con el viejo film homónimo con Paul Newman) es la aproximación que el gran Ridley Scott ha dirigido sobre el mismo argumento bíblico, demostrando lo cerca que están para él los tiempos de ”Gladiator” y “El Reino de los Cielos”…  y lo lejos que han quedado “Blade Runner” y la primera “Alien”.

Que Scott es un mago de la imagen lo sabíamos desde el inicio de su carrera, cuando era poco más que un recién llegado del mundo de la publicidad, medio en el que aprendió que un fotograma vale más que mil palabras.  De hecho, lo habitual en su carrera es que la puesta en escena le dé mil patadas al sustrato literario, llegando al punto de que algunos de sus films (¿alguien dijo “La Teniente O’Neil”?) tomaban al guión como mera excusa sobre la que sustentar un hermoso castillo de fuegos artificiales.  Cuando la carrera de Scott languidecía, cada vez más mancillado su prestigio inicial, surgió como por arte de magia el potente libreto de “Gladiator”, y de la conjunción de la atractiva historia con toques de péplum y la rutilante cinematografía (sin olvidar la magnífica partitura de Hans Zimmer) devino el renacimiento de Ridley Scott, que desde entonces ha vuelto a liderar proyectos tan costosos como espectaculares.

“Exodus” no sólo vuelve a narrar la ya conocida historia de Moisés:  en realidad, no es sino un remake encubierto de “Los Diez Mandamientos”, sin mantener el mismo título pero conservando y aun incrementando el concepto de grandioso espectáculo, de film “kolossal” en el que, al más puro estilo de la casa, la puesta en escena adquiere unas dimensiones tan monumentales que el desarrollo de la historia parece que carezca de importancia.  De hecho, uno, que trata de ser objetivo y analizar sesudamente cada aspecto de cada película, no pudo evitar que su corazoncito infantil se pusiera a latir tan fuerte que los redobles del tambor cardíaco sofocaban los chirridos de la maquinaria literaria mal engrasada.  Hablando en plata:  el guión de “Exodus” es más bien flojito, y ni siquiera el Antiguo Testamento se refleja con seriedad y madurez…  pero los efectos visuales y, sobre todo, esa recuperación de los cánones del viejo Hollywood modernizados y magnificados me mantuvo literalmente hipnotizado.  Así de simple.  Por lo demás, un correctito Christian Bale parece la versión gladiadora de Moisés, Joel Edgerton compone un villano ciertamente interesante, Sigourney Weaver sale tan poco que parece que pasaba por el set y la invitaron a desfilar un ratito, y Ben Kingsley hace de judío viejo y sabio…  una vez más.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, en dos palabras:  im-presionante
Lo peor:  el tono infantiloide de la historia
El cruce:  “Los Diez Mandamientos” + “Gladiator” + “Rey David”

Calificación:  8 (sobre 10)

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cine actualidad: “MORTADELO Y FILEMÓN CONTRA JIMMY EL CACHONDO”

De golpe y porrazo….

A pesar de lo que muchos puedan creer…  no sólo de comics americanos se nutrió mi infancia.  De niño, también devoraba tebeos de Asterix, de Tintín, de Zipi y Zape…  y, por supuesto, de Mortadelo y Filemón.  De estos últimos personajes, en cuyas desventuras incluso un crío como yo podía percibir enormes dosis de mala leche y humor negro, durante algún tiempo me sentí un verdadero erudito, hallándose entre mis historias preferidas las tituladas “Chapeau el Esmirriau” y, sobre todo, “El caso del bacalao”, a mi entender, una pequeña obra maestra.

Tras varios intentos de trasladar a los dos “intrépidos” agentes de la T.I.A. al mundo audiovisual (series y películas de animación habían resultado más bien fallidas), el aguerrido Javier Fesser logró en 2003 perpetrar la primera visualización en imagen real del universo creado por Francisco Ibáñez.  El resultado, “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, acumulaba aciertos y defectos a partes iguales, adoleciendo de un sentido del humor que magnificaba lo cutre, lo hortera y lo casposo.

Once años después, Fesser vuelve a la franquicia aunque esta vez amparado en el dibujo animado realizado por ordenador, argumentando que la animación ofrece muchas más posibilidades creativas y presenta menos restricciones en cuanto a realismo forzoso.  Será verdad, y vaya si consigue lo que se propone:  el espectáculo a nivel visual es absolutamente asombroso, una sucesión casi ininterrumpida de gags que no dan respiro al asombrado espectador.

“Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo” no constituye ninguna adaptación fiel de un comic en concreto, sino que toma elementos de aquí y de allá, pretendiendo captar el tono y el ambiente característicos de la colección.  En este sentido, no cabe duda de que el lector se sentirá satisfecho ante la recuperación de atmósferas y la caracterización de los inevitables secundarios (la secretaria Ofelia, el profesor Bacterio, el cegato Rompetechos…  además, doblados por los mismos actores que les dieron vida en la película de 2003).  Por cierto, que a Mortadelo le dobla (muy acertadamente) un Karra Elejalde que no para desde “Ocho apellidos vascos”;  en cuanto a la voz de Filemón, son dos y no uno sus dobladores:  Janfri Topera para la mayoría de las escenas, y nada menos que Ramón Langa (alter ego vocal de Kevin Costner y Bruce Willis) en la secuencia en la que el investigador de los dos pelos se imagina que es un émulo de James Bond.

Una vez hemos dejado claro que la película posée un acabado visual sencillamente espectacular y se beneficia de un esforzado doblaje, tengo que decir que a la media hora, yo ya estaba más bien hinchado de tantos porrazos, mamporros y chichones que, sí, indudablemente aparecen en los tebeos pero que, afortunadamente, no son lo único.  A pesar de que el propio Francisco Ibáñez, ya casi octogenario, está tomando parte activa en la promoción de la película, y a pesar de que, como digo, su universo está más o menos fidedignamente representado, no sería objetivo por mi parte ocultar el hecho de que la historia que sustenta sus casi noventa minutos de metraje se agota en menos de treinta, y el resto del tiempo lo único que “Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo” ofrece es más de lo mismo, pero mucho, mucho más de lo mismo:  cuando dije antes que había demasiados porrazos y chichones, no exageraba.  No es que tanto slapstick no tenga su gracia, pero nuestros mejores personajes de comic se merecían una historia con algo más de sustancia.

