contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

lunes, 27 de julio de 2009

Cine/ "ASALTO AL TREN PELHAM 1, 2, 3"


Thriller ferroviario

No ví en su momento aquel thriller setentero titulado "Pelham 1,2,3" que dirigió Joseph Sargent con Walter Matthau y Robert Shaw como protagonistas, pero no me cabe ninguna duda de que el remake que acaba de estrenarse, realizado por Tony Scott, es absolutamente diferente. Una banda de atracadores secuestra el tren que sale de la estación de Pelham a la 1:23, con un montón de rehenes a bordo, y exige un suculento rescate a la ciudad de Nueva York. Como interlocutor, el jefe de los secuestradores impone a un empleado del Metro que está siendo objeto de una investigación por presunta corrupción... Como he dicho antes, estoy convencido de que ni Joseph Sargent ni nadie hubiera podido filmar un film tan tremendmente sensorial como lo hace Tony Scott, hermano del más prestigioso Ridley y provenientes ambos (lastre con el que cargarán toda su vida) del mundo publicitario. Tanto este remake como la versión original se basan en una novela obra de John Godey, que en esta oportunidad adapta el afamado Brian Helgeland, guionista de "L.A. Confidential". Con todo, siendo correcto el guión y a pesar de algunas incongruencias tonales que provocan la incredulidad y casi la sonrisa, lo más destacado y destacable es, como digo, la primorosa puesta en escena de Scott, que sabe utilizar como nadie un recurso que a mí me suele repatear bastante (la cámara lenta) pero que aquí queda de maravilla, aprovechándose también de un montaje portentoso y un sonido digno de Oscar. Los actores, ¿para qué engañarnos?, no están excesivamente brillantes, aunque tampoco chirría la actuación de ninguno de ellos. James Gandolfini hace de alcalde campechano que mezcla a Giuliani con Berlusconi, John Turturro vuelve a desempeñar un papel serio tras sus recurrentes roles cómicos en "Zohan" y los dos "Transformers", y las estrellas Denzel Washington y John Travolta parecen más interesados en reinvertarse física y estéticamente que en realizar composiciones de verdadera relevancia, si bien tengo que decir que, para variar, es Travolta quien le gana la partida a un Washington menos acertado que en otras ocasiones.

Luis Campoy

Lo mejor: la puesta en escena (fotografía, montaje, sonido...)
Lo peor: el tópico intento de convertir al mediocre funcionario que interpreta Denzel Washington en héroe a su pesar
El cruce: "Pelham 1,2,3" + "Jungla de Cristal 3" + "Spiderman 2"
Calificación: 8 (sobre 10)

domingo, 26 de julio de 2009

Cine/ "ICE AGE 3: El Origen de los Dinosaurios"



Poco hielo y muchos dinos


Al contrario de lo que suele suceder en estos casos, las dos secuelas de “Ice Age: La Edad de Hielo” (2002) no han hecho sino mejorar. Ya lo dije cuando se estrenó la segunda parte hace 3 años: no sólo la factura técnica era bastante superior a la original, sino que el film, en conjunto, era hasta más divertido. “Ige Age 3: El Origen de los Dinosaurios” sigue por estos mismos derroteros, y, en algunos pasajes, resulta no sólo entretenida sino incluso conmovedora. Los habituales protagonistas de la saga (los mamuts Manny y Ellie, el tigre de dientes de sable Diego, el perezoso Sid y la ardilla Scrat) se sumergen ahora en un submundo hasta entonces desconocido en el que todavía sobreviven enormes criaturas antediluvianas. Pero la aventura física no será la única que tengan que afrontar, pues Diego lleva muy mal el envejecimiento, Manny y Ellie van a ser padres por primera vez, Sid también quiere tener descendencia y hasta Scrat sucumbe a las mieles del amor. Además, damos la bienvenida a un nuevo héroe que tiene a su cargo los mejores momentos del film: Buck, una comadreja tuerta que persigue de modo enfermizo a un terrible tiranosaurio al que llama “cariñosamente” Rudy y que es, asimismo, el padre biológico de las crías a las que Sid estaba empeñado en adoptar. Como dije al principio, contra todo pronóstico, esta tercera parte me ha gustado más que a la segunda, la cual, a su vez, me satisfizo más que la primera; todo un logro, todo una sorpresa. Al frente de esta nueva “Ice Age” sigue estando el brasileño Carlos Saldanha, que comanda un equipo de magos de los pixels a sueldo de Blue Sky, la división animada de 20th Century Fox, empeñada en codearse con DreamWorks en la carrera por robarle el mercado a la imbatible pero a veces demasiado trascendente Pixar, cuyo objetivo de crear buenas películas, en ocasiones, le hace olvidar que, de vez en cuando, también da gusto ver películas simplemente entretenidas. Lo cierto es que “Ice Age 3” contiene diversión a raudales, bastantes carcajadas, no pocas emociones y hasta una muy buena banda sonora a cargo de John Powell, en la que destaca muy especialmente la poderosa balada “You'll Never Find Another Love Like Mine” interpretada por un Lou Rawls que nunca se pareció tanto a Barry White.


