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sábado, 30 de abril de 2011

Crítica teatro/ "AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS"



De la tele a la escena


A ultimísima hora, logré mi entrada para presenciar en Lorca la versión teatral de "Amar en tiempos revueltos", el serial televisivo del que tantas veces me he confesado devoto admirador y adicto seguidor. Esta dramatización del célebre culebrón patrio que, por cierto, seis años después de su estreno, continúa arrasando en los barómetros de audiencias, no es en realidad un resumen del contenido general de la serie, sino una adaptación de una de las tramas de la quinta temporada (la anterior a la que actualmente está en antena), que se emitió entre 2009 y 2010. Buena parte de los actores que intervinieron en aquella temporada se suben ahora al escenario para retomar sus personajes, y otros nuevos se unen a la familia para sustituir a los intérpretes originales. Así, repite Cayetana Guillén Cuervo como la diva Estela del Val, acompañada de Verónika Moral como la soñadora Cristina Barea, Jaume García Arija como su marido, el abogado Abel Zamora, y Sebastián Haro como el censor franquista Gabino Cifuentes. El resto de actores son sustitutos de sus ilustres colegas, como Ricard Borrás que reemplaza a Miguel Mota en la piel del dramaturgo Marcos de la Vega, Lara Grube que ocupa el puesto de Barbara Lennie (la Rosa López original) y, sobre todo, el estupendo Antonio Valero que toma el relevo del no menos magnífico Pep Munné en la recreación del represaliado Salvador Bellido Huerga. Se da el caso curioso de que Valero tuvo un destacadísimo papel en la cuarta temporada de la serie, dando vida al rico falangista Hipólito Roldán, por lo que no deja de ser un placer poder volver a tenerle de nuevo entre nosotros.



Lo primero que hay que lamentar en una obra que se titula "Amar en tiempos revueltos" y que pretende recuperar el espíritu de la serie homónima, es que no aparezca absolutamente ninguno de los auténticos protagonistas de la ficción televisiva, ésto es, los propietarios del Bar El Asturiano. Ni Manuel Baqueiro (Marcelino), ni Itziar Miranda (Manolita) ni José Antonio Sayagués (Pelayo), los únicos que permanecen al pie del cañón desde el año 2005, tienen cabida en este proyecto, es de suponer que por hallarse rodando los nuevos episodios. Lo cierto es que "Amar...", sin tan entrañables personajes, ya no es "Amar...". Por lo demás, de la quinta temporada se ha recuperado casi en su totalidad la trama que narra cómo el escritor Salvador Bellido, encarcelado por sus ideas políticas, es liberado de la cárcel por su primo el abogado Abel Zamora, yéndose a vivir a la casa en la que habitan éste y su esposa Cristina. Como Salvador, un rojo marcado por el Régimen, no puede publicar sus propios textos bajo su auténtico nombre, Cristina se ofrece para firmar una obra de teatro que escribió en la cárcel, "El diablo bajo la cama". La obra gana un premio nacional y la compañía de la famosa Estela del Val consigue los derechos para estrenarla. Durante los ensayos, Salvador y Cristina se enamoran, Abel sufre horribles pesadillas sobre la muerte de su padre, Estela y su director escénico Marcos de la Vega tienen que sortear las múltiples trabas que les pone el censor Gabino Cifuentes, y la joven aspirante a actriz Rosa López, amante de este último, obtiene el papel protagonista y hasta descubre que tiene una tía que nunca había conocido...



Resumir en apenas hora y media más de doscientos capítulos no debe ser tarea fácil. Aun así, Antonio Onetti, Josep María Benet i Jornet y Rodolf Sirera, creadores y supervisores del equipo de guionistas de la serie, ha conseguido hilvanar una trama más o menos coherente, más o menos comprensible, de modo que quienes hemos seguido los episodios originales logramos disfrutar de nuevo muchos de sus recordados diálogos, y quienes se acercan a ella por primera vez creo que también pueden comprender lo que se les cuenta. Y éso que se les cuenta aprovecha, una vez más, para ahondar en uno de los aspectos que yo más he criticado, como es la manipulación ideológica. Lejos de ser un análisis objetivo e imparcial de la posguerra española, "Amar en tiempos revueltos" se caracteriza por otorgar un papel positivo y heroico a los vencidos, ésto es, a los liberales y antiguos republicanos, mientras que los villanos son siempre los fascistas, los falangistas o los policías. No digo yo que no hubiera muchos rojos buenos y muchos fachas malos, pero se agradecería algo más de pluralidad. Asímismo, la obra pretende pintar una especie de fresco social en el que se ponen de manifiesto las penurias morales de aquella España: sometimiento total de la mujer a la voluntad del hombre, persecución del bando perdedor en la Guerra, acoso y burla de los homosexuales… Aquéllos que pretenden transgredir las rígidas normas impuestas (Salvador, Cristina, Marcos), los que se significan de un modo u otro, acaban pasándolo muy mal: el primero, en la cárcel; la segunda, libre pero sola y quién sabe si marcada; y el tercero, obligado a casarse para acallar rumores. Era el precio que había que pagar por enfrentarse al Estado y la tradición.



En cuanto a la puesta en escena, se entremezclan un cierto minimalismo clasicista con una aparente audacia formal que no lo es tanto: de vez en cuando, aparecen en escena un par de tramoyistas que desplazan los decorados a la vista del respetable, aunque tan innovadora propuesta se queda un tanto deslucida ante la precariedad de algunas transparencias. Tampoco me gustó el uso y abuso reiterativo del decorado principal; tan pronto representa las bambalinas del teatro como la vivienda de Abel y Cristina, y ello sin efectuar el más mínimo cambio. La música de Noel Molina tampoco es que sea precisamente maravillosa; se limita a reproducir los acordes del primer tema que compuso para la serie (que cantaba su hermana Mónica), y se escucha una y otra vez, con mínimas variaciones, mientras se producen los movimientos escénicos. En el terreno interpretativo, destacan poderosamente Cayetana Guillén Cuervo, Sebastián Haro y Jaume García, que son los que más se entregan a sus personajes y más disfrutan de ellos. Antonio Valero causa un efecto extraño: como he dicho antes, intervino en la cuarta temporada del serial, y su modulación y sus gestos están tan asociados a su personaje de entonces que ahora no acaba de resultar creíble en la piel de un represaliado. Verónica Moral pasa sin pena ni gloria, como ya hiciera en la serie; Ricard Borrás cumple competentemente con su papel, pero queda eclipsado si lo comparas con su predecesor televisivo; y Lara Grube y Jaime Menéndez (que da vida a Luisito Valdés, otro joven integrante de la compañía teatral) tendrán que patearse muchos más escenarios si quieren adquirir las tablas necesarias.



Me pregunto si, dentro de diez o veinte años, cuando la serie en la que se inspira haya concluido su andadura e incluso haya quedado relegada al olvido, este montaje teatral de “Amar en tiempos revueltos” volverá a ser representado alguna vez y continuará resultando interesante o atractivo por sí mismo. Me lo pregunto… y no encuentro la respuesta.




