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martes, 29 de diciembre de 2009

El miedo, el peor remedio


No entiendo muy bien la advertencia que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, lanzó ayer a los cuatro vientos: ETA no está muerta (éso ya lo sabíamos), ni siquiera está derrotada (también lo intuíamos) y muy posiblemente está preparando una acción a gran escala, ya sea un atentado espectacular o un secuestro mediático con los que hacerse notar internacionalmente ahora que España va a presidir la Unión Europea. Que una organización terrorista como la vasca sigue activa es algo que todos sabemos y que, para empezar, deben tener especialmente presente quienes tienen la obligación y los medios para controlarla y combatirla. En cuanto al pueblo llano, que yo sepa, nadie (todavía) se ha jactado eufóricamente de que el demonio etarra ya ha sido exorcizado, por lo que la opinión pública (especialmente la vasca, aunque también la clase política y el estamento militar) no creo que se haya lanzado en masa a los bares y tascas para agotar todas las reservas de champán y txacolí con las que brindar por la instauración de la Paz. Es decir, aunque es posible que quienes están más expuestos a convertirse en víctimas de ETA puedan relajar sus medidas de seguridad ante un relativamente largo período de bonanza, me parece una temeridad y una estupidez que, para recordarles que aún están en peligro, salga a la palestra todo un superministro y aterrorice a toda la nación. No sólo eso: es como si el Gobierno pretendiera excusarse por anticipado ante la posibilidad de ser golpeado; si realmente el atentado o el secuestro se produjeran, bastará con que Rubalcaba se limite a decir “Lo siento, pero ya lo avisé”. Pilatos también se lavó las manos, pero éso no le libró de su parte de culpa: la impasibilidad, la apatía y la inacción deberían constituir un delito moral de omisión. Claro que no es el caso, espero, pues Interior y los cuerpos de Seguridad no detienen jamás su maquinaria preventivo-represora. Luego ¿a qué viene proferir tan negros vaticinios como el de ayer? ¿Saldría don Alfredo de una copiosa comida navideña y los periodistas le pillaron con alguna copichuela de más? Ante la posibilidad de que algo malo suceda, me parece que lo último que un gobernante debería hacer sería efectuar un llamamiento al horror como lo que ayer perpetró Rubalcaba. Para una tragedia más o menos previsible, el miedo es siempre el peor remedio.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Cine/ "BIENVENIDOS A ZOMBIELAND"

Reirse de los muertos… vivientes




El subgénero de películas de terror protagonizadas por muertos vivientes comenzó oficialmente hace más de 50 añitos con la muy poética "Yo anduve con un zombi", aunque quien, como todos sabemos, reinventó el género en la década de los 60 fue George A. Romero con "La noche de los muertos vivientes", la cual, por cierto, le ha convertido a él en una especie de zombi que, prácticamente muerto de originalidad, malvive rodando inacabables secuelas de su celebrada obra. Casi cada año nos llegan uno o dos films de zombies, menos tímidamente desde que Danny Boyle (sí, el mismo de "Slumdog Millionaire") con "28 días después" y Zack Snyder (posteriormente firmante de "300") con "Amanecer de los muertos" lo pusieran nuevamente de moda. "Bienvenidos a Zombieland", la película que nos ocupa, trata el tema de modo humorístico, al igual que lo hiciera la más afortunada "Zombies party". Una vez más, un virus ha transformado a casi todos los humanos (o, al menos, a los estadounidenses) en muertos vivientes ansiosos de devorar a sus antiguos congéneres no infectados. Cuatro supervivientes del desastre (un adulto, un adolescente algo salido y dos hermanas) viajan juntos tratando de encontrar un lugar no contaminado y, éso sí, mientras tanto, no pierden la oportunidad de liquidar a cuantos zombies les salen al paso. Como he dicho antes, el precedente directo de "Zombieland" sería "Zombies party", y es que en ambas hay abundantes momentos de humor que se prestan fácilmente a la carcajada, a pesar de lo cual los muertos vivientes están fantásticamente bien caracterizados y los sustos están garantizadas. Pero el negro humor británico de aquélla ha dado paso a un tono de comedia más gamberra y más soez, en el que, por ejemplo, se le consiente a un recuperado Woody Harrelson bordear todos los límites de la sobreactuación... traspasando unos cuantos. Yo me reí bastante, pero luego comprendí que unos retoques de guión y un poco más de atención en un par de detallitos nos hubieran podido deparar un producto mucho mejor. En cualquier caso, pienso que tan sólo por dar a conocer a un estupendo actor juvenil llamado Jesse Eisenberg (sin olvidar a la ya crecidita Abigail Breslin de "Pequeña Miss Sunshine", un poco menos chispeante que entonces), por la escena final en el parque de atracciones y, sobre todo, por la impagable autoparodia de Bill Murray, "Bienvenidos a Zombieland" ya merece la pena.