Luis Campoy


Lo mejor: el ritmo, la aventura, la música de John Powell, su falta de pretensiones
Lo peor: que el propósito de ser simplemente entretenida le impida ser más trascendente
El cruce: “Ige Age 2” + “Parque Jurásico 3” + “Moby Dick”
Calificación: 8 (sobre 10)

Cine/ "HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRINCIPE"

Harry Potter contra los zombies


La sexta aventura del mago adolescente más famoso del cine, "Harry Potter y el Misterio del Príncipe" se ha convertido (momentáneamente) en la película más taquillera de la Historia, al menos en lo referente a su primer día de exhibición en los Estados Unidos. La noticia no debería sorprender a nadie, porque es sabido que el público que mayoritariamente acude a las salas norteamericanas está integrado por jóvenes ávidos de encontrar propuestas con las que identificarse, y las adaptaciones de los libros superventas de J.K. Rowling constituyen un material inmejorable, tanto más cuanto más oscuras van haciéndose, una vez el protagonista va dejando atrás la niñez para adentrarse en una adolescencia trágica y peligrosa. En esta ocasión, vemos como Harry y sus inseparables Ron y Hermione afrontan su sexto curso en la Escuela Hogwarts, con el dolor todavía reciente tras la muerte de Sirius Black, la inútil satisfacción tras el procesamiento de Lucius Malfoy, padre de Draco, y, sobre todo y por encima de todo, la invisible pero opresiva presencia de Lord Voldemort, cuyos mortífagos se proponen asesinar al único mago lo bastante poderoso como para interponerse entre él y Harry, el venerable Albus Dumbledore. Ya ni siquiera Hogwarts es un lugar seguro, pero las hormonas siguen en ebullición y los estudiantes sucumben a la magia del flirteo y el enamoramiento, a veces ayudados por potentes filtros amorosos.

