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viernes, 30 de julio de 2010

Cine actualidad/ "NOCHE Y DÍA"


Comedia de acción con demasiada acción




Personalmente, sigo teniéndole simpatía a Tom Cruise. A pesar de su Cienciología, de sus ridículas entrevistas con Oprah Winfrey y de sus estúpidas manías (durante los rodajes acostumbra a subirse en peldaños de madera o, directamente, a contratar actores más bajos que él, para disimular su no muy boyante estatura), ¿qué se le va hacer?, el hombre me cae bien. Pero no todo el mundo piensa igual. En muy pocos años, dentro y fuera de su país natal, su fama y su poderío comercial se han venido abajo, precisamente por los dos primeros aspectos antes citados: la gente no le perdona sus numeritos circenses en defensa de su matrimonio con Katie Holmes, y, sobre todo, su pertenencia a una secta más turbia que reconfortante. De ser el indiscutible rey de las taquillas, ha pasado a ser una estrella del montón, de ésas que ya no atraen por sí mismas al público a los cines. La muy recomendable "Valkiria" pasó sin pena ni gloria (es más, seguro que, si la hubiera protagonizado otro actor, las cosas hubieran sido muy distintas), y las cifras de recaudación de "Noche y Día", su nueva película, están siendo de lo más discretitas.



En "Noche y Día" (pésima traducción del original "Knight and Day", donde sí existía un pequeño juego de palabras con la pronunciación de "Knight", "caballero", y "Night", "noche", aludiendo a que los dos protagonistas son tan opuestos como la noche y el día, pero sugiriendo el carácter aventurero de él), Cruise interpreta a un ex-agente de la CIA quien, en su intento de proteger a una batería energética ultrapoderosa y a su joven creador, se enfrenta a sus antiguos compañeros de la Agencia y aún tiene tiempo de ligar con una bella desconocida, cuyo destino acaba emparejándose con el suyo. Esta sencilla trama, vista una y mil veces desde que el cine existe, viene presentada en un lujoso paquete en el que, además de apabullantes escenas de acción, destacan hermosas localizaciones en Las Bahamas, Austria o nuestra querida España. Lo de España es tan de traca que se merece un comentario especial. Hace unos años, el propio Cruise estuvo por aquí rodando "Mission Impossible 2", y una de sus escenas más rocambolescas narraba cómo los españoles, con gran fervor, procesionaban unas hermosísimas imágenes religiosas, y luego ¡las quemaban!. Tan caricaturesca confusión entre las Fallas y la Semana Santa se llevó todo tipo de críticas bien merecidas, pero, lamentablemente, ni ésto ni su posterior convivencia con Penélope Cruz parecen hacer conseguido que este chico asimile nuestra cultura. En "Noche y Día", el equipo de rodaje se desplazó a Sevilla para rodar un encierro de San Fermín, lo cual, en realidad, no hubiera sido demasiado grave, pues los productores a veces no son capaces de obtener los permisos necesarios o simplemente les resulta más barato rodar en otras localizaciones; lo malo es que los sanfermines de la película no corren (supuestamente) por la calle de La Estafeta de Pamplona, sino que, intencionada y premeditadamente, la acción se sitúa en Andalucía, más concretamente en Sevilla, con sus bellos patios andaluces y sus casas blanqueadas de cal, en donde los toros no son toreados en la plaza, sino que campan a sus anchas persiguiendo a mozos con pañuelo rojo y periódico enrollado en ristre; vamos, un disparate incalificable. Por lo demás, el film adolece de los mismos defectos de aquel otro al que trata de imitar, "Sr. y Sra. Smith", donde se enamoraron Brad Pitt y Angelina Jolie y en el que también los efectos especiales y las escenas de acción adquirían un protagonismo tan desmesurado que ahogaba la propia trama. En "Noche y Día" no le ha acompañado la fortuna al bueno de James Mangold, director de títulos estimables como "En la cuerda floja" y "El tren de las 3:10", en gran medida porque el guión, las situaciones y los diálogos son aparatosos, rocambolescos y poco creíbles. A diferencia de "Sr. y Sra. Smith", donde al menos el sustrato romántico y la química entre Pitt y Jolie sí funcionaban, "Noche y Día" no tiene ni siquiera éso, y desde el principio hasta el final uno no se cree lo que sucede y, lo que es peor, no le importa lo más mínimo. Hasta el espectador menos cinéfilo puede darse cuenta de que se trata de un producto de consumo rápido, en el que dos actores en horas bajas tratan de aferrarse a la posibilidad de volver a ser taquilleros, pero lo hacen mediante una historia imposible y una saturación de secuencias aparatosas que se suceden tan seguidas que acaban por aburrir. Muy poca cosa para que Tom Cruise recupere su estrella, y menos todavía para que una ya en declive Cameron Diaz triunfe en su intento de seguir siendo joven y hermosa.



