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lunes, 25 de enero de 2010

Cine/ "SHERLOCK HOLMES"

Inteligencia vs. efectos especiales





Aunque mucha gente lo crea, ni el genial detective Sherlock Holmes ni su inseparable ayudante, el doctor John Watson, existieron realmente. Ambos fueron creados por el novelista Sir Arthur Conan Doyle, que publicó una serie de novelas de intriga y suspense ambientadas en un Londres victoriano, brumoso e inquietante. Sobre un personaje tan popular como Sherlock Holmes se han llevado a cabo decenas de adaptaciones cinematográficas y televisivas ("El perro de Baskerville", "La vida privada de Sherlock Holmes", "Asesinato por decreto", "Los pasajeros del tiempo" y "El secreto de la pirámide" son las más populares), pero la mayoría de ellas se limitaban a mostrar una visión sesgada e incluso idílica del detective. Todos conocemos su agudísima inteligencia, sus inigualables dotes para la observación, su portentosa intuición y su amistad a prueba de bomba con su fiel Watson, a veces un secretario, a veces un escudero. El nuevo "Sherlock Holmes" que nos presenta un director tan poco adecuado como Guy Ritchie posée, obviamente, todas estas características, pero estamos en el siglo XXI y produce un señor llamado Joel Silver y, claro está, tiene que haber acción a raudales y explosiones por doquier, por lo que en la descripción de Holmes se acentúan su afición por el boxeo y la esgrima y sus conocimientos sobre la magia negra. También se explicitan un poco (aunque no demasiado) los componentes homosexuales de su amistad con Watson, aspecto que todos intuíamos aunque no teníamos pruebas fehacientes (y espero que jamás las tengamos, por amor de Dios). Es precisamente en la relación entre el investigador y el médico donde residen los principales méritos del film, sobre todo por las estupendas interpretaciones de Robert Downey, Jr. y Jude Law. Downey, Jr., es capaz de superarse a sí mismo en cada nuevo trabajo, y está igual de brillante cuando interpreta a un mito del cine como Charlot que cuando hace de periodista alcohólico ("Zodiac") que cuando se tiñe la piel de negro ("Tropic Thunder") o cuando encarna a un millonario superhéroe ("Iron Man", el personaje que le ha dado a conocer entre la gente menuda y que más dólares le ha hecho ingresar en su cuenta corriente); recemos para que siga manteniendo a raya sus conocidas adicciones y no vuelva a necesitar más ingresos en clínicas de rehabilitación. El "guaperas" Jude Law acepta gustoso su papel , lujosamente secundario, y lo desempaña con bastante corrección, aunque, éso sí, queda claro que la auténtica y única estrella es Downey, Jr. y todos lo acatan sin rechistar. Dije antes que Guy Ritchie era un director más bien inapropiado para llevar a puerto un film así, y, para comprobarlo, sólo tenemos que fijarnos en la filmografía anterior de este realizador, que donde más se ha lucido ha sido en los thrillers violentos que retratan a una mafia inglesa que pocas veces ha tenido tanto protagonismo como en "Snatch, cerdos y diamantes" o "Rockanrolla". Con este "Sherlock Holmes" a mí me ha pasado como con "Gladiator" de Ridley Scott. Me encantan todas las secuencias protagonizadas por Holmes y Watson, me parece formidable el trabajo de ambientación y hasta me sorprende la partitura de Hans Zimmer, pero me pregunto si no hubiese mejorado la película si se hubiese montado de un modo más... clásico. Esas ya aburridas sucesiones de ralentís y aceleraciones (popularizadas por los hermanos Wachowski en "Matrix", que, por cierto, produjo... Joel Silver) constituyen un recurso estético que un día pudo ser innovador, pero, sacadas de contexto, rechinan igual en un film sobre gladiadores que en uno acerca de espartanos o en la recreación de las aventuras de un sabueso decimonónico. Tampoco está del todo lograda la trama satánica del film, en parte por el desacierto con que se retrata al villano, un Lord Blackwood que, esta vez, no me pareció creíble en la piel de mi adorado Mark Strong, y, en cuanto al hecho de que un hombre tan próximo a la homosexualidad como Holmes vaya a "colgarse" precisamente de una heroína como la Irene Adler que encarna (es un decir) Rachel McAdams, pues no merece la pena ni opinar. La presencia sombría y ominosa de la némesis literaria del protagonista, el maquiavélico Profesor Moriarty, sugiere que, si la taquilla acompaña (y está acompañando... tibiamente), podríamos hallarnos ante el inicio de una nueva trilogía, si bien, salvo que la Virgen se le aparezca al amigo Ritchie en forma de elegancia y clasicismo, me temo que tendremos que seguir dedicando tanto tiempo a elogiar el buen trabajo actoral como a criticar la aparatosidad de la faceta eminentemente tecnológica del juguete.



