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jueves, 30 de septiembre de 2010

Menuda huelga

Hoy, 30 de Septiembre, todos los medios de comunicación han hecho sus análisis de la jornada de Huelga General acaecida ayer.  Es asombroso leer y escuchar cómo los índices de participación oscilan increíblemente si quien los divulga es una fuente de tendencia izquierdosa o una de raíces más bien derechistas.  En cualquier caso, ninguno puede tergiversar totalmente la realidad, y la realidad es que la Huelga fue un fracaso total, absoluto y sin paliativos, al menos en la zona en la que yo vivo y trabajo.  Por poner un ejemplo, he podido averiguar que, de una población de 23 empleados que somos en mi centro de trabajo, sólo 1 (uno) se sumó a la huelga.  El resto, como cada vez que sucede algo así, vinimos a currar como cualquier día normal.  Y éso fue lo que hicieron la inmensísima mayoría de personas que conozco, y creo que la gran mayoría de españolitos de a pie.  ¿Puede considerar realmente un líder sindical que una jornada con tales resultados constituye un éxito?  Yo creo que no.  O sí, pero sólo después de haberse abandonado al consumo imprudente de bebidas espiritosas tratando de enajenarse de una realidad muy poco solidaria.  Es cierto que las reformas anunciadas por Zapatero y su cohorte no han sido bien recibidas por casi nadie, y que son y seremos muchos los perjudicados, a corto o a largo plazo.  Pero ¿es una Huelga la solución?.  Está visto que casi nadie confía en que un desplante de ese tipo pueda obligar al Gobierno a rectificar.  ¿Qué herramientas, pues, tenemos a nuestro alcance?  Visto lo visto, yo me atrevería a vaticinar que lo único que nos queda son las Elecciones generales, que, si nada se altera muy drásticamente, seguirán siendo en 2012.  Hasta entonces, nos toca la dieta del ajo y agua, y después mantener la confianza en que, gane quien gane, se atreverá a cambiar todo ésto que hoy nos horroriza.  Yo soy escéptico, y cada día más.  Es evidente que ZP está haciéndolo todo o casi todo mal, pero ¿se atreverán sus muchísimos detractores de a pie a darle su voto soberano a un señor tan poco carismático y tan poco fiable como Mariano Rajoy?.  Volviendo a la Huelga de ayer, lo que más me llama la atención es el modo en que se produjeron los paros registrados.  El caso de mi compañero, que libre y voluntariamente, decidió sumarse al absentismo laboral, es una rara avis en un panorama de amenaza y coacción personificado en esa oscura amenaza mal llamada "Piquetes informativos".  Los piquetes informativos los constituyen un grupito de sindicalistas, simpatizantes y amantes de la bronca en general que, muy poco amablemente, te informan de que, o dejas de trabajar por las buenas, o dejarás de hacerlo por las malas, éso sí, con un considerable estropicio que, claro está, tendrás que pagar tú.  Encima de todo.  ¿Eso es Democracia?  ¿Eso es ejercer un derecho?  Lo peor de todo es que, como digo, en cada piquete militan sindicalistas convencidos, auspiciados, obviamente, por unos líderes aburguesados que conocen y consienten los desmanes de sus correligionarios.  ¿Cuánta gente se vio obligada a hacer huelga por miedo a los piquetes?  Casi todos los que pararon, me temo.  En Lorca, me cuentan que los centros comerciales, los grandes supermercados (Mercadona) y las oficinas bancarias  paralizaron su actividad de modo intermitente, pero sólo porque los piqueteros les amenazaban, volviendo a reemprender la faena cuando los exaltados se iban en busca de nuevas víctimas a quienes amedrentar.  En el Polígono Industrial se produjeron retenciones de más de media hora, debido a que los piquetes, cortando la carretera, se negaban a posibilitar el acceso a quienes querían ejercer su legítimo derecho a trabajar.  ¿De verdad son sinceros los señores Cándido y Toxo cuando dicen que se sienten satisfechos ante un porcentaje de paro obtenido así?  ¿Qué son estos sindicalistas, el consuelo y la esperanza de los trabajadores…  o su peor pesadilla?  Cuando quienes tienen como misión apoyarte y ayudarte, lo que hacen es amenazarte, taponarte la cerradura con silicona o dañarte cualquiera de tus utensilios o infraestructuras laborales, tan sólo porque no has tomado la misma decisión que ellos propugnan, me pregunto qué mierda de Democracia tenemos.  Estos sindicalistas, los fanáticos que encabezan los piquetes, me parecen más bien mafiosos, pistoleros que quizá no disparen con balas, pero sí son los más rápidos apretando el gatillo de las pistolas de silicona.  Alguien debería avergonzarse, y mucho, de convocar una Huelga general en estas circunstancias y bajo estos condicionantes.  Si sólo hubiese secundado la Huelga quien por convicción moral así lo hubiese decidido, sin amenazas y sin coacciones, las cifras que hoy nos depararían los medios de comunicación serían simplemente ridículas.  Estoy completamente seguro de ello.

