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lunes, 28 de febrero de 2011

Oscars 2010: el discurso coplapsó la red

Envuelto en una bruma de sueños (esos a los que uno renuncia a soñar cuando se pasa en vela casi toda la madrugada), he sido testigo en directo de la octogésimo tercera gala de entrega de los Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, aquí comúnmente conocidos como "Oscars". La edición de este año parecía, a priori, un mano a mano entre dos películas de las que ya hemos hablado aquí, "El discurso del Rey" y "La red social", la una típicamente británica y la otra originalmente norteamericana. Mis simpatías, como dije en su momento, estaban con la ficción sobre la creación de Facebook, pero era muy consciente de que los sondeos y las apuestas se decantaban por el clasicismo inglés. Al final, muy pocas sorpresas. Pero vayamos por partes...



Todo comenzaba alrededor de las 2:30 de la madrugada, hora española. Los presentadores de la gala, Anne Hathaway y James Franco (asímismo nominado como actor por "127 horas") parodiaban a las películas favoritas, aunque, éso sí, sin la mala leche del odiado Ricky Gervais (que puso a Hollywood patas arriba cuando fue el anfitrión de los Globos de Oro). Ella estuvo toda la noche simpática y monísima, además de cambiarse de vestido cada dos por tres, y él fue un auténtico pasmarote con la expresividad de una pared. Menos mal que el venerable Kirk Douglas (94 años) salió al rescate para entregar el Oscar como Mejor Actriz Secundaria a Melissa Leo por "The Fighter", desbancando a la teóricamente favorita Helena Bonham-Carter (la cual me alegro de que perdiera, pues, para mí, está fatal en "El discurso del Rey". Los galardones a la Dirección Artística y el Diseño de Vestuario fueron, como era lógico, para la burtoniana "Alicia en el País de las Maravillas", y "Origen", de Christopher Nolan, comenzó a amasar tímidamente algunos premios menores (Fotografía, Sonido, Efectos de Sonido y Efectos Visuales), cosecha con la que habría de conformarse.

Como Actor Secundario, un barbudo Christian Bale ("The Fighter") le ganó la partida a un rapado Geoffrey Rush (para mí, lo mejor de "El discurso del Rey"); es sabido que, si quieres ganar un Oscar, una buena forma de lograrlo es hacer de tonto o de enfermo, o bien engordar o adelgazar a lo bestia porque el papel lo requiere, y Bale no podía ser una excepción. Pero si había un Oscar que había acaparado la unanimidad de todo el mundo, ése era el de "Toy Story 3" como Mejor Película de Animación. El film de Pixar y Disney también fue destacado por su Canción Original, a pesar de la penosa interpretación en directo de su compositor, Randy Newman. La Mejor Música original (inmerecidamente) bendijo a "La red social", que acababa de conseguir el reconocimiento a su Guión Adaptado (por Aaron Sorkin), mientras que el Guión Original inauguró el palmarés de "El discurso del Rey". "Biutiful" se quedó sin el Oscar como Película Extranjera, pero quien no se fue de vacío fue el genial Rick Baker, destacado por su Maquillaje para "El Hombre Lobo", treinta años después de "Un hombre lobo americano en Londres" y "Aullidos". Anne Hathaway se vistió de chico, y James Franco se puso un horrendo vestido rosa. Algunos de los presentadores de los premios fueron Helen Mirren, Billy Crystal (que compartió escenario con un holograma de Bob Hope), Annete Bening, Reese Whiterspon, Jake Gyllenhaal, Robert Downey Jr. y Jude Law o Josh Brolin y nuestro Javier Bardem, que no volvió a subir cuando Sandra Bullock nombró al Mejor Actor (cómo no, un Colin Firth que confesó sentir una súbita indisposición estomacal). Jeff Bridges (también candidato, también derrotado) entronizó a una embarazada Natalie Portman ("Cisne negro"), y Celine Dion cantó la lánguida melodía "Smile" en homenaje a los fallecidos del año, entre los que se recordó a Leslie Nielsen o Blake Edwards pero faltaron el francés Claude Chabrol y el valenciano Luis García Berlanga. Se citó en el enorme decorado a Francis Ford Coppola y a Eli Wallach para entregarles un galardón honorífico, pero ni siquiera se les dejó dar las gracias, y menos mal que Lena Horne tuvo un recuerdo especial a través de un sentido speech de Halle Berry.

Se acercaba el final, y en el momento en que Tom Hooper se encumbró como Mejor Director por "El discurso del Rey", la madrugada perdió todo misterio y suspense. Steven Spielberg entregó el Oscar como Mejor Película al ya reiterativo "Discurso", y, como catarsis final, una marabunta de niños cantó el "Over the rainbow" de "El Mago de Oz" (bastante peor que Judy Garland, oiga). Conclusión: "El discurso del Rey" y "Origen" empataron a Oscars (4), aunque los de la primera eran los más golosos; "La red social" se llevó apenas 3, " Toy Story 3" , "The Fighter" y "Alicia..." se hicieron con 2, y otra de las favoritas, "Valor de Ley", se quedó compuesta y sin estatuílla (0 de 10 posibles). Definitivamente, no han sido los Oscars más justos (al menos para mí), pero sí los más previsibles, al menos si hacemos caso a las encuestas. Los adivinos, por una vez, han tenido razón en casi todo.

sábado, 26 de febrero de 2011

Cine actualidad/ "THE WAY (El Camino)"

El camino que lleva a Santiago




El pasado miércoles hice doblete. A las seis, me dejé "golpetear" por Tejero y su tricornio mientras veía "23-F, la Película" en una sala comercial que, a pesar de la innegable oportunidad de la fecha, estaba prácticamente vacía. A las diez, emprendí "El Camino" hacia un Teatro Guerra (sede de las proyecciones del Cine Club Paradiso de Lorca) que, como casi todas las semanas, estuvo lleno hasta la bandera.



El actor Martin Sheen es conocido por las nuevas generaciones por su papel de Presidente Bartlett en la serie de TV "El ala oeste de la Casa Blanca", pero los carcas como yo tenemos un poco más de perspectiva y recordamos que su nombre empezó a sonar fuerte a principios de la década de los 70, cuando protagonizó la memorable "Malas tierras" de Terrence Malick, y se consagró poco después con su interpretación del Capitán Willard en la famosísima "Apocalypse Now" de Francis Ford Coppola. En todas las revistas de la época se hacía oportuna mención de que Martin Sheen en realidad se llamaba... Ramón Estévez. ya que su padre era español, más concretamente gallego de Pontevedra. Por tanto, no era de extrañar que, antes o después, su dilatada carrera le llevara de vuelta a sus orígenes, o, al menos, a los orígenes de su progenitor...



