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martes, 30 de noviembre de 2010

Como cinco soles

Había tenido la precaución de reservar una mesa en el bar en el que cada fin de semana veo jugar a "mi" Barça, pero, sinceramente, llegué a considerar la posibilidad de no ir a presenciar el duelo ante el Madrid. Esta clase de partidos congregan a una muchedumbre todas y cada una de las veces, y la racha goleadora del equipo merengue y el clima tenso creado por las provocaciones del entrenador José Mourinho y la megaestrella Cristiano Ronaldo me hacían pensar que esta vez nos tocaba perder, y no me apetecía nada hacerlo en compañía de una horda de madridistas eufóricos y, sobre todo, anticatalanistas. Finalmente pudo más mi amor hacia los colores blaugranas que mi temor ante el espectro blanco, pero, cuando ya decidido, iba a empezar a arreglarme, de repente lo ví todo negro. La luz se había ido, y no sólo en mi casa y en mi calle, sino en todo el barrio. Media Lorca se quedó a oscuras en los minutos previos al más grande espectáculo futbolístico de cada temporada. A pesar de todo, me personé en el establecimiento en cuestión y ocupé mi mesa, mirando, alumbrado por las pantallas de los teléfonos móviles de los sufridos aficionados que abarrotaban el garito, una pantalla de televisión que, aun apagada, constituía el foco de atención irresistible. Pero eran las 8:30, las 8:40, las 8:50, las 8:55 y la luz no venía, y más de un parroquiano desistió y ahuecó cabizbajo el ala, y sólo los más pacientes e iluminados (por la esperanza) obtuvimos el premio de ver cómo la luz se hacía cuando tan sólo faltaban dos minutos para que el balón se pusiera en juego en el Camp Nou.



He de reconocer que cualquier temor que pudiese haber albergado, bien pronto se disipó. El Barça de anoche fue el de sus mejores días de la temporada 2008-2009, o quizás mejor aún, o quizás simplemente el mejor equipo que jamás ha jugado al fútbol. No habían pasado ni cinco minutos y ya Leo Messi se había inventado un chut imposible que casi batió a Casillas por la escuadra. Segundos después, un celestial pase de Iniesta permitió a un Xavi divino perforar por primera vez la portería rival. Mi amigo Juan Carlos y yo nos levantamos al unísono mientras gritábamos, y no sé si fui yo quien primero le abrazó a él, o si de repente sus brazos nerviosos estaban en torno mío. "Lo malo es que seguro que el Madrid nos empata en la siguiente jugada", le dije, sin querer desatar la euforia. Pero qué va... Lo único que sucedió fue que una galopada de Villa por la banda izquierda terminó con un rechace que se convirtió en un pase de la muerte que un ubicuo Pedro transformó en el segundo gol de la noche. Me froté los ojos y miré en torno mío. ¿Estaba allí realmente, o se trataba de un sueño?. Vale, puede que fuese real, pero tenía la certeza de que los chicos de Mourinho iban a recortar distancias. Al fin y al cabo, se trataba del Real Madrid, el club señor, caballero del honor, los que nunca se rinden, los que salen al campo a comerse el mundo, arrollando sin piedad a todos a quienes se habían medido hasta ahora. Encajar un gol, o incluso dos o tres, ante un grupo humano de semejante categoría, no hubiese sido una deshonra para nadie. Cristiano y Di María lo intentaban, y hasta Sergio Ramos y Xabi Alonso se sumaban al ataque. En un momento dado, Ronaldo se lanzó a la caza de un balón, y el portero Víctor Valdés no se lo pensó dos veces y se tiró a bocajarro, llevándose por delante al portugués. ¿Fue penalty? Yo, sinceramente, creo que no, y ni el propio Cristiano protestó demasiado. Pero los ánimos se iban caldeando, y, cuando CR7 corrió a la banda para recoger el balón, Pep Guardiola llegó primero, lo cogió y se lo escondió. Cristiano empujó a Pep con esa chulería tan suya, Pep exageró la agresión tocándose la cara, y no había pasado ni un segundo cuando todo el mundo se arremolinaba en torno a ellos, cada cual defendiendo airadamente a su compañero y/o preparador. El propio Messi, tan tímido