Luis Campoy



Lo mejor: Jesse Eisenberg, los títulos de crédito iniciales, el cameo de Bill Murray


Lo peor: el doblaje de Woody Harrelson, el exceso de chistes chabacanos y de mal gusto


El cruce: "28 semanas después" + "Zombies party" + "Soy leyenda"


Calificación: 7,5 (sobre 10)


lunes, 21 de diciembre de 2009

Otro país, otro mundo


ETB, la Televisión Autónoma Vasca, va a emitir este año el Mensaje Navideño del Rey Juan Carlos… ¡por primera vez en su Historia! Es decir: desde que los vascos (y vascas) gozan de autonomía, NUNCA se ha permitido al patriarca de los Borbones asomarse a la caja tonta de Euskalherria para leer esas aburridas palabras a las que casi nadie presta atención pero que forman parte de la banda sonora de cada Navidad. El nuevo lehendakari socialista, Patxi López, puede parecer desde fuera el Apostól del orden constitucional, pero de puertas adentro pasa por ser el menos vasco de todos los vascos, y una encuesta revelaba el otro día que la mayoría de sus conciudadanos no confían en él. Esto es de locos, o yo, al menos, no lo puedo entender. O sea, a todos esos chicarrones del Norte se les está permitiendo gozar de competencias en todas las materias y disfrutar ayudas por parte del Gobierno central, se les deja imponer su idioma absolutamente ininteligible, se ha venido haciendo la vista gorda ante la kale borroka y, como contraprestación, su irreverencia ante los símbolos del Estado español es tan notoria como desafiante. Desde que llegó López, ese lehendakari socialista que iba a ser más raro de ver que un cerdo volando, hemos ido escuchando algunas noticias más o menos entrecortadas pero que nos permiten vislumbrar lo que hasta hace muy poco se cocía en aquellas verdes y frías tierras. Al parecer, los gobiernos del PNV eran absolutamente transigentes y condescendientes con los iconos etarras, permitían la existencia de símbolos no sólo independentistas sino abiertamente pro-terroristas en las herrikotabernas, perseguían a los violentos con tanta desgana que parecía que iban montados en el caballo del malo y en los aseos de las sedes autonómicas no compraban papel higiénico porque utilizaban las hojas del BOE (bueno, esto último es una mera suposición mía). Ha sido llegar el PSOE (en coalición, no lo olvidemos, con el PP) y, de repente, las cosas que deberían más normales nos parecen ahora espectaculares avances históricos. Hace cuatro días era la noticia de que la Selección española de fútbol, la Roja, la vigente Campeona de Europa, tal vez (sólo tal vez) iba a poder jugar algún partido en tierras vascas; hoy, el anuncio de que el Rey podrá dirigirse a sus súbditos de las antiguas Vascongadas. Nunca es tarde si la dicha es buena, dice el refranero, pero todo ésto, que me congratula de veras, me hace pensar en los otros separatistas más recalcitrantes que tenemos, los catalanes, y, francamente, ni sé si don Juan Carlos se deja ver en Nochebuena ni recuerdo si el combinado que ahora dirige Vicente del Bosque ha jugado últimamente en los dominios de Laporta y Carod Rovira. Qué maravillosa es la libertad que permite a los ciudadanos pensar y expresarse sin tener que acabar entre rejas o emigrar después, pero qué vergonzoso es el libertinaje del que exige la cooperación económica que viene de Madrid pero que luego reniega de todo lo que tenga que ver con tan ingenuo benefactor.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Cine/ "AVATAR"


