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sábado, 14 de julio de 2012

El fin del bienestar


Cuando Zapatero asumió el gobierno de España, en Abril de 2004, tras una tragedia oscura y nunca aclarada del todo como el 11-M, dedicó los primeros años de su mandato a desarrollar una serie de medidas que no sólo llevaba en su programa electoral, sino que, incuestionablemente, respondían a cualquier manual de estilo de un político de izquierdas.  Sacó a España de la guerra de Irak, legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, promulgó la Ley de Dependencia, reforzó las Autonomías e instauró el “Cheque bebé” que trataba de fomentar la natalidad.  Medidas, todas ellas, que, de un modo u otro, mejoraron o trataron de mejorar lo conocido como “Estado del bienestar”.  Obviamente, fueron más sus múltiples errores que sus escasos aciertos, y no le defiendo absolutamente en nada;  sólo digo que, al menos en su muy primera época, cumplió parte de su programa electoral y quiso desarrollar una adecuada política social.  Sin embargo, la voraz crisis económica mundial, sumada a las equivocadas respuestas zapateristas y sí, a bastante despilfarro injustificable, abocó a España a una situación crítica.


Era obvio que en los comicios anticipados de Noviembre de 2011 se iba a producir un cantadísimo giro electoral, y que el Ejecutivo resultante iba a tener que tomar medidas muy, muy drásticas.  Desde nuestra ignorancia y nuestra inocencia, muchos españolitos pensábamos que había llegado la hora de gobernar desde la unidad de todas las fuerzas políticas, de aunar esfuerzos, de superar lastres ideológicos, de defender con determinación a los más necesitados.  ¡Qué equivocados estábamos!  Nadie niega la gravedad del momento y lo nefasto de la herencia que ha recibido, pero son absolutamente injustificables el fondo y las formas de este Gobierno del PP que, para empezar, ha hecho exactamente lo contrario de lo que dijo que iba a hacer.  Con todo, la hipocresía y la contradicción serían males menores si hubiesen revertido en algún discreto beneficio para la sociedad, pero lo único que recibimos, semana tras semana, son recortes y más recortes, todo hachazos y ni un mísero guiño al optimismo.  Por supuesto que hay que ahorrar muchísimos millones y ello obliga al Estado a realizar no pocos sacrificios, pero ¿a quiénes se debería proteger y a quiénes habría que “castigar”?  Lo más lógico para mucha gente hubiera sido empezar por suprimir el Senado, abolir las Diputaciones provinciales, eliminar las pensiones vitalicias y la mayoría de privilegios de los ex-presidentes y los ex-ministros, gravar las grandes fortunas y, obviamente, rebajar hasta niveles terrenales los sueldos de cualquier político en activo.  Sin embargo, la elección ha sido muy otra:  reforma laboral que no queda muy lejos del despido libre, copago sanitario (que perjudica sobre todo a los pensionistas), empeoramiento del subsidio de desempleo (justo lo que necesitaban los parados), ataques vejatorios a los funcionarios (rebaja de sueldos, supresión de una paga extraordinaria y deterioro de la actividad sindical, entre otras muchas lindezas) y una espectacular subida de impuestos como nunca antes se ha visto.  Los ricos y los políticos parecen intocables, pero a los trabajadores, los desempleados y los ancianos se les puede machacar y pisotear impunemente sin que rechisten.  Pero esto es solamente el fondo.  Lo más humillante son las formas:  se puede destinar una milmillonada para tapar la pésima gestión de Bankia (entidad presidida por un ilustre ex-pepero, Rodrigo Rato) pero no se acomete la reconstrucción de una ciudad herida y necesitada como Lorca;  Rajoy se va a Polonia a ver el fútbol al día siguiente de suplicar la intervención europea, la cual trató de venderse como si de un regalo se tratara;  criba ideológica en Radiotelevisión Española, donde las voces más críticas (Fran Llorente, Pepa Bueno, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido…) son cesados sin contemplaciones;  los diputados del PP aplauden a rabiar mientras el Presidente ahoga un poco más a los parados, con la impresentable Andrea Fabra vociferando “¡Que se jodan!” como una vulgar verdulera;  y, ayer mismo, la puntilla:  una brutal subida del IVA muy meditada y muy concienzuda, no aplicada por azar.  Cualquiera que tengamos trabajo podemos considerarnos ciertamente afortunados, aunque es cierto que ahora podemos ser despedidos mucho más fácilmente y no es difícil imaginar que más de una empresa se sumará a la moda de bajar el sueldo y eliminar las pagas extras de sus trabajadores.  No obstante, siempre nos quedaba el ocio.  ¡De cuántas preocupaciones puede uno olvidarse mientras ve una película o disfruta una obra de teatro…!  Pues bien, a partir del 1 de Septiembre quizás no nos quede ni eso.  El Cine, el Teatro, los musicales y los conciertos (además de las ópticas y las funerarias) pasan de tributar el 8 % de IVA a un descabellado y salvaje 21 %.  Los primeros análisis apuntan a que cada entrada subirá ¡1 euro!, por lo que, según los cálculos de los directivos del sector, es muy, pero que muy probable que entre el 50 y el 70 % de las salas de cine tengan que cerrar.  Si a esto le sumamos el tremendo recorte a las subvenciones a la industria cinematográfica anunciadas meses atrás, no es muy arriesgado afirmar que el Cine español está viviendo sus peores momentos…  por no decir su exterminio.  Por desgracia, tampoco cuesta ningún trabajo atar cabos y deducir que estas medidas constituyen un castigo nada disimulado a aquellos cineastas (Pilar Bardem, Guillermo Toledo, Pedro Almodóvar, Juan Echanove, Alberto San Juan…) que en su día lideraron un movimiento social contrario a la Guerra de Irak y que, posteriormente, prestaron, ceja en ristre, su apoyo incondicional al vapuleado Zapatero.  Si el PSOE, con mayor o menor a cierto, trató de impulsar políticas de izquierda, no cabe duda de que el PP está llevando las políticas de derecha a su máxima expresión.  Ya lo decía aquel General Goering de “Mefisto”:  “Cuando oigo hablar de cultura, quito el seguro de mi pistola”.  En épocas de crisis, cuando es necesario recortar para sobrevivir, hay que tener muy claro a quién se puede soliviantar.  Nuestro actual Gobierno ha decidido que las víctimas seamos todos…  todos, menos los ricos y los políticos, y ni siquiera nos quieren permitir distraernos ante un panorama tan grotesco.

1 comentario :

EXPEDIENTEX dijo...

Tal vez me equivoque, pero es mi particular opinión sobre el panorama político español, PSOE y PP están en el mismo saco o dicho en otras palabras son el mismo perro pero con distinto collar. Hagamos memoria, cuantas veces ambos bipartidos que constituyen el reino del Bipartidismo coinciden. Por poner unos ejemplos, cómo se explica que ninguno acortara la burbuja inmobiliaria, cómo se explica que ambos hayan hecho amnistía fiscales, reformas laborales en perjuicio del trabajador, etc (podría continuar más) hace falta una alternativa clara a estos dos partidos y hoy por hoy no se vé apareciendo con fuerza sino más bien que este bipartidismo seguirá como la crisis actual, desgraciadamente.