contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

lunes, 31 de enero de 2011

Hércules contra un titán

Cuando mi amigo Eugenio me dijo que teníamos unas entradas en la segunda fila para el Hércules-Barça, me alegré muchísimo. No sabía que la barrera de protección nos iba a impedir ver las líneas del campo, ni mucho menos que durante el partido íbamos a tener plantado delante nuestro a un guardia de seguridad, por cierto bastante cachondo...



El día había empezado ante una tostada y el diario "Sport", la biblia del buen culé. A continuación, un tren me llevó hasta Alicante, mi adorada ciudad natal, a la que no acudía en calidad de hijo pródigo vuelto del exilio, sino como hincha del mejor equipo del mundo, el Fútbol Club Barcelona. En otras palabras, por mucho que un servidor hubiera nacido en Alacant, ni intentándolo hubiera podido desear que el Hércules derrotase al Barça.



Nada más llegar a Alicante, me dirigí a la calle Mayor, donde, con fachada principal que da a la calle Altamira, se halla el Hotel Amérigo, al que recién acababan de llegar los futbolistas catalanes. Mucha gente portando camisetas y bufandas blaugranas, pero nula presencia de los cracks de Guardiola en las ventanas y balcones de sus habitaciones. La policía había acordonado la calle, y dentro del cordón había quedado el autobús de la expedición, ante al cual, cómo no, me hice varias fotos para el recuerdo.



Dando por hecho que permanecer como un pasmarote ante el hotel no me garantizaba nada, opté por irme a comer y, muy poquito después, iniciar el ascenso a pie hacia el estadio José Rico Pérez, al que hacía como veinticinco años que no acudía. También allí había un sinfín de seguidores del Barça, no sé si venidos de la lejana Cataluña o de cualquier territorio más cercano, enarbolando sus banderas sin miedo a ser linchados por la hinchada anfitriona herculana. Como dije al principio, nuestro sitio parecía en teoría una bendición de los dioses, por la cercanía que tendríamos con respecto a los jugadores, pero la realidad fue que la proximidad al nivel del campo nos iba a restar perspectiva, y éso sin mencionar la aparición del cariacontecido guardia de seguridad de marras, que se nos plantó delante cual árbol inamovible y nos dividió irreparablemente el campo de visión en dos campitos menores, uno a la izquierda y el otro a la derecha.



A éso de las siete y cinco se escuchó una ovación estruendosa, señal inequívoca de que el autobús barcelonista había arribado al estadio. Pocos minutos después, unos ateridos Xavi, Milito, Mascherano, Pedro y Busquets se asomaron al campo, y las palmas de unos se solaparon con los (mayoritarios) pitidos de otros. Al rato, la práctica totalidad de la plantilla ganadora de tanto título y tanta copa comenzó a hacer sus habituales ejercicios de calentamiento. Messi, Iniesta, Xavi y Villa son tan pequeños como talentosos, y viéndolos al natural parecían lo que en realidad son: muchachos que se divierten practicando un juego en el que son maestros. Pinto, el portero suplente, vino a recoger un balón justo debajo de nosotros, y el francés Abidal se dio un par de carreras luciendo sus piernas de ébano.



Dio comienzo el partido y enseguida comprobamos que los cien euros que nos costó cada entrada no proporcionan una visualización tan clara de la jugada como la que te dan las retransmisiones televisivas. Naturalmente que el ambiente es incomparable y que tener ante tí a esos astros no tiene precio, pero las jugadas que se desarrollaban en las proximidades de las dos porterías prácticamente no se apreciaban. Maxwell, Iniesta y Villa en la primera parte, y Alves, Xavi y Pedro en la segunda pasaron mil veces por mi lado, y a veces se detenían, aunque jamás giraron la cabeza hacia las gradas cuando unos aficionados les llamaban y otros les insultaban, señal de su máxima concentración. Una cosa que me llamó mucho la atención fue la (no digo que ilógica) subjetividad y parcialidad del público anfitrión que, no lo olvidemos, tiene al Hércules como equipo titular. Para ellos parecía que se jugaba un partido diametralmente opuesto al que yo estaba contemplando. Para ellos, los jugadores del Barça eran unos sinvergüenzas y unos hijos de puta, y los herculanos una especie de Hermanitas de la Caridad. Si un azulgrana derribaba a un blanquiazul, aquél era un vándalo sin escrúpulos, pero, si sucedía al revés, la culpa era de los catalanes, que "eran de mantequilla" y "no se les podía ni rozar". Si el árbitro pitaba una falta a favor del equipo local, la gente le vitoreaba, pero, si se la pitaba a los azulgranas, "estaba favoreciendo al poderoso en detrimento del pobre recién ascendido" (ésto era más o menos lo que murmuraban un par de herculanos que se sentaban detrás mío, en un virulento valenciano). Dani Alves, como sucede siempre, fue el foco prioritario de los odios del ¿respetable?, sobre todo desde que un jugador herculano le zurró a conciencia y Alves se retorció por los suelos durante unos minutos... sólo para levantarse como una rosa una vez el colegiado señaló la oportuna falta.


Los minutos pasaban y el Hércules parecía dispuesto a repetir la hazaña del Camp Nou (fue el único equipo que venció al Barça en un partido de Liga). Tote, Valdez, Trezeguet y compañía incomodaban bastante a los pupilos de Pep, que apenas podían desarrollar su tikitaka habitual. El propio Trezeguet estuvo a punto de lograr un gol que hubiera sido fundamental, pero erró, cosa que Pedro, en las postrimerías del primer tiempo, no hizo. Con el 0-1 en el marcador dio comienzo la segunda parte, y poco a poco pudimos disfrutar de ese fútbol primoroso que sólo el Barcelona sabe practicar. El Hércules hizo sus cambios, pero de poco sirvió. Guardiola, por su parte, dio salida a Keita, a Nolito y al recién llegado Afellay, en detrimento de Xavi, Pedro e Iniesta (que fue aplaudido por casi todo el mundo). Cuando faltaban diez minutos para el final, el veterano Farinós, recién salido de una larga lesión, fue expulsado por doble amonestación, y los hombres de Pep vieron más claro el modo de llegar hasta los dominios de Calatayud. Messi lo logró con su agilidad y velocidad habituales, y, al cabo de pocos minutos, el argentino también anotó el 0-3 que sería definitivo. Es curioso lo de Leo. Durante toda la primera parte se limitó a pasearse, caminando, por entre una nube de contrarios que de seguro le temían, pero en el momento decisivo se dio un par de carrerones y decidió el partido él solito. Supongo que éso es lo que le convierte en el mejor del mundo.