Imprescindible verla en cine




James Cameron en la dirección, Sigourney Weaver en la pantalla, James Horner componiendo la banda sonora… ¿Estamos ante una continuación de “Aliens, el regreso” No. O, ¿quién sabe?, tal vez en parte sí… Porque “Aliens” (1986) es tan sólo una de las múltiples referencias que Cameron se permite regalarnos para componer su esperadísima nueva película tras su multitaquillera y plurioscarizada “Titanic”, que, no olvidemos, tiene ya doce añitos. Alguien debería prohibir que un cineasta con el talento de este hombre se mantuviese alejado de las pantalla de cine durante tanto tiempo, pero, viendo “Avatar” y conociendo el grado de implicación de Cameron en cada uno de sus proyectos, es obvio que el último lustro ha tenido que pasárselo imaginando decorados, dibujando storyboards y puliendo más que su colega Robert Zemeckis el sistema de animación por captura de movimiento. Cualquiera de vosotros que haya utilizado el famoso programa de comunicación Messenger sabe que un avatar es una imagen que un usuario puede elegir para que le sirva de representación. Algo así es lo que se le ofrece a Jake Sully (Sam Worthington), un exmarine paralítico destinado en el bucólico planeta Pandora, habitado por los indígenas Na’Vi y poseedor de una riqueza natural incalculable. A Sully se le permite vivir una nueva vida en un avatar compuesto de ADN humano y na’vi, recuperando así la capacidad de caminar y teniendo la misión de convencer a los indígenas de que abandonen sus tierras en aras del inequívoco colonialismo yanqui… Confieso que, a pesar de la potentísima y machacona campaña publicitaria que 20th Century Fox ha venido desarrollando desde hace ya bastantes meses, no las tenía todas conmigo cuando fui ayer tarde a ver “Avatar”. Durante los primeros tres cuartos de hora (el film dura la friolera de ciento cincuenta minutos), no hice sino fruncir el ceño ante un espectáculo que de innovador o novedoso tenía más bien poco. Como dije al principio, la presentación de los marines y su parafernalia militar y robótica constituía un calco descarado de “Aliens”, y. cuando Sully se convierte en un avatar na’vi (aborígenes azules que miden tres metros de altura), la cosa tampoco mejora mucho, pues ya tenía y sigo teniendo la sensación de que esos pitufos hiperdesarrollados son uno de los principales hándicaps del film. Francamente, hubiera preferido mil veces que los indígenas fuesen simplemente hombres y mujeres pintarrajeados de color turquesa, porque, una vez más y tal como sucede en los últimos trabajos del citado Zemeckis, los movimientos y la fisicidad de estos personajes parecen más propias de muñecos que de seres vivos (joder, es que a ratos hasta me recordaban a las marionetas de “Cristal Oscuro”), y nada hay peor para un film fantástico que ser incapaz de creerte, de participar en la fantasía que lo alienta. Por fortuna, enseguida James Cameron logra “secuestrarnos” con un derroche de poesía visual, con una sinfonía de colores, luces y sonidos, y de ese secuestro deviene un irrenunciable síndrome de Estocolmo que ya nunca te abandona. Obviamente, todas esas afirmaciones que habréis oído y quizás aún oiréis acerca de que “Cameron reinventa el Cine” o de que “el Cine nunca volverá a ser lo mismo” después de “Avatar” son falsas y exageradas, como también la catalogación de algunos como “obra maestra” (joder, estoy más que harto del modo en que a casi cualquier film más o menos correctito se le sube gratuitamente a los altares). Sin embargo, es indudable que la apuesta de este director canadiense por desarrollar y magnificar el uso de nuevas tecnologías para abrir caminos que permitan evolucionar al Séptimo Arte y, a ser posible, combatir la piratería obligando al público a acudir a las salas de cine, no es sólo digna de agradecer sino que resulta sumamente atractiva. Yo la ví en 3-D, y he de reconocer que, al igual que sucedía en “Up”, el empleo de este sistema se ha llevado a cabo con inteligencia, logrando profundidades de campo insospechadas y no limitándose a arrojar objetos a las narices del espectador. Sobre el argumento, mejor no extenderse mucho, porque es un potpourri de la mencionada “Aliens” más “Bailando con lobos” más “Pocahontas” más “Tarzán” más “El último samurái”, lo cual no impide que, a partir del momento en que el maravilloso planeta Pandora se erige en verdadero protagonista de la función, sus colores y sus criaturas logren que el tiempo de proyección se nos pase volando. Leí en una entrevista que James Cameron aseguraba que iba a hacer que los hombres se enamorasen de un montón de pixels, y es indudable que el personaje de Pocah… perdón, Neytiri, la hembra na’vi recreada en base a los sensuales gestos de la actriz Zoe Saldaña (la joven Uhura del nuevo “Star Trek”) es uno de los más afortunados de la película, así como el terrible coronel Quaritch al que da vida un estupendo Stephen Lang. Menos afortunada es la partitura de James Horner, que al principio parece que va a ser maravillosa y poco a poco va cayendo en el principal defecto de este compositor, la preocupante necesidad de autoplagiar lo propio y copiar lo ajeno, siendo escandaloso el uso y abuso de sonoridades tan reconocibles como “La Misión”, “Titainic” y la tantas veces aludida “Aliens”. Pero dejémonos de críticas, que tampoco son necesarias si nos conformamos con saludar a “Avatar” como una gran película fantástica, una excelente aventura, una odisea tecnológica y uno de esos films que, por su calidad de imagen y, sobre todo, por su portentoso sonido, uno de los mejores que escucharéis en vuestra vida, os recomiendo encarecidamente que veáis en una sala de cine.



Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía, el sonido, la heroína Neytiri, el villano Stephen Lang


Lo peor: el equivocado empeño en que los actores generados por ordenador pueden llegar a reemplazar a los de carne y hueso


El cruce: “Aliens” + “Bailando con lobos” + “Pocahontas” + “Tarzán” + “El último Samurai”


Calificación: 9 (sobre 10)



viernes, 18 de diciembre de 2009

Cine/ "NOSFERATU"


 
 
 
 
El jazz mató a la estrella del cine mudo






Mi tío Angel, que en paz descanse, fue a ver “Nosferatu” de F.W. Murnau en un cine de estreno de Alicante, poco antes de nuestra Guerra Civil. El pobre pasó tanto miedo que le contó a su hermana (mi madre) que, cuando regresó a casa, lo hizo subiendo las escaleras tan rápido que se golpeaba las nalgas con los talones. Sentir tanto pánico, siquiera un poquito, es imposible si uno ve la película como la ofreció el CineClub Paradiso de Lorca, mi queridísimo CineClub Paradiso, el pasado Jueves en el Teatro Guerra de la Ciudad del Sol. Loable empeño el de esta Asociación cultural lorquina a la que tuve el honor de pertenecer en sus comienzos, a la que nunca olvidaré y a la que quién sabe si me reintegraré algún día. Loable empeño, sí, el de recuperar la mítica tradición de proyectar las películas totalmente mudas y con el único acompañamiento de la música interpretada en directo. Pero, claro, no toda la música en directo es apta para apoyar las imágenes que llenan la pantalla. Como llevo algún tiempo desconectado de la rutina cineclubera, desconozco cómo surge la idea de confiar la musicalización de este clásico del expresionismo alemán a un pianista llamado Arsenio Martins, que, a tal efecto, ha echado mano de una formación que lidera y que lleva por nombre ”Aroma Jazz Trío”. Efectivamente, el aroma de jazz que desprendía la partitura compuesta e interpretada por el Sr. Martins y su grupo lo que hacía no era “acompañar” las imágenes sino más empujar al espectador a distanciarse de ellas. Lo siento por Martins y por quienes pusieron toda su ilusión en construir tan maravillosa velada cinéfila, pero, desde el principio al fin y siempre y en todo momento, la música fue no el contrapunto sino el contrincante del inmortal clásico de Murnau. Por lo que respecta al film en sí mismo, “Nosferatu” fue una de las primeras apariciones de un vampiro en el Cine, y la primera vez en que la novela “Dracula” de Bram Stoker se convirtió en película. No obstante, Friedrich Wilhelm Murnau, su realizador y máximo responsable, optó por la vía fácil de adaptar la novela pero sin pagar los derechos de autor, pensando que bastaría con cambiar los nombres de los personajes. Así, el ilustre protagonista ya no atiende al nombre de Drácula, sino que cambia su apellido por el de Orlock (manteniendo, éso sí, su título nobiliario de Conde), y es conocido por los lugareños que habitan sus tétricos parajes carpatianos como "Nosferatu" (que en griego significa "No muerto"). Por lo demás, la trama sigue fielmente el esquema de sobras conocido: un agente