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sábado, 30 de octubre de 2010

Cine actualidad/ "MADRES E HIJAS"

Maternidad y responsabilidad




Una mujer madura de difícil carácter, que acaba de perder a su madre anciana y se plantea intentar localizar a la hija que tuvo siendo adolescente y entregó en adopción... Una abogada treintañera que presume de su independencia y que, cuando queda sorpresivamente embarazada, pretende encontrar a la madre que nunca conoció... Una muchacha negra que no puede tener hijos propios y que decide adoptar uno, incluso a pesar de las reticencias de su marido... Estas tres son las historias sobre las que se vertebra el guión de la nueva película de Rodrigo García, que no es un "García" cualquiera sino nada más y nada menos que el hijo del genial escritor Gabriel García Márquez. García, que anteriormente había rodado “Cosas que diría con sólo mirarla” o “Nueve vidas”, se consagra con esta nueva obra como uno de los más cualificados sucesores del gran George Cukor, especialista en realizar películas sobre mujeres. Pero no sólo de Cukor bebe García, sino también del no menos aclamado Robert Altman, maestro en construir libretos corales en los que un sinfín de personajes y sus respectivas trayectorias vitales, aparentemente inconexas, acaban cruzándose en un final que pretende ser original. En el caso de "Madres e hijas", la originalidad del desenlace brilla por su ausencia, lo cual no es malo ni es bueno para una obra de ritmo sosegado que, evidentemente, no será plato de gusto para adolescentes adictos a la adrenalina, la violencia y las emociones fuertes. Las emociones que nos describe García están destinadas a conmover a un público maduro en general y femenino en particular, y nos hacen reflexionar sobre lo que significa ser hijo (hija), ser madre, ser libre y ser consecuente con las decisiones tomadas.



El ascendente latino de Rodrigo García le hace no ser del todo imparcial ni objetivo con los personajes que describe, y por éso, mientras que las mujeres típicamente norteamericanas tienen comportamientos en algún caso censurable y su temperamento agreste les juega no pocas malas pasadas, los caracteres afroamericanos (ésto es, de raza negra) o directamente sudamericanos son quienes salen mejor parados, desde el jefe del bufete de abogados capaz tanto de enamorarse de su joven empleada como de alejarse de ella para no sufrir, sin por ello desentenderse de su paternidad cuando sospecha que el hijo que espera es suyo, hasta la joven ansiosa de ser madre a toda costa, que no dudará en aceptar a la hija de una mujer blanca de la que no sabe absolutamente nada, pasando por el simpático enfermero al que no arredran los continuos desprecios de la mujer de la que se ha enamorado.



En el ecléctico reparto de "Madres e hijas" podemos encontrar a una a ratos irreconocible Annette Bening, que actúa muy bien pero que parece que ha recurrido al peor cirujano plástico de Hollywood, uno que utiliza bótox comprado en el mercadillo. Naomi Watts interpreta convincentemente a la abogada, un fondón Samuel L. Jackson hace de su jefe y un campechano Jimmy Smits se viste de enfermero. Desde luego que no se trata de una película especialmente entretenida, en el sentido palomitero del término, pero está llena de momentos que tocan la fibra sensible y a buen seguro que nos hará reflexionar a todos quienes nos hacemos múltiples preguntas sobre nuestro origen y nuestra trascendencia, sobre la familia y sobre nosotros mismos.



Luis Campoy



Lo mejor: las actrices


Lo peor: los retoques faciales de Annette Bening


El cruce: "Vidas cruzadas" (nunca mejor dicho) + "Armas de mujer" + "American beauty"


Calificación: 8 (sobre 10)

jueves, 28 de octubre de 2010

Cine actualidad/ "STONE"

Raro, raro, raro




Un funcionario de prisiones a punto de jubilarse afronta el que será su último caso: aprobar o denegar la libertad condicional de un peculiar recluso que se afirma rehabilitado, pero que no duda en utilizar a su bella esposa para influir en la decisión del agente...



Con este esquema argumental se acaba de estrenar entre nosotros "Stone", la segunda película de Milla Jovovich que llega a España en apenas dos meses (la otra fue "Resident Evil: Ultratumba", aunque no sería raro que todos la hubiéramos olvidado ya). En esta ocasión, en lugar de pútridos zombies, la acompañan dos pesos pesados de la interpretación, cada uno de ellos selectos abanderados de su respectiva generación: Robert De Niro y Edward Norton. También acabamos de ver a De Niro en "Machete" de Robert Rodriguez, pero su participación en aquella violenta cinta de aventuras no dejaba de ser episódica y caricaturesca. Ahora, bajo la dirección del desconocido John Curran, el genial actor tiene la ocasión de dar vida a un personaje por lo menos algo más elaborado, si bien ni siquiera su probada excelencia basta para levantar un film extraño y desconcertante.



