contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

lunes, 27 de abril de 2009

Cine/ "LA MONTAÑA EMBRUJADA"


Adultos, abstenerse

En los años 60 y 70, la mayoría de las películas no animadas de la factoría Disney eran sinónimo de cine hiperfamiliar, sus argumentos eran blancos a más no poder, su realización era como mucho, correcta, sus efectos especiales se limitaban a cubrir el expediente y casi siempre estaban en ellas actores como David Tomlinson o Dean Jones. Han pasado varias décadas y Tomlinson y Jones ya no se asoman a las pantallas (el primero mejor que no lo haga, porque el pobre lleva muerto nueve años), pero, por lo demás, absolutamente nada ha cambiado. “La montaña embrujada” es un clarísimo ejemplo de todo ello. Más que un remake estricto de un olvidado film disneyano de 1975, este producto que podría definirse, siendo muy, muy generoso, como “simpático”, no tiene el menor pudor a la hora de copiar personajes, situaciones e incluso diseños de producción de “Encuentros en la tercera fase”, “E.T.” y “Depredador”, sólo que bañándolos en un tono infantil que se hace indigesto desde los primeros minutos. La historia del taxista y la escritora que deben ayudar a dos alienígenas con aspecto de niños humanos a volver a su planeta no merece ni el más leve análisis dada la banalidad de su guión y la mediocridad de su puesta en escena. Se trata de una cinta promocionada machaconamente por el canal infantil Disney Channel, y me temo que justamente ése hubiera sido su destino natural: la pequeña pantalla, y ni siquiera en horario de máxima audiencia. De verdad que no merece la pena detenerse mucho en analizarla ni siquiera superficialmente, pero diré que la música de John Debney es de lo poco salvable, así como la interpretación del villano Ciarán Hinds, limitándose tanto Dwayne “The Rock” Johnson (un señor que me cae bien pero que necesita como el comer demostrar que puede llegar a ser un actor y no sólo un tipo simpático) como Carla Gugino (trilogía “Spy Kids”) y la actriz infantil AnnaSophia Robb (“Un puente hacia Terabithia”) a poner el físico al servicio de un proyecto sin ángel y sin ambición en el que, para vergüenza de sus guionistas, lo único que se va a recordar son ¿diálogos? como “¡Corred, corred, corred!”, “¡Vamos, vamos, vamos” y “¡Agarráos fuerte!” que se repiten cada dos por tres y llegan a producir el hastío de cualquier espectador que tenga más de 10 años.

Luis Campoy

Lo mejor: Ufff…………. Difícil tarea……. Digamos que Ciarán Hinds.
Lo peor: El guión, la realización, la mayoría de los efectos especiales
El cruce:Encuentros en la Tercera Fase” + “E.T.” + “Depredador
Calificación: 4 (sobre 10)

viernes, 24 de abril de 2009

¿Pe-pero qué te pasa, Pepe?