y tan poquita cosa, le dio la razón por una vez a Mourinho y, un ratito después, optó al premio Tony de teatro dejándose caer como fulminado por un rayo, al recibir un leve codazo de Carvalho. Los nervios estaban a flor de piel, y yo sabía que, al inicio de la segunda parte, los merengones iban a salir a por todas, ultramotivados e hiperacelerados. Pero dos goles casi seguidos de Villa les dejaron más muertos que vivos. Villa, precisamente Villa, del que hacía unas semanas se había burlado Mou diciendo que "no le marcaba un gol a nadie", no pudo elegir mejor momento para reivindicarse. El técnico portugués tenía todavía más acentuada su permanente mueca de disgusto, y prefirió quedarse sentadito en el banquillo, mascando sus chicles y su bilis. A partir de ese momento, ví algo que jamás había visto y que no sé si volveré a ver alguna vez. Los jugadores barcelonistas comenzaron a tocar y a tocar la pelota, pero no al tuntún o de cualquier manera, sino mareando y toreando sin piedad ni compasión a sus oponentes, unos oponentes que no eran el Yeclano, el Eldense o el Pulpileño, sino el todopoderoso Real Madrid de Florentino Pérez y Jorge Valdano, el nuevo proyecto del supuesto mejor entrenador del mundo, el club que más dinero ha despilfarrado en fichajes durante los últimos años, una forma de entender el deporte que tiene seguidores tan ilustres como Mariano Rajoy, Fernando Alonso, Manolo Lama, Tomás Roncero o Tomás Guasch. Era increíble. Tres campeones del mundo vestidos de blanco ya enlodado, corrían tras el balón como chiquillos desesperados y enloquecidos, y otro campeón del mundo, desde una portería cuatro veces profanada, miraba incrédulo un espectáculo dantesco y ansiaba despertar pronto de aquella pesadilla. Xavi, y también Iniesta, y Messi, y Busquets, y Piqué, y Abidal… eran los amos absolutos del balón, hacían con él lo que les daba la santísima gana y, si acaso lo perdían, lo recuperaban en apenas unas décimas de segundo. Nunca he sentido tanta pena por un equipo que tantas veces he odiado, nunca he presenciado una humillación semejante. Cuando se retiraron, entre aplausos, Xavi, Villa y Pedro, y les sustituyeron Keita, Bojan y Jeffren, el panorama no parecía que fuese a variar. Los cambios ordenados por Mourinho no habían servido absolutamente para nada, Lass y Arbeloa fueron víctimas del mismo maremoto que había desarbolado a sus compañeros y fue entonces cuando agradecí que el Barcelona no hubiese fichado a Cristiano, a Benzema, a Khedira y sobre todo a Ozil, que pasó sin pena ni gloria, casi como si no hubiera pasado. El quinto gol, obra de Jeffren y marcado cuando ya el árbitro había comunicado que concedía 4 minutos de descuento, nos hizo a todos los culés del bar saltar como ebrios y eufóricos muñecos de resorte, mientras veíamos cómo los hinchas madridistas iban desfilando en lúgubre silencio. Tanto toque, tanto pase de precisión milimétrica y tantos taconazos de esteta que ni Guti hubiera firmado, acabaron de desquiciar al ya acelerado Sergio Ramos, que, al ser expulsado, hizo cosas tan feas como golpear a Puyol y a Xavi, sus compañeros de Selección. De hecho, llegué a pensar que, tal y como estaban los ánimos, el día veintinueve de noviembre de dos mil diez pudo comenzar el principio del fin de esa armoniosa y bien avenida selección española que tan bien juega al balompié, siguiendo, por cierto, los mismos patrones de juego de ese Barça, que ayer machacó, vapuleó, hundió, aplastó, destrozó y humilló a su eterno rival. Me quedo con algunas palabras de Pep Guardiola: "Lo importante no es que hayamos ganado por 5-0, sino cómo lo hemos conseguido" o "Sería muy fácil decir ahora que hemos sido los mejores, pero sólo la Historia nos pondrá en el lugar que realmente nos merecemos". Ese lugar será, sin duda, el Olimpo futbolístico donde sólo moran los dioses que, con un balón en los pies, iluminaron la noche barcelonesa, la noche universal por extensión, con cinco golazos como cinco soles que nunca se apagarán en mi recuerdo.


