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viernes, 15 de junio de 2012

Después de la Graduación



Para mi hija Laura


Hace como seis años, toda una eternidad, y vivíamos en Alhama…

Los fines de semana que pasábais conmigo, además de ir al cine y a comer fuera, veías cómo me pasaba horas y horas peleándome con tu hermano para que hiciese los deberes de Matemáticas.  Teníamos la mesa del comedor llena de libros, cuadernos y papeles, y yo te miraba y me preguntaba si contigo sería todo tan difícil.  Cuando, a los pocos meses, empezaste en el colegio San Fernando, el cambio que experimentaste fue de todo menos traumático, gracias a tu feliz estancia en el Muñoz Barberán, donde habías continuado tu etapa formativa iniciada en la guardería.  Contigo, todo fue más sencillo:  nunca diste el menor quebradero de cabeza, educativamente hablando, al menos a mí.  Tu meticulosidad, tu amor propio y tu autosuficiencia me sorprendían cada día.  En estos seis cursos, qué pocas veces has necesitado de mi ayuda...  Algunas sumas y multiplicaciones (muy al principio), unos pocos problemas en Tercero y Cuarto y, éso sí, algunas pequeñas faltas de ortografía que apenas me permitías corregirte.  Pero eso no era lo único que me encantaba.  Todo el mundo te quería, y me parecía que tus compañeras competían por ser tu mejor amiga y por sentarse a tu lado en el comedor.  Bien es verdad que tenías esos arrebatos de genio que te costaba controlar, pero con una sonrisa y con tu bracito alrededor del mío cuando salíamos a la calle, me volvías a hacer sentir el papá más feliz del mundo.

Qué pocas veces he podido llevarte a ese Colegio que ya abandonas...  Mi residencia fuera de Lorca y mis horarios de trabajo casi siempre me lo impidieron, pero atesoro en mi recuerdo aquellas mañanas en las que salíamos de la Residencia San Mateo (que ahora sólo existe, también, en nuestra memoria) y nos deteníamos en la panadería para comprar barritas de cereales.  Uno de aquellos días lloraste con amargura cuando se te deslizó entre los dedos la ovejita de peluche que complementaba tu disfraz de pastora, pero, por fortuna, Papá Noel quiso compensarte y te trajo otra, pocos días después.  El día de tu Primera Comunión, sólo pude acompañarte en la Iglesia, pero al domingo siguiente, y también ataviada con tu hermoso traje blanco, celebramos un pequeño banquete que nos supo a gloria.  Y cómo ibas creciendo...  Aquella niñita de mofletes sonrosados que con tanta gracia se cogía el pelo con la mano, empezó enseguida a ejercer de madre de sus propias criaturas de juguete, y el Oso Amoroso y el Pepo Píntame y el Panda y los Littlest Pet Shops aún duermen en un ladito de tu cama.  No te avergüences de la amistad de esos seres de ficción, pues en cada uno de ellos vive una ilusión, una caricia, un beso, un trocito de cariño.

Sí, tus seis cursos en San Fernando se han pasado casi sin darme cuenta.  En estos últimos tiempos, cuando te recogía en las pistas o en el comedor, me encantaba que me contaras tus logros académicos mientras cargaba (falsamente) a regañadientes con tu "abrichila" (ya sabes, la perfecta combinación de tu abrigo y tu mochila).  Aquellas fichas que tanto te gustaban al principio, se transformaron en actividades más complejas, que sabías utilizar para engalanar tus cuadernos y para alegrarnos la vista a quienes los mirábamos.  Es curioso el modo en que destacas en tantas facetas tan distintas...  Tus redacciones rivalizan con tus dibujos, y éstos no llegan a ser tan bonitos como una de tus volteretas o la esforzada ejecución del pino puente.

Ayer, cuando, vestida con tu toga, te impusieron la banda y te entregaron la orla, sentí un enorme gozo...  pero también una indescriptible tristeza.  Cuando comenzó este mes de junio, supe que ya nunca más iría a recogerte al comedor, que probablemente no volvería a pisar el patio del San Fernando.  Ya no volveríamos a jugar al baloncesto en aquellas pistas, ni nos echaríamos carreras cuyo premio era ser el primero en compartir tus experiencias de esa mañana.  Qué año más trascendental este 2012...  Primero, tuviste que comenzar a utilizar gafas para continuar mirando el mundo con la misma nitidez;  luego, una mañana en Cartagena te hizo un poco más adulta;  ahora, dejas atrás el Colegio en el que tanto has destacado y tan buenos amigos has hecho;  y poco después, tras un verano que esperemos sea muy feliz, darás tus primeros pasos en el Instituto, donde todo es igual pero sutilmente diferente.  Allá donde vayas, y aunque cada vez seas más independiente y ya no necesites que nadie te acompañe ni te recoja, procura no olvidar lo importante que has sido y seguirás siendo para todos nosotros que tantísimo te queremos, una criaturita que ha madurado muy rápido desde que la bañaba a los sones de Raffaella Carrá y que ahora cada vez está más cerca de ser toda una mujer.  Serían pocas las fotos que te hiciera y siempre pocos los halagos para las manualidades que me enseñas, y sólo espero que, cuando leas estas líneas, entiendas un poquito cómo se siente un padre cuando su niña se hace grande y, como dictan las normas de la vida, cada vez le va necesitando menos...  aunque no es menor el amor que ese padre, al que su bebé se le ha hecho mujer en un suspiro, continúa sintiendo por ella.

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