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miércoles, 31 de marzo de 2010

Las películas de mi vida/ "EL RETORNO DEL JEDI"



Un decepcionante retorno






Yo era un estudiante modelo. Mis notas oscilaban entre el sobresaliente y el notable. Mi profesor de Latín siempre decía que yo era uno de sus "próceres" o alumnos destacados. Sin embargo, el día que llegó a los cines "El retorno del Jedi" me fumé todas las clases de la tarde para estar el primero ante la taquilla del Cine Navas de Alicante. Sobre si tamaño desafío a la docencia mereció la pena o no, me pronunciaré dentro de unos pocos párrafos...







Los robots C-3PO y R2-D2 han regresado a Tatooine, el planeta desértico en donde conocieron a su amo Luke Skywalker. Su misión, sin que ellos lo sepan, consiste en servir de presente al gangster espacial Jabba el Hutt, una especie de babosa gigante en cuyo palacio se halla expuesta su obra de arte más preciada: la escultura viviente de Han Solo, ex-contrabandista y piloto de la Alianza rebelde, congelado en un bloque de carbonita. En una proyección holográfica, Luke Skywalker se presenta como Caballero Jedi y solicita a Jabba la liberación de Han, provocando la hilaridad del mafioso y de su variopinto séquito, entre cuyos integrantes se encuentran el cazarrecompensas Boba Fett y un disfrazado Lando Calrissian. Poco tiempo después, un nuevo personaje enmascarado se presenta en tan inmundo cubil, con una codiciada pieza por la que exige una fuerte recompensa: el wookie Chewbacca, copiloto de Solo. Horas después y mientras todos duermen, el recién llegado se dirige al congelador de carbono y lo desactiva, con lo que el rubor y la vida retornan a las mejillas de Han. Es la mismísima Leia quien lo ha liberado, pero su pantomima no ha convencido a Jabba y éste encarcela al mercenario y convierte a la Princesa en su sensual esclava. El último en presentarse es, cómo no, el ahora poderoso Luke Skywalker, pero también es apresado. A la mañana siguiente, Han, Luke y Chewbacca son conducidos hacia su ejecución en las dunas del desierto, pero con la ayuda de Lando, Leia y los robots, logran liberarse y saldar definitivamente sus cuentas con Jabba. Mientras el resto de sus amigos vuelan hacia el actual emplazamiento de las tropas rebeldes, Luke regresa al planeta Dagobah, donde encuentra a un Yoda agonizante. El venerable Maestro Jedi expira ante sus ojos, no sin antes revelarle que "Hay otro". También Obi-Wan Kenobi, que acude a él en su forma astral, le confirma que la Fuerza es muy poderosa en su familia: su padre la posée, él también y, asímismo, su hermana... ¡Leia!. Entre tanto, el Imperio galáctico ha iniciado la construcción de una nueva Estrella de la Muerte, más grande y más poderosa que la anterior. El Emperador y su siervo Darth Vader están en ella para supervisar la evolución de los trabajos. Sin embargo, los rebeldes han averiguado que el blindaje que la protege podría desactivarse desde una pequeña luna que orbita alrededor del planeta Endor. Han, Leia, 3PO y Chewbacca se ofrecen voluntarios para hacer caer las defensas, mientras que Lando capitaneará el ataque masivo que intentará destruir la Estrella de la Muerte una vez haya quedado desguarnecida. Luke llega justo a tiempo para unirse a sus amigos, pero, en cuanto aterrizan en Endor, su presencia es percibida por Darth Vader. También el Emperador se ha dado cuenta de la creciente peligrosidad del joven Skywalker, por lo que ordena a Vader que realice un último intento de atraerle al Lado Oscuro o, en caso contrario, le destruya.


Paralelamente, los héroes que intentan sabotear el blindaje han sido capturados por los primitivos pobladores del planeta, unas criaturas semejantes a osos enanos llamadas Ewoks. Sólo la armadura dorada de C-3PO, a quien toman por un dios, les permitirá salvarse, momento que aprovecha Luke para ir a encontrarse con su padre. Conducido por éste hasta el Emperador, el último Jedi trata de mantener controlada su furia, hasta que el malévolo Palpatine le revela que sus camaradas han sido víctimas de una estratagema urdida por él, ya que el búnker desde donde se controlan las defensas está mucho más fuertemente custodiado de lo que creían. Luke sucumbe al poder devastador de la ira y nuevamente se enfrenta con su padre, a quien amputa una mano. El Emperador disfruta cruelmente del combate entre padre e hijo, y propone a Skywalker ocupar el puesto de Vader a su lado. Cuando aquél se niega, el hombre más poderoso de la Galaxia lanza toda su malévola energía contra el muchacho, pero el último acto noble de Darth Vader logra preservar la vida de su hijo, aun a costa de la suya propia. Contra todo pronóstico, Solo y Leia, con la inesperada ayuda de los Ewoks, logran finalmente desactivar el blindaje protector, con lo que Lando y el resto de los cazas se abaten sobre la Estrella de la Muerte, a la que destruyen justo un segundo después de que Luke haya podido escapar, portando el cadáver de su padre, al que incinerará mientras los Ewoks y todas las criaturas que acaban de recuperar la Libertad celebran jubilosos el fin de la tiranía del Imperio…



