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jueves, 16 de diciembre de 2010

La Zarzuela y yo

Mi madre me decía (y me sigue diciendo) que, por mucho que me guste el Cine (con mayúsculas), sin la Música (también con mayúsculas), yo no podría vivir. Y bien cierto que es. El otro día hablaba del impacto que me causó el fallecimiento de John Lennon, pero, durante aquellos años 70 y 80, yo ya tenía gustos musicales tan amplios y tan eclécticos como ahora. Lo mismo me impresionaba un disco de The Beatles que el "Ommadawn" de Mike Oldfield que el "Album de Oro" de Serrat o la última banda sonora de John Williams. También me encantaba la Zarzuela. Oía a mi madre cantar la "Mazurka de las sombrillas" y el "Caballero del alto plumero" de Luisa Fernanda y poco a poco me iba introduciendo en un mundo maravilloso que, lamentablemente, ya entonces iba quedando lejos de los gustos del público mayoritario. Creo que lo primero que compramos fueron un par de discos de Alfredo Kraus (¿qué mejor voz para iniciarse en el mal llamado "género chico"?), y luego la Caja de Ahorros Provincial de Alicante tuvo a bien regalarnos una recopilación de preludios e intermedios "modernizados" que se titulaba "Zarzuelas favoritas". Allí estaban la citada "Luis Fernanda", "La Parranda", "Gigantes y cabezudos", "Marina" y otras muchas, y todas me parecieron maravillosas y todas quise conocerlas en su instrumentación original. En Navidades, los Reyes Magos me trajeron un par de LP's que cosntituyeron para mí todo un tesoro de valor incalculable: una edición de "Luisa Fernanda" realizada por el sello Alhambra, cantada por Teresa Berganza, Julián Molina y Antonio Blancas, y otra de "Los Gavilanes", de la casa Hispavox, con Renato Cesari, Pilar Lorengar y Pedro Lavirgen en los papeles principales. Precisamente "Los Gavilanes" se convirtió, desde aquel instante, en mi zarzuela preferida, la que más veces he escuchado y más veces he visto. Porque el siguiente paso, claro está, era ir a ver cuantas zarzuelas pudiera. Mientras mis amigos y compañeros practicaban disciplinas extraescolares como el judo o el karate, yo aprovechaba para escaparme al Teatro Principal cada vez que asomaba las narices cualquier pequeña o gran Compañía lírica, de ésas que entonces daban trabajo a un buen número de cantantes, actores y bailarines que se pasaban casi toda la vida viajando por España y por la América latina. La que más veces acudí a ver fue la "Compañía Lírica Española" de Antonio Amengual, en la que actuaban profesionales tan maravillosos como Marisol Lacalle, María Dolores Travesedo, el etéreo Miguel de Alonso, el campechano Tomás Alvarez, Rubén Garcimartín, Ana María Amengual (que siempre he creído que era hija del propio director, aunque igual podía haber sido su hermana), o un jovencísimo Enrique Ruiz del Portal, que entonces era "tenor cómico" pero ya brindaba excelentes composiciones como la que realiza actualmente como el mesonero Thenardier de "Los Miserables".

Me recuerdo, casi siempre solo, en un lejano anfiteatro (donde la entrada era más barata), escudriñando con mis prismáticos para no perderme detalle de los rasgos de los artistas y de los detalles de los decorados que, obviamente, en su mayoría servían tanto para "Luisa Fernanda" como para "La del manojo de rosas", tanto para "Marina" como para "La tabernera del puerto". La de horas que me pasé en aquel teatro, con los ojos abiertos como platos, los oídos extasiados y las palmas de las manos echando humo de tanto aplaudir... Muchas veces incluso me colaba en los camerinos al final de las funciones, y así obtuve unos cuantos autógrafos que durante años conservé como lo que eran, auténticos tesoros. Luego, con el paso de los años, las sucesivas crisis económicas y los cambios en el gusto de los consumidores, poco a poco fueron espaciándose más y más este tipo de representaciones, de modo que la llegada de una compañía de zarzuela ha acabado por convertirse en un fenómeno poco menos que extraordinario. Desde que vivo en la provincia de Murcia, hace ya casi 25 años, apenas recuerdo haber podido ver 8 o 10 zarzuelas en directo, aunque, éso sí, todas las compañías que se atreven a desplazarse hasta aquí tienen la deferencia de terminar su actuación con el maravilloso "Canto a Murcia" de "La Parranda".



Un mal día de hace cuatro años, cuando, durante una mudanza, me ví obligado a deshacerme de los viejos discos LP que ya tenía en su correspondiente traducción en compact disc y no encontré a nadie a quien poderlos regalar, deposité en un frío contenedor un montón de grabaciones de zarzuela, y sólo días después, cuando ya era tarde, recordé en que dentro de las carpetas de aquellos discos era donde guardaba mi adorada colección de programas de mano autografiados por aquellos héroes de la música que tan feliz me habían hecho durante mi niñez y mi juventud. Ya no veré más la firma de aquéllos a quienes llegué a considerar mis amigos, y que habían sonreído al niño tímido y gafotas que yo era, mientras, con las caras aún empolvadas de maquillaje, se avenían a trazarme una dedicatoria que para mí significaba tanto como si me la hubiera escrito el mismísimo Caruso. No veré sus firmas, pero conservo imborrables mis recuerdos, recuerdos de aquellos años inocentes en que la Zarzuela me hizo tan feliz.

4 comentarios :

Expediente X dijo...

FELICES FIESTAS
No olvides mirar
en mi arbol de navidad
algún regalo para tí...

GRACIAS LUIS >_-

Enrique R. del Portal dijo...

Muchas gracias otra vez, Luis. Me llena de alegría y orgullo, el amor con que hablas de la Zarzuela, y de la Compañía Lírica Española de Antonio Amengual, en la que inicié mis pasos como profesional... También recuerdo (como no!) a Ana Mª Amengual, hermana de Antonio, que fué mi primera pareja cómica. Qué recuerdos tan hermosos me trae ese Teatro Principal de Alicante!
Un abrazo grande!

Luis Campoy dijo...

Gracias por tu felicitación, Agente Mulder. Voy a pasarme por tu blog a ver si tengo algún regalo... Un abrazo.

Luis Campoy dijo...

Gracias, Enrique, por tu visita, siempre es un honor que te pases por éste tu blog... Y nuevamente felicidades por tu trabajo pasado, presente y futuro.