Luis Campoy

Lo mejor:  la impactante puesta en escena
Lo peor:  el exceso de porrazos y chichones
El cruce:  “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” + “Mortadelo y Filemón: Misión salvar la Tierra” + “Los Increíbles”

Calificación.  6,5 (sobre 10)

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cine actualidad/ “LOS JUEGOS DEL HAMBRE. SINSAJO – Parte I”

Esperando el desenlace

Parece que fue ayer cuando comenzó, y ya casi se nos acaba la saga de “Los Juegos del Hambre”…   De hecho, el episodio estrenado el pasado viernes no es sino la mitad del capítulo final de la saga, “Sinsajo”, adaptación del voluminoso y definitivo libro de Suzanne Collins que ha sido transformado no en una sino en dos películas, maniobra con la que los productores seguro que soñaban con duplicar los previsibles beneficios…

La valerosa Katniss Everdeen ya no es solamente la doble ganadora de Los Juegos del Hambre.  Superviviente de las perversas maquinaciones del presidente Snow, Katniss se ha erigido en heroína y símbolo para la oposición y el pueblo oprimido de Panem, y en torno a su figura se construye el maravilloso castillo de naipes de la Libertad…

Hace un año comentaba aquí la pasión que mi hija (y muchos millones de jóvenes de su edad) sentía por la trilogía literaria creada por Suzanne Collins y, naturalmente, por las películas tan adecuadamente protagonizadas por Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson y Liam Hemsworth.  Tras una primera entrega bastante correcta (que dirigió un recuperado Gary “Pleasantville” Ross), se estrenó con aún mayor éxíto la segunda, “En llamas”, con Francis “Soy leyenda” Lawrence tras las cámaras.  No era descabellado, por tanto, asignarle la realización de la tercera y definitiva parte al también director de “Agua para elefantes”, con la esperanza de que reeditase el indiscutible acierto comercial y artístico de “En llamas”…

¿Por qué “Sinsajo – Parte I” no alcanza el nivel esperado?  Creo que la explicación ha quedado perfectamente expuesta en el párrafo inicial de este artículo.  “Sinsajo – Parte I” en realidad no es una película, sino media, que no adapta un libro, sino la mitad del mismo.  Lo peor es que, sin duda, la mitad adaptada es la más lenta y aburrida, la más solemne y dialogada, aquélla en la que no pasa prácticamente nada.  A excepción de un par de secuencias con algo de acción, lo único destacable son los mohínes (y el nuevo uniforme) de una estelar Jennifer Lawrence, la sorprendente reacción final de Josh Hutcherson, la gallardía de Liam Hemsworth (el hermano de Thor) y el morbo de presenciar la última interpretación del prematuramente desaparecido Philip Seymour Hoffman.  En realidad, no se trata de un mal film, pero cuesta muchísimo analizarlo cuando todo el mundo sabe que no es sino el aperitivo del gran final de la saga.

Luis Campoy

P.D.:  “¿Qué es un sinsajo?”, se preguntan los pocos humanos no iniciados en el mundo de “los Juegos del hambre”.  La palabreja en cuestión procede del término inglés “Mockingjay”, que es el nombre de un pájaro burlón capaz de reproducir sonidos e incluso entonar melodías aparentemente humanas.  La primera parte de “Mockingjay” proviene del ave llamada “Mockingbird”, “Sinsonte”, y la segunda viene de “jay”, “Arrendajo” o “Charlajo”.  Así pues, “Mocking” + “Jay” = “Sins” + “ajo” = “Sinsajo”.  He dicho.

Lo mejor:  el ataque a la base rebelde (prácticamente sufrido en off)
Lo peor:  la casi total ausencia de verdaderos acontecimientos
El cruce:  “Los Juegos del Hambre” + “Divergente” + “El Juego de Ender”

Calificación.  6,5 (sobre 10)

martes, 18 de noviembre de 2014

Cine actualidad/ “INTERSTELLAR”

Ciencia vs. evasión

Decir “Christopher Nolan” es, más o menos, lo mismo que decir “Steven Spielberg” hace 30 años:  el nombre del director insignia del glorioso Hollywood, el único capaz de atraer en masa al público a las salas, mientras que la mayoría de los críticos ensalzan sus capacidades para aunar talento, comercialidad y calidad…

Tras unos primeros trabajos en los que la imaginación trascendía la evidente economía presupuestaria (“Memento”), Nolan, artífice de la megataquillera trilogía de “Batman, el Caballero Oscuro”, se permite la realización de un costosísimo capricho (dicho en el mejor de los sentidos) espacial, en el que, muy poco disimuladamente, trata de emular la hazaña sesentera del inmortal Kubrick de “2001, Odisea del Espacio”…

En un futuro próximo, el planeta Tierra se halla dramáticamente cerca de su final, con la mayoría de sus recursos agotados.  La profesión más aclamada no es la de actor o futbolista…  sino la de agricultor.  Un antiguo astronauta es reclutado para participar en una misión desesperada en la que hallar nuevos mundos que explorar y colonizar.  Es una misión casi suicida, un viaje…  interestelar.

He empleado la expresión “capricho” porque pienso que permitirse el lujo de desarrollar una historia sencilla y compacta durante la friolera de 169 minutos (tres horitas de nada, minuto arriba, minuto abajo) es un carísimo privilegio que sólo un realizador en la cúspide de su carrera puede concederse, y ello con el beneplácito de dos “majors” como Paramount y Warner Bros.  Una vez asumido que el cineasta capaz de amasar casi 3.000 millones de dólares con sus tres films sobre el Hombre Murciélago pretendía rodar un guión propio, escrito a cuatro manos con su hermano Jonathan, sólo se pensó en poner a sus pies todos los medios necesarios, y un reparto de estrellas a juego con el título del proyecto.  Matthew McConaughey acababa de ganar un Oscar por “Dallas Buyers Club”, Anne Hathaway había hecho lo propio por “Los Miserables”, John Lithgow lo obtuvo por “La fuerza del cariño” y el gran Michael Caine cosechó dos estatuíllas por sus papeles secundarios en “Hanna y sus hermanas” y “Las normas de la Casa de la Sidra”;  a estos nombres se les suman los del hermanísimo Casey Affleck y la ascendente Jessica Chastain, y tenemos uno de los mejores castings a los que nos podemos enfrentar hoy en día.