Con una versión instrumental del viejo himno del Hércules que tantos recuerdos me traía, terminó el espectáculo futbolístico y el Barcelona, ignorante de que su máximo rival iba a pinchar al día siguiente ante el modesto Osasuna de Camacho, se regresó a la Ciudad Condal para dormir en un colchón de siete puntos. Anoche, una vez conocido el traspiés de los de Mourinho, mi amiga Marta me envió un SMS que decía: "¿Conoces el cuento de Barçanieves y los Siete Puntitos?". Así, entre cuentos y humor, concluyó el fin de semana en que, más de medio año después, volví a mi Alicante, del cual regresé con el corazón henchido de gozo tras volver a ver a mi mejor amigo, y, éso sí, un poquitín triste porque la victoria del Barcelona conllevaba la consiguiente derrota del equipo de mi tierra. Con todo, hay derrotas que lo son menos porque se ha luchado y caído con honor, y no hay que olvidar que el Hércules tuvo enfrente a un auténtico Titán.

viernes, 28 de enero de 2011

Teatro actualidad/ "LA RATONERA"

Ocho ratoncitos atrapados




Agatha Christie, la Reina del Suspense, creadora de Hercules Poirot y Miss Marple y autora de infinidad de relatos de misterio, estrenó "The Mousetrap" ("La ratonera") en Londres en el año 1952. Desde entonces y tras 58 años ininterrumpidos, la obra continúa representándose en la capital británica, con un éxito de público sin precedentes.



Al igual que "Diez negritos" o incluso "Asesinato en el Orient Express", la obra se desarrolla en un escenario de dimensiones reducidas, en el cual los personajes protagonistas están sometidos a la claustrofobia y a las inclemencias metereológicas externas. En "La ratonera", la acción se desarrolla en una vieja mansión reconvertida en hostal por sus propietarios, un joven matrimonio que no cuenta con personal adicional de servicio. A esta pensión, alejada del mundanal ruido y que presumiblemente va a quedar completamente aislada a casusa de un temporal de nieve, van llegando los cinco huéspedes que van a alojarse en las cinco únicas habitaciones disponibles, y finalmente entrará en escena un inspector de policía con la misión de resolver un asesinato del que todos pueden ser sospechosos...



Una vez visto este nuevo montaje de "La ratonera" que estos días está recorriendo la geografía murciana, lo primero que tengo que decir es que me declaro absolutamente incapaz de entender o explicar por qué esta obra lleva tanto tiempo en cartel. Obviamente, el fenómeno londinense es difícilmente extrapolable, presenta otro montaje, está recitado en otro idioma e interpretado por otros actores y, ¿qué diablos?, quizás esté siendo acogido con más predisposición y benevolencia por parte del peculiar público británico. Lo cierto es que, como digo, viendo anoche esta obra que dirige Víctor Conde, me pasé todo el tiempo tratando de compararla mentalmente con su hermana mayor inglesa, que no tengo el gusto de conocer.



El argumento de "La ratonera" no reviste, como dije anteriormente, ningún atisbo de originalidad, nada que no hayamos visto ya tropecientas mil veces e incluso en decenas de textos de la misma autora. Si acaso, cabría imputarle a doña Agatha el honor de haber sido, en el siglo pasado, pionera en transitar por primera vez el terreno del thriller de suspense en el que en un escenario opresivo se produce un asesinato del cual todo el mundo puede ser culpable, pero todo ello ya ha quedado tan superado en la actualidad que a nadie puede sorprender. El aliciente, pues, habría que buscarlo en la puesta en escena o directamente en el elenco actoral, que fue el motivo por el cual yo acudí al Teatro Guerra de Lorca. Al frente del reparto figura María Castro, popular por su interpretación en la serie televisiva "Sin tetas no hay paraíso", y la acompañan siete actores más, algunos más bien poco conocidos (Guillermo Barrientos, Alvaro Roig, Guillermo Muñoz y Maribel Ripoll), y otros, sobre todo uno, Manuel Baqueiro, que fue mi "gancho" (los dos restantes son Paco Churruca y Aroa Gimeno), que aparecen o han aparecido en mi culebrón de cabecera, "Amar en tiempos revueltos". Pero, ay, tampoco puede decirse que la interpretación de todos ellos vaya a pasar a los anales del teatro español. En general, el nivel medio de las actuaciones roza apenas la corrección, por mucho que me entristezca reconocerlo. Manuel "Marcelino" Baqueiro es un chico simpático, dentro y fuera de la pantalla, pero no sabe otorgarle a su personaje el dramatismo y la ambigüedad necesarios; la sensación que me produjo fue que estaba representando una función universitaria, ante un público ganado de antemano que aceptaría con condescendencia el giro final de su personaje. María Castro me sorprendió gratamente, pero le falta seguridad y confianza en sí misma (tablas, vamos), nada que el tiempo no pueda proporcionarle. Guillermo Muñoz pretende hacer un arte de la sobreactuación, pero no cuela: sus subidas y bajadas de tono y sus gestos grandilocuentes adquieren, sin ton ni son, mucho más protagonismo del necesario. El resto de secundarios cumplen con unos personajes aparentemente fáciles (el marido servicial, el coronel retirado, la solterona cascarrabias y la lesbiana de armas tomar), y sólo Paco Churruca sabe cómo sacar petróleo de un papel menor, confirmando una vez más aquella máxima que reza: "No hay papeles pequeños, sino actores pequeños".



Lo mejor de "La ratonera" es la excelente escenografía diseñada por Ana Garay (autora también de los figurines), que realmente parece tener vida propia. Dos niveles (el superior no se muestra, pero existe), elementos de atrezzo tan elegantes como funcionales y un espacio escénico que engrandece asombrosamente el pequeño escenario del Guerra. Una puesta en escena muy notable, a juego con una luminotecnia también satisfactoria.



Es evidente que esta versión de "La ratonera" no va a permanecer en cartel durante cincuenta y cinco años, pero creo que tampoco se trataba de éso. Es una obra famosa, no requiere un gran esfuerzo intelectual y cuenta con varios actores conocidos en su reparto. ¿Qué más necesita el público para llenar un teatro y disfrutar un rato ameno?