El Retorno del Jedi” fue la inevitable tercera entrega de la serie iniciada en 1977 con “La Guerra de las Galaxias", y cronológicamente correspondería al Capítulo VI de la famosa epopeya sideral, cerrando la trilogía central que algún día debería verse completada con otras dos, haciendo así un total de nueve películas. El universo mitológico surgido de la imaginación de George Lucas (que entonces tenía 39 años) había entrado por derecho propio en los anales de la fantasía cinematográfica, obteniendo internacionalmente un inusitado fervor popular; de hecho, "La Guerra de las Galaxias'' ya estaba considerada desde hacía algunos años como la película más taquillera de la Historia del Séptimo Arte, seguida a no mucha distancia por su primera secuela, "El Imperio Contraataca".



Para esta tercera entrega, Lucas no dudó que debía seguir utilizando la misma fórmula que desde el principio le había abierto las puertas del éxito: una bien calculada combinación de ingredientes que van desde la fantasía, el humor y el romanticismo hasta la eterna y algo ambigua dialéctica entre el Bien y el Mal, desarrollada, claro está, en un tono ligero y coloquial. Nadie podía negar que tanto "La Guerra…" como “El Imperio…” habían conseguido aquéllo de lo que muy pocas películas habían sido capaces: aunar las ilusiones aventureras de varias generaciones de espectadores, deseosos de escapar a la realidad y abandonarse a una excitante trama en la que abundaban la acción, los viajes espaciales y, de fondo, la exaltación de los valores tradicionales de la personalidad humana. Conseguir reflejar todo ésto en una pantalla había sido intentado con anterioridad, pero nunca con tanto derroche de medios técnicos e inventiva. Acertado o errado, Lucas consideró que fueron la espectacularidad de efectos especiales y decorados y la proliferación de criaturas fantásticas lo que, en primera instancia, había llevado a la serie a convertirse en objeto de culto y admiración, por lo que, a la hora de abordar el que acabaría siendo el episodio final de la saga, decidió multiplicar por ciento tanto las secuencias de acción como los personajes estrambóticos.



Siguiendo el mismo patrón que tan buenos resultados le dio en “El Imperio contraataca”, Lucas se alejó como de la peste de las tareas de dirección y elaboración del guión, esbozando tan sólo un boceto argumental que Lawrence Kasdan, co-guionista de “El Imperio…” se encargó de pulir. Para sentarse en la silla de director, escogió a Richard Marquand (1938-1987), un realizador galés que había triunfado con un film de espías titulado “El ojo de la aguja”, con Donald Sutherland como protagonista.



Independientemente de los rumores que apuntaban a la realización de esas dos nuevas trilogías que tanto ilusionaban a los fans, “El retorno del Jedi” tenía la obligación de convertirse en un apoteósico fin de fiesta, en el que todas las tramas que tan hábilmente dejó en el aire el final de “El Imperio contraataca” quedasen solucionadas de un modo satisfactorio y explosivo, provocando en los espectadores una sonrisa y un buen sabor de boca. Así, la historia conectaría directamente con el tortuoso desenlace de “El Imperio…” (Han Solo prisionero en un bloque de carbonita, la Alianza rebelde disgregada y el Imperio dispuesto a recuperar el control de la situación), y Lucas y Kasdan estaban obligados a proporcionar una resolución aceptable a los problemas planteados, logrando el asentamiento definitivo de los caracteres ya conocidos y, para dar carnaza a los muchos freakis que les machacaban con sus cartas, forzar un happy end aún más explosivo y alumbrar más y más alienígenas psicodélicos. Atendiendo a ésto, "El retorno..." no defrauda en absoluto; no podría defraudar, porque lo que el Tío George y su guionista hicieron fue limitarse a copiarse sistemáticamente a sí mismos, introduciendo las mínimas novedades para no agotar totalmente el invento.



