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jueves, 4 de julio de 2013

Cine actualidad/ "EL HOMBRE DE ACERO"



Hostias, ruido y destrucción


En 1978, Richard Donner, Christopher Reeve y John Williams construyeron, quizás sin proponérselo, la mejor y más perdurable traslación de un comic a la pantalla grande.  Su "Superman, El Film" ha cumplido 35 años y sique ocupando un lugar privilegiado en el Olimpo del cine de aventuras y fantasía.  Sin embargo, los sucesivos fracasos comerciales de "Superman IV:  En busca de la paz" y la más reciente "Superman Returns" habían hecho que el más famoso de los superhéroes quedase un pelín olvidado...  hasta que llegó el nuevo Rey Midas del subgénero, Christopher Nolan, y lo rescató de su inmerecido ostracismo.



El lejano planeta Krypton está a punto de autodestruirse.  Uno de sus mejores científicos, Jor-El, consigue preservar el códice genético de sus congéneres y, junto con su propio hijo, el recién nacido Kal-El, logra enviarlo a la Tierra justo antes de que su mundo explosione.  Ya en nuestro planeta, el niño es adoptado por el matrimonio Kent, quienes pronto descubren que la atmósfera terrestre le otorga poderes increíbles.  Llegado a la madurez, el joven Clark (éste es el nombre por el que ahora se le conoce) viaja por diferentes partes del mundo tratando de encontrarse a sí mismo, y, por donde quiera que va, deja un reguero de hazañas asombrosas.  Repentinamente, una nave de guerra kryptoniana llega a la Tierra en busca del heredero de Jor-El y el códice robado, y Clark descubrirá aquéllo de que "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" y se erigirá en el máximo defensor de la Humanidad.  Dado que sus maravillosas capacidades le han convertido en una especie de superhombre, acabará siendo bautizado como...  "Superman".

Christopher Nolan acababa de culminar su celebradísima trilogía sobre Batman cuando los chicos de Warner Bros. le ofrecieron relanzar también al otro fetiche de DC Comics:  Superman.  Sin embargo, Nolan estaba de superhéroes hasta el gorro y finalmente se limitó a aceptar tareas de argumentista y productor, contratando como guionista a David S. Goyer (colaborador suyo en la saga del Murciélago) y como director a un experto en el tema:  Zack Snyder, artífice de “300” y “Watchmen”.  "El Hombre de Acero", a diferencia de la bastante sosa "Superman Returns", vuelve a contar el origen del héroe desde el mismo comienzo, pero lo hace rompiendo drásticamente con todo aquéllo a lo que estábamos acostumbrados.  El look de los escenarios y decorados es radicalmente diferente, el diseño del traje también (es especialmente llamativo el hecho de que por fin Superman haya comprendido que los calzoncillos se llevan por dentro y no por fuera del pantalón), la banda sonora se inscribe en un registro totalmente distinto al clasicismo sinfónico de John Williams y el humor es prácticamente inexistente.  Asímismo, se ha evitado que nuevamente sea Lex Luthor la némesis del protagonista, y se ha recuperado a su compatriota el General Zod, al que ya diera vida Terence Stamp en "Superman" I & II. 

Parece que el éxito está acompañando a este film que seguramente se convertirá en trilogía, y, como amante del Noveno Arte (el Cómic), me alegro muy sinceramente.  Eso sí, enseguida surgen las inevitables comparaciones (con el “Superman” del ’78, con las adaptaciones de Marvel o incluso con los Batman de Nolan) y, en este sentido, “El Hombre de Acero” no sale demasiado airosa.  Con respecto al film con Christopher Reeve, pienso que cualquier película de superhéroes se mira inevitablemente en ese espejo, y todas salen más o menos mal paradas.  Precisamente el gran logro de la trilogía de Nolan fue saber alejarse de lo “super” y concentrarse simplemente en lo de “héroe”:  es decir, empeñarse en narrar la historia realista de un hombre sin poderes pero apoyado por su decisión, su riqueza y una adecuada tecnología.  Pero, volviendo a “Superman”, su tratamiento de los personajes y la historia, la elegancia de la puesta en escena, el lujoso diseño de producción, la maravillosa banda sonora e incluso la poca dependencia de los efectos especiales (bastante desfasados hoy en día) la convierten en un espectáculo infalible y óptimo para disfrutar solo o en familia.  Por contra, he podido comprobar de primera mano cómo “El Hombre de Acero” no es apta para cualquier tipo de público, porque enseguida queda patente que la historia es apenas una excusa para desplegar un festival de efectos digitales y estruendoso sonido, absolutamente demoledor.  Demoledor y destructivo, porque pocas veces se ha visto tanta y tan innecesaria destrucción.  ¿De veras trae cuenta tener como protector a un personaje en cuyas luchas son demolidos cientos, miles de edificios tanto en el pueblo de Smallville como en la populosa Metrópolis?  Sí, también en la reciente “Los Vengadores” de Marvel la ciudad de Nueva York sufría un brutal ataque, pero es obvio que los de DC han pretendido desbancar a la competencia a fuerza de multiplicar por cien su potencial devastador.

¿Y el reparto?  Henry Cavill es un buen Superman, muy cerca del atractivo y elegancia de Reeve.  No habiendo Lex Luthor actual con el que comparar, hay que reseñar que el General Zod de Michael Shannon pierde notoriamente el duelo con el que interpretara Terence Stamp, muchísimo más refinado y sibilino.  Eso sí, la actual Lois Lane a cargo de Amy Adams es más creíble e incluso más guapa que la estirada Margot Kidder.  Russell Crowe (uno de mis actores favoritos) no resulta tan majestuoso como el inolvidable Marlon Brando, pero Kevin Costner me parece más entrañable que el ya viejo Glenn Ford.  El fotógrafo Jimmy Olsen ni siquiera aparece, y el editor Perry White se ha cambiado de apellido y su papel lo desempeña un…  negro, Laurence Fishburne.

“Superman” de Richard Donner es una película que en cada fotograma contiene y desprende arte y estética, mientras que “El Hombre de Acero” es una monumental oda al ordenador, el gran logro y el gran enemigo del cine actual.  Todo en esta última no es artístico sino artificial;  no hay música sino banda sonora (Hans Zimmer es un experto en composiciones electrónicas en las que la melodía resulta asfixiada);  y allí donde había romance y humor, lo que encontramos son hostias y caos.  Definitivamente, los tiempos han cambiado.

Luis Campoy

Lo mejor:  Henry Cavill
Lo peor:  la orgía de destrucción sin fin,  cualquier comparación con el “Superman” de 1978
El cruce:  “Superman” + “Superman II” + “Los Vengadores”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

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