Luis Campoy



Calificación: 7 (sobre 10)

jueves, 28 de abril de 2011

Cine actualidad/ "SCREAM 4"

Cara de fantasma




Casi parece que fue ayer, pero ya han pasado nada menos que once años desde que Wes Craven presentó el cierre a su trilogía de "Scream", que había arrancado en 1996 y que tuvo como protagonistas principales a Neve Campbell. Courteney Cox y David Arquette. Más de una década después y algo más talluditos, los tres supervivientes del asesino de la careta conocido como Ghostface (¿tan complicado sería que alguien se molestase en traducirlo como "Cara de fantasma"?) se vuelven a encontrar en el pueblo de Woodsboro, y es obvio que los asesinatos a cuchillo volverán a sucederse a ritmo frenético, mientras una nueva generación de pipiolos teoriza sin parar sobre las películas de terror más famosas de la historia del Cine...



Wes Craven, que ya tiene sus buenos 71 añitos, ha vuelto a contar con el guionista original de "Scream", Kevin Williamson (46 años), para perpetrar lo que al parecer pretende ser el inicio de una nueva trilogía. Sorprendentemente, tanto guionista como director demuestran tener mucho mejor pulso narrativo que cuando intentaron quitarse de en medio a unos personajes que ya les estaban fatigando. De hecho, "Scream 4", toda vez que hay que aceptar que se trata de un chiclé, de la reiteración de una fórmula que, incluso cuando iniciaron la saga, ya estaba más que manida, supera ampliamente a la floja "Scream 3", y no sólo proporciona un buen caudal de sustos sino que también sabe ser divertida cuando tiene que serlo. Ese difícil equilibrio entre el terror y el humor vuelve a estar plenamente conseguido, no como en la tercera parte, que no sólo coqueteaba con el ridículo, sino que lo abrazaba totalmente. Es obvio, sí, que "Scream 4" está supeditada a dar continuidad a una serie en la que existen determinados parámetros que son inamovibles (la secuencia inicial con llamada telefónica incluída, la disertación sobre los films de terror…), e incluso a veces parece que se trata no sólo de una continuación sino de una especie de remake del primer título, pero es innegable que está rodada con elegancia, escrita con humor y con cariño, y que los nuevos rostros (Lucy Hale, Anna Paquin, Kristen Bell, Alison Brie o Hayden Panettiere) toman el relevo con soltura y dignidad. No es perfecta y a veces molesta un poco el déja vu, pero ¿para qué voy a negar que me entretuvo...?.



Luis Campoy



Lo mejor: la dirección, el montaje


Lo peor: la inevitable sensación de estar viendo algo que ya hemos visto


El cruce: "Scream" + "Scream 2" + "Scream 3"


Calificación: 7,5 (sobre 10)

miércoles, 27 de abril de 2011

Cine actualidad/ "CAPERUCITA ROJA"


Cuento para adolescentes



La conocimos (al menos, yo) dirigiendo la primera parte de “Crespúsculo”, donde actualizaba/idealizaba el mito del vampiro, y ahora, tres años después, Catherine Hardwicke vuelve a la carga con “Caperucita Roja”, en la que (¿lo adivináis?) actualiza e idealiza el mito del hombre lobo.



Con la excusa de plasmar en imágenes el celebérrimo cuento de Perrault y los Hermanos Grimm, la realizadora estadounidense vuelve a las andadas de su estilismo pictórico y su erotismo light. Esta vez, Caperucita se llama en realidad Valerie y ya es toda una mujer. Vive en una aldea medieval asolada por un lobo y cuyos habitantes llevan años ofreciendo al licántropo la vida de alguna doncella de buen ver, a cambio de que les deje tranquilitos. Valerie ignora, sin embargo, que el gen de la licantropía lo tiene más presente de lo que nadie sospecha…



En apenas dos párrafos he dicho casi todo lo que tenía que decir acerca de este algo decepcionante film que coquetea a partes iguales con el romanticismo y el horror. Ya desde los mismísimos instantes iniciales, queda claro que la directora pretende sumirnos en una atmósfera irreal, en la que la bucólica belleza de los paisajes naturales contrasta con la sensación deliberada de que todos los decorados son tan artificiales como artificiosos. Todo es, pues, una recreación teatralizada de una historia bastante trillada en la que parece que todo el metraje tiene como único objetivo mostrarnos la belleza de la protagonista (Amanda Seyfried, la chica de “Mamma Mia”), lanzar al estrellato a un nuevo teenager guaperas de nombre de lo más ridículo (Shiloh Fernández) y, cómo no, permitir que se produzca el celebérrimo diálogo que culmina con el amenazador “¡Son para comerte mejorrrr!”.



Ni siquiera la apuesta de otorgar protagonismo a actores de reconocida solvencia como Gary Oldman (el Drácula de Coppola y últimamente vinculado a sagas como las de Harry Potter o Batman), risiblemente sobreactuado, Julie Christie (la inmortal Lara de “Doctor Zhivago”, haciendo de abuelita sospechosa, Billy Burke (el padre de Bella en la citada “Crepúsculo”) e incluso el niño (ya crecidito) de “Unico testigo”, Lukas Haas, funciona satisfactoriamente, porque nunca sabemos si lo que se nos pretende contar es un cuento infantil ad hoc, una fábula moralizante en clave de psicoanálisis freudiano o un relato pretendidamente realista. En conclusión, el espectador se queda con la sensación de que le han tomado un poco el pelo, sobre todo tras un final que parece calcado del de “El hombre lobo” de Benicio del Toro. Amor que no enamora, terror que no aterroriza… Un pasito atrás en la trayectoria de una Catherine Hardwicke que fue criticada duramente cuando “Crepúsculo” y que me temo que ahora tampoco va a ser precisamente elogiada…



Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía, el diseño de vestuario


Lo peor: Gary Oldman (y su doblador), sobreactuado(s); la sensación de que con tantos mimbres podía haberse hilvanado una obra de mucha más enjundia


El cruce: “Crepúsculo” + “En compañía de lobos” + “El hombre lobo”


Calificación: 6 (sobre 10)

martes, 26 de abril de 2011

Cine actualidad/ "CÓDIGO FUENTE"

Atrapado en el tren




Con "Moon", su primera película como director de largometrajes, Duncan Jones, hijo del camaleónico cantante David Bowie, cautivó a buena parte de la crítica y el público, llevando incluso a alguno de éstos a la desmesurada conclusión de que nos hallábamos ante una especie de obra maestra generacional, el inicio de un curriculum esplendoroso que quedaría confirmado en fantásticos trabajos posteriores. Para mí, como ya dije en su momento, "Moon" se quedó en un film ciertamente interesante que se beneficiaba de un espléndido trabajo de su protagonista, Sam Rockwell, así que mis expectativas acerca de "Código fuente" no eran para nada desorbitadas... por fortuna.



Con el fin de descubrir a los autores de un atentado cometido en un tren, un soldado norteamericano es enviado una y otra vez a dicho tren utilizando una ingeniosa tecnología temporal. Cada uno de los viajes en el tiempo del protagonista dura apenas 8 minutos, y, en el transcurso de ese lapso, deberá intentar descubrir al terrorista y aun evitar que la bomba llegue a explotar… así como seducir a la pasajera más guapa del vagón.