Luis Campoy



Lo mejor: Tom Cruise


Lo peor: la monótona sucesión de escenas de acción


El cruce: “Sr. y Sra. Smith” + “Casino Royale” + “El caso Bourne”


Calificación: 6 (sobre 10)



jueves, 29 de julio de 2010

Cine actualidad/ "TOY STORY 3"

Las maravillas del verano




En los viejos tiempos, cuando un servidor era apenas un mozalbete a quien sus padres fueron inculcando poco a poco la magia inigualable de ver cine en el cine, ni que decir tiene que las películas más esperadas por mí eran las de Disney. Por aquel entonces, la factoría de Tío Walt estrenaba sus grandes películas en Navidad, y los veranos se reservaban para alguna producción de menor calado, o, preferentemente, alguna reposición. Esta tendencia se ha invertido en los últimos tiempos, de modo que los grandes estrenos llegan en verano y, de haber algún otro film disneyiano pendiente de exhibición, se aprovechan las fechas navideñas. En cualquier caso, lo cierto es que no hay vacaciones estivales en las que los niños y no tan niños no tengan ocasión de quedarse entusiasmados ante la última maravilla de Disney y/o de su filial Pixar, lo más de lo más en lo que a animación (por ordenador) se refiere. De hecho, el primer "Toy Story" rompió moldes cuando se estrenó, precisamente porque supuso una excelente innovación técnica que revolución el terreno del dibujo animado, hasta el punto de que, como todos sabemos, la animación tradicional casi ha pasado a mejor vida, y sólo nos quedan algunos destellos aislados como "Tiana y el sapo", producida, también, por Disney. "Toy Story 2" fue capaz de mejorar en todo a su predecesora, logrando no sólo una factura técnica casi imposible de superar sino, sobre todo, un grado de fascinación y de madurez simplemente extraordinarios. Su éxito popular y crítico hacía inevitable la realización de una tercera entrega, pero el tira y afloja entre Disney y Pixar, a causa de la gestión de los beneficios de sus producciones, a punto estuvo de propiciar la marcha de los magos del ordenador y la realización de un "Toy Story 3" por parte de la propia Disney, ya sin sus legítimos artífices. Por suerte para todos, finalmente Pixar fue "fagocitada" por la major del ratón, y la nueva aventura de Woody y Buzz ha podido hacerse realidad en las mejores condiciones posibles.



Al igual que yo ya no soy aquel niño que necesitaba que sus padres le llevasen al cine, el pequeño Andy, el propietario de los muñecos que se nos han hecho tan entrañables, se ha convertido en un joven a punto de incorporarse a la Universidad, por lo que su madre le sugiere que se deshaga de los juguetes con los que ya no juega, bien archivándolos en el trastero o bien donándolos a una guardería cercana. Por error, los protagonistas de la saga acaban en manos de un puñado de alevines que los someten a un trasiego agotador, si bien, cuando llega la noche, quien controla la situación es un viejo oso poco amoroso, de modo que sólo un vaquero larguirucho puede ayudar a sus amigos a obtener la ansiada libertad...