Viendo "Stone" (que, por cierto, es el apodo por el que se conoce al recluso interpretado por Edward Norton), me pareció, nuevamente, que viajaba en un túnel del tiempo, esta vez con destino a los años setenta. El tono de la fotografía, la planificación, el montaje y el sonido me recordaron poderosamente a los que imperaban en aquella década, característicos de films como "Serpico" o "Al otro lado de la medianoche". De hecho, a no ser porque aparecen ciertos artilugios informáticos (pantallas de ordenador, ratones, etc.), diríase que De Niro y su esposa viven en efecto atrapados en aquellos años, como, por otra parte, su soledad y su aislamiento hacen sugerir.



No sé muy bien qué es exactamente lo que el director John Curran pretendía conseguir poniendo en escena este guión tan pretencioso como insatisfactorio. Los primeros minutos parece que van en un sentido, la siguiente media hora cambia de registro, el final parece un trhiller y el epílogo te hace pensar que no has entendido nada de nada. Pero a mí me parece que más bien el realizador no ha sido capaz de encontrar el tono, ni de focalizar exactamente aquéllo que quería transmitir. Algo muy triste, tratándose, no lo olvidemos de la segunda colaboración de Robert De Niro y Edward Norton, que ya habían coincidido en "Un golpe maestro" (allí con el finado Marlon Brando). De Niro, por otra parte, parece deambular sin rumbo y sin saber si está en un drama o en una comedia: Norton, peinado por el mismo peluquero de Pinto, el portero suplente del Barça, es quien mejor parado sale, y Jovovich tiene ocasión de mostrarnos su vena más calenturienta (y unos pezones inconfundibles).



Odio salir del cine sin enterarme de lo que pasado. Es como si el dinero que he pagado no hubiese servido para comprender la historia, para disfrutar a ese par de actores geniales, para pasar un rato ameno. Es una pena que, visto de esa manera, "Stone" se quede a medio camino de todo y no vaya hacia ninguna parte.



Luis Campoy



Lo mejor: la secuencia en la que Robert de Niro y Milla Jovovich pelan huevos duros, guiño cómplice a "El corazón del Angel"


Lo peor: la sensación de no haberte enterado de nada


El cruce: "Fuego en el cuerpo" + "Las dos caras de la verdad"


Calificación: 5 (sobre 10)