Luis Campoy



Lo mejor: la escenografía, Paco Churruca


Lo peor: verla pretendiendo buscar la clave de su longevidad


El cruce: "Diez negritos" + "Asesinato en el Orient Express"


Calificación: 7 (sobre 10)


jueves, 27 de enero de 2011

Cine actualidad/ "MÁS ALLÁ DE LA VIDA"

Más acá de “Ghost”




Con 80 años cumplidos, parece que el veteranísimo y venerabilísimo Clint Eastwood tiene ganas de cualquier cosa menos de morirse. Quizás por éso ha dirigido "Más allá de la vida", un film que intenta ahondar en la teoría, universalmente extendida, de que la muerte no es el final del camino...



Un parapsicólogo norteamericano que puede comunicarse con los muertos pero no considera esta facultad como un don sino como una maldición, una periodista francesa que durante un tsunami permaneció muerta unos segundos y luego volvió a la vida y un niño inglés cuyo hermano mellizo acaba de fallecer en un accidente automovilístico son los tres protagonistas de tres historias aparentemente sin conexión alguna, pero que al final acaban cruzándose…



¿Qué hay más allá de la vida? Para Eastwood, nada excesivamente original o que no hayamos visto cien millones de veces antes: una luminosidad blanca y cegadora, y siluetas de seres queridos que salen a nuestro encuentro. Desde luego, el realizador de "Gran Torino" no se ha calentado excesivamente la cabeza en este sentido, pues su visión del más allá parece calcada de "Ghost", un film, por cierto, injustamente olvidado y menospreciado que aprovecho para reivindicar. Pero si a nivel formal "Más allá de la vida" no resulta para nada original, tampoco se luce mucho argumentalmente. El verdadero parapsicólogo intenta llevar una vida alejado de lo sobrenatural, pero su facilidad no buscada para contactar con los espíritus no le permite el descanso que necesita. A su vez, la periodista está obsesionada con las imágenes que vio durante su breve experiencia mortuoria, y sólo puede liberarse plasmando su vivencia en un libro. Finalmente, el niño londinense, cuya madre drogadicta ya no puede cuidarle, será confiado a un hogar de adopción, en el que no podrá hallar la tranquilidad sin buscar el modo de comunicarse con su hermano prematuramente desaparecido. El ir y venir de una historia a otra, de un escenario a otro, no está narrado con la agilidad necesaria, e incluso adolece de una serie de tópicos muy poco satisfactorios. ¿De verdad hace falta que, para que sepamos que vamos a permanecer unos minutos al lado de la periodista, cada vez que la acción se traslada a Francia, Eastwood nos inserte un plano de la Torre Eiffel o el Arco de Triunfo? ¿Era necesario que, en casi cada escena en la que aparece el niño, también salgan, como si de buitres carroñeros se tratara, los dos funcionarios de los Servicios Sociales que parecen siameses inseparables? De las tres tramas principales, la única que sale más o menos bien parada es la del médium que interpreta Matt Damon ("El caso Bourne" y sus secuelas), un actor a priori nada indicado para al personaje, y al que Eastwood le ofreció el papel tras haber colaborado juntos en "Invictus". Con todo, Damon se defiende lo mejor que puede, y en torno a él se construye una subtrama acerca de un curso de cocina en la que aparece una casi irreconocible Bryce Dallas Howard, que para mí es lo más acertado de toda la película. Por el contrario, todo lo que acontece a la mujer francesa (encarnada por la actriz Cecile de France, ¡más française imposible!) está contado con visible desgana y frialdad, resultándome particularmente bochornoso su encuentro con una doctora suiza (encarnada por una recuperada Marthe Keller) con la que lógicamente se comunica en francés, si bien ambas actrices hablan en un risible español con acento franchute. También hubiera sido de agradecer algo más de enjundia en el devenir del chico inglés, que al final acaba ejerciendo de Cupido y poco más.



Creo que a Clint Eastwood le ha traicionado un poco su (legítimo) deseo de mantenerse activo a toda costa rodando una película cada año. Cuando uno se obstina en rodar un film anual casi por obligación, es lógico que el producto final no tenga el acabado adecuado y que existan múltiples fallos sin pulir, bien a nivel formal o bien en lo conceptual. "Más allá de la vida” hubiera requerido una depuración a nivel literario mucho mayor, aunque parece que donde más tiempo y dinero se invirtió fue en la secuencia inicial, la que reconstruye un tsunami de modo ciertamente espectacular. También es una pena que no se haya profundizado un poco más en lo estrictamente sobrenatural, pero claro, no hay muchas personas que conozcan de primera mano lo que sucede cuando uno se muere... y, personalmente, le deseo al viejo Clint que aún tarde mucho en averiguarlo por sí mismo.



Luis Campoy



Lo mejor: Bryce Dallas Howard, o cómo "comerse" una película en tan sólo tres apariciones


Lo peor: los tópicos y lugares comunes de los que Eastwood abusa al narrar las dos tramas europeas; la música, monótona y repetitiva, que acompaña a las escenas intimistas


El cruce: "Ghost" + "2012" + "Oliver Twist"


Calificación: 5,5 (sobre 10)


martes, 25 de enero de 2011

Cine actualidad/ "THE GREEN HORNET"

