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lunes, 8 de octubre de 2012

¿Más que un partido de fútbol?


Desde el pasado 11 de Septiembre, se intuía que muchas personas iban a pretender convertir el partido de anoche en algo más que un partido.

No es la primera vez que me confieso seguidor del Fútbol Club Barcelona...  ni la primera vez que deploro la utilización del mejor escaparate futbolístico mundial como reivindicación de ambiciones políticas extradeportivas.  Que una gran parte (no sé si la mayoría o no) de catalanes no quieren ser españoles es una realidad y un hecho, y merece un respeto que no siempre se les depara.  Pero incluso por encima del respeto debería estar la Constitución, la Ley de Leyes, que es donde se refleja hasta dónde pueden extenderse las demandas colectivas de los ciudadanos.  Si en la Constitución no se prevé la realización de un referéndum secesionista, pues simplemente dicha consulta no debería poderse realizar.  Me pareció un error monumental que Rajoy tildase de "algarabía" la expresión del sentimiento nacionalista catalán, pero para romper en pedazos la España que conocemos sería preciso que todos los españoles decidiesen si procede modificar o no la Constitución para que pudiesen tener lugar esos referéndums que pueden traer devastadoras consecuencias.


Personalmente no tengo nada en contra de los catalanes (tampoco de los manchegos o los andaluces o los aragoneses), y recuerdo que, cuando estuve hace años en Barcelona, la mayoría de las personas me parecieron amables y, cuando me dirigía a ellas en español, se dignaron a responderme en ese mismo idioma.  Si de las próximas elecciones de noviembre se deriva la formación de un gobierno independentista que encuentra el cauce legal para convocar un referéndum amparado por las leyes, y de ese referéndum se deduce la separación de Cataluña del resto de España, supongo que habrá que respetar la decisión del pueblo y no darle más vueltas a un desamor cada día más evidente.  Eso sí, habrá que esperar que el gobierno español y el catalán fijen bien sus competencias y se estipulen bien claramente todas las normas de cooperación y coexistencia.  Si Cataluña no quiere ser España, no debe serlo en ningún sentido, y los catalanes, contra quienes, como digo, no tengo nada, deberán ser tratados con el mismo respeto que los franceses, los italianos o los belgas.  Ni peor ni mejor que los ciudadanos de esos países citados.  ¿Que la Editorial Planeta decide abandonar Barcelona para establecerse en Madrid?  Pues será lógico, ¿no?  Y lo mismo ocurrirá con muchas otras empresas, que, en contra de lo que hubiesen deseado, se verán obligadas a abandonar Cataluña dada su condición de empresas españolas en un país extranjero.  ¿Que el resto de españoles dejan de consumir productos catalanes?  Pues será porque ya no les parece que lo catalán es mejor o más barato que los productos europeos de similares características.  Todo ello, con educación, civismo y respeto, por supuesto.

Pero vamos al fútbol, que es por donde iniciaba este artículo.  Soy del Fútbol Club Barcelona, como digo, y pienso que su presidente Sandro Rosell se equivoca doblemente cuando proclama a los cuatro vientos la "catalanidad" del Barça (donde "catalanidad" significa "no españolidad") y cuando insiste reiteradamente en que, en caso de independencia, el Barcelona seguirá jugando la Liga española.  No sé lo que decidirán los equipos españoles, la Liga de Fútbol Profesional, el Comité de Competición, el Consejo Superior de Deportes y el Ministerio correspondiente, pero, desde mi modestísimo entender, la separación política debería conllevar también la separación deportiva.  Así, los rivales del Barcelona ya no serían el Real Madrid, el Atlético de Madrid, el Valencia o el Málaga, sino el Espanyol (¿mantendrá su nombre este club?), el Lleida, el Nástic, el L'Hospitalet, la Gramenet o el Manlleu.  Y no me sorprendería que algunos grandes jugadores azulgranas (sobre todo, los que sí se sienten españoles) comenzasen a escuchar ofertas y se planteasen abandonar un club que no ha sabido mantenerse inmune a los cantos de sirena nacionalistas.  El deporte debería ser sólo deporte y el fútbol debería ser sólo fútbol.  Por éso me molesta tanto últimamente leer los periódicos deportivos catalanes (sobre todo el "Sport", que tanto me gusta....  o me gustaba), donde algunos articulistas como Lluis Mascaró o Joan Vehils aprovechan cualquier mínima oportunidad no sólo para expresar su propio sentimiento nacionalista, sino para tratar de convencernos a todos de que la grandeza del Barça consiste en que es un club catalanista que enarbola el nacionalismo que las leyes no les permiten manifestar.  Pues no, mis queridos señores.  La grandeza del Barça consiste en que es el equipo que mejor juega al fútbol.  En que sabe potenciar la cantera, en que exhibe casi siempre grandes dosis de deportividad.  Mezclar el deporte con la política sólo puede traer consecuencias nefastas.  ¿Acaso el Barça sólo aspira a representar no solamente a los catalanes, sino únicamente a los catalanes separatistas?  Si es así, no entiendo por qué piensan que hay tantos culés en el extranjero, ¿acaso se imaginan que a todos ellos les importa si Cataluña se siente oprimida por el yugo de España y necesita volar libre?  No sé si se dan cuenta estos señores de que es tan difícil ser seguidor del Real Madrid en las inmediaciones del Camp Nou como ser culé en el resto de España.  Como ya he comentado alguna vez, cada vez somos menos los que nos atrevemos a exteriorizar nuestro barcelonismo, porque, cada vez con más razón, el resto de aficionados futboleros nos tilda de separatistas, de antiespañoles, cuando nosotros lo único que pretendemos es gozar el fútbol más bello y más perfecto que se ha jugado nunca.  Lo del mural con la Señera exhibido ayer al principio del Barcelona-Real Madrid no fue tan horrible como algunos vaticinaban y hubiera podido quedar como una hermosa demostración de amor a la tierra nativa, pero la aparición de Esteladas (banderas separatistas) y los gritos de independencia sólo sirven para que en el resto de España aumente la animadversión hacia Cataluña en general y hacia el Barça en particular.  Dudo mucho que ésto sea lo que estas personas desean, pero es lo que están consiguiendo con esta actitud.  A mí, como a todos los aficionados al fútbol culé, lo que nos interesa es que Messi continúe deslumbrándonos, que Puyol se recupere pronto y que Villa vuelva a ser el que era.  Y, lógicamente, en un día como el de ayer, hubiéramos querido que Casillas encajara muchos goles, que Cristiano estuviera gafado de cara a puerta y que Ramos y Pepe no confundiesen la contundencia con la antideportividad.  Todo lo demás que se vio y se oyó fuera del terreno de juego estuvo de más.  Y ojalá los dirigentes barcelonistas fuesen capaces de entenderlo a tiempo.

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