Cuando uno lleva años escribiendo sobre todas las producciones Pixar que puntualmente nos llegan cada verano, llega un momento en que se agotan los adjetivos. Lo más fácil y evidente es rendirse a la excepcional calidad técnica que siempre las reviste, Es asombroso el modo en que gesticulan y se mueven sus personajes, en cómo se reproducen las texturas, los colores, los fondos (resaltados por un 3-D más bien innecesario); sin duda, ningún otro estudio de animación ha sido hasta ahora capaz de igualar siquiera los acabados de la empresa de John Lasseter. En cuanto a los argumentos y las historias que nos narran, tras las para mí decepcionantes "Ratatouille" y "Wall-E" (sí, la misma "Wall-E" ante la que tanta gente se confabuló para catalogarla de "obra maestra"), llegaron "Up" y ahora "Toy Story 3", magnificando los ya magníficos parámetros de "Buscando a Nemo", "Los Increíbles" o la propia "Toy Story 2". Ahora bien, en esta tercera y probablemente última vuelta de tuer ca sobre la infancia y la magia que la reviste, al irreprochable aspecto técnico sí me atrevo a formular una pequeña crítica. El propio esquema argumental y la mayor parte de sus vicisitudes dramáticas han sido tomadas prestadas (por no decir copiadas) de "Toy Story 2": si allí eran los juguetes quienes tenían que rescatar a Woody, ahora es éste quien debe salvarlos a ellos; el villano es también un personaje venerable y apacible pero vencido por el rencor y la amargura; en la huída, nuestros héroes sufrirán un sinfín de adversidades, a cada cual más peligrosa, de las que escaparán milagrosamente... Quizás por ésto, porque tengo muy reciente el visionado de la segunda parte, disfruté con algún reparo los maravillosos minutos de esta obra de arte, que, por otra parte, no he dudado en recomendar a todos mis conocidos, como os la recomiendo a todos vosotros. Se trata de una auténtica gozada, un regocijo para los sentidos, un festín de pixels, sentimientos y mucha inteligencia.



Luis Campoy



Lo mejor: la animación, la realización, el sentido de humor, la ternura...


Lo peor: es demasiado deudora de su predecesora, "Toy Story 2"


El cruce: "Toy Story 2" + "El Señor de los Anillos" + "Up" + "La llave mágica"


Calificación: 9 (sobre 10)

miércoles, 28 de julio de 2010

Adiós a la Fiesta Nacional

Hoy, el Parlamento catalán ha prohibido la celebración de corridas de toros en toda Cataluña. La medida no ha cogido por sorpresa a nadie, porque ya era conocida la oposición frontal de determinados colectivos a la llamada "Fiesta Nacional". Yo, desde que tengo uso de razón, he oído y leído opiniones a favor y en contra de la tauromaquia, si bien hasta ahora a nadie se le había ocurrido prohibir estos festejos. Digamos que se dejaba al libre albedrío de cada cual el acudir o no a presenciar cómo un hombre y un toro se enfrentaban a vida o muerte sobre la arena. Pero, claro, no todo el mundo lo vé así. Muchas voces se han alzado contra el "arte de Cúchares" por considerar que se trata de un acto obsceno que exige al espectador el regocijo inmoral ante el sufrimiento de un animal. Yo, que soy contrario a la barbarie, a la brutalidad y a la violencia, tengo que admitir que no puedo comparar