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martes, 27 de octubre de 2009

Todo un patriota


La muerte de Sabino Fernández Campo, ex-militar, ex-jefe de la Casa del Rey y uno de los políticos más influyentes durante la Transición, ha cerrado definitivamente una de las bocas que más y mejor han sabido callar. ¿Cuánto valdrían, en caso de existir, las "Memorias" de Sabino, en las que el recién fallecido hubiera desvelado los innumerables secretos de Estado que él conoció y conservó? Por éso todos, los de izquierdas y los de derechas, lo consideran un auténtico patriota. Creo que el mayor mérito atribuído a este gran hombre tuvo lugar el 23 de Febrero de 1981, cuando entonó el mítico "Ni está ni se le espera" referido al general Alfonso Armada, su predecesor en el puesto de responsable de la imagen pública del Rey y su familia, así como de las decisiones últimas de éstos. No seré yo quien, a estas alturas, se arriesgue a ser detenido por terrorismo ideológico, pero es sabido que, en un primer momento, don Juan Carlos no tenía tan claro si procedía o no respaldar el Golpe militar liderado por Armada, Milans y Tejero, y fue Sabino quien le convenció de que España se merecía seguir disfrutando una democracia constitucional y no la reedición de una nueva dictadura militar. Durante dos décadas, este insigne asturiano ejerció de consejero de los monarcas y de preceptor de los príncipes, sobre todo de don Felipe, que el pasado viernes le recordó desde la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. ¿Por qué Sabino fue, finalmente, relevado como jefe de la Casa del Rey? Parece que llegó un momento en que pasó de ser un Pepito Grillo a una mosca cojonera, al menos desde el punto de vista de don Juan Carlos. No es oro todo lo que reluce, y ni siquiera un Rey está exento de equivocarse a la hora de elegir sus amistades o exteriorizar determinados comportamientos. Sabino pecó de demasiado estricto para con su "jefe", y éste se hartó de tanto tutelaje y tanta rectitud y le dio el pasaporte... de la manera más aparente y majestuosa posible, claro está. Como he dicho antes, en caso de existir, que no lo creo, las "Memorias" de Fernández Campo se convertirían en un best-seller que eclipsaría a Dan Brown, Ken Follett y Stieg Larsson juntos. En sus últimos años y ya acompañado por su segunda (y bastante joven) esposa, Sabino fue asiduo veraneante en las playas de La Manga del Mar Menor, y supo mantener su inigualable elegancia hasta la muerte: jamás de los jamases habló públicamente mal, ni siquiera regular, de ningún miembro de la familia real, fueran cuales fueran los deslices o pifias que éstos pudieran haber cometido. Descanse en paz un hombre sencillo pero fundamental para nuestra Historia moderna, cuya desaparición ha sido lo único que ha podido poner de acuerdo a Fraga, a Carrillo, a Rajoy, a los ministros del Gobierno y, por supuesto, a los Reyes y los Príncipes de España.

domingo, 25 de octubre de 2009

Cine/ "Millennium 2: LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA"

