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jueves, 17 de marzo de 2011

Cine actualidad/ "PA NEGRE (Pan negro")

Retrato de un asesino de pájaros




El pan negro, tristemente popular durante la posguerra española, era algo así como el alimento de los humildes, la comida de los pobres y los marginados. Estaba hecho de harina de centeno, más barata que la de trigo, y la consecuencia era una coloración oscura que parecía contrastar con la blancura del pan de los ricos. Metáfora simple pero efectiva de la condición humana, "Pa negre" cuenta la historia de Andreu, un niño de 11 años que malvive con sus padres en un pueblecito de Cataluña asolado por la miseria. Corre el año 1944, y las heridas de la Guerra Civil todavía están abiertas y sangrantes. Tras el asesinato de un hombre y su hijo, el padre de Andreu, antiguo comunista, y, por tanto, susceptible de haber podido cometer cualquier atrocidad, es acusado del crimen y posteriormente condenado a morir en el garrote. El pequeño Andreu se cobija en casa de sus tías y en aquel lugar lóbrego y oscuro verá la luz acerca de la complejidad de la existencia y la inutilidad de los sueños y los ideales...



Basada en la novela y en varios relatos cortos de Emili Teixidor, "Pa negre" es una producción catalana hablada originariamente en catalán (yo la ví doblada al castellano) que había tenido una discretísima carrera comercial (al menos en el resto de la Península) hasta que el 13 de Febrero de 2011 la Academia del Cine Español la bendijo con la friolera de 9 premios Goya, incluyendo el de Mejor Película y Mejor Director, Agustí Villaronga. Villaronga se dio a conocer en el ya lejano 1987 con la desasosegante "Tras el cristal", y a partir de ahí ha ido configurando una filmografía breve pero intensa en la que también se cuentan "El niño de la luna", "El mar" y "Después de la lluvia". Con "Pa negre", Agustí Villaronga construye no sólo la que es su mejor obra, sino simplemente la mejor película española de los últimos años, por no decir de las últimas dos décadas.



A partir de un arranque que ya es soberbio en su brutalidad y valentía, "Pa negre" disecciona sin piedad las miserias físicas y morales de una sociedad que no perdona, un mundo rural de pocas luces y demasiadas sombras. El niño protagonista está condenado de antemano a vivir su niñez como viven su patética existencia los pájaros que su padre colecciona en jaulas, en las que su naturaleza libre y volátil languidece en una prisión de mentiras y pecados nunca expiados. Por una vez, el punto de vista ideológico no es tan maniqueo como viene siendo habitual. Es cierto que hubo una Guerra, y que los vencedores no sólo aplastaron a los vencidos, sino que los tienen sumidos en un fango de hambre y necesidad, pero lo realmente importante no es sólo la penuria sino el modo en que cada uno elige la forma de escapar de ella. El padre de Andreu, que se autoproclama a sí mismo mártir de unos ideales elevados que pretende inculcar a su hijo, no es en el fondo sino un asesino a sueldo de los poderosos, un personaje que se revela como la peor de las influencias. En el lado opuesto se alinean Pitorliua, el ángel castrado que llena de sueños las mentes de los lugareños, y el otro ángel, el tísico, cuya pureza y entereza fascinan a Andreu aun a sabiendas de que la madre Naturaleza no consiente (no en aquellos tiempos) que el bien puro triunfe. Sería capaz de pasarme horas loando las excelencias del guión y la puesta en escena de "Pa negre", sin poder discernir si el uno destaca especialmente sobre la otra u ocurre a la inversa. En todo caso, en una obra superlativa como ésta, en la que todo o casi todo roza la perfección, podría atreverme a apuntar que, a pesar de la riqueza descriptiva con la que los numerosísimos personajes están caracterizados en apenas un par de breves apuntes, algunos de ellos podrían haberse obviado en beneficio de una mayor concentración narrativa. Es el caso de alguno de los familiares de Andreu o incluso del maestro que encarna Eduard Fernández, que se intuyen sustanciales en el libro pero cuya incorporación al film no era impescindible. El nivel interpretativo de todo el elenco también es de quitarse el sombrero. Desde la excelente Nora Navas (Florencia, la madre), Goya a la Mejor Actriz Protagonista, y el impresionante Roger Casamajor (Farriol, el padre) hasta la alucinante Laia Marull (la no tan desquiciada Pauleta), Goya a la Mejor Actriz Secundaria, pasando por el hosco Sergi López casi repitiendo su papel de “El laberinto del fauno”, la pizpireta Marina Comas (la nueva “lolita” de nuestra cinematografía), y, cómo no, el protagonista casi omnipresente, el fantástico Frances Colomer, todos los actores están tan bien que diríase que ni siquiera están actuando. He aquí otra de las claves del pleno acierto del film, en el que todo tiene su valor y su justa importancia, en el que todos los elementos tienen el peso específico necesario y el director sabe equilibrarlos. No hay divismo en las actuaciones, sino verosimilitud y humanidad; el director de fotografía es el inspirado notario de una realidad tremenda; la música apenas suena, y sólo cuando se la necesita; y la dirección artística y el vestuario aparecen realistas como pocas veces se ha visto, retazos historiográficos de un tiempo de injusticias del que no pocos quisieran desvincularse.



Pocas veces puede uno sentir tantas y tan sinceras emociones en una sala de cine, y ello merced a un clima opresivo y a un sinfín de momentos inolvidables. El caballo y la carreta cayendo desde el precipicio; la joven Nuria asomada semidesnuda al balcón; Andreu siendo testigo demorado de la humillación a Pitorliua; el mismo Andreu masacrando los pájaros que personifican las mentiras de su padre; la vieja Manubens depositando un beso que se antoja lascivo sobre la mejilla del niño… Estos y otros constituyen hallazgos tanto semántica como, sobre todo, visualmente fascinantes, pero un plano me llamó la atención por encima de todos. Justo al final, cuando Andreu, que ahora se llama “Andrés” y ha adquirido los apellidos de sus benefactores, cree haber dejado atrás su negruzca infancia, es visitado en su nuevo colegio por su madre, ya una especie de sombra de un pasado innombrable que ahora le avergüenza. Concluída la visita, mientras ve alejarse a su progenitora a través del cristal de la puerta, tambaleante y muerta en vida, Andreu exhala un vaho vaporoso sobre el vidrio, de modo que su madre y, con ella, su niñez, se convierten en apenas fantasmas neblinosos que no dudará en borrar. Durísima, cruel y carente de concesiones, pero también valiente, emocionante, humana y sincera, “Pa negre” me dejó tan impresionado que, cuando salí de la sala, viví durante horas como extasiado e inmerso en otro universo, un mundo en el que el mejor Cine sobrevive a la rutina de lo comercial y da la bienvenida a lo más parecido a una obra maestra que he visto en muchísimo tiempo.



Luis Campoy



Lo mejor: todo


Lo peor: nada, o, quizás, sólo quizás, el exceso de personajes secundarios, cada uno con su correspondiente historia detrás


El cruce: “Cría cuervos” + “El espíritu de la colmena” + “El laberinto del fauno”


Calificación: 9,5 (sobre 10)

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