En "The Way (El Camino)", Martin Sheen interpreta a un prestigioso oftalmólogo norteamericano que, tras años de agrio distanciamiento de su hijo, recibe la noticia de que éste ha fallecido en un accidente cuando trataba de realizar el Camino de Santiago. Traumatizado por la tragedia, nuestro hombre decide que lo mejor que puede hacer es recorrer el Camino que su hijo no pudo completar, y, de paso, esparcir las cenizas de éste durante la ruta...



Durante su ya larga vida (tiene 70 años), Martin Sheen no sólo ha intervenido en multitud de películas y telefilms, sino que ha procreado a cuatro hijos que también están o han estado involucrados en el negocio paterno. Uno de ellos es el no menos famoso y visceral Charlie Sheen, pero los otros tres decidieron mantener su apellido original (recordémoslo: Estévez), siendo Emilio el más conocido de ellos. En los años 90, Emilio Estévez se hizo popular por pertenecer al llamado "Brat Pack" ("Hatajo de mocosos"), grupo de jóvenes actores que prácticamente monopolizaron las comedias de la época ("El club de los cinco"), aunque Emilio logró destacar también por las dos entregas de la serie "Arma joven", en las que encarnó a Billy el Niño. Ahora que ya no es tan niño, ha decidido probar suerte en el terreno de la dirección, y, quizás como homenaje a sus ancestros, ha acometido el proyecto de fusionar varios relatos pertenecientes a un libro de viajes jacobeos escrito por Jack Hitt en un guión que también firma y para cuya producción ha contado, cómo no, con la financiación de la Xunta de Galicia.



Sobre el Camino de Santiago se han narrado un sinfín de historias a lo largo de los siglos, y, en lo estrictamente cinematográfico, me viene a la cabeza un film reciente, "Al final del camino" de Roberto Santiago, que interpretaron Fernando Tejero, Malena Alterio y Diego Peretti. Evidentemente, todas y cada una de estas obras o son meros documentales o tratan de aprovechar el itinerario geográfico para narrar un viaje psicológico en el que los personajes se acaban encontrando a sí mismos entre los verdes prados de una Galicia de ensueño. Obviamente, Emilio Estévez pretende remar en la misma dirección, y digo "pretende" porque de lo que intenta a lo que consigue, media un trecho muy considerable. Para empezar, el guión es una rutinaria acumulación de tópicos en la que a la historia principal (el padre que viaja llevando las cenizas de su hijo) se le superponen, con muy poca fortuna, otras tres tramas secundarias, protagonizadas por un holandés, un inglés y una canadiense. El primero de ellos es un hombretón corpulento que pretende hacer el Camino de Santiago para... ¡adelgazar!, ya que su mujer le ve tan gordo que se niega a hacer el amor con él. El inglés es un escritor estancado en una fase de sequía que, gracias a la inspiración (¿?) del Apóstol, será capaz de volver a escribir. En cuanto a la mujer, su presencia es tan absurda y prescindible que no merece la pena analizarla. Todos ellos están pésimamente caracterizados y, lo que es peor, interpretados con desgana por unos actores que, si alguna vez tuvieron algo de carisma, hace tiempo que lo olvidaron. Deborah Kara Unger (conocida años ha simplemente como "Deborah Unger") fue una de esas chicas monas de los noventa ("The Game") a las que el tiempo se tragó, y en su kara (perdón, cara) se aprecian los rastros infames de alguna operación de estética mal resuelta. James Nesbitt, inglés, hace de inglés, y el orondo Yorick Van Wageningen se interpreta a sí mismo, ésto es, a un holandés grueso y campechano. Todos hablan en un perfecto castellano (maravillas del doblaje, oiga) y se entienden a las mil maravillas entre ellos, vamos, como si se hubiesen educado en el mismo colegio. Y se llevan de perlas, y enseguida superan sus mínimas diferencias iniciales, y todos se apoyan y se respetan y ¡oh, milagro! ninguno de los tres hombres intenta beneficiarse a la ¿bella? señora de Canadá. Desde luego, el libreto es de una inmadurez casi insultante: los personajes no tienen vida propia (a excepción, quizás del de Martin Sheen), no importa de dónde vienen y nos da igual a dónde van. Por si faltaba poco, el "magnífico" casting incluye a lo más granado del cutrerío hispano-yanqui, es decir, todos aquellos actores que el cine norteamericano siempre asocia a cualquier película ambientada en España o Sudamérica (seguramente, para ellos no hay diferencia): Angela Molina, Simón Andreu, Joaquim de Almeida y Tcheky Karyo. Sólo faltan Jack Taylor y Fernando Rey, y este último porque está muerto… El elenco se completa con el mismísimo guionista y realizador, Emilio Estévez, que (¿a que no lo adivináis?) interpreta, en breves flashbacks, al hijo fallecido…



Filmada con bastante torpeza (ay, esos planos en los que los cuatro protagonistas aparecen pulcra y perfectamente alineados, con una artificiosidad antinatural) y fotografiada con pericia pero sin inspiración, "The Way" logró reunir, en su estreno lorquino, a un montón de aficionados que, éso sí, nunca sabremos si habrían acudido en igual número de haber tenido que pagar su correspondiente entrada (las proyecciones del Cine Club son de carácter gratuito). Por lo menos, todos ellos volvieron compartir la experiencia inigualable de ver cine en una pantalla grande, y ésa es la mejor conclusión que un servidor puede sacar.



Luis Campoy



Lo mejor: la masiva afluencia de público


Lo peor: el guión, Deborah Kara Unger, el soporífero desfile de tópicos


El cruce: "Al final del camino" + "La carretera"


Calificación: 4,5 (sobre 10)

viernes, 25 de febrero de 2011

Cine actualidad/ "23-F, la Película"

Dando el golpe




Raras veces se estrena una película en miércoles, pero la efeméride bien merecía la pena. Gracias a la osadía del distribuidor y, por supuesto, merced a la magia del Cine, el día 23 de Febrero de este año, a éso de las 18:20, me sentí transportado a 1981, y nuevamente pude revivir, el mismo día a la misma hora, cómo un grupo de guardias civiles comandados por Antonio Tejero tomaban el Congreso de los Diputados.



