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miércoles, 8 de abril de 2009

"EVITA", la biografía musical del Arco Iris de Argentina

1975. Han pasado ya cinco años desde la grabación del disco conceptual que dio origen al fenómeno en que se convirtió “Jesus Christ Superstar”, y dos desde el estreno de la película homónima que acabó por otorgarles repercusión universal. Andrew Lloyd Webber y Tim Rice son poco menos que millonarios pero se sienten demasiado jóvenes como para vivir de las rentas, por lo que intentan plantearse nuevos desafíos. Webber ha compuesto la banda sonora para la película “The Odessa File” (titulada simplemente “Odessa” en España), y, presionado por el productor Robert Stigwood, quien ya había financiado “Superstar”, duda entre Mata Hari, Juana de Arco, Peter Pan o el Jeeves de P.G. Woodehouse como personajes centrales de su siguiente obra. Entretanto, Rice se ha tomado unas vacaciones en Argentina. Hallándose en la patria del Tango, piensa que el máximo icono del género, Carlos Gardel, podría ser el protagonista perfecto de un musical lleno de ritmos latinos, pero, durante un paseo en taxi, escucha en la radio la reseña de un libro titulado “Evita, la mujer del látigo”, escrito por Mary Main, que los grupos antiperonistas están utilizando para deslucir la campaña del General Perón con motivo de su segunda elección como Presidente de la República. Aquel cuento de la Cenicienta que provocó el delirio de millones de personas convencidas de que la ex-primera dama Eva Perón era poco menos que una Santa, mientras que otros la veían como una arribista sin escrúpulos, fascina al joven libretista.
 De nuevo en Inglaterra, Rice le cuenta a su todavía amigo (fue muy sonada su ruptura persona y profesional, que acaeció a finales de la década de los setenta) que ya ha encontrado la inspiración que necesitaban, y éste se sienta de inmediato ante el piano. Pocos días después, Andrew llama a Tim para invitarle a escuchar la melodía alrededor de la cual girará su nueva creación: se trata de “It’s Only Your Lover Returning”, que, unos meses después, cambiaría su título por el archipopular “Don’t Cry For Me, Argentina”.

