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jueves, 10 de marzo de 2011

Cine actualidad/ "ENTERRADO"

Evanescencia




Los chicles son esos inventos gastronómico-adictivos que a veces solemos llevar en la boca, mascándolos sin parar cual bóvidos rumiantes. Sí, la llamada "goma de mascar" contribuye a relajar al nervioso y a dotar de buen gusto al paladar halitoso, pero tiene el inconveniente de que su sabor, dulce y enajenante al principio, se va diluyendo enseguida, como una metáfora de su propia condición física de sustancia que se estira y estira sólo para desgastarse en sí misma. "Enterrado", la celebradísima película del realizador gallego Rodrigo Cortés, arrastra una fama que no digo yo que sea injustificada ni que no corra aparejada a una intrínseca calidad, pero a mí me pareció mismamente un chicle alargado cuyo sabor hubiera sido muchísimo más agradable si hubiese sido más efímero…



Un contratista de obras norteamericano es secuestrado en Iraq y enterrado vivo dentro de un ataúd, mientras los secuestradores, islamistas y facinerosos ellos, le obligan a negociar para conseguir el rescate necesario para su liberación. La única compañía del protagonista son un teléfono móvil y un mechero, y con ellos y la dramática interpretación del actor Ryan Reynolds se desarrollan 90 minutos de tensión angustiosa y asfixiante.



Un querido amigo (bueno, en realidad no sólo él) comparaba "Enterrado" con el cine de Hitchcock, y esta frase, que leí antes de ver la película (de la cual mucho había oído hablar antes de su visualización), no dejaba de resonar en mi cabeza mientras me agitaba, inquieto y cada vez más incómodo, en la butaca. Esto... ¿Hitchcock...? ¿Hablamos del genial Alfred Hitchcock, el autor de "Vertigo", "Psicosis" o "Con la muerte en los talones", el Mago del Suspense que no sólo te mantenía en tensión sino que te hacía disfrutar de tu propio sufrimiento, el mismo que enriqueció el Séptimo Arte con su imaginativa y estética manera de rodar...? No sé, es posible que a mí me pillara anoche una pájara monumental, pero la comparación me parece bastante improcedente, al menos si hablamos del mejor y más inspirado Hitchcock, no el crepuscular y decadente de "La trama" y otras de sus obras terminales. Sin discutir a Rodrigo Cortés su habilidad para narrar una historia ambientada no sólo en un escenario único sino prácticamente en plena oscuridad, con sólo un hombre hablando por teléfono y unas cuantas voces tratando de ayudarle/explotarle/aprovecharse de su sufrimiento, puedo afirmar y afirmo que estaría expresándome de otra manera si estuviésemos hablando de un cortometraje y no de un film de duración convencional. Y no digo nada de ésto porque me sintiera especialmente claustrofóbico frente a la pantalla, sino porque me sentí ABURRIDO, y de donde deseaba escapar no era de del ataúd sino de la sala. No sé si también pudo tener algo que ver la luminiscencia de la proyección en sí, en la que los tonos negros se quedaban apenas en grises oscuros, pero el caso es que un servidor lleva demasiado tiempo viendo cine y escribiendo sobre cine como para decir lo que no pienso y expresar lo que no siento. Para mí, cuando ví "Enterrado" se quedaron enterradas mis esperanzas de ver una gran película, y lo que ví fue una buena idea bien interpretada pero que se agotó enseguida porque, como todos sabemos, lo mejor de los chicles es la primera sensación que nos provocan, y lo demás es sólo evanescencia.



Luis Campoy



Lo mejor: el montaje, Ryan Reynolds, la duración de la batería del teléfono del protagonista (¿con qué la carga?)


Lo peor: los 60 ó 70 minutos que le sobran a un magnífico arranque


El cruce: "Kill Bill 2" + "Red de mentiras" + "El silencio de los corderos"


Calificación:  6(sobre 10)


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