Lo cierto es que es más fácil encontrar virtudes que defectos en "Harry Potter y el Misterio del Príncipe", y, por tanto, es fácil hablar bien de ella. Naturalmente, siguen oyéndose las voces de los críticos más avezados (es decir: más veteranos) que consideran a Browning, Dreyer o Fisher como iconos inmutables del cine fantástico, como modelos inigualables pero, al tiempo, de obligada imitación, y a pesar de ello (de ellos) me parece que este David Yates (director tanto de ésta como de la anterior entrega y, si nada lo remedia, de las dos siguientes) no está haciendo haciendo las cosas mal del todo. El gran mérito de Yates es haber llevado la franquicia a su terreno, o, al menos, haber retornado al terreno que transitó, con gran acierto, el mexicano Alfonso Cuarón, quien, con la muy alabada “Harry Potter y el Prisionero de Azkabán”, restó comicidad y añadió dramatismo a las primeras entregas firmadas por Chris Columbus. Aunque mi favorita de entre las seis “potter movies” estrenadas hasta la fecha sigue siendo “Harry Potter y el Cáliz de Fuego”, tengo que admitir que tanto “La Orden del Fénix” como “El Misterio del Príncipe” pueden presumir de poseer un estilo propio basado en una fotografía de tonos acerados y una equilibrada mezcla de comedia universitaria y thriller de horror. No obstante, he de reconocer que hace ya dos películas que dejé de leer previamente los libros de J.K. Rowling, y no puedo ponerme en el lugar de los fans más acérrimos de la saga, que sostienen que este film traiciona deliberadamente algunos de los aspectos fundamentales de la novela, eliminando personajes importantes y banalizando algunos sucesos trascendentales que me resisto a referir aquí y ahora. Como dice el refrán, “Nunca llueve a gusto de todos”, y lo que a unos nos parece una peli bastante aparente y entretenida, a otros les causa náuseas al profanar un material casi sagrado. Con todo, estoy seguro de que todos, fanáticos y profanos, estarán de acuerdo en que todas y cada una de las majestuosas apariciones de Michael Gambon caracterizado de Dumbledore se merecen el aplauso unánime de la audiencia, en especial el momento en que él y Harry deben enfrentarse a los inferi (una especie de zombies) durante su búsqueda de los horrocruxes. ¿Estará Gambon en alguna de las dos partes de que constará “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte” en su paso por los cines...? Teóricamente no debería, pero ¿quién sabe?. La magia nos depara sorpresas todos los días, como ese repentino (¿o no?) romance entre Harry y Ginny Weasley, como la, no por cantada, menos dolorosa ¿malignidad? de Severus Snape o como la excelente composición de Tom Felton, un Draco Malfoy prisionero de su malévola herencia familiar. Será porque una parte de mí sigue declarándose eternamente adolescente, pero me sitúo del lado de los fans de Harry Potter, incluyendo ésta su sexta travesía cinematográfica; ¿y vosotros...?


Luis Campoy


Lo mejor: Michael Gambon, Tom Felton, el prólogo en un Londres tétrico e indefenso, la música de Nicholas Hooper
Lo peor: la poquísima relevancia que se le da al misterio del Príncipe Mestizo (que, al fin y al cabo, da título a la película), la música de Nicholas Hooper (que es muy bonita... pero no para ni un momento)
El cruce: “Harry Potter y la Orden del Fénix” + “Poltergeist” + “Los Diez Mandamientos”
Calificación: 8 (sobre 10)

viernes, 17 de julio de 2009

Cine/ "¿HACEMOS UNA PORNO?"