Una Cenicienta latinoamericana
Argentina, 26 de Julio de 1952. Che es un ex-estudiante de Medicina frustrado y deprimido que, como tantos argentinos, se refugia en el cine para olvidar las penurias de la vida cotidiana. Durante la proyección de una película, un comunicado oficial es leído a todos los asistentes: “Es el triste deber de la Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia el anunciar al Pueblo Argentino que Eva Perón, Jefa espiritual de la nación, entró en la inmortalidad a las 20:25 del día de hoy”. El fallecimiento de Eva, a quien se conoce cariñosamente como “Evita”, parece conmover a todos los argentinos… menos a Che. En medio de un funeral de Estado que más parece un circo, la memoria del disidente retrocede hasta 1936, momento en que conoció a una jovencita de apenas 15 años que atendía al nombre de María Eva Duarte. Hija de un hombre de clase alta que mantenía simultáneamente dos familias, la “rica” y la “pobre”, Eva vivía en el pequeño pueblo de Junín, y había accedido a convertirse en la querida de un cantante de tangos llamado Agustín Magaldi, tan sólo para que éste la sacara de la miseria y la llevara a la gran ciudad: Buenos Aires. De nada sirven las excusas y protestas de Magaldi, apelando a la excesiva juventud de la chica, y, en el momento en que ambos llegan a la metrópoli, Eva le abandona. Sirviéndose de sus encantos, Eva va utilizando a cuantos hombres influyentes encuentra en su camino para labrarse una carrera “profesional” que la hace pasar de modelo a actriz de radio y teatro para convertirse, finalmente, en estrella de cine. Paralelamente, un joven coronel llamado Juan Domingo Perón va subiendo peldaños en el escalafón militar. Es una época convulsa en la que se suceden los golpes de estado, siempre con el Ejército marcando los tiempos y controlando los destinos de los civiles, y Perón accede al Gobierno y llega a ser nombrado Secretario de Estado. En 1944, durante la celebración de un concierto de beneficencia, coinciden Magaldi y Eva, pero ahora ella es la famosa y él está casi acabado. También pulula por allí el joven Che, que conoció a ambos en la época de Junín, y es testigo del momento en que Perón y Eva se encuentran por primera vez, y de ese encuentro nace un romance sustentado en el amor pero también en la conveniencia: un político y una estrella de cine, juntos, pueden triunfar mucho más rápido que si lo hicieran por separado. A la semana siguiente, Eva se muda al apartamento de Perón, y no duda en expulsar de malas maneras a la joven concubina de éste. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, se produce un nuevo golpe de estado y Perón, derrocado, se plantea el exilio como única opción. Eva se opone a una huída que le parece un acto de cobardía, y se las ingenia para movilizar a los sindicatos y el proletariado, forzando la celebración de unas elecciones generales que, el 24 de febrero de 1946, convierten a Juan Domingo Perón en presidente electo de Argentina.
En el balcón de la Casa Rosada, el palacio presidencial, Perón pronuncia un discurso en el que agradece el apoyo popular y enseguida cede el protagonismo a su flamante esposa (se habían casado en secreto en Junín), que ya se llama Eva Duarte de Perón y desde ese momento es la Primera Dama de la nación. Los pobres, los descamisados, escuchan a su “Evita” casi en estado de trance y entre lágrimas de emoción, y el escepticismo de Che está a punto de costarle su detención a manos de la policía secreta de Perón; el populismo no tiene por qué obviar un rígido control policial. Pero no sólo Che es inmune a los encantos de Eva, y surgen dos poderosos enemigos que no cesarán de mostrarle su oposición: por un lado, está el estamento militar, que no le perdona su influencia democratizadora sobre Perón, y, por otro, se halla la oligarquía, la aristocracia, consciente de que quien los gobierna es una plebeya bastarda que además ha llegado hasta donde está sirviéndose de su cuerpo y sus encantos. El mundo quiere conocer al fenómeno que ha convulsionado a la América Latina, y Perón la manda de tournée por Europa. La “Gira del Arco Iris” empieza bien en España (Franco y Perón son ambos militares y conocen bastante bien el arte del golpismo), pero las siguientes etapas del viaje (Italia, Portugal y Francia) se convierten en escollos insuperables. En Inglaterra, la Reina se niega a recibir a Eva, y la gente la insulta llamándola “puta”; cuando ésta se queja a uno de sus guardaespaldas, él le contesta: “Pero, señora Perón, ése es un error muy común; a mí aún me siguen llamando ‘Almirante’, a pesar de que hace tiempo que no navego”. Al término de la gira, Eva aparece seriamente desmejorada, pero todos lo atribuyen al simple cansancio. Eva ha creado una Fundación benéfica con la que se pretende ayudar a los más pobres, los “descamisados”, que han empezado a llamarla “Santa Eva”. Cuando Che la increpa porque los fondos de la Fundación no llegan hasta sus legítimos beneficiarios, Eva se limita a contestarle con evasivas referidas a la inevitable simbiosis entre el poder y la corrupción. Perón, por su parte, se convierte en blanco de las críticas por la crisis económica que no consigue atajar y que incluso afecta a las legendarias reservas de carne de vacuno argentino. Pero su mayor preocupación es Eva, quien está cada día más débil, y finalmente se le diagnostica un cáncer de útero. Cuando Perón trata de convencerla para que abandone la vida pública, ella se obstina en hacer justo lo contrario, y consigue que su marido la nombre Vicepresidenta. Pero la realidad es que su salud es tan delicada que a los pocos días se ve obligada a dimitir y, mientras su vida pasa ante sus ojos como una exhalación, fallece a la temprana edad de treinta y tres años. Pero ni siquiera en la muerte Eva obtiene el necesario descanso. Derrocado nuevamente Perón en 1955, el cuerpo embalsamado de Evita es secuestrado y no será recuperado hasta 14 años después… 
Entre el vinilo y las tablas
A pesar de que Robert Stigwood quedó inmediatamente entusiasmado tanto con la música como con las posibilidades dramáticas del texto, Andrew Lloyd Webber insistió en repetir la fórmula que tan bien les funcionase para “Superstar”, por lo que se enfrascó en la grabación de un “concept disc” (“disco conceptual”) que salió a la venta en octubre de 1976. Julie Covington como Eva, Colm Wilkinson (futuro protagonista de “Les Miserables” y que en aquella época aún se hacía llamar “C.T. Wilkinson”) como Che, Paul Jones como Perón, Barbara Dickson como la amante de éste y Tony Christie como Magaldi fueron los intérpretes de un álbum doble que, a imitación del de los Beatles, se editó en tapa blanca y con una portada en la que apenas figuraba la supuesta firma de la mandataria fallecida. El tema central, “Don’t Cry For Me Argentina”, cantado por Julie Covington, se encaramó enseguida al número uno de las listas británicas, y muy pronto fue versionado por Petula Clark, Karen Carpenter y Nacha Guevara, que fue la primera en interpretarlo en español. El segundo sencillo fue “Another Suitcase In Another Hall”, en la voz de Barbara Dickson. Lo primero que llegó a España fue, no obstante, una versión instrumental en formato single, que en la cara A llevaba el “Don’t Cry For Me Argentina” y en la B, “On This Night Of A Thousand Stars”, la canción que en la obra interpreta Magaldi y que en esta adaptación había sido orquestada para acentuar aún más su innegable parecido con el famoso “Cerezo Rosa” de Pérez Prado.