una corrida de toros con una lapidación o una ejecución. Llamadme inconsciente, llamadme romántico, pero, sin ser ni mucho menos visitante asiduo de ningún coso ni próximo ni lejano (creo que sólo habré acudido a un par de corridas en toda mi vida), sí me resulta más fácil ver más arte que crueldad, más espectáculo que martirio. Hay montones de festejos que sí se recrean morbosamente en el dolor de la criatura, que no aportan al público otra cosa que náusea e inhumanidad, pero ¿qué queréis que os diga?, la liturgia del sol y la arena, de la música y del capote, del hombre embutido en un ajustadísimo traje de luces enfrentado a una bestia gigantesca pero honorable, son conceptos con los que me he criado, como tantos de vosotros, y supongo que he elegido creer que es cierto éso de que el toro bravo, el toro de lidia, es concebido y criado con el único propósito de enfrentarse en buena lid a un humano armado con una espada. Claro que, como dije antes, yo no voy a los toros y ni siquiera los veo por televisión, porque, en el fondo del fondo, me sabe mal ver cómo las excusas estéticas y culturales significan el dolor insoportable para un ser vivo. Pienso que ahí radica el quid de la cuestión. A mí me parece brutal ver cómo el torero y el picador se ceban con el pobre morlaco (tan brutal como me parecería si sucediera a la inversa), pero, por lo que sea, me limito a mirar hacia otra parte y no se me ocurre impedir que quienes no piensan como yo sí tengan derecho a participar de ello. Es decir, una vez asumido que la Tauromaquia es más arte que brutalidad , yo me limito a aceptar que, me guste más o me guste menos, forma parte de la Historia y de la Cultura de mi país y que es una amplia mayoría de personas quienes apoyan su existencia. He dicho "País" y, obviamente, en esta palabra y en este concepto radica la razón de ser de lo que ha sucedido hoy. Porque los Toros no se han prohibido en España, sino precisa y exclusivamente en Cataluña, la Cataluña de Laporta y Carod Rovira, el reducto del separatismo, el baluarte de la antiespañolidad. No deja de ser un desprecio de carácter folklórico: ¿puede haber una forma más directa y trascendente de romper con un país que prohibir la que internacionalmente es su más conocida seña de identidad?. Que sí, que no dudo que los defensores de los derechos de los animales están hoy de enhorabuena, pero si esta medida ha llegado tan lejos en Cataluña y no en Madrid o en Murcia no es casualidad. En Madrid o en Murcia (por poner sólo un par de ejemplos) consideran, igual que yo, que los Toros son parte de la Historia y la Cultura ancestrales de España (a la que por algo llamamos “la piel de toro”), y es por éso por lo que los catalanes, deseosos de romper lazos con sus vecinos peninsulares, han elegido precisamente ésa y no otra forma de reivindicarse. Yo lamento la prohibición, como lamentaría la de cualquier otra cosa que no significase un riesgo para la salud o una vulneración de la justicia, y me pregunto cuál será el siguiente paso que los independentistas darán y en qué pretenderán ampararse para romper con todo lo español. Incluso al cine no doblado al catalán ya le intentan meter mano; ¿qué será lo próximo…?