miércoles, 27 de octubre de 2010

Yo soy Flanders

Todos tenemos un personaje de ficción que nos agrada especialmente, que nos inspira, con el que nos sentimos identificados, al que quisiéramos parecernos.  Yo siempre he querido ser Spiderman.  O Indiana Jones.  Pero, según mi amigo Matías, me quedé en Flanders.  Flanders es ese vecino de Los Simpson para quien la vida es casi de color de rosa, convencido de sus propios y elementales principios morales de simpleza e inocencia y que, al cabo, parece vivir en un mundo idílico sólo habitado por él y su familia.  Yo no es que sea inocente en el sentido infantil de la palabra, ni soy ni he sido todo lo bueno que me hubiera gustado ser y desde luego que no todo es para mí de color de rosa, pero soy consciente de que muchas veces dedico un tiempo y un esfuerzo inacabables a hacer lo que creo a ultranza que es correcto, y que, asímismo, en ocasiones me dejo manipular fácilmente, porque elifo creer determinadas cosas en detrimento de otras posibilidades que prefiero ignorar.  Como todo el mundo, cada día recibo toneladas de emails de ésos que igual contienen un apabullante despliegue de tetas y culos que un maravilloso reportaje fotográfico sobre los palacios de Dubai que la escandalosa revelación del secreto mejor guardado del Universo.  El otro día, "descubrí" que el motivo por el que Zapatero le ha dado aún más poder a "La señorita Trini" (Alfonso Guerra dixit) es porque son amantes desde los lejanos años de la universidad, y ayer mismo pude averiguar por qué Antonio Gala colecciona bastones, qué hace con ellos y por qué no fue nombrado Hijo Predilecto de su pueblo.  No me creo nada de nada.  Soy Flanders, ¿recordáis?  Para mí ciertas cosas tienen que ser de cierta manera y no puedo concebir que otras sean tan rematadamente horribles como alguien se empeña en contarlas.  Por ejemplo, el 11-M.  Todos habréis leído que ciertos medios de comunicación y aquéllos que los apoyan, los leen, los escuchan y los ven sostienen contra viento y marea que quien colocó aquellas bombas no fue ningún comando islamista, sino…  Bueno, la identidad de los verdaderos ejecutores materiales de la matanza no es realmente lo importante para estos miles de españoles, sino el hecho de que quienes, poquísimos días después, ganaron las elecciones generales, obtuvieron un enorme beneficio tras haberle cargado el muerto a los islamistas, un beneficio de proporciones tan incalculables que es imposible que las explosiones y las pruebas que apuntaban a una dirección y no a otra fuesen meramente casuales.  Para ellos, todo fue un montaje perfectamente estructurado, en el que estuvieron implicados conocidos políticos, reputados periodistas y más de un alto cargo de las fuerzas de seguridad.  Es decir, la muerte de ciento y pico personas inocentes sería el daño colateral causado por tan maquiavélico plan meticulosamente diseñado para que los socialistas llegaran a la Moncloa.  El Flanders que llevo dentro jamás ha creído y jamás creerá esa teoría, por muchas pruebas que tales informadores afirmen poseer.  Pero ésa es otra.  ¿Qué son "pruebas", al fin y al cabo?  No se trata sólo de aportar datos aparentemente bien documentados.  Ese tipo de datos que leemos en un periódico o, ya puestos, en un powerpoint o en un correo electrónico, pueden ser tan apabullantes, tan convincentes... como falsos.  Quienes leen esas informaciones y las creen a pies juntillas ¿se toman la molestia de comprobarlas por sí mismos?  Esta mañana  me han revelado que los trenes que chocaron no sé cuándo llevando a no sé cuántas personas a bordo, en realidad se hallan no sé dónde, en una especie de hangar secreto.  Asímismo, el terrorista que supuestamente se autoinmoló durante el citado  11-M no estaría muerto, sino prisionero en una cárcel marroquí (si lleva o no una máscara de hierro cubriéndole el rostro, ya no me lo han concretado).  Según esta misma línea de oscuras revelaciones, el Juez Garzón sería en realidad más criminal que los criminales que ha encerrado, el Rey Juan Carlos se habría bajado a última hora del tren del 23-F y Alfredo Pérez Rubalcaba sería poco menos que un Darth Vader sin máscara respiratoria.  Lo mejor de todo es que, si uno sabe cómo buscarlas, las pruebas para todas estas acusaciones están al alcance de cualquiera.  Lo malo es que descubrir verdades tan horribles sería aún peor que aceptar las bucólicas certezas entre las que algunos hemos elegido vivir. Por éso no andaba tan descabellado Matías cuando me llamó "Flanders".  Claro que prefiero ser Flanders a ser el taxista que interpretaba Mel Gibson en "Conspiración", un pobre diablo que, tras pasarse años y años tratando de destapar insidiosos complots que sólo veía en su propia mente calenturienta, daba con uno real, tan real que a punto estaba de costarle la vida.  Estoy seguro que entre uno y otro caso (el que se fía de todo el mundo y el que no se fía de nada ni de nadie) hay una sabia y mesurada posición intermedia, que es la que uno quisiera poder adoptar.  Pero, puestos a elegir, si por estar "bien informado", por ser terreno abonado para todas las informaciones conspiratorias habidas y por haber, tengo que ver la realidad aún más lúgubre y ponzoñosa de lo que ya me parece...  leñe, pues elijo pintarme de amarillo la cara y seguir siendo el buenazo de Flanders.

lunes, 25 de octubre de 2010

Cine actualidad/ "DEJAME ENTRAR"


La sangre como metáfora



Durante un gélido invierno repleto de nevadas, Owen, un niño triste y solitario cuyos padres están a punto de separarse, sufre el acoso de los matones del instituto. Incapaz de encontrar consuelo en nadie, Owen entablará amistad con Abby, una niña recién llegada al vecindario, que se convertirá en su mejor y única amiga e incluso en su protectora. Sólo hay un problema: Abby sólo sale de noche, no come y únicamente bebe... sangre.



Si nos ponemos a hablar de "Déjame entrar", versión USA, que ha dirigido Matt Reeves, el celebrado autor de "Monstruoso", tan sólo se me ocurrirían cosas buenas. La ambientación es fabulosa (esos paisajes níveos, esas atmósferas pesadas en las que la propia soledad constituye una amenaza...), los actores infantiles (Kodi Smit-McPhee, el niño de "La carretera" y Chloe Moretz, la niña de "Kick-Ass") están los dos espléndidos y la película está narrada con un ritmo sosegado que, sorprendentemente, nunca induce al aburrimiento. Hasta aquí, todo chapeau.