La comparación realizada con “2001” no es gratuita y a nadie se le escapan sus muchas similitudes:  temática científico-futurista, autoría por parte de un realizador-estrella, viajes espaciales, ritmo solemne y duración desorbitada.  Estos dos últimos rasgos son, para mí, el eje último sobre el que orbita mi crítica de “Interstellar”.  Un argumento que me interesa, servido por actores tan competentes como McConaughey, Caine y Chastain, fotografiado con preciosismo por Hoyte Van Hoytema y musicalizado por un Hans Zimmer de nuevo en excelente forma, se me hizo a ratos intragable e indigesto a causa de un montaje que a veces parece resuelto a cámara lenta, y de una planificación mediante secuencias que parecen pugnar por la Eternidad.  Personalmente, no tengo nada en contra de las películas-río…  pero sólo si su metraje está justificado en base a una evidente acumulación de acontecimientos.  “El Padrino”, “El Retorno del Rey”, “Titanic” o “Ben-Hur”  no serían las mismas si hubieran escatimado minutos,  pero, por el contrario, “La delgada línea roja”, “El cartero”, “La vida de Pi” o “Solaris” hubieran mejorado en orden directamente proporcional a la disminución de la distancia temporal entre su principio y su final.  Dicho de otra manera:  “Interstellar” me hubiera gustado, interesado, fascinado y maravillado el doble…  si hubiese durado la mitad.

Sana y loable es la polémica que está dividiendo a la cinefilia en torno a “Interstellar”.  Grandes amigos míos la disfrutaron y ahora la ensalzan en base no sólo a sus virtudes cinematográficas, sino sobre todo a su trasfondo argumental, nutrido de alusiones a la relatividad, la física cuántica, la astrofísica y la cosmogonía.  Yo, que no disimulo mi incultura e inoperancia en tales lides, sólo pretendía ver una película de ciencia ficción que me entretuviese.  Y ahí me perdí…  en un agujero negro de bostezos.

Luis Campoy

Lo mejor:  McConaughey, Chastain, la fotografía, la música
Lo peor:  los mohínes de Hathaway, la duración desmesurada, el ritmo hipersolemne…
El cruce:  “2001” + “Solaris” + “Armageddon” + "Regreso al Futuro 2"

Calificación.  7 (sobre 10)

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cine actualidad/ "CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS"

El lado oscuro de Nueva York

Todavía estoy riéndome ante el hecho que los iluminados de la distribuidora decidiesen estrenar “Caminando entre las tumbas”, un serio thriller policíaco, precisamente en el fin de semana de Halloween y Todos los Santos, como si de una película de terror para adolescentes se tratase…

Basada en un personaje protagonista de una saga de novelas creada por el escritor Lawrence Block, “Caminando entre las tumbas” nos presenta a Matt Scudder, un ex policía que trata de abrirse camino como detective privado al tiempo que desengancharse de su alcoholismo.  Cuando Scudder acepta intervenir en la desaparición de una mujer, apenas puede imaginar que está a punto de meterse de lleno en una trama de narcotraficantes, secuestradores, violadores y otros individuos de la peor calaña…

Interpretada por un comedido Liam Neeson (otro de mis actores favoritos), sería muy fácil y casi obligado decir que “Caminando entre las tumbas” constituye el reverso sórdido y realista de la trepidante saga “Venganza”, también protagonizada por Neeson.  En ambos casos, el irlandés da vida a sendos hombres de acción, pero mientras que en los films producidos por Luc Besson se trata de una especie de James Bond expeditivo y casi invulnerable, en el film que ha realizado Scott Frank da vida a un tipo mucho más verídico, que no siempre atina en sus deducciones y que, cuando tiene que recibir, encaja sus buenas somantas de palos.

Me sorprendió la ambientación de “Caminando entre las tumbas”, localizada en algunos de los entornos menos conocidos de Nueva York.  De hecho, pensé (y pienso) que el film hubiera ganado en atractivo y credibilidad de haber estado ambientado en cualquier minúscula ciudad irlandesa (por poner un ejemplo).  Además, la nacionalidad de Neeson (irlandés), así como la de alguno de los secundarios (Dan Stevens, inglés) parece que influye en esa dirección.  Por cierto, que no conocía al tal Stevens (visto en “Downton Abbey”) y su rol y su aspecto (clonado de Jonathan Rhys Meyers) me sorprendió gratamente.  En cualquier caso, no olvidemos que, siempre que una estrella está rodeada de actores casi desconocidos, es como si brillase un poco más.

Con el realismo presidiendo la mayor parte de su metraje, “Caminando entre las tumbas” está rodada clásica y pausadamente (a veces, demasiado pausadamente) y depende muy mucho del carisma personal de Liam Neeson, el sólido pilar sobre el que se asienta.  Eso sí, el tiroteo final es espectacular y saludablemente violento.

Luis Campoy

Lo mejor:  Liam Neeson, la escena final
Lo peor:  un bache de morosidad que lastra la segunda mitad del film
El cruce:  “El detective” + “Venganza” + “Skyfall”

Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 4 de noviembre de 2014

Cine actualidad/ "EL JUEZ"

Juicios y familias

Erase una vez un actor prometedor, atractivo y taquillero que, en lugar de encauzar su carrera por los caminos del arte, perdió el rumbo de modo casi irreversible y a punto estuvo de ahogarse en un peligroso océano de adicciones…  Robert Downey Jr. es hoy el actor mejor pagado de Hollywood y uno de los más poderosos, pero durante diez años anduvo tan perdido que muchos pensaban (pensábamos) que nunca más encontraría el norte, hasta que cierto vengador de armadura roja y dorada le devolvió a la vida y a la senda del éxito.  Eso sí, sus nuevos papeles de héroe atractivo y cool (Iron Man y Sherlock Holmes) parece que se le han atragantado un poco, razón por la cual Downey Jr. ha aceptado una película como “El Juez”, mucho más seria y presumiblemente “oscarizable”…

“El Juez” es la historia de un hijo y un padre separados y unidos por el Derecho, que después de largos años vuelven a unirse, cuando el primero regresa a la pequeña localidad en la que se crió, para el entierro de su madre y la imprevista defensa de su progenitor…

Hay películas a las que se les ve el plumero a kilómetros de distancia, pero no en todos los casos las plumas son feas o hediondas…  Clarísimo intento del director David Dobkin (“Fred Claus”, “Los Caballeros de Shangai”) por alejarse del cine de género y comenzar a labrarse una reputación más “formal”, “El Juez” está milimétricamente calculada para resultar fácilmente premiable:  un guión donde coexisten mil y un géneros y temas, un equipo técnico de primer nivel y un reparto lucido y compacto.

