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sábado, 13 de junio de 2009

Cine/ "TERMINATOR: SALVATION"


Un aceptable nuevo comienzo

Más que el triunfo de los humanos sobre las máquinas, "Terminator: Salvation" representa el triunfo del idioma inglés sobre el español. Una cosa es que llevemos 25 años asumiendo que el vocablo anglófono "Terminéitor" suena mejor que el castellano "Terminador"; otra cosa es que nos veamos obligados a referirnos a esta cuarta entrega como "Terminéitor: Salvéision", rizando el rizo de la anglofilia y el extranjerismo. Disquisiciones lingüísticas aparte, me consta que mucha gente se ha visto sorprendida por el estreno de un cuarto capítulo de una franquicia que parecía agotada tras la no muy afortunada "Terminator 3". Pero, como diría Jack el Destripador, vayamos por partes. Hace ahora veinticinco años llegaba a nuestros cines una producción relativamente modesta realizada por un joven y todavía poco experimentado director llamado James Cameron, en la que dos personajes venidos del futuro, uno bueno, Kyle Reese (Michael Biehn) y otro malo, un robot Terminator modelo T-800 (Arnold Schwarzenegger), trataban de localizar a una muchacha llamada Sarah Connor (Linda Hamilton). Sarah estaba destinada a ser la madre de John Connor, el hombre que, muchos años después, lideraría a los humanos en su lucha contra las máquinas, las cuales conquistarían la Tierra tras una jornada aciaga conocida como "El Día del Juicio Final". Huyendo del Terminator, el cual posée de un potencial destructivo casi ilimitado, Reese y Sarah Connor acababan enamorándose, y de ese amor nacería un niño al que Sarah pondría por nombre... John. 25 años (34 según la cronología interna de la saga) y tres películas después, "Terminator: Salvation" nos cuenta cómo John Connor (con los rasgos de Christian Bale) ha conseguido, efectivamente, sobrevivir al Día del Juicio Final y es uno de los miembros más respetados de la Resistencia, un ejército paramilitar que aglutina a los cientos de hombres y mujeres que han decidido hacer frente a los Terminators dirigidos por Skynet (el superordenador que adquirió conciencia y programó a todas las máquinas para que sometieran y asesinaran a sus creadores y a la Humanidad en general). La obsesión de John no es sólo destruir a cuantos Terminators pueda, sino, sobre todo, localizar a un todavía adolescente Kyle Reese (recordemos: su futuro padre) para que los robots no le encuentren primero y pueda así viajar al pasado para dejar embarazada a su madre (la cual murió en algún momento entre “Terminator 2” y “Terminator 3”), con lo que se asegurará la continuidad de la Historia tal como la conocemos. Paralelamente, entra en escena un hombre llamado Marcus Wright (Sam Worthington) cuya memoria ha sido borrada y que esconde un terrible secreto que ni él mismo conoce... Si el primer "Terminator" de James Cameron fue una sorpresa por su ingenioso argumento y, sobre todo, por sus efectos especiales (algunos de los cuales, aun siendo muy novedosos para su tiempo, vistos hoy en día, demuestran haber envejecido mal), la segunda entrega, "Terminator 2: El Día del Juicio Final" constituyó un éxito rotundo, rebasando ampliamente al de la película original. La incorporación de técnicas informáticas todavía no superadas convirtió a este film en un auténtico hito, uno de esos sucesos que marcan un antes y un después y hacen que el Cine en particular y la tecnología en general dén un paso de gigante. Como no hay dos sin tres, todavía aparecería un ya cincuentón Schwarzenegger en una tercera parte, "Terminator 3: La rebelión de las máquinas", de la que se alejaría Cameron (que lleva 12 años, desde "Titanic", sin estrenar película alguna) y que finalmente rodaría Jonathan Mostow, presentando un producto no del todo desdeñable pero que estaba a años luz de la primera y, sobre todo, de la segunda aventura. Se supone que esta "Terminator: Salvation" marca el inicio de una segunda trilogía, y he de decir que no es en absoluto un mal comienzo. Tenía el hándicap de contar como director con el inefable McG, responsable de la horrorosa "Los Angeles de Charlie" y su inenarrable continuación, pero hay que reconocer que, sin ser (ni tampoco pretenderlo) una obra maestra, este cuarto eslabón contiene numerosos alicientes y supera ampliamente a la floja "Terminator 3". Son varios los puntos fuertes de "Terminator: Salvation"; sin ir más lejos, unos efectos especiales que rozan la perfección; una fotografía “quemada” que retrata magníficamente ese mundo post-apocalíptico en el que terribles robots de diversos tamaños asesinan, exterminan o "cosechan" a los humanos, con los que pretenden realizar innombrables experimentos; una partitura de Danny Elfman que incorpora nuevas melodías pero sabe recuperar la sonoridad del tema original de Brad Fiedel; y una realización de McG que no es ni mucho menos tan mala como la mayoría nos temíamos. Pero lo mejor del film es, por un lado, la estupenda composición de Sam Worthington, un actor que va a ser estrella (recordemos que en el reparto también están Bryce Dallas Howard, Anton Yelchin – Chekov en la nueva “Star Trek” - , Helena Bonham-Carter y Michael Ironside, este último cada vez más parecido a Jack Nicholson), y, por otro, el reencuentro con un viejo amigo/enemigo: el Terminator T-800 original, al que da vida un anónimo y fornido Ronald Kickinger cuyo rostro ha sido sustituído digitalmente por el de... Arnold Schwarzenegger. Terminator ha vuelto, y, si las posibles nuevas entregas son, como mínimo, tan buenas como ésta, esperemos que para quedarse.

Luis Campoy

Lo mejor: los efectos especiales, Sam Worthington, la aparición del Terminator original
Lo peor: la niña que acompaña a Kyle Reese
El cruce: "Terminator" + "La guerra de los mundos" + "Soy leyenda"
Calificación: 8,5 (sobre 10)

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