El problema es que existe un "Déjame entrar" sueco, la versión original, que dirigió Tomas Alfredson hace un par de años y que constituye la fuente de la que Matt Reeves (que también ha firmado el guión del remake) ha bebido sin ningún tipo de pudor. Una vez más, cabe preguntarse para qué diablos es necesaria una nueva versión que reitera la misma historia, los mismos personajes y hasta las mismas situaciones, tan sólo variando la localización de los acontecimientos (quedaría feo que un film yanqui transcurriese en una helada ciudad sueca), el nombre de los personajes, y, lógicamente, las caras de los actores que los interpretan. Todo lo bueno de este "Déjame entrar" estadounidense ya se encontraba en su predecesora europea, por lo cual quienes ya vieran aquella cinta se preguntarán, muy juiciosamente, por qué razón deberían molestarse ahora en ver su fotocopia.



Sin embargo, los amantes del cine fantástico que no conozcan la pieza original quedarán gratamente sorprendidos con este film, aparentemente pequeño e intimista, que sabe utilizar temáticamente casi todos los tópicos asociados con el vampirismo. Tal y como yo mismo hice en mi segunda (y nunca estrenada) película, "Sangre" (1995), la historia está llena de alusiones a la inocencia y su pérdida, al sexo y la violencia y al poder de la sangre como catalizador de cambios. El hecho de que los dos protagonistas tengan apenas doce años impide que el enamoramiento que surge entre ellos pueda consumarse, pero la condición vampírica de la niña está tratada con suma inteligencia, de modo que la sangre que enrojece determinadas secuencias puede considerarse una especie de metáfora del despertar sexual, concepto también esbozado en esa tierna secuencia en la que Abby, aterida de frío, se desnuda y se acuesta al lado de Owen, también desnudo, buscando desesperadamente su calor, pero, en el fondo, su comprensión y su aprobación.



Sumamente respetuosa para con los patrones clásicos de la literatura y el cine sobre chupasangres (el vampiro sólo se encuentra a sus anchas por la noche, la luz del sol es capaz de desintegrarle, viaja en un arcón que bien parece un ataúd, muerde a sus víctimas en la yugular, y, a pesar de todas sus habilidades, para acceder a un espacio cerrado necesita que el propietario le permita voluntariamente la entrada, de ahí el título del film), este "Déjame entrar" pasaría por ser una película excelente, romántica, poética y terrorífica... si no fuera porque no deja de ser una fotocopia. Con todo, si logramos abstraernos de este "pequeño" detalle, el esfuerzo merecerá la pena.



Luis Campoy



Lo mejor: Chloe Moretz (esta pequeña gran actriz de 13 añitos debería estar en manos de psicólogos, porque sus últimos papeles rebosan sangre y violencia)


Lo peor: ver este remake después de haber visto la cinta original


El cruce: "Entrevista con el vampiro" + "Noche de miedo" + "El misterio de Salem's Lot"


Calificación: 8 (sobre 10)

martes, 19 de octubre de 2010

Cine actualidad/ "LA RED SOCIAL"


Yo quiero tener un millón de amigos



Para todos los que usamos Facebook, ésta debería ser una película de visión obligatoria, una asignatura aprobada para quienes a diario nos examinamos en la universidad de Internet. Pero también es un film recomendable para quienes simplemente deséen enfrentarse a una más que correcta obra cinematográfica..



Mark Zuckerberg es un joven universitario, introvertido y con notorias dificultades para relacionarse. Un buen día se le ocurre vengarse de la novia que le acaba de plantar, y para ello hackea su expediente informático, tras lo cual se infiltra más a fondo en la red universitaria para crear un "libro de caras" donde votar a la estudiante más atractiva, y de ahí pasa a enlazar los ordenadores de una universidad con los de otra, recibiendo en su página recién creada un número estratosférico de visitas de muchachos deseosos de ver a sus conocidos y de compartir con ellos fotografías, pensamientos y aficiones. Facebook acaba de nacer, y las cosas no volverán a ser las mismas para su creador...



