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lunes, 29 de marzo de 2010

Las películas de mi vida/ "REGRESO AL FUTURO"


Volver al pasado para reformar el presente


Viendo ayer "Regreso al futuro", cómodamente apoltronado en mi sofá, pudiendo elegir en qué momento comenzaba la proyección, cuántas pausas debían hacerse y qué volumen debía tener el equipo de sonido Dolby 5.1 para acallar el griterío de la procesión, no pude evitar acordarme de aquella tarde, hace ya ¡25 años! (¡joder, cómo pasa el tiempo!) en que llegué al cine Navas de Alicante con tres cuartos de hora de antelación con respecto al horario previsto... y tuve que volverme con las mismas a mi casa, debido a la enorme cola que partía de la taquilla y cubría las dos o tres manzanas adyacentes.

"Regreso al futuro" fue una especie de regalo de graduación que Steven Spielberg (n. 1946) otorgó a uno de sus discípulos más aventajados, el joven Robert Zemeckis. Zemeckis (n. 1952) tenía tan sólo tres films en su haber (“Locos por ellos”, "Frenos rotos, coches locos" y "Tras el corazón verde"), pero ya apuntaba buenas maneras y estaba tan dotado para la comedia como para la aventura. Era un tiempo en que Spielberg comenzaba a ser considerado "El Rey Midas de Hollywood", ya que todos los productos que tocaba, ya fuese como realizador ("En busca del arca perdida", "E.T., el Extraterrestre", "Indiana Jones y el templo maldito") o simplemente como productor ("Poltergeist", "Gremlins", "Los Goonies") obtenían un éxito superlativo, por lo que, para prolongar su racha triunfal, decidió producirle a Zameckis un guión que había escrito a medias con su colega Bob Gale y que, combinando aventura, ciencia ficción, comedia y crónica costumbrista, contaba la historia de “un muchacho que viaja hacia atrás en el tiempo y su madre se enamora de él”.

Estamos en octubre de 1985. Marty McFly es un adolescente de 17 años que vive en Hill Valley, una típica ciudad estadounidense de la época, estudia en el Instituto local, toca la guitarra en una banda de rock, se desplaza sobre un monopatín y pretende pasar su primer fin de semana a solas con su novia Jennifer. Sin embargo, su existencia no es totalmente feliz. En su casa, la actitud servil y cobarde de su padre George McFly para con su supervisor, el chulo y camorrista Biff Tannen, le saca de quicio, casi tanto como el desprecio con el que sus dos hermanos mayores le tratan y los múltiples reparos que su madre Lorraine le pone a Jennifer cada vez que ella le llama, ya que, según dice, una chica nunca debe ser quien vaya detrás de un chico. Sólo su amistad con el profesor "Doc" Emmett Brown, un científico más bien pirado, ayuda a Marty a sobrellevar su monotonía. El último invento de Brown es una máquina del tiempo, que, en un alarde de originalidad, ha construído en el interior de un lujoso coche, un DeLorean, el cual, para realizar el salto temporal, necesita ser alimentado con plutonio. Pero como el plutonio no se vende precisamente en la farmacia de la esquina, a Doc no se le ocurre otra cosa que robárselo a unos terroristas libios, quienes dan con la pista del científico y le acribillan a balazos justo cuando Marty está filmando con una cámara de video las entusiastas declaraciones de su amigo. Aterrorizado, a Marty no se le ocurre otra cosa que subirse al DeLorean tratando de huir de los libios que también le persiguen, sin reparar en que la última fecha que Doc programó en la consola de mandos del coche fue la del día en que inventó la máquina del tiempo, justo 30 años atrás... Tras una alocada carrera en la que alcanza los 140 kilómetros por hora, Marty se empotra en un granero que de repente ha aparecido en medio del pinar que se halla donde un segundo antes había un centro comercial. Ante los ojos asombrados del chico, todo es ahora diferente. El reloj del Ayuntamiento, que en su época llevaba 30 años parado tras la caída de un rayo, funciona perfectamente, el alcalde es tan sólo un joven camarero negro, el presidente Ronald Reagan no es más que un mediocre actor de westerns, Chuck Berry todavía no ha revolucionado el Rock'n'Roll, los episodios de “The Honeymooners” se emiten en riguroso estreno y la urbanización donde viven los McFly ni siquiera existe... Marty ha viajado a los idílicos años cincuenta, y, para volver a su tiempo, sólo puede recurrir a una persona: Doc Brown, treinta años más joven pero igualmente entrañable, y ahora dispuesto a ayudar a Marty a regresar al futuro. Pero si en 1985 encontrar plutonio no era tarea fácil, en 1955 es prácticamente imposible. La única energía capaz de generar la reacción necesaria para que el DeLorean emprenda el salto en el tiempo sería un rayo, pero ¿cómo prever cuándo y dónde va a caer uno? Un momento... ¡El reloj del Ayuntamiento! ¡Un rayo fue lo que lo paralizó, dejándolo convertido en una reliquia que se ha conservado inalterable! Sabedores del día y la hora exactos en los que el rayo caerá, Marty y Doc tienen una semana por delante para preparar un artilugio que canalice su energía hacia el coche, pero los problemas no han hecho más que empezar. Casualmente, Marty se tropieza con su padre, un juvenil George McFly que ya es víctima de los abusos y vejaciones de Biff Tannen, el líder de la pandilla local. Tratando de ayudar a papá, perdón, George, Marty conoce a mamá, perdón, Lorraine, también adolescente y que, sorprendentemente, se siente irresistiblemente atraída hacia él. Mientras intenta escapar del acoso de Lorraine (sí, la misma que en el futuro dirá a su hijo que las chicas no deben ir en busca de los chicos), Marty deberá conseguir que George reúna las fuerzas necesarias para llevarla al baile del Instituto y la bese mientras bailan (o, de lo contrario, ambos no se enamorarían, no se casarían, y él y sus hermanos jamás nacerían), derrotando, de paso, al pendenciero Biff, para luego ir corriendo al encuentro de Doc, justo a tiempo de subirse al DeLorean cuando la tormenta eléctrica está a punto de desatarse...