El vuelo del Avispón




Entre "Batman y Robin" (Joel Schumacher, 1997) y "Batman Begins" (Christopher Nolan, 2005) no sólo media un período de ocho años, sino un auténtico abismo en cuanto a planteamiento, ambición y calidad cinematográfica. La primera pertenece al subgénero de películas de superhéroes en el que el humor, lo grotesco y lo kitsch se interpretan como consustanciales a la traslación del lenguaje del cómic, mientras que la segunda (y su continuación, "El caballero oscuro", 2008) lo que intentó (y consiguió) fue simplemente crear una obra de arte cinematográfica sin renunciar a la acción y el entretenimiento pero narrándolo todo desde un punto de vista serio, dramático y, sobre todo, adulto. "The Green Hornet", la película que hoy nos ocupa, ignora la segunda vía antes citada y apuesta de lleno por la primera, cosa que no niego que pueda ser respetable, pero que, visto lo visto, me parece un despropósito absurdo. Tal y como ya sucedía en su vetusto origen radiofónico, un serial creado por George W. Trendle y Fran Striker en 1936, "The Green Hornet" cuenta la historia de Britt Reid, un joven atolondrado, heredero de un periódico (y de la consabida fortuna familiar) quien, tras la muerte de su padre, no sólo accede a continuar el negocio periodístico, sino que, en sus ratos libres y en compañía de su chófer oriental, Kato, decide crearse una personalidad superheroica desde la que combatir la injusticia. El paralelismo con Batman resulta evidente, e incluso el tono kitsch de la serie que en los sesenta se filmó sobre el personaje (con Van Williams como Britt y el malogrado Bruce Lee como Kato) emparentaba aún más a ambos ceonceptos. Sin embargo, mientras que el Caballero Oscuro accedió a la gloria merced al magnífico trabajo de Christopher Nolan y su equipo en los dos films citados, ”El Avispón Verde" (nombre tan ridículo que no me extraña que la distribuidora haya preferido mantener el título original) continúa transitando los peligrosos senderos de la astracanada y el infantilismo ... y así le ha ido. Varias cosas sorprenden en "The Green Hornet", además de esa apuesta (para mí, suicida) por lo chabacano y lo pueril: el derroche de medios técnicos que dan pie a una factura bastante decente, la implicación total del actor Seth Rogen (que ejerce de protagonista, co-guionista y co-productor) y la contratación del "auteur" Michel Gondry como director. Lo de los medios técnicos se suponía que podría haber sido amortizado si esta (¿primera?) entrega de una posible franquicia hubiera tenido el éxito anhelado, lo de Seth Rogen (rellenito y notoriamente inadecuado para dar vida a un héroe así) parece una especie de estéril culminación de un sueño infantil, y lo de Gondry... bueno, lo de Gondry no tiene mucha explicación, se mire por donde se mire. Recordemos que hablamos del señor que dirigió la muy beatificada (y, en mi opinión, sobrevalorada) "Olvídate de mí" y las algo fallidas "Rebobine, por favor" y "Donde viven los monstruos", títulos que nada tienen que ver con los superhéroes, pero, sorprendentemente, Gondry se desenvuelve muy bien en la filmación de peleas y persecuciones (ayudado, sin duda, por el director de segunda unidad), siendo lo que me dejó petrificado la floja dirección de actores y, sobre todo, el haber transigido con un guión muy flojito, lleno de tópicos, previsible a más no poder y trufado de diálogos estúpidos. También da un poco de pena que un par de actorazos como Tom Wilkinson y Christoph Waltz (el inolvidable Coronel Landa de "Malditos bastardos") hayan accedido a tomar parte en un despropósito así, aunque, claro, todos tenemos que comer... En cuanto a Cameron Diaz, que también pasea su belleza ya algo marchita por la pantalla… mejor no emitir ningún juicio de valor: no lo soportaría.



Luis Campoy



Lo mejor: la batalla final en la sede el periódico, la música de James Newton Howard (uno que sí se toma en serio la película)

Lo peor: el guión, las interpretaciones, el tono equivocadamente cómico


El cruce: "Batman y Robin" + "The Green Hornet" (TV) + "The Punisher"


Calificación: 4,5 (sobre 10)



jueves, 20 de enero de 2011

Televisión actualidad/ "THE WALKING DEAD"

Muertos que caminan




Menudo tanto se ha apuntado La Sexta con la contratación y emisión de "The Walking Dead", la serie de moda en todo el mundo mundial. Desde el pasado día 11, las noches de los martes se han llenado de zombies, vísceras y terror. Pero ¿es justificable realmente la magnitud del fenómeno? ¿Merece la pena que los débiles de estómago se sienten a sufrir ante la pequeña pantalla?

 Lo primero que hay que decir es que el origen del fenómeno estriba en un tebeo, un comic escrito por Robert Kirkman y dibujado por Tony Moore y Charlie Adard para Image, que en España ha publicado Planeta DeAgostini.

Siguiendo un esquema argumental que recuerda poderosamente al de "28 días después", el célebre film de Danny "Slumdog Millionaire" Boyle, la historieta narraba cómo un policía despertaba de un coma sólo para encontrarse con que el mundo que conoció ya no existe, pues los muertos se han levantado de sus tumbas y atacan despiadadamente a los vivos, bien para devorarlos o bien para convertirlos también en zombies. A partir de ese momento, el policía tratará desesperadamente de encontrar a su familia, y por el camino hallará a otros humanos que han conseguido sobrevivir y han formado pequeñas comunidades, desde las que plantarán cara a las sanguinarias pero descerebradas hordas de "walking deads" ("muertos que caminan" sería la traducción literal; “caminantes” es como son llamados en la versión española).

Cuando un comic tiene tanto éxito como obtuvo éste, es normal que enseguida dé el salto a la pantalla. En este caso, se decidió que la pantalla no fuese la grande sino la pequeña, de modo que a finales del año pasado la cadena AMC comenzó a emitir "The Walking Dead", la serie, cuya primera temporada ha funcionado tan bien que ya se ha iniciado la producción de una segunda. Al frente del proyecto se ha situado Frank Darabont, viejo conocido del cine de-terror-pero-menos y que es famoso por sus adaptaciones de varias novelas de Stephen King, "Cadena perpetua", "La milla verde" y "La niebla". Darabont se ha ocupado de la producción y de la supervisión de los guiones, así como de la dirección del primer episodio. El resultado, además del incuestionable triunfo comercial, hay que reconocer que no es nada desdeñable. El mérito de "The Walking Dead" consiste en que sabe contentar a casi todo el mundo: a los amantes del género terrorífico, porque, obviamente, hay un montón de zombies muy violentos y muy bien maquillados; y a los que gustan de los dramas humanos, porque los muertos vivientes sólo aparecen en muy contadas escenas, centrándose la atención en la evolución de los humanos que tienen que aprender a forjar una nueva civilización a partir de una monstruosidad sin precedentes. Claro que lo que realmente llama la atención es que una cadena privada emita en abierto una serie como ésta, en la que son frecuentes los desmembramientos, las mutilaciones y los "devoramientos", además de la violencia casi sin piedad que los vivos desatan contra los muertos andantes. Puede que en este último detalle se justifique parte de la repercusión popular del evento, ya que todos nos consideramos personas pacíficas y no violentas... hasta que las circunstancias nos obligan a recurrir a la defensa propia para salvar a nuestros seres queridos (o a nosotros mismos) de la muerte y el dolor. Bajo esta coartada, en "The Walkind Dead" podemos encontrar un apabullante rosario de "zombicidios" cometidos constantemente por los héroes, de los cuales no se derivan consecuencias morales en forma de arrepentimiento, ya que, al fin y al cabo, son seres repugnantes que devoran por igual a adultos y a niños, no hablan ni piensan y, sobre todo y ante todo, ¡ya están muertos!. Volarles o cortarles la cabeza a los zombies es, pues, algo así como un deporte de riesgo liberador de adrenalina, que, no en vano, ya ha dado origen a multitud de videojuegos (¿alguien ha dicho "Resident Evil"?).