viernes, 26 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "BRIGHT STAR"


Retrato del poeta adolescente



Diecisiete años después de su película más popular, "El Piano", la cineasta neozelandesa Jane Campion regresa al cine por la puerta grande, con un nuevo trabajo, "Bright Star" (léase “Estrella brillante”), que fue bastante bien acogido por la crítica en el último festival de Cannes. Lo cierto es que, después del famoso film protagonizado por Holly Hunter, Campion se había prodigado más bien poco, con films algo menos afortunados como "Retrato de una Dama" (1996), "Holy Smoke" (1999) y "En carne viva" (2003).



"Bright Star" ha sido concebida como un melodrama "de época" (enlazando así con “El piano” o con "Retrato de una dama", otro de los trabajos más celebrados de Campion), y narra el romance que, en el siglo XIX, mantuvieron el poeta inglés John Keats y su vecina rebelde Fanny Brawne, una intensa historia de amor trágicamente interrumpida por la repentina muerte de Keats a los 25 años.



El guión del film, firmado por la propia Jane Campion, se basa en la biografía de Keats escrita por Andrew Motion y en una recopilación de las misivas del joven poeta, recogidas en un libro titulado "Vida y cartas de John Keats", cuyo compilador, Richard Monckton Milne, afirmaba que "la existencia entera de Keats podría resumirse en tres volúmenes de versos, algunas hondas amistades, una pasión y un morir prematuro". En aquel libro ya se hacía especial hincapié en la brevedad tanto de la hermosa obra de Keats como del escaso tiempo que pudo vivir (apenas un cuarto de siglo), pero se ejemplarizaban la delicadeza, la pasión y el genio que Keats fue capaz de desarrollar durante una existencia tan fugaz. En cuanto a "Bright Star", la película, es indudable que trata de ser fiel al espíritu de Keats, quien escribió: "la belleza es verdad; la verdad, belleza; esto es todo lo que sabes sobre la Tierra, y todo lo que necesitas saber". De este modo, el film resulta estéticamente impresionante, una gozada visual tanto en la composición de los planos como en la utilización de los colores en escenarios y vestuario. Un film hermoso, sí, aunque Campion termina por contagiarse de la rigidez y frialdad impuestas por las costumbres victorianas, y ello deriva en una asepsia que impide empatizar con los sentimientos de los dos protagonistas, demasiado diluídos en un mar de apariencias y convencionalismos. Fanny, una feminista adelantada a su tiempo no muy diferente de la Lizzie Bennett de "Orgullo y prejuicio", se obstina en dar rienda suelta a sus sentimientos por el joven y pobre poeta, pero nunca llegamos a sentir que él la corresponde. De hecho, es el personaje de Keats lo más endeble de la película, tanto en su descripción dramática como en la floja composición de Ben Whisahw (protagonista de la adaptación de "El perfume"), quien nunca logra transmitir la grandeza, la humanidad y las dudas de su personaje. Bastante más correcta está Abbie Cornish como Fanny, aunque yo destacaría especialmente a Paul Schneider interpretando al Señor Brown, colega, mentor, agente, padre adoptivo y casi enamorado de Keats, todo en uno, en una relación que, por mucho que el actor se esfuerza, tampoco resulta del todo creíble.



"Bright Star" (léase "Estrella brillante", aunque en la película, cuando se recita el poema del que toma su título, se traduce como "Bella estrella") no quiere ser un biopic al uso, y por ello adopta el punto de vista de Fanny Brawne, en quien se personifica el lento pero inexorable proceso de enamoramiento y seducción que la poesía ejerce sobre las personas sensibles. Melodrama dolorosamente romántico sobre el arte, el amor y la moralidad, "Bright Star" enlaza con la filmografía anterior de Jane Campion no tanto por la ambientación en tiempos pretéritos como por la descripción de un personaje femenino aparentemente delicado pero provisto de una gran fuerza moral y decidido a entregarse a su peculiar forma de entender la pasión sin arredrarse ante los convencionalismos de una sociedad que no la entiende.



Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía, Paul Schneider


Lo peor: Ben Whishaw, la banda sonora, la frialdad de algunas secuencias importantes, el haber mantenido el título original


El cruce: "Sentido y sensibilidad" + "El piano" + "Orgullo y prejuicio"


Calificación: 7,5 (sobre 10)


(Nota:  una versión alternativa de este artículo se entregó ayer a los asistentes a la proyección de la película por parte del Cine Club PARADISO en el Teatro Guerra de Lorca)



miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE (Primera Parte)"

Capítulo final, primera puntata

Cuando se hizo público el anuncio de que la saga literaria juvenil más famosa del universo iba a ser llevada al cine, me compré el primer libro de la colección, "Harry Potter y la Piedra Filosofal", y en muy poco tiempo no sólo me lo leí, sino que casi podría decirse que me lo bebí. Eran otros tiempos y tenía que hacer dos recorridos diarios en tren de media hora cada uno, y quien ha tenido que viajar así sabe perfectamente que una hora de tren no sólo da para mucho, sino que tiene un algo casi romántico que hace que lo que allí lees te atrape aún más intensamente. Sin ser una gran escritora y sin haber sido capaz de redactar auténticas obras maestras de la Literatura, lo cierto es que la creadora de la franquicia, J. K. Rowling, posée una imaginación desbordante y sus libros tienen las dosis justas de amistad, compañerismo, fantasía, acción y suspense. Cuando se estrenó el film meses después, acudí al estreno teniéndome que dar de codazos con cientos de fans murcianos que se conocían la trama al dedillo, y lo mismo sucedió, de modo ejemplar, con cada una de las entregas posteriores. Ahora llega a los cines la primera parte de la adaptación de "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte", que es el séptimo y último libro pero que, bien por un repentino ataque de fidelidad hacia la muy voluminosa obra original, difícilmente condensable en una película de duración standard, o bien porque, de este modo, se exprime aún más la gallina de los huevos de oro, ha sido llevada a la pantalla en dos entregas, estando previsto el estreno de la segunda para el mes de julio del próximo año.



El alzamiento de Lord Voldemort, el Señor Oscuro del mundo mágico, es ya un hecho irreversible. El único mago capaz de hacerle frente, el director de la escuela Hogwarts, Albus Dumbledore, ha muerto, y el joven Harry Potter y sus inseparables amigos Hermione Granger y Ron Weasley no tienen más remedio que huir para salvar la vida. Voldemort sabe que tarde o temprano tendrá que enfrentarse a Harry en un duelo a vida o muerte, y éste sabe que el único modo de derrotar a su malvado rival es encontrar, uno tras otro, los relicarios o "horrocruxes" que contienen pequeños trozos del alma oscura de Voldemort. Con este motivo, Harry, Ron y Hermione inician un peligroso viaje en el que tendrán que enfrentarse a todo tipo de amenazas y, de paso, estrecharán aún más los lazos que les unen.