martes, 28 de septiembre de 2010

Datos protegidos

Hubiera querido hundirme en el sofá, pero los cojines me lo impidieron.  Hubiera querido desahogarme dándole puñetazos a alguien, pero mi madre, casi recién salida del hospital, no era el sparring más adecuado.  En cualquier caso, ¿no era lo más lógico dar por hecho que los duendes electrónicos iban a jugarme otra mala pasada?.  Al día siguiente de mi odisea murciana, tuve por fin la ocasión de probar el reproductor que me había agenciado en MediaMarkt.  Ya conectar el amasijo de cables necesarios supuso un considerable engorro.  Pero todo hubiera merecido la pena si los Na'vi, los alienígenas apitufados de "Avatar", hubiesen hablado, o si Darth Vader y Yoda se hubiesen dejado ver a través de esa cortina de negrura que parecía "La guerra de las galaxias" cuando quise probarla.   Después de todo, el cacharro que devolví en Eroski fallaba a la mitad de las películas más "pesadas", pero al menos las reproducía todas, mientras que este nuevo artilugio se negaba a leer la mitad de ellas, amparándose en la fácil y barata excusa de que "no reconocía el archivo".  Sí, conociendo mi completísimo historial, debería haber estado preparado para el nuevo desastre, pero, aun así, mi cabreo fue indomable durante un rato.  Intenté llamar a Pablo, vecino y asesor tecnológico, pero la estridencia de la feria y un subidón etílico le impidieron empatizar con mi frustración.  Tras una noche de pesadilla, me levanté el sábado por la mañana y fui directo a encararme de nuevo con mi enemigo cibernético.  Sin novedad en el frente.  Cuando Pablo despertó de su sueño necesariamente reparador, me pidió que le repitiese lo que la noche antes no había alcanzado a comprender, y me rogó que le prestase el engendro, con la intención de comprobar si realmente grababa de la TV (por cierto, realizando dicha prueba, el pobre no pudo impedir que su disco duro quedase tan formateado como un desierto estéril, y creo que todavía anda loco tratando de encontrar el modo de recuperar su querida videoteca).  El caso es que disponía de siete días para volar al MediaMarkt y cambiar el producto por otro o recuperar el dinero, y ya se me habían volatilizado casi dos.  Decidí que de esa misma tarde no pasaba, y, todavía con el último macarrón empalado en el esófago, me monté a mi hijo en el coche y nos dirigimos al epicentro de la Huerta del Segura.  Tramitar la devolución del aparato no fue nada difícil.  En cuanto la señorita de Atención al Cliente vio que llevaba el invento, la caja, el cargador, los cables, los plásticos de protección y, sobre todo, el ticket de compra, no me puso ninguna pega.  Pero yo no quería volverme de vacío.  En una bolsa de mano portaba mi propio disco duro, que contenía un centenar de películas de todos los tipos y formatos, y con cara de listo (ya sabéis que en MediaMarkt nadie es tonto) me encaminé hacia la adorada/temida sección de Informática.  De uno de los dependientes que ya estuvieron pendientes de mí un par de días atrás, dependió el que pudiese realizar la primera de las pruebas necesarias...  con pésimos resultados.  El disco multimedia Woxter que se hallaba en plena fase de promoción era tan incompetente como el que acababa de devolver.  "¿Puedo probar otro?", le pregunté al empleado.  "No, lo siento, no puedo ir destapando aparatos para probárselos.  Tendrá que decidirse por alguno y comprarlo, y entonces se lo probarán en Atención al Cliente...  si no están muy ocupados".  "¿Cómorrrrrrr?".  O sea, para que me prueben un producto, primero tengo que pasar por caja y luego confiar en que el empleado de turno esté ocioso...  Vaya, qué bonito.  En fin, las normas son las normas.  Compré un DDM (disco duro multimedia), también EMTEC, que podía grabar la televisión (pero sin formatear) y que, por ser de alta gama (alta y cara, muy cara...), me aseguraron que sí podía leer los archivos que su hermano menor (o más barato) no había sido capaz.  Una vez cumplimentado el reglamentario paso por caja, me dirigí al ya conocido departamento de Atención al Cliente.  Esta vez había un empleado, que, por hallarse sentado y sin clientes revoloteando alrededor, presumí que reunía la condición de "no estar muy ocupado".  Llamé su atención y, cuando se levantó para acercarse al mostrador desde donde yo le mostraba mi producto recién adquirido, me puse a temblar.  Bueno, en realidad, todo tembló, cuando el orondo muchacho puso en movimiento su mórbida humanidad.  Le expliqué que quería que me probase el aparatito de marras con las películas que me había traído en mi disco duro, y me miró como si hubiese visto al mismísimo Miguelito Jackson.  "Pero yo no puedo acceder a un disco duro suyo", jadeó, "la Ley de Protección de Datos me lo impide".  Tuve poco menos que jurarle sobre su catálogo de Septiembre que en mi dispositivo sólo había películas (y ninguna porno, no como otros...), y, ya allanado ese obstáculo, todavía me seguía poniendo pegas ("Pero ¿qué quiere?  Que le pruebe todas las películas, ¿o qué?").  Le expliqué que sabía perfectamente cuáles eran las que podían fallar y, por tanto, eran sólo ésas las que deseaba comprobar, y, a regañadientes y refunfuñando, se dignó a complacerme en mi justo requerimiento, y ¡o Fortuna!, la alta gama quedó patentizada cuando este carísimo bicho sí fue capaz de leer y releer lo que sus modestos congéneres no pudieron ni ojear.  Algo más tranquilo, cogí el aparato, recogí a mi hijo, me dejé casi cuarenta euros del ala en merchandising cinematográfico por cortesía de la Fnac, y, por fin, pude zarpar hacia New Lork, con la aparente tranquilidad de quien sabe que, esta vez, las probabilidades de que algo salga mal son sensiblemente inferiores a lo habitual.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Matroska