martes, 27 de julio de 2010

La Edad de Oro del Deporte Español

He estado dos semanas de vacaciones y he respetado tanto la inactividad propia de tales fechas, que no he escrito ni una línea en ninguno de mis blogs. Es por ello que, aun a fuerza de hacerme pesado y aun a costa de indignar todavía más a los enemigos del fútbol, me veo obligado a trazar una pequeña pincelada sobre el estado de gracia en que vive el deporte español. Naturalmente, de lo que todo el mundo aún continúa hablando es de la extática victoria de nuestra Selección balompédica, en ese poco menos que dantesco encuentro frente a unos holandeses cuyos pies no tuvieron el aroma del queso sino la contundencia del plomo. ¡Pandilla de salvajes...! Con un ex-barcelonista (Van Bommel) en primera línea de fuego, repartiendo estopa a diestro y siniestro y practicando tanto o más karate que fútbol, los tulipanes plantearon una muy buena primera parte (violenta, sí, pero ejerciendo muy bien la contención), aunque el talento español emergió durante la segunda mitad, si bien no fue hasta prácticamente el último minuto de la prórroga cuando don Andrés Iniesta, el Jinete Pálido, marcó el segundo de sus goles míticos, un gol que nos puso a todos en pie y a muchos nos dejó roncos durante días. Cuando Iker Casillas levantó la Copa, España enloqueció, y ni siquiera Cataluña fue una excepción: no hay que olvidar que todos, todos, pero todos los goles del combinado patrio habían sido obra de jugadores barcelonistas. En fin, que somos Campeones del Mundo, my friend, por mucho que un rocambolesco Snejder tuviese la osadía de declarar al día siguiente que "el árbitro les había perjudicado". Hay que tener la cara muy dura para excusarse en un tópico tan socorrido (y tan falso), máxime cuando lo que sucedió ya estaba incluso escrito, con tinta segregada por un Pulpo Paul que se ha convertido poco menos que en nuestra mascota.

