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jueves, 24 de enero de 2013

Cine actualidad/ "DJANGO DESENCADENADO"


Tarantino desatado

En 1992, el paso triunfal de "Reservoir Dogs" por el Festival de Cannes y otros circuitos más o menos independientes convirtió al joven Quentin Tarantino (29 años por aquel entonces) en la sensación cinematográfica más impactante de las últimas décadas.  Su fantástica dirección de actores, su atrevido uso de la violencia y, sobre todo, sus ampulosos, ingeniosos y divertidos diálogos le pusieron en boca de todos los cinéfilos, y todos los astros de Hollywood se peleaban por trabajar a sus órdenes.  Dos décadas después, el prestigio de Tarantino sigue más o menos intacto, aun a pesar de algunos trabajos ("Jackie Brown", “Death Proof") que no han estado a la altura de las expectativas, si bien la estela dejada por "Pulp Fiction", "Kill Bill" y "Malditos bastardos" continúa brillando con tanto fulgor que eclipsa todo lo demás.  Como todo gran creador ("genio" le consideran algunos), Tarantino, detrás de las cámaras (y delante, en ciertas ocasiones) se erige en la estrella más rutilante de su firmamento fílmico, imponiendo su punto de vista inconfundible y abordando todos los géneros desde un atrevimiento desvergonzado e iconoclasta.

Tras poner patas arriba el género  policíaco con "Reservoir Dogs", el bélico con "Malditos bastardos" y las artes marciales con "Kill Bill", el director nacido en Tennessee se atreve ahora con el western, obviamente de forma poco o nada convencional.  Para empezar, el "ejemplo" a seguir no es un título de John Ford, Howard Hawkes o John Sturges, sino un "spaghetti" filmado por Sergio Corbucci, del que toma prestado el nombre del protagonista y la ambientación sureña made in Italy, e improvisa todo lo demás.

Django es un esclavo negro al que libera un supuesto dentista alemán, King Schultz, que en realidad es un astuto cazarrecompensas.  Schultz propone a Django que se asocie con él en la caza de criminales buscados, y a cambio le promete que le ayudará a rescatar a su esposa, la cual vive ahora en la inmensa plantación del carismático terrateniente Calvin Candie....

Puede que el argumento que acabo de resumir pudiera prestarse a una narrativa convencional que diese cabida una película de noventa minutos, pero Tarantino se excede incluso más de la cuenta y su abigarrado guión se extiende durante casi tres horas.  A este respecto, me remito a lo que dije en relación a "El Hobbit" o incluso "La noche más oscura":  la desmesurada extensión temporal implica la casi segura existencia de lagunas narrativas, por lo cual una sabia decisión hubiera sido eliminar determinadas secuencias superfluas que, en el fondo, no aportan nada.  Pero Tarantino es mucho Tarantino, y quizás haya que aplaudirle por su loable fidelidad a sí mismo, y los buenos resultados cinéfilos de sus últimas propuestas le han convencido de que sus fans demandan dosis incluso más altas de la medicina que les ofrece.  Así, no sólo consigue encajar sorprendentes diálogos aun en los momentos más inesperados, sino que éstos se estiran y estiran, no digo yo que sin chispa, pero más bien insustancialmente.  En mi opinión, se ha llegado al extremo de que algunas secuencias existen únicamente para dar lugar a que el señor Tarantino nos deslumbre con su locuacidad, por lo que la acción principal adolece de falta de ritmo, sobre todo durante la larguísima hora y media final.  Con todo, es también en ese período cuando los intérpretes tienen las mejores ocasiones para lucirse, sobre todo un maravilloso Christoph Waltz (el Dr. Schultz) y un imponente Leonardo DiCaprio (el malvado Candie), quienes, con la cooperación de un antipático Samuel L.  Jackson, dejan en evidencia a un oscuro (perdóneseme el facilón juego de palabras), soso y descafeinado Jamie Foxx, el Django protagonista.  Sobre todo destaco a Waltz, un austríaco de 57 años al que Tarantino dio a conocer precisamente en su anterior "Malditos bastardos";  se trata de un actor sublime que, haga lo que haga, se erige en el centro de la acción y a quien asímismo beneficia, ¿por qué no decirlo?, el buen trabajo de su doblador Gonzalo Abril.  También realizan pequeños papeles Kerry Washington (la esposa del héroe), un recuperado Don Johnson, Franco Nero (el Django original del film de 1966), James Russo, Jonah Hill y el mismísimo Tarantino, empecinado en desempeñar una faceta en la que nunca llegará a brillar.

A pesar de los espectaculares y violentos tiroteos (los que se desarrollan en la plantación de Candie son particularmente sangrientos...  y rocambolescos), creo que lo más memorable de este "southerner" (palabra inventada por Tarantino dado que la acción transcurre no en el Oeste, "West", sino en el Sur, "South") son las interpretaciones de Waltz y DiCaprio y un par de escenas en las que el ingenio del director queda bien patente:  el momento en que Candie trata de explicar por qué el cráneo de los negros contiene un cerebro más propenso a la sumisión, y, sobre todo, la descacharrante diatriba de los enmascarados del Ku Klux Klan quejándose de las dimensiones de los agujeros de las capuchas.  Simplemente genial:  Tarantino en estado puro.

Luis Campoy

Lo mejor:  Christoph Waltz y Leonardo DiCaprio;  la secuencia protagonizada por los descontentos encapuchados del Ku Klux Klan
Lo peor:  el evidente exceso de metraje, con no pocos momentos prescindibles;  la infantil chulería de los minutos finales;  la gris y apocada composición de Jamie Foxx
El cruce:  "La cabaña del Tío Tom" + "El jinete pálido" + "Lo que el viento se llevó"
Calificación:  8 (sobre 10)

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