Leónidas tartamudeaba.  Indiana Jones se congelaba.  El hueso que el simio de "2001" lanzó al espacio, ascendía dando saltitos.  Como en una pesadilla, algunos de los inmortales iconos del Cine parecían lentos y cansados y daba auténtica pena verlos.  "¿Es que este hombre no prueba ninguna de las películas que se baja?", pensé.  Mi amigo Pablo me había pasado dos decenas de películas en formato "mkv" (abreviatura de “Matroska”, nombre con el que se conoce a cierto famoso contenedor de codecs y zarandajas parecidas), y yo las guardaba, como los tesoros que eran, en las tripas de un disco duro multimedia, que sin embargo, el muy desfasado, era incapaz de leer tal codificación.  La solución:  comprar otro disco duro más moderno y que supiese leer cualquier cosa, o bien encontrar un reproductor capaz de realizar tal función. En Eroski hallé lo que andaba buscando:  un aparatito negro y liviano de la marca Dane-Elec que presumía de su facilidad para la lectura.  Lo probé con fragmentos de "Avatar", de "2001", de "En busca del Arca Perdida" y de "300".  Los primeros segundos de cada una de ellas lucían alucinantes, y su sonido era (nunca mejor dicho) de cine.  Estaba tan feliz y tan convencido, que tiré la caja a la basura.  La primera película que empecé a ver entera con mi hijo, precisamente "300", comenzó a fallar al cabo de diez minutos.  Sí, los primeros instantes se veían y se oían de escándalo, pero, conforme avanzaba el metraje, el sonido empezaba a oscilar entre la excelencia y la calamidad.  Se oía perfecto durante un instante, luego parecía que hablaban desde una caverna, de nuevo se recuperaba la calidad perdida, a continuación retornaba la pésima sonoridad y así sucesivamente, en un ciclo infinito que nos hizo desistir.  Días después, quise embaucar a todos en mi casa para ver, por primera vez, "En busca del Arca perdida" en alta definición.  "Si es que a Harrison Ford se le ven hasta los poros de la piel", les decía yo alucinado.  Pero ¡ay!, en la escena en la que Indy viaja a Nepal para recoger a su antigua novia Marion, de repente el arqueólogo nos pareció un cobarde redomado.  Empezaba la pelea en el bar, y, mientras los tiros, los golpes y la música de John Williams continuaban resonando, el Dr. Jones se queda paralizado.  Bueno, él y todos los demás.  En lugar de avanzar a 24 fotogramas por segundo, la película se arrastraba a razón de una imagen a la hora.  Fue entonces cuando maldije a Pablo y a toda su catalana casta por haberme pasado un montón de películas defectuosas.  Cuando le ví, se lo eché en cara tan airadamente, que fue corriendo a su casa para comprobar mis acusaciones.  Al momento, ya lo tenía llamando a mi puerta.  "Pues a mí se me ven todas bien", me dijo.  "¡No puede ser!", repliqué, "las he probado varias veces y siempre fallan en el mismo punto".  "Compruébalo tú mismo", insistió, y se trajo su propio reproductor multimedia para apoyar sus palabras.  Lo probamos y lo comprobamos, y el muy cabrito tenía razón.  ¡¡LA VENGANZA DE LOS ELECTRODOMÉSTICOS ATACABA DE NUEVO!!  "Tío, lo que tú tendrías que hacer es vivir en la Prehistoria, que entonces no había aparatos que te pudiesen salir mal", me diría, horas después, mi ex-encargado Mariano.  Bromas aparte, lo pasé muy mal ese lunes por la noche.  Me había conformado con probar el reproductor superficialmente, y lo peor es que ni siquiera conservaba la caja.  Pero lo cierto era que el aparato no funcionaba bien, o no como debería, y me fui a Eroski para ver qué podía conseguir.  Sorprendentemente, dí con un ángel en forma de empleado que, llevando el cacharro y el mando y los cables no en la caja original sino en una bolsa de plástico (y ni siquiera de Eroski), aceptó tomármelo y devolverme el dinero.  Casi no podía creerlo, y me sentía tan agradecido que en aquel momento me hubiera llevado un tentador reproductor con disco duro que además grababa de la tele...  de la misma marca que el que acababa de devolver, pero una vocecita en mi interior me instó a la paciencia.