Risas cutres

Hace más de diez años, en el ya extinto Cine Casablanca de Alicante (una vieja sala reconvertida en dos preciosos minicines que, sorpresivamente, fueron demolidos al poco tiempo), tuve ocasión de ver una película que me encantó. Su nombre era "Persiguiendo a Amy", y su director, un tal Kevin Smith. Al tal Smith lo conocía de oídas, pero no había llegado a ver su celebradísima ópera prima, "Clerks", un film en blanco y negro rodado con cuatro dólares y provisto de un divertido humor iconoclasta. Así pues, "Persiguiendo a Amy" constituyó una doble sorpresa, no sólo porque desconocía el primer trabajo de Smith sino porque se trataba de una comedia romántica en la que, extrañamente, la comedia y el romance brillaban a igual altura y estaban perfectamente equilibrados. Con la perspectiva que da el tiempo, he de confesar que, en sucesivas revisiones, "Persiguiendo a Amy" me ha ido defraudando más y más, y que ninguna otra película de este mismo director me ha parecido realmente buena. Quizás aquel lejano día en el Cine Casablanca de Alicante estaba yo más inspirado o predispuesto de lo que nunca he vuelto a estarlo para con Smith. El caso es que es que este ya no tan joven realizador (al que quizás pudísteis ver como actor en "La Jungla 4.0") llevaba algún tiempo en el dique seco, tras haber ido alternando el cine con la escritura de guiones para comics, y "¿Hacemos una porno?" debería haber constituído su triunfal regreso. Sin embargo, cuando fui a verla lo que experimenté fue, una vez más, una considerable decepción. El rasgo característico de Kevin Smith solía ser la agilidad narrativa, la habilidad de pergeñar largas parrafadas en forma de cáusticos diálogos en los que no escaseaban los tacos y palabras soeces, pero en esta ocasión parece que se ha dejado llevar por la rutina y se limita a facturar un producto sin chispa en el que dos o tres ideas brillantes se ahogan en un océano de mediocridad. Zack (Seth Rogen) y Miri (Elizabeth Banks) son compañeros de piso que nunca o casi nunca se han mirado con ojos exentos de amistad. Acuciados por las deudas y ante la posibilidad de ser desahuciados, deciden rodar una película pornográfica en la que ellos mismos actuarán y cuyos destinatarios naturales serán sus antiguos compañeros de instituto. Ni cortos ni perezosos, reúnen a una serie de "actores" aficionados, a cada cual más friki, y a un operador de cámara no menos amateur, con los que, en el propio bar en el que trabajan, comienzan a rodar un disparatado film al que titular "Star Whores" (algo así como "La guarra de las galaxias")... Podía haber constituído una refrescante diversión veraniega, una sátira social sobre el modo en que la crisis nos afecta y nos obliga a replantearnos nuestra moralidad y nuestros principios, o incluso una herramienta de denuncia social no exenta de provocación, pero Kevin Smith no es Lars Von Trier y parece inspirarse más en Mariano Ozores que en Pedro Almodóvar (por poner dos ejemplos hispanos). Lo de que en una película de estas características todavía se simulen escenas porno, cuando se ve a la legua que sus actores llevan los calzoncillos y las bragas puestas, resulta de lo más cutre, y uno no puede evitar recordar aquellos subproductos que hicieron estrellas a Andrés Pajares y Fernando Esteso. Por lo demás, como decía al principio, es cierto que algunos gags provocan la sonrisa e incluso la carcajada, y que en algunos largos diálogos (sobre todo los que declama Seth Rogen) aún anidan retazos del indiscutible genio literario de su guionista y realizador, pero no es menos verdad que el conjunto podía haber dado muchísimo más de sí y que actores como Brandon (“Superman”) Routh, Justin Long y, sobre todo, la ex estrella porno Traci Lords están tristemente desaprovechados. Una pena; ¡con lo que todos necesitamos ahora reírnos con un poco de humor inteligente…!

Luis Campoy

Lo mejor: los diálogos a cargo de Seth Rogen
Lo peor: los calzoncillos y las bragas que los “actores” se dejan puestos mientras se supone que están en plena faena
El cruce: "Persiguiendo a Amy” + “Torremolinos 73” + “Los años desnudos”
Calificación: 6 (sobre 10)