El subgénero del thriller judicial suele interesar a casi todo tipo de públicos, y todos los grandes guionistas tienen una peli “de juicios” en sus curriculums.  Al mismo tiempo, los dramones paterno-filiales concitan la empatía de cualquier espectador, y ¿qué decir de tantas enormes comedias costumbristas yanquis que describen la vida de una pequeña y sencilla comunidad?  En la coctelera removida por Dobkin, todos los ingredientes tienen su punto de sabor y aroma, aderezados por la aportación de profesionales como Thomas Newman en la música y Janusz Kaminski en la fotografía.  Pero es en el plano actoral donde más destaca “El Juez”…  Robert Downey Jr. y Robert Duvall son dos primeras espadas de la interpretación, cada uno de ellos adscrito a una época y a una generación.  No cabe duda de que el primero mantiene intactos los múltiples dones que la cocaína no pudo desmerecer, pero, al mismo tiempo que le ha devuelto a la fama, el papel de Tony Stark/Iron Man le ha lastrado de manera muy pesada.  Exactamente igual que lo que le sucede a Johnny Depp con Jack Sparrow, la mayoría de los papeles que desempeña Downey Jr. en la actualidad vienen repletitos de los tics y amaneramientos de Stark, lo cual le conduce directamente a las puertas de la sobreactuación.  Por el contrario, Duvall (secundario de lujo en obras maestras como “Matar un ruiseñor”, “El Padrino” o “Apocalypse Now”, se convierte casi sin esfuerzo en lo mejor del film, con una actuación ejemplar y valiente que debería acercarle a un nuevo Oscar.  También se dejan ver la fascinante Vera Farmiga y dos colosos de los papeles cortos como Billy Bob Thornton y Vincent D’Onofrio.

Película amable y simpática no exenta de alicientes y que lucha por equilibrar la forma y el fondo, “El juez” se deja ver sin dificultad y en muchos momentos logra emocionar.  Quizás no gane ningún premio, pero merece participar en la pugna por ellos.

Luis Campoy

Lo mejor:  Robert Duvall, grande de entre los grandes
Lo peor:  la sobreactuación de Robert Downey Jr., algunos desequilibrios entre ternura y ñoñería
El cruce:  “Veredicto final” + “Agosto”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

viernes, 31 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "10.000 Km."

La distancia del amor

Si las críticas fuesen estrictos ejercicios de fría objetividad, quizás empezaría por decir que “10.000 Km”, la primera película como director del cortometrajista y montador Carlos Marques-Marcet, contiene innumerables tours-de-force interpretativos a los que son sometidos sus protagonistas, David Verdaguer y Natalia “Juego de Tronos” Tena.  Sin embargo, como escribir una crítica no deja de ser un acto humano, voy a dejar que también un poco de subjetividad se cuele, imparable, entre mis palabras…

Sergi y Alex son una pareja que vive en Barcelona y están sopesando la posibilidad de tener un hijo.  Justo entonces, ella acepta un trabajo como fotógrafa allende los mares, de modo que pasará al menos un año en los Estados Unidos, por lo que las llamadas por Skype centrarán su relación mientras viven a 10.000 Km uno del otro…

Pocas veces he disfrutado tan poco en un cine.  Debe ser la segunda o la tercera vez en mi vida que, a los pocos minutos de proyección de una película, he sentido unos deseos incontenibles de levantarme y marcharme.  “10.000 Km” se abre con una secuencia de sexo, aparentemente interminable:  los protagonistas follan, y empleo esta fea expresión porque difícilmente calificaría como “hacer el amor” a tan desagradable momento.  Encima de todo, transcurrido un poco edificante cuarto de hora, un fallo en el soporte digital obligó a volver a proyectar el film desde el inicio (si no quieres caldo…  ¡toma dos tazas!);  para entonces, yo ya le había cogido bastante manía a la peliculita en cuestión, y su devenir no hizo sino aumentar en mí dicha animadversión.  La protagonista se levanta de la cama y, lejos de darse un higiénico chapuzón, se limita a ponerse unas bragas y, eso sí, a lavarse los dientes como si el cuidado bucal fuese más importante que el de la cuevecita donde no da el sol.  A continuación, ella y su compañero de cama desayunan juntos, y sólo entonces (cuando ya se han consumido veinte minutos de metraje) empiezan a entenderse medianamente algunos de los diálogos que ambos intercambian.  El resto del tiempo no se les había pillado ¡ni media palabra…!

Por alguna razón que se me hace inentendible, el director ha decidido que todas las escenas estén rodadas en larguísimos planos fijos que, como dije al principio, requieren un gran esfuerzo de los únicos actores.  En dichos planos, se exhibe sin pudor un realismo nítido y sucio, en el que no cabe duda de que las emociones destilan autenticidad.  Pero esa autenticidad se halla envuelta en un aura de feísmo que incomoda.  Más de la mitad del film se narra mediante videollamadas a través de Skype, más planos fijos en los que, ciertamente, los intérpretes cuajan buenas actuaciones;  me dicen que las relaciones a distancia, efectivamente, son así, pero es que el modo en que aquí se cuentan hace añorar la aparición de cualquier extraterrestre o animal parlante, un soplo de irrealidad en mitad de tan deprimente panorama.

Tras algunas (muy pocas) vicisitudes, nuevamente copa la pantalla un coito, igualmente desagradable que el primero.  Bragas que bajan, bragas que suben, y una sensación de “aquí te pillo, aquí te mato” que, lejos de reconfortar, acrecienta la desazón.  Definitivamente, parece que no he conectado con la sensibilidad hiperrealista de “10.000 Km”;  no, es como si ella y yo estuviésemos separados por 10.000 Km de desentendimiento.

Luis Campoy

Lo mejor:  los actores (claro, si no hay otra cosa)
Lo peor:  el ritmo, la morosidad, la nula estética y delicadeza con la que se muestra el sexo
El cruce:  “Tal como éramos” + “(500) Días juntos” + “Olvídate de mí”

Calificación.  4 (sobre 10)

miércoles, 29 de octubre de 2014

"Los Miserables" en Murcia

Llevo 11 años enganchado a “Los Miserables” y 8 ó 9 escribiendo reiterativamente sobre este maravilloso musical creado por Claude Michel Schönberg  y Alain Boublil, según la novela-río escrita por Victor Hugo en 1862.  En esta década, he tenido la suerte de disfrutar múltiples versiones audiovisuales de la obra, desde la televisiva de Josée Dayan con Gerard Depardieu, las cinematográficas de Bille Agust con Liam Neeson (estas dos, centradas en el texto puramente literario) y de Tom Hooper con Hugh Jackman... hasta los conciertos grabados conmemorando el décimo y vigésimo quinto aniversario del estreno londinense (con Colm Wilkinson y Alfie Boe dando vida al protagonista, respectivamente), pasando por la representación madrileña en la rentrée de 2010, que posteriormente ha salido de gira por provincias.  De todas estas manifestaciones, que me han llenado de felicidad hasta extremos indescriptibles, creo que ninguna la había gozado tanto como la función de despedida en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia, acaecida el pasado lunes, día 27 de Octubre…

Como he dicho anteriormente y muchos lectores ya sabían, hace 4 años viajé a Madrid para ver en directo una de las primeras representaciones del nuevo montaje conmemorativo del primer cuarto de siglo del musical producido por Cameron Mackintosh. Mi impresión fue magnífica en general, y casi todo lo que fui capaz de referir fueron sensaciones eminentemente positivas, con muy pocas objeciones centradas básicamente en la adaptación literaria de las canciones y en alguna interpretación puntal de algunos actores.  La otra noche, sin embargo, creo que todos los astros del firmamento se alinearon para que todo rozase la mismísima perfección.