La ficha artística de la serie la encabeza Andrew Lincoln (el enamorado platónico de Keira Knightley en "Love Actually"), al que acompañan Jon Bernthal, Sarah Wayne Callies y Laurie Holden, los cuales, hay que reconocerlo, se lo pasan bastante mal en cada uno de los episodios de los que consta la teleserie. Por cierto, para mí es bastante cuestionable la iniciativa de La Sexta en cuanto a emitir, juntos, dos capítulos cada martes. De este modo, no sólo el espectador que tenga que madrugar al día siguiente se sentirá más reacio a sentarse frente al televisor, sino que la gallina de los huevos de oro pondrá todos los huevos en la mitad de tiempo. En fin, ellos sabrán.... De momento, han batido con creces sus ínfimos registros de audiencia, y la sociedad española se apresta cada vez en mayor número a afrontar el dilema moral sobre si es lícito masacrar a torpes criaturas sin cerebro con tal de no ser devorado por ellas.



Luis Campoy



Lo mejor: Andrew Lincoln, los terroríficos efectos especiales, el episodio inaugural dirigido por Frank Darabont


Lo peor: la violencia explícita, la sensación de que algunas tramas de “interés humano” sólo sirven para descansar de tanto zombie


El cruce: “28 días después” + “La noche de los muertos vivientes” + “Resident Evil”


Calificación: 8 (sobre 10)

miércoles, 19 de enero de 2011

Más noticias sobre "Spiderman 4"

De entre todos los muchos proyectos cinematográficos que tienen a héroes de cómic como protagonistas ("Tintín", "Linterna verde", "X-Men:  Primera Clase", "Capitán América", "Thor", "Los Vengadores" e incluso las nuevas entregas de "Batman" y "Superman"), hay uno que me interesa más que ninguno.  Se trata, cómo no, del "reboot" o "reseteo" de "Spiderman", mi héroe favorito, que inició su andadura fílmica hace muy poco (en 2002), y que, tras tres aventuras de desiguales resultados, el año pasado se anunció que la franquicia sería renovada de arriba a abajo para un nuevo comienzo a partir de 2012.  Ello quería decir que Sam Raimi ya no sería el director, y que Tobey Maguire no volvería a vestir las mallas del Hombre Araña.  Para hacerse cargo de las riendas de la producción se contrató a Marc Webb (artífice de "500 días juntos"), y poco después se supo que Peter Parker tendría los rasgos de Andrew Garfield, algo un poco chocante porque este "joven" actor ya tenía 27 añitos, cuando se suponía que las nuevas aventuras de Spiderman se iniciaban cuando el personaje central era apenas un estudiante que estaba todavía en el Instituto.  En fin, lo cierto es que también Tobey Maguire tenía esa misma edad cuando dio vida por primera vez a Spidey, y, en cualquier caso, el excelente trabajo de Garfield en la oscarizable "La red social" siempre constituye un aliciente suplementario.  Poco a poco hemos ido conociendo, si no detalles concretos sobre el argumento del film, sí al menos los nombres de los actores que se han ido uniendo al proyecto, y los personajes que van a interpretar.  Sorprendentemente para muchos, la novia de Peter Parker no va a ser la pelirroja Mary Jane Watson (con la que se llegaría a casar en los comics y a quien en las tres primeras películas dio vida Kirsten Dunst) sino la encantadora rubita Gwen Stacy, a la que en "Spiderman 3" encarnara la muy contundente Bryce Dallas Howard.  Gwen moriría asesinada por el Duende Verde (al igual que su padre, el capitán de policía George Stacy perecería por causa del Doctor Octopus), pero sus años de tierno y casto (en teoría) romance con Peter constituyen un tesoro que los viejos fans nunca hemos olvidado.  Para interpretar a Gwen se ha contratado a Emma Stone ("Rumores y mentiras"), otra de las jóvenes promesas de Hollywood, y el capitán Stacy correrá a cargo del algo aletargado Denis Leary.  Los tíos de Peter, con los que vive tras la muerte prematura de sus padres, van a ser interpretados por una pareja de auténtico postín:  Martin Sheen (el presidente de “El ala oeste de la Casa Blanca”) como el Tío Ben, el hombre bueno que acuñó la famosa frase "Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad", y Sally Field como la Tía May, esa anciana adorable que hace las veces de madre amantísima;  de momento, no me imagino a Field, la enérgica protagonista de "No sin mi hija", convirtiéndose en esa mujer frágil y mimosa cuya vida transcurre entre su casita de Forest Hills y el hospital más cercano.  También se sabe que los padres de Peter Parker aparecerán en escena (quizás en algún flashback) con los rasgos de Campbell Scott y Jullianne Nicholson, y que el villano elegido para hacerle ver al prota lo dura que es la vida del super héroe no será ni el Duende Verde ni el Doctor Octopus...  sino el Lagarto.  El Lagarto fue uno de los primeros enemigos de Spiderman cuando todavía lo dibujaba Steve Ditko, y su origen se basa en los intentos del doctor Curt Connors para recuperar un brazo que le había sido amputado en la guerra.  Tratando de investigar los mecanismos naturales que permitían a algunos reptiles regenerar sus extremidades perdidas, el Dr. Connors se convertía en un fiero lagarto humanoide, y el actor elegido para recrearlo no ha sido Dylan Walsh (que lo interpretó, al menos en su forma humana, en "Spiderman 2"  y "Spiderman 3") sino Rhys Ifans, el inolvidable compañero de piso de Hugh Grant en "Notting Hill", esperemos que en un registro bastante más dramático.