Por su parte, Tim Rice decidió desoir las virulentas críticas que su libreto había cosechado en América del Sur en general y en Argentina en particular, dado que presentaba a Evita como “una prostituta ambiciosa e inescrupulosa”. Tratando de contrarrestar tal imagen, en Buenos Aires se publican a contrarreloj no una sino dos biografías de Eva Duarte: “The Real Lives of Eva Perón”, de Nicholas Fraser y Marysa Navarro, que desvela algunos errores históricos contenidos tanto en el texto de Rice como en el libro de Mary Main que de algún modo lo inspiró, y “Evita vive”, original de Néstor Perlongher, en el que poco menos que se pide su beatificación. Otro aspecto que se criticó muchísimo a Rice fue la participación de un personaje llamado “Che” como narrador de la historia. Obviamente, todo el mundo pensó que “Che” era Ernesto “Che” Guevara, estudiante argentino reconvertido posteriormente en libertador cubano, lo cual conllevaba una serie de incongruencias históricas, ya que Evita y el Che Guevara, aun siendo contemporáneos, jamás se conocieron. Rice evitó en todo momento que sus letras concretasen si “Che” era o no “El Che”, pero lo cierto y verdad es que, en todos los montajes teatrales de la obra, el personaje aparecía caracterizado con pelo largo, barba, boina y la indumentaria paramilitar característica del revolucionario cubano-argentino.
Con vistas a su estreno teatral, Andrew Lloyd Webber y Tim Rice realizaron algunos cambios en la obra, tales como puntuales retoques en canciones como “Dice Are Rolling”, “Eva’s Sonnet” y “Oh What A Circus!” y la completa sustitución de un tema del disco, “The Lady’s Got Potential” por una nueva composición titulada “The Art of the Possible”, cambio en el que el protagonismo inicial de Che pasa a un Coronel Perón cuya llegada al poder se asemeja al juego de las sillas. “Evita”, el musical, se estrenó en el Prince Edward Theatre del West End londinense el día 21 de Junio de 1978, con dirección escénica de Harold Prince y coreografía de Larry Fuller. Robert Stigwood, como ha quedado dicho, fue el orgulloso productor, y el elenco estuvo compuesto por Elaine Paige como Eva (Julie Covington se negó taxativamente a interpretar en escena al personaje que había creado en vinilo), David Essex como Che y Joss Ackland como Perón. La respuesta popular fue apabullante, y las críticas, sobresalientes. La obra recibió dos Premios Olivier (Mejor Nuevo Musical y Mejor Interpretación en un Musical, para Elaine Paige), y el salto a Broadway era inevitable. El debut neoyorquino tuvo lugar el 25 de Septiembre de 1979 y, en el apartado técnico, repitieron Stigwood, Prince y Fuller, si bien todos los intérpretes fueron sustituídos en favor de Patti LuPone (Eva), Mandy Patinkin (Che) y Bob Gunton (Perón). Los galardones tampoco se hicieron de rogar, y “cayeron” siete premios Tony (Mejor Musical, Mejor Partitura, Mejor Libreto, Mejor Dirección, Mejor Actriz – Patti LuPone, Mejor Actor – Mandy Patinkin y Mejor Diseño de Iluminación) además de otras cuatro nominaciones más, entre ellas la de Bob Gunton como Mejor Actor de Reparto. Durante cuatro años ininterrumpidos, este montaje de “Evita” constituyó un éxito apoteósico.