En estos cuatro años, básicamente se ha mantenido el mismo elenco actoral e idéntico equipo técnico, eso sí, con algunas importantes ausencias.  El protagonista, el argentino Gerónimo Rauch, emigró a tierras londinenses para encarnar al héroe Jean Valjean en la mismísima ciudad en la que se convirtió en mito, y ello ha propiciado el hecho de que el televisivo Daniel Diges, Enjolras cuando yo lo ví, ascendiera vertiginosamente a la cabecera del cartel.  Virginia Carmona ya no es Fantine, y su rol corre a cargo de Elena Medina.  Tampoco Enrique R. Del Portal se pone en la piel del mezquino Thenardier, sustituyéndole Armando Pita.  Pero la mayoría de las estrellas originales de la fantástica producción orquestada por Stage Entertainment son quienes recorren España en olor de multitudes, ésto es:  Ignasi Vidal como Javert, Guido Balzaretti como Marius, Lydia Fairén como Eponine, Talia del Val como Cosette y Eva Diago como Madame Thenardier.  Carlos Solano es el nuevo Enjolras.


Lo de volver a ver “Los Miserables” en español fue algo que decidí a ultimísima hora, cuando me aseguraron que el montaje del Auditorio Víctor Villegas atesoraba las virtudes del estreno madrileño.  Saqué deprisa y corriendo las entradas por internet, y tuve la grandísima suerte de poder sentarme en la primera fila, justo al lado del foso de la orquesta, con una visión privilegiada del escenario, tan próximo que casi podía tocar a los cantantes.  La orquesta, conducida por Arturo Díez Boscovich, constaba de apenas 15 profesores, pero la tenía tan cerca que la Sinfónica de Londres no me habría llenado más.  ¿Habéis tenido la fortuna de oir tocar a una orquesta en directo, hallándoos en primerísima fila, como si fuéseis el único destinatario de su arte?  La sensación es indescriptible, inolvidable.  Destacaría a las secciones de metal y percusión, aunque sólo porque se hacían notar mínimamente sobre el resto.  Los efectos de luz y sonido han mejorado desde que los ví por primera vez, y la resolución de secuencias como “La batalla final”, “Las cloacas” o “La confesión de Javert” son sencillamente alucinantes.  Hace ya muchos años que escribí que “Los Miserables” había sido pionera en la utilización de plataformas móviles y raíles de transición, y la evolución técnica de estos recursos la hace todavía más grandiosa y espectacular.  Incluso, y a raíz de algunas críticas más bien justificadas, el letrista español Albert Mas Griera ha corregido algunos versos que antaño me chirriaron y que ahora suenan bastante mejor.  En cuanto al reparto propiamente dicho, en la función de despedida a la que yo asistí no estuvieron ni Ignasi Vidal (doblado por Victor Díaz) ni Talía del Val (Laura Enrech).  A cambio, pude comprobar qué gran Marius compone Guido Balzaretti, que no estuvo en la noche en que ví el espectáculo en Madrid. Pero también Daniel Diges me maravilló como Valjean.  A Diges, sus frecuentes apariciones televisivas le otorgan una bienvenida popularidad, pero su derroche de simpatía la hace parecer demasiado “ligero”.  Sin embargo, su Valjean borda los tonos dramáticos y su voz casi logra el milagro de alcanzar la textura de Gerónimo Rauch;  casi, pues su “Sálvalo” (el tema más difícil y más lucido de la obra) me pareció un poquito por debajo del argentino.  Los muy esforzados Víctor Díaz y Armando Pita también se quedaron en un honesto y honroso “casi”, pero uno de los mayores placeres fue volver a escuchar a la fantástica Lydia Fairén, que borda a Eponine, probablemente mi personaje favorito de toda la obra.  Por cierto, el padre de Lydia estaba sentado a mi lado, aplaudiendo a rabiar (y no sin motivo) a su talentosa hija.


Fue la conjunción de diversos elementos lo que aquella noche otoñal me dejó literalmente obnubilado.  La tremenda cercanía a los intérpretes y la orquesta tuvo algo especialmente mágico, tan trascendental que no tengo palabras para describirlo.  La dirección escénica, los movimientos de todos y cada uno de los actores sobre el escenario, denota un trabajo frenético, ocupando cada personaje su sitio propio intransferible y desarrollando sus acciones con una loable precisión;  fabulosos todos los estudiantes revolucionarios (Grantaire, Courfreyac, Bujon, etc.), cada uno bordando sus brevísimos minutos de gloria y todos interactuando paternalmente con el niño Gavroche.  En fin, un regalo del cielo irrenunciable y obligado para los múltiples fans de “Los Miserables” deseosos de entonar la canción del pueblo mientras un día más sale el sol…

martes, 21 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "RELATOS SALVAJES"

Los seis reversos tenebrosos de lo humano

“Savage Tales” era el título de una colección de comics que Marvel publicaba durante los primeros años 70.  En España, la Editorial Vértice (que era quien nos traía todos los personajes marvelianos que en la actualidad edita Panini) lanzó también la respectiva traslación española del formato original USA, en una serie que alguien tituló como…  “Relatos Salvajes”.

Evidentemente, los “Relatos Salvajes” de los que hoy os hablo no tienen nada que ver con los que circulaban durante mi niñez.  Por el contrario, se trata de un film a cargo del realizador argentino Damián Szifron, que ha contado con producción de los españoles Pedro y Agustín Almodóvar, a través de El deseo, S.A.  Szifron, bastante conocido allá tanto por series como “Los Simuladores” y “Hermanos y Detectives” (las cuales, si no me equivoco, han gozado de su pertinente versión española) como por sus dos primeros largometrajes, “El fondo del mar” y “Tiempo de Valientes”, se ha tomado muy en serio el título de su nuevo proyecto, y ha construido nada menos que seis pequeños relatos en los que, entre otros ingredientes, se aprecian los diferentes grados de salvajismo a los que es capaz de llegar la raza humana…

“Relatos Salvajes” se inicia con “Pekerman”, la historia de un vuelo en avión en el que todos los pasajeros comparten, sin saberlo, un mismo e inquietante vínculo.  El segundo episodio es “Ratas”, cuya protagonista es la joven camarera de un bar de carretera que ve entrar en su establecimiento al usurero que provocó el suicidio de su padre.  “El más fuerte” cuenta la trágica rivalidad entre el conductor de un coche de lujo y el de un destartalado vehículo.  Un ingeniero experto en demoliciones al que la grúa le retira injustamente su turismo es el eje de “Bombita”.  El atropello de una mujer embarazada por parte del hijo de un millonario centra la anécdota de “La propuesta”, mientras que la muy movida boda de “Hasta que la muerte nos separe” clausura grotescamente el film.

