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martes, 5 de julio de 2011

El día que mi madre cambió de signo

Mi madre siempre presumía de ser una "Géminis" de manual, de ésas que coinciden con todos los parámetros de su signo astrológico. Sin embargo, el otro día, cuando le dijeron el resultado de las pruebas que le habían hecho, no pude evitar pensar en un chiste que me contaron... "¿Qué fue lo que me dijo, doctor? ¿Libra? ¿Piscis? ¿Sagitario?" "No, señora... cáncer". Naturalmente, cuando le dijeron a mi madre que tenía cáncer, lo último que sentí fueron deseos de reirme, y lo primero, lo primerísimo que todos sentimos fue... incredulidad. La doctora aprovechó que la enfermera estaba examinándola en el cuarto contiguo para decirnos, a mi padre y a mí, así como en secreto, que en las pruebas se había descubierto la existencia de un tumor, aparentemente poco avanzado y aparentemente poco extendido, de ésos que pueden ser operados con razonables garantías de éxito... pero tumor, y de los malos, al fin y al cabo. "¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos a ella o no?", peguntó la ginecóloga. Yo ni siquiera lo dudé. No sé si fue por respeto a la inteligencia de la enferma o por pura aunque comprensible cobardía, por no tener que ser yo quien se lo dijera ni tampoco quien, sabiendo su realidad, se inventara otra enfermedad menos... aterradora, pero enseguida respondí que sí. Que se lo dijera.



A mi madre le sucedió exactamente lo mismo que a nosotros: aturdida, se preguntó si no habría otra paciente más en la consulta, otra que sí pudiera ser víctima de ese cangrejo homicida que a ella no podía haberle atacado. Cuando te dicen que tienes una insuficiencia cardíaca, el tétanos o incluso la tuberculosis, sufres un shock ciertamente impactante, pero tiendes a confiar en la pericia de los médicos para lograr una curación completa. Cuando te dicen que tienes cáncer, lo primero que piensas es que te vas a morir, que de ésta no vas a salir. Pero ése es sólo el primer e inevitable pensamiento. El pesimismo inicial es un accidente arraigado en nuestra debilidad humana, pero ¿quién no está dispuesto a que le inyecten una buena dosis de esperanza? La joven doctora, para variar, no sólo poseía conocimientos de medicina ginecológica... sino también acerca de psicología práctica y, sobre todo, de Humanidad. Nos lo pintó todo tan bonito, tan fácil, que casi pareció que nos hacía un favor al planificar que nuestras vacaciones de verano iban a tener lugar, por segundo año consecutivo, en las refrigeradas dependencias del Hospital Rafael Méndez de Lorca. Porque, eso sí, por mucho que hubiera tratado de convencernos de que nos enfrentábamos a uno de los cánceres menos mortales y más fácilmente subsanables, la incluyó en lista de espera con Prioridad 1.



Si me paro a pensarlo con frialdad, creo que conozco más casos de conocidos que han superado el cáncer que de desafortunados que han sucumbido a él. La Medicina ha avanzado, las detecciones son cada vez más precoces y, obviamente, unos tumores son menos asesinos que otros. Mi tío Angel y mi Tío Pepe perdieron su batalla y ya no están aquí para contarlo, pero, si dijese que el miedo campa a sus anchas por mi casa, estaría mintiendo. Crédulos, confiados o hipnotizados, hemos elegido la opción más positiva: la esperanza. Todo va a salir bien, lo sé, lo presiento. Será como cualquier otra intervención, independientemente de que en los órganos a extirpar pululen unas u otras células. Lo único que realmente me preocupa es... la anestesia. Mi madre ha cumplido 79 años, lleva 25 de ellos padeciendo una serie de dolencias crónicas y su organismo está debilitado por la acción de incontables medicamentos. ¿Hasta qué punto es seguro y sensato someterla a una operación que requiere una sedación completa? Creo que hasta que no hable con el anestesista no me voy a quedar tranquilo, y, claro está, la verdad es que no lo estaré hasta que se despierte y los doctores nos digan que todo ha salido bien y el cangrejito se quede en una jofaina esterilizada y mi madre pueda volver a presumir de ser simplemente una Géminis de manual…

5 comentarios :

PABLO PARRA dijo...

Mucho ánimo Luis, y a tu madre que saldrá otra vez.

Luis Campoy dijo...

Gracias, amigo Pablo, estoy convencido de que me madre volverá a salir de ésta. Recuerdos para tí y para tu madre.

Anónimo dijo...

si te sirve de algo a mi madre la anestesiaron con 80 años. También muy delicada de salud, la operaron, no de cancer, aún así estuvo dos horas en la operación, de un pié que casi se partió por la mitad, en una de sus muchas caídas. Yo pensé que de esa no salía, y sin embargo salió bien.

Asi que animo y a por ese cancer que afortunadamente estamos en la época que pueden con el bichito casi o muchas de las veces que se presenta...

Saludos
Marisa

cristina dijo...

Luis, eres un maestro exponiendo las cosas. Explicas todo con una humanidad increible. Si no fuera porque es un tema triste que una madre enferme, te diría que me ha parecido precioso. No hace falta que te diga que lo mas importante para ella es vuestro amor incondicional, la mejor medicina. A nivel físico, ya sabrás que tiene algo a su favor: precisamente esa edad que tanto te preocupa frente a la anestesia, es la que hará que la enfermedad apenas avance. En un joven es mucho peor. Seguro que todo irá mejor de lo que piensas. Estos dias yo también tengo a mi madre ingresada, aunque por otras causas. Con tanta visita al hospital uno llega a ver la enfermedad como algo normal. Niños, jóvenes, adultos, ancianos...nadie está salvo, es parte de la vida. Pero lo mas esperanzador es que "los mayores" también se curan, con las mismas ganas que los bebés. Un fuerte abrazo. En Lourdes rezaré por las dos. Cris

Anónimo dijo...

Estoy segura de que todo saldrá perfectamente.
Todos tenemos casos de personas cercanas que han sobrevivido gracias a los adelantos sobre esta enfermedad (mi vecina de enfrente), o de personas mayores que han salido airosas de la anestesia general (mi abuela sobrevivió a la anestesia general con 92 años, falleció con 100 años pero por vejez).
Tu madre tiene la oportunidad de que todavía pueden intervenirla, desde mi punto de vista eso es algo muy positivo para esta situación. Como has comentado, algunas personas no tienen esta opción.
Debemos interpretar la vida positivamente.
Pido que tenga la fuerza suficiente para vencer la enfermedad.
Sé que tu padre y tú tendréis la paciencia suficiente para llevar esto de la mejor manera posible.
Os envío ánimo y suerte.
Lo que más recuerdo de tu madre son los blancos y negros que preparaba en verano.