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viernes, 4 de junio de 2010

Spiderman: 600 números

Hace algunos meses ya trazaba un somero boceto acerca de la situación actual de los comics de Spiderman, quien, merced a la intervención del demonio Mefisto, de golpe y porrazo había vuelto a ser un mocetón soltero que casi vive bajo las faldas de su tía y que nuevamente depende de su cámara de fotos para sobrevivir económicamente. Su matrimonio con la supermodelo pelirroja Mary Jane no sólo se ha extinguido, sino que nadie lo recuerda, así como su identidad secreta, que desvelara públicamente en los primeros compases de la Guerra Civil entre superhéroes. Tan radical cambio se debió, editorialmente, al deseo de Marvel Comics de "resetear" una franquicia que arrastraba tras de sí cuatro décadas de historia y cuyo icono ya no era un joven aventurero sino un hombre casado, demasiado apegado a su esposa y cada vez menos divertido. Confieso que yo, fiel y puntual lector de todas las aventuras arácnidas, soy de los pocos que están muy satisfechos con este retorno a un pasado presente que, entre otras cosas, me trae agradables recuerdos de una época en la que Peter Parker era como un amigo más, con casi los mismos problemas con las chicas y el trabajo y un sentido del humor que la edad adulta había acabado por asfixiar.

Pero no vayáis a pensar que, por volver a ser un soltero de oro, las cosas son fáciles y halagüeñas para nuestro héroe. Su mayor y pertinaz enemigo, Norman Osborn, alias el Duende Verde, ya no es un empresario con amnesia y peligrosas crisis de identidad, sino que se ha convertido, tras su actuación al frente de los héroes-villanos Thunderbolts en contra de los invasores Skrull, en el hombre más poderoso de América, probablemente mucho más que un Presidente Obama a quien, como al resto de sus compatriotas, tiene sumido en una telaraña de engaños. Osborn dirige la organización de seguridad conocida como "S.W.O.R.D." (que sustituye a la "S.H.I.E.L.D." del huído Nick Furia), controla en la sombra a los Thunderbolts y ha creado dos formaciones de superhéroes llamadas "Vengadores Oscuros" y "Patrulla-X Oscura", en las que villanos disfrazados fingen ser valerosos y honestos adalides de la Comunidad. Precisamente es el simbionte Veneno, en esta ocasión unido al pérfido Escorpión, quien asume el rol de Spiderman negro en el seno de los Vengadores más oscuros que nunca han pisado los Estados Unidos. Pero la perversidad de Osborn no conoce límites. No sólo conspira en la sombra con los más peligrosos enemigos de la Humanidad (Namor, el Doctor Muerte, el Encapuchado, un revivido Loki ahora con cuerpo de mujer...), sino que pretende convertir a su propio hijo, un también "resucitado" Harry Osborn, en el "Hijo de América", y no tiene escrúpulo alguno en acostarse con la novia de éste, Lilly Hollister (que en sus ratos libres se convierte en el criminal conocido como Amenaza) para dejarla embarazada de un retoño que espera que sea más digno de él y su legado.

Por si faltaba algo, un inocente Peter Parker pilla in fraganti a su venerable Tía May acostada con Jay, el padre del inefable J. Jonah Jameson (a la sazón recién nombrado Alcalde de Nueva York), y la fogosa pareja de ancianos acaba pasando por la vicaría. De resultas de la boda, Peter pasa a convertirse en ¡hermanastro! de uno de sus mayores enemigos de todos los tiempos. Resurrecciones, vueltas atrás, padres que seducen a la novia de sus hijos, tías sexagenarias (¿o serán directamente centenarias?) que se encaman con un tipo que apenas acaban de conocer... Definitivamente, el actual status de Spiderman se aleja mucho del tebeo para niños, y cada vez se parece más a un culebrón de sobremesa. Claro que, bromas aparte, lo esencial sigue vivo en esta serie regular que ya ha superado los 600 episodios: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y que sea así durante 600 números más...

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