Pero no hacía falta que el pulpo predijera la consecución del tercer Tour por parte de Alberto Contador, con un Armstrong reducido al papel de comparsa y, éso sí, una polémica forma de recortarle a su ¿amigo? Andy Schleck los preciosos segundos que la rotura de una cadena le puso en bandeja al de Pinto. No conozco al dedillo el Libro de Estilo del Ciclismo, pero he leído declaraciones para todos los gustos. Los hay que dicen que, en el caso de Contador, hubiesen hecho lo mismo sin inmutarse, pero también existen quienes opinan que el Pistolero no hizo bien en atacar aprovechándose de una avería de su rival. En cualquier caso, tanto la espectacular etapa del Tourmalet como la decisiva contrarreloj del sábado demostraron que Contador, hoy por hoy, está un pelín por delante de Schleck, si bien el segundo es un serio aspirante a ganarlo todo de ahora en adelante. Y, hablando de ganarlo todo, éso es lo que nuestros compatriotas han hecho este último mes, comenzando por Rafa Nadal y finalizando por Alonso y Lorenzo, aquél también con polémica (con su compañero Massa dejándose adelantar por "decisión táctica") y éste partiéndose de risa en el podio cuando el himno que sonó fue el italiano y no el español. Pero, pifias y polémicas aparte, lo importante es que el Deporte de nuestra patria está más boyante que nunca, y éso a punto de que puedan darnos todavía más alegrías los chicos del atletismo y, sobre todo, los del basket (aun sin Pau Gasol). Yo nunca he visto tantas y tantas banderas luciendo en los balcones, y creo que ese patriotismo desacomplejado es otro éxito más de esta portentosa generación de deportistas.

jueves, 8 de julio de 2010

El pulpo tuvo razón

Mala época para aquéllos que odian el fútbol, para quienes detestan leer la crónica de un éxito deportivo.... ¿Cómo no hablar de lo sucedido anoche, ese suceso que nuevamente, pero más todavía, mucho más, llenó las calles de vehículos enarbolando banderas y desgarrando el quasi silencio con sus cláxons; las aceras, de una marea humana teñida de rojo; y las fuentes, de una horda de húmedos y felices energúmenos contemplados sonrientes por la Policía? Parece que, como sucediera hace un par de años, los agoreros que predecían que España iba a llegar a la cúspide del balompié no andaban del todo desencaminados. El mismísimo pulpo Paul, cuyo vaticinio se ha cumplido irrefutablemente, debería temer ahora por su cefalópoda integridad, pues algunos de sus compatriotas ya pretenden sacrificarlo para convertirlo en complemento para su huída cervecera en pos de la amnesia... Estos alemanes tienen motivos sobrados para temernos, e incluso para odiarnos. En la Eurocopa les batimos en la Final, y ahora les hemos apeado del Campeonato cuando estaban a punto de acceder a la misma... Yo no las tenía todas conmigo, ni pensaba que España era ni mucho menos favorita. De todos los partidos que he podido ver durante esta Copa del Mundo, los que más me habían gustado habían sido los de Alemania, especialmente el que determinó la derrota de Inglaterra. Esa superselección encabezada por Klose, Schweinsteiger, Müller, Podolski y el deseado Ozil, con el técnico Joachim Low sempiternamente vestido de azul desde el banquillo, nos salió ayer con más respeto que ganas, con más miedo que convicción. Fue otra Alemania, y lo bueno fue que, cuando quiso ser ella misma, los nuestros ya no le dejaron. El fútbol desplegado por los Del Bosque Boys se pareció al que acuñó Luis Aragonés hace un bienio, y sólo puede reprochársele la involuntaria racanería en el resultado. Echo de menos más goleadas, más aplastante superioridad. Sí, España fue mejor, y éso lo reconocen hasta los periódicos germanos, pero yo soy un poco antiguo y prefiero que la superioridad se patentice también en el marcador, donde un solitario golito se antoja un tanto insuficiente, con la polémica de al menos un par de penalties dudosos que el árbitro no quiso considerar. Pero bueno, ganamos, y, sí, durante muchos minutos, dio gusto vernos jugar. Todos estuvieron bien, pero ¿cómo no destacar a Puyol? El Gran Capitán del Barça, a quien sus compañeros, en homenaje al fallecido Andrés Montes, continúan llamando "Tiburón", marcó el gol de la victoria, de un modo parecido a como consiguió uno de los 6 que el Barcelona endosó al Real Madrid el día 2 de Mayo de 2009. La cabeza de Carles fue providencial… en todos los sentidos. Al acabar el encuentro, él fue el primero en ir a saludar a los rivales, lógicamente abatidos, demostrando una exquisita deportividad. Del Bosque sorprendió a propios y extraños con la ausencia del eternamente reivindicado Torres y la presencia no de Llorente, Cesc o Navas, sino de Pedrito, don Pedro Rodríguez, el delantero culé que este año había marcado en todas las competiciones habidas y por haber. Pedro hizo un partidazo, y sólo un mamoneo de ésos que provocan sonrojo (malogró una oportunidad de gol por habérselo querido hacer él solito sin ceder el jabulani a Torres, libre de marca) desvirtuó un poco su modélica actuación. Claro que hay que ser un poco condescendiente: ¿os imagináis el récord Guinness si llega a marcar un gol también en un Mundial…? Yo soy un culé confeso y acérrimo, pero a veces me da reparo que en una alineación de la Selección concurran tantos jugadores azulgranas. Ayer, Puyol, Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro y Villa fueron titulares. 7 de 11. Que sí, que el Barça es probablemente el mejor equipo del mundo, pero ¿no es excesiva responsabilidad, para lo bueno y para lo malo, acaparar tanto protagonismo? Si ganamos (¡los 7 goles que hemos anotado en esta Copa los han materializado pupilos presentes o futuros de Pep Guardiola!), el mérito es para el colectivo, pero ¿y si hubiéramos perdido por un error “catalán”…? No quiero ni pensarlo... En fin, lo importante es que esos chavales vestidos de rojo sobre un campo de Sudáfrica no sólo contagiaron su forma de vestir a toda una nación, sino que produjeron una tremenda felicidad a un país sumido en una crisis que el domingo puede verse todavía un poquito más olvidada... durante unas horas.




