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miércoles, 31 de marzo de 2010

Las películas de mi vida/ "EL RETORNO DEL JEDI"



Un decepcionante retorno






Yo era un estudiante modelo. Mis notas oscilaban entre el sobresaliente y el notable. Mi profesor de Latín siempre decía que yo era uno de sus "próceres" o alumnos destacados. Sin embargo, el día que llegó a los cines "El retorno del Jedi" me fumé todas las clases de la tarde para estar el primero ante la taquilla del Cine Navas de Alicante. Sobre si tamaño desafío a la docencia mereció la pena o no, me pronunciaré dentro de unos pocos párrafos...







Los robots C-3PO y R2-D2 han regresado a Tatooine, el planeta desértico en donde conocieron a su amo Luke Skywalker. Su misión, sin que ellos lo sepan, consiste en servir de presente al gangster espacial Jabba el Hutt, una especie de babosa gigante en cuyo palacio se halla expuesta su obra de arte más preciada: la escultura viviente de Han Solo, ex-contrabandista y piloto de la Alianza rebelde, congelado en un bloque de carbonita. En una proyección holográfica, Luke Skywalker se presenta como Caballero Jedi y solicita a Jabba la liberación de Han, provocando la hilaridad del mafioso y de su variopinto séquito, entre cuyos integrantes se encuentran el cazarrecompensas Boba Fett y un disfrazado Lando Calrissian. Poco tiempo después, un nuevo personaje enmascarado se presenta en tan inmundo cubil, con una codiciada pieza por la que exige una fuerte recompensa: el wookie Chewbacca, copiloto de Solo. Horas después y mientras todos duermen, el recién llegado se dirige al congelador de carbono y lo desactiva, con lo que el rubor y la vida retornan a las mejillas de Han. Es la mismísima Leia quien lo ha liberado, pero su pantomima no ha convencido a Jabba y éste encarcela al mercenario y convierte a la Princesa en su sensual esclava. El último en presentarse es, cómo no, el ahora poderoso Luke Skywalker, pero también es apresado. A la mañana siguiente, Han, Luke y Chewbacca son conducidos hacia su ejecución en las dunas del desierto, pero con la ayuda de Lando, Leia y los robots, logran liberarse y saldar definitivamente sus cuentas con Jabba. Mientras el resto de sus amigos vuelan hacia el actual emplazamiento de las tropas rebeldes, Luke regresa al planeta Dagobah, donde encuentra a un Yoda agonizante. El venerable Maestro Jedi expira ante sus ojos, no sin antes revelarle que "Hay otro". También Obi-Wan Kenobi, que acude a él en su forma astral, le confirma que la Fuerza es muy poderosa en su familia: su padre la posée, él también y, asímismo, su hermana... ¡Leia!. Entre tanto, el Imperio galáctico ha iniciado la construcción de una nueva Estrella de la Muerte, más grande y más poderosa que la anterior. El Emperador y su siervo Darth Vader están en ella para supervisar la evolución de los trabajos. Sin embargo, los rebeldes han averiguado que el blindaje que la protege podría desactivarse desde una pequeña luna que orbita alrededor del planeta Endor. Han, Leia, 3PO y Chewbacca se ofrecen voluntarios para hacer caer las defensas, mientras que Lando capitaneará el ataque masivo que intentará destruir la Estrella de la Muerte una vez haya quedado desguarnecida. Luke llega justo a tiempo para unirse a sus amigos, pero, en cuanto aterrizan en Endor, su presencia es percibida por Darth Vader. También el Emperador se ha dado cuenta de la creciente peligrosidad del joven Skywalker, por lo que ordena a Vader que realice un último intento de atraerle al Lado Oscuro o, en caso contrario, le destruya.


Paralelamente, los héroes que intentan sabotear el blindaje han sido capturados por los primitivos pobladores del planeta, unas criaturas semejantes a osos enanos llamadas Ewoks. Sólo la armadura dorada de C-3PO, a quien toman por un dios, les permitirá salvarse, momento que aprovecha Luke para ir a encontrarse con su padre. Conducido por éste hasta el Emperador, el último Jedi trata de mantener controlada su furia, hasta que el malévolo Palpatine le revela que sus camaradas han sido víctimas de una estratagema urdida por él, ya que el búnker desde donde se controlan las defensas está mucho más fuertemente custodiado de lo que creían. Luke sucumbe al poder devastador de la ira y nuevamente se enfrenta con su padre, a quien amputa una mano. El Emperador disfruta cruelmente del combate entre padre e hijo, y propone a Skywalker ocupar el puesto de Vader a su lado. Cuando aquél se niega, el hombre más poderoso de la Galaxia lanza toda su malévola energía contra el muchacho, pero el último acto noble de Darth Vader logra preservar la vida de su hijo, aun a costa de la suya propia. Contra todo pronóstico, Solo y Leia, con la inesperada ayuda de los Ewoks, logran finalmente desactivar el blindaje protector, con lo que Lando y el resto de los cazas se abaten sobre la Estrella de la Muerte, a la que destruyen justo un segundo después de que Luke haya podido escapar, portando el cadáver de su padre, al que incinerará mientras los Ewoks y todas las criaturas que acaban de recuperar la Libertad celebran jubilosos el fin de la tiranía del Imperio…



El Retorno del Jedi” fue la inevitable tercera entrega de la serie iniciada en 1977 con “La Guerra de las Galaxias", y cronológicamente correspondería al Capítulo VI de la famosa epopeya sideral, cerrando la trilogía central que algún día debería verse completada con otras dos, haciendo así un total de nueve películas. El universo mitológico surgido de la imaginación de George Lucas (que entonces tenía 39 años) había entrado por derecho propio en los anales de la fantasía cinematográfica, obteniendo internacionalmente un inusitado fervor popular; de hecho, "La Guerra de las Galaxias'' ya estaba considerada desde hacía algunos años como la película más taquillera de la Historia del Séptimo Arte, seguida a no mucha distancia por su primera secuela, "El Imperio Contraataca".



Para esta tercera entrega, Lucas no dudó que debía seguir utilizando la misma fórmula que desde el principio le había abierto las puertas del éxito: una bien calculada combinación de ingredientes que van desde la fantasía, el humor y el romanticismo hasta la eterna y algo ambigua dialéctica entre el Bien y el Mal, desarrollada, claro está, en un tono ligero y coloquial. Nadie podía negar que tanto "La Guerra…" como “El Imperio…” habían conseguido aquéllo de lo que muy pocas películas habían sido capaces: aunar las ilusiones aventureras de varias generaciones de espectadores, deseosos de escapar a la realidad y abandonarse a una excitante trama en la que abundaban la acción, los viajes espaciales y, de fondo, la exaltación de los valores tradicionales de la personalidad humana. Conseguir reflejar todo ésto en una pantalla había sido intentado con anterioridad, pero nunca con tanto derroche de medios técnicos e inventiva. Acertado o errado, Lucas consideró que fueron la espectacularidad de efectos especiales y decorados y la proliferación de criaturas fantásticas lo que, en primera instancia, había llevado a la serie a convertirse en objeto de culto y admiración, por lo que, a la hora de abordar el que acabaría siendo el episodio final de la saga, decidió multiplicar por ciento tanto las secuencias de acción como los personajes estrambóticos.



Siguiendo el mismo patrón que tan buenos resultados le dio en “El Imperio contraataca”, Lucas se alejó como de la peste de las tareas de dirección y elaboración del guión, esbozando tan sólo un boceto argumental que Lawrence Kasdan, co-guionista de “El Imperio…” se encargó de pulir. Para sentarse en la silla de director, escogió a Richard Marquand (1938-1987), un realizador galés que había triunfado con un film de espías titulado “El ojo de la aguja”, con Donald Sutherland como protagonista.



Independientemente de los rumores que apuntaban a la realización de esas dos nuevas trilogías que tanto ilusionaban a los fans, “El retorno del Jedi” tenía la obligación de convertirse en un apoteósico fin de fiesta, en el que todas las tramas que tan hábilmente dejó en el aire el final de “El Imperio contraataca” quedasen solucionadas de un modo satisfactorio y explosivo, provocando en los espectadores una sonrisa y un buen sabor de boca. Así, la historia conectaría directamente con el tortuoso desenlace de “El Imperio…” (Han Solo prisionero en un bloque de carbonita, la Alianza rebelde disgregada y el Imperio dispuesto a recuperar el control de la situación), y Lucas y Kasdan estaban obligados a proporcionar una resolución aceptable a los problemas planteados, logrando el asentamiento definitivo de los caracteres ya conocidos y, para dar carnaza a los muchos freakis que les machacaban con sus cartas, forzar un happy end aún más explosivo y alumbrar más y más alienígenas psicodélicos. Atendiendo a ésto, "El retorno..." no defrauda en absoluto; no podría defraudar, porque lo que el Tío George y su guionista hicieron fue limitarse a copiarse sistemáticamente a sí mismos, introduciendo las mínimas novedades para no agotar totalmente el invento.