Más que una reconstrucción independiente y novedosa de los hechos acaecidos hace treinta años, "23-F, La Película" me pareció una especie de remake o puesta de largo de la celebrada miniserie "23-F, El día más difícil del Rey", que TVE produjo hace un par de temporadas. Como en aquella ocasión, se pretende recrear, con precisión documental, las impactantes imágenes que todos conservamos en nuestra retina tras haberlas visto 30 millones de veces, y, alrededor de esa columna vertebral, se realiza una reconstrucción aproximativa de lo que pudieron ser los movimientos de oposición y apoyo a la asonada golpista. Por un lado, se cuentan los esfuerzos del Rey y el Jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, para aplacar los ánimos de los sublevados, encabezados por el Capitán General de la Región Valenciana, Jaime Milans del Bosch, y el sibilino General Alfonso Armada; por otro, conocemos el patriotismo idealista de Tejero, convencido de que sólo pisoteando la Constitución podrá salvar la esencia de su amada España; y, en tercer lugar, contemplamos las vicisitudes de los políticos atrapados en el Congreso y de los periodistas que se juegan el tipo para transmitir la información necesaria.



Lo más cuestionable o lo que más molesta de "23-F, La Película" es su pretensión de no ofender a nadie, de dejar en buen lugar a todo el mundo. Por supuesto, es loable que un escritor o un director de cine que afronta la revisitación de un hecho histórico, intente ser lo más objetivo posible, y, en este sentido, lo cierto es que sólo en los cuentos (y nunca en la realidad) los buenos son completamente buenos y los malos, enteramente malos, pero de ahí a pintar un retrato casi idílico de los unos y los otros, media un buen trecho. Por una vez, hubiera sido de agradecer un mayor posicionamiento político, una toma de partido, bien del lado de los golpistas que están dispuestos a jugárselo todo para volver a un pasado menos democrático, o del lado de un monarca algo pusilánime que hasta el final no demuestra la verdadera firmeza de su posición. También carga un poco el abuso recurrente de imágenes documentales, que no pretenden otra cosa que autentificar la ficción narrada. Que sí, que es agradable volver a ver a Iñaki Gabilondo, Victoria Prego y Matías Prats con 30 añitos menos, pero se han añadido demasiados planos robados de reportajes videográficos de entonces, que podían haber sido fácilmente recreados. A veces se es más creíble cuanta más ficción se exhibe, y, por el contrario, el uso abusivo de la telerrealidad produce una sensación de racanería o, simplemente, de cobardía.



Hasta aquí, las pocas o muchas deficiencias que pueden imputársele al film, que, por lo demás, me sorprendió muy gratamente. Para empezar, resulta gratificante la profesionalidad y versatilidad del director, Chema de la Peña, autor de títulos muy poco defendibles como "Shacky Carmine" o los dos "Isi/Disi", y que aquí se transmuta en una especie de Costa Gavras ibérico que se toma el encargo con mucho aplomo y serenidad. A continuación, hay que elogiar la labor conjunta del reparto, con un sorprendente Paco Tous a la cabeza. De este Sr. Tous apenas he visto nada, tan sólo algún fragmento de algún capítulo aislado de "Los hombres de Paco", pero hay que descubrirse ante su interpretación de Tejero. No sólo es encomiable el evidente esfuerzo físico, sino que resulta asombroso el cambio de registro radical en su composición. Enhorabuena. Otro que está que se sale es Juan Diego, encarnando al General Armada, un papel de carácter que Diego resuelve con sobresaliente. Junto a Junto a ellos, tenemos a Fernando Cayo, que ya no sé cuántas veces ha encarnado al Rey Juan Carlos (aquí incluso viste el chándal del que tanto se burló el público cuando lo utilizó Juanjo Puigcorbé), al lumbrerense Ginés García Millán, también repitiendo como Adolfo Suárez, y a Mariano Venancio como un sabio Sabino Fernández Campo, que, sin embargo, cuando recita su propio nombre, se presenta como "Fernández CampoS", un error de bulto fácilmente subsanable pero difícilmente justificable.



Muy digna y bastante entretenida, "23-F la Película" no aporta nuevas respuestas y no soluciona ninguna incógnita sobre un suceso que a punto estuvo de cambiar nuestra Historia, pero al menos explicita verazmente unos hechos deplorables que, viéndolos tan clarificados, al menos parece que difícilmente podrían repetirse.



Luis Campoy



Lo mejor: Paco Tous, la reconstrucción pormenorizada


Lo peor: el exceso de corrección política, el abuso de imágenes documentales


El cruce: "23-F, El día más difícil del Rey" + "Crónica de un instante" + "Z"


Calificación: 8 (sobre 10)

miércoles, 23 de febrero de 2011

23-F, 30-A

Quieto todo el mundo!"




Pues sí, precisamente hoy se cumplen 30 años de aquella jornada que pudo ser fatídica para la joven Democracia española. Yo, por mi parte, lo recuerdo perfectamente, casi como si fuera (ante)ayer…



La mayor parte de aquel 23 de Febrero de 1981 transcurrió normal, asistiendo a mis clases de C.O.U. en el Instituto Francisco Figueras Pacheco de Alicante. Por la tarde, fui al cine en compañía de Rosi, mi primera novia, para ver una de aquellas películas de terror cutre que tanto le gustaban, y, a éso de las seis y media, los dos acudimos a una Academia de Informática en la que estábamos estudiando lenguajes de programación tan revolucionarios como Cobol (¿alguien lo recuerda?) o RPG II (éste sí que suena a chino, ¿eh?). Al llegar al centro docente, y sin siquiera dejarnos pasar del rellano de la escalera, el director nos preguntó si no sabíamos lo que había sucedido, y, cuando le dijimos que no, que no teníamos ni idea de a qué se refería, nos contó que se había producido un ataque al Congreso y se había decretado el toque de queda, por lo que se habían suspendido las clases y lo mejor que podíamos hacer era irnos corriendo a nuestras casas y permanecer en ellas sin siquiera asomar la nariz. Un tanto preocupados, tomamos el autobús, inusitadamente vacío y silencioso (por aquel entonces, ni teníamos coche ni carnet de conducir y creo recordar que ni siquiera auténtica necesidad de ninguno de ellos) y, al llegar a la parada de Benalúa, yo me bajé, y Rosi continuó hasta la de su barrio, la Ciudad de Asís (la de recuerdos que se liberan al escribir nuevamente estos nombres).



