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viernes, 24 de septiembre de 2010

Matroska

Leónidas tartamudeaba.  Indiana Jones se congelaba.  El hueso que el simio de "2001" lanzó al espacio, ascendía dando saltitos.  Como en una pesadilla, algunos de los inmortales iconos del Cine parecían lentos y cansados y daba auténtica pena verlos.  "¿Es que este hombre no prueba ninguna de las películas que se baja?", pensé.  Mi amigo Pablo me había pasado dos decenas de películas en formato "mkv" (abreviatura de “Matroska”, nombre con el que se conoce a cierto famoso contenedor de codecs y zarandajas parecidas), y yo las guardaba, como los tesoros que eran, en las tripas de un disco duro multimedia, que sin embargo, el muy desfasado, era incapaz de leer tal codificación.  La solución:  comprar otro disco duro más moderno y que supiese leer cualquier cosa, o bien encontrar un reproductor capaz de realizar tal función. En Eroski hallé lo que andaba buscando:  un aparatito negro y liviano de la marca Dane-Elec que presumía de su facilidad para la lectura.  Lo probé con fragmentos de "Avatar", de "2001", de "En busca del Arca Perdida" y de "300".  Los primeros segundos de cada una de ellas lucían alucinantes, y su sonido era (nunca mejor dicho) de cine.  Estaba tan feliz y tan convencido, que tiré la caja a la basura.  La primera película que empecé a ver entera con mi hijo, precisamente "300", comenzó a fallar al cabo de diez minutos.  Sí, los primeros instantes se veían y se oían de escándalo, pero, conforme avanzaba el metraje, el sonido empezaba a oscilar entre la excelencia y la calamidad.  Se oía perfecto durante un instante, luego parecía que hablaban desde una caverna, de nuevo se recuperaba la calidad perdida, a continuación retornaba la pésima sonoridad y así sucesivamente, en un ciclo infinito que nos hizo desistir.  Días después, quise embaucar a todos en mi casa para ver, por primera vez, "En busca del Arca perdida" en alta definición.  "Si es que a Harrison Ford se le ven hasta los poros de la piel", les decía yo alucinado.  Pero ¡ay!, en la escena en la que Indy viaja a Nepal para recoger a su antigua novia Marion, de repente el arqueólogo nos pareció un cobarde redomado.  Empezaba la pelea en el bar, y, mientras los tiros, los golpes y la música de John Williams continuaban resonando, el Dr. Jones se queda paralizado.  Bueno, él y todos los demás.  En lugar de avanzar a 24 fotogramas por segundo, la película se arrastraba a razón de una imagen a la hora.  Fue entonces cuando maldije a Pablo y a toda su catalana casta por haberme pasado un montón de películas defectuosas.  Cuando le ví, se lo eché en cara tan airadamente, que fue corriendo a su casa para comprobar mis acusaciones.  Al momento, ya lo tenía llamando a mi puerta.  "Pues a mí se me ven todas bien", me dijo.  "¡No puede ser!", repliqué, "las he probado varias veces y siempre fallan en el mismo punto".  "Compruébalo tú mismo", insistió, y se trajo su propio reproductor multimedia para apoyar sus palabras.  Lo probamos y lo comprobamos, y el muy cabrito tenía razón.  ¡¡LA VENGANZA DE LOS ELECTRODOMÉSTICOS ATACABA DE NUEVO!!  "Tío, lo que tú tendrías que hacer es vivir en la Prehistoria, que entonces no había aparatos que te pudiesen salir mal", me diría, horas después, mi ex-encargado Mariano.  Bromas aparte, lo pasé muy mal ese lunes por la noche.  Me había conformado con probar el reproductor superficialmente, y lo peor es que ni siquiera conservaba la caja.  Pero lo cierto era que el aparato no funcionaba bien, o no como debería, y me fui a Eroski para ver qué podía conseguir.  Sorprendentemente, dí con un ángel en forma de empleado que, llevando el cacharro y el mando y los cables no en la caja original sino en una bolsa de plástico (y ni siquiera de Eroski), aceptó tomármelo y devolverme el dinero.  Casi no podía creerlo, y me sentía tan agradecido que en aquel momento me hubiera llevado un tentador reproductor con disco duro que además grababa de la tele...  de la misma marca que el que acababa de devolver, pero una vocecita en mi interior me instó a la paciencia.