El procedimiento a seguir fue el de entresacar los momentos más afortunados de "La Guerra..." y "El Imperio...”, barajarlos concienzudamente para asimilarlos al contexto de la nueva película, y distribuirlos a lo largo de ciento veinte minutos de metraje. Así, de “La Guerra de las Galaxias" se recrearon las escenas iniciales del destructor imperial, las de los dos androides caminando por el desierto, el alucinante espectáculo de la Cantina de Mos Eisley (esta vez reciclado en el cubil de Jabba el Hutt), el salto tarzanesco de Luke y la Princesa Leia y, cómo no, la batalla final que nuevamente culmina con la destrucción de la también resucitada “Estrella de la Muerte”. En cuanto a “El Imperio contraataca”, volveremos a ver la escena de Luke con el Maestro Yoda en el planeta Dagobah y el duelo de espadas láser entre Darth Vader y el joven Luke, con amputación de mano incluída, aunque esta vez cambiando la personalidad del lisiado.



Es notorio que, por muy satisfecho que Lucas hubiese quedado con el resultado, dramático y adulto, de “El Imperio contraataca”, algo en su corazoncito (o, quizás, algún dígito de su cuenta bancaria) le decía que el nuevo film tenía que ser más blando, más luminoso, más familiar. Desde mi punto de vista, tal decisión fue un error absolutamente garrafal, pues esa madurez que tanto alabábamos en la triunfal segunda entrega de la serie se diluyó en un torrente de infantilismo de difícil digestión. Es como si “La Guerra…” la hubiese dirigido un muchacho, “El Imperio…” un hombre adulto y “El retorno…” hubiese corrido a cargo de un niño que es incapaz de hacer sino cine para… niños. El guión está tan torpemente escrito que resulta obvio que la participación de Harrison Ford y Carrie Fisher responde más a cuestiones de marketing que a la propia densidad dramática de sus personajes, los cuales, más que evolucionar, parece que involucionan hacia la extinción de su credibilidad. Harrison Ford no quería de ninguna de las maneras implicarse en más correrías galácticas, y rogó a Lucas que su personaje no despertase de la congelación. Era lógico: tenía al mundo entero a sus pies tras su triunfo personal en "En busca del Arca perdida" y su participación en la excelente "Blade Runner", y volver a meterse en un personaje que esta vez no era más que una simple comparsa no le motivaba en absoluto. Sólo un cheque con muchos ceros logró convencerle, pero, viendo la película, se nota que Ford estaba pensando en otra cosa y que no hace sino gesticular y hacer el payaso. La verdad, tampoco podía hacer mucho más. A Carrie Fisher se le presentó la ocasión de darle un giro, al menos en lo físico, a su esquemático personaje, que en la primera entrega lucía una especie de túnica monacal y en la segunda vestía como un soldado más. En las escenas iniciales de "El retorno...", la joven pudo resarcirse con creces de tantas limitaciones, y su escueta indumentaria reveló un cuerpo bastante bien formado del que hasta entonces no había podido presumir. Con todo, durante el resto del film apenas tuvo protagonismo, por no hablar de Billy Dee Williams, cuyo Lando Calrissian prácticamente no sale de la carlinga del Halcón Milenario. El único que demostró haber mejorado como actor fue Mark Hamill, que realiza la mejor interpretación de toda su errática carrera; en su rostro, por el que parecen haber pasado siglos desde que debutó como Luke Skywalker, se reflejan primorosamente la angustia, el miedo, la compasión e incluso el amor por su no tan malvado padre. La única incorporación destacable al reparto (en el que repitieron los de siempre) fue la del inglés Ian McDiarmid, que interpreta con la solemnidad y majestuosidad requeridas al Emperador Palpatine, si bien cubierto por una espesa capa de maquillaje que le hacía absolutamente irreconocible. Como curiosidad, decir que McDiarmid no fue quien interpretó este papel en "El Imperio contraataca", pero sí volvió a recrearlo 16 años después, cuando George Lucas se decidió a retomar la saga en "La Amenaza fantasma".



No todo en “El retorno del Jedi” es eminentemente negativo. El hándicap de contar a la vez tres acciones paralelas e independientes (Han Solo, Leía y los robots en el planeta de los Ewoks; Lando Calrissian y la flota rebelde batallando en el espacio contra los cazas del Imperio Galáctico; Luke Skywalker enfrentándose a Darth Vader y el Emperador), que son, naturalmente, los tres ejes sobre los que gira la historia durante la segunda mitad del filme, lo solventa Marquand con bastante soltura, si bien el contenido de las imágenes es tan denso (superabundancia y superposición de efectos especiales) que es necesario ver la película más de una vez para captarlo todo. Un gran acierto fue también la reaparición del delicioso Yoda, a quien de nuevo da vida Frank Oz, pero permanece tan poco tiempo en pantalla que apenas se lo disfruta. Es "El retorno del Jedi" la que tiene más secuencias en exteriores (el frondoso planeta de los Ewoks), la que despliega un mayor número de efectos especiales (942, 400 más que “La Guerra de las Galaxias”) y también la más cara (32 millones de dólares) de las tres películas de la serie. También, y ésto es un buen tanto a su favor, es la más espectacular, con unas maquetas increíbles y unas batallas espaciales de complejísima factura y filmación.