RAYANdo en la exageración


No quisiera yo parecer racista ni xenófobo, nada más lejos de mi intención y de mi forma de ser, pero ¿no resulta excesiva la cobertura mediática que se le está dando al fallecimiento del pequeño y desdichado Rayan? Rayan es (era), como todo el mundo sabe, el hijo de Dalilah, la primera víctima mortal de la Gripe A (ex Gripe Porcina) en nuestro país, quien se hallaba embarazada y fue objeto de un parto inducido para intentar que al menos su bebé sobreviviera. O sea, de veras que me parece terrible que el infortunio se haya cebado de este modo en esta familia marroquí, pero ¿acaso no tenemos, todos, infortunios diarios, desgracias en cadena, pequeñas y grandes tragedias a las que no se les depara la más mínima trascendencia? Mirémoslo así: Rayan era hijo de inmigrantes, marroquíes en este caso, que, como tantos otros miles, se benefició o pudo beneficiarse del sistema sanitario español, bastante más avanzado y generoso que los que se hallan establecidos en la mayoría de países africanos y latinoamericanos. Si su madre, Dalilah, no hubiese contraído la nueva gripe, quizás ni siquiera habría nacido (todavía), pero estaría a punto de nacer y desde el principio disfrutaría de unas condiciones mucho más ventajosas que las que imperan en la tierra de sus padres. Pero sí, Dalilah, ya embarazada, contrajo esa nueva pandemia y se convirtió en importante para la prensa, en relevante para la estadística. Porque ¿quién era Dalilah? ¿Qué pensaba y qué sentía esa mujer? Creo que nadie, a excepción de su familia y amigos, tiene la más mínima idea. Dalilah es un dato, una anécdota, como cualquier otro de nosotros que sólo podemos escapar de nuestro anonimato merced a una concatenación de circunstancias. Las de ella fueron, ciertamente, penosas, pero, no olvidemos que, tratándose de una persona humilde, muy probablemente hubieran sido mucho peores si, en lugar de en Madrid, hubiese estado en Rabat o Casablanca. O quizás no; ¿quién sabe? Mohamed, su marido, a duras penas pudo maquillar el dolor de su pérdida enganchándose a la ilusión de su hijo recién nacido, y, ahora, un deplorable error médico le ha privado incluso de eso. Lo lamento. Todos lo lamentamos. Pero ¿es necesaria toda la parafernalia que se ha montado en torno a este asunto? Mohamed, el viudo y doliente padre, aparece en todos los telediarios de todas las cadenas exigiendo “Justicia”, y su tocayo, Mohamed VI, Rey de Marruecos, fleta de su bolsillo un avión con el propósito de que el bebé sea repatriado a tierras marroquíes. ¿He dicho “justicia”? ¿Soy yo el único que, cuando este pobre hombre dice “justicia”, lo que escucho es “venganza”? Joder, es que, si yo fuera la enfermera que cometió el desliz de alimentar al bebé por vía intravenosa, no sólo me sentiría compungida y condolida, sino que miraría con lógico recelo a cualquier morito que se me acercase demasiado. A mí y a mis hijos, si los tuviera. ¿Y Mohamed VI? A este señor habría que decirle que mande menos avioncitos a España y que se dedique más a mejorar las condiciones de vida y trabajo de su propio país, a ver si, así, sus súbditos pueden limitarse a viajar por placer o vacaciones, y no en busca de un empleo o de libertad.

lunes, 13 de julio de 2009

Cine/ "TRANSFORMERS 2: LA VENGANZA DE LOS CAÍDOS"


La diversión perfecta

Ante películas como la que nos ocupa, sobran las palabras. En todos los sentidos. Analizarla con profundidad es prácticamente imposible, porque carece de profundidad alguna. Su argumento es tan simple y pueril que me da la sensación de que, si me pongo a explicarlo, estoy perdiendo mi tiempo y haciéndoos perder el vuestro. Basta con decir que repiten los protagonistas (tanto humanos como robóticos) de "Transformers", con la excepción de Jon Voight, y que se les suma otro mamotreto cibernético que se hace llamar "The Fallen" ("El Caído"). ¿De qué va la película? No importa, ¿qué más da? ¿Qué emociones motivan a sus personajes? Muy posiblemente, ninguna; son todos estereotipos. Su vacío ¿literario?, su nadería ¿dramática? es total y causa vergüenza. Ahora bien... Esto es cine, amigos, y no literatura, y, una vez asumido el hecho de que no estamos ante una buena película, es necesario decir que nos hallamos ante un espectáculo cinematográfico sin parangón, una gozada para los sentidos de la vista y el oído. Si os digo que “Transformers 2: La venganza de los caídos” es una de las dos o tres películas más espectaculares que he visto jamás, no exagero mucho. Tampoco, si digo que sus efectos visuales son lo más de lo más. Naturalmente, la parafernalia visual no la redime de sus múltiples defectos, ya apuntados en la primera parte, y aquí yo diría que incluso exacerbados, pero ¿qué sentido tiene rasgarse las vestiduras a causa de ello? Si en la primera entrega al menos hacía hincapié en la refrescante composición del teórico protagonista, Shia LaBeouf, ahora tengo que decir que el pobre se ha convertido poco más o menos que en un personaje de dibujos animados, tan secundario como cualquier otro de los que le acompañan, con una única excepción. Megan Fox se ha erigido, merecidamente, en uno de los más tórridos sex-symbols del siglo XXI, y el director Michael Bay la fotografía descaradamente en todas las poses habidas y por haber, componiendo un almanaque en movimiento que haría las delicias de los mecánicos más lascivos. Por lo que respecta a los verdaderos reyes de la función, los robots gigantes transformables, todas y cada una de sus apariciones están resueltas con una magnificencia y un poderío visual que apabulla y, en cierto sentido, da algo de pena constatar que no ha sido puesto al servicio de una historia con algo más de enjundia. Pero ¿qué se le va hacer? Este es el estilo de Michael Bay: cine lleno de entretenimiento y espectacularidad… y totalmente vacío de contenido. Probablemente, la diversión perfecta.