Normalmente, no suelo escribir dos artículos tan seguidos que tengan relación con el mundo del fútbol. Por éso, el de hoy voy a encauzarlo por otros derroteros, más próximos a la lucha libre o el kickboxing que al balompié. Cuando el miércoles publiqué el post en el que hablaba del modo en que los comentaristas deportivos de la Cadena SER se mostraban tan indisimuladamente afines al Real Madrid, confieso que todavía no había visto las imágenes del defensa Pepe enfrentándose a dos jugadores del Getafe con un estilo más parecido al de Chuck Norris que al de Pelé o DiStéfano. Cuando este individuo llegó al Madrid hace dos veranos, se criticó mucho al entonces Presidente blanco, Ramón Calderón, por haber invertido la bagatela de 30 millones de euros en un futbolista que no era precisamente un crack mediático. Supongo que no sería justo decir taxativamente que nadie le conocía, por cuanto es de suponer que, al menos, su santa madre y su agente sí debían saber de su existencia, aunque, muy posiblemente, desde el martes casi desearán no haberle conocido jamás. Pero recordemos cómo se sucedieron los hechos. Se frisaba el minuto 90 con un 2-2 en el marcador, y, por tanto, el partido estaba poco menos que finiquitado, con lo que el Madrid cedía dos puntos valiosísimos que prácticamente le alejaban irreversiblemente de la lucha por la Liga. El delantero del Getafe, Casquero, trata de internarse en el área madridista y el defensa Képler Laveran Lima Ferreira, alias Pepe (acojonante la inventiva del susodicho a la hora de elegirse el seudónimo), va directamente a por él, desentendiéndose ostensiblemente del balón y buscando únicamente frenar su carrera del modo más expeditivo posible. El árbitro, aplicando a rajatabla el reglamento, pita el clarísimo penalti y enseña a Pepe la correspondiente tarjeta roja. El brasileño-luso proveniente del Oporto, no satisfecho con esta primera hazaña, se dirige al jugador al que ha derribado, y que aún se retuerce en el suelo, y le propina una patada, a la cual sucede otra, que da la impresión de no alcanzar el objetivo, aunque, desde luego, no fue por falta de intencionalidad y de saña (el entrenador merengue Juande Ramos diría después que “Pepe se estaba limitando a dar patadas al aire”). Todavía los fotógrafos tienen tiempo de retratar cómo el energúmeno vestido de blanco se agacha sobre el contrincante abatido y se recrea dándole diversos manotazos, pellizcos y tirones de pelo. Dos jugadores getafenses se aproximan a tan luminoso adalid de la deportividad para pedirle que se calme, y el muy bárbaro empuja a uno, y al otro, Albín, le propina un puñetazo. Si no es porque el portero Iker Casillas, que ya sabemos que se siente seguro en cualquier situación, le convence para deponer su actitud, posiblemente aún tendríamos al Pepe de las narices liándose a hostias con todo bicho viviente. Con la adrenalina disparada hasta niveles estratosféricos, el defensor expulsado pasa por delante del cuarto árbitro, que es de suponer que, viéndole venir, estaría temblando y encomendándose a todos los santitos del santoral, y le escupe en una mezcla de portugués y spanglish que se entendió perfectamente: “Sois todos unos hijos de puta”. Incomprensiblemente, el Getafe falla el penalti que podía haber sido más que decisivo y, dos minutos después, el Pipita Higuaín consigue anotar un golazo que da la vuelta al marcador. El amigo Pepe, que, recordémoslo, no se halla sentado en el banquillo esperando el autobús, sino defenestrado por su comportamiento deleznable, no duda en saltar nuevamente al campo para abrazarse con el autor del tanto y el resto de sus compañeros, cosa prohibidísima para quien ha sido expulsado del terreno de juego. Una joya, oiga. Este tipo vulneró en tres minutos la mitad de las reglas del fútbol y brindó un inolvidable recital de salvajismo, barbarie e inquina barriobajera, y quizás pensó que, por presentarse ante la prensa con los ojitos enrojecidos y pidiendo perdón con la excusa de haber sido presa de una enajenación transitoria, su gesta quedaría olvidada. Esperemos que no sea así. Independientemente de las predilecciones de cada uno, es de justicia reconocer que el Real Madrid es un club con un señorío y una trayectoria lo bastante intachable como para que tamaña exhibición de violencia y antideportividad no le salga gratuita a este gangster con pantalones cortos. Paralelamente, hoy mismo se conocerá la decisión del Comité de Competición, que puede emitir un veredicto ejemplarizante de entre seis y doce partidos de suspensión para un psicópata balompédico cuya carrera ha quedado manchada para el resto de sus días.

