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viernes, 21 de agosto de 2009

TV/ De la cuarta a la quinta

Quienes me seguís sabéis bien que apenas veo la TV, y que el único programa que sigo asiduamente es… un culebrón de sobremesa, “Amar en tiempos revueltos”. En estos días, como cada año por estas fechas, está acabándose la temporada en curso, y ya se prepara el advenimiento de la nueva, que, si ningún accidente aéreo ni desgracia similar se interpone, comenzará a principios de septiembre. Es ahora, pues, el momento en que el equipo de guionistas de la serie están tratando de cerrar las tramas abiertas, algunas de las cuales supondrán la despedida para algunos queridos personajes habituales, y, al mismo tiempo, ceder el testigo a los nuevos actores y actrices que nos acompañarán cada tarde y durante todo un año. Sobre cómo se ha dado carpetazo a la cuarta entrega del serial y más aún, cómo se han solventado la mayoría de las pequeñas historias que en ella han tenido lugar, cabría exponer múltiples opiniones. La mía es que lo mejor que hay que agradecerle a la cuarta temporada es que nos haya servido para darnos cuenta de lo buena que fue la tercera. Así de claro. Yo ya soy un espectador fiel y creo que muy, muy, pero que muy mala tendría que tornarse para dejar de seguirla, pero sí admito sus múltiples fuegos de artificio, la banalidad de muchísimas situaciones y lo mecánico de las actuaciones de algunas de sus estrellas. Porque una cosa es encariñarse con un personaje, y otra cosa no darse cuenta de que el actor que le da vida, su forma de entonar sus diálogos, y las circunstancias en las que se mueve se repiten más que una fabada asturiana. También el desenlace atribuído a algunos de los caracteres más destacados podría ser de lo más cuestionable. Que a Angel Pardo y a Pep Ferrer se les despache con la excusa de un viaje transcontinental y un largo ingreso en prisión casi resulta soportable, que a Miguel Ortiz se le haya otorgado el rol de psicópata recalcitrante no se hace del todo increíble, que incluso el apuesto Manuel Bandera y la ahora inválida Clara Sanchís se abandonen a unas eternas vacaciones en Venecia suena moderadamente ñoño… pero Cristina de Inza, la brillantísima “Encarnación Llanos, viuda de Rivas”, una villana en la estela de la mismísima Angela Channing de “Falcon Crest”, se merecía un final más lucido que una borrachera y un desnucamiento accidental. Naturalmente, 52 semanas a razón de cinco episodios diarios ponen a prueba la imaginación y la coherencia de cualquiera, y los guionistas de “ATR” no son la excepción. En el recuerdo quedan ya no sólo los exquisitos modales y el pintalabios de Encarna, sino también los devaneos con el alcohol y la droga de la desdichadísima Julieta (Lola Marceli), la doble muerte, en dos personajes diferentes, de Jorge Monje, las breves pero jugosas apariciones de Silvia Marty (desnuda hace pocas semanas en “Intervíu”), la defensa de la libertad personificada en la ciega Adelaida y su hermano homosexual César, militantes comunistas de los que nunca más se supo, y el sádico bofetón en la cara de los seguidores más veteranos al traer de vuelta a adorados personajes de anteriores temporadas como Andrea Robles (Ana Turpín), Fernando Solís (Carlos García) o Mario Ayala (Cristóbal Suárez) sólo para matarlos o humillarlos. Para la quinta temporada se anuncian cambios importantes, como la marcha de un personaje emblemático como la fotógrafa Sole (Ana Villa), quien emigra a Alemania para tratar de curar a su marido Juanito el Grande (Roberto Mori), o quién sabe si también la clausura de la cocktelería Morocco, en la que se han desarrollado, todo hay que decirlo, algunas de las tramas más soporíferas de estos últimos meses. Continúan la castiza familia del Bar El Asturiano así como los jóvenes Marina San José (la ricachona Ana Rivas, dueña ahora del emporio que lleva su apellido), Carlota Olcina (Teresa García, íntima amiga… demasiado íntima amiga de la anterior), Alex García (Alfonso García, boxeador aficionado, hermano de Teresa y pretendiente de Ana) y Javier Collado (el inspector de policía Héctor Perea), así como toda la fauna de secundarios que pululan por los Almacenes Rivas, la Comisaría y, cómo no, la entrañable Plaza de los Frutos. Entre las nuevas incorporaciones que ya han ido apareciendo o aparecerán en estos próximos días tenemos a Nacho Fresneda (un actor que me encanta desde que aparecía en “Hospital Central” y que aquí también, por cierto, hace de médico), la sensual Bárbara Lennie (que da vida con bastante solvencia a una mujer de la calle que igual te ofrece su cuerpo que te roba la cartera y, si te descuidas, el corazón), Pep Munné (un preso político víctima de sus ideas), Benito Rabal (nieto del gran Paco) o Cayetana Guillén Cuervo, miembro de la insigne familia de actores y presentadora del programa cinematográfica “Versión Española”. Todos ellos tienen por delante doce mesecitos para conquistar nuestra atención y seguir manteniendo la altísima audiencia de una serie, que, como si de un documental acerca de las costumbres de la España de los años 50 del pasado siglo se tratara, acaba de ser vendida exitosamente allende los mares.

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