Mucho antes de que Duncan Jones soñara siquiera con dedicarse a dirigir películas, Harold Ramis presentó en sociedad su maravillosa "Atrapado en el tiempo", en la que un encantador Bill Murray se veía obligado a vivir el mismo día una y otra vez, de modo que no sólo aprendía a pulir su carácter cínico y egoísta, sino que al final lograba conquistar a la chica, la preciosa Andie MacDowell. "Código fuente" recupera la misma premisa argumental, sólo que la traslada a un contexto tecnológico y militar. Eso sí, la posibilidad de revivir tantas veces como sea necesario los mismos sucesos protagonizados por los mismos personajes no es ahora casual, sino premeditada, hecho del que, no obstante, no se derivan las consecuencias que podrían haberse patentizado más. El protagonista, cuyo cuerpo mutilado está en realidad conectado a una máquina que le mantiene con un hálito de vida a su pesar, logra que sus "viajes astrales" tengan el éxito deseado y hasta se lleva el premio extra del amor, pero todo está narrado de un modo demasiado "juvenil" (cuando no directamente infantil), quizás condicionado por la presencia y la trayectoria del protagonista Jake "El Príncipe de Persia" Gyllenhaal.



Reconozco que este tipo de películas en las que un héroe joven y guapo consigue él solito derrotar al malo malísimo, desafiar a sus superiores sin que le sometan a un consejo de guerra y encima llevarse al catre al pibón de turno comienzan a cansarme un poco. La propuesta de "Código fuente", aun aceptando que es deudora de la de "Atrapado en el tiempo", resultaba muy atractiva sobre el papel, pero su desarrollo no deja de ser el de un adocenado film fantástico para adolescentes.



Luis Campoy



Lo mejor: Michelle Monaghan, algo así como la nueva Sandra Bullock (pero más guapa y mejor actriz)


Lo peor: que no se le saque más partido a la premisa de los viajes en el tiempo; el tono de film de consumo rápido para adolescentes


El cruce: "Atrapado en el tiempo" + "Imparable" + "Matrix" + "RoboCop"


Calificación: 7 (sobre 10)

lunes, 25 de abril de 2011

Cine actualidad/ "AGUILA ROJA, La Película"

Puesta de largo




"Aguila Roja", el ninja español del Siglo de Oro que arrasa en las noches de los jueves televisivos de La 1, salta al cine. Como ha sucedido en otras muchas ocasiones, son los propios creadores (actores y técnicos) los que auspician esta traslación a la pantalla grande de tal fenómeno catódico, lo cual siempre es una garantía, si no de éxito, sí, al menos, de fidelidad al origen.

Para quienes no conozcan la serie, basta decir que "Aguila Roja" cuenta la historia de Gonzalo de Montalvo, un maestro de escuela viudo que vive en la Villa de Madrid, compartiendo casa con su hijo adolescente, su cuñada (con la que mantiene una tensión sentimental nunca resuelta) y su criado, confidente y compañero de fatigas, que es el único que sabe que, en sus ratos libres, Gonzalo se viste de negro y se convierte en un justiciero enmascarado que lucha contra todo aquel que pretenda atentar contra la justicia, el orden y la libertad.

Lo bueno, pero también lo malo, de "Aguila Roja" es su notoria fidelidad a sí misma. Todo lo que vemos en el cine es exactamente lo mismo que veíamos en la tele: los mismos personajes (con apenas alguna que otra incorporación estelar), las mismas conspiraciones contra la Corona de España, las mismas escenas de lucha acrobática, los mismos combates entre héroes patrios y villanos foráneos, y, naturalmente, los mismos diálogos modernizados que se parecen al modo en que realmente se hablaba en la época en lo que se parecen un maestro y un ninja, por poner un ejemplo. El resultado es que la película no es tal película, sino un episodio hiperdesarrollado en el que se magnifican tanto las virtudes como las deficiencias del producto. El afán de sacar en pantalla a todos los actores de la serie obliga a que el guión contenga no pocas secuencias superfluas, en detrimento de un mayor desarrollo de los personajes nuevos, sobre todo la amazona que interpreta Martina Klein y el afrancesado al que da vida Mariano "Aída" Peña. Por el contrario, se dedica demasiado metraje a "humanizar" al protagonista a base de hacérselas pasar canutas con las vicisitudes sufridas por su hijo, en torno al que se erige una bochornosa oda a la sensiblería. También se desaprovechan las posibilidades dramáticas de la conspiración anglo-portuguesa en la que se ve inmerso Aguila Roja, y no se le saca todo el partido posible al fiero guerrero mongol que en los trailers parecía que iba a convertirse en la némesis del héroe y que en el film apenas le dura medio asalto....

No hay mucho más que decir al respecto. Si os gusta la serie de "Aguila Roja", os gustará la película, aunque sin apasionaros (incluso causa la impresión de que muchos episodios han rayado a más altura), y, si la serie os la refanfinfla, ni que decir tiene que la peli os causará el mismo efecto. Con todo, y con todas sus limitaciones, me sigue pareciendo un entretenimiento simpático y digno que no aburre ni ofende la inteligencia del personal.



Luis Campoy



Lo mejor: la fidelidad a la serie televisiva

Lo peor: el abuso de sensiblería en torno al personaje del hijo del héroe


El cruce: "Aguila Roja" (la serie) + "Piratas del Caribe"


Calificación: 6,5 (sobre 10)



viernes, 15 de abril de 2011

Cine actualidad/ "FURIA CIEGA"

Carretera desde el Infierno




Si Nicolas Cage y Amadeus Mozart fueran contemporáneos y, además, fueran amigos, no dudo que el genial compositor austríaco obsequiaría al actor con uno de sus maravillosos réquiems: "Réquiem por el talento desperdiciado"... Porque, leñe, mira que parece que hace siglos de aquella época en la que se consideraba a Cage un intérprete respetado, o, lo que es lo mismo, un buen actor... Los problemas económicos y fiscales que el sobrino de Francis Ford Coppola viene atravesando en los últimos tiempos le obligan no sólo a multiplicarse en las pantallas, sino a aceptar prácticamente cualquier subproducto que le ponen por delante. O sea, lo mismo que Robert De Niro... pero aún peor.



John Milton (jacarandoso nombre que luego explicaremos) es un alma huída del infierno que regresa a la Tierra para rescatar a su nieta, secuestrada por una secta satánica bastante chiflada. En su viaje en pos de la niña, a Milton le acompañará una camarera de armas tomar y, al tiempo, le perseguirá incansablemente un individuo trajeado que se identifica como el Contable del mismísimo Demonio...



