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lunes, 14 de marzo de 2011

La mala educación

La historia siempre es la misma.  Está uno viendo tranquilamente (o no, depende del resultado...) el partido del Barcelona en un bar, cuando surge una persona, dándoselas de listo y de gracioso y siempre provisto de una voz potente, y poco a poco va animándose a jalear todas las acciones del equipo rival del Barça, sea el que sea, a criticar cualquier decisión arbitral que no perjudique manifiestamente a los azulgranas y, por supuesto, a celebrar hasta desgañitarse cualquier gol que el portero culé encaja.  Me pregunto a qué se debe esa manía persecutoria...  Yo, barcelonista confeso, trato de ver todos los partidos que disputa mi equipo, sea cual sea la competición, y, por suerte o por desgracia, no tengo otro remedio que acercarme a algún bar que tenga contratados los canales deportivos necesarios, léase "Canal +" o "Gol T".  En este tipo de establecimientos, como en cualquier otro lugar, se junta toda clase de gente:  simples parroquianos que sólo van buscando el café, la copa o la tapa, aficionados al fútbol en general, detractores a ultranza del Deporte Rey, simpatizantes de cualquiera de los equipos que contienden en el televisor...  y, desgraciadamente, individuos (siempre hombres, por cierto) con notorio afán de protagonismo, y que, mire usted qué casualidad, coincide que siempre se jactan de ser madridistas.  Voy a decir una perogrullada, pero ser del Madrid, del Real Madrid, me parece tan lícito y respetable como ser de cualquier otro equipo.  Sólo me pregunto por qué a esos señores vocingleros y maleducados no les parece igualmente respetable mi adscripción moral blaugrana.  ¿Qué pasa, que, por simpatizar con los colores blancos a los que patrocina una famosa web de subastas, ya se creen con derecho a molestar, sí, molestar a los que simplemente estamos cenando y viendo la tele?.  ¿Se piensan que su libertad de expresión les autoriza a reventar al prójimo una velada que podía haber sido feliz?  Vuelvo a decir que a mí me gusta ver jugar al Barcelona, al que considero "mi" equipo, y son sus partidos los únicos que me interesa presenciar.  Por éso no entiendo a santo de qué existen en tal número estos especímenes destructores de la convivencia y apóstoles de la intolerancia.  O sea, si te gusta un equipo, perfecto:  en tu casa o donde se te antoje, ve a disfrutar de su juego, de sus goles y de las astracanadas de su entrenador.  Pero ¿a qué viene éso de tener que acudir a un lugar público, el día que no juega tu club, sólo para jorobar la existencia de quienes sólo quieren disfrutar de un momento de ocio?  Y lo siento, pero repito:  qué puñetera casualidad, esos energúmenos siempre son del Madrid y van a chinchar a los que son (somos) del Barcelona.  Pero ¿no era el Real Madrid el club "Caballero del Honor"...?

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