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jueves, 1 de agosto de 2013

Una odisea pilosebácea (y II)

Uno de los artículos más exitosos que he publicado en este blog, uno de los más visitados, leídos y comentados, no ha sido una crítica de cine o la enésima loa a mi musical favorito, "Los Miserables".  No, en realidad uno de los temas tratados que más ha interesado al personal ha sido el afán de conservar el cabello sano y en su sitio (no en una caja, como me decía mi padre), tal como lo narré bajo el título de "Una odisea pilosebácea".  A pesar de que cada vez son más las cabezas completamente rasuradas que campan por ahí, y aunque señores como Pep Guardiola parecen más interesantes con el coco despejado, todos los hombres (y algunas mujeres) luchan con todas sus fuerzas para impedir la victoria irreversible de la alopecia.  Por lo que a mí respecta, lo último que os había contado fue que finalmente me resistí a confiar ciegamente mi salud capilar a una marca para mí desconocida (Rougj Hair), por lo que acudí más o menos escépticamente al dermatólogo de la Seguridad Social.  Sobre los productos Rougj Active en sí mismos, nada tengo que objetar, pues no llegué a probarlos.  Lo que hizo que se me encendieran las luces de alarma fue que la supuesta dermatóloga que visitaba cada miércoles la farmacia tuviese una actitud tan poco profesional, y, sobre todo, que, muy sospechosamente, dicha “doctora” no fuese imparcial y plural, sino que, de entre el amplísimo mercado de este tipo de productos, sólo fuese capaz de recetar la loción, el champú y las vitaminas de esa marca en concreto.  ¿No es eso un poco inquietante?  En una farmacia, te ofrecen un análisis gratuito del cuero cabelludo, pero el resultado de ese análisis, para absolutamente todas las personas analizadas, es que deben atiborrarse con productos Rougj Active.  Para eso, no hacía falta que te analizaran, joder…  Y repito que no seré yo quien diga que esos remedios son malos o ineficaces, simplemente que me desagradó que me tomaran por tonto con todo aquel montaje.