"Furia ciega" ("Drive angry", "Conducir enfadado" en el original) es una película pequeña y simple, por mucho que alguno de sus efectos especiales puedan resultar llamativos. Su inequívoca adscripción al género comúnmente llamado "Serie B" es obviamente voluntaria (igual que, por ejemplo, las recientes "Machete" de Robert Rodríguez) o incluso "Los mercenarios" de Sylvester Stallone), e imagino que persigue transgredir más fácilmente determinados códigos morales que este tipo de producciones se pasan por el forro. Así, las dosis de sexo y, sobre todo, violencia, son tan abundantes y generosas que es como si el espectador mas "sensible" estuviese desposeído del derecho al pataleo. Para mí, espíritu sensible y cándido, no dejan de resultar sorprendentes secuencias como las de Nicolas Cage practicando sexo con una camarera calentorra a la que acaba de conocer mientras, sin sacarla (con perdón), se lía a tiros con un grupo de satanistas a los que mutila salvajemente. ¿Es ésto la Serie B? Pues me temo que, para la mayoría de cineastas, probablemente sí... La mezcla de tiros y tetas solía ser sinónimo de aventura desenfadada, y éste es justamente el mismo territorio que "Furia ciega" transita sin ningún pudor: una historia demencial, un guión que parece escrito bajo los efectos de algún alucinógeno, actores con ganas de divertirse que sobreactúan sin temor al ridículo y una ensalada viscosa de acción sin freno. Si uno acata de buen grado las convenciones del (sub)género, es posible que se lo pase pipa en películas como ésta. De hecho, una vez aceptado el hecho de que nos enfrentamos a un film decididamente menor, una vez asumidas su voluntad transgresora y sus connotaciones estrictamente lúdicas, la experiencia no resulta del todo insatisfactoria.



Nicolas Cage es, cómo no, John Milton, el justiciero escapado del Hades y cuyo nombre parodia al del célebre autor de "El Paraíso perdido". Su interpretación no es ni buena ni mala sino todo lo contrario: se limita a recuperar sus tics habituales, se autoplagia sí mismo en una recreación indisimulada de "El motorista fantasma" y, éso sí, por una vez no no tiene reparos en lucir su cabellera natural. La joven Amber Heard le acompaña con la rotundidad que exige su papel, el estupendo David Morse ("Contact", "La milla verde") se deja ver durante un ratito y los que mejor parados salen son los dos villanos: Billy Burke (el padre de Bella en la saga "Crepúsculo") y, sobre todo, un fabuloso William Fichtner que se luce en un papel "diabólico".



Cine de evasión para comer palomitas si se tiene el estómago apretado, evasión sencilla y directa que no reniega de su simpleza... "Furia ciega" no es apta para todos los públicos, pero, si vas a verla sabiendo lo que te vas a encontrar, seguro que no te defrauda.



Luis Campoy



Lo mejor: su falta de prejuicios


Lo peor: el exceso de sexo y violencia; el trailer no presagiaba un despliegue semejante


El cruce: "El motorista fantasma" + "Terminator" + "Kill Bill"


Calificación: 6 (sobre 10)

jueves, 14 de abril de 2011

Cine actualidad/ "SIN LÍMITES"

Extasis cerebral


 ¿Qué haríais si, apenas tomando una pequeñísima pastilla, os volviérais, de golpe y porrazo, superinteligentes? ¿Haríais como Spiderman, paradigma de la utilización de los poderes de un modo responsable, o, por el contrario, destinaríais vuestras nuevas capacidades intelectuales para vuestro propio beneficio...?



El protagonista de "Sin límites" es Eddie Morra (Bradley Cooper), escritor frustrado y ex-novio y ex-marido frustrado, que, en mitad de una sequía creativa que le impide escribir siquiera una sola palabra de un libro que ya ha cobrado por adelantado, se tropieza con el NZT, una droga que permite aprovechar al máximo todos los recursos del cerebro... pero que, como todas las drogas, también crea adicción y posée unos efectos secundarios que pueden llegar a ser devastadores.



Neil Burger, director de "Sin límites", ya nos sorprendió hace unos años con la muy interesante "El ilusionista" (apreciable cinta protagonizada por Edward Norton que tuvo la mala fortuna de coincidir en tiempo y temática con la apabullante "El truco final: El prestigio" del gran Christopher Nolan). En la que es su tercera obra, Burger vuelve a demostrar no sólo un muy buen pulso narrativo, sino también un fascinante dominio de la técnica (y la tecnología), creando no sólo un thriller de acción digno de Philip K. Dick sino dotándolo de un acabado formal que no desmerece del de, por ejemplo, "El club de la lucha" de David Fincher. Eso sí, el análisis frío y aséptico de la historia nos puede dejar bastante menos satisfechos que el de la puesta en escena. Al fin y al cabo, Eddie es ya, de por sí, algo parecido a un intelectual, éso sí, atravesando una crisis de inspiración. El modo en que se propone aprovecharse de los beneficios del NZT no deja de ser egoísta e insolidario (éso ya lo dábamos por hecho; al fin y al cabo, estamos en el Siglo XXI), pero, además, está desarrollado con notoria falta de imaginación. Pretender convencernos de que un tipo que puede ser más inteligente que nadie no hace sino meterse en líos con la Policía, unos traficantes rusos de pacotilla y un tiburón bursátil, me parece a mí que es ponerse unos límites muy cortos... lo cual atenta contra el propio título del film.



Bradley Cooper, al que ya destacamos tanto en "Resacón en Las Vegas" como en "El Equipo A", compone muy bien su doble papel (el de "tonto" y el de "listo"), resultando igualmente creíble como escritor colgado que como cerebrín convertido en héroe de acción a su pesar. Abbie Cornish, la inevitable chica de turno, cumple con la cuota femenina y poco más; la acabábamos de ver en "Sucker Punch" y, por cierto, tampoco era muy diferente de ésto su participación allí. Lo de Robert de Niro es casi delictivo: ver a un actor de su talento conformarse con acabar su carrera con papeles tan pequeños (en relevancia y en intensidad) como el que aquí realiza, y que, además, ejecuta con desgana y abusando de su no tan ilimitado repertorio de tics, da más pena que otra cosa.

Planificada y montada con innegable virtuosismo (el plano en que el protagonista aguarda, con la boca abierta, la expansión del charco de sangre en el que se halla disuelta la última dosis del medicamento milagroso, no tiene precio), creo que "Sin límites" podía haber aspirado a mucho más, pero, bueno, en lo que se queda es en un entretenimiento de consumo rápido que tampoco está mal del todo.



P.D.: No confundir esta película con la homónima “Sin límites” (“Little ashes” en el original), estrenada hace un par de años y en la que Robert “Crepúsculo” Pattinson encarnaba a un improbable Salvador Dalí.



Luis Campoy



Lo mejor: Bradley Cooper, la puesta en escena


Lo peor: la poca inspiración en el desarrollo de la trama, el final, excesivamente feliz


El cruce: "El profesor chiflado" + "Paycheck" + "Destino oculto" + "El club de la lucha"


Calificación: 7 (sobre 10)

jueves, 7 de abril de 2011

Cine actualidad/ "¿PARA QUÉ SIRVE UN OSO?"

Sidra y ecología




Tom Fernández es conocido principalmente por haber sido uno de los artífices del éxito de la longeva, entrañable y exitosa serie "7 vidas"... y ya por éso se merece todo mi respto y admiración. En aquella aventura se limitó a ejercer de guionista en más de 25 apisodios, pero, una vez concluida tan mitificada ficción, ya en 2007 dio un primer paso como realizador cinematográfico en la simpática "La torre de Suso", para la que contó con dos de las estrellas masculinas más populares de "7 vidas", ésto es, Javier Cámara y Gonzalo de Castro. No se ha calentado mucho la cabeza Tom Fernández para afrontar la que es su segunda película, "¿Para qué sirve un oso?", ya que no sólo ha vuelto a contar con Cámara y De Castro, sino que el rodaje también ha tenido lugar en la verde Asturias, en un ambiente cordial y poco menos que familiar.