Haber llegado hasta aquí ya es todo un logro para todos los responsables de la saga, desde la escritora J. K. Rowling hasta el productor David Heyman, pasando por el guionista habitual Steve Kloves. Tomando como ejemplo la franquicia, también británica, de James Bond, la poderosa Warner Bros. ha venido confiando durante todo este tiempo en un equipo técnico y artístico de probada solvencia, que han afrontado con un éxito incuestionable la misión casi imposible de rodar siete películas en diez años, algo sumamente difícil al tratarse de producciones muy caras y muy aparatosas. Es evidente que el público, el juez más duro e inflexible, ha respondido con muchísima generosidad, y todo ello a pesar del baile de directores que han ido desfilando por la saga. Chris Columbus dirigió los dos primeros capítulos (“La Piedra Filosofal” y “La Cámara Secreta”) en un tono luminoso y juvenil, y fue el responsable de definir los ambientes y las caracterizaciones de los personajes. Le sucedió Alfonso Cuarón con la mucho más oscura "Harry Potter y el Prisionero de Azkabán", tras la cual Mike Newell realizó la muy "british" "Harry Potter y el Cáliz de Fuego", y, finalmente, el poco menos que desconocido David Yates ha sido el elegido para ocuparse de los tres últimos episodios, "Harry Potter y la Orden del Fénix", "Harry Potter y el Misterio del Príncipe" y el doble y larguísimo epílogo. Yates lo hizo bastante bien en "La Orden del Fénix", pero con su sombría y atropellada adaptación del sexto libro se hizo acreedor de las peores críticas de toda la saga. Por suerte, parece que el hombre ha querido obsequiar a los millones de fans del joven mago con una película sorprendentemente digna y más madura de lo previsto, que utiliza el consabido recurso de la "road movie" para abandonar a los protagonistas en un mundo agreste y amenazador, esta vez lejos de los muros protectores de Hogwarts. Los primeros cinco minutos del film dan la sensación de estar presenciando una película seria y dramática, y, de no ser por una primera escena de acción ciertamente mal enfocada y peor montada, podríamos decir que "Las Reliquias de la Muerte" contiene algunos de los momentos más lucidos y logrados de toda la franquicia. Supongo que es inevitable que en una película de estas características haya un número indeterminado de rayos de colorines que brotan de las varitas de los brujos y las brujas, pero, a diferencia de lo que había sucedido en las dos ocasiones precedentes, Yates sabe dosificar tales momentos y convertirlos no en la base sino en el apoyo de la acción, con lo cual el peso específico del relato vuelve a recaer en el guión y sobre todo en los actores. Son tantos y tan buenos los numerosos intérpretes británicos que se han dejado ver por la saga que es inevitable que la mayoría reaparezcan, aunque sólo sea para hacer una aparición más o menos lucida en este díptico de despedida. Robbie Coltrane, Ralph Fiennes, Alan Rickman, David Thewlis, Brendan Gleeson, John Hurt, Helena Bonham-Carter, Imelda Staunton, Jason Isaacs e incluso John Hurt disponen de unos minutillos para volver a impresionarnos, y encima se les unen Bill Nighy y Rhys Ifans. De verdad que un reparto así merecería un premio especial, por su perseverancia, su cohesión y su grandeza. También Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson disponen de más ocasiones de lucimiento, gracias al ritmo mesurado y a la dosificación de las escenas de acción y efectos especiales.



Siempre digo que una de las claves para lograr una buena película familiar radica en tomarse en serio al público infantil y juvenil, y allí en donde fracasan cosas como "Kika Superbruja y la máquina de hechizos", que tomaba a los niños por idiotas, triunfa este último o penúltimo film de "Harry Potter". Hay aventura, hay tensión, hay algo de comedia y también un poco de romance, existe un conflicto dramático y, por una vez, el brillo de los efectos especiales no ciega los ojos del respetable. A destacar la hermosísima narración del cuento de los tres hermanos que se encuentran con la Muerte, un maravilloso corto de animación integrado en la película.



Luis Campoy



Lo mejor: la historia de los tres hermanos y la Muerte, la madurez de los tres protagonistas


Lo peor: la primera secuencia de acción, muy mal visualizada y que desorienta al espectador


El cruce: "Harry Potter y la Orden del Fénix" + "Harry Potter y la Cámara Secreta" + "El Señor de los Anillos"


Calificación: 8,5 (sobre 10)

jueves, 18 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "AGNOSIA"

Ojos que no ven, cambiazo seguro…




Según la Wikipedia (esa página de internet que todos los pardillos consultamos como si se tratase poco menos que de la Biblia, sin reparar en que sus artículos están sujetos a la manipulación de los usuarios), "Agnosia" es "La interrupción en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos, o de aprender nuevos estímulos, sin haber deficiencia en la alteración de la percepción, lenguaje o intelecto". En la película de este mismo título que ha dirigido el catalán Eugenio Mira, la protagonista padece agnosia a consecuencia de un golpe que sufrió en la cabeza siendo niña. Ya adulta, su padre consigue localizar a un supuesto médico que, para curarla, decide encerrarla en una habitación aséptica y completamente oscura durante tres días. Pero todo ésto no es sino un maquiavélico plan, en medio del cual se halla un joven que deberá hacerse pasar por el novio de la muchacha, futuro heredero del negocio familiar, y sonsacarla para obtener una fórmula que puede hacer rico al industrial que la posea.