Basándose en el libro “Billonarios accidentales” de Ben Mezrich, David Fincher, el afamado director de películas como "Seven", "The game", "Zodiac" o "El curioso caso de Benjamin Button", se adentra en ese mundo fantástico que es la informática, logrando una aventura menos fantasiosa que, por ejemplo, "Tron" (y su continuación, "Tron legacy", a punto de estreno), pero, curiosamente, no menos apasionante. Si el otro día hablaba del mérito de la primera "Wall Street", capaz de construir una trama de suspense partiendo de una jerga bursátil que casi nadie conoce, "La red social" no le va a la zaga en cuanto a su capacidad para atrapar al espectador de principio a fin, a pesar de desarrollarse en un entorno donde la terminología informática apabulla y está a la orden del día. Naturalmente, el mérito estriba en la dirección de Fincher, que consigue crear un atrayente thriller cibernético sin necesidad de tiros, explosiones ni persecuciones. De hecho, para mí los modelos en los que lejanamente se inspira el también realizador de "La habitación del pánico" son "Todos los hombres del Presidente" o "Los tres días del Cóndor", sólo que sustituyendo al héroe por un antihéroe, a los periodistas por programadores y a las pistolas por ordenadores. En todos estos títulos se cuenta la historia de uno (o varios) individuos enfrentados al sistema y a sus propios compañeros, y en todos ellos la victoria del protagonista no deja de tener un sabor amargo, como amarga es la soledad del triunfador, del genio en este caso. Excelente la composición del joven Jesse Eisenberg, que ya me maravilló en "Bienvenidos a Zombieland". Eisenberg y, en realidad, todos sus compañeros casi adolescentes desarrollan sus papeles con agudeza , con convicción y con una milimétrica precisión a la hora de pronunciar los rítmicos diálogos redactados por Aaron Sorkin. Pero en el resto del reparto no faltan los alicientes de todo tipo. Andrew Garfield, que da vida a Eduardo Saverin, el amigo/enemigo de Zuckerberg, será el nuevo Spiderman en el film que está a punto de empezar a rodarse; Justin Timberlake, popular actor y cantante más conocido por su palmito que por su talento, interpreta al creador de Napster (el ya arcaico precedente de Kazaa o eMule); Rooney Mara, que aquí hace de Erica, la primera novia del protagonista, será nada más y nada menos que Lisbeth Salander en el remake norteamericano de "Millennium" (que, por cierto, va a dirigir precisamente David Fincher); y que los nostálgicos no se pierdan el breve papel que desempeña un recuperado David Selby, que en los ochenta fue el pérfido Richard Channing en "Falcon Crest".



Metáfora de la condición humana (fue precisamente un tipo tan insociable y con tantos problemas de relación como Mark Zuckerberg quien posibilitó la existencia de una herramienta capaz de unir entre sí a millones y millones de personas), "La red social" representa un trocito de la historia de todos nosotros, todos los que nos comunicamos a través de ese mundo todavía mágico y fascinante como es internet.



Luis Campoy



Lo mejor: el guión, la dirección, Jesse Eisenberg y en general todo el reparto


Lo peor: que sólo hubiese siete personas en el cine


El cruce: "Todos los hombres del Presidente" + "Supersalidos"


Calificación: 9 (sobre 10)

miércoles, 13 de octubre de 2010

Cine actualidad/ "WALL STREET, El dinero nunca duerme"

El dinero no se duerme... pero los espectadores sí




Un joven ejecutivo de una empresa financiera norteamericana ve cómo no sólo peligra su puesto de trabajo al filtrarse rumores malintencionados sobre la viabilidad de la compañía (lo cual conduce al suicidio a su jefe y mentor), sino que también se queda en el aire su proyecto más personal, basado en las energía alternativas. De repente, cuando más desesperado está, cae en la cuenta de que su novia se apellida... Gekko. Un nuevo universo de argucias y triquiñuelas financieras se abre para él, y en él se adentrará a pesar de los riesgos que acercarse a Gordon Gekko conlleva...