Luis Campoy



Lo mejor: Robert Downey Jr., la química entre él y Jude Law, la ambientación


Lo peor: las secuencias de acción, demasiado aparatosas; las "delicatessen" de montaje que ya huelen...


El cruce: "El secreto de la pirámide" + "Gladiator" + "En busca del arca perdida"


Calificación: 8 (sobre 10)


viernes, 22 de enero de 2010

Reseteo arácnido


Todos los que hemos sufrido algún pequeño percance informático (por ejemplo, cuando el ordenador se "cuelga" y no hay forma de que obedezca ninguna instrucción) sabemos que lo mejor, lo casi infalible, es "resetearlo", es decir, apagarlo bruscamente y reiniciarlo para que todo vuelva a funcionar. Este mismo principio ha saltado a otros ámbitos, incluyendo el cinematográfico, y, así, cortando bruscamente y reiniciando desde cero, se ha tratado de relanzar, de recomenzar, franquicias comiqueras con obvias posibilidades comerciales pero que habían sido llevadas a un punto muerto en el que no podían permanecer. "Batman Begins" abrió el fuego. Le siguieron "Superman Returns" y "El increíble Hulk". Se ha hablado, incluso, de la posibilidad de realizar reseteos tan prematuros como los de Los 4 Fantásticos (sus dos entregas, la última estrenada hace 3 años) fueron consideradas "infantiles" por los fans, y la solución pasaría por hacer borrón y cuenta nuevo y contar lo mismo pero con nuevos actores y director) y el propio Superman (la mencionada "Superman Returns" sólo gustó a los pocos que no se durmieron en el cine). Para variar, y rompiendo una racha de muchos años, el modelo a imitar sería el impuesto por DC Comics con la citada "Batman Begins" y, sobre todo, su celebradísima continuación, "El caballero oscuro", producciones ambas que lograron dar en la doble diana del taquillaje y el respaldo crítico. Ahora le toca el turno del lavado de cara a… ¡Spiderman! Lo del Hombre Araña me parece un caso menos justificable que los anteriormente expresados, pues las tres primeras aventuras arácnidas habían generado una jugosa cantidad de beneficios y, al menos, las dos primeras, causaron bastante buena impresión. Pero el tibio éxito (o relativo fracaso, según se mire) de “Spiderman 3” ha hecho que los chicos de Marvel, cuyos derechos son propiedad de Sony/Columbia Pictures (los recientes dueños de la empresa, Disney, aún no se meten en tales fregados) hayan decidido que “Spiderman 4” ya no será un film dirigido por Sam Raimi y protagonizado por Tobey Maguire, sino un reseteo en toda regla que volverá a contarnos (¡otra vez!) cómo el joven Peter Parker es picado por una araña y adquiere asombrosos poderes con los que se aprestará a luchar contra el crimen. Todos sabéis que Spiderman es y ha sido mi héroe desde la infancia, pero me pregunto si es conveniente, de cara al gran público que nunca ha leído sus comics, volvernos a contar en el año 2012 (fecha prevista para el estreno) lo mismo que, con bastante acierto, nos acababan de contar apenas 10 años atrás. La idea de Marvel y Sony parece que es retrotraer las andanzas del héroe a sus tiempos de instituto, haciendo hincapié en sus problemas estudiantiles, familiares y amorosos. De momento, ya se sabe el nombre del director que, al parecer, se hará cargo de una nueva trilogía, y se trata de Marc Webb, cuyo único trabajo medianamente conocido es la reciente “(500) días juntos”. Aparte de este título, el único curriculum que este señor puede aportar es su apellido (Webb suena como “web”, que significa “telaraña”) y su supuesta capacidad para narrar historias juveniles. Se desconoce, de momento, la identidad del actor que encarnará a Peter Parker/Spiderman, pero, si hace 10 años se hablaba de Tom Cruise o incluso Jim Carrey (recordemos que finalmente el agraciado fue Tobey Maguire), ahora se barajan nombres tan disparatados como los de Zac “High School Musical” Efron (¡menudo gilipollas!), Daniel “Harry Potter” Radcliffe (hombre, la verdad es que éste lo haría bien) o el mismísimo Robert “Crepúsculo” Pattinson (mejor no opino). Con todo, el último rumor apunta a Joseph Gordon Lewitt, que, casualmente, ya trabajó con Webb en “(500) días juntos”, y que puede no ser una mala opción, si no fuera porque en 2012 tendrá 31 años, edad en la que, normalmente, los muchachos ya no van al Instituto. Veremos…

