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martes, 2 de agosto de 2011

Cine actualidad/ "TEMPLARIO"


A Dios rogando y con la espada dando


Eran los Templarios unos monjes guerreros pertenecientes a la orden del Temple que, entre otras hazañas, son recordados por haber participado en las Cruzadas a Tierra Santa.  Aquella mixtura de religiosidad y beligerancia ha dado pie a no pocas manifestaciones artísticas y culturales a lo largo de la historia, y este “Ironclad” (“Blindado” o “Acorazado”, sería la traducción literal), que aquí se he estrenado precisamente como “Templario”, no es sino una nueva muestra de que tales personajes siguen interesándonos tantísimos siglos después.
Allá por 1215, el Rey Juan II de Inglaterra, más conocido como Juan sin Tierra, presionado por una coalición de señores feudales, se ha visto obligado a firmar a regañadientes la Carta Magna (algo así como una especie de primitiva Constitución), merced a la cual cedía no poco poder y privilegios propios hasta entonces de la monarquía a los Barones territoriales (nada que ver con los homónimos del PSOE) que defendían la causa de la Libertad.  Viéndose poco menos que derrocado, el Rey Juan cambió dramáticamente de opinión y decidió saltarse a la torera su compromiso y, mientras sus enemigos solicitaban la ayuda de los franceses, se dedicó a ir cepillándose poco a poco a todos los nobles que se le habían enfrentado, culminando con una cruenta batalla frente a la fortaleza de Rochester, en la que los sitiados contaban con el inestimable apoyo de un caballero templario…..

Quizás no os suene este argumento, pero el año pasado Ridley Scott lo utilizó para servir de soporte histórico a su versión seria (¿demasiado seria?) de “Robin Hood”, en la que Russell Crowe y Cate Blanchett fueron los protagonistas.  Con todo, este “Templario”, más que parecerse al film de Scott, sigue la senda de péplums hiperviolentos como “Centurión” o “La Legión del Aguila”…  sobre todo del primero, del que calca la fotografía y esa recreación bastante gore de la barbarie medieval.  De hecho, diría que lo más llamativo de “Templario”, film que carece de un director prestigioso o siquiera famoso (Jonathan English es muy conocido…  pero sólo en su casa y a la hora de comer) y de un reparto nutrido de estrellas, es precisamente el tratamiento visual y semántico de la violencia.  Multitud de espadazos, flechazos, mutilaciones, decapitaciones y desmembramientos varios se ven directa o indirectamente reflejados en pantalla, para desolación de las almas cándidas más habituadas a las viejas películas de Walt Disney.  Efectivamente, no todo van a ser blancas producciones familiares o directamente infantiles, de modo que de vez en cuando no viene mal un poco de sangre y excesos, siempre dentro de unos límites, claro está.

Como he dicho antes, ni el director de “Templario” ni sus actores son mínimamente populares.  El protagonista, el monje guerrero del título, es James Purefoy, algo así como el clon rudo de Hugh Jackman y al que el año pasado vimos en “Solomon Kane” y anteriormente en “Resident Evil”.  La chica, metida con calzador en la trama, es una imposible Kate Mara, más conocida por ser hermana de Rooney (la nueva Lisbeth Salander en la americanización de ”Millennium”) que por su propia carrera.  El único aliciente dramático radica, pues, en los secundarios, con un histriónico Paul Giamatti que luce un pelucón de lo más ridículo, un soberbio Brian Cox que acaba siendo descuartizado y un cornudo Derek Jacobi (el eterno “Yo, Claudio”).  Por cierto, qué alegría me dio ver a Vladimir Kulich, el líder vikingo de “El guerrero número 13” volviendo a hacer de…  líder vikingo (o casi).

Las carencias presupuestarias de “Templario” no se manifiestan únicamente en la imposibilidad de contratar a un equipo artístico de relumbrón.  Cada plano adolece de una evidente falta de medios, que se traduce en escenas de masas sin masas, en ejércitos anoréxicos y en decorados de cartón piedra.  Con decir que pretenden convencernos de que un puñado de hombres liderados por un templario venido a menos son capaces de contener a las huestes reales durante semanas, queda todo dicho.  O no.  La música también es minimalista…  pero está muy bien.

Luis Campoy

Lo mejor:  los secundarios Brian Cox y, no siempre, Paul Giamatti
Lo peor:  la evidente falta de medios
El cruce:  “Robin Hood” (Ridley Scott) + “Centurión” + “Solomon Kane”
Calificación:  7 (sobre 10)