Ayer por la tarde, me dio la locura y me fui con el tal Pablo a la capital murciana.  A pesar de que todo indicaba que nuevamente íbamos a navegar a través de una tormenta torrencial, cuando llegamos al enorme complejo de la Nueva Condomina (en el que igual puedes ver un partido de fútbol que una película en el cine, todo ello antes o después de comer, cenar o dejarte la paga del mes en todo tipo de innecesarios caprichos) aún lucía el sol.  Dejamos el coche en el parking exterior, penetramos en el área comercial propiamente dicha y, tras lo que me parecieron cuarenta kilómetros de tiendas y más tiendas, accedimos al gigantesco recinto de la FNAC, donde, por cierto, tres años atrás adquirí una PDA que me llevó por la calle de la amargura.  Buscamos la sección de Informática y enseguida vimos en el expositor un disco duro multimedia que presumía de grabar, también, de la tele.  Acudí al dependiente para que nos explicara las excelencias del invento, pero, para empezar, el propio empleado ni siquiera era conocedor de la facultad grabatoria de la máquina.  Yo entiendo que todos somos humanos y que ninguno podemos saberlo todo acerca de todos los productos que nos rodean, pero no es muy edificante para un comercio comprobar que un cliente recién llegado sabe más de un producto que el propio vendedor.  Con las mismas, y después de darnos un garbeo entre películas, comics y merchandising, nos fuimos al MediaMarkt de enfrente, volviendo a recorrer el centro comercial, esta vez en sentido opuesto.  En el territorio del "Yo no soy tonto" pudimos tratar no con uno sino con tres dependientes vestidos de rojo y probadamente cualificados.  Estuve a punto de decidirme por un disco duro multimedia Woxter con función de grabación, pero, tras largas y costosas deliberaciones, me llevé un reproductor Emtec cien euros más barato (el costo del disco duro que no incluía), que también grababa y además venía respaldado por el fabricante como el único capaz de reproducir enormes archivos mkv sin ralentizarse.  Por desgracia, a mis taymuchos años de reiteradas frustraciones electro-informáticas, el optimismo no me embargaba cuando entramos de nuevo en el centro comercial con el fin de llegar hasta el aparcamiento para subirnos en el coche;  digamos que, decepción tras decepción, uno se vuelve escéptico por necesidad.  En lugar del sol luminoso de la tarde, una luna tenue campeaba en el oscuro firmamento.  Al cabo de veinte minutos de dar vueltas infructuosamente por todo el parking sin encontrar mi metálico corcel, comencé a inquietarme.  "Hay que ver, con todos los vehículos que aparcan aquí al cabo del día, y tienen que ir a robarte justamente el tuyo", dijo mi supuesto amigo.  La verdad es que yo también había empezado a considerar esa posibilidad, y nubarrones de insoportable pesimismo cruzaron por mi mente, llenándome de desasosiego.  Los pensamientos más dramáticos me invadieron ("Y si realmente me han robado el coche, ¿cómo me compro yo otro ahora?", "¿Cómo regresamos a Lorca a estas horas de la noche?", "Mira que si me toca buscar alojamiento en Murcia junto a este señor...", "¿Qué nuevos problemas me dará el aparato que acabo de comprar?","¿Y si Messi no se recupera a tiempo de la lesión?", "¿Merecerá la pena gastarse un pastón para ver la nueva versión de "Avatar", que sólo tiene 8 minutos nuevos?"), mientras caminábamos bordeando el exterior de la vasta zona de estacionamiento, sólo para llegar frente al mismo MediaMarkt en el que habíamos estado una eternidad atrás, cuando la primera vez que llegamos lo que había era un Leroy Merlin.  A Pablo se le ocurrió la genial idea de volver a penetrar en las entrañas del hipermercado, y buscar otra salida que diese a otra zona de aparcamiento.  No iba desencaminado.  Segundos después, dimos con otro parking idéntico al anterior (se ve que los construyen a decenas, para despistar a la clientela), en el que, esta vez sí, nos aguardaba mi utilitario, que, cuando lo ví, casi me pareció un Mercedes último modelo.  Nos montamos en el coche, nos perdimos un par de veces más tratando de encontrar la entrada a la autovía, y finalmente llegamos a la Ciudad del Sol con el tiempo justo para que mi amigo se fuese a trotar por esos montes de Dios y yo viese el primer episodio de la nueva temporada de "Aguila Roja".  En cuanto al éxito o fracaso del reproductor recién adquirido…  por favor estad atentos a mis nuevas Odiseas…  muy pronto en este mismo canal.

martes, 21 de septiembre de 2010

Cine actualidad/ "RESIDENT EVIL: ULTRATUMBA"

Zombis a ritmo de “Matrix”



Me pregunto si los Hermanos Wachowski (¿o deberíamos decir "Hermanas"?, ya que uno de ellos se transexualizó hace unos años) eran conscientes de que con su "Matrix" creaban un estilo, una tendencia, que se mantendría vigente más de una década después. Creo recordar que en todas las entregas de la serie "Resident Evil" la influencia del film protagonizado por Keanu Reeves ya era evidente, pero es que en esta cuarta y parece que no última, "Ultratumba", el fantasma de "Matrix" sobrevuela de modo especialmente molesto, por cuanto ya el principio, con un montón de clones de Alice (Milla Jovovich) enfrentándose a un villano vestido de cuero negro y gafas del mismo color nos hace pensar que nos hemos equivocado de película e incluso de saga. De hecho, hay que esperar bastantes minutos hasta que empiezan a aparecer los zombis de rigor. Lo mejor (si es que puede decirse que tiene algo realmente bueno, ya que, por ejemplo, la originalidad brilla por su ausencia) de "Resident Evil: Ultratumba” son sus sofisticados efectos visuales, cien por cien infográficos, y su ciertamente espléndido uso de la última tecnología tridimensional, si bien a veces molesta un poco el abuso de objetos lanzados a la cara del espectador. Sustituyendo al olvidadísimo Russell Mulcahy, que había realizado la tercera parte, regresa a la silla de director ese señor llamado Paul W. S. Anderson, casado a la sazón con la protagonista, la incombustible Milla Jovovich, y que ya se había ocupado de poner en danza la primera y mejor aventura de la serie. Por cierto, somos muchos los que estamos ya temblando tras leer que Anderson ha comenzado el rodaje de una versión de "Los tres mosqueteros" en la que Logan Lerman ("Percy Jakcson") será D'Artagnan, Christophe Waltz ("Malditos bastardos") interpretará al Cardenal Richelieu y, cómo no, Milla Jovovich, encarnará a Milady de Winter; ya me estoy imaginando los espadazos al ralentí y las estocadas en 3-D... Volviendo a "Resident Evil. Ultratumba", nada nuevo he de aportar a mi comentario sobre su antecesora; muy buena factura técnica, pero mucho zombi y demasiado humano que se comporta como si lo fuese, pues los personajes son tan planos que carecen de personalidad y casi de vida propia. El español Sergio Peris Mencheta, futuro Capitán Trueno, hace un pequeño papel, pero el pobre muere antes de que pueda lucirse.