Los productores que soñaban con hacer una película pero hicieron un telefilm





Cuando acabé de leer el segundo episodio de la trilogía “Millennium”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, hace cosa de un mes, eché el freno y me negué a continuar con la lectura del tercero, “La reina en el palacio de las corrientes de aire” hasta que no hubiese visto en cine la adaptación de la segunda parte. Quizás hoy mismo, antes de acostarme, eche mano del libro y continúe descubriendo las aventuras de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist justo donde han quedado al final de la más bien decepcionante película que acabo de ver. Como ya conté en su momento, el éxito internacional de las novelas de Stieg Larsson me pilló un poco fuera de onda, y sólo me animé a unirme al distinguido club de sus millones de lectores tras descubrir que la intriga sueca que desvelaba el primer film, “Los hombres que no amaban a las mujeres” no estaba nada, pero nada mal. Claro que también acerca de ésto ha habido multitud de opiniones. Mi respeto a quienes opinan que la película anterior era una visualización torpe y confusa, pues, después de haberla revisado por segunda vez en DVD, yo me reafirmo en que se trata de un thriller duro, morboso y estimulante, en el que un gran personaje (la citada Lisbeth Salander, la hacker de los piercings y los tatuajes) hallaba a una gran actriz (Noomi Rapace) capaz de darle vida con indiscutible soltura. Pero, ay, el avispado productor de la saga ha considerado que el primer director, Niels Arden Oplev, se merecía un innecesario descanso y ha contratado para sustituirle a un torpón Daniel Alfredson, que a punto está de lograr que la afamada trilogía novelística se quede en díptico cinematográfico, cosa que los potenciales espectadores del tercer film, que, obviamente, son los acérrimos fans de las novelas, no podrían consentir. Lo peor es que la tercera entrega también la ha firmado el tal Alfredson, lo cual es un pésimo augurio. El caso es que en “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, la película, tenemos ocasión de disfrutar nuevamente de una estupenda actuación de Noomi Rapace y de una, como mucho, correctita composición de Michael Nykvist como su partenaire periodista. Uno de los “logros” de los guionistas del film es despojar a Lisbeth Salander del enorme protagonismo que adquiere en el segundo libro (que, por cierto, es ostensiblemente mejor que el primero), y ello deviene un producto bastante gris y descafeínado en el que aparecen y desaparecen demasiados personajes que no tienen peso específico y confunden al espectador. Se nota demasiado el loable empeño de los responsables de la cinta a la hora de pretender complacer a la legión de lectores respetando en lo posible la mayoría de subtramas de la novela, pero la sobredosis de información que intentan suministrar es más bien anticinematográfica, además de servida por algunos actores que provocan bastante decepción. Sucede con la actriz (Lena Endre) que interpreta a Erika Berger, la socia y amante de Mikael Blomkvist; con el actor que encarna al anterior tutor de Lisbeth, Holger Palmgren (Per Oskarsson); y, sobre todo, con el "aterrador" villano Zala (Georgi Staykov), cuyas "terribles" quemaduras literarias han sido tan mal trasvasadas al cine que el pobre parece el padrastro de Michael J. Fox en “Regreso al futuro 2” con un hilarante toque de Freddy Krueger. Por cierto, el actor que interpreta al boxeador Paolo Roberto, que en la ficción fue entrenador personal de Lisbeth, se llama… Paolo Roberto; resulta que se trata de un personaje real, un deportista famoso en Suecia que Larsson incluyó en su libro, y que en la peli ha accedido a interpretarse a sí mismo. Demasiado ambiciosa pero demasiado esquemática, demasiado esclava de su propio intento de ser provocadora (la escena lésbica entre Lisbeth y Miriam se eterniza sin ton ni son), “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” es un thriller más bien aburrido que, si yo hubiese visto sin haber leído el libro, probablemente hubiera conseguido que huyera de Stieg Larsson como de la peste. Y éso hubiera sido muy, muy triste.





Luis Campoy



Lo mejor: Noomi Rapace


Lo peor: la estética de telefilm europeo, la banda sonora, el maquillaje y la cojera del “superespía” Zala


El cruce: “Los hombres que no amaban a las mujeres” + “Rocky III” + “Regreso al futuro 2”


Calificación: 5 (sobre 10)