Luis Campoy


Lo mejor: los efectos visuales, el sonido, la fotografía
Lo peor: el argumento, los diálogos, todos y cada uno de los actores
El cruce: “Transformers” + “Jumper” + “La Momia”
Calificación: 8 (sobre 10)

jueves, 9 de julio de 2009

Michael vs. Cristiano


Los primeros días de esta semana han estado monopolizados por dos super estrellas: Michael Jackson y Cristiano Ronaldo. Pensando sobre ésto, he descubierto abundantes conexiones entre uno y otro personaje. Para empezar, hay que reseñar que ambos cosecharon sus mayores éxitos vestidos de rojo: Michael, con la cazadora que lucía en el famoso videoclip de “Thriller”, y Cristiano, con la camiseta del Manchester United. También en aquel video, Jackson aparecía rodeado de zombies, algo parecido a lo que le va a suceder a Ronaldo cuando juegue en el Bernabéu (con muertos vivientes como Raúl, Guti o Salgado). Los escándalos acompañaron frecuentemente al Rey del Pop, cosa a la que tampoco es ajeno el Chuleta del Balón. Las malas lenguas decían que Jacko solía compartir cama con tiernos infantes, mientras que CR9 hace lo propio pero con “infantas” como Paris, princesa heredera del Imperio Hilton. Janet Jackson, hermana de Michael, tuvo problemas porque se le escapó una teta durante una actuación; Paris Hilton, ligue de Cristiano, es popular, entre otras cosas, por exhibir “descuidadamente” su (carísima) ropa interior. El artista norteamericano se lució contoneándose en el video de su tema “Bad”; el futbolista portugués dicen que se contonea igual de bien en el campo que en la cama (“bed”, en inglés). Michael Jackson solía cubrirse la cara con mascarillas o caretas; Cristiano Ronaldo no va a tener más remedio que taparse el careto si quiere pasar inadvertido cuando salga a comprar el pan o el “As”. Para más INRI, y, por si no os lo había dicho antes, la hija del negro más blanco y la ya citada amiguita del luso comparten incluso el nombre: ¡¡Paris!!. Todo el mundo sabe que a Michael le empezaron a ir mal las cosas cuando se hizo blanco; posiblemente, el mismo destino le aguarda al futuro ex-Balón de Oro…