 En el listado de personajes que se ha difundido a los medios de comunicación echo en falta ausencias tan significativas como las de Flash Thompson y Harry Osborn (el hijo de Norman, futuro Duende Verde) e incluso la plana mayor del periódico Daily Bugle (en el que Peter trabaja como fotógrafo freelance), ésto es, J. Jonah Jameson, Robbie Robertson y Betty Brant.  Estas ausencias pueden ser debidas a que aún no se ha finalizado la contratación de todo el reparto, o a que los guionistas han decidido prescindir de tales caracteres, que a mí, desde luego, me parecen trascendentales.  Como curiosidad, quien sí aparece acreditado en el casting es un oscuro personaje que yo ni tan siquiera recuerdo, un tal Nels Van Adder, que se convertiría en el villano Proto-Duende y al que Irrfan Khan, el policía hindú que interrogaba a Dev Patel en el inicio de "Slumdog Millionaire" se va a encargar de representar.

Todo ésto es lo que se sabe hasta ahora de este reinicio arácnido, y adjunto os pongo la primera foto oficial que acaba de ser difundida por la productora, con Andrew Garfield luciendo parte del traje del héroe, en el que ya se advierte la primera “licencia artística”:  la camisola no termina con el cinturón, es decir, la característica franja horizontal roja.  En fin, desde "Historias e Historietas" seguiremos detenidamente los avatares de este proyecto, y os mantendremos a todos puntualmente informados.

martes, 18 de enero de 2011

Condena de la violencia

Estaba cenando en casa de unos amigos cuando me enteré.  Al Consejero de Cultura de Murcia, Pedro Alberto Cruz, le habían abordado unos desconocidos que le habían propinado una paliza y, con un puño americano, le habían partido la cara.  A mí Cruz nunca me ha caído demasiado bien, pero no cabe duda de que se trata de uno de los políticos más conocidos de la Comunidad murciana.  Su peculiar forma de vestir, su peinado y esa orgullosa chulería tan suya, unidos a ciertas campañas publicitarias bastante estrambóticas y, últimamente, a determinados despilfarros mezclados con inesperados recortes, le habían ido colocando en primer término del foco público.  Pero que le partan la cara a alguien, por muy insoportable que sea el individuo en cuestión y por mucho que en el fondo creamos que se lo merece, debería ser algo que tan sólo sucediese en un ring y, por supuesto, en igualdad de condiciones.  Los tres jóvenes que atacaron a Cruz lo hicieron al grito de "Sobrinísimo, hijo de puta", y es evidente que el pobre no pudo defenderse.  Pero tampoco tendría por qué haber tenido que hacerlo.  Yo no sé en qué clase de sociedad pretenden algunos descerebrados obligarnos a vivir, pero ésto, en el fondo, me suena a lo que llevo viviendo en mi propia casa desde hace años.  Cuando era muy pequeña, mi hija me venía llorando porque su hermano le había pegado.  Cuando le preguntaba al chavalín, éste me contestaba que su hermana le había llamado "Tonto".  Y yo le decía:  "Hijo, la respuesta debe ser proporcionada al daño recibido.  Si te llama 'Tonto', tú la llamas 'Tonta', pero no le pegues si ella no te ha pegado primero, y, aun en ese caso, antes de hacerlo, dímelo primero a mí".  Naturalmente, ni el uno ni la otra se enteraban absolutamente de nada ni me hacían el menor caso, pero mi forma de pensar ya era entonces la misma de ahora:  la violencia no soluciona nada, sólo las palabras pueden y deben resolver los problemas.  Lo del sábado no es, en realidad, un hecho aislado, sino tan sólo la punta del iceberg de un océano de crispación que lleva semanas bullendo cada vez con más brío.  Estamos en una era de crisis y son muchos los afectados virulentamente por ésta, demasiados quienes han perdido su empleo y cuyas familias bordean la indigencia.  Para paliar la catástrofe, el Ejecutivo autonómico que preside Ramón Luis Valcárcel, al igual que muchos otros entes gubernamentales de aquí y de allá, anunciaron una serie de recortes que soliviantaron aún más a la gente, y paulatinamente han ido creciendo no sólo el descontento sino también el odio y la necesidad de tomar represalias.  La pobreza y el hambre son malas consejeras, y bajo su influencia calan más hondo los mensajes virulentos de algunos líderes de pacotilla que no son dignos del poder moral que ostentan.  Por muy mal que nos caiga Pedro Alberto Cruz (o, qué demonios, Cristiano Ronaldo o su factótum José Mourinho), lanzarnos a una pendiente de salvajismo sólo nos convertirá en animales salvajes.  Pretender que, por inflar a hostias a Cruz, a Ronaldo o a Mourinho, vamos a solucionar nuestros problemas o a mitigar nuestro sufrimiento, es un error tan garrafal que, en cuanto nos diéramos cuenta, nos hallaríamos inmersos en problemas mucho más graves, con lo que nuestro sufrimiento sería muchísimo mayor.  Yo condeno expresamente la violencia, cualquier forma de violencia, y estoy convencido de que ni siquiera merece la pena practicarla como simple y elemental desahogo, porque luego vienen las consecuencias y los remordimientos (a no ser que, realmente, uno sea poco más que un animal).  Pedro Alberto Cruz no me cae bien, pero espero que se recupere pronto y que este incidente le sirva para mejorar, para tratar de gobernar de frente y no dando la espalda a tantos ciudadanos, ni siquiera a los que se han alegrado con su bárbara agresión.

viernes, 14 de enero de 2011

Cine actualidad/ "MEGAMIND"

Superhéroes al revés




"Megamind" es a DreamWorks lo que en su día fue "Los Increíbles" a Pixar. Salvando las (insalvables) distancias, claro está. Al igual que en aquella ocasión, el comic de super héroes pretende ser reformulado de un modo casi realista, aunque esta vez adoptando el punto de vista del (super) villano.



Megamind ("Megamente") es un ser azul proveniente de un mundo remoto, que es enviado por sus padres a la Tierra en una cápsula espacial. Adelantado en su viaje iniciático por otra cápsula similar en la que viaja otro extraterrestre hiperpoderoso, Metroman, el cual está destinado a convertirse en el benefactor de la ciudad, Metro City, Megamind acabará asumiendo el único papel disponible: el del malo de la historia.



