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sábado, 30 de abril de 2011

Crítica teatro/ "AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS"



De la tele a la escena


A ultimísima hora, logré mi entrada para presenciar en Lorca la versión teatral de "Amar en tiempos revueltos", el serial televisivo del que tantas veces me he confesado devoto admirador y adicto seguidor. Esta dramatización del célebre culebrón patrio que, por cierto, seis años después de su estreno, continúa arrasando en los barómetros de audiencias, no es en realidad un resumen del contenido general de la serie, sino una adaptación de una de las tramas de la quinta temporada (la anterior a la que actualmente está en antena), que se emitió entre 2009 y 2010. Buena parte de los actores que intervinieron en aquella temporada se suben ahora al escenario para retomar sus personajes, y otros nuevos se unen a la familia para sustituir a los intérpretes originales. Así, repite Cayetana Guillén Cuervo como la diva Estela del Val, acompañada de Verónika Moral como la soñadora Cristina Barea, Jaume García Arija como su marido, el abogado Abel Zamora, y Sebastián Haro como el censor franquista Gabino Cifuentes. El resto de actores son sustitutos de sus ilustres colegas, como Ricard Borrás que reemplaza a Miguel Mota en la piel del dramaturgo Marcos de la Vega, Lara Grube que ocupa el puesto de Barbara Lennie (la Rosa López original) y, sobre todo, el estupendo Antonio Valero que toma el relevo del no menos magnífico Pep Munné en la recreación del represaliado Salvador Bellido Huerga. Se da el caso curioso de que Valero tuvo un destacadísimo papel en la cuarta temporada de la serie, dando vida al rico falangista Hipólito Roldán, por lo que no deja de ser un placer poder volver a tenerle de nuevo entre nosotros.



Lo primero que hay que lamentar en una obra que se titula "Amar en tiempos revueltos" y que pretende recuperar el espíritu de la serie homónima, es que no aparezca absolutamente ninguno de los auténticos protagonistas de la ficción televisiva, ésto es, los propietarios del Bar El Asturiano. Ni Manuel Baqueiro (Marcelino), ni Itziar Miranda (Manolita) ni José Antonio Sayagués (Pelayo), los únicos que permanecen al pie del cañón desde el año 2005, tienen cabida en este proyecto, es de suponer que por hallarse rodando los nuevos episodios. Lo cierto es que "Amar...", sin tan entrañables personajes, ya no es "Amar...". Por lo demás, de la quinta temporada se ha recuperado casi en su totalidad la trama que narra cómo el escritor Salvador Bellido, encarcelado por sus ideas políticas, es liberado de la cárcel por su primo el abogado Abel Zamora, yéndose a vivir a la casa en la que habitan éste y su esposa Cristina. Como Salvador, un rojo marcado por el Régimen, no puede publicar sus propios textos bajo su auténtico nombre, Cristina se ofrece para firmar una obra de teatro que escribió en la cárcel, "El diablo bajo la cama". La obra gana un premio nacional y la compañía de la famosa Estela del Val consigue los derechos para estrenarla. Durante los ensayos, Salvador y Cristina se enamoran, Abel sufre horribles pesadillas sobre la muerte de su padre, Estela y su director escénico Marcos de la Vega tienen que sortear las múltiples trabas que les pone el censor Gabino Cifuentes, y la joven aspirante a actriz Rosa López, amante de este último, obtiene el papel protagonista y hasta descubre que tiene una tía que nunca había conocido...



Resumir en apenas hora y media más de doscientos capítulos no debe ser tarea fácil. Aun así, Antonio Onetti, Josep María Benet i Jornet y Rodolf Sirera, creadores y supervisores del equipo de guionistas de la serie, ha conseguido hilvanar una trama más o menos coherente, más o menos comprensible, de modo que quienes hemos seguido los episodios originales logramos disfrutar de nuevo muchos de sus recordados diálogos, y quienes se acercan a ella por primera vez creo que también pueden comprender lo que se les cuenta. Y éso que se les cuenta aprovecha, una vez más, para ahondar en uno de los aspectos que yo más he criticado, como es la manipulación ideológica. Lejos de ser un análisis objetivo e imparcial de la posguerra española, "Amar en tiempos revueltos" se caracteriza por otorgar un papel positivo y heroico a los vencidos, ésto es, a los liberales y antiguos republicanos, mientras que los villanos son siempre los fascistas, los falangistas o los policías. No digo yo que no hubiera muchos rojos buenos y muchos fachas malos, pero se agradecería algo más de pluralidad. Asímismo, la obra pretende pintar una especie de fresco social en el que se ponen de manifiesto las penurias morales de aquella España: sometimiento total de la mujer a la voluntad del hombre, persecución del bando perdedor en la Guerra, acoso y burla de los homosexuales… Aquéllos que pretenden transgredir las rígidas normas impuestas (Salvador, Cristina, Marcos), los que se significan de un modo u otro, acaban pasándolo muy mal: el primero, en la cárcel; la segunda, libre pero sola y quién sabe si marcada; y el tercero, obligado a casarse para acallar rumores. Era el precio que había que pagar por enfrentarse al Estado y la tradición.



En cuanto a la puesta en escena, se entremezclan un cierto minimalismo clasicista con una aparente audacia formal que no lo es tanto: de vez en cuando, aparecen en escena un par de tramoyistas que desplazan los decorados a la vista del respetable, aunque tan innovadora propuesta se queda un tanto deslucida ante la precariedad de algunas transparencias. Tampoco me gustó el uso y abuso reiterativo del decorado principal; tan pronto representa las bambalinas del teatro como la vivienda de Abel y Cristina, y ello sin efectuar el más mínimo cambio. La música de Noel Molina tampoco es que sea precisamente maravillosa; se limita a reproducir los acordes del primer tema que compuso para la serie (que cantaba su hermana Mónica), y se escucha una y otra vez, con mínimas variaciones, mientras se producen los movimientos escénicos. En el terreno interpretativo, destacan poderosamente Cayetana Guillén Cuervo, Sebastián Haro y Jaume García, que son los que más se entregan a sus personajes y más disfrutan de ellos. Antonio Valero causa un efecto extraño: como he dicho antes, intervino en la cuarta temporada del serial, y su modulación y sus gestos están tan asociados a su personaje de entonces que ahora no acaba de resultar creíble en la piel de un represaliado. Verónica Moral pasa sin pena ni gloria, como ya hiciera en la serie; Ricard Borrás cumple competentemente con su papel, pero queda eclipsado si lo comparas con su predecesor televisivo; y Lara Grube y Jaime Menéndez (que da vida a Luisito Valdés, otro joven integrante de la compañía teatral) tendrán que patearse muchos más escenarios si quieren adquirir las tablas necesarias.



Me pregunto si, dentro de diez o veinte años, cuando la serie en la que se inspira haya concluido su andadura e incluso haya quedado relegada al olvido, este montaje teatral de “Amar en tiempos revueltos” volverá a ser representado alguna vez y continuará resultando interesante o atractivo por sí mismo. Me lo pregunto… y no encuentro la respuesta.




Luis Campoy



Calificación: 7 (sobre 10)

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