Luis Campoy



Lo mejor: los efectos visuales, el espectacular 3-D


Lo peor: todo lo demás


El cruce: "Matrix" + "Terminator 2" + "Soy leyenda" + "Amanecer de los muertos"


Calificación: 5,5 (sobre 10)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cine actualidad/ "EL AMERICANO"

Redención imposible


Viendo "El americano" me sentí transportado no ya a otro país (Italia), sino a otra época (los años 60). Es más, si en lugar de ser George Clooney el protagonista, lo hubiese sido Alain Delon, hubiese pensado que estábamos viendo un "polar" (equivalente francés al "cine negro" americano), de ésos que tan bien dirigía Jean-Pierre Melville. Porque "El americano" es también la historia, algo sórdida, de un hombre solitario a quien persiguen su pasado y sus viejos enemigos, y que ni siquiera puede escapar de ellos escondiéndose en un remoto pueblecito de la montaña alpina. Con una precisión encomiable y una expresiva economía gestual, George Clooney da vida al protagonista, un asesino a sueldo que sabemos capaz de cualquier cosa (no sé si de matar a su propia madre, pero casi) y que, sin embargo, nos cae bien en todo momento y no queremos que nada malo le suceda. ¿Qué diablos?, se trata de uno de los actores más populares y atractivos de la actualidad. Es evidente que cuando al director holandés Anton Corbijn, fotógrafo y realizador de videoclips antes que cineasta, se le apareció la Virgen cuando el famoso intérprete accedió a protagonizar su adaptación de la novela "A very prívate gentleman" de Martin Booth. Gracias a tan ilustre nombre en el reparto, el realizador pudo concentrarse en construir una película sólida y con pocas concesiones, sosegada en su ritmo y preciosista en su puesta en escena, sabedor de que, pasase lo que pasase, iba a tener la taquilla garantizada. Y lo que pasa es que el tipo se lo ha montado francamente bien, dedicando su tiempo a planificar exquisitamente cada fotograma y glorificando aún más al protagonista de "Up in the air". Si no fuese porque cualquiera puede adivinar desde los primeros minutos cómo va acabar el film y por alguna que otra subida de tono innecesaria (la protagonista femenina, Violante Placido, es muy guapa y está muy bien dotada, pero ¿a santo de qué viene esa escena de sexo tan larga e iluminada con luces rojas, en la peor tradición de los puticlubs de carretera?), quizás estaríamos hablando de una gran película. Con todo, se trata de un producto muy decente, de esos que suelen gustar a los amantes del buen cine policíaco.



Luis Campoy



Lo mejor: la meticulosa planificación, George Clooney


Lo peor: lo previsible del desenlace, la escena de sexo filmada con bochornosos filtros rojos


El cruce: "El silencio de un hombre" + "Michael Clayton" + "El talento de Mr. Ripley"


Calificación: 8,5 (sobre 10)


viernes, 10 de septiembre de 2010

Cine actualidad/ "MIEDOS 3-D"

Miedo pero menos



Joe Dante, realizador de dantesco apellido, no es tan recordado por haber realizado la simpática "Piranha" (enésima imitación de la inimitable "Tiburón") o la generacional "Exploradores" como por haber sido el artífice de la deliciosa "Gremlins", con producción, todo hay que decirlo, de Steven Spielberg. Después de esa su obra magna, todavía brilló en algunas peliculillas más ("El chip prodigioso", "Gremlins 2", "Pequeños guerreros"), para después irse alejando paulatinamente de las marquesinas. Yo, desde luego, hacía muchísimo tiempo que no iba al cine a ver ninguna obra suya. "Miedos 3-D" (titulada originalmente "The Hole", "El agujero") es una película simpática, de éso no cabe ninguna duda. Narra una historia sencilla, y la cuenta con imágenes directas y rehuyendo en lo posible la artificiosidad de los modernos efectos visuales generados por ordenador. Dos hermanos (uno adolescente, el otro a punto de salir también de la infancia) que acaban de trasladarse a una acogedora urbanización y la monísima vecinita del al lado tratarán de descubrir los misterios inherentes a una especie de pozo sin fondo que ha aparecido en el garaje de los recién llegados, ignorantes de los terroríficos peligros que esconde... Tanto el planteamiento de la historia como el aspecto físico de los protagonistas como, sobre todo, la resolución de los efectos especiales, remiten a la década de los ochenta, que fue cuando Dante alcanzó sus mayores momentos de gloria; es como si este cineasta se negara a aceptar el paso del tiempo, o como si prefiriese refugiarse en otra época, para él más satisfactoria. Tampoco es mala esta decisión. Las relaciones filio-maternales (con reminiscencias de "E.T.") y la descripción de los personajes secundarios no son tan sórdidas como las que vemos en tantas ficciones de hoy en día; para empezar, el muchachote protagonista y su rubicunda enamorada sólo piensan en tomarse una coca cola juntos, y ni si siquiera se insinúa un ronroneo sexual. Puede que la resolución de algunas secuencias terroríficas (el momento en que determinados personajes se arrastran hasta el interior del pozo está hecho con la trasnochada técnica del stop-motion, el "cuadrito por cuadrito", lo cual no provoca sino sonrisas condescendientes en la audiencia) no esté a la altura de los planteamientos iniciales, pero es innegable que algunos momentos (la aparición de la niña fantasmal en los lavabos, el primer ataque del payaso) son realmente terroríficos, y quizás por éso llegamos a concebir falsas esperanzas respecto a un desenlace más próximo al horror que a la melodramática reconciliación familiar. Con todo, nos hallamos ante otro producto que nos permitirá ir al cine en compañía de nuestros hijos, con las dosis justas de comedia y (poco) terror y con el aliciente de unas imágenes tridimensionales por lo menos más logradas que algunas de las últimas que hemos podido ver.