Tras la mediocre "Shrek 4", DreamWorks quiso cerrar el año 2010 con un film muy superior a aquél, beneficiado no sólo por un acabado muy potente (y más si se visualiza en 3-D) sino, sobre todo, por un guión sorprendentemente completo y complejo, muy "adulto" para un producto de estas características. El personaje protagonista, Megamind, sin dejar de ser un representante del Mal, consigue ir haciéndose más y más humano merced al amor que le inspira la novia de su némesis, y el espectador, entre risa y risa, es partícipe de un cambio de registro muy bien explicitado. Como digo, si, encima de todo, el producto está lujosamente presentado, como es el caso, los ingredientes de "Megamind" se convierten en afortunados alicientes... incluso para los no tan niños.



Trasunto evidente del mito de "Superman" (Metro City constituye el entorno equivalente a Metrópolis, y Megamind, Metro Man, Roxanne y Bernard hacen las veces de, respectivamente, Lex Luthor, Superman, Lois Lane y Jimmy Olsen), otro de los atractivos del film (aunque sólo en la versión original) es el doblaje, en el que Will Ferrell le presta su voz a Megamind y el mismísimo Brad Pitt encarna a Metro Man. Atentos, pues, a cuando podamos seleccionar la pista de audio al ser editada en DVD.



Luis Campoy



Lo mejor: la animación, el guión


Lo peor: no se me ocurre que exista nada especialmente chirriante


El cruce: "Superman" + "Monstruos contra alienígenas" + "Smallville"


Calificación: 8 (sobre 10)

jueves, 13 de enero de 2011

Cine actualidad/ "AHORA LOS PADRES SON ELLOS"

Estrellas estrelladas




En el año 2000, Universal Pictures produjo una comedia de situación un poco gamberra, en la que junto a un ascendente Ben Stiller se ubicó a un Robert De Niro en perpetuo decaímiento. El film en cuestión, con generosas dosis de sal gruesa en su interior, se tituló "Meet the parents" ("Conoce a los padres"), aunque en nuestro país, donde somos tan originales, lo conocimos como "Los padres de ella". Cuatro años después, el mismo reparto y director se reunieron para perpetrar una continuación, igual de traviesa pero aún un pelín más soez, lo cual quedaba ya patentizado incluso en el título original, "Meet The Fockers" (lamentable juego de palabras con "Fuckers", cuya traducción os sugiero que busquéis en el Diccionario Panhispánico de Guarradas), que, con todo, aquí se convirtió en "Los padres de él". Pues bien, una década después de la primera entrega, los mismos actores repiten sus "entrañables" papeles para enfrentarse a una nueva continuación, "Little Fockers", que en Hispania se ha estrenado como "Ahora los padres son ellos". Como puede deducirse fácilmente, este tercer episodio de la saga de los Fockers vs. los Byrnes tiene la particularidad de que los protagonistas (Ben Stiller y Teri Polo) son ahora papás, y sus padres respectivos (Robert De Niro y Blythe Danner por el lado materno, y Barbra Streisand y Dustin Hoffman por el paterno) han vuelto a erigirse en abuelos. Por lo demás, si ya la segunda parte resultaba bastante sosa, esta nueva vuelta de tuerca no hace sino acumular defectos y deslucir las pocas virtudes de la obra original. Lo más penoso de todo es que un plantel de actorazos como los que aquí se juntan (¡Robert de Niro! ¡Barbra Streisand! ¡Dustin Hoffman! e incluso ¡Harvey Keitel!) se hayan reunido para afrontar escenas tan ridículas como la de la fiesta de cumpleaños y para recitar diálogos infames indignos de su talento. Debería existir alguna ley federal que prohibiese desperdiciar de modo tan patético un talento tan inconmensurable como el aquí reunido. Gran parte de culpa de ésto la tiene el señor De Niro, que hace siglos que acepta cualquier papel con tal de que venga respaldado por un cheque conteniendo muchos ceros, pero también es triste que la semi-retirada Streisand escoja este tipo de productos para despilfarrar su carisma. También se dejan caer por allí otros actores famosos, no menos desdibujados, como Owen Wilson, Jessica Alba o una apergaminada Laura Dern.



Sin ser totalmente despreciable, "Ahora los padres son ellos", como en su día lo fueron, en mayor o menor medida, sus dos precursoras, supone la equivocada actualización de las formas de la comedia de los setenta, prescindiendo de la "chispa" intelectualoide de entonces y ahondando aún más en su atrevimiento semántico, aunque hay que reconocer que en español, traduciendo "Fockers" por "Follen" (ups, al final lo he dicho), el adaptador se ha cubierto de gloria.



Luis Campoy



Lo mejor: Poder ver de nuevo a De Niro, Streisand, Hoffman y Keitel


Lo peor: Que tal reunión de estrellas se enmarque en un guión tan plano y decepcionante


El cruce: "Los padres de ella" + "Los padres de él" + "Tiburón" + "El Padrino"


Calificación: 5 (sobre 10)

miércoles, 12 de enero de 2011

Cine actualidad/ "CAMINO A LA LIBERTAD"