inmobialiario inglés se desplaza a un remoto país centroeuropeo para vender una finca a un misterioso aristócrata que duerme de día y sale de noche, el cual se revoluciona al ver la sangre de su invitado y, sobre todo, el cuello que luce su prometida en una fotografía, razón por la cual el Conde decide desplazarse a Inglaterra en un barco en el que viaja dentro de un ataúd, llevando consigo unos puñados de tierra de su hacienda, unas docenas de ratas... y la Peste. Si Murnau pensó que bastaría con rebautizar a los protagonistas para despistar a los propietarios legítimos de los derechos, no pudo andar más equivocado, porque los herederos de Bram Stoker le demandaron y el litigio llegó a tal extremo que la sentencia judicial le obligó a quemar todas las copias del film que circulaban por Alemania (en las copias restantes se exigió que los títulos de crédito reconociesen que el argumento se basaba en la novela de Stoker). El caso es que, cuando, recientemente, se reeditó la película en vídeo y posteriormente en DVD, no existía una sola versión completa que se aproximase a la que estrenó Murnau en 1922, por lo que hubo que recurrir a instituciones cinematográficas, cineclubs, museos e incluso a coleccionistas particulares para recomponer lo más parecido a la visión del director. Las leyendas (negras) en torno a "Nosferatu" se sucedieron desde el principio. Para empezar, y, a pesar de que el actor elegido para dar no-vida al protagonista, Max Schreck, ya había hecho varias películas y obras de teatro y continuaría actuando en otras tantas después de desempeñar el papel que le inmortalizó, corrió el rumor de que Shrek era un vampiro auténtico que durante el rodaje atacó a algunos miembros del equipo (no dejéis de ver, si tenéis ocasión, la deliciosa "La sombra del vampiro", que reconstruye la filmación de la película y en la que John Malkovich incorpora a Murnau y un irreconocible Willem Dafoe a Schreck). Poco se sabe de los demás actores que le acompañaron, todos ellos actuando en un registro totalmente diferente, tan sobreactuados como mandaban los cánones del expresionismo. Murnau consiguió con "Nosferatu" una de sus grandes obras maestras (la otra es "Amanecer", también recuperada por el CineClub Paradiso), en la que supo como nadie aunar el lirismo y el suspense, la poesía y el terror, gracias a una fotografía espléndida y unos imaginativos efectos especiales. Los contraluces, las sombras ominosas y cada una de las apariciones de Nosferatu/Schreck han pasado al imaginario colectivo de todas las generaciones posteriores, y el propio Francis Coppola en su "Dracula" de 1992 no dudó en homenajearla con todos los honores que se merece. Personalmente, hubiera preferido verla sin los muy molestos (e innecesarios) intertítulos que rompen el ritmo de sus imágenes, y, sobre todo, "oirla" en su espléndida insonoridad, pero lo cierto es que "Nosferatu" es una joya de un tiempo lejano en que el Cine era Cine de verdad. Incluso aunque se exhiba en un Teatro y a partir de una copia en DVD.