Luis Campoy



Lo mejor: los primeros momentos terroríficos, la aparición del entrañable "pizzero" Dick Miller, actor fetiche de Joe Dante


Lo peor: la deriva hacia el melodrama familiar, algunos efectos especiales demasiado trasnochados


El cruce: "El sótano del miedo" + "Poltergeist" + "Gremlins 2"


Calificación: 7 (sobre 10)

jueves, 9 de septiembre de 2010

Cine actualidad/ "EL APRENDIZ DE BRUJO"

Poca magia para tanta tontería




Nicolas Cage es, probablemente, el caso más prototípico de actor en permanente declive. No sólo hace ya demasiados años que sus interpretaciones no alcanzan el nivel de las que antaño le encumbraron, sino que cada una de sus nuevas películas recauda menos que la estrenada anteriormente. Es como si el público le hubiera dado la espalda... por no hablar de la crítica. Lamentablemente, no tiene más remedio que seguir trabajando incesantemente, acuciado por sus problemas económicos con la Hacienda estadounidense, por lo cual se ve obligado a aceptar guiones tan mediocres como el de "El aprendiz de brujo". Basada en uno de los fragmentos más recordados de "Fantasia" (1940) de Walt Disney, que a su vez ponía en imágenes una célebre composición de Paul Dukas, ilustrando la odisea del alumno listillo de un hechicero que intentaba evitar tener que baldear el suelo, utilizando su magia todavía incipiente para hechizar a una fregona a la que a continuación multiplicaba, con lo cual acababa por originar un estropicio mayúsculo, esta nueva producción de Jerry Bruckheimer (el multimillonario artífice de sagas como "Piratas del Caribe" o "Tranformers") es, sin duda, lo peor que yo he visto en una sala de cine en los últimos meses. Es decir, si el productor, el director y el protagonista fuesen ciudadanos completamente anónimos y los medios de los que han dispuesto hubieran sido precarios, tal vez pudiésemos ser benévolos con un film como éste, pero, en las condiciones reales, no hay más remedio que decir que "El aprendiz de brujo" es une mala película, se mire por donde se mire. Sólo son medianamente aceptables los efectos especiales, pero, ¿qué diablos?, a estas alturas éso ya no justifica el pago de los 6,50 euros que cuesta una entrada de cine. El espectador ya no sólo quiere ver un despliegue tecnológico, sino que tiene derecho a exigir una historia entretenida, buenos personajes, buenos actores, una dirección competente. Lo más extraño del caso es que el realizador del film no es otro que Jon Turteltaub, que había dirigido las dos primeras entregas de "La búsqueda", que también protagonizaba Nicolas Cage y que, sin ser obras maestras, al menos me parecieron productos bien trabajados que garantizaban un rato entretenido y en los que, además, se aprendían curiosidades historicas. Lo único que se aprende de "El aprendiz de brujo" es que un mal guión es el peor punto de partida posible, porque el realizador no sabe qué tono darle a la historia y los actores no saben qué registro adoptar. El ejemplo más fácil de explicitar es el de Alfred Molina, reputado actor dramático y teatral que aquí parece más perdido que nunca. Sus rasgos y su fisonomía le predisponen siempre a hacer de villano con escrúpulos ("Spiderman 2", "Una educación"), pero en este trabajo no sólo roza sino que traspasa los límites del ridículo, ayudado además por un doblaje inadecuado. Nicolas Cage no lo hace ni bien ni mal sino todo lo contrario, pero ya verle con ese pelucón y con esas ropas de baratillo tiran de espaldas. Incluso la pobre Monica Bellucci luce los primeros síntomas de deterioro, y su languidez no la cura ni el más mágico de los hechiceros. Lo único que me gustó fue la interpretación del joven Jay Baruchel, futuro secundario graciosillo en películas de medio pelo. Todo lo demás es una tomadura de pelo, una pérdida de tiempo, un despropósito en el que uno no sabe si a Turteltaub le ha salido una película para niños (de teta) o si es que este señor nos ha tomado por gilipollas a todos los que nos hemos fiado de su curriculum. Y menos mal que no es en 3-D, en cuyo caso el cabreo ya habría sido mayúsculo....




Luis Campoy



Lo mejor (lo único bueno): La secuencia en la que se versiona el episodio original de "Fantasía"


Lo peor: todo en general, Alfred Molina y su doblaje en particular


El cruce: "Harry Potter" + "Transformers" + "Los cazafantasmas"


Calificación: 4 (sobre 10)

martes, 7 de septiembre de 2010

Cine actualidad/ "LOPE"

Seductor antes que autor




Mis esperanzas de pasar un rato entretenido cuando el sábado fui a ver "Lope" eran nulas. Ni el trailer me había gustado especialmente, ni me convencía el reparto (por razones que a continuación explicaré) ni el nombre del director era garantía de un producto de calidad. En todo caso, lo que pensaba era que debía apoyar al cine patrio, que bien necesitado está de que los espectadores lo sigan con idéntica devoción que al europeo o al estadounidense. Sin embargo, lo que iba a ser poco menos que un acto de patriotismo cinéfilo se convirtió en una actividad lúdica y casi placentera.