El procedimiento a seguir fue el de entresacar los momentos más afortunados de "La Guerra..." y "El Imperio...”, barajarlos concienzudamente para asimilarlos al contexto de la nueva película, y distribuirlos a lo largo de ciento veinte minutos de metraje. Así, de “La Guerra de las Galaxias" se recrearon las escenas iniciales del destructor imperial, las de los dos androides caminando por el desierto, el alucinante espectáculo de la Cantina de Mos Eisley (esta vez reciclado en el cubil de Jabba el Hutt), el salto tarzanesco de Luke y la Princesa Leia y, cómo no, la batalla final que nuevamente culmina con la destrucción de la también resucitada “Estrella de la Muerte”. En cuanto a “El Imperio contraataca”, volveremos a ver la escena de Luke con el Maestro Yoda en el planeta Dagobah y el duelo de espadas láser entre Darth Vader y el joven Luke, con amputación de mano incluída, aunque esta vez cambiando la personalidad del lisiado.



Es notorio que, por muy satisfecho que Lucas hubiese quedado con el resultado, dramático y adulto, de “El Imperio contraataca”, algo en su corazoncito (o, quizás, algún dígito de su cuenta bancaria) le decía que el nuevo film tenía que ser más blando, más luminoso, más familiar. Desde mi punto de vista, tal decisión fue un error absolutamente garrafal, pues esa madurez que tanto alabábamos en la triunfal segunda entrega de la serie se diluyó en un torrente de infantilismo de difícil digestión. Es como si “La Guerra…” la hubiese dirigido un muchacho, “El Imperio…” un hombre adulto y “El retorno…” hubiese corrido a cargo de un niño que es incapaz de hacer sino cine para… niños. El guión está tan torpemente escrito que resulta obvio que la participación de Harrison Ford y Carrie Fisher responde más a cuestiones de marketing que a la propia densidad dramática de sus personajes, los cuales, más que evolucionar, parece que involucionan hacia la extinción de su credibilidad. Harrison Ford no quería de ninguna de las maneras implicarse en más correrías galácticas, y rogó a Lucas que su personaje no despertase de la congelación. Era lógico: tenía al mundo entero a sus pies tras su triunfo personal en "En busca del Arca perdida" y su participación en la excelente "Blade Runner", y volver a meterse en un personaje que esta vez no era más que una simple comparsa no le motivaba en absoluto. Sólo un cheque con muchos ceros logró convencerle, pero, viendo la película, se nota que Ford estaba pensando en otra cosa y que no hace sino gesticular y hacer el payaso. La verdad, tampoco podía hacer mucho más. A Carrie Fisher se le presentó la ocasión de darle un giro, al menos en lo físico, a su esquemático personaje, que en la primera entrega lucía una especie de túnica monacal y en la segunda vestía como un soldado más. En las escenas iniciales de "El retorno...", la joven pudo resarcirse con creces de tantas limitaciones, y su escueta indumentaria reveló un cuerpo bastante bien formado del que hasta entonces no había podido presumir. Con todo, durante el resto del film apenas tuvo protagonismo, por no hablar de Billy Dee Williams, cuyo Lando Calrissian prácticamente no sale de la carlinga del Halcón Milenario. El único que demostró haber mejorado como actor fue Mark Hamill, que realiza la mejor interpretación de toda su errática carrera; en su rostro, por el que parecen haber pasado siglos desde que debutó como Luke Skywalker, se reflejan primorosamente la angustia, el miedo, la compasión e incluso el amor por su no tan malvado padre. La única incorporación destacable al reparto (en el que repitieron los de siempre) fue la del inglés Ian McDiarmid, que interpreta con la solemnidad y majestuosidad requeridas al Emperador Palpatine, si bien cubierto por una espesa capa de maquillaje que le hacía absolutamente irreconocible. Como curiosidad, decir que McDiarmid no fue quien interpretó este papel en "El Imperio contraataca", pero sí volvió a recrearlo 16 años después, cuando George Lucas se decidió a retomar la saga en "La Amenaza fantasma".



No todo en “El retorno del Jedi” es eminentemente negativo. El hándicap de contar a la vez tres acciones paralelas e independientes (Han Solo, Leía y los robots en el planeta de los Ewoks; Lando Calrissian y la flota rebelde batallando en el espacio contra los cazas del Imperio Galáctico; Luke Skywalker enfrentándose a Darth Vader y el Emperador), que son, naturalmente, los tres ejes sobre los que gira la historia durante la segunda mitad del filme, lo solventa Marquand con bastante soltura, si bien el contenido de las imágenes es tan denso (superabundancia y superposición de efectos especiales) que es necesario ver la película más de una vez para captarlo todo. Un gran acierto fue también la reaparición del delicioso Yoda, a quien de nuevo da vida Frank Oz, pero permanece tan poco tiempo en pantalla que apenas se lo disfruta. Es "El retorno del Jedi" la que tiene más secuencias en exteriores (el frondoso planeta de los Ewoks), la que despliega un mayor número de efectos especiales (942, 400 más que “La Guerra de las Galaxias”) y también la más cara (32 millones de dólares) de las tres películas de la serie. También, y ésto es un buen tanto a su favor, es la más espectacular, con unas maquetas increíbles y unas batallas espaciales de complejísima factura y filmación.



El retorno del Jedi” iba a titularse inicialmente "La venganza del Jedi", pero tal denominación acabó por desestimarse ante el aluvión de cartas de los fans, que hicieron ver a Lucas que un Caballero Jedi no puede albergar sentimientos vengativos; con todo, Lucas no desestimó totalmente su idea, que reservó para bautizar al tercer episodio de la nueva trilogía, "La venganza de los Sith". De lo que sí dan ganas de vengarse es del excesivo protagonismo otorgado a esos repelentes ositos de peluche conocidos como "Ewoks", que están en todos los peores momentos de la película y que todavía hoy siguen pareciéndonos tan ñoños como hace veintisiete años. ¿Y qué decir de ese alucinado festival de monstruos y criaturas que pululan por la guarida de Jabba e incluso aparecen en el cuartel general de la Alianza rebelde? Tal parece que sean diseños rechazados por los creadores de “Barrio Sésamo”, y no productos de esa tecnología de última hornada que, por lo demás, siempre había venido caracterizando a los señores de Industrial Light and Magic. Tampoco poco habrá en esta ocasión elogios para la música de John Williams, la cual repite y repite hasta la saciedad los viejos temas que hicieron popular a la serie. La partitura es bella y funcional, pero nunca consigue serlo por si misma, sino sólo por reminiscencias de composiciones anteriores; a este respecto, citar el corte titulado escuetamente "Return of the Jedi", que suena en el desierto durante la batalla contra las huestes de Jabba y que es un intragable refrito de todas las melodías de la saga, una especie de suite para laudatorio autobombo del compositor.



Aunque la recaudación del film resultó más o menos satisfactoria (309 millones de dólares sólo en los USA), “El retorno del Jedi” fue, con mucho, la más floja y la peor de las tres películas galácticas concebidas por George Lucas. Los puristas y los fans más acérrimos se quedaron tan descontentos con el resultado que, para muchos de ellos, Han Solo sigue todavía encerrado en un bloque de carbonita, a la espera de que lo descongele alguien con más talento y menos superficialidad. Sea por éso o quizás por agotamiento, Lucas prefirió aparcar sine die sus dos supuestas nuevas trilogías, y, hasta encontrar el momento oportuno para devolver a la pantalla grande a los Jedi y los Sith, se enfrascó en proyectos menores como un largometraje y una serie para televisión protagonizados por los Ewoks, además de versiones animadas de las aventuras de los robots, novelas, comics, reediciones de las tres películas en video así como de sus bandas sonoras y, finalmente, una reposición de los films originales, remasterizados y con alguna que otra sorpresa, la cual, al menos en España, constituyó un rotundo fracaso comercial. Luego vendría, allá por 1999, el estreno de la segunda trilogía (que cronológicamente debería ser considerada la primera)… pero de éso mejor hablamos otro día.




Luis Campoy






Lo mejor: los efectos especiales, la batalla en los bosques de Endor


Lo peor: los Ewoks y el desfile de criaturas grotescas, Harrison Ford


Calificación: 6 (sobre 10)

martes, 30 de marzo de 2010

Las películas de mi vida/ "EL IMPERIO CONTRAATACA"

La grandeza de las segundas partes




Hace mucho tiempo, exactamente treinta años, un día de Abril de 1980 me detuve ante un kiosco de cierta plaza de Alicante, fijos mis ojos en una revista que tenía en la portada el primer cartel que yo había visto de "El Imperio contraataca", la esperadísima continuación de "La Guerra de las Galaxias". Con los restos de mi paga compré inmediatamente aquel sueño hecho de brillante papel couché (me costó la estratosférica cantidad de 250 pesetas), y recuerdo que, antes de llegar a mi casa, ya me lo había leído de cabo a rabo ...