 

lunes, 5 de julio de 2010

Accidentado traspaso de poderes

No lleva ni una semana en el cargo y ya empiezan a dispararse las críticas contra el nuevo presidente del Fútbol Club Barcelona, Sandro Rosell. Que el mandatario saliente, Joan Laporta, se marcha dejando tras de sí un bagaje deportivo difícil de superar es tan cierto como que, en lo institucional y, sobre todo, en lo social, su gestión ha dejado bastante que desear. Lo peor de todo es la mala imagen que todo el mundo tiene ahora del Barça, mala imagen si tenemos en cuenta que la ideología independentista de Laporta ha exacerbado el anticatalanismo de muchísima gente, que, ahora más que nunca, a todos los culés nos tachan de separatistas y anti españoles. Muy acertadamente, a mi juicio, una de las primeras cosas que Rosell se ha propuesto ha sido pedir disculpas al Presidente de la Junta de Extremadura, que fue ofendido por Laporta, y ésto ha hecho que las primeras voces críticas se hagan oir. En Catalunya, no lo olvidemos, es mucha la gente que considera que el Barça debe ser bandera y emblema de la catalanidad a ultranza, y las pretensiones de Rosell de hacer de él no sólo un club "catalán" sino, más bien, "universal" no se le van a perdonar tan fácilmente. ¡Por Dios, si es que en su discurso de toma de posesión se permitió la irreverencia de recitar una parte en español y otra en Inglés...! Pero no acaban aquí las cosas que se le critican. Cuando, aquel mismo día, los periodistas le preguntaron sobre el nombramiento de Johan Cruyff como "Presidente de Honor" del Barcelona, Rosell dijo que no sabía si esa figura era legal y estaba recogida en los estatutos del club, por lo que, en cualquier caso, iba a proponer un referéndum para que los socios decidiesen si Cruyff debía o no ostentar dicha consideración. Por mí, perfecto: Joan Laporta, amigo personal y gran admirador del holandés, se sacó de la manga un título inexistente y se lo endilgó sin contar con nadie; Rosell, por el contrario, pretendía contar con el "soci". Pero no hubo tiempo: a la mañana siguiente, el propio Cruyff se presentó en las Oficinas del club y devolvió la insignia que le acreditaba como Presidente honorífico. Nuevamente, determinados sectores críticos pusieron a parir a Rosell, acusándole de haber ofendido a uno de los grandes iconos del barcelonismo, y algunos incluso decían arrepentirse de haberle votado. Tampoco ayudó demasiado el "pacto entre caballeros" que Laporta y su sucesor acordaron mantener hasta que el segundo tomase posesión. Durante quince días, ha habido un gran respeto y cortesía (o sea, todo un paripé), pero, lógicamente y tal como ya lo había anunciado (y el que avisa no es traidor), en el instante en que fue investido formalmente como Presidente, Sandro le puso una querella a Joan por haberle acusado de pretender cobrar una comisión por el traslado de Ronaldinho. ¿Hizo bien o hizo mal? ¿Es correcto o incorrecto mantener las apariencias de cara a la galería hasta que llega el momento en que hay que dar el hachazo al que hasta entonces era casi como tu amigo del alma? Yo, nuevamente, le doy la razón a Rosell. Según su versión, fue gravemente injuriado por Laporta, pero, en lugar de lanzarse al contraataque judicial a las primeras de cambio, prefirió hacerlo sin salpicar a los socios y aficionados con la bilis de un enfrentamiento personal. Finalmente, otro reproche que se le hace al recién llegado es de carácter deportivo. El centrocampista marfileño Yaya Touré manifestó, al acabar la temporada, que deseaba irse del Barcelona, a la búsqueda de un club donde se le garantizaran más minutos de juego (recordemos que esta temporada había sigo desplazado por el emergente Sergio Busquets). Durante las postrimerías del mandato laportista, su impresentable agente le intentó acercar a varios clubs ingleses (el Chelsea, el Arsenal de Cesc Fábregas), pero él se decantó por el Manchester City, en el que milita su hermano Kolo. O sea, el jugador quería marcharse, y al final no sólo ha mirado por el interés deportivo, sino también por el familiar. ¿Qué culpa de éso tiene Rosell, para que digan sus iracundos detractores que no ha sido capaz de evitar la marcha de Touré, un jugador, muy del agrado de la afición y del propio Guardiola?. Finalmente, la patata más caliente: Cesc. Laporta, no sólo por la calidad incontestable del centrocampista (pretendido también por el Real Madrid) sino, sobre todo, por tratarse de un catalán muy mediático, ha hecho lo posible y lo imposible por ficharlo antes de marcharse, llegando a ofrecer cantidades superiores a lo lógicamente permisible. Rosell ha dicho que sí, que quiere a Cesc, pero no hasta el punto de volverse loco y arruinarse a costa de su contratación. La caverna catalanista también le ha ha criticado por ello, e incluso alguien dijo que "Rosell sólo iba a fichar jugadores que no estuviesen en la agenda del Real Madrid, para no molestar a don Florentino". Dios mío, cuánta mala gente hay suelta por ahí, y qué inquina se le tiene a alguien que sólo pretende ser conciliador y hacer las cosas de modo correcto y transparente...

jueves, 1 de julio de 2010

Cine actualidad/ “La Saga Crepúsculo: ECLIPSE”

El tercer mordisco de Edward Cullen





Todavía me duele el cuello; y no precisamente porque me lo mordiese un vampiro. Ayer, como debió suceder en muchísimas ciudades de toda España, los cines Almenara de Lorca registraron un lleno simplemente histórico, tan histórico que una hora antes del inicio del pase de las ocho, tan sólo quedaban entradas sueltas en la primera fila y escoradas dramáticamente en un lateral. Se estrenaba la tercera entrega de la saga "Crepúsculo", "Eclipse", y las expectativas eran tan altas como las que se levantaron hace ocho meses, cuando, con un éxito de público similar, llegó a los cines la segunda, "Luna nueva". Yo, como soy un tonto romántico, doy por buena mi incomodidad y casi me alegro de que se produjera, pues ver un cine a rebosar me hace tan dichoso que me retrotrae a los momentos más felices y cinéfilos de mi infancia...