"Lope", como no podía ser de otra manera, es una especie de biografía de Lope de Vega, uno de nuestros más insignes poetas y dramaturgos, pero rehúsa realizar un retrato maniqueo y complaciente, como también escapa al biopic tradicional, ése que se limita a ilustrar los momentos principales de la vida del biografiado y siempre le deja en buen lugar. Aquí, Lope es más un espadachín que un escritor, más un joven alocado que un futuro Fénix de los Ingenios, más un modelo a evitar que un ejemplo a seguir. Recién llegado de la milicia, pretende recuperar el tiempo perdido junto a su madre, pero ésta fallece inesperadamente, y Lope se las ve y se las desea para que le permitan colaborar con uno de los más famosos empresarios teatrales de Madrid, primero corrigiendo obras de otros y luego, poco a poco, componiendo sus propias comedias. Paralelamente, vemos cómo se deja llevar más por la impetuosidad fogoso-sexual que por la inspiración divina, y su relación paralela con dos mujeres a punto está de costarle muy cara...



Como dije antes, una de las cosas que menos me gustaba, a priori, de "Lope" era su reparto. Concretamente, me repateó la elección de un argentino para interpretar al protagonista. ¿Qué pasa, que no había ningún actor español disponible? Con todo, hay que reconocer que Alberto Ammánn, también visto en "Celda 211", no lo hace mal del todo. Aporta cierta prestancia y gallardía y una mirada limpia, en una operación que recuerda mucho a la designación de Viggo Mortensen para encarnar al hiperespañol Capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte. La pretensión de los productores de la cinta era, básicamente, ser lo más fieles posibles a la realidad histórica de la época, por lo que Ammánn se pasa el metraje con barba desgreñada y el cabello grasiento, pero peor aún lo llevan sus dos compañeras de reparto, Leonor Watling y Pilar López de Ayala. Gracias a "Lope", uno se da cuenta de la maravillosa labor que llevan a cabo los profesionales del maquillaje y la peluquería... en las revistas y los saraos, porque, lo que es en la cinta, estas dos supuestamente atractivas mujeres se tornan de lo más comunes y corrientes, con la tez ajada y las axilas manchadas de sudor. Personalmente, no le recomiendo la visión de este film a los fans de la Watling, sobre todo si son de los que se fijan más en el físico que en el talento...



Dicen por ahí que la idea de los productores de la película era "adaptar" el modelo británico de la oscarizada "Shakespeare enamorado", pero yo veo más influencias de la citada "Alatriste" y, sobre todo, de la televisiva "Aguila Roja". De "Alatriste" recupera su exquisita ambientación y su fotografía preciosista, pero prescinde de su nefasto guión, que se empeñaba en aglutinar toda una serie de novelas en una sola cinta, lo cual la hacía poco menos que ininteligible. Y de "Aguila Roja", además de la coreografía de las dos o tres escenas de lucha, toma prestada la coloquialidad de su lenguaje; no esperéis escuchar locuciones como "A fe mía" o tratamientos como "Vuecencia"; en "Lope" los personajes dialogan casi como si hubiesen sido trasladados al siglo XXI.



A juzgar por el resultado final del film, la elección del brasileño Andrucha Waddington como realizador del film resulta sumamente acertada, porque aplica un punto de vista neutral y no le tiembla el pulso a la hora de retratar a nuestro insigne escritor como pendenciero y mujeriego, todo ello en una película entretenida, bien ambientada y mejor fotografiada, que, por cierto, le da sopas con honda a la sosísima "Agora" de Alejandro Amenábar, la gran apuesta comercial del cine español del pasado año.



Luis Campoy



Lo mejor: Juan Diego, la ambientación, la fotografía


Lo peor: Miguel Angel Muñoz; que se centre más en el énfasis amatorio que en el proceso creativo


El cruce: "Shakespeare enamorado" + "Alatriste" + "Aguila Roja"


Calificación: 7,5 (sobre 10)

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nueva tregua


Había oído campanas, pero hasta ayer no supe que estaban bien afinadas. Los rumores se tornaron ciertos: ETA anunció ayer un nuevo alto el fuego, cuatro años y medio después de anunciar el anterior (en marzo de 2006) y tres años y nueve meses después de romperlo con el atentado en la T-4 de Barajas que costó la vida a dos trabajadores ecuatorianos. No cabe duda de que el hecho de que esta banda asesina manifieste su intención de no atentar más es una buena noticia, pero ¿se merecen realmente estos individuos que alguien confíe en ellos? Está claro que no, primero por su misma condición de asesinos, y segundo por cómo se desarrolló el alto el fuego anterior. Lo dije entonces, y lo digo ahora. ¿Quieren dejar las armas?; pues bien, que no sólo las dejen... sino que las entreguen. Todas. Esta paz forzosa no viene determinada por un cambio de mentalidad ni porque ni por un momento se hayan parado a escuchar el incesante clamor popular. No nos engañemos. ETA no está todavía muerta, pero sí gravemente herida. La han herido las reiteradas operaciones policiales, que han acabado por dejarla sin sus principales y más sanguinarios dirigentes. Se trata de una bestia descabezada, cuya cabeza no dudamos que antes o después podría volver a resurgir, pero que necesita ganar tiempo como sea. Si nos hallamos ante una paz sincera o ante un simple señuelo, lo averiguaremos a no mucho tardar. Lo que es cierto es que se nos presenta, nuevamente, otra oportunidad histórica de terminar con la lacra terrorista, y hay que jugar muy bien las cartas para no desperdiciarla. No podemos fiarnos de esos individuos, pero tampoco podemos hacer como si no hubiéramos podido escucharles a través de los pasamontañas. Vale, no van a acometer nuevas "acciones armadas ofensivas", y éso está muy bien en la teoría, pero, para ponerla en práctica, lo primero que tienen que hacer es entregar a las autoridades su prolífico arsenal de armas, y a continuación quitarse las capuchas y anunciar a los cuatro vientos que dejan la senda de la violencia porque han comprendido que la única vía posible es la democrática. A partir de ese momento sería cuando deberíamos a empezar a creer en ellos. Todo lo demás son cánticos de sirenas, de ésos que a Ulises le entontecieron en su camino de regreso a casa. Nuestro camino es lograr la paz definitiva, y ninguna sirena terrorista debe alejarnos de él.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Cine actualidad/ "KARATE KID"