El retorno del Jedi” iba a titularse inicialmente "La venganza del Jedi", pero tal denominación acabó por desestimarse ante el aluvión de cartas de los fans, que hicieron ver a Lucas que un Caballero Jedi no puede albergar sentimientos vengativos; con todo, Lucas no desestimó totalmente su idea, que reservó para bautizar al tercer episodio de la nueva trilogía, "La venganza de los Sith". De lo que sí dan ganas de vengarse es del excesivo protagonismo otorgado a esos repelentes ositos de peluche conocidos como "Ewoks", que están en todos los peores momentos de la película y que todavía hoy siguen pareciéndonos tan ñoños como hace veintisiete años. ¿Y qué decir de ese alucinado festival de monstruos y criaturas que pululan por la guarida de Jabba e incluso aparecen en el cuartel general de la Alianza rebelde? Tal parece que sean diseños rechazados por los creadores de “Barrio Sésamo”, y no productos de esa tecnología de última hornada que, por lo demás, siempre había venido caracterizando a los señores de Industrial Light and Magic. Tampoco poco habrá en esta ocasión elogios para la música de John Williams, la cual repite y repite hasta la saciedad los viejos temas que hicieron popular a la serie. La partitura es bella y funcional, pero nunca consigue serlo por si misma, sino sólo por reminiscencias de composiciones anteriores; a este respecto, citar el corte titulado escuetamente "Return of the Jedi", que suena en el desierto durante la batalla contra las huestes de Jabba y que es un intragable refrito de todas las melodías de la saga, una especie de suite para laudatorio autobombo del compositor.



Aunque la recaudación del film resultó más o menos satisfactoria (309 millones de dólares sólo en los USA), “El retorno del Jedi” fue, con mucho, la más floja y la peor de las tres películas galácticas concebidas por George Lucas. Los puristas y los fans más acérrimos se quedaron tan descontentos con el resultado que, para muchos de ellos, Han Solo sigue todavía encerrado en un bloque de carbonita, a la espera de que lo descongele alguien con más talento y menos superficialidad. Sea por éso o quizás por agotamiento, Lucas prefirió aparcar sine die sus dos supuestas nuevas trilogías, y, hasta encontrar el momento oportuno para devolver a la pantalla grande a los Jedi y los Sith, se enfrascó en proyectos menores como un largometraje y una serie para televisión protagonizados por los Ewoks, además de versiones animadas de las aventuras de los robots, novelas, comics, reediciones de las tres películas en video así como de sus bandas sonoras y, finalmente, una reposición de los films originales, remasterizados y con alguna que otra sorpresa, la cual, al menos en España, constituyó un rotundo fracaso comercial. Luego vendría, allá por 1999, el estreno de la segunda trilogía (que cronológicamente debería ser considerada la primera)… pero de éso mejor hablamos otro día.




Luis Campoy






Lo mejor: los efectos especiales, la batalla en los bosques de Endor


Lo peor: los Ewoks y el desfile de criaturas grotescas, Harrison Ford


Calificación: 6 (sobre 10)

3 comentarios :

Jose Antonio dijo...

La 3ª entrega (VI) efectivamente fue un poco más de lo mismo. Tecnológicamente estuvo muy bien. Se notan las mejoras en los efectos especiales, pero ¿basta con esto? Por un lado tenemos la batalla en el bosque con esas "motos de gran cilindrada" tan emocionante como bien hecha, pero... y esos osos de peluche tan repelentes ¿eran necesarios? ¿Por qué Lucas se empeña en meternos burdos bichos al lado de maravillosos efectos? Y luego no contento hace una peli con ellos... ¿por qué nos tortura? ¿De verdad no tenía otra cosa que hacer? Y ahora de repente me aparece una visión de ese elefante azul mal hecho que aparece en la covacha de Jabba... ¿no lo vieron? Es que no pega con las maravillas que vamos viendo. Es cierto que criticamos más lo malo (eso sí que es el lado oscuro), pero la aventura que vivimos En fin, mejor centramos nuestras mentes en la parte buena y nos saltamos algunas de esas imágenes tan, tan... Saludos. J.A.

Luis Campoy dijo...

Bueno, dices prácticamente lo mismo que yo, pero con menos palabras. Tomaré nota, jajajaa. Y sí, el elefante azul del cubil de Jabba, que, si no me equivoco, fue introducido en la última reedición, es más bien deplorable.

Jose Antonio dijo...

Tú piénsalo. Si quieres porner una nueva criatura haces algo creíble no un muñeco tan malo. ¿Qué tiene er lucas en el tarro? ¡Viva Barrio Sésamo! :-) Saludos. J.A.