Ayer por la tarde, me dio la locura y me fui con el tal Pablo a la capital murciana.  A pesar de que todo indicaba que nuevamente íbamos a navegar a través de una tormenta torrencial, cuando llegamos al enorme complejo de la Nueva Condomina (en el que igual puedes ver un partido de fútbol que una película en el cine, todo ello antes o después de comer, cenar o dejarte la paga del mes en todo tipo de innecesarios caprichos) aún lucía el sol.  Dejamos el coche en el parking exterior, penetramos en el área comercial propiamente dicha y, tras lo que me parecieron cuarenta kilómetros de tiendas y más tiendas, accedimos al gigantesco recinto de la FNAC, donde, por cierto, tres años atrás adquirí una PDA que me llevó por la calle de la amargura.  Buscamos la sección de Informática y enseguida vimos en el expositor un disco duro multimedia que presumía de grabar, también, de la tele.  Acudí al dependiente para que nos explicara las excelencias del invento, pero, para empezar, el propio empleado ni siquiera era conocedor de la facultad grabatoria de la máquina.  Yo entiendo que todos somos humanos y que ninguno podemos saberlo todo acerca de todos los productos que nos rodean, pero no es muy edificante para un comercio comprobar que un cliente recién llegado sabe más de un producto que el propio vendedor.  Con las mismas, y después de darnos un garbeo entre películas, comics y merchandising, nos fuimos al MediaMarkt de enfrente, volviendo a recorrer el centro comercial, esta vez en sentido opuesto.  En el territorio del "Yo no soy tonto" pudimos tratar no con uno sino con tres dependientes vestidos de rojo y probadamente cualificados.  Estuve a punto de decidirme por un disco duro multimedia Woxter con función de grabación, pero, tras largas y costosas deliberaciones, me llevé un reproductor Emtec cien euros más barato (el costo del disco duro que no incluía), que también grababa y además venía respaldado por el fabricante como el único capaz de reproducir enormes archivos mkv sin ralentizarse.  Por desgracia, a mis taymuchos años de reiteradas frustraciones electro-informáticas, el optimismo no me embargaba cuando entramos de nuevo en el centro comercial con el fin de llegar hasta el aparcamiento para subirnos en el coche;  digamos que, decepción tras decepción, uno se vuelve escéptico por necesidad.  En lugar del sol luminoso de la tarde, una luna tenue campeaba en el oscuro firmamento.  Al cabo de veinte minutos de dar vueltas infructuosamente por todo el parking sin encontrar mi metálico corcel, comencé a inquietarme.  "Hay que ver, con todos los vehículos que aparcan aquí al cabo del día, y tienen que ir a robarte justamente el tuyo", dijo mi supuesto amigo.  La verdad es que yo también había empezado a considerar esa posibilidad, y nubarrones de insoportable pesimismo cruzaron por mi mente, llenándome de desasosiego.  Los pensamientos más dramáticos me invadieron ("Y si realmente me han robado el coche, ¿cómo me compro yo otro ahora?", "¿Cómo regresamos a Lorca a estas horas de la noche?", "Mira que si me toca buscar alojamiento en Murcia junto a este señor...", "¿Qué nuevos problemas me dará el aparato que acabo de comprar?","¿Y si Messi no se recupera a tiempo de la lesión?", "¿Merecerá la pena gastarse un pastón para ver la nueva versión de "Avatar", que sólo tiene 8 minutos nuevos?"), mientras caminábamos bordeando el exterior de la vasta zona de estacionamiento, sólo para llegar frente al mismo MediaMarkt en el que habíamos estado una eternidad atrás, cuando la primera vez que llegamos lo que había era un Leroy Merlin.  A Pablo se le ocurrió la genial idea de volver a penetrar en las entrañas del hipermercado, y buscar otra salida que diese a otra zona de aparcamiento.  No iba desencaminado.  Segundos después, dimos con otro parking idéntico al anterior (se ve que los construyen a decenas, para despistar a la clientela), en el que, esta vez sí, nos aguardaba mi utilitario, que, cuando lo ví, casi me pareció un Mercedes último modelo.  Nos montamos en el coche, nos perdimos un par de veces más tratando de encontrar la entrada a la autovía, y finalmente llegamos a la Ciudad del Sol con el tiempo justo para que mi amigo se fuese a trotar por esos montes de Dios y yo viese el primer episodio de la nueva temporada de "Aguila Roja".  En cuanto al éxito o fracaso del reproductor recién adquirido…  por favor estad atentos a mis nuevas Odiseas…  muy pronto en este mismo canal.

2 comentarios :

atudela dijo...

Hola Luis, aunque creo que ya has solucionado el problema, te cuento lo que se del asunto. Hoy día el mejor reproductor que hay es el Western Digital Live, que es un aparato que solo reproduce, ni lleva TDT, ni graba, ni lleva disco duro. Se limita a reproducir lo que haya en el dispositivo USB que se le conecte, pendrive o disco duro. Su precio es de unos 100 Euros. Para no tener ningun problema ni ahora ni en el futuro, pero a costa de complicarse un poco la vida, lo mejor es montarse un HTPC, que viene a ser un caja pequeñita que es un ordenador y que se maneja con un mando a distancia. Esta es la mejor solución sin duda, ya que no tiene ningún tipo de limite, aunque ponerlo en marcha es mas complicado.
Saludos de un lector habitual de tu blog.

Luis Campoy dijo...

Muchas gracias, por el consejo y por los datos, y por ser amigo habitual del blog. Tal como cuento en un artículo posterior, finalmente me he hecho con un EMTEC Moviecube que no sé si es HTPC pero de momento no me ha fallado. Un cordial saludo, seguimos en contacto.