De Siberia a la India




En plena II Guerra Mundial, un grupo de prisioneros de un gulag o campo de concentración siberiano consiguen escapar de su terrible encierro, teniendo que desafiar a partir de entonces a la naturaleza más inclemente, a lo largo de kilómetros de páramos helados, agrestes montañas y desiertos inacabables... Este vendría a ser el argumento de "Camino a la libertad", la nueva película de Peter Weir, que presume de estar inspirada en hechos reales (lo cual no es del todo cierto, porque nunca quedó claro si el autor del relato supuestamente autobiográfico que ha inspirado el film protagonizó él mismo la hazaña o se limitó a seguir los pasos de los verdaderos héroes). Weir, viejo zorro, es autor de películas tan memorables como "Unico testigo", "El club de los poetas muertos", "El show de Truman" o "Master and Commander", pero también de truños como "La costa de los mosquitos", "Sin miedo a la vida" o "Matrimonio de conveniencia". Muy a mi pesar, tengo que decir que "Camino a la libertad” se sitúa más cerca del segundo grupo que del primero, y digo ésto con todo el dolor de mi corazón, pues soy un verdadero fan de las cuatro películas que he destacado, protagonizadas, respectivamente, por Harrison Ford, Robin Williams, Jim Carrey y Russell Crowe. ¿Qué funciona y qué no funciona dentrlo de "Camino a la libertad"? Por supuesto, éso es indiscutible, está maravillosamente bien filmada y montada, y posée una fotografía que no dudo que estará justamente nominada al Oscar. También cuenta con una nueva gran interpretación de un secundario tan respetado como Ed Harris, y su indudable interés (el ser humano desafiando a la Naturaleza en su propio terreno y sin poder hacer uso de inventos artificiales) hizo que la prestigiosa National Geographic se estrenara como productora de un largometraje. Sin embargo, es precisamente ese tono documental lo que lastra emocionalmente la película. Es innegable el mérito de estos hombres (y una muchacha) que, no sin pagar muchos de ellos con su vida, lograron culminar con éxito su odisea, pero Peter Weir se obstina tanto en contarnos CÓMO lo consiguieron, que se olvida de lo más importante: hacernos accesibles, entrañables y queridos a QUIENES lo hicieron. El hecho (o la sucesión de hechos) se impone sobre la caracterización de los personajes, de modo que no empatizamos con ninguno, no sentimos simpatía real ni auténtica antipatía por ellos, de modo que, si sobreviven o si perecen por el camino, nos da exactamente lo mismo. Es una pena que una fotografía tan maravillosa se limite a retratar el exterior y no cuente con la contrapartida de un retrato interior de los caracteres humanos. Tampoco ayuda mucho la equivocadísima elección del protagonista, Jim Sturgess, uno de esos errores garrafales de casting que se cargan irremediablemente una película. Sturgess no tiene atractivo ni encanto ni mucho menos carisma, es un don nadie al que se comen sin ningún esfuerzo un avejentado Ed Harris, e incluso los mucho más episódicos Colin Farrell y Saoirse Ronan, la niña de "Expiación" y "Desde mi cielo".



Luis Campoy



Lo mejor: obviamente, la fotografía


Lo peor: Jim Sturgess, la apuesta por narrar meticulosamente la hazaña en detrimento de la caracterización de los héroes


El cruce: "La gran evasión" + "Lawrence de Arabia" + "Resistencia" + “Horizontes perdidos”


Calificación: 6,5 (sobre 10)

lunes, 10 de enero de 2011

Cine actualidad/ "THE TOURIST"

Postales desde Venecia




No es que sean Spencer Tracy y Katherine Hepburn, o Marilyn Monroe y Tony Curtis, o Errol Flynn y Mae West, ni tan siquiera Julia Roberts y Harrison Ford (en sus buenos viejos tiempos), pero es incuestionable que Johnny Depp y Angelina Jolie son dos de las estrellas más populares y más taquilleras (y, por lo tanto, más poderosas) del panorama cinematográfico actual, por lo que verlos juntos por primera vez tenía un atractivo, un morbo muy especial. Lamentablemente, la historia que nos cuenta "The Tourist", si bien, sobre el papel, podía haber dado pie a un thriller romántico bastante entretenido, por causa de un pésimo guión se convierte en un producto fallido y muy decepcionante. Una bella y misteriosa mujer conoce en un tren a un aburrido profesor de matemáticas, que, sin comerlo ni beberlo, se verá implicado en una peligrosa trama de ladrones y policías que se desarrolla en los lujosos hoteles y los incomparables canales de la ciudad de Venecia...



Cuando un argumento posée ingredientes como éstos, es inevitable pensar en títulos como "Charada" o "Con la muerte en los talones", pero, por mucho encanto que tengan Depp y Jolie, el director a cargo del proyecto, Florian Henckel Von Donnesmark no es Stanley Donen ni mucho menos Alfred Hitchcock, ni tampoco la estructura interna ni los avatares de la trama pueden compararse con los de aquellas enormes películas. Von Donnesmark, mínimamente conocido por haber dirigido "La vida de los otros", ganadora hace unos años del Oscar a la mejor película de habla no inglesa, se ve obligado, en este su debut estadounidense, a trabajar sobre un material que le es totalmente ajeno, tanto que "The tourist" no es sino un innecesario remake de una película francesa que no vio casi nadie, "El secreto de Anthony Zimmer", que, sorprendentemente, ni siquiera un guionista tan reputado como Christopher McQuarrie (autor del sublime libreto de "Sospechosos habituales") logra adaptar con un mínimo de garra e interés. "The tourist" quiere ser un thriller pero es demasiado infantil, quiere ser romántica pero es demasiado aburrida, quiere ser ligera pero se queda en trivial. El suspense es cero, la tensión no existe, las secuencias de acción las hemos visto un millar de veces antes y los policías y los villanos son igual de estúpidos y adocenados. En cuanto a la pareja protagonista, Angelina Jolie sale igual de guapa que de costumbre, pero ¿merece la pena volver a ver exactamente todos y cada uno de los gestos y mohínes que ya nos deparase en "Wanted" y "Salt"?. Ya lo he dicho antes: esta mujer es muy hermosa y no es mala actriz, pero echo de menos que el director de turno la obligue a salir un poco menos maquillada y consiga que no se limite a la reiteración de su habitual repertorio gestual; que cada personaje es un mundo, por amor de Dios... Por lo que respecta a Johnny Depp. durante algunos minutos consigue hacernos olvidar a Jack Sparrow, pero de repente salta a un tejado y comienza a corretear y el fantasma del pirata del Caribe se apodera de él y ya no le abandona. Es muy triste que un actor sea devorado de esta manera por su personaje más famoso, y es que el dinero y la popularidad constituyen a veces lastres imposibles de superar. Descartados la historia, los protagonistas y la dirección, los únicos alicientes los encontramos en la fotografía de John Seale, en la banda sonora de James Newton Howard y en los actores secundarios, entre los que destacan Paul Bettany, un visto y no visto Rufus Sewell y, sobre todo, Timothy Dalton y Steven Berkoff, quienes en los años 80 formaron parte de la saga de James Bond, el primero como un efímero 007 y el segundo como uno de sus maquiavélicos enemigos.



Esperemos que en un futuro próximo estas dos grandes estrellas que son Johnny Depp y Angelina Jolie vuelvan a cruzar sus caminos con mayor fortuna, lo cual, dado el considerable grado de frustración que se le queda a uno tras ver “The tourist” (¿qué diablos?, ”El turista”, que estamos en Spain), no será muy complicado.




Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía, la música


Lo peor: todo lo demás


El cruce: “Noche y día” + “El expreso de Chicago” + “Indiana Jones y la última Cruzada”


Calificación: 5 (sobre 10)