No dejo de leer y escuchar en diversos medios de comunicación que esta nueva colaboración del director Oliver Stone y el actor Michael Douglas es un remake de "Wall Street", aquel estupendo film de 1987 que, además de una taquilla más que correcta, cosechó varios premios para Douglas, entre ellos el Oscar al Mejor Actor. Pero ¿remake...? Remake es una nueva versión, mientras que lo que se supone que es esta “Wall Street: El dinero nunca duerme” es una secuela, es decir, una continuación. Pero claro, quienes así hablan no están del todo desencaminados, por cuanto, nuevamente, el estupendo personaje encarnado por Douglas, Gordon Gekko, vuelve a hacer de Mefistófeles de un joven e inocente Fausto que sucumbe a sus diabólicos encantos bursátiles. Porque, ya puestos a recuperar la carismática figura de Gekko, más ahora que nos hallamos sumidos en una salvaje crisis económica de la que no acabamos de salir y que por sí sola ya merecería protagonizar una película, ¿era realmente necesario repetir el mismo esquema argumental de la primera parte? Yo pienso que no, y menos con un guión muchísimo menos hábil, lúcido e interesante que el del film original. De hecho, si pudiéramos quitar a Michael Douglas y a su alter ego Gekko de la trama, lo que nos quedaría no sería muy diferente de lo que podemos encontrar cualquier sábado o domingo por la tarde en uno de esos "Estrenos TV" que emiten casi todas las cadenas. Porque, mientras que el primer "Wall Street" poseía la capacidad de apasionar al espectador, de atraparlo en una tela de araña a pesar de la imposibilidad de comprender en su totalidad las múltiples acepciones económicas que contenían sus portentosos diálogos, este segundo capítulo no sólo resulta aburrido desde el principio, sino que tanto pretende dosificar a su indiscutible estrella, Michael Douglas, que, cuando por fin aparece, uno ya está tan aletargado que casi no se le disfruta. Y no es que el joven Shia LaBeouf no lo haga bien (yo diría que está incluso mejor que Charlie Sheen, el pipiolo del film original), es sólo que ni él ni Carey Mulligan (la prometedora actriz de "Una educación") ni mucho menos Josh Brolin o los muy avejentados Frank Langella y Eli Wallach tienen el peso específico para sustentar un argumento que se pretende complejo pero se queda en aparatoso, como aparatosos son los suntuosos y grandilocuentes escenarios en los que se desenvuelven los protagonistas, prácticamente inmunes a la ya citada crisis económica. Oliver Stone se ha equivocado del todo con esta película (recuerdo que la primera la rodó como homenaje a su padre, que era corredor de Bolsa), desde el principio hasta el final. Pasado el brillante prólogo (con Douglas saliendo de la cárcel, en una escena calcada del arranque de "Granujas a todo ritmo"), ya desde los títulos de crédito, en los que se mantiene la mima grafía de los originales pero se sustituye el "Fly me to the moon" de Frank Sinatra por una ignota cancioncilla que ni conozco ni me apetece conocer, es inevitable la comparación de este producto con el otro que le inspiró, que, oye, no era una obra maestra, pero al menos contaba una buena historia, presentaba en sociedad a un villano de campanillas y poseía unos diálogos memorables de los que muchos aún nos acordamos. Nada de éso pervive en "Wall Street: El dinero nunca duerme". El villano ya no lo es tanto (el personaje de Josn Brolin es el verdadero "malo" de la función), los buenos diálogos brillan por su ausencia y, a cambio, sólo nos encontramos con una insoportable sucesión de canciones que aparecen en los momentos más inadecuados. Muy poco bagaje para un director como Stone y una estrella como Douglas, a quien, sabedores de su grave enfermedad, deseamos una pronta recuperación, para que le dé tiempo a protagonizar muchas películas superiores a ésta...



Luis Campoy



Lo mejor: Michael Douglas, Shia LaBeouf, el cameo de Charlie Sheen


Lo peor: los mohínes de Carey Mulligan, la historia laaaarga y soporífera


El cruce: "Wall Street" + "Granujas a todo ritmo" + "Los padres de ella"


Calificación: 5 (sobre 10)

lunes, 11 de octubre de 2010

Cine actualidad/ "MACHETE"