Mi madre respiró, por fin, aliviada, cuando me vio llegar; ni que decir tiene que en 1981 los teléfonos móviles eran pura ciencia ficción, y no existía forma humana de que ella pudiera averiguar dónde estaba y si me encontraba a salvo de la locura militarista que se había desatado en nuestro país. Ella lo había vivido en directo, mientras escuchaba la radio, y sus intentos de contactar tanto conmigo como con mi padre (que por aquel entonces complementaba su sueldo trabajando por las tardes en un taller), para asegurarse de que ambos nos hallábamos bien, habían fracasado hasta entonces. Afortunadamente, mi progenitor también llegó a casa antes de lo habitual, y juntos, los tres, afrontamos en compañía aquellas horas dramáticas y sobre todo inciertas. En mi aparatosa radio (que tan gratos momentos de buena música me deparó, y que me costó alguna lagrimilla cuando se rompió definitivamente y tuve que desprenderme de ella) logré sintonizar alguna que otra emisora extranjera, dado que era imposible enterarse de nada a través de las radios nacionales, que sólo emitían música clásica o incluso militar, y capté palabras aisladas como “Tejero”, “Congreso”, “Milans”, “Tanques” o “Valencia”. Desoyendo los ruegos de mi madre, me aventuré a asomarme al balcón, y me aterrorizó el hecho de comprobar cómo por ninguna de las calles de alrededor (Isabel la Católica, Foglietti, Alona) circulaba vehículo ni persona alguna; fue una imagen impactante, tal vez lo más inolvidable de todo: el aire detenido como un suspiro temeroso, la oscuridad tan sólo punteada por las farolas, y las aceras y calzadas completamente desiertas. Si a través de la radio no era posible enterarse de nada, ¿qué decir de la televisión? Sólo existían dos cadenas (la "Primera" y la "Segunda"), y enseguida fueron silenciadas y cegadas por los insurgentes. Aquella noche, como todos los lunes, TVE tenía programado su aburridísimo magazine "300 millones", que pretendía unificar a toda la población mundial que compartía el idioma castellano, y casi fue una suerte que no se emitiera, aunque sólo fuera para no tener que divulgar orbi et orbe expresiones tan cutres y ofensivas para con la lengua materna como aquel "¡Se sienten, coño!". Recuerdo que el invitado estelar de la noche iba a ser Camilo Sesto, pero quien se proclamó como el héroe de la madrugada fue el Rey, con un discurso decisivo y determinante. Don Juan Carlos condenó y desautorizó la asonada golpista, y aquéllo supuso el punto y final del momento de gloria de los sublevados. Con todo, nombres y apellidos tan "ilustres" como Alfonso Armada y Comyn, Jaime Milans del Bosch, Ricardo Pardo Zancada y, sobre todo, Antonio Tejero Molina, pasaron inmediatamente no sólo al imaginario pseudohistórico de toda una generación, sino también a la mitología de lo más casposo y cutre de lo que este país puede avergonzarse. Días después, empezaron a surgir chistes subversivos como aquel "¿En que se parecen Jesucristo y Tejero...? En que Jesucristo, con un pan y unos peces, dio de comer a los invitados a una boda, y Tejero, con un par de huevos, le dio la cena a toda España". En determinados mercadillos se pusieron de moda los botijos con la cara de un guardia civil con tricornio y cuyo pitorro representaba los atributos del más famoso “golpetero”, y un tal Juan Palacios (que, por cierto, años después se presentaría como candidato a presidente del Real Madrid) se descolgó con un single supuestamente gracioso que se titulaba "Tanguillos del Golpe".



Gracias a Dios, la cordura acabó por imponerse a las pocas horas, y la firmeza del Rey reveló que los golpistas estaban más solos de lo que parecía. El hierático Leopoldo Calvo Sotelo pudo ser proclamado nuevo Presidente del Gobierno, el ya ex-presidente Adolfo Suárez respiró tranquilo y el venerable Teniente General Gutiérrez Mellado (anciano militar que fue uno de los pocos que plantó cara a los sublevados) se convirtió en una especie de abuelo defensor de la Democracia. Mejor no pensar en lo que hubiera sucedido en esta pobre nación si se hubieran revisionado los tiempos oscuros de la dictadura militar, hipótesis a la que se hubieran enfrentado a sangre y fuego millones de demócratas convencidos. Hoy, como casi todo el mundo, tan sólo puedo congratularme de que el paso del tiempo haya convertido a todos aquellos sucesos en recuerdos más o menos subjetivos de una fecha aciaga, aunque, al mismo tiempo, no os negaré que el bombeo de la adrenalina y el hecho de que las clases se suspendieran provocaron en muchos de nosotros una especie de nerviosa euforia que, todavía hoy, me hace sentir un escalofrío cuando pienso en aquella imborrable noche de febrero.

martes, 22 de febrero de 2011

Cine actualidad/ "127 HORAS"

¿Qué serías capaz de hacer para sobrevivir?




Cuando hace dos años ví "Slumdog Millionaire", quedé tan deslumbrado y fascinado por aquella maravillosa obra de arte cinematográfica, que, conociendo la carrera anterior de su director, recuerdo haber escrito que "seguramente a Danny Boyle le había sonado la flauta por casualidad". Después de ver anoche el nuevo trabajo de Boyle, "127 horas", no me queda otro remedio que afirmar que sí, que parece que los colores de la India y los efluvios del Ganges debieron aportar una inspiración irrepetible al director inglés, inspiración que ha expirado al retornar a Occidente...



"127 horas" narra la historia real de Aron Ralston, un joven aficionado al montañismo que, explorando en solitario un accidentado cañón rocoso en Utah, permaneció atrapado por una roca en una recóndita gruta durante 5 días, tomando finalmente la decisión de amputarse él mismo el brazo que tenía aprisionado, con el fin de escapar y sobrevivir... El auténtico Ralston logró superar su traumática experiencia, recuperó su vida normal, se casó, tuvo hijos e incluso publicó su autobiografía, “Between a rock and a hard place” (título que hace referencia a la dramática elección que tuvo que tomar para subsistir), la cual le convirtió en un personaje relativamente popular.