miércoles, 20 de enero de 2010

¿El final de "la Señora"?


El pasado lunes finalizó, con un éxito rotundo, la serie de TVE "La Señora". Que todos los programas de la cadena pública están obteniendo unos índices de audiencia tan elevados como inesperados desde que se suprimió la publicidad es un hecho constatado, pero esos casi 6 millones de espectadores que logró el capítulo final del culebrón se merecen un comentario aparte. No hace muchos meses, los lunes eran terreno vedado a intrusiones ajenas, en base al éxito de Tele 5 y sus varias encarnaciones de "CSI". Sin embargo, La 1 y sus seriales "Herederos", "Pelotas" y, finalmente, "La Señora" han ido poco a poco ganando adeptos, hasta conseguir destronar a los astutos y sofisticados forenses. Siguiendo el mismo esquema de su otra producción señera, mi idolatrada "Amar en tiempos revueltos", esta ficción creada por Diagonal TV recrea acontecimientos históricos de una manera un tanto peculiar (los buenos son heroicos proletarios de ideología liberal, y los villanos, malévolos policías, militares y sacerdotes adeptos al régimen fascista de turno) y, en tan reconocible contexto, se escenifican apasionadas historias de amor. La que ha servido de eje a "La Señora" tenía como protagonista nada menos que a un cura (¿alguien dijo "El pájaro espino"?) , el Padre Angel (Rodolfo Sancho, el hijísimo de Sancho "Curro Jiménez" Gracia), enamorado de Victoria (Adriana Ugarte), una chica rica venida a menos que, para preservar su patrimonio, se ve obligada a casarse con un falso aristócrata, el maquiavélico Marqués de Castro (Roberto Enríquez), ignorante de que, perverso él, fue el responsable de la muerte de su venerado padre. Alrededor de ellos, un maravilloso elenco de secundarias y secundarios tanto o más atractivos que los caracteres principales. Lucía Jiménez, Carmen Conesa, Berta Ojea, Pepo Oliva, el lumbrerense Ginés García Millán y, sobre todo, una extraordinaria Ana Wagener, enorme descubrimiento de la serie, conducen al espectador a través de una Galicia bellamente fotografiada en la que las diferencias sociales (entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres) constituían muros prácticamente infranqueables. Estupendas interpretaciones, folletinescos pero creíbles argumentos, aplicados diálogos y una ambientación fastuosa se han unido a una banda sonora inolvidable en la que sólo chirriaba, a mi entender, la canción principal cantada por Belén Arjona ¡en INGLÉS! (y ¿por qué no, como mucho, en gallego?). El desenlace del último episodio (que recreaba el advenimiento de la segunda República) debería, teóricamente, impedir la continuidad de la serie mediante futuras temporadas "oficiales", y, sin embargo, un sorprendente rótulo advertía: "Continuará...". Mirándolo bien, ¿acaso sería más extraña "La Señora" sin La Señora que "Aída" sin Aída? Yo propongo que los últimos sucesos narrados (1931) en esta estupenda serie se prolonguen con nuevas aventuras de los mismos o parecidos personajes supervivientes, enlazando así con el momento histórico en que arrancó “Amar en tiempos revueltos” (1941), y que esta otra producción, que sigue triunfando en su quinta entrega, se alargue hasta enlazar con el primer capítulo de “Cuéntame”, que empezaba en 1968. Así, TVE, la Televisión Oficial del Estado Español, conseguiría reconstruir prácticamente todo el siglo XX, algo muy didáctico si se hace un poco la vista gorda con la ya comentada tendencia ideológica de todos sus héroes y todos sus villanos.