"¿Para qué sirve un oso?" es la historia de dos hermanos unidos y separados por la Ciencia. Uno de ellos, biólogo (Javier Cámara), decide abandonar sus investigaciones en la Antártida cuando comprende que el cambio climático es irreversible. El otro, zoológo (Gonzalo de Castro), vive en un árbol y sueña con que los osos regresen a una Asturias a la que acechan las urbanizaciones sin alma. Cuando se reencuentran, sus inciales diferencias darán paso a una lucha común para preservar la Naturaleza de las amenazas a las que el mayor depredador (el Hombre) la somete...



Tengo muy fresca (quizás demasiado) "La torre de Suso" porque no hará ni tres meses que la ví, y lo primero que tengo que decir es que "¿Para qwué sirve un oso?" parece casi una secuela de aquélla, puesto que repite la misma pareja protagonista, se desarrolla en los mismos escenarios naturales y posée el mismo sentido del humor. Sin embargo, mientras "Suso" me resultó deliciosa y divertida de principio a fin, este "Oso" tarda demasiado en arrancar, y, sobre todo, tarda demasiado en definirse. Conociendo al director-guionista y al elenco interpretativo (que incluye también a Emma Suárez, Geraldine Chaplin, Oona Chaplin -hija de la anterior-, el americano Jesse Johnson y Sira García), es lógico y razonable presuponer que vamos a presenciar una comedia, pero ¿qué tipo de comedia? La amargura, el fracaso y la soledad no se diluyen enseguida entre carcajadas, y, cuando éstas despuntan, los gags son demasiado pedestres y, lo que es peor, fáciles y previsibles. Sólo al final, cuando surgen los más afortunados apuntes de romanticismo, el film adquiere su verdadera magnitud. Es como si los tres primeros actos fuesen apenas una prueba a la que el espectador debe someterse si quiere disfrutar un desenlace si no espléndido, como mínimo sí notable.



Eso sí, resulta preocupante no sólo el monotematismo de un realizador que se obstina en contar el mismo tipo de historia y encuadrarla en el mismo escenario, sino (y ésto me duele aún más tener que decirlo) incluso las interpretaciones de Gonzalo de Castro y sobre todo Javier Cámara, que se repiten más que una fabada mal digerida. Que sí, que ambos son dos pedazos de actores y me encan tan, pero sus gestos, entonaciones y miraditas están tan vistas y manidas que parece que siempre interpretan al mismo personaje. Junto a ellos, destacar la frescura de la niña Sira García, la simpatía de Oona Chaplin, la a ratos triste madurez de Emma Suárez y el curioso físico de Jesse Johnson, que unas veces parece Kevin Costner, otras Tom Berenger y casi siempre un cruce entre ambos. Cine ecológico divertido y con mensaje... pero que hubiera sido mejor y aún más divertido si se hubiesen pulido el guión y las interpretaciones.



Luis Campoy



Lo mejor: los paisajes


Lo peor: el deja vu en las interpretaciones de los dos protagonistas; la banda sonora, que es casi omnipresente y la mayoría de las veces no acompaña sino perjudica a las imágenes


El cruce: “La torre de Suso” + “El oso” + “Bienvenidos al Norte”


Calificación: 6 (sobre 10)

martes, 5 de abril de 2011

Cine actualidad/ "SUCKER PUNCH"

Los mundos de Babydoll




¡Qué decepción! en todos los sentidos...



"Sucker Punch" comienza de un modo absolutamente fascinante. Siete u ocho minutos sencillamente magistrales, en los que, con una narrativa minimalista pero de demoledora eficacia, se nos cuenta la triste historia de Babydoll, una joven cuya madre y hermana han sido asesinadas por su padrastro y ella misma inculpada de la muerte de la segunda, por lo que es recluída en un tenebroso hospital psiquiátrico en el que, en los instantes previos a ser lobotomizada, crea una fantasía en la que la heroína y las otras internas escapan a su destino merced a las alas de la imaginación.



Zack Snyder debutó con buen pie (y mejores críticas) con la terrorífica "Amanecer de los muertos", y se hizo de oro con la épica y taquillera "300". A partir de ahí, su aún corta carrera no ha hecho sino caer en picado. "Watchmen", aun conteniendo gotas de buen cine, defraudó a propios y extraños, la animada "Ga'Hoole" desanimó a casi todo el mundo y "Sucker Punch", que prometía acción, fantasía y chicas guapas... tan sólo proporciona generosas dosis de lo tercero.



Tras el afortunado inicio al que antes me refería, el cual, de haberse tratado de un cortometraje, habría quedado brutal, Snyder compone una especie de culebrón en el que se superponen hasta tres niveles argumentales a cada cual más onírico e irreal. Tomando como punto de partida una ambientación que parece querer reproducir la de los thrillers de suspense de los años cuarenta del siglo pasado, la historia enseguida se transmuta en una especie de vodevil sórdido en el que los números musicales que se supone interpreta la protagonista son sustituídos por la visualización de las aventuras fantásticas en las que ella y sus compañeras se enfrentan a gigantescos samurais, diabólicos nazis o flamígeros dragones, siempre, éso sí, ligeritas de ropa o semivestidas con los atuendos más ajustados y sexys. El espectador, el muy lascivo al que le trastornan los escotes, los shorts de cuero y las pantorrillas interminables pero también aquél que tan sólo aspira a que le entretengan con adecuadas escenas de aventura, no tarda mucho en caer en el aburrimiento. Un puñado de lolitas contonéandose y y muy pocas ideas realmente afortunadas la verdad es que no dan mucho de sí. Las escenas que se supone transcurren en el nivel intermedio, en el que la institución mental es una especie de prostíbulo musical, son de un cutrerío demodé que tira de espaldas. Las batallas imaginadas cansan a fuer de exageradas, e incluso el colorido, erróneamente elegido, invita a apartar los ojos de la pantalla. El reparto, que incluye a cinco bellezones (Emily Browning, Abbie Cornish, Jena Malone, Jamie Cheung y Vanessa Hudgens), una madurita de buen ver (Carla Gugino), un ex candidato a Superman (Jon Hamm) y un viejo vaquero metido a mentor espiritual (Scott Glenn), hace lo que puede con sus papeles unidimensionales, pero llega el inaguantable Oscar Isaac y arrambla con todo. No soporto a este actor, que me saca de mis casillas desde que lo ví en el “Agora” de Alejandro Amenábar. Claro que la culpa de que "Sucker Punch" se quede en un maravilloso comienzo al que todo lo demás le sobra, no es de Isaac y ni siquiera del ridículo guión, sino del pretencioso Zack Snyder, que se obstina en deslumbrar a cualquier precio y tan sólo consigue hastiar y aburrir. ¡Qué miedo da pensar en que el próximo “Superman”, a punto de empezar a rodarse, ha recaído en sus manos…!