jueves, 23 de abril de 2009

La Santa Faz




Hoy es un día de Fiesta en Alicante, mi ciudad natal. Cada año, el segundo jueves después del Jueves Santo, se celebra una populosa romería hasta la Ermita de la Santa Faz, situada en el término municipal de San Juan, ésto es, a casi 8 kilómetros de la capital alicantina. Cuenta la leyenda que hasta Alicante llegó, en el siglo XV, el lienzo sagrado con el que la Santa Mujer Verónica enjugó el rostro de Jesucristo durante su fatal recorrido en dirección al Gólgota. Naturalmente, no hay que ser muy listo para darse cuenta de que lo que en realidad se venera no es una impresión facial espontánea fruto de una radiación o un milagro, sino una hermosa pintura, un icono bizantino que, no obstante, provoca la fe y el delirio de miles de fieles así como de amantes de la tradición y el folklore, que anualmente se pegan un madrugón de padre y muy señor mío para entregarse en cuerpo y alma a este hermoso ritual. Yo nunca tomé parte de la salida oficial de la Peregrina (nombre popular con el que se conoce a la marea humana que participa en esta romería), que parte de las puertas de la Catedral de San Nicolás y suele contar con la participación de las máximas autoridades municipales (dicen que incluso el cuestionado Presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, ha tomado la salida a primera hora de esta mañana), sino que, menos madrugador, me incorporaba a ella en algún punto de la Carretera Nacional 340 (más conocida como “Carretera de Valencia”), lógicamente cortada al tráfico y atestada de romeros cuya intención inicial es darse un paseíto de casi siete mil metros. El atuendo oficial del peregrino consta de camisola negra, pañuelo azul y blanco, sombrero de paja y bastón de caña, aunque hay quien utiliza para apoyar su caminar un trozo considerablemente alto de caña de azúcar, golosina cien por cien natural que se vende en los puestos situados a lo largo del camino y en los aledaños de la Ermita. Con el fin de que los marchadores puedan refrescarse y aliviar el natural cansancio, suelen realizarse “paraetas” o breves paradas en determinados lugares, donde al efecto se han dispuesto improvisados bares de campaña en los que la mistela y el calimocho corren generosos y gratificantes, y los rollitos de anís apaciguan el hambre creciente. Entre plegarias (“Faz Divina, ¡misericordia!”), rezos del viacrucis, cánticos y risas, se culmina la travesía bajo un sol de justicia, llegándose hasta la Basílica a cuyo alrededor se han congregado los habituales mercaderes que te venden desde una medallita de la Santa Faz hasta el DVD pirateado del último éxito cinematográfico, pasando por la citada caña de azúcar, los trocitos de regaliz, las consabidas cervecitas heladas o las manzanas caramelizadas pinchadas en un palito que es mejor coger con un pañuelo para evitar las babas azucaradas subsiguientes. Los más afortunados o los más pacientes consiguen hacerse hueco en el interior del Monasterio a tiempo de escuchar alguna de las misas que se celebran cada hora, y luego hacen cola para mirar de cerca el retrato de Cristo que se ha convertido en uno de los iconos más reconocibles de Alicante. A partir de entonces, los ya exhaustos romeros se esparcen por los campos y bosques próximos, donde en cuestión de minutos empieza a olerse a leña y a barbacoa. Una vez descansados y ya provistos de los inevitables souvenirs, los peregrinos se dividen entre quienes persisten en culminar la hazaña regresando también a pie, y los que consideran que ya han hecho bastante con pegarse la caminata matutina y caen en la tentación de bajarse en autobús. A mí, no sé muy bien por qué, se me quedó particularmente grabada la peregrinación de 1987, quizás porque era la primera que hacía desde que había dejado de residir en Alicante, y recuerdo que me llevé mi radiocassete y “The Final Countdown” de Europe y “Fantasy” de Earth, Wind and Fire sonaban sin parar. La última vez que me uní a la Peregrina debió ser en 1992, y en aquel peregrinar incluso me acompañó mi guitarra, cuyas cuerdas rasgué tanto en los campos anexos como, a la vuelta, en la Playa de El Postiguet. Las canciones que cantamos fueron, hasta el momento, el canto del cisne de mi vida como romero, pero todos los años, cuando llega esta fecha, me emociono recordando el cansancio, el sol, el calor, el sudor, el calimocho, la fe ciega y la sana ilusión de un pueblo que clama misericordia divina a su Santa Faz.

miércoles, 22 de abril de 2009

Madriditis


Estoy convencido de que la sociedad española tiene que haberse bipolarizado aún más tras la jornada futbolística de ayer. Los que se sientan afines al Real Madrid tienen motivos sobrados para perseverar en su sentimiento con sabor a merengue, y los que no puedan evitar sentir cierta animadversión hacia ese equipo de fútbol de la capital de España habrán acabado hastiados y sumamente irritados tras la "gesta", tras la "hazaña" ante el Getafe... especialmente si, como yo, escucharon la retransmisión del encuentro a través de la Cadena SER. Pero, Señor Mío, ¿es que acaso hay que ser del Real Madrid por inspiración divina o por imperativo legal? ¿Qué pasa si el Real Madrid pierde? ¿Se va a hundir el mundo? ¿Acaso no es un equipo más? ¿Llegaría el Juicio Final antes de tiempo si el Real Madrid no consigue ganar esta Liga? De verdad que uno no puede evitar irritarse cuando escucha a los miembros del equipo del Carrusel Deportivo de la SER (Manolo Lama, Paco González, mi sosías Pepe Domingo Castaño, Petón, Maldini y, sobre todo, Tomás Guasch, que, con todo respeto, me parece uno de los personajes más odiosos de la Radio española) llegar poco menos que al paroxismo cuando parece que Raúl, Guti y sus colegas no son capaces de ganar un partido… aun admitiendo que su fútbol es pésimo y aburren hasta a las ovejas. Pero ¿qué sois vosotros, periodistas deportivos o agentes de prensa del Real Madrid? ¿Dónde están vuestra objetividad e imparcialidad? ¿Con qué derecho, Manolo, te emocionas y vociferas hasta la ronquera cuando el Madrid le mete un gol a otro equipo también ESPAÑOL? Pero ¿qué es ésto? Vergüenza debería daros, y lo digo no como reconocido hincha del Barça (¡faltaría más!), sino poniéndome en el lugar de, por ejemplo, cualquier seguidor del Getafe, otro conjunto, por cierto, también madrileño, al que durante vuestra narración le privásteis de orgullo, de satisfacción y de amor propio, como si marcarle un gol al Real Madrid o ganarle un partido al Real Madrid fuese un delito o un pecado. A pesar de que la SER es mi emisora favorita, os juro que tan sólo mantuve la sintonía porque no encontré ninguna otra que efectuase la retransmisión. Tan sólo el señor Julio Maldonado, más conocido como “Maldini”, tuvo el valor de reconocer lo evidente cuando dijo, con toda la razón del mundo: “Si yo fuera jugador del Barcelona y viese lo mal que está jugando el Madrid, me cabrearía muchísimo si al final acabase ganando”. Pues, justamente, éso fue lo que sucedió, tal y como vaticinaba Manolo Lama. “Imagínate, Manolo, que, a pesar de todo, el Madrid acabara ganando”, dijo Paco González. “Que no, Paco, que no tengo que imaginármelo, que es que el Madrid va a ganar, aunque sea en el minuto 91 y con gol de Guti”, profetizó el señor Lama. Fue en el 93 y quien marcó el tanto decisivo fue Higuaín, pero la predicción no anduvo nada desencaminada. Eso es tener Fe, y lo demás son cuentos. Lástima que lo que uno debería poder encontrar en un informador deportivo tendría que ser simplemente información y neutralidad, y no Fe apasionada e inquebrantable en un equipo determinado y en un color muy, muy concreto.