lunes, 18 de enero de 2010

Cegados por el brillo dorado de un Globo



Anoche se entregaron los Globos de Oro en Los Angeles. Habitualmente, la Historia dice que la coincidencia entre los Globos y sus hermanos mayores, los Oscar, es del 75 o incluso el 80 %; por éso se los suele llamar "La antesala de los Oscar". Lo que sucede es que, todavía hoy, los Globos que afectan al mundo del Cine (también se premian a la Televisión) siguen dividiéndose en dos categorías: “Drama” y “Comedia o Musical”. Esto quiere decir que, aunque todavía es pronto para sacar conclusiones, la primera que se me ocurre es que, o bien los periodistas extranjeros (que son quienes conceden estos galardones) habían fumado de todo menos césped o que, en realidad, todo es una tapadera bajo la que la Industria del Cine (yanqui) nuevamente se premia a sí misma. Porque, si ya me parece chocante que "Avatar" haya sido elegida Mejor Película de Drama, lo de que "Resacón en Las Vegas" se haya alzado como Mejor Película de Comedia o Musical tiene todavía más delito. Sobre este último film yo todavía no sabría decir si me pareció bueno o malo, si me gustó o lo aborrecí. Pero estoy seguro de que, aun no habiendo visto todos los nominados, le viene grande lo de “Mejor del Año”. Los actores en esta misma categoría "ligera" han sido Robert Downey,Jr. (“Sherlock Holmes”) y Meryl Streep (“Julie & Julia”), mientras que en el terreno dramático se ha premiado a Jeff Bridges (“Crazy Heart”) y Sandra Bullock (“The Blind Side”). Pero... ¿Sandra Bullock...? ¿Sandy...? Ups, sí, parece que a alguien se le ha ido la mano jugando al Quimicefa. Hasta no hace mucho tiempo, todos sabíamos que las películas escandalosa y asquerosamente taquilleras (al menos, hasta que llegó "Titanic", que fue la que lo cambió todo) no solían aspirar a los premios "gordos" y se tenían que conformar con la "pedrea" de los reconocimientos técnicos, pues ¿qué mejor premio que los millones de dólares recaudados? Por éso, yo, inocente de mí, daba por hecho que el regreso de James Cameron acumularía algún que otro Globo y, obviamente, algún que otro Oscar, pero mal empezamos si, de buenas a primeras, le dan los premios como Mejor Película (sí, jajaja, Dramática) y Mejor Director. Que sí, que a mí me gustó (y me gusta) "Avatar", que la he visto dos veces y voy a hacerme con ella (legalmente, of course) en cuando se edite en DVD, pero también me gustaron, por ejemplo, "Terminator Salvation" y, sobre todo, "Star Trek", películas todas ellas de temática fantástica, entretenidas y más o menos competentemente realizadas, y no por éso creo que se merezcan ser declaradas Mejores Películas del Año. La Mejor Película debería ser la que tuviera no sólo los mejores efectos visuales ni la que gozara de más innovaciones técnicas, sino la que realmente estuviera mejor dirigida y, especialmente, mejor escrita e interpretada. Y ésa, sintiéndolo mucho, NO es "Avatar". A propósito, tanto Penélope Cruz como Pedro Almódovar se han quedado compuestos y sin globo; la primera fue avasallada por la hasta hoy desconocida Mo’Nique (“Precious”) y el segundo sucumbió frente a la gran favorita, “La cinta blanca” del austro-alemán Michael Haneke.