Independientemente del resultado final de la película, del que enseguida hablaremos, sorprende de "Agnosia" su perfecto acabado, el primoroso cuidado con que ha sido ambientada, el mimo y el sosiego con el que su director impone un ritmo lento y detallista, pretendiendo facturar una obra ciertamente hermosa, al menos en lo estético. "Agnosia" transcurre en un momento y en un escenario perfectamente definidos (la Barcelona de finales del siglo XIX), y tanto la época como la ciudad están reflejados con detallismo y precisión. Asímismo, el vestuario y los decorados son sensacionales, y, si uno es lo suficientemente paciente como "soportar" la lentitud con la que avanza la trama, aparentemente hacia una típica historia de curación milagrosa en la línea de "El aceite de la vida", de repente se tropieza con una asombrosa vuelta de tuerca en la que nada es lo que parece y todo se encamina hacia un robo sofisticadamente planificado. Incluso las interpretaciones son más o menos satisfactorias, con un estupendo Sergi Mateu a la cabeza, pasando por una algo atontolinada Bárbara Goenaga, un pánfilo Eduardo Noriega, un enamorado Félix Gómez y un apergaminado Jack Taylor. Pero ¡ay!, donde la puesta en escena brillaba con luz propia, donde un guión ciertamente original había logrado interesarnos, llega el momento culminante y casi todo el castillo de naipes se desmonta. Sí, se supone que la "agnóstica" que interpreta Bárbara Goenaga está casi ciega o al menos tiene interrumpida la capacidad de recibir estímulos visuales, pero pretender hacernos creer que, sólo por vestir y peinar más o menos igual a Eduardo Noriega y a Félix Gómez, una chica que lleva toda la vida viviendo al lado del primero, no va darse cuenta de que el segundo tiene otra voz, se expresa de modo distinto, se mueve de otra manera e incluso posée otro aroma corporal, es un hándicap tan enorme que resulta totalmente increíble. ¡Precisamente a una ciega, una persona que, al tener disminuída la capacidad de ver, debería tener hiperdesarrollados todos los otros sentidos, vas a darle tan fácilmente gato por liebre! Si no fuese por ese no tan pequeño detalle, estaría deshaciéndome en elogios hacia esta muy catalana película (curiosamente, es la segunda película producida y ambientada en Cataluña que, en tan sólo dos semanas, vuelve a hablarnos de la ceguera; la otra era, naturalmente, “Los ojos de Julia”) que, con todo, sorprende y sabe ir haciéndose, conforme avanza su metraje, cada vez más entretenida. Atención especial merece esa última escena ambientada en las escaleras de la Catedral, libremente basada en el desenlace de “El Padrino III”, y que además se lleva por delante la vida del personaje equivalente.



Luis Campoy



Lo mejor: la ambientación, el vestuario, Sergi Mateu, la banda sonora


Lo peor: la imposible sustitución de Eduardo Noriega por Félix Gómez, los nombres de los protagonistas (ese "Cárlas" y ese "Visént", lo siento, pero suenan fatal)


El cruce: "La saga de los Rius" + "El golpe" + "Los ojos de Julia" + “El Padrino III”


Calificación: 7 (sobre 10)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

"Si al hablar no has de agradar..."

Lo decía Pepito Grillo:  "Si al hablar no has de agradar, te será mejor callar".  No sé si mis padres me inculcaron tan acertada frase, o si fui yo mismo quien la abrazó desde pequeñito.  Lamentablemente, parece que tan sensato consejo no está implantado en los actuales sistemas de enseñanza, o quizás nunca lo llegó a estar en el pasado, porque son muchas las personas que, cuando te ven después de algún tiempo, lo primero que te formulan es un comentario de todo menos agradable.  "Te estás poniendo viejo", "Cada día estás más gordo", "Se te está cayendo el pelo a pasos agigantados" o "Hay que ver cómo se te notan los años" son algunas de esas frases que uno jamás diría a un semejante, ni siquiera aunque fuesen ciertas, pero que hay que tragarse cuando son los semejantes quienes se dirigen a uno.  ¿Se creerán estos eruditos, estos observadores imparciales, estos notarios del devenir, que tales juicios contribuyen a mejorar la calidad de vida del aludido?  Yo creo que no.  Entonces, ¿por qué no se callan, como el Rey Juan Carlos le dijo a Hugo Chávez?.  Seguramente porque hay quien encuentra en sí mismo tantas cosas que le disgustan, que se place de que también sus semejantes se queden descontentos consigo mismos.  La otra noche tuve una visita inesperada, y lo primero que hizo el recién llegado fue hacernos saber a mi madre y a mí cómo se evidenciaba en nuestras anatomías el difícil tránsito del existir, manifiesto en la cara y en la barriga y vaya usted a saber en dónde más.  No sé, pero o yo estoy demasiado bien educado o soy muy tiquismiquis o mucho me temo que jamás se me ocurriría entrar en casa de nadie para chafarle su plácido anochecer con un estudio inoportuno acerca del declive y el deterioro.  Cuando veo en la lejanía a ciertos conocidos que ya tengo etiquetados, confieso que los regateo hábilmente, porque sé que su percepción sobre mí se quedó anclada en mis veinticinco primaveras, y, cada vez que me pongo a tiro, me bombardean con su poco ilusionante análisis.  No es que le exija a nadie que me elogie ni me piropée, pero sí sería muy de agradecer que estos analistas pensasen un poco y que, así como a ellos no les gustaría que sólo les criticasen lo malo, tuviesen algo más de cautela y tratasen de no herir con comentarios nada positivos y sí bastante deprimentes.  Pepito Grillo nunca lo hubiera hecho.