Cuelga chaqueta, descuelga chaqueta…




Como un monstruoso deja-vu, este verano cinematográfico se ha visto colapsado por una sucesión de remakes de títulos emblemáticos de los años 80, lo cual a los cinéfilos de cierta edad nos retrotrae inevitablemente a un tiempo que, muchas veces y casi por definición, fue mejor que el que hoy nos toca vivir. Como avanzadilla de esta tendencia revisionista y, sobre todo, nostálgica, en abril nos llegó "Furia de titanes", y, ahora, en apenas treinta días, hemos podido ver las actualizaciones de "El Equipo A", "Depredador" y, últimamente, "Karate Kid" . Remakes o nuevas versiones de películas o incluso de canciones los ha habido siempre, y los seguirá habiendo; a veces son innecesarios y casi siempre resultan inferiores al original, pero siempre, siempre, tienen los cimientos de su edificio firmemente asentados: es más fácil rehacer algo que crearlo de la nada.



En 1985, un señor llamado John G. Avildsen decidió presentar en sociedad su propia versión juvenil de su film más emblemático, “Rocky”, que en su día lanzara a la fama al musculoso Sylvester Stallone. Si en “Rocky” se contaba la historia de un boxeador anónimo y maduro que, de repente y gracias a la ayuda de un viejo instructor, se convertía en Campeón de los pesos pesados, en "Karate Kid" se narraban las vicisitudes de un adolescente que, casi sin proponérselo y debido al apoyo de un anciano japonés, llegaba a ser imprevisto Campeón de karate. El film, que protagonizaron el joven Ralph Macchio y el no tan joven Noriyuki "Pat" Morita, fue un exitazo universal que dio pie no sólo a dos secuelas oficiales, sino también a una serie de dibujos animados e incluso a una cuarta entrega cinematográfica, en la que se sustituyó a Macchio por una chica: Hilary Swank. Como es sabido que Hollywood, ante la crisis que también afecta al mercado de las ideas, no deja de mirar a su más o menos glorioso pasado, no era de extrañar que tarde o temprano acabara recuperando esta historia de amistad, amor, superación y deporte. Obviamente, no se podía contar con los actores originales (Macchio ya es un cuarentón y Morita, el pobre, falleció hace unos años), parece que a Will Smith, ex-Príncipe de Bel Air, protagonista de "Independence Day" y "Hombres de negro" y máximo impulsor de esta nueva versión, se le ocurrió la genial idea de que su propio hijo, Jaden Smith, hiciese las veces de alumno, y de que todo un icono del cine de artes marciales, Jackie Chan, diese vida a su maestro. Lo de Chan a muchos nos pareció, dentro de lo malo, casi una buena noticia, pero, en cuanto a lo del pequeño Smith (que ya había actuado junto a su padre en "En busca de la felicidad"), el reto parecía imposible de superar. Y bueno, partiendo de lo innecesario del remake (¿por qué no restaurar, digitalizar, remasterizar y directamente reestrenar la peli original?), lo cierto es que a) el pequeño no lo hace mal del todo y b) la película en sí tampoco es totalmente despreciable. No nos engañemos: tampoco la versión original era nada del otro mundo, simplemente un film amable, efectivo y efectista, que muchos recordamos con cariño merced a esa nostalgia de la que hablaba al inicio de este artículo. La revisión que ha facturado Harald Zwart traslada la acción a la exótica China, y destina gran parte de su excesivo metraje a mostrarnos hermosos paisajes y coloridas costumbres de aquellas tierras, logrando ser amena incluso cuando la acción decae. Un detalle curioso es que lo que el maestro Jackie Chan enseña a su discípulo Jaden Smith no es karate (como promete el título)... sino kung fu, lo cual no sé si es en sí mismo un error intencionado o bien tiene que ver con un primer intento de rebautizar al film como "Kung Fu Kid" (creo recordar que durante algunos meses el proyecto se presentó así). No cabe duda de que si uno pretende aprender artes marciales lo mejor es que acuda a una academia especializada y no a una sala de cine, como también es cierto que, si queréis ver una buena película, lo mejor es que entréis a ver "Origen", que seguro que se sigue proyectando en la sala de al lado. Con todo, y a pesar de sus múltiples defectos (no hay quien se crea que el pequeño Smith sea capaz de aprender kung fu colgando y descolgando una chaqueta, no hay por dónde coger la absurda historia de amor interracial que nos quieren vender... y no hay quien aguante los estúpidos mohínes y aspavientos de Taraji P. Henson, que interpreta a la madre del protagonista), este nuevo "Karate Kid" es un entretenimiento sano y agradable, que no insulta la memoria de su predecesora y que, como siempre digo, al menos te permite ver con tus hijos una película limpia y edificante.



Luis Campoy



Lo mejor:  Jackie Chan, las "postales" de China


Lo peor: la sobreactuación de Taraji P. Henson


El cruce: "Karate Kid" + "Karate Kid II"


Calificación: 7 (sobre 10)