Tiros, hostias y tetas




Cuando Robert Rodríguez se alió con Quentin Tarantino hace tres años para rodar "Grindhouse", una parodia supuestamente divertida de las películas de bajo presupuesto que se hacían en los años 60, seguramente no se imaginaba que lo que más iba a gustar al público no iba a ser ni el mediometraje que él dirigió, que acabó estrenándose independientemente con el título de "Planet Terror", ni mucho menos el decepcionante segmento a cargo de Tarantino, que vio la luz, convenientemente ampliado, con el título de "Death Proof". No, lo único realmente conseguido y disfrutable de aquel engendro fueron los falsos trailers de películas inexistentes, a cada cual más cachondo y surrealista. De todos ellos, el más comentado fue el de "Machete", que protagonizaba el carismático Danny Trejo, primo segundo de Rodríguez en la vida real. En el mismo año en que ha producido "Predators", Robert Rodríguez ha decidido rodar ahora el film completo sobre la figura de Machete, contando, naturalmente, con el inimitable e indispensable Trejo (que, por cierto, también actúa en "Predators", incorporando a un personaje secundario llamado... "Cuchillo"). La historia que se ha urdido para recrear las violentas escenas que se condensaban en aquel trailer tiene que ver con un ex agente de los servicios secretos mexicanos, que es supuestamente eliminado por un poderoso narcotraficante, pero que sobrevive casi milagrosamente y que, años después, se ve implicado en una compleja red de tráfico de inmigrantes ilegales que, si consiguen pasar la frontera, son impunemente cazados por un sheriff sádico e incluso por un Senador ultrafascista. Naturalmente, Danny Trejo, que tiene ya 66 años pero ello no es óbice para que Rodríguez le convierta en una especie de máquina de matar y de follar (con perdón) al estilo del más salvaje James Bond, encarna al protagonista, con su consabida parquedad gesticular, en una composición que hace que Charles Bronson parezca un maestro de la expresividad. Pero lo más interesante y llamativo no es el mal encarado personaje principal, sino la multitud de secundarios de auténtico lujo que han atendido la llamada de Rodríguez: Robert De Niro, Steven Seagal, Don Johnson, Cheeh Marin, Jeff Fahey y unas curvilíneas Jessica Alba, Michelle Rodriguez y Lindsay Lohan. Supongo que todos ellos sabían exactamente en lo que se metían, porque lo único que hacen es desmelenarse un poco, pasárselo pipa pegando tiros y atizando mandobles o espadazos y, en el caso de las chicas, salir lo más ligeritas de ropa posible (aunque parece que la Lohan recurrió a una doble de cuerpo). Violencia (mucha violencia), palabrotas y jugosos despelotes son los ases en la manga con los que han contado Rodríguez y su ayudante Ethan Maniquis, en una orgía de sangre, fuego y sexo que, efectivamente, recuerda a determinado cine de serie "B" que se rodaba en los años 60 y 70. Por supuesto, el guión está lleno de diálogos absurdos y situaciones rocambolescas, cosa que todos nos esperábamos, pero lo que yo no me esperaba es que algunas escenas estuvieran tan mal rodadas y montadas, como si la serie "B" no fuese un paraíso para la imaginación sino un oasis para la chapuza y el cutrerío. Divertida si uno es capaz de reirse con la violencia más sanguinolenta, "Machete" parece que puede convertirse en una trilogía (si el cuerpo de Danny Trejo aguanta el tute) y, desde luego, no me cabe duda de que, para ello, tendrá que recaudar en el mercado internacional más de lo que ha cosechado en el estadounidense, donde, en determinados lugares, la gente sigue siendo reacia a ir al cine para disfrutar una ensalada así de tiros, hostias y tetas.




Luis Campoy



Lo mejor: el elenco de actores secundarios dejándose llevar


Lo peor: el modo chapucero en que están resueltas demasiadas escenas


El cruce: “Desperado” + “Men in black” + “Los siete magníficos”


Calificación: 6 (sobre 10)


jueves, 7 de octubre de 2010

Tiempos revueltos 2010

Como cada año por estas fechas, me siento obligado a hablaros de uno de mis pocos vicios televisivos, el culebrón de sobremesa de la 1 "Amar en tiempos revueltos", que llega a su sexta y quizás última temporada.  La acción del serial transcurre en Madrid a partir del año 1954, concretamente en la Plaza de Los Frutos (también llamada "Plaza de Santo Tomé"), lugar donde el Bar El Asturiano constituye el epicentro de la vida social.  De hecho, esta temporada más que ninguna otra ha quedado evidenciado que los únicos intérpretes fijos de la serie son los taberneros Marcelino (Manuel Baqueiro), Manolita (Itziar Miranda) y Pelayo (José Antonio Sayagués), ya que el resto del amplio elenco actoral que tuvimos no durante una sino durante dos entregas ha sido reemplazado en su totalidad por nuevos actores, que aportan, obviamente, nuevas tramas y nuevos escenarios.  Era lógico que determinados personajes que no daban más de sí salieran del proyecto, pero es una pena que otros (el detective Perea que interpretaba Javier Collado, el doctor Salcedo al que daba vida Nacho Fresneda o el cura encarnado por Marco Martínez) no hayan podido encontrar el hueco que indudablemente se merecían.  Los nuevos protagonistas de esta veterana ficción son el ambicioso industrial Andrés Hernández Salvatierra (José Luis García-Pérez), la hermosa Irene (Eva Martín), el marido de ésta, el ex-diplomáico guatemalteco Ubaldo Ramos (Roberto san Martín) y los primos de Manolita, Felisa (Maica Barroso) y Trino (Joaquín Climent).  El clan de los Salvatierra lo completan la esposa de Andrés, Eulalia (Cristina Plazas), sus hijos Jaime (Marcos Gracia) y Almudena (Roser Tapias), su hombre de confianza Matías (Israel Elejalde) e incluso su amante, Lina Guzmán (Isabel Serrano), ex-corista y profesora de una academia de baile en la que le ayudan su marido judío Joaquín (Jaroslaw Bielski) y su hermana Benita (Carmen Gutiérrez).