"127 horas", la película, no era un proyecto fácil de abordar. No sólo se contaba con el hándicap de que, durante la inmensa mayoría del metraje, el protagonista iba a aparecer solo en escena, sino que todo el mundo conocía el desenlace (la amputación del brazo aprisionado), y ésto había que plasmarlo en imágenes de modo que tuviese las dosis justas de realismo y de crudeza, pero sin resultar excesivamente morboso... Las decisiones creativas de Boyle, personalmente, me repatearon de principio a fin. Para empezar, esas primeras imágenes en las que la pantalla se fragmenta, me recordaron lo peor de la estética de los setenta. Enseguida, la música de A.R. Rahman (el compositor hindú cuyo estilo y sonoridad magnificó las bellísimas imágenes de "Slumdog Millionaire") se revela como el peor enemigo del film, con un sonido discotequero y delirante que no le pega ni con cola a la tensión que se va a vivir. Eso sí, el joven James Franco (el mejor amigo de Peter Parker en los tres "Spiderman” de Sam Raimi) realiza una excelente interpretación del protagonista, que pasa de darse unos ciertos aires de superioridad al principio a tener que solicitar desesperadamente la ayuda de cualquier semejante (ayuda que no llegó) durante los momentos más duros de su odisea. Ralston/Franco constituye un ejemplo prototípico de entereza y supervivencia, y su aplomo y determinación son dignos de todo elogio. ¿Qué haríais vosotros en una situación así, prisioneros en un agujero en el que nadie podría hallaros, sin comida y sin apenas bebida...? Quizá alguno, o muchos, simplemente se hubieran resignado a lo fatalista, pero nuestro héroe fue capaz de reunir fuerzas de donde no las tenía y no dudó en utilizar una pequeña navaja (no mucho mayor que la que yo llevo en mi llavero) para amputarse el brazo que se interponía entre él y el resto de su existencia. La escenita de marras es ciertamente impactante, y quizás Boyle pudo habernos ahorrado algo de sangre y de crudeza, pero creo que era poco menos que necesario que un shock como ése tuviese lugar para que las penalidades anteriores y la explosión de libertad posterior tuviesen auténtico sentido.



Sobre la factura técnica de la película (que incluye desde la equivocada banda sonora hasta los epilépticos movimientos de cámara, pasando por una fotografía sobresaturada y un montaje sincopado), ya he argumentado anteriormente que constituyen aspectos estéticos que a un servidor no le convencieron en absoluto, lo cual no quita para que el drama sí esté representado con adecuada propiedad. Está claro que no siempre se puede dar en el clavo y que no todo lo que hacemos puede complacer a todo el mundo, así que lo mejor es quedarnos, en cualquier caso, con ese mensaje de valentía, superación y esperanza que tan bien transmite "127 horas".



Luis Campoy



Lo mejor: James Franco


Lo peor: la música, el absurdo cameo de Treat Williams haciendo de padre del protagonista


El cruce: “Máximo riesgo” + “Náufrago” + “Camino a la libertad”


Calificación: 7 (sobre 10)

lunes, 21 de febrero de 2011

Cine actualidad/ "CISNE NEGRO"

Puro cine




Aunque siempre digamos, con la boca bien llena, que el Cine es o debería ser la mezcla perfecta de la imagen, la palabra escrita y hablada y el sonido en su forma más sensorial, no cabe duda de que, ya en su definición (¿o ya os habéis olvidado de que "Cinematógrafo" significa "Imagen en movimiento"), lo básico y principal del Séptimo Arte es el lenguaje visual, que en determinadas ocasiones se alza triunfante sobre todas las otras disciplinas. Es el caso de "Cisne negro", el nuevo film del realizador neoyorkino Darren Aronofsky, que posée una estética tan poderosa y fascinante que casi hace innecesario todo lo demás.



La nominada al Oscar Natalie Portman interpreta a Nina, una joven bailarina que sueña con lograr el doble papel protagonista en un nuevo montaje de "El lago de los cisnes", a cuya consecución se entregará física, mental y espiritualmente, sin darse cuenta de que su sueño se está convirtiendo en una obsesión de la que no puede escapar...



Creo que "Cisne negro" puede entenderse de muchas maneras (como drama psicológico, como film sobre ballet, como cinta de terror), y en todas ellas puede ser disfrutada de principio a fin y en cada uno de sus fotogramas. Hacía tiempo que en una sala de cine no me pasaba tan buen/mal rato, sufriendo juntamente con la protagonista, compartiendo su martirio en busca de la perfección y preguntándome si sus percepciones eran certeras o infundadas. De un modo parecido a lo que sucedía con Leonardo DiCaprio en "Shutter Island", vivimos junto a Nina casi cada hora de su existencia, la seguimos allí a donde va... pero de repente nos damos cuenta de que, muy posiblemente, lo que ella cree que le sucede tan sólo tiene lugar en algún lugar de su mente enferma. Claro que pretender distinguir la realidad de la ficción puede no tener ningún sentido, no cuando, tanto la una como la otra, están narradas con una poesía visual arrebatadora y subyugante.



Por una vez, tengo que admitir que los múltiples errores de guión, las (más bien ñoñas) provocaciones a la moralidad del respetable (la escena de la masturbación, la de sexo lésbico...) e incluso la deplorable interpretación de algún que otro actor (el insufrible Vincent Cassel) no consiguen ni por un momento hacerle sombra a una puesta en escena sencillamente magistral, que utiliza la fotografía, el color (ese contraste perfecto entre lo blanco y lo negro), el sonido y la música para abducir al espectador y teleportarle a un viaje sin retorno en el que sólo importa el disfrute inmediato y sensorial, en el que el bien y el mal, la cordura y la locura, son las dos caras de una moneda que constituye un tesoro de numismática belleza.



Natalie Portman está ganando todos los premios habidos y por haber, y estoy convencido de que el Oscar ya lleva su nombre inscrito, porque realiza el mejor papel de toda su carrera y porque su imagen es de ésas que jamás se olvidan. Portman logra resultar igualmente convincente cuando encarna a la Nina ingenua y virginal y cuando recrea al Cisne Negro pérfido y sensual, equilibrada incluso en su locura y bailando casi como una profesional. Barbara Hershey, que en los primeros 80 también hizo de enajenada en "El ente", es ahora la madre inoculante y posesiva, en un registro radicalmente distinto al que en su día compusiera Piper Laurie en "Carrie", a pesar de que ambos roles son equiparables. Mila Kunis da vida a la rival de Nina (ya sea en la realidad o en la locura), una recuperada pero poco lucida Winona Ryder interpreta a una diva rota y desquiciada y el ya citado Vincent Cassel asume el personaje del director teatral, uno de los puntos débiles del film.