Era evidente que una obra cuya acción transcurre en la América de habla hispana acabaría teniendo, más pronto que tarde, su propia versión española, y ésta se exhibió en el Teatro Monumental de Madrid a partir de 1981. Fueron nuevamente Nacho Artime y Jaime Azpilicueta, quienes ya habían hecho lo propio con “Jesucristo Superstar”, los responsables de la adaptación del texto, mientras que el músico argentino Juan José García Caffi se ocupó de “latinizar” la partitura original, introduciendo nuevas guitarras y, sobre todo, algunos bandoneones. Supongo que todos recordáis que quien finalmente encarnó a Evita no fue Nacha Guevara, sino una Paloma San Basilio en la cumbre de su carrera, acompañada por Patxi Andión como Che y el barítono Julio Catania como Perón.







Del teatro al cine
Desde el mismo momento del estreno del montaje teatral, comenzó a especularse con una posible adaptación cinematográfica de “Evita”. No obstante, quien primero se asomó a la pantalla caracterizada como Eva Perón fue Faye Dunaway, en un telefilm dirigido por Alvin Sargent que bebía directamente de los postulados “irreverentes” enunciados por Tim Rice, y que también tuvo su contrapartida argentina, “Evita, quien quiera oir, que oiga”, de Eduardo Mignogna y con Flavia Palmiero como Eva. La adaptación oficial del musical de Webber & Rice tardó exactamente 20 años en ver la luz, razón por la cual no alcanzó la repercusión que muy probablemente hubiera tenido, de haberse estrenado en un momento más álgido.
 Un Ken Russell que acababa de realizar su muy particular versión de otro musical, el “Tommy” de Pete Townsend y The Who, sonó fuerte a finales de los setenta para ocuparse del proyecto, siendo Barbra Streisand, Liza Minelli e incluso Paloma San Basilio algunas de las posibles “Evitas”, y Barry Gibb y Barry Manilow sus probables partenaires como “Che”. Finalmente, quien se llevó el gato al agua no fue otra que la polémica cantante Madonna, quien, todo hay que decirlo, realizó una muy meritoria encarnación de Eva. La acompañaron un improbable Jonathan Pryce (garrafal error de casting, ya que ni se parecía a Perón ni apenas cantaba) y el malagueño Antonio Banderas, luciéndose (al menos, vocalmente) en el papel de un Che, que, por fin, ni vestía ropa paramilitar ni llevaba barba ni melena, “conformándose” con ser la voz del pueblo y no un guerrillero devenido en icono cultural. El director que logró llevar a buen puerto la traslación fílmica fue Alan Parker, que ya tenía experiencia en el campo de los musicales gracias a “Fama” y “El Muro”, y a mí todavía me dura la decepción tras ver uno de mis musicales favoritos convertido en una película perennemente pintada de tonos ocres que a veces pretende aleccionar con un tono casi documental y que, en otras ocasiones, intenta resultar graciosa en su sarcástica burla del golpismo sudamericano, pero que, lamentablemente, acaba resultando deprimida y deprimente. En cualquier caso, el mismísimo Andrew Lloyd Webber, ya nombrado “Sir” del Imperio Británico a pesar de que llevaba tiempo residiendo en los Estados Unidos, avaló personalmente el film, componiendo una canción adicional, “You Must Love Me” (por cierto, también con letra de Tim Rice, quien accedió a enterrar el hacha de guerra… momentáneamente), que Eva/Madonna entona casi a modo de epílogo y que, como suele suceder en estos casos, obtuvo el Oscar como Mejor Canción Original. Por lo que a mí respecta, tuve la oportunidad de ver la película el mismo día de su estreno en Murcia, en un Cine Rex que casi se llenó y en el que, entre otros muchos espectadores, estaba el famoso y ya fallecido escritor Fernando Vizcaíno Casas. A propósito, conviene reseñar que, una vez más, los argentinos consideraron que aquel mismo año era el momento idóneo para imponer su personal visión de la figura de Evita, y así nació “Eva Perón”, film dirigido por Juan Carlos Desanzo y en la que Esther Goris se convirtió en Eva, y Victor Laplace en Perón.