El gélido planeta Hoth está cubierto por una espesa capa de nieve, y un vendaval barre sus desérticas planicies. Tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, la Alianza Rebelde se ha fortalecido y ha asentado su base secreta en este sistema helado, creyéndose a salvo de las incursiones de la Flota Imperial. Sin embargo, el pérfido ex-Jedi y Señor Oscuro de los Sith, Darth Vader, ha regresado y, bajo la atenta vigilancia del Emperador Palpatine, se ocupa personalmente de estrechar el cerco en torno a los rebeldes, con especial atención a Luke Skywalker, hasta que sus sondas espía los localizan en la blanca llanura de Hoth.




 Ignorante todavía de que han sido descubiertos, Luke patrulla los páramos en misión de reconocimiento, cuando es capturado por un monstruo de las nieves. Aunque consigue zafarse de su captor, está muy malherido y acaba desmayándose, no sin antes percibir la fantasmagórica aparición de su mentor Obi-Wan Kenobi, quien le dice que debe viajar al lejano planeta Dagobah para ser entrenado por Yoda, Maestro de los Caballeros Jedi. Justo en ese preciso instante, su fiel amigo Han Solo hace acto de presencia y logra mantenerlo con vida. Con las luces del nuevo día, ambos son rescatados y conducidos a la base rebelde. Allí, Luke es tratado por un androide médico que le cura las heridas sufridas, y Han se dispone a regresar al planeta Tatooine para saldar su deuda con el gangster intergaláctico Jabba el Hutt, quien ha puesto precio a su cabeza. La princesa Leia observa entristecida los preparativos para la marcha de Solo, de quien se ha enamorado, cuando se producen las primeras explosiones que revelan que las fuerzas imperiales les han localizado y se prepara una invasión terrestre en toda regla. Liderados por Luke, los rebeldes se enfrentan a los vehículos acorazados AT-AT del Imperio y, tras una espectacular batalla sobre la nieve, consiguen destruirlos y posibilitar así la huída de la mayor parte de la Alianza. Mientras Luke y R2-D2 se dirigen al sistema Dagobah, Han, Leia, Chewbacca y C-3PO, a bordo del Halcón Milenario, ponen rumbo a Tatooine. Sin embargo, son interceptados por la flota estelar, que les persigue a través de un campo de asteroides y acaba obligándoles a refugiarse en un planeta aparentemente seguro, Bespin, controlado por un antiguo compañero de armas de Solo llamado Lando Calrissian.


Mientras tanto, Luke encuentra al diminuto Yoda, un peculiar personajillo, que le enseña a no juzgar a las personas por su apariencia y le ayuda a perfeccionar su dominio sobre la energía mística conocida como La Fuerza. Entonces, Luke tiene un presentimiento respecto a sus amigos, y abandona Dagobah precipitadamente, camino de Bespin. Allí, en lo alto de la ciudad envuelta en nubes donde Calrissian tiene su capital, Han y Leia son agasajados por el antiguo mercenario, que les cuenta que ha conseguido mantenerse a salvo del Imperio gracias a un trato que ha pactado con el mismísimo Darth Vader. Por desgracia, el trato consiste en que Darth está allí mismo, esperándoles, sabedor de que son los rehenes idóneos para atraer al joven Skywalker, quien, efectivamente, muy pronto desembarca en Bespin. Mientras Han Solo es congelado en un bloque de carbonita y entregado al cazarrecompensas Boba Fett, que lo llevará ante Jabba el Hutt, Luke se enfrenta por fin a su destino. El duelo de espadas láser resulta dramático y demoledor para el muchacho. No sólo le es amputada una mano, sino que, vencido por un diabólico Vader, escucha cómo éste trata de atraerle hacia el Lado Oscuro, antes de hacerle una terrible revelación: "Obi-Wan no te contó cómo murió tu padre". "Me dijo lo suficiente... Me dijo que tú le mataste". "No, Luke... Yo soy tu padre".



Un éxito tan apoteósico a escala interplanetaria como el de "La Guerra de las Galaxias" no podía permanecer estéril durante mucho tiempo. Los impresionantes taquillajes, la venta de todo tipo de merchandising relacionado directa o indirectamente con el film y, sobre todo, la aparición de freakis y fanáticos que se asociaron por doquier exigiéndole a George Lucas más de lo mismo, eran razones demasiado poderosas como para no ser tenidas en cuenta. Recuerdo que fue más o menos por aquel entonces cuando alguien hizo correr el rumor de que Lucas se había encerrado en su rancho (al que bautizó "Skywalker", ¿os suena por qué?) y había escrito el esqueleto argumental no de una sino de 8 películas más, que se agruparían en tres trilogías de la que "La Guerra de las Galaxias" constituiría el episodio inicial de la segunda de ellas. Es decir, el "Tío George" planeaba realizar una trilogía inicial que abarcaría los episodios 1 al 3, donde se contaría la destrucción de los Caballeros Jedi y el alzamiento del Imperio Galáctico; una segunda trilogía, con los episodios cuarto ("La Guerra..."), quinto y sexto, que relataría cómo Luke Skywalker, el último de los Caballeros Jedi, se enfrentaba a su padre para propiciar el fin de la tiranía imperial, y una tercera y última tanda de otros tres capítulos (del 7 al 9) en los que los protagonistas serían, bien unos ya maduros Luke, Han y Leia, o bien sus descendientes. Existía la posibilidad, más bien remota, de que Lucas retrocediese en el tiempo para reiniciar la saga desde el principio, con nuevos personajes y, por tanto, nuevos actores, pero, afortunadamente, tomó la decisión de recuperar el reparto original de "La Guerra de las Galaxias", que tan bien acogido había sido por los fans y el público en general, y se puso manos a la obra para la redacción de un primer borrador del libreto para el quinto episodio, del que en principio sólo sabía que se iba a titular, lógicamente, "The Empire Strikes Back" ("El Imperio contraataca").



Dos cosas tuvo Lucas muy claras desde el principio: una, que no iba a asumir tanta responsabilidad como en la primera película (recordemos que tuvo que ser hospitalizado a causa del agotamiento nervioso e incluso llegó a sufrir un amago de infarto), y dos, que iba a dejarlo todo atado y bien atado para que en su contrato con 20th Century Fox se reflejara sin lugar a dudas que él era el poseedor de los derechos legales de su creación y que, por tanto, iba a recibir la oportuna retribución en forma de suculentos porcentajes, tanto de la recaudación de las películas como de la venta de los productos derivados.



Una vez esbozado el primer tratamiento de la historia, Lucas contrató a la prestigiosa escritora de ciencia ficción Leigh Brackett (1915-1978) para que elaborara el guión definitivo, quizás para vengarse de los críticos que le acusaban de que el argumento de "La Guerra de las Galaxias" era demasiado infantil. Brackett había sido también autora de los libretos de "El sueño eterno" o "Río Bravo" y se suponía que su visión "adulta" y experimentada otorgaría una pátina de madurez y prestigio a la saga galáctica. Sin embargo, Brackett falleció víctima de un cáncer y Lucas, que, en cualquier caso, no estaba del todo satisfecho con la visión excesivamente dramática de la difunta, acudió a un joven "plumilla" llamado Lawrence Kasdan (n. 1949) para que terminara el trabajo. Como tampoco estaba muy por la labor de quedarse quieto tras la cámara, George Lucas recurrió a un viejo profesor de sus tiempos de estudiante en la Escuela de Cine, Irvin Kershner (n. 1923), y le propuso ocuparse de la dirección. Kershner no era precisamente popular (creo que las única películas suyas que habían llegado a España eran “La venganza de un hombre llamado caballo”, “Ojos” y "Un loco maravilloso", esta última con Sean Connery), pero demostró desde el principio que todavía el maestro era capaz de darle lecciones al discípulo.