viernes, 15 de enero de 2010

Haití, el horror


A un abismo de distancia de su casi homónimo Taití (sólo una “T”, la “T” de “Tragedia”, las separa), la ya pobre y desgraciada Haití ha sufrido una de las peores catástrofes naturales de los últimos años. El desastre allí acontecido apenas puede describirse con palabras: muertos por todos lados, casas derrumbadas e incluso edificios oficiales reducidos a escombros. La calamidad se ha cebado con estas pobres gentes, y parece que ha sido una calamidad igualitaria porque igual se ha venido abajo el chamizo del campesino que el Palacio Presidencial o la Sede de la ONU. De Haití sabemos poco o nada, tan sólo que está poblada por gente humilde que apenas tiene (tenía) para vivir y que de entre sus pocos hijos ilustres tan sólo ha despuntado el músico Wyclef Jean. Puerto Príncipe es ahora el puerto del horror, el principado de la desgracia. Inmediatamente se han movilizado los países más poderosos enviando dinero, ayuda humanitaria y personal especializado. Lo peor de todo es que, si hasta hace tres días, Haití era ya el país más pobre de América, la nación en la que le democracia era más frágil, este monstruoso suceso hará que aún sea más pobre todavía y su gobernabilidad aún se haga más dudosa. ¿Por qué suceden estas cosas? Todos nos hacemos esta o parecidas preguntas, sin encontrar ninguna respuesta. ¿Por qué el Destino se ha cebado así precisamente con esta gente ya de por sí desgraciada? Ayer le preguntaron al recién nombrado y ya polémico Obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, cómo podían explicar la Iglesia y la Religión la existencia de evidentes injusticias como ésta, y el hombre se hizo un lío (o no) y dijo que aún peor que el dolor que estaban viviendo los haitianos era la pobreza espiritual del pueblo español, que consentía atrocidades como el aborto. Mire usted, si a la cúspide eclesiástica, cuando se le pregunta por la existencia, la magnanimidad y la piedad de Dios no se le ocurre otra cosa que desviar la atención una y otra vez hacia cuestiones ciertamente conflictivas como el fenómeno abortista, en un claro intento de levantar una religiosa cortina de humo, de verdad que de lo que dan ganas es de tomarse unas largas vacaciones de uno mismo, un año o quizás una vida sabática en la que reflexionar largo y tendido sobre lo humano y lo divino.

jueves, 14 de enero de 2010

¡Qué orgullo haber caído así!


El triplete es irrepetible. Ahora no se trata de una introspección hábilmente urdida para liberar a los jugadores de sofocantes responsabilidades, sino de una realidad matemática. Y, sin triplete, tampoco habrá sextete. Pero no hay que estar tristes por lo sucedido anoche en Sevilla. Al contrario, yo me siento más orgulloso que nunca de ser del Barça. Porque quienes cayeron gloriosamente en octavos de final de la Copa del Rey no fueron responsables de la eliminación, y ni siquiera creo que los Chygrynskiy, Márquez, Thiago y compañía que fueron vapuleados por los sevillanos en el partido de ida fuesen totalmente culpables. No, la responsabilidad y la culpa le corresponden a Pep Guardiola, por presentar una alineación disparatada e impotente en el Camp Nou. Mas ¿cómo reprocharle nada, ni siquiera éso, al hombre que nos ha devuelto la dignidad y nos ha hecho saborear la gloria? Nadie puede ganar todo siempre, ni siquiera los dioses con toda su omnipotencia. No hay que dramatizar. No hay que traumatizarse. El propio Pep ha expresado, con menos florituras, lo mismo que yo siento: "No puedo estar demasiado triste porque estoy tremendamente orgulloso de mis jugadores". Porque anoche, sobre todo durante la segunda parte, resucitó el Barça invencible, el Pep Team de ensueño. Todavía me erizo de pensar en cada obra maestra que pintamos sobre el lienzo encharcado que era el Sánchez Pizjuán. Todavía me emociono al recordar cómo cayó mi Barça, jugando una vez más el mejor fútbol que yo he visto jamás. Qué maravilla, amigos y amigas. Qué heroísmo el de Puyol, qué talento y que precisión los de Xavi e Iniesta, que entrega la de Busquets, qué fuerza sobrehumana la de Alves, qué habilidad la de Messi. Sí, el Barça invencible, el Barça que no fue vencido por un equipo vestido de blanco, sino por uno que lució los colores blaugranas una semana antes y que no pudo estar a la altura de lo que de él se esperaba. Fue el Barcelona el único que frenó al Barcelona, pero perder una eliminatoria jugando como se jugó ayer no puede ser sino motivo de infinita satisfacción. ¡Visca siempre el Barça!