miércoles, 21 de octubre de 2009

Un toque de atención


Parecía inconcebible. De hecho, una parte de mi ni siquiera se lo acaba de creer todavía. Recuerdo que ayer, cuando el partido ante el incógnito Rubin Kazan estaba alboreando, estaba comentando con mi vecino de mesa el probable penalty contra Iniesta en la primerísima jugada del partido, cuando los rusos se pegaron una carrera y, sin apenas oposición de nuestra defensa, se plantaron ante la portería de Valdés y le endosaron un trallazo que nuestro meta no pudo ni rozar. No cabe duda: un gravísimo error de concentración, de estar, como yo, más pendientes de pedir un penalty no del todo claro que de controlar el juego enemigo. Pero hubo más cosas. El Rubin Kazan supo muy bien cómo jugarle al Barça, incluso mejor que el Valencia de Emery, que a su vez había pulido la técnica del Almería de Hugo Sánchez. Contra el Almería, a pesar del indigesto marcaje a Xavi, pudimos ganar; con el Valencia no pasamos del empate, y gracias. Con los rusos, por fin, hemos perdido. Eso quiere decir, sin lugar a dudas, que nuestros rivales, todos nuestros rivales, nos están tomando la medida, y nuestros chicos no saben cómo superarlos. Lo de ayer, desde cierto punto de vista, fue lamentable: durante repetidas ráfagas, que pasaban como una exhalación ante nuestros ojos, volvimos a ver al Barça de antaño, de hace apenas 8 ó 9 meses (aunque, para mí, como he dicho más de una vez, el juego verdaderamente sublime quedó aparcado con el inicio de la segunda vuelta de la temporada pasada), pero, extrañamente, ninguna de esas jugadas portentosamente trenzadas tuvo su culmen en forma de gol. Cuando encajamos el tempranero tanto del R.K., yo estaba seguro de que íbamos a empatar en la siguiente llegada, de que íbamos a comernos por los pies a los rivales en unos segundos. Sin embargo, tras millones y millones de toques, tras un derroche de tiki-taka que hubiera entusiasmado al finado Andrés Montes, tan sólo Ibrahimovic logro meter una en la portería de los cosacos de Kazan, exactamente 45 minutos después de su primera y prácticamente única llegada. El empate parecía la puerta abierta hacia el triunfo, y todo indicaba que así iba a ser: el control, el desgaste físico, la fe ciega en la victoria. Pero para vencer no puede uno volver a desconcentrarse. El segundo gol del Rubin Kazan fue casi idéntico al primero: una contra vertiginosa que nuestra defensa fue absolutamente incapaz de atajar. Ahí se acabó el partido. Ni el toque ni el control y ni siquiera la fe marcan goles. Hay que empezar a preguntarse, todavía sin excesivos tremendismos, qué nos está pasando. Sí, ganamos partidos, incluso hemos cosechado más y perdido menos puntos (al menos en Liga) que en el ejercicio anterior, pero ¿dónde están aquellas goleadas por 4, 5 o hasta 6 goles? ¿Dónde quedó ese despliegue de fútbol eléctrico, ese hambre de balón, esa perfección insuperable que a todos cautivaba y nadie conseguía quebrar? Está claro que un estilo de juego definido como el del Barça llega un momento en que puede ser neutralizado por algún que otro rival con la lección bien aprendida, pero, aun así, ¿cómo justificar la sequía goleadora?. ¿De verdad es tan complicado marcar goles simples, tras una carrera, tras un descuido, con un chupinazo desde fuera del área o incluso de penalty? Los penaltys, visto lo visto, no nos los van a pitar ni aunque nuestro delantero acabe sangrando y partido en dos, así que hay que buscar los goles de los otros modos más convencionales. Ibrahimovic lo intenta, y ayer, incluso, lo consiguió, pero siempre a costa de haber tratado de hacer lo más bonito, lo más difícil, lo más inverosímil. Pedro "sólo" marca golazos, golazos que desatascan partidos especialmente complicados, Henry estás más muerto que vivo y Bojan, recién salido de su lesión, tiene la pólvora mojada. Tal vez, sólo tal vez, Maradona no ande totalmente desencaminado: Messi podría y debería hacer más, y no sólo con su Selección. Argentina le necesita, pero el Barça es quien le paga, y su sueldo estratosférico debería conllevar un plus de entrega e incluso de puntería. Messi lleva dos meses rindiendo a su nivel más bajo, limitándose a cortos sprints, algún pase afortunado y unos pocos tiros a puerta que parecen destinados al lucimiento del portero. Anoche, incluso Iniesta y, lo que es peor, Xavi, estuvieron por debajo de sí mismos. Andrés parecía Papá Noel regalando balones a los rusos, y el de Tarrasa anduvo correcto en el pase pero negado en la definición. ¿Y Márquez? El mexicano tiene el porte de un galán de culebrón y una elegancia incuestionable, pero estoy seguro de que Puyol no hubiera permitido las internadas de los ex-soviéticos. La pena es que los años no perdonan a nadie, y Guardiola pensó, erróneamente, que el R.K. era un equipo débil, que se iba a limitar a cerrarse atrás y que no iba a lanzar contragolpes tan letales como los que nos deparó. El año pasado Johan Cruyff dijo que el Barça necesitaba perder para poner los pies en el suelo, para no creérselo demasiado, y es incuestionable que, según esa misma teoría, la derrota de anoche puede ser bienvenida. Bienvenida, para pulir defectos, para corregir errores, para exigirle más a quienes más tienen que aportar. Por suerte, aún no es demasiado tarde.