lunes, 6 de julio de 2009

Depilandia


Durante mi primera hora de estancia en el Parque Acuático "Aqualandia" tan sólo ví torsos de hombre depilados. Desde el mismo momento en que bajé del coche en ese entorno situado a pocos kilómetros de Benidorm, empecé a ver chicarrones musculosos, casi siempre en grupitos de cuatro o cinco elementos, que exhibían sus anatomías hiperdesarrolladas. ¿Sería el Día del Orgullo Metrosexual? ¿Se trataría de la Primera Jornada de Encuentro con los Anabolizantes? ¿Habría traspasado algún portal interdimensional y me hallaba de repente en otro país? Pasaron casi tres horas hasta que logré convencerme de que todavía estábamos en España: por fin me tropecé con algunos especímenes del Macho Ibérico de toda la vida, bajitos, velludos, medio calvos y a salvo de pendientes, piercings y tatuajes. Los hombres que, como yo, nos conformamos con ser bellos por dentro aun a costa de mantener el vello por fuera y, paralelamente, no hemos sentido la necesidad de colgarnos abalorios ni pintarrajearnos la piel, empezamos a convertirnos en una especie en peligro de extinción. ¿Habrá tenido algo que ver el hecho de que hoy se presenta en cierto estadio de la Capital de España un individuo que ha copado durante meses las portadas de los diarios deportivos madrileños? ¿Se habrán puesto de acuerdo todos los descerebrados de este país en pretender parecerse a Cristiano Ronaldo? No puedo confirmar esta teoría, pero sí es innegable que la coincidencia de tal superpoblación de bíceps y pectorales con la celebración del Día del Orgullo Gay me dio bastante que pensar. Aquellos hombres, en actitud sospechosamente exhibicionista, superaban ampliamente en número a las mujeres, las cuales, mucho más juiciosas, vestían, en su mayoría, bikinis funcionales y caminaban de modo natural sin meter barriga ni forzar posturitas que resaltaran su musculatura. Por suerte, hacia la hora de comer, aquéllo ya se parecía a la España nuestra de toda la vida, con la notoria salvedad del cacao idiomático que hacía pensar en una húmeda Torre de Babel. En cada una de las decenas de piscinas existentes y en los casi laberínticos accesos a ellas podía uno tropezarse con gente que hablaba tanto en castellano como en inglés, alemán o valenciano. De tanto escuchar y de tanto leer los carteles orientativos, quien no acababa aprendiendo lenguas nuevas era porque no quería. En la cola de la pizzería, nos pasamos alrededor de media hora esperando a que los jóvenes estudiantes de una academia veraniega recibiesen su pedido de veinticinco unidades, y, cuando ya pensábamos recrearnos en la degustación de nuestra comida, un tufillo fácilmente reconocible invadió mis fosas nasales. Hasta ese momento lo peor que había olido era el cloro que saturaba las piscinas y el incalificable hedor que manaba de los desagües, pero tener que comer mientras una oronda doncella embutida en un bañador negro se fumaba un porro en presencia de su hijo, un mozalbete tocado con coleta torera, era algo que no estaba dispuesto a soportar. Menos fácil que cambiarnos de mesa fue entrar en los urinarios públicos, una de las instalaciones más visitadas y en la que uno no sabía muy bien si la sustancia resbaladiza que cubría el pavimento era simple agua que chorreaba de los bañadores. Por si acaso, la segunda vez que entré lo hice hábilmente protegido por mis chanclas de diseño. La segunda jornada de este fin de semana en el que prácticamente lo que menos hice fue acatar el slogan subyacente en el nombre de la localidad ("Ben-i-dorm" = "Ven y duerme", ¿no?) me deparó una calurosa pero muy instructiva mañana de domingo en la reserva de avifauna llamada Mundomar, que, en realidad, linda puerta con puerta con Aqualandia. Paradójicamente, el ecosistema que en teoría debería acoger (y acoge) a bichos marinos de diversa especie y filiación, se abre al visitante con una amplia exposición de loros, cotorras y papagayos, aves que fueron, también, las primeros en protagonizar un show a las órdenes de tres bellas señoritas disfrazadas de comanches (o así). Creo que lo que más me gustó de Mundomar fue que, para variar, todo estaba limpio y los animales que actuaban y los que tan sólo se dejaban ver parecían sanos, felices y contentos. Qué contraste con los circos ambulantes que recorren nuestras carreteras llenos de bichos que parecen ancianos, enfermos y patéticamente carentes de toda higiene... Por el contrario, todas las criaturas que habitan el parque benidormense lucen hermosas y lustrosas y da gusto mirarlas (y me estoy refiriendo a las que caminan a cuatro patas o poséen un par de alas o aletas), y tienen más arte que los pipiolos del concurso "Fama... a bailar". La siguiente exhibición que presenciamos fue la de los leones marinos (con alguna foca como invitada especial), aunque lo mejor de todo, la apoteosis del Parque, es el espectáculo de los delfines, diez adultos y sus crías, que os digo yo que a Flipper lo dejaron a la altura del betún. Qué maravilla, oiga. La cosa comienza con cinco "sirenitas" coreografiadas por Busby Berkeley, y poco a poco van sumándose a la fiesta unos adorables saltimbanquis que tan pronto se ganan una medalla de oro en el salto de altura como arrastran una pequeña embarcación con dos pasajeros infantiles que debieron acabar tan complacidos como empapados. Yo me preguntaba cómo podían existir personas capaces de hacer daño a aquellos hermosos, gráciles y nobles animales, y sólo se me ocurría que quien lo hiciera no debía ser persona sino... animal. Inmerso durante 8 horas en un Edén de la Naturaleza, sentí que el tiempo pasaba volando y sólo me faltó lo que tanto me había saturado el día anterior: un bañito en una de aquellas piscinas de agua cristalina en las que la especie dominante, al menos el primer sábado de Julio, fue el Homo Depilatus...