Luis Campoy



Lo mejor: la secuencia inicial, un auténtico prodigio


Lo peor: todo lo demás


El cruce: "Oliver Twist" + "Annie" + "Kill Bill" + "Sky Captain" + "Harry Potter y el Cáliz de Fuego"


Calificación: 6 (sobre 10)


lunes, 4 de abril de 2011

Cine actualidad/ "INVASIÓN A LA TIERRA"

Los aliens vs. Los Angeles




En los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, época turbulenta como la actual pero en la que el Cine era más un ejercicio narrativo que un despliegue informático, proliferaron casi como churros los films bélicos (aquí llamados "películas de guerra"), que narraban mil y una hazañas encuadradas en los mil y un conflictos presentes y pasados. Con el devenir del tiempo, y, al igual que sucedió con el western, fueron tantas y tantas las producciones de esta índole, la mayoría semejantes entre sí cuales gotas de agua, que el género inició un lento declive, no hacia su total desaparición, pero sí hacia una nueva era en la que serían cada vez menos los títulos a estrenar. De este modo, películas como "Salvar al soldado Ryan" de Steven Spielberg, "La delgada línea roja" de Terrence Malick o "Black Hawk derribado" de Ridley Scott llamaron poderosamente la atención del gran público, pero no por ser obras de autores consagrados sino por su condición de ilustres "rara avis" que abordaban una temática poco menos que caduca desde unos parámetros de gran espectáculo y generoso presupuesto. "Invasión a la Tierra", bajo su falsa apariencia de película fantástica, en la que nuestro planeta es víctima del enésimo ataque por parte de alienígenas belicosos, no es sino un lujoso exponente del género bélico en el que el enemigo a batir proviene de allende las estrellas...



Como todos sabemos, la Tierra es conocida universalmente como "El planeta azul" gracias a nuestras copiosas extensiones de agua. Una raza de extraterrestres ávidos de apoderarse de nuestras reservas acuíferas decide prescindir de trasvases, acueductos y zarandajas por el estilo, y, ni cortos ni perezosos, acá que se nos vienen con la nada disimulada intención de someternos... o destruirnos. Un veterano sargento del cuerpo de marines y sus aguerridos compañeros de armas serán los héroes de la defensa de Los Angeles ante los perversos y mal encarados alienígenas...



"Invasión a la Tierra" es el poco inspirado título español de "Battlefield: Los Angeles" ("Campo de batalla: Los Angeles"), un film norteamericano que parece seguir los pasos de la reciente "Skyline", en la que también los aliens nos invadían y nos daban para el pelo. Pero, como digo, las diferencias entre una y otra son sencillamente abismales, por cuanto aquélla no pretendía sino ser una especie de puesta al día high-tech de "Independence day", mientras que ésta prefiere inspirarse en la citada "Black Hawk derribado", sólo que sustituyendo a los rebeldes somalíes por perversos marcianos quasi invencibles. Incluso me atrevería a decir que en las mejores escenas de "Invasión a la Tierra" late el espíritu de Sam Fuller o John Sturges, éso sí, jugando con la ventaja de una tecnología alucinante en la que a una calidad de imagen inusual se suma un sonido como pocas veces se ha escuchado. El espectáculo puramente cinematográfico te envuelve casi de principio a fin, y te sientes realmente enrolado en ese cada vez más pequeño pelotón en el que el deber, el honor y la amistad son, una vez más, los mejores bastiones posibles, independientemente de que el enemigo haya nacido en otra galaxia y no en Alemania, Corea o Japón. El realizador Jonathan Liebesman rueda cámara en mano, como la ocasión requiere, y logra sumergir al espectador en una sucesión de batallas a cada cual más apasionante, haciéndole experimentar la locura hiperviolenta de una contienda en la que las balas parecen venir de todas partes y las explosiones te sacuden lúdicamente. Vale que el guión, como suele ser habitual, presenta no pocos puntos flacos (exceso de personajes secundarios, especialmente los civiles, ninguno de ellos necesario, y, un millón de ¿diálogos? de ésos que se nota que no han sido escritos precisamente por Shakespeare o Cervantes, donde proliferan floridas expresiones como "Vamos, vamos, vamos" o "Venga, venga, venga", que parecen ser a los militares yanquis lo que la mugre a las uñas) y vale que ninguno de sus actores (Aaron Eckhart, Michelle Rodriguez, Michael Peña...) ganará ningún premio de interpretación, pero, si lo que buscamos es un entretenimiento sin paliativos, un chute de testosterona, un gozo audiovisual de digestión rápida pero sabrosísima degustación, no cabe duda de que "Invasión a la Tierra" constituye una muy agradable sorpresa.



Luis Campoy



Lo mejor: el clima de película bélica clásica, las escenas de acción, el sonido, los efectos especiales


Lo peor: los diálogos, el exceso de personajes secundarios innecesarios


El cruce: "Black Hawk derribado" + "Independence Day" + "District 9" + "Skyline"


Calificación: 8,75 (sobre 10)

domingo, 3 de abril de 2011

¿Hacia el fin del mundo?

Michel de Nostradamus (1503-1566) pasa por ser el más famoso de los profetas apocalípticos. Sus misteriosas predicciones, escritas en verso, han revelado, a quien haya sabido interpretarlas, un sinfín de enigmas relacionados con los secretos de Fátima, la Segunda Guerra Mundial o incluso el 11-S. Pero mucho, muchísimo antes que Nostradamus, ya los mayas habían elucubrado no pocas teorías impactantes, y la más famosa de ellas vaticina, precisamente, el Fin del Mundo.



La civilización maya se extendió por lo que hoy es el sur de México, además de Guatemala, Honduras y El Salvador, entre los años 1600 a.C. y 1542 d.C. Los mayas no constituían un estado unificado, sino que se organizaban en varias ciudades-estado, independientes entre sí, que controlaban un territorio más o menos amplio. Tampoco hablaban una única lengua, pero desarrollaron una cultura vasta y sorprendente que abarcaba desde la escritura hasta la arquitectura, pasando por la agricultura y las matemáticas. Pero si por algo han destacado los mayas ha sido por sus apabullantes conocimientos de astronomía, que les permitieron elaborar un prodigioso calendario que combinaba no uno sino en tres métodos para contar el tiempo (tzolkin o calendario sagrado, haab o calendario civil y serie inicial o cuenta larga), basados en las observaciones que realizaban sobre el espacio y las posiciones de ciertos planetas y estrellas. El tercero de estos sistemas, el calendario de cuenta larga, medía la línea temporal de la Historia a partir de una fecha concreta. Al igual que el calendario gregoriano considera como punto de partida el nacimiento de Cristo, el “calendario maya de cuenta larga” fija su origen en el inicio del mundo según sus investigaciones, cifrado exactamente en un día “0” equivalente, según nuestra cronología, al 11 de Agosto del año 3113 a.C.