Bob Gale (n. 1951) y Robert Zemeckis escribieron el primer borrador de “Regreso al futuro” a finales de 1980, bastante antes de que el segundo llamara la atención de la Industria con “Tras el corazón verde”, que protagonizaron Michael Douglas, Kathleen Turner y Danny DeVito. Parece ser que Gale, ojeando el viejo anuario escolar de su padre, se preguntó cómo hubiera sido poder compartir aquella época estudiantil con él, más que nada para comprobar si eran verdad todas las batallitas que tantas veces le contaba. En esta fase preliminar del proyecto, ya existían Marty y Doc y la necesidad de realizar un par de viajes en el tiempo, pero había algunas diferencias bastante significativas. Para empezar, el medio de locomoción con el que efectuar el salto temporal no era un coche, sino una nevera. Afortunadamente, alguien pensó que, una vez vista la película, algún niño podía quedar atrapado en el frigorífico tratando de imitar a sus héroes, con consecuencias más bien fatales, por lo que se planteó la segunda opción del DeLorean, que fue la que se mantuvo hasta el final. Por otra parte, la primera mascota de Doc Brown no era un perro llamado “Einstein” (homenaje al genial descubridor de la Relatividad) sino un chimpancé llamado “Shemp”. Asímismo, dado que en 1955 no podía obtenerse plutonio, lo primero que se pensó fue que Doc y Marty acudían a una instalación militar de Nuevo México tratando de hacerse con una bomba atómica, si bien, felizmente, los guionistas se acabaron decidiendo por un impulsor más natural como es el rayo. El caso es que Gale y Zemeckis terminaron el guión en apenas un fin de semana, y, con él bajo el brazo, se dirigieron a varias productoras (Disney y Columbia) que, tras leerlo, lo rechazaron. Sólo Amblin, la pequeña empresa de Steven Spielberg, mostró interés en el proyecto, si bien les recomendó que lo puliesen un poco. No obstante, como dije anteriormente, no fue hasta que el taquillazo de “Tras el corazón verde” le hizo famoso, cuando Robert Zemeckis se decidió a volver a visitar a su mentor Spielberg (que ya le había producido “Locos por ellos” y “Frenos rotos, coches locos”), quien esta vez dio el “Sí” sin dudarlo, contando con Universal Pictures para la distribución del film.

