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viernes, 19 de octubre de 2012

Español y catalán


Yo nací en Alicante, pero durante mis últimos 26 años estoy trabajando e incluso residiendo en Lorca.  Si dijese que me siento alicantino y lorquino no estaría mintiendo, ni tampoco ofendería a nadie.  Yo puedo declararme alicantino, lorquino, alhameño (también he vivido un tiempo en Alhama), murciano (por tener mi domicilio fiscal en esta Comunidad autónoma) y, por supuesto español, y mi declaración pasaría desapercibida.  Porque claro, yo soy un ciudadano anónimo, un don nadie.  Pero cuando Andrés Iniesta, crack del Barça y héroe de la Selección Española de Fútbol, manchego y albaceteño de Fuentealbilla y residente en Barcelona, se define como "español y catalán", sus palabras levantan una enorme polvareda.

O sea, si alguien se declara "andaluz y español", o "gallego y español" o "madrileño y español", no pasa nada y todo entra dentro de la lógica.  Existe un sentimiento obvio de amor a la tierra en la que vives, y asímismo de patriotismo hacia el país que te ha dado la nacionalidad.  Pero, dado el momento histórico concreto que estamos atravesando desde el reto independentista lanzado durante la Diada del pasado 11 de septiembre, tengo que decir que las palabras de don Andrés me parecen, como mínimo, inoportunas.  Declararse español y catalán siendo catalán de nacimiento sería algo impensable desde la óptica independentista, y muy loable para los (pocos) que se sienten orgullosos de su españolidad en la tierra de Artur Mas.  Pero que un tío nacido en un pueblo de Albacete, más manchego que el gazpacho, elija, precisamente ahora, el momento para proclamarse (también) catalán, creo que roza lo absurdo y lo esperpéntico.  Que sí, que entiendo que el hombre lleva 16 años en Cataluña, a donde llegó con apenas 12, que comprendo que su mujer es de allí y su hija ha nacido en aquel lugar, pero la expresión "español y catalán" tiene, hoy por hoy, unas connotaciones que, por ejemplo, no hubiera tenido el pronunciarse "español, manchego y catalán".  No sé si me entendéis.  El "8" del Barça no reniega de su españolidad, pero, al enorgullecerse de su catalanidad, está excluyendo su mancheguismo, y éso da que pensar.  ¿Qué pasará dentro de unos años, cuando lleve más tiempo en tal territorio y tenga más hijos e incluso algún nieto catalán?  ¿Todavía figurará lo de "español" en su definición?  Claro que, para entonces, igual Cataluña ya se ha divorciado de España y se ha convertido en un Estado soberano.  En tal circunstancia, el mágico centrocampista habrá tenido que tomar una decisión sobre su residencia y su pasaporte, ah, y también sobre sus viñedos, arraigados en el suelo de Fuentealbilla, y que son más difíciles de desespañolizar...

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