Al igual que dije hace un par de años con relación a "Slumdog Millionaire", "Cisne negro" es cine puro, la conjunción quasi perfecta de la imagen y el sonido, es poesía hecha terror, es terror hecho danza y es danza convertida en (Séptimo) Arte. No seáis bobos y corred al cine a ver esta película, que jamás podrá disfrutarse igual en la reducida pantalla de un ordenador.



Luis Campoy



Lo mejor: Natalie Portman, la puesta en escena, el sonido, la inmortal música de Tchaikovsky


Lo peor: Vincent Cassel, las fáciles trampas de guión


El cruce: "Las zapatillas rojas" + "Shutter Island" + "Carrie"


Calificación: 9 (sobre 10)

martes, 15 de febrero de 2011

Cine actualidad/ "VALOR DE LEY"

La enésima resurrección del western




Hace más de cuatro décadas que el estreno de un western constituye poco menos que un acontecimiento, más o menos desde que el público yanqui se cansó de la proliferación de títulos de temática y estética semejante, y desde que el resto del mundo se aburrió de tanto caballo, tanto colt y tanto indio. Fenómenos como John Wayne, el eterno vaquero impasible, serían impensables hoy en día, y no creo que sea casualidad que sea precisamente "Valor de ley", la única película por la que "El Duque" obtuvo un Oscar, la que los Hermanos Coen han elegido para ser objeto de un respetuoso remake.



Una adolescente cuyo padre ha sido asesinado decide no permanecer impasible, y contrata a un viejo marshall para que dé caza al malvado pistolero, antes de que se interne en territorio indio... El argumento, que ha permanecido inalterable desde la versión original (que dirigió Henry Hathaway en 1969), se basa en una novela escrita por Charles Portis, en la que se contaba una historia de persecución y venganza, típica del género, sin escatimar crudeza y violencia a pesar de estar narrada desde la perspectiva de una niña de catorce años, que en el curso de la historia maduraría inexorablemente.



Para "sustituir" al insustituíble John Wayne, los Coen no se han calentado mucho la cabeza, y han echado mano del estupendo Jeff Bridges, al que ya dirigieran en la celebrada "El Gran Lebowski" doce años atrás. Bridges, que cuenta ya con 61 abriles en sus botas, podría decirse que está viviendo su momento de máxima popularidad, tras incorporar al villano en el primer "Iron Man", ganar el Oscar por "Corazón rebelde" y realizar un doble papel en la muy exitosa "Tron Legacy". Está claro que su parcheado Rooster Cogburn no pretende en ningún caso emular al de Wayne, y a su favor hay que decir que realiza un enorme trabajo, desaliñado, envejecido y antipático, montando a caballo y disparando (ambas cosas a la vez) y habiendo pasado meses ensayando una peculiar pronunciación que se pierde tras el doblaje español. Bridges está de cine, sí, pero la que deslumbra y sorprende es la joven Hailee Steinfeld, todo un prodigio de frescura, atrevimiento y temple. Un hallazgo que de seguro tendrá continuidad. Matt Damon y Josh Brolin (muy prolíficos últimamente) también participan en el film, sosísimo el primero y demasiado efímero el segundo.



En estos tiempos de cine para adolescentes (agilipollados), sorprende que una película como "Valor de ley" haya obtenido unas recaudaciones tan cuantiosas que han excedido los más locos sueños de sus creadores, y el motivo hay que buscarlo tanto en la presencia de Bridges y Damon como en la propia mítica del Far West, que, como dije al principio, ha pasado de ser un género trilladísimo (por el uso abusivo que de él se hizo entre los años 40 y 60 del pasado siglo) a convertirse en una rara avis en vías de extinción, lo cual al parecer engancha mucho al público. Eso sí, de principio a fin rezuma un look clásico nada experimental y nada rupturista, beneficiado por la bellísima fotografía de Roger Deakins y la correcta partitura de Carter Burwell, el compositor habitual de los Coen Brothers. No sé si ganará la mayoría de los 10 Oscars a los que aspira (sería muy raro que Bridges repitiese, máxime en el año en que Colin Firth está ganándolo todo), pero reverdecer tan dignamente un género que tradicionalmente se considera moribundo y, además, haberlo hecho con garra y contando con el beneplácito de la audiencia, ya constituye un premio en sí mismo.



P.D.: Al igual que la primera “Valor de ley” tuvo una continuación, “El rifle y la Biblia”, también interpretada por John Wayne al que se le unió nada menos que Katharine Hepburn, ¿por qué no realizar también el remake de aquella secuela? Yo propongo a la ilustre Meryl Streep para acompañar a Bridges…




Luis Campoy



Lo mejor: Jeff Bridges, Hailee Steinfeld, la fotografía


Lo peor: Matt Damon, más insulso aún que de costumbre


El cruce: "Valor de ley" (1969) + "El jinete pálido" + "El fuera de la ley"


Calificación: 8,75 (sobre 10)

viernes, 11 de febrero de 2011

Aromas de hospital

"Espera, que te voy a limpiar el culo"... Si alguien me llega a decir que esta cantinela seria lo que iba a escuchar un viernes, en los prolegómenos del fin de semana, seguramente no me lo habría creído. Si alguien hubiera intentado convencerme de que mis fosas nasales me permitirían degustar tan humanos efluvios, me hubiera negado a aceptarlo. Pero la vida es así . A mi padre, que, con casi 85 primaveras a cuestas, me maravillaba lo bien que estaba en todos los sentidos, le castigó el destino el otro día, en forma de traicionera trombosis. Por fortuna, el zarpazo ha sido leve y tan sólo se nota su enfermedad en una cierta ininteligibilidad cuando habla, así como en una mínima imprecisión de movimientos en la mano derecha. Pero no queda otro remedio que tenerle aquí hospitalizado, en una luminosa habitación en la que el compañero de cama padece, el pobre, desórdenes esofágicos de consecuencias muy poco halagüeñas. Así es la vida, amigos. Un día creemos que lo tenemos todo o casi todo, y al día siguiente la suerte se caga en nuestras precarias sensaciones de estabilidad. Todo eso me lleva a acordarme de Robin Williams en su brillante interpretación en "El club de los poetas muertos": "Carpe diem", muchachos, vivid cada momento como si fuese el último... entre otras cosas porque puede serlo realmente.

martes, 8 de febrero de 2011

Cine actualidad/ “R.E.D.”