(Nota:  este artículo procede de mi otro blog, "Mi blog azulgrana" (www.miblogazulgrana.blogspot.com)

lunes, 11 de enero de 2010

Cine/ "SOLOMON KANE"




Inspirada inspiración



Hace seis años, un director que, a mi entender, había logrado una de las más entretenidas cintas de aventuras de los últimos tiempos, "El regreso de La Momia" se estrellaba estrepitosamente en un intento de continuar explorando la vía de la acción revestida de humor y terror. "Van Helsing" tuvo una campaña de promoción sencillamente espectacular, un look gótico y sofisticado, y un protagonista, Hugh Jackman, capaz de ilusionar a cualquiera. El día del estreno, allí estaba yo, el primero en la cola... el primero en desilusionarse. Sommers la cagó bien cagada, equivocó el tono excesivamente humorístico y la abrumadora aparatosidad de los efectos visuales, y su prestigio nunca se recuperó. Digo todo ésto a cuenta de que, obviamente, "Solomon Kane" sigue aparentemente los mismos derroteros, pero los resultados son bastante diferentes. Basada en el ciclo de relatos de Robert E. Howard, creador de "Conan" y de otro puñado de héroes en cuya caracterización y aventuras demostró su gran cultura y enorme imaginación, "Solomon Kane" nos presenta a un soldado inglés del siglo XVI cuya violencia y brutalidad le llevan muy cerca del lado más oscuro. A punto de entregar su alma al Diablo, Kane decide redimirse y se refugia en un monasterio, de donde saldrá para comenzar una vida solitaria en la que las fuerzas del Mal le acecharán incansablemente. Contado de esta manera, poco o nada tiene que ver el tal Solomon Kane con el cazavampiros Van Helsing, pero es indudable que los responsables de este nuevo film han calcado vergonzosamente la apariencia del héroe encarnado por Hugh Kackman e incluso el diseño del cartel. De hecho, hay momentos en que el "prota" James Purefoy llega a parecer un clon del citado Jackman. Yo, si tengo que elegir, lo tengo muy claro. Dentro de sus evidentes limitaciones presupuestarias, "Solomon Kane" es mucho más oscura, más violenta y, por tanto, menos infantil. También los escenarios naturales están mejor aprovechados, las condiciones climatológicas (lluvia casi permanente y noche aterradora) son casi tan protagonistas como los actores y en determinados momentos el director, Michael J. Bassett, apunta buenas maneras e inspirados detalles de planificación. La música de Klaus Badelt merece un comentario aparte, porque no cabe duda de que es bastante espectacular y se hace pegadiza, pero, cuando se escucha el tema principal, no puede obviarse que es idéntico al de "Batman begins" y "El caballero oscuro", y luego se mira el nombre del compositor de ambas bandas sonoras (Hans Zimmer) y uno piensa: "Badelt lo ha vuelto a hacer". Efectivamente, Klaus Badelt compuso (es un decir) la excelente partitura de "Piratas del Caribe", la cual no dejaba de ser un calco de la de "Gladiator", firmada por... Hans Zimmer, hasta que Zimmer se vio obligado a la palestra para explicar que Badelt era un discípulo, digamos, aventajado. Plagios y más plagios aparte, me lo pasé bien viendo “Solomon Kane”, volví a encontrar a un secundario ilustre como Pete Postlethwaite y descubrí a una futura estrella como James Purefoy. No es mal bagaje para una película ciertamente poco original pero bastante atractiva.



