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domingo, 13 de noviembre de 2011

Cine actualidad: "LAS AVENTURAS DE TINTÍN: El secreto del Unicornio"


Indiana Jones se mete a reportero

En el cartel anunciador de "Las aventuras de Tintín" puede verse, en grandes caracteres, el título de la película, y, muchísimo más pequeño, de modo casi inapreciable, figura el nombre de su realizador:  Steven Spielberg.  Es triste pensar que algunos fracasos comerciales ("Atrápame si puedes") o incluso artísticos ("La terminal"), algunas obras que no han estado a la altura de su inmenso talento ("Amistad", "La guerra de los mundos", "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal") o una sobreexposición de mecenazgo a la hora de subvencionar productos de lo más dispar (la saga "Transformers", "Cowboys and Aliens", "Cartas desde Iwo Jima", los dos títulos sobre "El Zorro" con Antonio Banderas, "Memorias de una Geisha", "Men in Black" y "Men in Black II" o "Deep Impact") impidan a las nuevas generaciones darse cuenta de que nos hallamos ante el realizador más importante que continúa en activo, uno de los creadores más grandiosos de la Historia del Cine.  Me pregunto si quienes pagan una (carísima) entrada para ver este Tintín digitalizado y tridimensionalizado son conscientes de que su máximo responsable es el autor de "Tiburón", "E.T.", "Encuentros en la tercera fase", "En busca del Arca perdida", "La lista de Schindler" o "Salvar al soldado Ryan", ésto es, algunas de las mejores películas de género de todos los tiempos, las que más espectadores han llevado a las salas y las que han conseguido que muchos de nosotros amemos el Cine.

Pero ¿cómo llegó Spielberg a involucrarse en esta aventura?  Cuentan que en 1981, mientras presentaba en Europa "En busca del Arca perdida", la primera de sus cuatro producciones acerca del arqueólogo más famoso del mundo, Indiana Jones, alguien comparó las peripecias que sufre Indy con las que se narraban en los tebeos de Tintín.  Spielberg no tenía ni idea de quién era el reportero pelirrojo creado por Hergé allá por 1929, pero, un poco avergonzado por su incultura, se compró y se leyó todos los comics del susodicho e incluso intentó, cuando Hergé todavía vivía, llevar a cabo una adaptación cinematográfica.  Mucho tiempo después, el ya sexagenario director se ha aliado con otro de los grandes nombres del cine comercial de entretenimiento, Peter Jackson (artífice de la trilogía de "El Señor de los Anillos"), para por fin trasladar a la pantalla la saga tintinesca con generosidad de medios y ambiciones.  La idea de la pintoresca pareja es la de realizar una trilogía , tres películas en las que irán rotando en tareas de dirección y producción, de modo que, cuando uno dirija, el otro se limitará a producir, y así sucesivamente.  Con todo, tengo mis sospechas de que la autoría de Jackson es mayor que la del propio Spielberg.  No en vano el primero es el propietario de la prestigiosa compañía Weta Digital, que maravilló al mundo por sus creaciones en "El Señor de los Anillos" y "King Kong" y que ahora se encarga de convertir en píxels a los actores que protagonizan esta película.  Porque, al igual que sucediera en "Polar Express", "Beowlf" o incluso “Avatar”, hablamos de un film de animación (ya sería incorrecto tildarlo de "dibujos animados")  rodado mediante el sistema de "captura de movimiento":  los actores interpretan sus papeles mientras un millón de electrodos recogen todos sus gestos y movimientos y los trasladan a un potente ordenador que les convierte en personajes informáticos.  El caso es que, sea Jackson o Spielberg quien en definitiva ha partido el bacalao, el producto final transmite la sensación de que, realizada en imagen real, a la antigua usanza, la película habría sido todavía mejor.  Eso es lo primero y principal que tengo que decir.  Porque, si ya Spielberg se ha venido caracterizando por rizar el rizo de lo posible en no pocos momentos de adrenalítica tensión, las casi infinitas posibilidades que le da el ordenador le conducen a una orgía cibernética en la que pasan tantas cosas que llega un momento en que es imposible asimilarlas todas.  Con un poquitín más de mesura y contención y menos megapixels, seguro que estaríamos hablando de un título clave para el Séptimo Arte, y esa sensación no hace sino entristecerme un poco.  "Las aventuras de Tintín" está muy bien y constituye un gran espectáculo, de eso no cabe duda, pero es tan hiperbólica que su exceso de ambición y su ritmo desenfrenado acaban por hacerse un pelín pesados. Un ejemplo:  después de la portentosa secuencia en la que Tintín y Haddock escapan de un Marruecos de guardarropía y en la que Spielberg ciertamente borda unos minutos primorosos, viene otra nueva escena de acción que pretende ser tan aparatosa que sólo consigue deslucir los logros de lo anterior.  La acumulación a veces funciona y a veces fatiga...  y este caso entra de lleno en la segunda categoría, por muy asombrosa que resulte, en líneas generales, su puesta en escena.

En el terreno interpretativo, Jamie Bell da vida a Tintín (aunque su versión pixelada parece demasiado infantil y asexuada), el gran Andy Serkis (uno de los actores más expresivos del mundo, prueba de ello son sus otras interpretaciones digitales, como las de Gollum en "El Señor de los Anillos", King Kong en el film homónimo o el chimpancé César en "El origen del Planeta de los Simios") personifica al Capitán Haddock y Craig, Daniel Craig, incorpora al malvado Rakham el Rojo;  ninguno de ellos será recordado, obviamente, por estas interpretaciones.

Queriéndolo o sin querer (en alguna entrevista le he leído que no ha sido del todo premeditado), Spielberg revisita el universo de Indiana Jones que aquel reportero comparó con el del Tintín de papel.  Las persecuciones, las peleas y la sucesión de escenarios remiten muy evidentemente a la tetralogía de Harrison Ford, y quizás por ello la partitura del eterno John Williams (79 añitos y aún en la brecha) pretende desmarcarse un poco, con el mismo vigor de siempre pero un poco huérfana de inspiración en su decepcionante tema principal.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena
Lo peor:  el ritmo vertiginoso;  la sucesión de escenas cumbre, que produce agotamiento
El cruce:  "Tintín" (comic) + "En busca del Arca perdida" + "Indiana Jones y la Ultima Cruzada"
Calificación:  8 (sobre 10)

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