Sólo quedaba asegurarse la continuidad de la inmensa mayoría de los protagonistas de "La Guerra de las Galaxias" (sólo Peter Cushing, cuyo personaje moría en la explosión de la Estrella de la Muerte, no repitió), que estuvieron encantados de repetir sus papeles. A Mark Hamill hubo que darle algunos retoques de cirugía en su rostro (había sufrido un accidente de coche mientras rodaba "Correrías de verano") y, como no se pudo evitar que le quedaran secuelas visibles, se retocó el guión para incluir esa escena inicial en la que el wampa le golpea directamente en la cara; así, al menos, las cicatrices y moratones tendrían justificación. Harrison Ford, que, sin duda, había sido el más beneficiado de todos en cuanto a reconocimiento popular, había encadenado "Fuerza 10 de Navarone", “El rabino y el pistolero” y "Apocalypse Now" y se reincorporó a la familia galáctica justo antes de calzarse por primera vez el sombrero de Indiana Jones en "En busca del Arca Perdida". Carrie Fisher había actuado en “Granujas a todo ritmo” y estaba saliendo con su estrella, John Belushi, con el que se rumoreaba que compartía su afición por la cocaína. David Prowse (Darth Vader), James Earl Jones (voz de Darth Vader), Peter Mayhew (Chewbacca), Anthony Daniels (C-3PO), Kenny Baker (R2-D2) e incluso Sir Alec Guinness (Obi-Wan kenmobi) se pusieron a las órdenes de Irvin Kershner, pero faltaban tres papeles importantes por asignar. Para interpretar al elegante Lando Calrissian se contrató al actor de color Billy Dee Williams (n. 1937), que había intervenido en "El ocaso de una estrella" al lado de Diana Ross y que, casualmente, había sonado como candidato para el papel de Han Solo); Jeremy Bulloch (n. 1945) fue el rostro oculto bajo el casco de Boba Fett y, en cuanto al carismático Yoda, enseguida se descartó la utilización de un enano disfrazado. Para dar vida a tan entrañable criatura se recurrió al mago de las marionetas Jim Henson (1936-1990), creador de "Barrio Sésamo", y a su mano derecha Frank Oz (n. 1944), que fue quien le puso voz. Mucho más que un títere al uso, Yoda era manipulado por control remoto y poseía una amplia gama de movimientos y gestos faciales que se controlaban mediante un dispositivo hidráulico, destacando especialmente sus ojos, claro precedente de los de E.T. Un par de años después, el pequeño extraterrestre del film de Steven Spielberg se encontraba con el Maestro Jedi durante una fiesta de Halloween, y, al verlo, prorrumpía en alaridos de "Mi caaasa, mi caasa...".



El equipo técnico tampoco sufrió demasiados cambios (aunque hacia el final del rodaje fallecería el diseñador de producción John Barry), y nuevamente se rodaron casi todos los interiores en los platós ingleses de Elstree (el decorado pantanoso que representaba al planeta Dagobah se reutilizó al año siguiente para ubicar una de las primeras escenas de "En busca del arca perdida"; como puede verse, Lucas y Spielberg estuvieron y están tan unidos que a veces no puede distinguirse dónde acaba uno y dónde empieza el otro). Para situar el mundo helado de Hoth hubo que desplazarse hasta Noruega, donde el equipo pasó casi tanto frío como calor habían sufrido durante el rodaje de "La Guerra..." en Túnez. Los chicos de Industrial Light and Magic se superaron a sí mismos para crear más y mejores efectos especiales, destacando los enormes vehículos imperiales AT-AT que aparecen en la batalla inicial y que se inspiraron en el movimiento de los elefantes. Por último, el cada vez más laureado John Williams volvió a hacerse cargo de la banda sonora, no limitándose a utilizar los motivos que todos conocíamos sino que compuso tres temas que resultarían fundamentales para definir la atmósfera sonora del film: uno para Yoda, representando su grandeza espiritual en contraposición a su pequeñez corporal; otro para reflejar el creciente amor entre Han y Leia; y, sobre todo, la wagneriana y archifamosa "Marcha Imperial", terrorífica y majestuosa a partes iguales, que cualquier medio de comunicación que se precie ha utilizado más de una vez para definir el peligro o la maldad.



"El Imperio Contraataca" se estrenó el 21 de Mayo de 1980 y se convirtió en un éxito rotundo, recaudando 538 millones de dólares sólo en Estados Unidos, que la convirtieron en la película más taquillera del año. Pero fueron los críticos quienes mejor la acogieron, llenándola de elogios y alabando su madurez. De hecho, es evidente que con “El Imperio Contraataca” se rompe el conocido refrán que reza “Segundas partes nunca fueron buenas”, con lo que el film consiguió ascender a ese mismo Olimpo de secuelas gloriosas donde también moran “El Padrino II”, “Aliens, el regreso” o “Spiderman 2”. Sin ir más lejos, para mí es, sin duda alguna, la mejor de toda la saga lucasiana, la más inteligente, la más romántica y la que realmente acabó de consolidar la mitología espacial.



Si “La Guerra de las Galaxias” era una aventura familiar filmada con alegría e ilusión, “El Imperio contraataca” fue un paso adelante hacia una ciencia ficción más realista y bastante más oscura, metáfora de la evolución de sus personajes principales y la terrible complejidad de algunas de las relaciones que se descubren entre ellos. La famosa frase “Luke, yo soy tu padre” ha pasado a los anales de la Historia cinematográfica y recientemente ha sido elegida como la más memorable de todos los tiempos. Como dato anecdótico, hay que reseñar que ninguno de los intérpretes conoció este vuelco argumental hasta casi el mismo estreno del film. Cuando se rodó la escena, lo que el actor David Prowse recitó fue “No, Luke, Obi Wan mató a tu padre”, y por eso Prowse se quedó alucinado cuando escuchó a su doblador James Earl Jones pronunciar la versión definitiva. Otra frase mucho más escueta pero no menos emotiva fue la réplica de Han Solo cuando está a punto de ser introducido en el bloque de carbonita. Creyendo que puede perderle para siempre, Leia le dice “Te quiero”, a lo que Solo, en el guión original, replicaba un simple “Yo también”. Sin embargo, durante el rodaje, Harrison Ford se mostró tan disconforme con una respuesta tan poco significativa que, convirtiéndose en su personaje, tan chulo como carismático, se inventó el definitivo “Lo sé”. Comentario aparte se merece el desafortunado doblaje español, sobre todo por los puntos de ruptura con la película anterior. Si en “La Guerra…” se referían a los Caballeros Jedi como “Yedáis”, en “El Imperio…” se convierten sencillamente en “Yédis”; si entonces el nombre de la Princesa Leia se pronunciaba “Lía”, ahora queda reducido a “Léya”; si antaño Obi-Wan intentaba prevenir a Luke contra el “Reverso Tenebroso”, hogaño Darth Vader trata de atraerlo hasta el mucho más literal pero menos poético “Lado Oscuro”; errores más bien absurdos tratándose de los mismos actores de doblaje, que quién sabe si fueron abducidos por alguna energía mística derivada de la sempiterna chapuza hispánica.




Lo peor, quizás lo único malo de un film casi magistral que exhibió los mejores efectos especiales jamás vistos hasta entonces, que acumuló un buen puñado de secuencias extraordinarias, que contuvo una historia de amor tan ingenua como tierna y que presentó en sociedad a una criatura mítica como Yoda fue que su continuación, “El retorno del Jedi”, fue tan pueril y repetitiva que, de algún modo, desmereció un poco todos sus logros. Bueno, éso y el hecho de que, para ver a Han Solo salir de su congelación en carbonita, hubo que esperar nada menos que tres larguísimos años.


Luis Campoy




Lo mejor: el toque de inteligencia y dramatismo que aún realzó más la fantasía y la aventura; la espléndida batalla sobre la nieve; el personaje de Yoda; la legendaria frase “Yo soy tu padre”

Lo peor: el doblaje español;  que hubiera que esperar tres años para ver la conclusión

Calificación: 9,5 (sobre 10)


lunes, 29 de marzo de 2010

Las películas de mi vida/ "REGRESO AL FUTURO"


Volver al pasado para reformar el presente


Viendo ayer "Regreso al futuro", cómodamente apoltronado en mi sofá, pudiendo elegir en qué momento comenzaba la proyección, cuántas pausas debían hacerse y qué volumen debía tener el equipo de sonido Dolby 5.1 para acallar el griterío de la procesión, no pude evitar acordarme de aquella tarde, hace ya ¡25 años! (¡joder, cómo pasa el tiempo!) en que llegué al cine Navas de Alicante con tres cuartos de hora de antelación con respecto al horario previsto... y tuve que volverme con las mismas a mi casa, debido a la enorme cola que partía de la taquilla y cubría las dos o tres manzanas adyacentes.

"Regreso al futuro" fue una especie de regalo de graduación que Steven Spielberg (n. 1946) otorgó a uno de sus discípulos más aventajados, el joven Robert Zemeckis. Zemeckis (n. 1952) tenía tan sólo tres films en su haber (“Locos por ellos”, "Frenos rotos, coches locos" y "Tras el corazón verde"), pero ya apuntaba buenas maneras y estaba tan dotado para la comedia como para la aventura. Era un tiempo en que Spielberg comenzaba a ser considerado "El Rey Midas de Hollywood", ya que todos los productos que tocaba, ya fuese como realizador ("En busca del arca perdida", "E.T., el Extraterrestre", "Indiana Jones y el templo maldito") o simplemente como productor ("Poltergeist", "Gremlins", "Los Goonies") obtenían un éxito superlativo, por lo que, para prolongar su racha triunfal, decidió producirle a Zameckis un guión que había escrito a medias con su colega Bob Gale y que, combinando aventura, ciencia ficción, comedia y crónica costumbrista, contaba la historia de “un muchacho que viaja hacia atrás en el tiempo y su madre se enamora de él”.