Ya en los trailers de “Relatos Salvajes” se apreciaba la portentosa factura técnica de la película, que abarca desde una primorosa puesta en escena hasta un sonido excelente.  Puede que parte de culpa de esto la tengan los hermanos Almodóvar, pero hay que admitir que la planificación y dirección de actores de Damián Szifron te deja en más de una ocasión con la boca abierta.  No obstante, lo primero que hay que ponderar es la acidez del Szifron guionista, capaz de ejemplificar cómo el hombre no es sólo un lobo para el hombre, sino también la primera de sus víctimas.  En las seis historias que componen el film (ninguna de las cuales tiene nada que ver con el resto), afloran a la superficie sentimientos primarios como el rencor, el odio y, como consecuencia de ellos, la venganza, manifestada de seis formas distintas, ya sea con sutileza o con apabullante brutalidad.

Si bien cada uno de los seis episodios (que parecen mismamente seis cortometrajes con entidad propia) reúne no pocos intereses, es lógico que unos acaben funcionando mejor que los otros.  El primero, quizás por aquello del factor sorpresa, te deja con tan mal cuerpo que el segundo parece un pelín menos original.  El tercer capítulo, para mí, con mucho, el mejor, da paso a un cuarto en el que todos sus ingredientes están aliñados con una precisión admirable.  El quinto y sexto, a mi entender, flojean un poco, supongo que porque los anteriores habían situado el listón demasiado alto.

Lo más granado del cine argentino de la actualidad se da cita en “Relatos Salvajes”:  Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Rita Cortese, Oscar Martínez, Erica Rivas.., todos ellos sobresalientes, aunque los dos primeros vuelven a brillar con mayor fulgor.  Afirma Damián Szifron que su fuente de inspiración han sido los “Cuentos Asombrosos” patrocinados por Steven Spielberg, quien a su vez se había inspirado en la serie de Rod Serling “En los límites de la realidad” (“The Twilight Zone”), y lo cierto es que en todos los casos, ya sea desde la perspectiva del humor o del terror, se nos presenta una faceta de la condición humana que casi siempre preferiríamos no conocer.

Luis Campoy

Lo mejor:  los actores, la puesta en escena
Lo peor:  que no todos los episodios rayan al mismo nivel
El cruce:  “En los límites de la realidad” + “Cuentos asombrosos” + “Creepshow”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 20 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "THE EQUALIZER (El Protector)"

El defensor de los débiles

Entre 1985 y 1989, el hoy olvidado actor Edward Woodward protagonizó una serie televisiva titulada “El Ecualizador” (“The Equalizer”), creada por Michael Sloan y Richard Lindheim y en la que interpretaba a un ex miembro de las fuerzas especiales norteamericanas que, una vez retirado, se dedicaba a ayudar secretamente a quienes necesitaban de sus servicios.  Han pasado casi 30 años del estreno del telefilm y el director Antoine Fuqua se ha atrevido a trasladarlo a la pantalla grande, contando además con uno de sus actores fetiche:  Denzel Washington.

Solitario y taciturno, Robert McCall trata de dejar atrás un oscuro pasado, trabajando en la versión yanqui de BricoFermín.  Por las noches, McCall se refugia en la lectura de viejos libros mientras cena en un humilde bar de barrio, donde conoce a una jovencísima prostituta.  Cuando ésta es brutalmente apalizada por una banda de proxenetas rusos, McCall decide que ha llegado la hora de sacar a pasear sus aletargadas habilidades paramilitares…

Fan de la vieja serie de Edward Woodward, el director de “Día de Entrenamiento” ha contado con el guionista Richard Wenk para convertirla en película, con la nada disimulada esperanza de que pueda convertirse en franquicia.  No olvidemos que son los tiempos en los que actores sesentones como Liam Neeson (“Venganza”) o Kevin Costner (“3 días para matar”) han  logrado reverdecer viejos laureles dando vida a sanguinarios ex-agentes obligados a volver a las andadas con el fin de desfacer algún entuerto que les toca directamente.  Denzel Washington no podía ser menos, máxime cuando fue por su trabajo en “Día de entrenamiento”, recordemos que dirigida por Fuqua, como logró su único Oscar como protagonista.

Retitulada absurdamente “El Protector”, la película de la que os hablo ha tenido la mala pata de coincidir en algunas salas con “Homefront” de Jason Statham, que en nuestro país también se ha estrenado como…  “El Protector”.  Con tantos protectores, uno ya no sabe cuál es el verdadero, pero está claro que, más allá de haber interpretado ocasionalmente a diversos héroes de acción, Denzel Washington tiene un carisma y un bagaje actoral que Statham todavía ni roza.  Washington, con el apoyo incalculable de su doblador habitual Pedro Molina, se gana el cariño del espectador desde el mismo arranque, y es a esa benevolencia por parte del respetable a la que confía Fuqua los larguísimas secuencias transitorias en las que no pasa nada y que sirven de descanso para los otros momentos de acción trepidante y violencia más bien explícita.

Otros actores del film son la encantadora “lolita” Chloe Grace Moretz (la nueva “Carrie”), Marton Csokas, Melissa Leo y el casi desparecido Bill Pullman, al que me dio mucha alegría recuperar.

Luis Campoy

Lo mejor:  Denzel Washington (¿cómo no?)
Lo peor:  el ritmo lento de las escenas en la que la acción brilla por su ausencia
El cruce:  “Venganza” + “Yo soy la Justicia” + “Tokarev”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

miércoles, 15 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "ANNABELLE"

Muñeca diabólica

Me familiaricé con el apellido Leonetti a fuerza de verlo en la pantalla grande.  Concretamente, hasta 6 veces leí el nombre “Matthew F. Leonetti” como director de fotografía de “Poltergeist”, aquella entrañable y terrorífica producción de Steven Spielberg.  Pues bien, la estirpe familiar sigue activa y debemos al hermano pequeño, John R. Leonetti, el mérito de haber dirigido una digna secuela para el éxito de 2013 “Expediente Warren” (“The Conjuring”).