Conclusiones

Independientemente de las estériles polémicas, de la manipulación de los hechos históricos y de las incongruencias cronológicas, no cabe duda de que “Evita” constituye, junto con “Jesus Christ Superstar” y“The Phantom of the Opera”, uno de los mejores trabajos de su famosísimo y aclamado compositor, y puede asegurarse que se trata de uno de los mayores hitos del género musical durante la segunda mitad del siglo XX. Nunca llueve a gusto de todos, y no debe permitirse que la ancestral rivalidad entre ingleses y argentinos (que en los ochenta vivió un rocambolesco y lamentable episodio tras la invasión de las Islas Malvinas) empañe la majestuosidad de una obra en la que, éso sí, siendo justos, la letra no siempre está a la altura de la partitura. De memoria cito un par de ejemplos, con su correspondiente traducción para la mayoría no-angloparlante. En la famosísima “Don’t Cry For Me Argentina” (“No llores por mí, Argentina”) se construye una de las rimas más horteras que este cronista recuerda: “… Through all my wild days / my mad existence / I kept my promise / Don’t keep your distance”, que vendría a significar algo así como “… Durante mis días salvajes / y mi loca existencia / yo mantuve mi promesa / pero vosotros no mantengáis vuestra distancia”. La otra “cumbre” del curriculum rapsoda del amigo Tim Rice, poseedor, como, por otra parte, ha quedado de manifiesto, de una trayectoria irreprochable como letrista, la canta el personaje del “tanguista” Magaldi: “On this night of a thousand stars / let me take you to Heaven’s door / where the music of love guitars / plays for evermore” (“En esta noche de mil estrellas / déjame llevarte a las puertas del Cielo / donde la música de las guitarras del amor / suena para siempre”). ¡Toma sutileza romántica!. Pero son sólo dos minúsculas lagunas en un océano de inspiración y calidad, una ópera rock llena de arias maravillosas (“Don’t Cry For Me Argentina” y “Lament” a cargo de Eva, “Oh, What a Circus”, “High, Flying Adored” y “And The Money Kept Rolling In (And Out)” en la voz de Che, “Another Suitcase in Another Hall”, interpretada por la amante de Perón) y dúos inolvidables (“Waltz for Eva and Che” y, sobre todo, el precioso “I’d Be Surprisingly Good For You”, que cantan Eva y Perón) que, por si alguien lo dudaba, logró elevar definitivamente a María Eva Duarte de Perón al Olimpo de los mitos que, como Alejandro Magno, Marilyn Monroe, James Dean, Kurt Cobain o el mismísimo Jesucristo (Superstar), murieron tan prematuramente que siempre permanecerán jóvenes y bellos en nuestra memoria.
Luis Campoy

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