Bella Swann, la chica que se siente distinta a las demás, y Edward Cullen, el vampiro bueno que la ama tanto que se resiste a vampirizarla, continúan adelante con su amor, a pesar de las reservas del padre de Bella, y de los celos del musculoso Jacob, de profesión: su licantropía y empeñado en convencer a la muchacha de que, aunque aún no lo sepa, ella también le quiere a él. Pero no sólo impera la crónica rosa en la pequeña localidad de Forks. La crónica negra también está al rojo vivo: las misteriosas desapariciones de adolescentes en el pueblo de al lado son la punta del iceberg de una terrible ofensiva vampírica promovida por la vengativa Victoria, que está formando un ejército de chupasangres neófitos con el único propósito de destruir al clan Cullen para poder llegar hasta la pobre Bella. Ante una amenaza de tal envergadura, incluso la ancestral rivalidad entre vampiros y hombres lobo bien puede ser enterrada durante un ratito, dando lugar a una histórica alianza...



Todavía recuerdo las buenas sensaciones que me causó "Crespúsculo", que ví en un cine de Cartagena sin esperar nada de ella y me pareció una estupenda película juvenil con acertadas dosis de drama y romance y un (para mí) molesto exceso de efectos especiales en su parte final. El film obtuvo una repercusión tan desproporcionada que pilló desprevenidos incluso a los productores, que se abalanzaron sobre la mina de oro con la intención de explotarla hasta las últimas migajas. La primera continuación, "Luna nueva", fue un considerable paso atrás, mal escrita y peor dirigida, pero el público adolescente la amó aún más que a su predecesora, por lo que estaba claro que iba a haber un tercer asalto. Claro que para éso están los libros que Stephanie Meyer está produciendo como churros, ya sea continuando la historia principal o volviendo a narrarla desde la perspectiva de cualquier personaje. En el caso de "Eclipse", confieso que ni lo tengo en mi estantería ni lo hubiera leído aunque lo tuviera, pero sí he disfrutado bastante su adaptación cinematográfica.



Sin ser ni de lejos una gran película, y sin obviar todos los tópicos del subgénero del melodrama juvenil (proliferación de canciones infumables que sólo suenan durante apenas unos segundos, escenitas románticas perfectamente prescindibles, diálogos ridículos que si no existieran no se echarían de menos y montones de primeros planos de sus tres bellos protagonistas), el director David Slade (“Hard Candy”, “30 días de oscuridad”) logra imprimir a "Eclipse" un ritmo bastante aceptable, dosificando los momentos melosos que hirieron de muerte a "Luna nueva" y alternándolos con escenas de acción que tienen su culminación en una estupenda secuencia final en la que los vampiros Cullen y sus aliados los hombres lobo se enfrentan a muerte con los neófitos (vampiros recién creados) liderados por la pérfida Victoria. Naturalmente, estoy siendo benévolo porque me complació mucho ver el cine hasta la bandera y porque, al fin y al cabo, no se trata de un producto con molestas pretensiones artísticas o estéticas (aunque la fotografía del español Javier Aguirresarobe sigue siendo espléndida), sino tan sólo un entretenimiento inofensivo que, entre otras cosas, promueve el amor puro y la castidad e incluso el matrimonio, lo cual, mira por dónde, en otras circunstancias lo tacharía de retrógrado y radical, pero, siendo su destinatario el público juvenil y casi infantil, casi me resulta educativo. Muy buenas interpretaciones de Kristen Stewart y Robert Pattinson, esa parejita de cine que también pasa por serlo en la vida real, algo más flojito Taylor Lautner (este chico se cree que le van a dar el Oscar sólo por despojarse de la camiseta) y especial mención para los secundarios Peter Facinelli (Carlisle, el patriarca de los Cullen), Billy Burke (el padre policía de Bella) y Bryce Dallas Howard, que se incorpora brevemente a la saga para interpretar a la pelirroja Victoria.



No aburre, no sonroja (demasiado) y contiene hermosos paisajes naturales y una bonita historia de amor, además de buenos efectos especiales. ¿Qué más se puede pedir para pasar un rato fresquito en una sala de cine?.



Luis Campoy



Lo mejor: Kristen Stewart, Robert Pattinson, la lucha final entre vampiros y hombres lobo, las escenas retrospectivas en flash-back


Lo peor: las inútiles y poco acertadas canciones, los diálogos pueriles y poco pulidos, lo sosísima banda sonora del gran Howard Shore


El cruce: "Crepúsculo" + "Underworld" + "Entrevista con el vampiro"


Calificación: 7 (sobre 10)