Quienes hayáis disfrutado (o sufrido, según lo susceptibles que seáis) “Expediente Warren” recordaréis a cierta muñeca con la que se abría el film, y que alcanzaba altas cotas de protagonismo en más de una secuencia.  Aquella muñeca, Annabelle, resultó tan determinante y tan popular que los productores decidieron que podía sustentar el peso de un proyecto propio, erigido en torno a ella.  Annabelle existió de verdad allá por 1970, y era un ejemplar de la línea “Raggedy Ann” (algo así como una “Pepona” a lo yanqui), que aparentemente se hallaba poseído por el alma en pena de una anterior propietaria, una niña llamada Annabelle Higgins.  En esta ocasión, no sólo se ha alterado el aspecto físico de la “criatura”, sino que se han modificado sustancialmente sus orígenes, de modo que tienen cabida demonios, sectas satánicas y otros lugares comunes del género terrorífico.

Personalmente, doy por hecho que hoy en día pocas cosas pueden presumir de ser originales, y no me molesta detectar en una película tropecientas mil referencias que, por otra parte, suelo entender a modo de homenajes.  Además, se trata de un producto no sólo perteneciente a una saga, sino adscrito a la filosofía de una productora, también artífice de títulos como la referida “Expediente Warren”, “Insidious” (y su secuela) o “Sinister”.  Los parecidos son tan lógicos como evidentes, tan inevitables como visibles.  Pero, además, el fanático del horror puede hallar guiños poco sutiles a “La semilla del Diablo”, “Al final de la escalera” o “Terror en Amityville”, eso sí, tan directos y respetuosos que hasta se agradecen.

Planificada y montada con mucho oficio por Leonetti, todos los sustos de “Annabelle” funcionan casi a la perfección, lo cual me hizo pensar que, tal vez, de habérselo propuesto, el realizador podría haber aspirado a mayores cotas de tensión y entretenimiento.  Con todo, la faceta técnica es muy correcta y donde mayores lagunas existen es en la interpretativa.  Si Annabelle Wallis hizo algún mérito además de compartir nombre con la muñeca protagonista, lo desconozco;  pero se me ocurren algo así como cien mil actores más idóneos para el papel de sufrido padre que el algo timorato Ward Gordon.  Al Padre Pérez (menudo nombre para un cura) lo encarna un tal Tony Amendola, y toda una veterana como Alfre Woodard asume un rol muy parecido al de la sibilina Ruth Gordon de “La semilla del Diablo”.  En resumen:  atmósfera de terror muy lograda y bastante golpes de efecto de ésos que te hacen saltar en la butaca.  Era lo que me esperaba y fue lo que encontré.

Luis Campoy

Lo mejor:  el clima de desasosiego y los sustos infalibles
Lo peor:  la poca idoneidad de algunos de sus protagonistas
El cruce:  “Expediente Warren” + “La semilla del Diablo” + “Insidious” + “Terror en Amityville”

Calificación:  7 (sobre 10)

lunes, 13 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "PERDIDA"

Apariencia vs. realidad

Mi película favorita de David Fincher es “The Game”, con Michael Douglas inmerso en un peligroso juego mortal trufado de suspense y tensión.  Para mí es el punto álgido de su capacidad para pintar atmósferas, para tejer argumentos hipnóticamente envolventes…  “Perdida” (en inglés “Gone girl”, “La chica que se fue”) es el nuevo film de Fincher tras la no demasiado bien acogida “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres”, prematura revisión de un original sueco que no necesitaba tan rauda reinterpretación…

En “Perdida” asistimos a la desaparición de una mujer y a las consecuencias que ello acarrea en la vida de su esposo, a quien la opinión pública señala inmediatamente como responsable del secuestro/asesinato, y, como tal, está dispuesta a linchar en mitad de un circo mediático sin precedentes…

“Perdida” se basa en la novela homónima de Gillian Flynn, que a la sazón también ejerce de guionista de su traslación al cine.  Sin pretender desvelar nada y no queriendo ni mucho menos spoilear, diré que novela y película adoptan, alternativamente, los puntos de vista del marido y de la mujer, con el fin de que el lector/espectador pueda conocer de primera mano las versiones de uno y de otro y así otorgar con fundamento su simpatía/desprecio a cada uno de ellos.  Adentrarse mucho más en la trama es, como digo, sumamente peligroso por cuanto se me podrían escapar pistas que yo mismo, en su momento, agradecí no haber conocido, de modo que daremos carpetazo al aspecto argumental y nos centraremos en lo más puramente cinematográfico:  la dirección y la puesta en escena.

Que David Fincher es uno de los más cualificados herederos de Alfred Hitchcock, “El Mago del Suspense”, es tan cierto como que su estilismo visual es capaz de envolver a cualquiera en una tela de araña en la que la belleza formal puede devenir en astucia letal cuando menos te lo esperas.  Fincher manipula al espectador con una habilidad envidiable, desde un principio en el que los protagonistas aparecen como yuppies empalagosos hasta un final un pelín insatisfactorio, pasando por un desarrollo (primorosas dos horas magistrales) en las que múltiples emociones de lo más humanas (comprensión, compasión, odio, asombro, alegría, tristeza) tienen cabida.

Ben Affleck (ensalzado como director al tiempo que denostado como actor, al menos hasta que fue elegido para convertirse en el nuevo Batman) es el marido al que miran con lupa los medios de comunicación, algo a lo que no fue ajeno durante su controvertido noviazgo con Jennifer Lopez.  Rosamund Pike, hermosa y a menudo hiératica presencia en “007 Muere otro día” y “Orgullo y prejuicio” da vida a la esposa desaparecida, y lo hace exhibiendo un abanico de recursos impensable y deslumbrante.  Hay muchos secundarios a cada cual más convincente, pero me apetece destacar a dos:  Carrie Coon, impagable como hermana melliza del protagonista, y Tyler Perry, en la piel de un engreído abogado superstar.