Estamos en octubre de 1985. Marty McFly es un adolescente de 17 años que vive en Hill Valley, una típica ciudad estadounidense de la época, estudia en el Instituto local, toca la guitarra en una banda de rock, se desplaza sobre un monopatín y pretende pasar su primer fin de semana a solas con su novia Jennifer. Sin embargo, su existencia no es totalmente feliz. En su casa, la actitud servil y cobarde de su padre George McFly para con su supervisor, el chulo y camorrista Biff Tannen, le saca de quicio, casi tanto como el desprecio con el que sus dos hermanos mayores le tratan y los múltiples reparos que su madre Lorraine le pone a Jennifer cada vez que ella le llama, ya que, según dice, una chica nunca debe ser quien vaya detrás de un chico. Sólo su amistad con el profesor "Doc" Emmett Brown, un científico más bien pirado, ayuda a Marty a sobrellevar su monotonía. El último invento de Brown es una máquina del tiempo, que, en un alarde de originalidad, ha construído en el interior de un lujoso coche, un DeLorean, el cual, para realizar el salto temporal, necesita ser alimentado con plutonio. Pero como el plutonio no se vende precisamente en la farmacia de la esquina, a Doc no se le ocurre otra cosa que robárselo a unos terroristas libios, quienes dan con la pista del científico y le acribillan a balazos justo cuando Marty está filmando con una cámara de video las entusiastas declaraciones de su amigo. Aterrorizado, a Marty no se le ocurre otra cosa que subirse al DeLorean tratando de huir de los libios que también le persiguen, sin reparar en que la última fecha que Doc programó en la consola de mandos del coche fue la del día en que inventó la máquina del tiempo, justo 30 años atrás... Tras una alocada carrera en la que alcanza los 140 kilómetros por hora, Marty se empotra en un granero que de repente ha aparecido en medio del pinar que se halla donde un segundo antes había un centro comercial. Ante los ojos asombrados del chico, todo es ahora diferente. El reloj del Ayuntamiento, que en su época llevaba 30 años parado tras la caída de un rayo, funciona perfectamente, el alcalde es tan sólo un joven camarero negro, el presidente Ronald Reagan no es más que un mediocre actor de westerns, Chuck Berry todavía no ha revolucionado el Rock'n'Roll, los episodios de “The Honeymooners” se emiten en riguroso estreno y la urbanización donde viven los McFly ni siquiera existe... Marty ha viajado a los idílicos años cincuenta, y, para volver a su tiempo, sólo puede recurrir a una persona: Doc Brown, treinta años más joven pero igualmente entrañable, y ahora dispuesto a ayudar a Marty a regresar al futuro. Pero si en 1985 encontrar plutonio no era tarea fácil, en 1955 es prácticamente imposible. La única energía capaz de generar la reacción necesaria para que el DeLorean emprenda el salto en el tiempo sería un rayo, pero ¿cómo prever cuándo y dónde va a caer uno? Un momento... ¡El reloj del Ayuntamiento! ¡Un rayo fue lo que lo paralizó, dejándolo convertido en una reliquia que se ha conservado inalterable! Sabedores del día y la hora exactos en los que el rayo caerá, Marty y Doc tienen una semana por delante para preparar un artilugio que canalice su energía hacia el coche, pero los problemas no han hecho más que empezar. Casualmente, Marty se tropieza con su padre, un juvenil George McFly que ya es víctima de los abusos y vejaciones de Biff Tannen, el líder de la pandilla local. Tratando de ayudar a papá, perdón, George, Marty conoce a mamá, perdón, Lorraine, también adolescente y que, sorprendentemente, se siente irresistiblemente atraída hacia él. Mientras intenta escapar del acoso de Lorraine (sí, la misma que en el futuro dirá a su hijo que las chicas no deben ir en busca de los chicos), Marty deberá conseguir que George reúna las fuerzas necesarias para llevarla al baile del Instituto y la bese mientras bailan (o, de lo contrario, ambos no se enamorarían, no se casarían, y él y sus hermanos jamás nacerían), derrotando, de paso, al pendenciero Biff, para luego ir corriendo al encuentro de Doc, justo a tiempo de subirse al DeLorean cuando la tormenta eléctrica está a punto de desatarse...

Bob Gale (n. 1951) y Robert Zemeckis escribieron el primer borrador de “Regreso al futuro” a finales de 1980, bastante antes de que el segundo llamara la atención de la Industria con “Tras el corazón verde”, que protagonizaron Michael Douglas, Kathleen Turner y Danny DeVito. Parece ser que Gale, ojeando el viejo anuario escolar de su padre, se preguntó cómo hubiera sido poder compartir aquella época estudiantil con él, más que nada para comprobar si eran verdad todas las batallitas que tantas veces le contaba. En esta fase preliminar del proyecto, ya existían Marty y Doc y la necesidad de realizar un par de viajes en el tiempo, pero había algunas diferencias bastante significativas. Para empezar, el medio de locomoción con el que efectuar el salto temporal no era un coche, sino una nevera. Afortunadamente, alguien pensó que, una vez vista la película, algún niño podía quedar atrapado en el frigorífico tratando de imitar a sus héroes, con consecuencias más bien fatales, por lo que se planteó la segunda opción del DeLorean, que fue la que se mantuvo hasta el final. Por otra parte, la primera mascota de Doc Brown no era un perro llamado “Einstein” (homenaje al genial descubridor de la Relatividad) sino un chimpancé llamado “Shemp”. Asímismo, dado que en 1955 no podía obtenerse plutonio, lo primero que se pensó fue que Doc y Marty acudían a una instalación militar de Nuevo México tratando de hacerse con una bomba atómica, si bien, felizmente, los guionistas se acabaron decidiendo por un impulsor más natural como es el rayo. El caso es que Gale y Zemeckis terminaron el guión en apenas un fin de semana, y, con él bajo el brazo, se dirigieron a varias productoras (Disney y Columbia) que, tras leerlo, lo rechazaron. Sólo Amblin, la pequeña empresa de Steven Spielberg, mostró interés en el proyecto, si bien les recomendó que lo puliesen un poco. No obstante, como dije anteriormente, no fue hasta que el taquillazo de “Tras el corazón verde” le hizo famoso, cuando Robert Zemeckis se decidió a volver a visitar a su mentor Spielberg (que ya le había producido “Locos por ellos” y “Frenos rotos, coches locos”), quien esta vez dio el “Sí” sin dudarlo, contando con Universal Pictures para la distribución del film.

Elegir el reparto de actores secundarios para “Regreso al futuro” no fue excesivamente difícil. Los papeles de los personajes que “rejuvenecen” (o “envejecen”, según se mire) pero han de ser encarnados por los mismos intérpretes se asignaron a los jóvenes y talentosos Crispin Glover (George McFly), Lea Thompson (Lorraine Baines McFly) y Thomas F. Wilson (Biff Tannen). Claudia Wells fue Jennifer, la novia del protagonista, y, como dato anecdótico, os sorprenderá saber que Billy Zane, futuro villano de “Titanic”, fue uno de los compinches de Biff en los años 50. James Tolkan interpreta a Strickland, el director eternamente calvo del Instituto, y el gran Christopher Lloyd (n. 1938) tuvo a su cargo el papel bombón del científico loco Doc Brown. Encontrar a Marty fue bastante más accidentado. Los primeros candidatos fueron C. Thomas Howell (visto fugazmente en “E.T.”) y Eric Stoltz (“Aquel excitante curso”), siendo elegido este último. El rodaje comenzó de forma casi cronológica (primero se rodaron las escenas en las que Doc le enseña a Marty su último invento), pero algo fallaba. La actuación de Stoltz, demasiado envarado y sin la chispa de humor que se le presuponía a su personaje, y la nula química con Christopher Lloyd hicieron a Zemeckis considerar la posibilidad de paralizar la filmación y lanzarse a la búsqueda de un nuevo actor. La elección definitiva fue el simpático Michael J. Fox (n. 1961), quien por entonces triunfaba en la televisión con la serie “Enredos de familia”. Fox pudo negociar con la cadena que se le permitiera compaginar los rodajes de los episodios pendientes con el de la película que le iba a lanzar a la fama, e inmediatamente se incorporó a la filmación de “Regreso al futuro”, volviéndose a rodar las escenas desechadas con resultados sorprendentemente buenos.

Una parte del éxito de “Regreso al futuro” la tuvo, sin duda, la elección del compositor encargado de escribir la partitura. Robert Zemeckis no lo dudó ni un instante, y nuevamente llamó a Alan Silvestri (n. 1950), con quien había colaborado en sus films anteriores y con quien, a raíz del inmenso trabajo realizado por el músico, continuaría colaborando en sus películas posteriores. Silvestri pudo disponer de la mayor orquesta jamás reunida para una banda sonora de los Estudios Universal, y, al igual que su maestro John Williams, supo comprender que la música sinfónica era lo mejor para realzar el subrayado dramático de las escenas. La canción principal “The Power of Love” la interpretaron Huey Lewis and The News, y, por cierto, es el propio Huey Lewis quien, haciendo un cameo, interpreta al presidente del jurado que, al principio de la película, le dice a Marty que rechaza su canción por ser demasiado ruidosa.