Luis Campoy



Lo mejor: la fotografía en general, el imaginativo uso de las sombras, la composición de Max Schreck


Lo peor: las interpretaciones hiperteatralizadas del resto del elenco actoral… la performance jazzística que desdibujó su exhibición en Lorca.


Calificación: 9 (sobre 10)




lunes, 14 de diciembre de 2009

Cine/ "SPANISH MOVIE"

Sonrisas a costa del cine español





“Spanish Movie” me produjo envidia. Así de claro. Desde que, hace justamente 30 años, se estrenara “Aterriza como puedas”, el film que inventó el género de las “spoof movies” o “cine de parodias”, yo intenté por todos los medios producir una película así, pero “a la española”. Lo logré a medias en 1993 con el estreno de mi ópera prima “El Butanero siempre llama dos veces”, pero han sido los responsables de “Spanish Movie” quienes lo han conseguido por fin. Con bastante amplitud de medios, que incluyen desde una ambientación excelente hasta la contratación del actor Leslie Nielsen, el inolvidable médico de la citada “Aterriza…”, pasando por una poderosa banda sonora, se ha conseguido el objetivo de hilvanar una trama más o menos consistente que aúna los argumentos de “Los otros”, “El orfanato” y “Mar adentro” para dar pie a un desfile de secuencias en las que se remedan, con mayor o menor fortuna, películas españolas (“El laberinto del Fauno”, “Volver”, “(Rec)”, “Alatriste”, “Abre los ojos”, “Los lunes al sol”, “Yo soy la Juani”) o extranjeras con participación de algún actor español (“No es país para viejos”); lo mismo que hacían Martes y Trece y, sobre todo, Cruz y Raya, pero con muchísimos más medios y, asimismo, con mayor acierto. Yo he de admitir que no me reí mucho, pero es que estaba boquiabierto admirando el exhaustivo y perfeccionista trabajo de diseño de producción, vestuario, peluquería y maquillaje. Chapeau para todas esas facetas. “Spanish Movie” generará más o menos carcajadas entre el público no iniciado, pero quienes conocemos los títulos imitados tenemos que admitir que se trata de la mejor cinta de parodias realizada en España. Supongo que para la mayoría de vosotros esto significará poco o nada, pero, para mí, como dije en un principio, constituye un motivo de muy sana envidia.



Luis Campoy



Lo mejor: el diseño de producción, el vestuario y la música

Lo peor: el exceso de humor grueso, con reiterativas e innecesarias alusiones fálicas, la escena que imita a “Superman” (¿pero no se trataba de parodiar películas españolas?) y el bochornoso y gratuito cameo de Chiquito de la Calzada durante los títulos de crédito finales

El cruce: “El orfanato”+”Los otros”+”Mar adentro”+”El laberinto del Fauno”+”No es país para viejos”+”Abre los ojos”+”Alatriste”+”Volver”+”(Rec)”+”Los lunes al sol”+”Yo soy la Juani”… + “Aterriza como puedas”/”Top Secret”/”Agárralo como puedas”

Calificación: 8 (sobre 10)


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Cine/ "CELDA 211"