martes, 16 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "IMPARABLE"

Ejemplar cine de acción


Tony Scott le ha cogido el gusto a los trenes. Y ha arrastrado en su afición a Denzel Washington. Esa es la conclusión que fácilmente puede entresacarse cuando se estudia la filmografía de director y actor, que hace bien poco habían colaborado en otro thriller ferroviario, "Asalto al tren Pelham 1,2,3". Ahora sin John Travolta, "Imparable" nos cuenta un caso real sucedido en 2001, cuando un tren sin control, cargado con sustancias inflamables, a punto estuvo de causar una catástrofe sin precedentes, de no haber sido por la audaz intervención de dos funcionarios de la compañía ferroviaria.



Siguiendo la tradición de ilustres precursoras como "El puente de Cassandra" o "El tren del infierno", "Imparable" gestiona de forma admirable su limitado número de localizaciones (el tren desbocado, el otro tren en el que viajan los protagonistas, la oficina de la supervisora, el despacho del jefe de circulación y unos bellos exteriores), y durante casi todo su metraje consigue mantener en vilo al espectador, merced a la intercalación de frecuentes boletines de noticias y, sobre todo, a un montaje y un sonido excepcionales (desde este blog, reclamo desde ya el Oscar a la mejor edición de sonido para este film). Con todo, el guión adolece de determinados tópicos y, sobre todo, le sobran dos o tres secuencias innecesarias concernientes a las hijas del ferroviario maduro (Washington) y a la ex esposa e hijo del ferroviario joven (Chris Pine). Quizás si no se nos hubiera permitido conocer a las respectivas familias de los dos protagonistas ahora estaría diciendo que el film resultaba demasiado frío y mecánico, pero el modo en que Tony Scott nos presenta a estos personajes tan secundarios y episódicos da la sensación de que están embutidos en la historia con calzador, y esos calzadores nunca funcionan bien.



Denzel Washington, habitual del último cine de Tony Scott ("El fuego de la venganza", "Deja Vu" y la citada "Asalto al tren...") no se esfuerza mucho en esta oportunidad, pero es indudable que un poco de Denzel sigue siendo mucho. Por su parte, Chris Pine (el juvenil Capitán Kirk de la nueva versión de "Star Trek") demuestra un cierto progreso como actor. Les apoyan Rosario Dawson y Kevin Dunn (el padre de Shia LaBeouf en "Transformers") y, sobre todo, la funcional partitura de Harry Gregson-Williams. Lo mejor de todo, sin duda, es la más que correcta puesta en escena de un cada vez más grande Tony Scott, capaz de construir una historia apasionante partiendo de unos elementos mínimos.




Luis Campoy



Lo mejor: el montaje, el sonido, la realización en general


Lo peor: las tópicas apariciones de la esposa e hijo de Chris Pine


El cruce: "El puente de Casandra" + "El tren del infierno" + "El expreso de Chicago"


Calificación: 8,75 (sobre 10)


viernes, 12 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "SALIDOS DE CUENTAS"

El largo viaje a casa




"Salidos de cuentas" es casi una prolongación, un spin-off de "Resacón en Las Vegas" (cuya secuela oficial está rodándose en estos momentos, con los mismos artífices de la primera parte). Repiten el mismo director (Todd Phillips), uno de los protagonistas (Zach Galifianakis), cuenta una historia de carretera con evidentes puntos en común con aquélla y está narrada con el mismo tipo de humor cáustico e irreverente.



Un arquitecto cuya esposa está a punto de dar a luz mediante una cesárea programada, se ve obligado a compartir un largo trayecto en coche con un aspirante a actor más bien chiflado. Durante los larguísimos kilómetros que dura el viaje, ambos sufrirán todo tipo de penalidades y vicisitudes y, claro está, al final acabará surgiendo entre ellos una hermosa amistad...



Cuando, el año pasado, escribí mi crítica de "Resacón en Las Vegas", ya hacía referencia a las mismas cosas que hoy voy a reiterar. La historia pretende ser graciosa a cualquier precio, por lo que no se respeta nada ni a nadie; el consumo de alcohol y drogas aparece omnipresente; y, sorprendentemente, el director demuestra poseer un talento impresionante a la hora de filmar y montar, mimando el plano y el encuadre, fotografiando los exteriores con audaces tonalidades ocres y quemadas y seleccionando para la banda sonora un listado de canciones en principio inadecuadas pero que crean un curioso efecto hipnótico en contraste con las imágenes.



