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lunes, 18 de mayo de 2009

Cine/ "ANGELES Y DEMONIOS"


El Código Bernini


A menudo, en un ataque de humildad, confieso en este mismo espacio que no sé nada de cine. Porque sólo desde la ignorancia puedo entender que existiese tal unanimidad hace tres años a la hora de denostar "El Código DaVinci" como la que parece haber ahora para ensalzar a su secuela, "Angeles y Demonios". Claro que también puede que se trate de una forma más bien cobarde de reconocer tardíamente las virtudes de una saga que viene dirigiendo con buen pulso Ron Howard, quien hace lo que puede con los guiones que le pasan en base a las novelas de Dan Brown. En "Angeles y Demonios" se muestran los fastos que la Iglesia tiene que llevar a cabo tras la muerte de un Papa y que culminarán con la fumata blanca que anuncia la elección de un nuevo pontífice, todo ello bajo la amenaza de una terrible secta conocida como los Illuminatti, que ha robado una bomba antimateria y pretende hacerla estallar causando la destrucción del mismísimo Estado Vaticano. El único hombre en todo el mundo capaz de desenredar los diabólicos acertijos urdidos por los Illuminatti es el profesor Robert Langdon, vetado hasta ahora por la Iglesia pero a quien no tienen otro remedio que pedirle urgente ayuda... A "El Código DaVinci" se le criticó todo y no se le elogió nada, y ya en su momento dije (y mantengo) que éso olía a campaña a gran escala para evitar que el "herético" relato de Brown consiguiese interesar al público librepensador (incluso a mí me dejaron un comentario, obviamente anónimo, llamándome "hereje", y todo porque defendí la película). Lo que se consiguió, naturalmente, fue que, mientras la crítica decía perrerías del film, la taquilla echase humo, y es que basta con prohibir o censurar algo para multiplicar la curiosidad de los espectadores. Tres años después, se estrena la adaptación de la primera novela de Dan Brown protagonizada por Robert Langdon, si bien reconvertida aquí en secuela. Un plano del film refleja, para mí, la auténtica filosofía del mismo. La cámara se detiene en unas botas de hombre, que fotografía causando un efecto ciertamente amenazador, y a continuación asciende lentamente, revelando los cordones, el empeine y luego... nada. Se trata de unas botas vacías, y el público que prácticamente abarrota la sala se ríe, y quizás alguno recordó que ese mismo gag ya aparecía, mucho más apropiadamente, en "Top Secret", la loca comedia del trío ZAZ. Con todo, es justo reconocer que mucho ha mejorado Ron Howard en estos últimos años; se notaba en "El desafío: Frost contra Nixon", al menos en la parte que yo ví hasta que me rebelé contra la piratería (prefiero no ver una película a verla vilmente repicada en internet). Sin embargo, sigue faltándole cierta madurez, cierta seriedad, cierta convicción en que lo que cuenta es una historia posibilista y no un cuento de hadas. Gran parte de "Angeles y Demonios" está dedicada a ilustrar, con gran detallismo, la liturgia y la parafernalia con la que el Vaticano celebra el entierro del Papá fallecido y la elección y proclamación de su sucesor; parecen secuencias diseñadas por el director de segunda unidad, y, en cualquier caso, su excelente montaje no puede obviar que su solemnidad se da de palos (por no decir de hostias) con la irrupción forzada de algunas concesiones melodramáticas. Sin ir más lejos, que el nuevo Pontífice se vista por primera vez la tiara y demás atavíos en presencia de un extraño, para más INRI, un reconocido ateo (Langdon / Hanks en el epílogo del film), le quita toda credibilidad a lo que acabamos de ver. Pero es que lo que acabamos de ver no sólo contiene escenas muy bien resultas, sino algunas memeces que causan hilaridad. En la escena inicial, ¿por qué algunos de los científicos hablan en francés -subtitulado para profanos- y otros en un ridículo español (inglés en el original) con acento francés? ¿Era necesario que en la primera aparición de Robert Langdon -Tom Hanks- se mostraran tan impúdicamente los michelines y la prominente barriga del actor? Son tan obvias las intenciones de Howard de hacernos aparecer al joven Camarlengo (la máxima autoridad de la Santa Sede durante el período "electoral", aquí encarnado por Ewan MacGregor) como bueno y heroico y al Cardenal Strauss (Armin Mueller-Stahl) y el jefe de la Guardia Suiza (Stellan Skarsgard) como villanos, que resulta inevitable intuir que, al final, las cosas son justo lo contrario de lo que parecen. El suspense, por tanto, brilla por su ausencia, y sólo queda en "Angeles y Demonios" la habitual intriga prolífica en citas culturales habitual de Dan Brown, la tensión que dimanan las secuencias de acción y, por supuesto, la belleza de la Roma neoclásica, trufada de Iglesias y preñada de esculturas hermosas y misteriosas obra de artistas como Rafael o Bernini, el cual fue, según el film, uno de los principales "Iluminados" y cuyas creaciones esconden la respuesta al enigma que pone en peligro a la Cristiandad.

Luis Campoy

Lo mejor: la fotografía de las iglesias romanas, las secuencias de acción
Lo peor: hasta un ciego ve venir el desenlace desde el mismo inicio
El cruce: “El Código DaVinci” + “La Profecía” + “Jungla de Cristal: La Venganza”
Calificación: 6,5 (sobre 10)

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