Éxito entre rejas


Ha sido un éxito relativamente sorprendente en el seno del cine español, digamos, comercial, y, desde luego, es bastante más entretenida que "Agora", cuya visualización, tamizada de bostezos de aburrimiento, aún no he podido superar. Juan Oliver, un joven funcionario de prisiones cuya esposa está a punto de dar a luz a su primer hijo, decide adelantar un día su incorporación a su nuevo puesto de trabajo como celador en una prisión. No pudo haber escogido peor día. Los reclusos de la cárcel se amotinan y el pobre Juan, que, durante el inicio de la refriega, pierde el conocimiento a causa de un golpe fortuito, es recluído por sus compañeros en una celda, la 211, y al despertarse rodeado de criminales en pie de guerra, no se le ocurre otra cosa que fingirse un presidiario más para intentar sobrevivir. Le acoge, no sin recelos, el fiero Malamadre, el líder de los reclusos, pero la pesadilla de Juan no ha hecho más que comenzar... El cine carcelario constituye casi un subgénero en sí mismo, y todos recordamos tal o cual película en la que el protagonista (casi siempre condenado injustamente) encontraba entre rejas la posibilidad de redimirse. Pero "Celda 211" no es ni mucho menos "Cadena perpetua", y aquí el héroe acaba convirtiéndose poco menos que en villano, y el teórico villano se erige en héroe. No descubro ningún secreto si digo, casi a voz en grito, que lo mejor de "Celda 211" es un superlativo Luis Tosar, que borda primorosamente su personaje de Malamadre. Se trata de una de esas interpretaciones que, desde el principio hasta el final, ofrecen al actor un sinfín de ocasiones de lucimiento, y Tosar aprovecha cada una de ellas. La composición de este estupendo intérprete es de Oscar (o, como mínimo, de Goya), desde la pura fisicidad de cada pose hasta el uso poderoso de la voz. Chapeau para Luis Tosar. La vida en la prisión es dura, y más en una cárcel española como la que retrata la película, en la que los presos comunes se ven obligados a compartir reclusión con los terroristas de ETA a los que el Gobierno trata de proteger para evitar conflictos aún peores. Son ellos a quienes los amotinados intentan tomar como rehenes, todo ello en un clima de enajenación y violencia no apto para cualquier estómago pero que, si lo consigues asimilar, puede llegar a resultar incluso fascinante. La mejor película hasta la fecha del ex-crítico cinematográfico Daniel Monzón, en la que tiene un corto papel un estupendo Antonio Resines, quien parece ser tanto más valorado cuanto más se alejan sus personajes de su estereotipo de españolito campechano y vulgar.



Luis Campoy

Lo mejor: sin duda, un soberbio Luis Tosar


Lo peor: algunas escenas que contienen violencia demasiado explícita


El cruce: “Cadena perpetua” + “Encerrado” + “Todos a la cárcel”


Calificación: 8 (sobre 10)


martes, 1 de diciembre de 2009

Adiós a nuestro hombre lobo


Justo ahora que los hombres lobo vuelven a ponerse de moda, con "Luna Nueva" y el remake que protagoniza Benicio del Toro, se nos ha ido nuestro licántropo hispano, Paul Naschy. Naschy interpretó al hombre lobo un buen montón de veces, y se vio obligado a utilizar un seudónimo porque su verdadero nombre, Jacinto Molina, no era lo bastante pegadizo. Desde los años sesenta hasta principios de los ochenta fue una de las pocas figuras relevantes en lo que al cine fantástico español se refiere, y nunca se retiró del todo, porque siempre encontraba el modo de volver, ya sin maquillaje lupino. De hecho, su último film , "La herencia Valdemar", está pendiente de estreno y llegará a las pantallas en 2010 (por cierto, su querido hombre lobo se llamaba... Valdemar Daninsky). Descansa en paz a la luz de la luna, querido y entrañable Paul/Jacinto.