El maravilloso guión urdido por Bob Gale estuvo a punto de llevarse el Oscar (al final lo ganó “Unico testigo”), y lo cierto es que está lleno de imaginación e inteligencia. El hecho de jugar con tres realidades diferentes (el presente, en los años 80; el pasado, en los años 50; y nuevamente el presente ochentero, sólo que ligeramente “reformado” tras el viaje de Marty) permite que todo el film esté lleno de alusiones a determinados aspectos de la historia y los personajes, que sólo captaremos si nos fijamos muy mucho en todos los detalles que se ven y se oyen. Al principio, un coche emite propaganda electoral del actual alcalde de color, Goldie Wilson, y nada más retroceder Marty a los cincuenta, presenciamos un divertido chiste a costa de las ambiciones políticas del joven Goldie, apenas un camarero obligado a servir mesas y barrer suelos. También es genial la broma con respecto al tío Joey, presidiario recalcitrante que, cuando era bebé, ya se pasaba la vida entre los barrotes de su parque infantil. Las alusiones al presidente Reagan también son de lo más divertidas (“Si Reagan es el Presidente, ¿quién es el Vicepresidente? ¿Jerry Lewis? ¿Y el Secretario de Defensa? ¿John Wayne?, se burla el Doc Brown de 1955), así como la genial aparición del supuesto primo de Chuck Berry, que, mientras Marty está tocando “Johnny B. Goode”, llama a su primo para decirle que acaba de encontrar el sonido que Chuck andaba buscando (como todos sabéis, precisamente fue “Johnny B. Goode” el mayor éxito del genial guitarrista negro). Sería imposible referir aquí todos los aparentemente pequeños pero ingeniosísimos hallazgos, que sólo se perciben si se le prestan a la película todos nuestros cinco sentidos y que ya nunca se olvidan.

Regreso al futuro” se estrenó en Estados Unidos el 3 de Julio de 1985, y acabó convirtiéndose en la película más taquillera del año. Su trama fantasiosa pero menos, su humor blanco y familiar, la excelente dirección de actores, las estimulantes composiciones de Michael J. Fox, Crispin Glover, Lea Thompson, Thomas F. Wilson y, sobre todo, Christopher Lloyd, la música de Alan Silvestri y, cómo no, los asombrosos efectos visuales diseñados por Industrial Light and Magic, hechizaron a los espectadores de la época, siendo inevitable la realización de dos secuelas. Pero, amigos, ésa es otra historia… de la que hablaremos en otro tiempo.


Luis Campoy


Lo mejor: el guión, la banda sonora, Michael J. Fox y Christopher Lloyd
Lo peor: que sus múltiples chistes privados no sean comprensibles para quienes no han estado lo suficientemente pendientes, y que toda la trama espacio-temporal asuste a determinadas personas poco amigas de pensar
Calificación: 9 (sobre 10)

viernes, 26 de marzo de 2010

A RITMO DE MARCHA

Una rapsodia cartagenera





Cuando pienso en la multiplicidad de ecos, melodías y silencios que componen la "banda sonora" de la Semana Santa de Cartagena, siempre me viene a la memoria un viejo dicho que alguien me refirió, que venía a decir más o menas como sigue: "Haced redoblar un tambor ante la puerta de Santa María, y las procesiones cartageneras saldrán solas''. Esta afirmación, aun harto exagerada, da buena idea de la considerable importancia que la MÚSICA cobra cada año, durante más o menos siete días, a lo largo y ancho de las calles de la Ciudad Departamental. En este mismo sentido, es bien conocida la anécdota de aquel capitán cartagenero, comandante de un acuartelamiento en Galicia, quien sólo concedía permisos por Semana Santa a aquéllos soldados que, paisanos suyos, supieran tararearle ésta o aquélla marcha de granaderos. Marchas de granaderos, que por otra parte, tienen su pequeña historia, y ésta arranca, según nos refieren los entendidos, nada menos que en... Italia.



Pues italiano, napolitano más concretamente, era el Signore Nicola Pórpora, de quien se asegura que, en una de sus operetas, sembró la simiente de lo que, muchos kilómetros más allá, seria marca de fábrica de algo tan genuino, tan distintivo y tan irrenunciable como son los granaderos; cómo acabaron convirtiéndose aquellas arias napolitanas en marchas de procesión es algo que escapa al conocimiento de este cronista, como asímismo desconozco en qué momento el pueblo llano pasó a aplicar aquel latiguillo "interregional" (lo he oído recitar en puntos tan dispares como Murcia o Lorca, aunque, claro está, sin música) de "Micaela fue a los toros / Se cayó de la barrera / Y su madre le decía / ¡Pobrecita Micaela!” a una de las más populares tonadillas de los antaño zapadores, pero lo cierto es que el invento acabó siendo bautizado sencillamente como "Micaela", emparentando su texto aún más el pasodoble taurino con la marcha militar (hermana mayor, como saben, de la marcha de procesión), especialidades ambas de obvias similitudes en cuanto a temática e instrumentación. Y para finalizar este apartado, y ya que de temas militares tratamos, señalar una vez más las "extrañas" connotaciones entre el anónimo pasacalles "La Llamada" y el movimiento más conocido de la fantasía "El Sitio de Zaragoza" de Cristóbal Oudrid, tan parecidos que en algunos pasajes nos resultará casi imposible distinguir el uno del otro.



Es rico el anecdotario de tan Semana Santa, y uno de los episodios más ampliamente divulgados (lo recogió, entre otros autores, el llorado Alfredo Sarcia Segura en su "Antología Musical de la Semana Santa Cartagenera") se refiere, naturalmente, a la asociación del pasodoble taurino "Gallito" (¿se acuerdan de lo que acabamos de mentar en relación a las concomitancias entre marchas y pasodobles?) con la precipitada recogida del tercio y trono de San Pedro (el único apóstol, por cierto, con dos marchas dedicadas a su memoria, la de Alberto Escámez López y la de Emilio Lázaro González) tras la gran procesión california de Miércoles Santo, desde que, muchísimas años ha, el grito "¡El gallo, el gallo!" proferido por uno de los capataces al percatarse de que la reproducción del faisánido que servía de ornamento al trono oscilaba en demasía, hiciera creer al director de la banda que de lo que se trataba era de una petición de acompañamiento musical, por lo que, ni corto ni perezoso, ordenó a los profesores que atacaran el popular pasodoble, generando (probablemente, sin imaginárselo) una tradición hoy día profundamente arraigada y de muy difícil extinción.



De entre la amplia gama de marchas de procesión propiamente dichas, hay a mi entender cuatro que podrían alzarse entre las demás como las obras más significativas e inspiradas, sin por ello desmerecer las otras decenas, bellísimas, que durante la carrera las preludian o suceden, y son: "San Juan", "Nuestro Padre Jesús", "Jesús Preso”y "Mektub". En cuanto a la primera, se me antoja un tanto innecesario descubrir aquí y ahora su dramática solemnidad, la brillantez vibrante de su estribillo, que el maestro Juan Victoria compuso para acompañar el majestuoso cimbrear de la imagen del discípulo amado, a hombros por las vetustas arterias de Cartagena; pocas como ella nos transmiten tan vivamente esa sensación mezcla de dolor, valor y esperanza que tan bien simboliza el espíritu de la Pasión. "Nuestro Padre Jesús", del gran Emilio Cebrián Ruiz, es comúnmente asociada con el Jesús de los Marrajos y constituye tal vez el más pegadizo de los soniquetes que inundan la Semana Santa, así como una pieza bellamente instrumentada y preñada de creatividad. Por lo que se refiere a "Jesús Preso", obra también del citado y prolífico E. Cebrián, destaca por su sabia dosificación de melodías hebreo-judaicas pasadas finamente por el tamiz de la "latinización”, alcanzando su clímax en un punteo de siete notas fáciles pero sumamente sugerentes. Y, cerrando mi cuarteto de oro, la simpar "Mektub" que escribiera don Mariano San Miguel Urcelay, obra desgarrada y desgarradora, patética y lúgubre en sus compases iniciales, al tiempo que hermosa y casi optimista en el segundo de sus estribillos; tal vez de aquí provenga la grandeza de la mayoría de estas marchas: el saber expresar con negras, blancas y corcheas la evolución de los sentimientos encontrados que confluyen en nuestro ánimo durante estos mágicos días de primavera. Otras marchas procesionales tal vez menos conocidas pero no por ello carentes de esa dramática grandeza que a todas caracteriza podrían ser piezas clásicas corno la "Virgen del Tura" del maestro M. Casanovas, ejemplo único de la resignada y esperanzada calma que sucede a la tormenta del dolor, o el "Cristo de la Sangre" del doblemente citado Emilio Cebrián, vigorosa y vibrante como la propia mañana del Domingo de Resurrección, cuando es más frecuentemente interpretada, y asimismo nuevas composiciones del estilo de "Plegaria", que el entrañable maestro José Torres Escribano, personaje insustituible e indispensable de esta Semana Santa durante largas décadas, y no sólo en la vertiente puramente musical, dedicara a la Virgen marraja de la Piedad; o "Descendimiento", valiosa aportación del insigne músico cartagenero Gregorio García Segura (hermano, a la sazón, del ya mencionado Alfredo), cuya actividad y prestigio trascendió los límites de la Comunidad de Murcia.