jueves, 2 de julio de 2009

Cine/ "KIKA SUPERBRUJA Y EL LIBRO DE HECHIZOS"


¿Cine para niños o cine para tontos?

Le prometí a mi hija que hablaría sobre esta película, y una promesa es un hecho vinculante que un buen padre no debe quebrar. "Kika Superbruja y el Libro de Hechizos" adapta el primero de los libros escritos por el alemán Knister acerca de una bruja infantil que asume la enorme responsabilidad de defender el mundo de un malévolo mago que quiere conquistarlo. Le acompañarán en su empresa un pequeño dragón hablador y su propia pandilla de amigos, además de la anciana hechicera a la que debe relevar. Alguna vez he hablado acerca de que, a la hora de abordar el cine infantil, existe la creencia de que los niños tan sólo son capaces de disfrutar aquellas películas cuyos actores compensan la torpeza de los diálogos que tienen que recitar con grandilocuentes aspavientos y gestos sobreactuados. "Kika Superbruja" se acoge por entero a esta tendencia, que, desde mi punto de vista, es totalmente errónea. Casi podría afirmar que películas como ésta me parecen dirigidas no a niños, sino a niños tontos, cosa que, obviamente, es bastante distinta. Sin embargo, dado que a mi hija pareció satisfacerle el film, y dado que, amor de padre aparte, he de afirmar que de tonta no tiene un pelo, posiblemente habría algo que a mí se me escapó, algo que no llegué a percibir, algo que no supe disfrutar. Sólo diré que, desde mi humilde punto de vista de cinéfilo veterano, otros productos de corte infantil me han parecido muchísimo más satisfactorios, y, en esa categoría de “productos infantiles satisfactorios”, me atrevería a englobar desde “E.T. El Extraterrestre” hasta “Cars” o “Los Increíbles”, pasando por “La princesita”, “Un puente hacia Terabithia” o “Pequeños guerreros”, por poner tan sólo algunos ejemplos. Por el contrario, no me gustaron ni me gustan otro tipo de alternativas tales como los títulos dedicados al dúo Enrique y Ana o al grupo Parchís en los años 80, las dos entregas de “Mortadelo y Filemón” o el ya vetusto serial de “Pippi Calzaslargas”. Precisamente “Kika Superbruja y el Libro de Hechizos” parece una coctelera en la que se han vertido todos los ingredientes que hicieron populares a tales producciones: narración desde una perspectiva infantil en la que todos los adultos son unos auténticos estúpidos, defensa a ultranza del microcosmos formado por la familia y el pequeño círculo de amigos íntimos, humor basado en la ridiculización y el slapstick y apañados efectos visuales que, no obstante, en ocasiones se tornan de lo más cutres. Coproducción entre varios países europeos, la aportación española se reduce a una sobreactuada Pilar Bardem, siendo lo único destacable la acertada elección de la actriz infantil Alina Freund que da vida a la superbruja protagonista, la cual, por cierto, en el original tanto literario como fílmico se llama “Lilli” y no “Kika”; virtuosos que son nuestros traductores… El director a cargo del proyecto se llama Stefan Ruzowitzky y ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa por “Los falsificadores”, la cual me atrevo a aventurar que resultaría bastante más satisfactoria que la presente.


Luis Campoy


Lo mejor: sin duda, la avispada niña protagonista
Lo peor: la sobreactuación de todos los actores adultos, con especial mención a Pilar Bardem
El cruce: “Pippi Calzaslargas” + “Mortadelo y Filemón” + “Las aventuras de Enrique y Ana”
Calificación: 4,5 (sobre 10)