Elegir el reparto de actores secundarios para “Regreso al futuro” no fue excesivamente difícil. Los papeles de los personajes que “rejuvenecen” (o “envejecen”, según se mire) pero han de ser encarnados por los mismos intérpretes se asignaron a los jóvenes y talentosos Crispin Glover (George McFly), Lea Thompson (Lorraine Baines McFly) y Thomas F. Wilson (Biff Tannen). Claudia Wells fue Jennifer, la novia del protagonista, y, como dato anecdótico, os sorprenderá saber que Billy Zane, futuro villano de “Titanic”, fue uno de los compinches de Biff en los años 50. James Tolkan interpreta a Strickland, el director eternamente calvo del Instituto, y el gran Christopher Lloyd (n. 1938) tuvo a su cargo el papel bombón del científico loco Doc Brown. Encontrar a Marty fue bastante más accidentado. Los primeros candidatos fueron C. Thomas Howell (visto fugazmente en “E.T.”) y Eric Stoltz (“Aquel excitante curso”), siendo elegido este último. El rodaje comenzó de forma casi cronológica (primero se rodaron las escenas en las que Doc le enseña a Marty su último invento), pero algo fallaba. La actuación de Stoltz, demasiado envarado y sin la chispa de humor que se le presuponía a su personaje, y la nula química con Christopher Lloyd hicieron a Zemeckis considerar la posibilidad de paralizar la filmación y lanzarse a la búsqueda de un nuevo actor. La elección definitiva fue el simpático Michael J. Fox (n. 1961), quien por entonces triunfaba en la televisión con la serie “Enredos de familia”. Fox pudo negociar con la cadena que se le permitiera compaginar los rodajes de los episodios pendientes con el de la película que le iba a lanzar a la fama, e inmediatamente se incorporó a la filmación de “Regreso al futuro”, volviéndose a rodar las escenas desechadas con resultados sorprendentemente buenos.

Una parte del éxito de “Regreso al futuro” la tuvo, sin duda, la elección del compositor encargado de escribir la partitura. Robert Zemeckis no lo dudó ni un instante, y nuevamente llamó a Alan Silvestri (n. 1950), con quien había colaborado en sus films anteriores y con quien, a raíz del inmenso trabajo realizado por el músico, continuaría colaborando en sus películas posteriores. Silvestri pudo disponer de la mayor orquesta jamás reunida para una banda sonora de los Estudios Universal, y, al igual que su maestro John Williams, supo comprender que la música sinfónica era lo mejor para realzar el subrayado dramático de las escenas. La canción principal “The Power of Love” la interpretaron Huey Lewis and The News, y, por cierto, es el propio Huey Lewis quien, haciendo un cameo, interpreta al presidente del jurado que, al principio de la película, le dice a Marty que rechaza su canción por ser demasiado ruidosa.

El maravilloso guión urdido por Bob Gale estuvo a punto de llevarse el Oscar (al final lo ganó “Unico testigo”), y lo cierto es que está lleno de imaginación e inteligencia. El hecho de jugar con tres realidades diferentes (el presente, en los años 80; el pasado, en los años 50; y nuevamente el presente ochentero, sólo que ligeramente “reformado” tras el viaje de Marty) permite que todo el film esté lleno de alusiones a determinados aspectos de la historia y los personajes, que sólo captaremos si nos fijamos muy mucho en todos los detalles que se ven y se oyen. Al principio, un coche emite propaganda electoral del actual alcalde de color, Goldie Wilson, y nada más retroceder Marty a los cincuenta, presenciamos un divertido chiste a costa de las ambiciones políticas del joven Goldie, apenas un camarero obligado a servir mesas y barrer suelos. También es genial la broma con respecto al tío Joey, presidiario recalcitrante que, cuando era bebé, ya se pasaba la vida entre los barrotes de su parque infantil. Las alusiones al presidente Reagan también son de lo más divertidas (“Si Reagan es el Presidente, ¿quién es el Vicepresidente? ¿Jerry Lewis? ¿Y el Secretario de Defensa? ¿John Wayne?, se burla el Doc Brown de 1955), así como la genial aparición del supuesto primo de Chuck Berry, que, mientras Marty está tocando “Johnny B. Goode”, llama a su primo para decirle que acaba de encontrar el sonido que Chuck andaba buscando (como todos sabéis, precisamente fue “Johnny B. Goode” el mayor éxito del genial guitarrista negro). Sería imposible referir aquí todos los aparentemente pequeños pero ingeniosísimos hallazgos, que sólo se perciben si se le prestan a la película todos nuestros cinco sentidos y que ya nunca se olvidan.

Regreso al futuro” se estrenó en Estados Unidos el 3 de Julio de 1985, y acabó convirtiéndose en la película más taquillera del año. Su trama fantasiosa pero menos, su humor blanco y familiar, la excelente dirección de actores, las estimulantes composiciones de Michael J. Fox, Crispin Glover, Lea Thompson, Thomas F. Wilson y, sobre todo, Christopher Lloyd, la música de Alan Silvestri y, cómo no, los asombrosos efectos visuales diseñados por Industrial Light and Magic, hechizaron a los espectadores de la época, siendo inevitable la realización de dos secuelas. Pero, amigos, ésa es otra historia… de la que hablaremos en otro tiempo.


Luis Campoy


Lo mejor: el guión, la banda sonora, Michael J. Fox y Christopher Lloyd
Lo peor: que sus múltiples chistes privados no sean comprensibles para quienes no han estado lo suficientemente pendientes, y que toda la trama espacio-temporal asuste a determinadas personas poco amigas de pensar
Calificación: 9 (sobre 10)

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