Y si hablábamos en un principio de las marchas de granaderos, no son menos dignas de mención las tonadillas que suelen ilustrar las vistosas evoluciones de las escuadras de soldados romanos, conocidos popularmente como "Judíos", y cuya presencia ya se nos antoja indispensable en las desfiles de las tres principales Cofradías de Cartagena; tonadillas éstas y las de granaderos nacidas muy probablemente de un mismo tranco común, excepción hecha de esa pieza parca de instrumentación y rebosante de sentimiento y tradición que es el ''Perico Pelao", melodía pegadiza donde las haya que, tratando de ser una burla hacia la persona y circunstancias del Nazareno, se convierte en ocasión única de lucimiento para el músico que la interpreta (preferiblemente al pífano, aunque la necesidad ha obligado a recurrir con demasiada frecuencia al menos 1lamativo flautín).



Provenientes de otros contextos, existen también otras piezas procesionales que con el tiempo (y una hábil adaptación) han quedado indisolublemente ligadas a nuestra Semana Santa. Voy a referirme, en primer lugar, a lo que es ya un clásico en la mañana del Domingo de Resurrección, la marcha lenta conocida como "Triunfal", y que es en realidad una versión de la canción eucarística "Cantemos al amor de los amores", subrayando su alegre e impactante orquestación la propia significación de su título. Del mismo género, lo que podríamos bautizar como "Escuela Litúrgica", seria esa otra composición también escrita para ser interpretada en el interior de una Iglesia, y que José Lillo rescató para su transformación en una marcha ya ampliamente difundida, la que hoy conocemos como "Pescador de Hombres", asociada ya al devenir de los tercios infantiles en la luminosa mañana de la victoria de Cristo sobre la Muerte.



Y, ya que hablamos de versiones, no estaría de más recordar esos apañados pastiches que de vez en cuando hemos tenido ocasión de escuchar a lo largo y ancho de algún desfile y que suelen ser capaces tanto de solemnizar el fragmento más conocido de la ópera-rock "Jesucristo Superstar" como de chabacanizar la inmortal Novena Sinfonía de Beethoven (Himno a la Alegría.) o el celebérrimo Coro de Esclavos "Va Pensiero" del "Nabucco" de Giuseppe Verdi; afortunadamente, las bandas de música suelen cuidar amorosamente su repertorio y recurrir a las propias fuentes con casi total exclusividad.



No queda sino hacer referencia a la vertiente “vocal" de la música de procesión, la cual podríamos resumir en el doble frente que conforman las saetas y las salves. En el primero de los casos, decir sólo que es triste ver languidecer las sucesivas estirpes de "saeteros", en parte por la propia dificultad que este tipo de cante entraña, y en parte por el nulo respaldo de un público que sólo sabe ver en las ya infrecuentes saetas la causa de la demora y alargamiento del desfile. Por 1o que respecta a la Salve, nadie que haya presenciado alguna se extrañará si yo afirmo ahora que es muy probablemente el momento cumbre de cada uno de los días que componen la Semana Santa, con esa explosión unánime de Fe y sentimiento ante la que incluso el no creyente no puede evitar estremecerse durante la entrada apoteósica de las Vírgenes en la basílica de Santa María; el soporte musical, sin que ello sirva de precedente para el normal desarrollo de este artículo, constituye una mera excusa para la reivindicación de un pueblo en sí mismo, una muestra de incalculable valor de cómo una ciudad que canta unida se mantiene unida. Y es que la grandeza de la música no radica tanto en la brillante orquestación o en el academicismo de la polifonía de una coral, como en la unidad espiritual que aporta a quienes participan de ella, bien como ejecutores materiales a bien como meros degustadores. Cartagena, durante su incomparable Semana Santa, se convierte en un inmenso Conservatorio por el que desfilan las más bellas imágenes al compás de las melodías más inspiradas, mientras una audiencia entregada se apiña para verlas y oirías pasar; muchas vueltas tendrá que dar el loco mundo en el que vivimos para que ésto deje de ser así. Hasta entonces, ¡música, Maestros!.





Luis Campoy

miércoles, 24 de marzo de 2010

Lavar, enjuagar, centrifugar


A menudo tengo que lamentarme de que cada vez somos menos originales. Ayer mismo lo decía, con respecto a “El libro de Eli”, que tanto recuerda a un film estrenado hace poco menos de un mes, “La carretera”. Dicen que todo está inventado, que tantos miles de años sobre la faz de la Tierra han secado las neuronas de los seres humanos. Pues mira por dónde, uno de los nuestros, un cinéfilo hispano, ha ganado el premio de cortometrajes “MyWorld” patrocinado por la prestigiosa cadena de televisión BBC. Frederico Teixeira de Sampayo nació en Portugal pero vive en Madrid, y sus dos años en el paro le han causado no pocas penas y frustración, las cuales ha reflejado de modo constructivo y creativo en un pequeño film que ha titulado “Lavar, enjuagar y centrifugar”. Frederico se presentó al concurso junto con otras 500 personas de todo el planeta, cada una de ellas con la misión de contar cómo era su realidad, cómo veían su mundo. El mundo de este señor no puede decirse que sea luminoso y halagüeño, pero al Jurado del certamen le ha impresionado el modo en que narra su rutina diaria. Para Frederico, lavar la ropa constituye un desahogo, una metáfora del modo en que lava su presente de inactividad y casi indigencia. Carga la lavadora, la pone en marcha y se sienta frente a ella mientras dura su programación. La cámara enfoca el tambor de cristal en el que las prendas giran al ritmo del agua, mientras sus pensamientos y reflexiones van apareciendo sobreimpresionados en la pantalla. Son dos minutos de acuática introspección que nos demuestran que todavía, incluso en pleno siglo XXI, se puede contar algo de un modo único y diferente.

martes, 23 de marzo de 2010

Cine actualidad/ "EL LIBRO DE ELI"

El lector de la carretera




El cine actual está tan falto de ideas que algunas veces se da el caso de que dos películas contemporáneas o incluso rodadas en la misma temporada cuenten una historia similar o prácticamente idéntica. Mientras veía "El libro de Eli" no dejaba de encontrar mil y una similitudes con "La carretera", estrenada hace poco más de un mes y de la que el film que ahora comento parece poco menos que un remake. En un mundo destruído por una guerra nuclear, un caminante camina por páramos desolados y carreteras desérticas, llevando una mochila a cuestas. En el interior de ésta guarda un misterioso libro que, en este futuro sin cultura y sin apenas agua, puede constituir una verdadera arma de destrucción masiva para quien lo poséa.



¿Tiene sentido que dos películas casi clónicas, al menos en su ambientación y su visión pesimista de un porvenir relativamente próximo, lleguen a nuestras pantallas casi al unísono? Yo creo que no. En todo caso, los alicientes habría que buscarlos en los actores o en el director, pero no todo el mundo se fija en estos "pequeños" detalles. ¿Por qué alguien que acaba de ver "La carretera" estaría dispuesto a volver a pagar para ver "El libro de Eli". Yo lo hice porque me encanta Denzel Washington, uno de los actores con más talento y mejor reputación de las últimas tres décadas, pero, así y todo, el fantasma del otro film protagonizado por Viggo Mortensen se podía percibir casi en cada fotograma. Digamos que "La carretera" trataba de ser más dramática y realista, y "El libro de Eli" es más metafórica, más fantasiosa y contiene algo más de acción. Para mí, los Hermanos Hughes (directores, hace ya un puñado de años, de la correcta "Desde el infierno") han pretendido realizar una versión futurista de "Por un puñado de dólares": de alguna manera, "El libro de Eli" también la protagoniza un héroe solitario y misterioso cuyo nombre muy pocos conocen, la acción se sitúa en paisajes desérticos, aparecen pueblos fantasmales barridos por el viento y el agua prácticamente brilla por su ausencia, tanto para beberla como, sobre todo, para lavarse. Con todo, el film pretende ser original, y, para ello, usa una estética feísta retratada con colores tenues e iluminada con premeditada saturación, lo cual no deja de asemejarse a lo que hizo John Hillcoat en "La carretera", si bien los Hughes se esfuerzan algo más en la composición de planos y en el montaje. Denzel Washington está perfecto, como casi siempre, y le acompaña un estupendo Gary Oldman que, para variar, no lleva esos pelucones o bigotazos que desde "Dracula", "Harry Potter" o "Batman" apenas dejan entrever su verdadero rostro. Por cierto, la madre ciega de la protagonista, Mila Kunis, está interpretada por Jennifer Beals, la chica de la ochentera "Flashdance".