Por su parte, Ubaldo e Irene tienen un oscuro pasado que todavía no se ha llegado a revelar del todo, si bien conocemos que ella, española de nacimiento, estuvo presa en un campo de concentración nazi y luego se vio obligada a ejercer la prostitución en París, donde fue rescatada por Ubaldo, que posteriormente fue designado Agregado comercial de la Embajada de Guatemala en España.  Fue en una recepción organizada por el embajador guatemalteco donde se inició una rivalidad de consecuencias imprevisibles, ya que Andrés, borracho como una cuba, intentó coquetear con Irene y posteriormente insultó gravemente tanto a Ubaldo como a sus compatriotas, a los que llamó "indios" y "salvajes".  Meses después de aquellos sucesos, un cambio de gobierno en Guatemala ha hecho caer a Ubaldo en desgracia, y para subsistir se ha visto obligado a montar una tienda de discos justo al lado de El Asturiano, ignorante de que Salvatierra vive muy cerca de él, en un edificio en el que los nuevos porteros son los primos de Manolita, recién llegados del pueblo.  Felisa y Trino acaban de limar sus pasadas asperezas con el pobre Marcelino, y su única preocupación es encontrar en la capital un futuro mejor para sus cuatro hijos, Miguel (Héctor Tomás), Asunción (Nadia de Santiago), Consuelo (Macarena García) y Pedro (Arturo García) y para el abuelo Basilio (Juan Antonio Quintana), mudo desde que fue malamente fusilado durante la Guerra Civil.  La figura omnipresente y casi omnipotente de Andrés Hernández Salvatierra sobrevuela de un modo u otro las vidas de todos ellos, ya sea para tratar de controlar a sus propios hijos (Jaime es un universitario de ideología liberal que de milagro ha logrado evitar la cárcel, mientras que su hermana bebe los vientos por Fede, su compañero de correrías políticas), para beneficiarse como sea a Irene, aplastando, de paso, a su esposo Ubaldo, para seguir sometiendo a Lina, su familia y cuantas jóvenes alumnas se cruzan en su camino, o para vigilar de cerca a los pueblerinos que cuidan su escalera.  Pero la pretensión última de Salvatierra no es sólo acumular dinero y amantes e impedir que los devaneos comunistas de su hijo mancillen su buen nombre, sino dar el salto a la política, donde aspira algún día ser nombrado Ministro.  Este es el punto de partida de este sexto año de "Amar en tiempos revueltos", y no le van nada mal las cosas, porque cada día sigue contando con una audiencia media de más de dos millones y medio de espectadores, lo cual es muchísimo teniendo en cuenta la hora en la que se emite, y la cada vez más dura competencia de sus rivales, "Sálvame" en Telecinco, "Sé lo que hicísteis..." en La Sexta y "Tonterías, las justas" en Cuatro.  Retrato no siempre objetivo de nuestra historia reciente (como acostumbro a decir, es evidente que los "buenos" son librepensadores y antiguos republicanos, mientras que los "malos" son fascistas, falangistas y adeptos al Régimen franquista en general), "Amar en tiempos revueltos" se rueda en un inmenso plató madrileño y cuenta con un ejército de sastres, figurinistas, maquilladores, peluqueros y decoradores que intentan reconstruir estéticamente aquellos años entrañables en los que era la radio y no la televisión la única fuente de entretenimiento de los españoles, bueno, éso y el fútbol o el teatro.  Crónica de una época ya casi olvidada, en la que uno podía ser encarcelado o apaleado por expresar sus opiniones en la vía pública, pero en la que, por el contrario, los lazos familiares tenían un valor y una importancia impensables hoy día, confieso que “Amar en tiempos revueltos" continúa siendo, para mí, lo único a lo que merece la pena dedicarle una hora diaria sentado frente a la televisión.