Nota: este artículo procede de mi otro blog, "Mi blog azulgrana"


lunes, 19 de octubre de 2009

Todos contra el aborto



Tal y como muchos sospechábamos, la manifestación convocada el pasado sábado en contra de la reforma de la Ley del Aborto finalmente no se ha conformado con criticar la reforma de la legislación vigente, sino que su verdadera pretensión era condenar la existencia del aborto en sí mismo. Entramos en el túnel del tiempo. Volvemos a los tiempos en los que determinados sectores de población se concentraban frente al teatro en el que se representaba "Jesucristo Superstar" o a los cines en los que e exhibían "La última tentación de Cristo" o "Yo te saludo, María" y se postraban de hinojos suplicando a los potenciales espectadores que no entrasen a presenciar tan heréticos espectáculos. Lo peor no es sólo que la multitud, jaleada desde el púlpito por curas, sacristanes y obispos, expresara un pensamiento y un sentimiento al que, indudablemente, tienen derecho, sino que delante estuvieran (a título personal, faltaría plus) determinados dirigentes del PP, partido que en sus 8 últimos años de Gobierno no hizo absolutamente nada por modificar o incluso derogar tan polémica Ley. Mi opinión personal sobre el tema ya la he expresado alguna vez (creo que la mujer, obviamente, tiene ciertos derechos, pero en según qué casos y nunca cuando el feto ya tiene más de 9 ó 10 semanas), pero éso de que algunos de esos fanáticos ultracatólicos tachen a quienes abortan de "asesinas" y comparen la interrupción del embarazo con la violencia de género me parece bastante excesivo. En el fondo, todo se reduce al clásico "Si tengo libre albedrío, ¿por qué no puedo decidir lo que hago con mi propio cuerpo?", sólo que aderezado con sabrosos aditivos que, manipulados con habilidad, pueden convertir a un creyente en una marioneta. Naturalmente, el hecho de que el PP presida oficiosamente la manifestación tiene muy poco de oficioso, y menos cuando Aznar, Aguirre, Mayor Oreja e incluso Cospedal no tuvieran reparo alguno en exhibirse ante la Prensa. O sea, por mucho que uno pretenda expresar en público su pensamiento individual, su apoyo explícito a una u otra tendencia no puede evitar interpretarse como adoctrinamiento para los que le siguen (y, si no, que nos lo digan a los culés con respecto al impresentable Joan Laporta). La manifestación del sábado, con toda su impronta de nobleza y limpieza moral, no fue sino una nueva zancadilla para el gobierno de Zapatero, una nueva encuesta pública de pérdida de apoyo popular, lo cual se traduce en pérdida de votos. Ahora, Rajoy dice que va a tratar de impedir que la corrosiva e inoportuna reforma de una Ley que parecía acatada en silencio sea tramitada parlamentariamente. Y digo yo: don Mariano, si no te gusta la reforma, pues ya somos dos, te deseo suerte y a ver si consigues que despropósitos tales como el aborto libre para cualquier adolescente de 16 años no llegue a ser nunca una realidad; pero, si lo que subyace en el fondo de tu alma no es sólo el rechazo a la ampliación de lo legislado sino la tardía anulación del decreto existente, te pregunto: ¿por qué cuando estabas en el Gobierno no te acordaste de darle carpetazo a toda la Ley? ¿Será quizás porque los socialistas han sido estúpidamente ingenuos al pretender engrandecer los derechos de las feministas justamente en la sima de su impopularidad? ¿O será que vosotros habéis sido implacablemente astutos al aprovechar precisamente este momento para atacarles donde más les duele (arrebatándoles un buen puñado de votos)?.

domingo, 11 de octubre de 2009

TV/ "Curso del 63"