Que Robert Downey Jr. es un actor como la copa de un pino ya lo sabemos todos, por lo que nunca se cansa uno de felicitarse porque el mundo del cine haya podido rescatar a un talento así de la telaraña de drogas y alcohol en la que durante años y años estuvo enredado. Su interpretación bordea la perfección, envarado al principio, aterrorizado, colocado y enternecido después. Un diez para él. En cuanto a Zach Galifianakis, quien, como digo, hace exactamente lo mismo que en "Resacón en Las Vegas", no queda otro remedio que pensar que se interpreta a sí mismo, lo cual viene confirmado por su presencia la semana pasada en un talk-show estadounidense, en el que defendió la legalización de las drogas blandas fumándose un porro en directo. Junto a ellos, una embarazadísima Michelle Monaghan (la chica de "Adiós, pequeña, adiós") y un efímero Jamie Foxx (Oscar por "Ray"), cuyo papel es poco más que un cameo.



Comedia golfa y gamberra para gente sin reparos, no deja de ser una diversión políticamente incorrecta que te hace reir sin tapujos y casi sin pretenderlo, aun a costa de tus propios principios. Yo, por mi parte, cuando más me reí fue en el momento en que el personaje de Robert Downey, Jr. se ve obligado a decir, al principio, "Yo no he tomado drogas en mi vida" (pobre hombre) y, justo al final, cuando aparece Charlie Sheen (conocido también, además de como actor, por sus escarceos con sustancias estupefacientes) en una supuesta escena de su serie "Dos hombres y medio" pidiéndole un porro a Zach Galifianakis. La moralidad y las buenas costumbres no existen en el cine de Todd Phillips. Afortunadamente.



Luis Campoy



El cruce: "Resacón en Las Vegas" + "Jo, qué noche" + "Airbag"


Lo mejor: Robert Downey, Jr.


Lo peor: que sea tan deudora de "Resacón en Las Vegas"


Calificación: 7 (sobre 10)

martes, 9 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "THE TOWN, Ciudad de ladrones"

El atracador al que le robaron el corazón



Dos amigos de la infancia. Un presente criminal (son especialistas en asaltar bancos y furgones blindados) que no satisface a ambos por igual. Uno de ellos ambiciona un futuro decente, el otro le insiste para que den un último golpe. Pero ese último trabajo siempre acaba siendo el penúltimo. La aparición de una mujer no hará sino complicar las cosas, llevándoles a un desenlace que por fuerza tiene que ser violento.



Parece mentira que con un esquema argumental tan simple, con unos parámetros tan trillados, el actor Ben Affleck haya conseguido una película tan correcta. Si como simple actor el bueno de Affleck nunca detacó especialmente más que por su apostura (y, bueno, por su romance con Jennifer López), como director parece que el hombre se ha encontrado a sí mismo. Hace un par de años ya sorprendió con "Adiós, pequeña, adiós" (que alguien quiso emparentar, no sin motivo, con el caso de la pequeña Madeleine, la niña secuestrada en El Algarve portugués), y ahora vuelve a elegir el thriller como mecanismo narrativo, como género en el que parece desenvolverse más a gusto.



Basándose en la novela “El príncipe de los ladrones” de Chuck Hogan, Affleck mantiene la ciudad de Charleston como escenario de un film notoriamente influenciado por mil clásicos del cine negro, así como por títulos más reciente entre los que la magnífica "Heat" de Michael Mann se lleva la palma. Hay veces en que un director se las da de listillo y copia sin pudor el trabajo de sus "hermanos" mayores, pero, en otras ocasiones, como en ésta, la humildad y el respeto que Ben Affleck profesa hacia sus modelos no produce sino simpatía e incluso admiración. La puesta en escena es clásica, las interpretaciones son realistas y las escenas de acción están rodadas y montadas con limpieza y pulcritud. Todo un acierto en estos tiempos en que parece que, por tener un potente ordenador en la recámara, muchos realizadores se creen que todo lo que imaginan es posible y les gusta plasmarlo con la máxima aparatosidad y complejidad.



Al otro lado de la cámara, Ben Affleck sigue siendo el mismo actor minimalista de antaño (minimalista porque dispone de un registro mínimo), pero teniendo al lado a compañeros tan estimulantes como Jeremy Renner (el artificiero de "En tierra hostil"), la verdad es que puede pasar casi desapercibido. Como un joven Joe Pesci, Renner compone un personaje fascinante, capaz de pasar de la fragilidad a la violencia en una décima de segundo. Rebecca Hall encarna a la chica de turno, Jon Hamm es el incansable agente del FBI que persigue a los atracadores, Pete Postlethwaite (el padre encarcelado de Daniel Day Lewis en "En el nombre del padre") hace de florista mafioso y el gran Chris Cooper (el vecino militar de "American Beauty") da vida al propio padre del protagonista, que se pudre en prisión.