A partir de las observaciones astronómicas que realizaron, los mayas se dieron cuenta que ciertos fenómenos cósmicos se repetían cíclicamente cada cierto tiempo. En base a estos estudios, crearon cinco unidades temporales cada vez más grandes que englobaban todo su calendario. El kin duraba 1 día; el uinal (semejante a un mes) duraba 20 días; el tun (similar a un año), abarcaba 360 días; el katun tenía 7200 días (es decir, 20 de sus años) y el baktun, a su vez, reunía 20 katuns, o, lo que es lo mismo, 144.000 días. Con estas 5 unidades y teniendo en cuenta la existencia de férreos ciclos temporales, los mayas establecieron la fecha final de su calendario para el día 13.0.0.0.0. Contado a partir del 11 de Agosto de 3113 a.C., dicho día vendría tras 5125 años de 360 días. En conclusión, el calendario maya acababa abruptamente el día 21 de Diciembre de 2012 y, para explicar por qué, formularon siete profecías en las que se hablaba de que “finalizaría el ciclo del mundo de odio y materialismo que conocemos”, de “transformaciones físicas en el Sol que provocarían cambios psicológicos y espirituales en el Hombre, inaugurando una época de conflictos, guerras y locuras colectivas”, de que “a consecuencia del aumento de la temperatura provocado por la mayor actividad del Sol y la conducta antiecológica de los hombres, se producirá un derretimiento en los polos”, de “un colapso de todos los sistemas sobre los que la Humanidad ha estructurado su civilización” y de “la aparición de un cometa cuya trayectoria pondrá en peligro la existencia misma del Hombre”.



Lo cierto es que el último katun definido por los mayas habría comenzado supuestamente en 1992, tras un eclipse de sol que fue pronosticado por aquéllos y se cumplió al pie de la letra. A partir de ese momento, a poco que nos paremos a analizar, comprobaremos que se han producido profundos cambios cósmicos, telúricos e históricos. En septiembre de 1994 se produjeron fuertes perturbaciones en el magnetismo terrestre, con alteraciones importantes en la orientación de las aves migratorias y cetáceos, e incluso en el funcionamiento de la aviación. En 1996, la sonda espacial Soho descubrió que el Sol no presentaba ya polos magnéticos sino un único campo homogeneizado. En 1997, se produjeron violentas tormentas magnéticas en el Sol. Y en 1998, la NASA detectó la emisión de un potente flujo de energía proveniente del centro de la galaxia que nadie supo explicar. Otra fecha importante en las profecías mayas fue el eclipse total de sol del día 11 de agosto de 1999, que también se verificó puntualmente. Según el Chilam Balam (el libro sagrado maya), siete años después del inicio del último katun (es decir, en 1999) comenzaría una era de oscuridad y las convulsiones de la Tierra – terremotos, huracanes, erupciones volcánicas – aumentarían sensiblemente. El 15 de septiembre de ese mismo año, una misteriosa explosión proveniente del espacio eclipsó durante horas el brillo de algunas estrellas; ¿podría ser esa misteriosa e inexplicada radiación el rayo proveniente del centro de la galaxia que, según los mayas, alcanzaría al Sol antes del año 2012, cuando se dispararan los fenómenos sísmicos?.



En cualquier caso, el eclipse del 11 de agosto de 1999, que precedió a la fuerte radiación proveniente del espacio, inauguró un periodo de cataclismos naturales. El día 7 de ese mismo mes se produjo un terremoto de 5,9 grados en la escala de Richter en Grecia, con 218 muertos; el día 8, inundaciones catastróficas en China, con miles de muertos; el 17, un terremoto de 7,4 grados en Turquía, con 15.000 muertos; el 20, un terremoto de 7,6 grados en Taiwan, con 2.000 muertos; el 22, una cadena de terremotos menos destructivos (de entre 2 y 5,2 grados) en todo el planeta; el 30, un terremoto en Oaxaca (México), seguido de grandes incendios debidos a explosiones de gas, con más de 100 muertos; y el 10 de octubre, también en México, las lluvias produjeron 300 muertos y 500.000 damnificados.



Asímismo, y según las mismas profecías, a partir del eclipse de 1999 se incrementarían las guerras y la destrucción por causas no naturales. El cono de sombra de este eclipse se proyectó precisamente sobre Medio Oriente, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán e India, señalando un área sacudida por los conflictos más sangrientos y la amenaza permanente de una confrontación entre Pakistán e India, ambos con arsenal nuclear.



El caso es que, nos guste o no, a medida que va acercándose el 2012, es constatable que una ola de calor ha incrementado la temperatura del planeta, produciendo cambios climáticos, geológicos y sociales sin precedentes y con una rapidez asombrosa. El deshielo de los Polos y la aparición de zonas verdes en la Antártida es ya un hecho confirmado científicamente. Según un informe publicado el 17 de diciembre de 2004 por la UNISDR (Agencia de las Naciones Unidas para la Reducción de los Desastres), se está produciendo un aumento espectacular de las catástrofes naturales. El citado documento sostiene que más de 254 millones de personas han resultado afectadas por "desastres naturales" en 2003, triplicando las cifras ya altas de 1990. Según las estadísticas del Centro de Investigación sobre los Desastres de la universidad de Lovaina, en Bélgica, "la tendencia a largo plazo en la década pasada es a un continuo aumento del número de víctimas".



Es importante advertir que las erupciones volcánicas han disparado el efecto invernadero y acelerado el cambio climático. Un aumento sorprendente de la actividad volcánica tuvo lugar en 2003, cuando se activaron volcanes como el Ijen, en Java (Indonesia), el Bezymianny en Rusia, el Etna en Sicilia (Italia), el Mauna Loa en Hawai y el Monte Kiki en Japón, junto con otros en Colombia, Alaska, Indonesia, Congo y Rusia. Y todos recordamos las erupciones más recientes (año 2010) de volcanes como el Tungurahua en Ecuador o, sobre todo, el Eyjafjallajökull en Islandia, que tuvo en jaque durante semanas a toda la comunidad internacional.



En cuanto a los últimos terremotos y tsunamis, no hace falta ser muy susceptible para darse cuenta de que su número y frecuencia se ha disparado en los últimos años. El término “tsunami” comenzó a hacerse tristemente popular a raíz del que asoló el Océano Indico (Indonesia, Thailandia, Sri Lanka y, en menor medida, la India) en diciembre de 2004, como consecuencia de un terremoto de hasta 9.3 grados en la escala de Richter acaecido en los mares de Sumatra-Andamán y que causó la muerte a casi 300.000 personas. En enero de 2010, un seísmo de 7,3 grados sacudió Haití, el país más pobre del continente americano, causando la muerte a más de 100.000 personas. En febrero de ese mismo año, un movimiento telúrico de 8,8 grados en la escala de Richter hizo temblar Chile y causó 523 muertos y 800.000 damnificados, y además desplazó el eje de la Tierra unos 8 centímetros, acortando la duración de los días 1,2 millonésimas de segundo. Finalmente (por el momento), el atroz terremoto acaecido en Japón el viernes 11 de marzo de este año, con una intensidad de 8,9 grados en la escala de Richter, provocó otro tsunami que afectó a todo el Oceáno Pacífico, incluyendo a Sudamérica, causó la muerte a más de 12.000 personas, provocó la peor crisis nuclear de los últimos tiempos al producirse un fallo en el sistema de refrigeración de la Central de Fukushima, y, asimismo, desplazó el eje de rotación terrestre alrededor de 15 centímetros, lo cual supone una disminución de 1,8 millonésimas de segundo en la duración de los días.