La arruga es bella… y la experiencia es un grado



Uno de los aspectos más reprobables de esta patética sociedad en la que nos ha tocado vivir es que nos sentimos sujetos a una serie de requerimientos debidos a la presión de los medios de comunicación, que desde que nacemos nos inculcan, en nuestras frágiles mentes de bebé, absurdas ideas preconcebidas como que la belleza está en el exterior de los cuerpos y que la vida se acaba cuando uno se jubila. Es más, estoy convencido de que, sin la influencia nociva de la publicidad de determinados yogures y colonias, no sería imposible volver a darnos cuenta de que la hermosura radica en el interior de las personas y de que la arruga no sólo es bella, sino que la experiencia y la sabiduría acumulada de nuestros mayores son fuentes de conocimiento que debemos honrar y aprovechar. Todo ésto viene a cuento del esquema argumental de la película que nos ocupa, "R.E.D.", en la que se evidencia, no sin cierta sorna, que en ocasiones la madurez es más valiosa que la juventud.



Bruce Willis interpreta en “R.E.D.” a un agente de la CIA recién jubilado y que, tras sufrir un atentado del que sale ileso, descubre la existencia de un complot para borrar del mapa a sus antiguos compañeros de armas, los cuales llevan ahora vidas en apariencia normales y relajadas. Así, tendrá que ir contactando con ellos y convenciéndoles para que tomen de nuevo las pistolas y las ametralladoras para una última y excitante misión...



Basada en un comic escrito por el cáustico Warren Ellis, "R.E.D." basa su atractivo en la presencia no sólo de un Bruce Willis al que Ricky Gervais, el presentador de la última gala de los Globos de Oro, se refirió como "el abuelo de Ashton Kutcher" (recordemos que Kutcher está actualmente casado con Demi Moore, la ex-mujer de Willis), sino de todo un elenco de ilustres veteranos en el que podemos encontrar a Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren, Richard Dreyfuss, Brian Cox, James Remar e incluso al nonagenario Ernest Borgnine. Juntar a toda esta constelación de gloriosos secundarios merecía un producto de más entidad, pero supongo que el comic de Ennis constituía una ocasión única para que todos ellos se soltaran el pelo, se fueran de marcha unas semanas y además pudieran darse el gustazo de zurrarles a unos cuantos zagalones que ni les llegan ni les llegarán a la altura de los zapatos.



Con una profusión de medios de lo más holgada, "R.E.D." (siglas, supuestamente, de “Red de Espías Desactivados”) ha sido dirigida por el alemán Robert Schwentke, autor de la algo decepcionante "Plan de vuelo: Desaparecida". Como he dicho antes, resulta un poco triste que, por una vez que se puede contar con un reparto así y con un presupuesto tan desahogado, no se hayan sabido cuidar un poco más algunos detalles que chirrían un poco, como el guión y la música. En su traslación al cine, el libreto ha perdido casi toda la corrosividad y causticidad de la historieta original, así como una parte de su (necesaria) violencia. Supongo que alguien pensó que no estaba del todo bien que unos "vejetes" se merendaran sin compasión a unos jovenzuelos chulitos y creídos. Pero lo más irritante de todo es la banda sonora a cargo de Christophe Beck, orquestada como si el Lalo Schifrin más setentero y cutre se hubiese plagiado a sí mismo en cualquiera de sus peores trabajos. La música supone un punto de ruptura para con la imagen, hace que hasta los momentos relativamente dramáticos parezcan de chiste y, por tanto, impide que se pueda gozar de la película.



Junto a Willis y compañía, se dejan ver una muy bien conservada Mary-Louise Parker, un desaprovechado Julian McMahon y el ascendente Karl Urban, todos ellos (salvo el último) brindando interpretaciones un tanto ambiguas y algo desequilibradas, cualidades igualmente aplicables a la totalidad de la película.



Luis Campoy



Lo mejor: Bruce Willis, que todavía está para hacer muchas más películas de acción


Lo peor: la banda sonora de Christophe Beck, el mayor enemigo del film


El cruce: "Commando" + "El equipo A" + "Cocoon"


Calificación: 6,5 (sobre 10)

lunes, 7 de febrero de 2011

Cortometrajes/ "25 GRADOS"

Contra el maltrato... medioambiental




La UCAM (Universidad Católica San Antonio) de Murcia ha convocado el II Festival Ecológico de Microcortos "La Luciérnaga fundida", certamen en el que se pretende que los participantes agucen su ingenio para narrar historias breves relacionadas con la protección y conservación del medio ambiente. Uno de los concursantes es mi querido amigo Jose Ruiz Montalván, “Monty”, famoso por su asombrosa facilidad para hacer amigos y, sobre todo, por su capacidad innata para hacer realidad sus sueños.



Conocí a Monty hace casi 20 años, cuando yo hacía un programa radiofónico titulado "Pantalla Grande" y él era uno de mis más fieles y entusiastas oyentes, tanto que logró involucrar a sus hermanos para que me escucharan también. A partir de ahí, siempre espoleados por nuestra común pasión por el Séptimo Arte, comenzamos a disfrutar una amistad "de cine", de tal modo que veíamos montones de películas juntos, compartíamos madrugadas de Oscar y tardes de maratones galácticos, e incluso tuve en él a un colaborador de lujo cuando abordé mi segunda película, "Sangre". Durante la II Primavera Cinematográfica de Lorca (1998), Jose culminó su ilusión de conocer a lo más florido del panorama fílmico español, y logró "cazar" a Mar Flores, Neus Asensi y, sobre todo, al inclasificable Santiago Segura, en plena promoción del primer "Torrente". Monty es de esas personas para quienes la Amistad es lo primero, y ha sabido como nadie conjugar sus actividades profesionales con su desarrollo personal. Debe haber pocos rincones del mundo donde no haya estado, y en todos los lugares que ha visitado ha dejado merecida huella. Cada vez que le he necesitado para alguna actividad radiofónica, no ha dudado en acudir allí donde haya sido menester, y nuestra ya vieja camaradería se ha visto prolongada con nuestra participación en el entrañable CineClub Paradiso de Lorca, hasta el punto de que no duda en presentarme como su "mentor", siendo él para mí, mi más aventajado "discípulo". Tanto o más loco por el Cine que yo mismo, no hace mucho que colaboró con nuestro común colega Domingo Jiménez en su película "40 grados" (inolvidable su esquizofrénica composición), y en los últimos tiempos ha seguido desarrollando su inventiva creando pequeñas grandes obras, algunas de ellas elaboradas con la cámara de un teléfono móvil. "5vertura" o "Tiempo" pertenecen a esta última etapa, donde su entrega e inspiración han remontado definitivamente el vuelo.