No suelo ver mucho la tele, y difícilmente aguanto entero un programa nocturno. Por eso me sorprendió gratamente el nuevo reality show que estrenó Antena 3 la otra noche. Joder, es que leídas juntas esas dos palabras, “reality show” y “Antena 3”, ya te predispones para lo peor... Sin embargo, “Curso del 63” me gustó. Como quizás ya sepáis, este “Gran Hermano estudiantil” pretende que un grupo de chicos y chicas de nuestros días realicen una especie de viaje en el tiempo para ser educados en un Colegio mayor de los que proliferaban más de cuarenta años atrás. Yo mismo, como alguna vez he revelado en esta página, tuve el privilegio de “realizarme” como persona en una de esas instituciones. Sin embargo, reconozco que la férrea disciplina que exhibían los (falsos) educadores del programa iba algún que otro paso más allá con respecto a la que yo recibí. Claro que yo nací y me eduqué en aquella época, y, encima, era considerablemente dócil y sumiso, y los pipiolos del concurso no dejan de ser un atajo de “troncos” y “colegas” nihilistas del siglo XXI, acostumbrados a hacer lo que les viene en gana y que apenas saben vivir sin sus tatuajes, sus piercings, sus teléfonos móviles y sus tangas (básicamente en el caso de las chicas, que de todo habrá). La ambientación de la institución docente (que se hace llamar, no sin razón, “San Severo”) está bastante bien conseguida, pero lo mejor son sus profesores, perfectamente elegidos y que saben cómo imponer su autoridad sin tener que recurrir a ninguna Ley auspiciada por Esperanza Aguirre. “A mí no me levante la voz”, “No me conteste” o “Acompáñeme a ver al Director” eran frases que, dichas entonces, podían tener un efecto demoledor en cualquiera de los alumnos de un colegio, incluso en los pocos juerguistas que trataban de seguir siéndolo. ¿Realmente hemos evolucionado para bien desde entonces? Por ejemplo, en el tuteo. ¿Debe un alumno dirigirse a un profesor como si se tratase de su compañero de juegos, de su igual? ¿Me estaré yo volviendo un carca por pensar de ese modo? No apruebo ni aprobaré el castigo físico, y nunca me gustaron ni los tirones de orejas ni los reglazos en las posaderas, pero, a decir verdad, me encantaría que mis hijos se educasen en un entorno en el que se les enseñase a mantener una correcta apariencia física, a estudiar cada día y a tratar a los mayores con auténtico respeto. Parece mentira, pero viendo en “Curso del 63” cómo los mequetrefes de hoy se sorprendían ante la ¿severidad? del sistema educativo de ayer me dí cuenta de cómo algunos de nuestros logros han sido, en realidad, retrocesos.

sábado, 3 de octubre de 2009

Cine: "LOS SUSTITUTOS"

Ensalada de refritos






Que en el Cine, como en cualquier otra disciplina artística, todo está ya inventado, es algo sabido. Ahora bien, que un film como “Los sustitutos” se permita el lujo de plagiar impúdicamente ideas, conceptos e incluso soluciones estéticas de un sinfín de películas anteriores dice muy poco de la dignidad profesional de sus guionistas y director. Si metemos en una coctelera “Blade runner”, “Soy leyenda”, “Yo, robot”, “El sexto día” y “El incidente” nos saldrá “Los sustitutos”… sólo que sin el talento o el carisma que ostentaban sus ilustres precursoras. En otras palabras: este último trabajo del director de “Terminator 3”, Jonathan Mostow, se aprovecha de un montón de buenas enseñanzas pero dudo mucho que, a su vez, genere “escuela”. Su argumento es, en líneas generales, el siguiente: tras haber logrado dominar la tecnología cibernética a su antojo, los seres humanos han aprovechado dicha disciplina para crear réplicas robóticas de sí mismos, con lo cual las personas se quedan cómodamente tumbadas en casita mientras sus “sustitutos” son los que salen a la calle a currar y ganarse la vida. Una “idea” como ésta, desarrollada con soltura y dirigida, al menos, con un mínimo de imaginación, podía haber dado lugar a una obra inquietante o interesante, pero el señor Mostow y sus guionistas, John Brancato y Michael Ferris (con la excusa de adaptar a la pantalla una novela gráfica de Robert Venditti), se limitan a copiar la estética de los films antes reseñados, llegando a plagiar secuencias completas de “Soy leyenda”, “El incidente” y “Yo, robot”. Las referencias (argumentales, estéticas y conceptuales) a esta última son tan obvias y evidentes que, supongo que para evitar alguna demanda por plagio, los productores de “Los sustitutos” utilizan al actor James Cromwell, que en “Yo, robot” interpretaba al creador de los androides y aquí interpreta… al creador de los sustitutos, con lo que, pensarán ellos, lo que hubiera sido un plagio descarado podría pasar por un respetuoso homenaje. No cuela. Ante tamaña y tan poco disimulada falta de originalidad, mi reacción no fue otra que la indignación, cosa que me entristece dado que, mediando otras circunstancias, hubiera dicho que este film no estaba nada mal.



Luis Campoy



Lo mejor: Bruce Willis (cuando va de humano)


Lo peor: el morro que le echan sus responsables a la hora de plagiar a diestro y siniestro, los indescriptibles pelucones de Bruce Willis (cuando va de “sustituto”) y Ving Rhames


El cruce: “Yo,robot”+”El sexto día”+”Blade Runner”+”Soy Leyenda”+”El Incidente”


Calificación: 5 (sobre 10)