Luis Campoy



Lo mejor: la ambientación, la música de Klaus Badelt


Lo peor: que la ambientación sea una copia de la de “Van Helsing” y la música, un plagio de “Batman”


El cruce: “Van Helsing” + “ El Señor de los Anillos” + “La Pasión de Cristo”


Calificación: 7 (sobre 10)


jueves, 7 de enero de 2010

Desde la caverna


En más de una ocasión he confesado que soy del Barça. Ultimamente, incluso he alardeado alguna vez de ello, sabedor de que, por ser seguidor de este equipo desde que tengo uso de razón, he disfrutado un año 2009 único e inolvidable. Lo malo de las cosas inolvidables es que hay quien las coloca en un altar y quien las guarda en la recámara. No os quepa ninguna duda de que a este Barcelona no se le va a perdonar jamás de los jamases haber llegado donde ningún otro club de fútbol ha llegado jamás. Estamos en el país en el que el Deporte Rey no es el Fútbol... sino la Envidia, ¿o acaso ya no os acordábais? Durante muchísimas décadas, un club de fútbol ha sido la niña bonita del Régimen franquista, poco menos que el buque insignia del patriotismo mal entendido: el Real Madrid. No digo yo que la entidad blanca no haya vivido épocas gloriosas, no niego que en sus filas han militado futbolistas excepcionales y tampoco fui yo quien inventó ese chiste que dice: "¿En qué se parece el Salón de Trofeos del Santiago Bernabeu a un mercadillo de los gitanos? En que todo lo que hay o es viejo o es robado". Pero sí tengo claro que en la Historia o historieta de los merengues coexisten los méritos deportivos propiamente dichos con una especie de sentimiento colectivo de exaltación españolista, como si los once jugadores que visten su blanca elástica ejercieran no sé qué absurda representación supranacional que a ciertas personas les atrae tanto como a otros nos repele. No hace falta ser muy listo ni realizar un análisis muy exhaustivo para darse cuenta de que, en cualquier medio de comunicación, el Real Madrid siempre es noticia aunque no haya nada que contar, siempre se le deparan más minutos y más titulares que a los demás clubs y se nota a las claras que la inmensa mayoría de los informadores se enfervorizan cuando gana y se traumatizan cuando pierde. Por éso creo que el poco reivindicable Joan Laporta sí tiene algo de razón cuando habla de la "caverna españolista" que jamás le perdonará al Barça lo de las seis copas de 2009 y mucho menos el histórico, irrepetible y maravilloso 2-6 en el templo de los merengones. Lo de mezclar deporte y política me repatea y me repugna, pero no sólo lo que hace Laporta involucrando estúpidamente al Barcelona con el independentismo catalán, sino también éso a lo que me he referido antes, lo de pretender que el Madrid es el club por antonomasia del Estado español. Lo de que el Barça es "més que un club" quizás tuvo sentido en otra época, cuando la falta de libertad obligó a determinados intelectuales a expresar su ideología mediante un cauce aparentemente inocente como el deporte, pero a estas alturas del siglo XXI apenas debería constituir un lema, una frase hecha. Individuos como Laporta serán recordados por algunos por haber presidido la institución culé durante la época de mayor gloria, pero es obvio que otros muchos confunden al Presidente con lo presidido, al Triplete con el Estatut, a Guardiola y Messi con Tarradellas y Carod Rovira. Lamentablemente, desgraciadamente, trágicamente, los jerarcas madridistas y esos periodistas deportivos de la Capital que son de todo menos imparciales y objetivos han aprovechado la coyuntura laportista para desprestigiar los méritos de los futbolistas azulgranas, y hasta de debajo de las piedras sacan toda la mierda que pueden para que los más fáciles de manipular piensen en cualquier cosa menos en el hecho evidente de que nadie nunca ha jugado al fútbol tan bien como lo ha hecho el combinado de Pep Guardiola entre septiembre de 2008 y mayo de 2009. Yo es por éso por lo que soy del Barcelona, el equipo del 4-3-3, el que juega siempre al ataque, el que más posesión de balón ostenta, el que convierte el deporte en arte. Y por éso entiendo parcialmente a Laporta cuando se lo llevan los demonios al ver que tanto arte y tantos méritos no dejan de ser deslucidos y desprestigiados por los envidiosos de turno, que, por cierto, son muchos. Que sí, que lo de la "caverna españolista" es una descripción poco afortunada e incluso ofensiva, y aquéllo de que "los españoles son unos garrulos" fue todavía más irrespetuoso e indefendible, pero es que los culés también seres humanos y estamos hartos de que no se nos reconozca la gloria tan sólo porque la envidia se alía demasiado hábilmente con la política.

