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lunes, 24 de septiembre de 2012

Literatura 2.0


Ayer, haciendo los primeros deberes del curso con mi hijo de casi catorce años, en su libro de Lengua tropecé con un artículo del escritor José Angel Mañas.  En él, el autor de "Historias del Kronen" hablaba del momento actual de nuestra sociedad y cultura, tan influenciadas lingüísticamente por internet y las nuevas tecnologías de comunicación.  En uno de los párrafos citaba a "Azorín" (cuyo verdadero nombre, y lo digo de memoria, era José Martínez Ruiz), quien, desde las postrimerías del siglo XIX, mencionaba a Miguel de Cervantes, que en el Siglo de Oro presumía de haber leído todo lo que se había escrito hasta entonces.  Azorín y, por supuesto, Mañas, ironizaban sobre el órdago cervantino, en el sentido de que, cuanto más corría el tiempo, mucho más difícil era erigirse en lector de todo lo escrito.


De hecho, hoy en día, tal afirmación resulta no sólo risible sino absolutamente imposible, por cuanto son diversos y dispares los posibles soportes en los que se escribe.  Los libros y, en general, el papel como base única de la literatura, han sido superados por los blogs, las redes sociales, los mensajes SMS, los whatsapps y muchos otros sistemas de comunicación antes impensables.  Claro que pretender que el contenido de la mayoría de estas manifestaciones sea mínimamente aproximado a lo que tradicionalmente se ha considerado "literatura" es, en sí mismo, una quimera.  Vale que, si no podemos conseguir el periódico de turno, nos podemos ir a su edición 2.0, o que cada vez se esté extendiendo más el llamado libro electrónico...  pero cuando dice Mañas que la mensajería móvil ha revitalizado el género epistolar, me dan ganas de carcajearme y descuajeringarme.  Si ya me repateaba el intelecto leer las bochornosas faltas de ortografía cometidas por personas que al menos trataban de escribir las palabras completas, lo de pretender que tres o cuatro rácanas abreviaturas causen el mismo efecto que las bellísimas misivas tejidas por Cicerón, San Agustín, Fray Luis de León, Moratín o Julio Cortázar no deja de ser un chiste de sonrojantes proporciones.  Puedo entender hasta cierto punto que haya quien economice tiempo y esfuerzo utilizando las abreviaturas comúnmente usuales ("Esp" por "España", "OK" por "Correcto", "TV" por "Televisión", "Gral" por "General" y "HP" por "Hijo de puta" por poner apenas unos ejemplos) o incluso quien demuestre su vena más ingeniosa empleando términos como "Salu2" en lugar de "Saludos" o "A2" como "Adiós"…  pero que "S" sustituya a "Sí", "N" a "No" y "D" a "De", lo que me sugiere es una tacañería injustificable, un desprecio al buen gusto y una pintada insolente en el muro de la estética.  ¿Qué pasa, que, por escribir dos letras, se multiplica el importe de la factura?  ¿Acaso les invadiría un brote de fatiga galopante?  ¿Tal vez se les encallecerían las yemas de los dedos?  En muchos aspectos, me empiezo a sentir un carroza sin remisión, y éste es uno de ellos.  Yo, incluso cuando mando un SMS o redacto un whatsapp, escribo todas las letras y, casi siempre, todos los acentos.  Y lo que me da miedo es que pueda llegar un momento en que leer palabras completas pueda provocar en algunas personas un ataque de perecitis incurable... 

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