Tiene mérito que "El libro de Eli", un film con pocos personajes, pocos diálogos y no demasiada acción, logre hacerse entretenida, aunque yo, personalmente, hubiera dejado en la mesa de montaje sus últimos diez minutos, que no sólo albergan un par de sorpresas tan impactantes como poco creíbles, sino un epílogo más propio de un videojuego de Lara Croft que de una parábola futurista.



Luis Campoy



Lo mejor: Denzel Washington, la fotografía en exteriores


Lo peor: su notorio parecido con "La carretera", el desenlace demasiado... divino


El cruce: "La carretera" + "Mad Max 2" + "Por un puñado de dólares"


Calificación: 8 (sobre 10)

miércoles, 17 de marzo de 2010

Acoso intolerable

El acoso y derribo que está sufriendo en estos últimos tiempos el Fútbol Club Barcelona simplemente no se puede consentir. No se trata sólo de que se le dedica una atención mediática notablemente inferior a la que se le depara a su gran rival, el Real Madrid (basta con coger un cronómetro y medir el tiempo que las televisiones y radios dedican a narrar la actualidad de uno y otro club); no es sólo que se magnifica cualquier asunto baladí referente a jugadores, técnicos y dirigentes culés; no se limita sólo a las consabidas críticas (generadas por la envidia en su mayor parte) emitidas desde los periódicos deportivos madrileños, aderezadas con sus asquerosas campañas del "cagómetro", el "canguelo" y, sobre todo, el "villarato". Lo cierto es que, tanto se ha insistido en que al Barça le favorecen los árbitros (pero ¿acaso le favorecen realmente más que al Madrid?), que lo que se ha logrado es que el estamento arbitral se posicione ahora, casi unánimemente, en contra de todo lo que huela a barcelonismo. Lo último ha sido el anuncio emitido ayer por el Comité de Competición en el sentido de que va a abrir un expediente sancionador al técnico Pep Guardiola, por haber llamado "mentiroso" al colegiado que dirigió el encuentro Almería-Barcelona y que expulsó, de forma más bien inmerecida, tanto a Pep como al jugador Ibrahimovic. Que a Guardiola le pudieron los nervios y no obró correctamente cuando se dirigió al cuarto árbitro y habló, a través del pinganillo al que ambos estaban conectados, para que el trencilla titular le oyera, puede ser un hecho. Pero de aquí a montar el escándalo que se ha montado media un abismo. Como todo el que tiene ojos para ver y oídos para oir sabe muy bien, las cámaras de televisión grabaron a Guardiola en el momento en que se dirigió al Sr. Clos Gómez, y los expertos en leer los labios han confirmado que lo que el técnico de Santpedor dijo fue "Es que no lo has visto, le ha empujado, es penalty". Sin embargo, lo que el árbitro redactó en su Acta del partido fue "Lo pitas todo el revés, no te enteras de nada". ¿Se parecen en algo ambas frases? ¿Está mal que Guardiola diga, después de que el Barcelona presentara como prueba los mismos videos que todos habéis visto y el Comité de Competición se negara a aceptar a trámite dichas imágenes exculpatorias, que el árbitro miente? Yo, desde luego, no creo que esté mal. ¿En qué país vivimos? Si el entrenador hubiese faltado notoriamente al respeto al colegiado, si le hubiera insultado o si le hubiera mentado malamente a la madre que le parió, yo sería el primero (lo juro) en exigir una sanción ejemplarizante contra quien representa el espíritu del Barça. Pero ¿desde cuándo es sancionable defenderse uno mismo ante la injusticia, clamar contra la calumnia cuando existen pruebas claramente vinculantes? Si por defender la honra, por pretender que la verdad demostrable y demostrada se imponga sobre la mentira, uno debe ser sancionado, es que algo falla en nuestro sistema y en nuestra sociedad. Algo como esa implacable campaña mediática que, por celos, envidia y circunstancias más políticas que deportivas, pretende condenar y demonizar a todo el que piense y sienta en blaugrana.

martes, 16 de marzo de 2010

Cine actualidad/ "PÁJAROS DE PAPEL"

El viaje a alguna parte de una España muy vista



Empezó como payaso, se hizo actor, compositor, cantante, showman, empresario... y ahora se ha metido a director de cine. Emilio Aragón, anteriormente conocido como "Milikito", es una personalidad polifacética, un todoterreno que trasciende las fronteras de las artes, el marketing y el mundo empresarial. Se ve que no va lo bastante liado con su actual cargo de Presidente del canal de televisión "La Sexta", y, ya metido de lleno en su segunda juventud (tiene 51 años), ha sentido el gusanillo de ponerse tras la cámara. Su debut como realizador es, como no podía ser de otra manera, un cántico nostálgico al mundo de los cómicos, dicen que incluso utilizando aspectos entresacados de sus propias memorias familiares.



Jorge y Enrique forman parte de una compañía teatral de segunda fila que, recién terminada la Guerra Civil, malviven realizando números de variedades mientras recorren pequeños pueblos de mala muerte. Jorge tiene tras de sí un pasado "rojo" que ha intentado dejar a un lado tras la muerte trágica de su mujer e hijo, mientras que Enrique sobrelleva como mejor puede su condición de homosexual. Con la llegada a la compañía de Miguel, un niño huérfano, sus vidas comienzan a cambiar, pero el acontecimiento que supondrá un auténtico punto y aparte en su existencia será una actuación a la que, sorpresivamente, acudirá el mismísimo Franco...



Las primeras sinopsis, las primeras fotos... todo en "Pájaros de papel" remitía desde un principio al muy celebrado film de Fernando Fernán Gómez "El viaje a ninguna parte", en el que los protagonistas eran también un grupo de cómicos de la legua que pululaban por la España de la posguerra. No obstante, hay que reconocerle a Aragón una cierta humildad, una nada despreciable modestia, de modo que su mirada es limpia, sincera, casi infantil. Se trata de una historia narrada con sencillez y ternura, gran parte de ella bajo el prisma del pequeño Miguel, que, de algún modo, es un trasunto del padre del realizador, el venerable payaso Miliiki. Quizá por ello el guión peca de bastante maniqueo, lo cual, por otra parte, no tendría por qué ser negativo del todo.



Uno de los pequeños "defectos" que detecté en "Pájaros de papel" es su obsesivo empeño en agradar, su necesidad de gustar, de hacerse simpática y entrañable de principio a fin. Así, la España que nos muestra es precisamente ésa que todos tenemos en mente, la que hemos visto en infinidad de películas anteriores, la que, por poner un ejemplo, tenemos en antena diariamente en el serial "Amar en tiempos revueltos". Como en dicha teleserie, los "buenos" son los pobres y los liberales, mientras que los "malos" son los ricos, los fachas y los militares. Lo mismo puede decirse de la reconstrucción estética, que más que naturalista parece "cinematografista", ésto es, reversionando los mismos decorados y vestuarios que ya vimos en "Ay, Carmela" o en "Las cosas del querer". Esto es bueno y es malo, porque, por un lado, siempre reconforta transitar por lugares ya conocidos, pero, por otra parte, es inevitable el tufillo a "déja vu".



Para componer el reparto de la película, Emilio Aragón se ha dado el gustazo de dirigir a Imanol Arias, Lluis Homar, Carmen Machi y Luis Varela, toda una garantía de cara a la taquilla por su trabajo en films recientes y sobre todo en la televisión. No sabría decir quién está mejor, si Arias u Homar, porque ambos disponen de muchos momentos para su lucimiento personal, pero es justo destacar una escena, a bordo de una furgoneta, en la que el protagonista de "Cuéntame" tiene un monólogo que resuelve de un modo sencillamente memorable. Carmen "Aída" Machi hace más o menos lo mismo que María Barranco en "Las cosas del querer" (donde, por cierto, también había un personaje homosexual, allí Manuel Bandera), el niño Roger Princep vuelve a la posguerra tras “Los girasoles ciegos”y el que realmente sorprende por encima de todos es Fernando Cayo, que da vida a un militar demasiado condescendiente con las gentes de la farándula. Como dato curioso, procede recordar que tanto Fernando Cayo como Lluis Homar han interpretado no hace mucho al Rey Juan Carlos en sendas miniseries; un toque “regio” para este honesto y prometedor debut de Emilio Aragón. Finalmente, hay que agradecerle al realizador el epílogo protagonizado por su propio padre, Miliki, un momento especialmente emotivo porque sabe tocar el corazón de varias generaciones de españoles.



Luis Campoy



Lo mejor: Imanol Arias, Lluis Homar, Fernando Cayo, los números musicales


Lo peor: la reconstrucción demasiado idealizada de la España de posguerra, el teñido capilar de Imanol Arias, el personaje de Diego Martín


El cruce: "El viaje a ninguna parte" + "Las cosas del querer" + "Ay, Carmela"


Calificación: 8 (sobre 10)