Escrita y dirigida por Jesús Martínez, "25 grados" constituye una nueva participación de Monty en un corto no realizado oficialmente por él. La mini-película narra el interrogatorio al que son sometidos un hombre y una mujer por parte de un policía, acusados de haber provocado la muerte de un ser vivo merced a sus hábitos poco recomendables. En un tono netamente cómico, el director y guionista aprovecha para ser crítico a la par que didáctico, con un final tan hilarante como inesperado.



Sólo tres actores aparecen en pantalla durante los casi 3 minutos que dura "25 grados". Isidro Montoya es el policía, Virgina Moreno interpreta a la esposa y Monty encarna al marido poco responsable para con el medio ambiente, con su gracejo habitual pero, éso sí (perdóname y acepta esta mini crítica constructiva), con una dicción un tanto mejorable. Junto con la siempre estimulante presencia de mi amigo, quiero destacar el buen trabajo de montaje, que resuelve con agilidad un clásico esquema de "plano/contraplano", y el refrescante trabajo interpretativo de Virgina Moreno, todo un descubrimiento.



El desenlace final de "25 grados" (que, lógicamente, no voy a destripar) no es ni mucho menos halagüeño para con un empleado de Iberdrola, pero, bromas aparte, se agradece que un mensaje ecologista sea narrado con ese estilo de “luminosa crónica negra” parida en clave de humor. Esperemos que el resultado final del concurso ensalce a esta original propuesta en la que, para mí, se aúnan el Cine y la Amistad. ¡Suerte, señor Monty!.



Luis Campoy



Lo mejor: el montaje, Virginia Moreno


Lo peor: algunos problemillas de vocalización


El cruce: "Sospechosos habituales" + "Escenas de matrimonio"


La sugerencia: a ver si la siguiente película de Monty logra prescindir de un numeral y la palabra "Grados" en el título...


martes, 1 de febrero de 2011

Cine actualidad/ "EL DISCURSO DEL REY"

Aprendiendo a hablar





Está nominada a 12 Oscars, que son esas estatuíllas que representan a un guerrero dorado, calvo y desnudo que simbolizan, si no el prestigio, sí al menos la mayor pátina de comercialidad a la que una película puede aspirar. "El discurso del rey" representa la cuota de calidad "british" que tradicionalmente los yanquis admiten cada año, para que no se les acuse de chauvinistas que tan sólo se miran el propio ombligo. Efectivamente, es tradicional que en cada temporada se ensalce a un film inglés que aúna sobrias interpretaciones, un guión meticuloso y, sobre todo, un despliegue magistral de decorados y vestuarios "de época".



El hijo menor del rey Jorge V, conocido íntimamente como Bertie, no es en principio el heredero de la corona, pero la muerte de su padre y la abdicación de su hermano le obligan a ser proclamado monarca de Inglaterra bajo el nombre de Jorge VI. Aterrorizado por el tartamudeo que le impide hablar en público, recurre a un peculiar logopeda que se acabará por convertir en una persona imprescindible para él...



Una vez vista "El discurso del rey", hay que reconocer que, a nivel estético, se trata de una producción irreprochablemente facturada, lo cual, como digo, es lo habitual en este tipo de films. También es innegable que sus dos protagonistas masculinos, Colin Firth y Geoffrey Rush, realizan un trabajo más que correcto. Con todo, detecto un sutil infantilismo en la concepción del proyecto como tal, patente en la resolución no sólo de determinadas escenas intencionadamente cómicas, sino de otras supuestamente dramáticas pero cuyo dramatismo tiene un cariz juvenil o directamente "disneyano" que resulta muy chocante. Me atrevería a decir que "El discurso del rey" sólo se diferencia de, por ejemplo, "Princesa por sorpresa", en que es más ambiciosa y tiene más pretensiones historicistas, pero el tono e incluso la narración no son demasiado diferentes.



En cuanto a los actores, Colin Firth está bastante bien, éso es evidente, pero uno no deja de pensar en que hacer de tartamudo es más lucido que hacer de persona "normal", que es la tarea que desempeña su partenaire Geoffrey Rush. Es muy posible que Firth obtenga el Oscar al Mejor Actor protagonista, como en su día hicieron tantos intérpretes que recrearon personajes con taras físicas o mentales, pero, para mí, quien realmente se lleva el gato al agua en cada escena es Rush, nominado como Actor Secundario (y éso que prácticamente aparece en pantalla los mismos minutos que su compañero) y que, como en él es habitual, realiza un trabajo sobrio, inspirado y espléndido. Menos afortunados están Helena Bonham-Carter y Timothy Spall, ella como la nueva reina y él como un caricaturesco Winston Churchill. Guy Pearce, por su parte, se convierte en el brevísimo rey Eduardo, que cambió el trono por la divorciada Wallis Simpson.



Respetuosamente tibia y políticamente correcta para con todo el mundo, "El discurso del rey" retrata a la familia real británica (Jorge VI fue el padre de la actual reina Isabel) de un modo tan previsible que no puede sino resultar simpático, pero, bajo su pretensión de reflejar la vida en la corte, donde triunfa es en el retrato de un logopeda autodidacta que emigró desde Australia para convertirse en la conciencia de un rey.



Luis Campoy



Lo mejor: Colin Firth y, especialmente, Geoffrey Rush


Lo peor: la sensación de que estamos viendo una película juvenil hiperdesarrollada


El cruce: "La locura del rey Jorge" + "Princesa por sorpresa" + "Shine"


Calificación: 8 (sobre 10)