Si a todo ésto añadimos las misteriosas e inexplicables muertes de miles de animales (desde pingüinos y truchas, hasta pelícanos y murciélagos, siempre en grupo) en diversas partes del mundo (Colombia, Brasil, Canadá, Chile, China, Italia, Japón, Filipinas, Corea del Sur, Sudáfrica, Tailandia, Vietnam, Inglaterra, Suecia, Estados Unidos) y el estallido de pequeñas o grandes revoluciones en el seno de algunos países islámicos como Túnez, Egipto, Bahrein, Costa de Marfil o Libia, que hacen temer que la mecha prenda también en Irán, donde, según algunas agoreras interpretaciones, se ha de desatar un conflicto bélico sin precedentes, son muchas y evidentes las circunstancias que podrían llevarnos fácilmente a la conclusión de que algo muy grave está pasando... de que algo gravísimo está a punto de pasar. No sólo los mayas y Nostradamus establecieron las bases para estudiar todos estos fenómenos en base a la astronomía y la adivinación… también el mismísimo Apocalipsis de San Juan daba las pistas para que tuviéramos motivos sobrados para echarnos a temblar.

La verdad es que cada vez tenemos menos ganas de burlarnos de la película “2012” que dirigió Roland Emmerich en 2009, y en la que, siguiendo al pie de la letra todo lo que hemos contado aquí, la Tierra experimentaba todo tipo de catástrofes que la abocaban a la destrucción, coincidiendo con el fatídico día 21 de Diciembre de 2012 profetizado por los mayas. Sólo nos cabe esperar que, al igual que las primeras seis profecías, apocalípticas y desastrosas, podrían tener razón, también la tenga la séptima y última, que matiza que el “fin de los tiempos” podría no ser sino una especie de reconversión urgente, un resurgir de la conciencia de toda la Humanidad hacia un nivel superior llamado Noosfera (envoltura o membrana mental que rodea al planeta) en el que los Hombres participarán de lo Divino al evolucionar hacia la integración armónica con todo el Universo, significando la esperanzadora llegada de la Era de la Espiritualidad. Desde luego, quien no se consuela es porque no quiere…

viernes, 1 de abril de 2011

Cine actualidad/ "ENCONTRARÁS DRAGONES"

El Santo y el traidor




Quien quiera que acuda a ver "Encontrarás dragones" pensando que es una versión adulta de "Cómo entrenar a tu dragón", "Eragon" o "Dragonheart", se llevará un chasco de los que hacen época. Porque los "dragones" a los que alude el título no son criaturas mitológicas de esas que vuelan y escupen fuego por la boca, sino enemigos invisibles del alma tales como los celos, el odio, la cobardía y la traición.



"Encontrarás dragones" es una biografía bastante sesgada del fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, que arranca en los años 70 del pasado siglo y partir de ahí, mediante larguísimos flashbacks, nos cuenta la historia tanto de éste como de su amigo/enemigo Manolo, cuyo hijo, escritor, será quien lleve a cabo una ardua investigación periodística cuyos resultados le sorprenderán...



Para empezar, hay que recordar que el director a cargo de "Encontrarás dragones", Roland Joffé, es un veterano que en los ochenta se hizo relativamente popular con "Los gritos del silencio" y, sobre todo, con la famosa y épica "La Misión", protagonizada por Robert De Niro y Jeremy Irons y que es recordada, principalmente, por la hermosa partitura de Ennio Morricone. La carrera posterior de Joffé ("Creadores de sombras", "La letra escarlata", "La ciudad de la alegría"...) nunca ha estado a la altura de aquellos dos títulos, y, sinceramente, me parecía poco probable que pudiera reivindicarse con un film como el que hoy estoy comentando. Me equivocaba, al menos parcialmente.



Tras unos primeros minutos que hacen presagiar lo peor (el arranque en Roma y el viaje del periodista a un Madrid digitalizado), las secuencias que narran la infancia de Josemaría y Manolo coquetean peligrosamente con ese ridículo que inspira cualquier producción supuestamente ambientada en España pero que en realidad se ha reconstruído al modo y manera en el que los anglosajones nos tienen estereotipados, es decir, mismamente como mexicanos que viven en un México con algún toque europeo y mucha, mucha miseria e incultura. Por fortuna, conforme va avanzando la narración (ésto es, a medida que nos vamos acercando a la Guerra Civil, que ocupa más de la mitad del metraje), la ambientación va mejorando en todos los sentidos. Las canciones de la época ("Ay, Carmela", "Coplas de la defensa de Madrid", "La Internacional") contribuyen a crear un clima sonoro reconocible, y es evidente que Joffe y su director de fotografía se han estudiado a fondo las fotografías tomadas por el gran Robert Capa y en las que quedó inmortalizada la barbarie y sinrazón de la guerra... de cualquier guerra.



Con todo, lisonjear arbitrariamente a "Encontrarás dragones" no dejaría de ser un ejercicio de subjetivismo imperdonable. Porque, si bien es cierto que son bastantes los aciertos, los errores son también evidentes. Para empezar, la estructura misma del relato principal, que bascula sobre dos puntos de vista contrapuestos, el del beatífico Josemaría y el del descreído y traidor Manolo, se resiente en no pocos momentos a causa del trabajo de los actores. Charlie Cox, que está a cargo del rol del protagonista, hace lo que puede pero su repertorio se limita a sonrisas benevolentes y poco más. Por su parte, Wes Bentley, eterna promesa perpetuamente frustrada ("American beauty", "El motorista fantasma") desequilibra la balanza por su preocupante inexpresividad: siempre pone la misma cara, ya sienta amor, odio, celos o remordimientos, y éso no se le puede consentir a un actor de su talla. Curioso es el pintoresco reparto que Joffé ha recopilado para su aventura: españoles como Unax Ugalde, Ana Torrent, Jordi Mollá o la "nacionalizada" Geraldine Chaplin, y estrellas internacionales como Olga Kurylenko ("007 Quantum of Solace"), Rodrigo Santoro ("300"), Dougray Scott ("Misión: Imposible 2") o el mismísimo Derek Jacobi ("Yo, Claudio"), todos ellos contratados para dar lustre a una producción que, admitámoslo, pretende lavar la imagen del Opus Dei tras películas tan "ofensivas" como "El Código DaVinci o "Camino". De hecho, las peculiaridades de la rígida disciplina que caracteriza al Opus son pasadas por alto u omitidas la mayoría de las veces, como esa escena en la que Josemaría se flagela pero la cámara prefiere mirar para otro lado. Quizás los productores tienen pensado continuar la trama en una futura propuesta en la que tengan menos peso las hazañas bélicas y más la psicología, la perseverancia y la capacidad de convicción de un hombre que llegó a ser Santo.



Luis Campoy



Lo mejor: la reconstrucción de la Guerra Civil española


Lo peor: Wes Bentley, un hombre pegado a unos ojos que no sabe cómo utilizar


El cruce: "Ay, Carmela" + "Balada triste de trompeta" + "¿Por quién doblan las campanas?" + "Las sandalias del pescador"


Calificación: 7,5 (sobre 10)