martes, 5 de enero de 2010

Cine/ "PLANET 51"



Americanada total




Saludada como el máximo hito (por no decir el último grito) de la animación "made in Spain"), lo cierto es que "Planet 51" es de todo menos... española. ¿Acaso nos avergonzamos de nosotros mismos incluso dentro de nuestro propio mercado? Debería constituir poco menos que un delito el hecho de que una producción nacional se oculte bajo un título anglófono, ¿o es que acaso se hubiera desplomado el cielo sobre la cabeza de alguien si el susodicho film se hubiese titulado, al menos en nuestra Península, "Planeta 51"? Anti-chauvinismos aparte, diremos que de "Planet 51" pueden llevarse a cabo dos análisis muy diferentes según el punto de vista que adoptemos. Si valoramos el aspecto técnico y visual, no cabe duda de que, efectivamente, nos hallamos ante un trabajo de primera fila, con una animación digitalizada muy solvente en la que las texturas y los fondos están primorosamente logrados, y hasta las expresiones de algunos personajes tienen una chispa especial de hiperrealismo. Ahora bien, desde un punto de vista temático, el fondo se queda a años luz de la forma. Parece que los productores españoles fueron los que "parieron” la idea básica argumental (un astronauta estadounidense aterriza en un planeta poblado por alienígenas que viven exactamente igual a como se vivía en la Norteamérica de los años 50 del siglo pasado), y para desarrollarla contrataron a un guionista yanqui, concretamente uno de los artífices de "Shrek". El resultado deja bastante que desear. Las situaciones son tan elementales como tópicas, los chistes carecen de gracia y la resolución se intuye desde el inicio. Lo cual nos lleva a volver a preguntarnos por qué era tan necesario ubicar la trama en los USA y no en España, por qué se pretende satirizar las costumbres yanquis y no las nuestras y por qué, en suma, prevalece el merchandising sobre la mercadotecnia, que, al fin y al cabo, son la misma cosa. Otra prueba de nuestra cortedad de miras es el doblaje. Para la versión "original" de la película, que, a todos los efectos, parece ser la hablada en inglés, se ha contratado a gente como Dwayne "The Rock" Johnson o Gary Oldman, pero en los cines de acá a quienes se escucha a dobladores anónimos. ¿Qué pasa, Miguel Angel Silvestre, Javier Cámara o Francis Lorenzo estaban ocupados poniendo su voz a unos dibujos americanos? Luego nos quejamos de que estamos invadidos por el colonialismo yanqui, pero es que a veces somos tan gilipollas que nos arrodillamos ante los Obama Boys pidiéndoles que nos colonicen. Resumiendo: "Planet 51" deparará un rato agradable a los más pequeños, quizás también a los mayores con pocos escrúpulos, pero es una pena que una producción española con tanto potencial no se haya atrevido a enarbolar orgullosa la bandera del trabajo bien hecho desarrollado en nuestro país.



Luis Campoy



Lo mejor: el excelente acabado técnico y visual


Lo peor: el guión lleno de tópicos, el empeño de los productores en que querer filmar una "película americana"


El cruce: "El planeta de los simios" + "La montaña embrujada" + "Regreso al futuro"


Calificación: 7 (sobre 10)