Si bien es cierto que le sobran algunos minutos (fallo común en todos los directores más o menos primerizos, deseosos de contar más cosas de las que realmente son necesarias), "The Town" se deja ver con agrado y a ratos resulta apasionante. La pena es que, en el cine, fuéramos tan pocos los que nos dejamos apasionar...



Luis Campoy



Lo mejor: Jeremy Renner, el tiroteo final (evidentemente inspirado por el de "Heat")


Lo peor: la cara de palo de Ben Affleck, el exceso de metraje


El cruce: "Heat" + "Infiltrados" + "Erase una vez en América"


Calificación: 8,5 (sobre 10)

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cine actualidad/ "LOS OJOS DE JULIA"

Entre tinieblas



Ayer, miércoles, Día del Espectador, el momento en que se supone que los aficionados al cine pueden ejercer su pasión más masivamente, por aquéllo de que la entrada cuesta algo menos, me asusté cuando ví que tan sólo seis personas íbamos a presenciar "Los ojos de Julia", una atractiva propuesta de género realizada aquí en España. A pesar de la promoción televisiva que se ha hecho de la película, parece que el público le da la espalda a este tipo de productos, por lo que habría que lamentar su falta de motivación y su ceguera.



Precisamente sobre la ceguera trata "Los ojos de Julia", que cuenta los últimos días de visión de una mujer, científica en un observatorio astronómico, aquejada de una enfermedad degenerativa que va acabar por dejarla ciega, exactamente lo mismo que le ha ocurrido a Sara, su hermana gemela. Aparentemente, Sara no ha podido soportar el peso de una vida entre tinieblas y se ha suicidado, pero Julia sospecha que hay algo que no encaja e inicia una investigación por su cuenta, la mitad de la cual debe desarrollarla tras una delicada intervención que puede retrasar su ceguera pero que la obliga a llevar los ojos vendados, con lo cual comienza a experimentar lo mismo que debió sentir su hermana antes de supuestamente quitarse la vida...



Nunca había oído hablar de Guillem Morales, realizador catalán que se ha beneficiado del mecenazgo del famoso Guillermo del Toro, productor también de "El orfanato" y que, a su vez, fue auspiciado asimismo por otro grande, Pedro Almodóvar, en la interesante "El espinazo del diablo". El caso es que el cine de terror español vuelve a lanzarse a la producción de títulos de bastante calidad, siguiendo la estela del Alejandro Amenábar de "Tesis", "Abre los ojos" y "Los otros" y que, como esta última, y, sobre todo como la citada "El orfanato" y la más modesta "No-Do", ha elegido ambientarse en viejos caserones donde la oscuridad, la soledad y el aislamiento constituyen el entorno perfecto para que la protagonista (significativamente, todos los títulos que he citado están protagonizados por mujeres) lo pase peor que mal mientras intenta hacer frente a una amenaza que no puede comprender ni controlar.



Tan satisfechos quedaron productores y actriz tras el éxito de "El orfanato", que no han dudado en volver a colaborar juntos en esta nueva ficción que investiga los entresijos de la ceguera. Belén Rueda da vida a las dos hermanas protagonistas, con una madurez y una convicción encomiables, impensables hasta hace poco en una mujer que comenzó su andadura como modelo y presentadora de concursos televisivos. Su personaje, que ha visto las maravillas del universo desde su telescopio, no se resigna a que sus ojos se oscurezcan para siempre, y menos cuando siente que sólo ella puede demostrar que su hermana no se ahorcó voluntariamente. Los otros dos personajes importantes de la trama son un joven que se ha criado en la teórica "oscuridad" en la que viven los anodinos y los mediocres, y el servicial marido de Julia, un hombre que, no obstante, esconde un turbio secreto. Pablo Derqui encarna al supuesto cuidador de Julia, una especie de "hombre sin rostro" al que nadie es capaz de recordar, y un estupendo Lluis Homar (el pretor romano de "Hispania") interpreta al marido de la protagonista, muy entonado en su actuación pero perjudicado por los encargados de maquillaje, que le endosan un peluquín más bien risible. La gran Julia Gutiérrez Caba, muy rara de ver últimamente en una pantalla, también nos regala un corto pero lucido papel.



No es perfecta y su guión da demasiadas vueltas innecesarias (la visita de Julia al centro de rehabilitación donde varias mujeres ciegas hablan, semi desnudas, sobre su hermana; la improbable presencia de la hija del vecino en la casa del asesino; la rocambolesca revelación de la filiación de este último), pero hay que reconocer que Guillem Morales sabe gestionar el suspense y el terror, apoyándose, éso sí, en una muy notable banda sonora a cargo de Fernando Velázquez, que no tiene nada que envidiar al acompañamiento musical que subraya a las mejores cintas norteamericanas de esta temática. Lamentablemente, fueron pocos los espectadores que se atrevieron a asomarse a la sala oscura, y esa es la peor forma de ceguera para un cinéfilo.





Luis Campoy



Lo mejor: Belén Rueda, Lluis Homar, la banda sonora


Lo peor: el pelucón de Lluis Homar, algunos momentos demasiado artificiosos


El cruce: "Sola en la oscuridad" + "El orfanato"


Calificación: 8 (sobre 10)