Me costó un poco entrar en “Perdida”, pero cuando lo conseguí, disfruté y me maravillé tanto que hubiera preferido que no llegara su final…

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, el guión envolvente, la rutilante Rosamund Pike
Lo peor:  siendo un poco negativo, diré que me chirrió sumamente el desenlace, y que tampoco me gustó la banda sonora
El cruce:  “Al filo de al sospecha” + “Atracción fatal” + “Al filo de la noticia”

Calificación.  8,5 (sobre 10)

miércoles, 8 de octubre de 2014

LOS FORAJIDOS DEL COUNTRY

Hace unos meses os traía a esta página a los Traveling Wilburys, aquel efímero supergrupo formado por George Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Jeff Lynne y Tom Petty.  Pero en la historia de la música ha habido otras formaciones de esas mismas características, bandas en cuyas filas se aglutinaban músicos estrella en busca de aún más éxito, mayor libertad creativa o, simplemente, pasar un rato de colegueo con amigos no menos famosos.  “The Highwaymen” fue al country lo que los Traveling Wilburys al rock:  la reunión en la cumbre de las mayores astros del género, cuatro sombreros de cowboy al viento bajo los que cantaban cuatro auténticas leyendas…


Johnny Cash, Willie Nelson, Waylon Jennings y Kris Kristofferson se conocían perfectamente e incluso algunos de ellos habían colaborado entre sí en más de una ocasión.  Waylon Jennings ya había grabado dos álbumes de duetos junto a Willie Nelson, y uno al lado de Johnny Cash,  pero la posibilidad de reunirse los tres con Kris Kristofferson y hacer algo juntos no surgió hasta el año del Señor de 1985.  La idea de reunirlos fue del gran Chris “Chips” Moman, ejecutivo de Columbia Records, quien logró convencerlos para que se encerrasen en un estudio de grabación y fueran adaptando a su peculiar idiosincrasia colectiva hasta 10 canciones del subgénero “outlaw”, empezando por la fabulosa “Highwayman” de Jimmy Webb, que supuso algo así como la pila bautismal del naciente grupo.  Cuando comenzaron a grabar, no tenían ni idea de cómo llamarse;  cuando terminaron esta canción, todos lo tuvieron claro:  serían “The Highwaymen” (“Los Salteadores de Caminos”).


El primer álbum que lanzaron, llamadlo simplemente “The Highwaymen”, contenía, además de la canción del título, tres temas que ya eran icónicos:  “The Last Cowboy Song” de Ed Bruce, “Desperadoes Waiting For A Train” de Guy Clark y la maravillosa “Against The Wind” de Bob Seger.  En ellas se respiraba el aroma de los grandes mitos del Oeste americano:  inmensas tierras sin ley, páramos despoblados, duelos a pistola en callejones polvorientos, cowboys que cantan su última balada a la luz de la hoguera…

Su segunda colaboración conjunta, “The Highwaymen 2” (1990), hacía hincapié en los mismos conceptos:  Cash, Nelson, Kristofferson y Jennings procedían de las tierras en las que los potros era de plata (“Silver Stallion”), restos de lo genuinamente americano (“American Remains”) y verdaderas leyendas de América (“American Legends”) que ya tenían unos cuantos añitos sobre los hombros (“Born And Raised In Black And White”).  Lamentablemente, la repercusión comercial del álbum no fue ni de le lejos la misma que la del primero, lo cual no impidió que nuestros héroes volvieran a reunirse por tercera y última vez.



“The Road Goes On Forever” vio la luz en 1995, esta vez bajo producción de Don Was.  El tema estrella fue “It Is What It Is”, y, de algún modo, supuso el canto del cisne para la banda, que ya nunca volvería a grabar junta.  Las muertes de Waylon Jennings en 2002 y de Johnny Cash en 2003 pusieron punto final a The Highwaymen…  hasta que este mismo año 2014, durante la entrega de los Premios Grammy, Kris Kristoferson y Willie Nelson sorprendieron al mundo uniéndose al también veterano Merle Haggard y al mucho más joven Blake Shelton, en una especie de reencarnación de aquel mítico supergrupo que durante 10 años llevó al Country a sus más altas cotas de fama y gloria….

lunes, 6 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "TORRENTE 5, OPERACIÓN EUROVEGAS"

La cuadrilla de los frikis

Más de una vez he contado en esta página mi encuentro con Santiago Segura, acaecido hace dieciséis años, durante la Segunda Primavera Cinematográfica de Lorca.  Segura había venido a presentar “Torrente, el Brazo Tonto de la Ley”, y ya entonces la expectación que levantaba a su paso era desmesurada.  Aquella primera aparición de su casposo y vergonzante policía se saldó no sólo con un taquillaje fenomenal, sino también con unos resultados estéticos muy interesantes, al menos para quien esto suscribe:  como escribí el otro día en un tweet, “Torrente fue una pequeña obra maestra de lo cutre y lo hortera…  peo obra maestra al fin y al cabo”.

Cuatro secuelas después, Torrente regresa a las pantallas y lo hace verdaderamente a lo grande.  En una época en la que el cine español parecía condenado a muerte por las políticas del Gobierno del PP, se han producido fenómenos de masas como “8 apellidos vascos”, “El Niño” y “La isla mínima”, los cuales quién sabe si se quedarán empequeñecidos ante la llegada de “Torrente 5”, que arranca con unas cifras de récord.

José Luis Torrente, el indescriptible ex-policía al que da vida un cada vez menos orondo Santiago Segura, sale de la cárcel en la empobrecida España de 2018, que ha perdido a Cataluña y se ha visto obligada a retornar a la peseta.  Lejos de reciclarse dentro del lado honrado de la Ley, acepta liderar una desopilante panda de inadaptados auspiciados por un antiguo militar norteamericano, que pretende perpetrar un super atraco en uno de los casinos del imposible megacomplejo de ocio “Euro Vegas”.

Con películas como “Ocean’s 11” y “Misión Imposible” como referentes, Santiago Segura se permite ceñirse un poco más a una trama definida, y se siente menos obligado a ir de rebote entre cameo y cameo (el mayor defecto de “Torrente 4”), a pesar de que cameos (breves apariciones de personajes o personajillos famosos) sigue habiendo a docenas, lo cual lastra un poco el desarrollo de la acción.  Con todo, el hecho de que el guión esté mejor acabado permite a los actores y actorzuelos sentirse más respaldados, y al director concentrarse más en la puesta en escena, la cual, sin llegar a los logros de la primera parte, resulta más atractiva.

Alec Baldwin (en lugar del inicialmente considerado Mel Gibson) es el villano principal de la historia, un enemigo implacable al que Torrente (Santiago Segura, ¿quién si no?) y su banda de frikis (Julián López, Jesulín de Ubrique, Fernando Esteso, Cañita Brava, Florentino Fernández, Carlos Areces, Anna Simón, Angy y Chus Lampreave) deberán enfrentarse utilizando toda su astucia (¡) e ingenio (¡!).  En resumen, “Torrente 5” es un nuevo festival de carcajadas, ideal para quienes son capaces de reírse de sí mismos y de sus propios e inconfesables prejuicios.

Luis Campoy

Lo mejor:  el humor primario, directo, brusco, sin refinar
Lo peor:  el exceso de cameos, no siempre bien encajados
El cruce:  “Torrente, el Brazo Tonto de la Ley” + “Ocean’s Eleven” + “Misión Imposible”

Calificación.  7 (sobre 10)