martes, 21 de abril de 2009

Cine/ "AL FINAL DEL CAMINO"


Humor, amor y sexo en la Ruta Jacobea



Fui a ver “Al final del camino” simplemente porque me gustó su tráiler. Punto. Mientras me consta que muchos jóvenes se han dejado abducir por los excesos de “Mentiras y gordas” (escrita nada menos que por toda una ministra), yo, que, como sabéis, ya no soy precisamente un adolescente, preferí invertir mis seis euros con treinta céntimos en esta “road movie” que protagoniza la inolvidable pareja de la serie “Aquí no hay quien viva”. En “Al final del camino”, Malena Alterio interpreta a una periodista a la que su novio, que afirma estar en crisis, acaba de poner los cuernos, razón por la cual ella lo abandona. Fernando Tejero es un fotógrafo especializado en retratar medicamentos y que todavía trata de superar una traumática separación. Ambos se llevan como el perro y el gato pero tendrán que limar diferencias cuando son enviados por la revista en la que trabajan a realizar un reportaje acerca de un supuesto gurú que se hace llamar Olmo y que cobra veinte mil euros a parejas en crisis a cambio de resolver sus problemas mientras realizan el Camino de Santiago. Como a veces suele suceder, mi percepción acerca de esta película ha ido variando conforme transcurrían las horas desde que se apagaron las luces de la sala. Mientras la veía, me parecía simpática, graciosa, divertida en ocasiones, y hasta le deparé alguna que otra carcajada. Tres días después, opino básicamente lo mismo, pero me doy cuenta de su decepcionante vacío artístico, de la precariedad de sus elementales gags, de que lo mejor de ella cabía en un tráiler de menos de dos minutos. A veces sucede. Ni los “milagrosos” métodos de Olmo (encarnado por Diego Peretti abusando de su acento argentino que choca con su aspecto de Hugh Grant andino) adquieren la debida relevancia, ni existe el más mínimo intento de investigarlos en profundidad ni de desenmascarar sus supuestas intenciones fraudulentas. Se nota demasiado que la Ruta Jacobea sirve tan sólo para enmarcar tres o cuatro chistes afortunados en unos paisajes naturales ciertamente maravillosos. Como es lógico, Fernando Tejero y Malena Alterio tendrán que hacerse pasar por novios para poder investigar sin levantar sospechas, y uno de los posibles alicientes era no sólo su interrelación sino también el modo en que interactúan con Olmo y con las otras tres parejas que hacen terapia durante el Camino: un matrimonio formado por un andaluz afable y bonachón y una mujer más bien ninfómana, un apuesto coreano y su esposa y dos falsos gays que tan sólo aspiran a ligar con cuantas féminas desvalidas se les pongan por delante. Al final del Camino todos ellos habrán experimentado una serie de cambios que modificarán su modo de afrontar la vida: la reportera y el fotógrafo se enamoran como mandan los cánones, el matrimonio andaluz y el coreano acaban jugando al intercambio de parejas y los pseudogays descubren las maravillas reales de la homosexualidad. Todo un topicazo, oiga, y ninguna sorpresa. Fernando Tejero y Malena Alterio están tan sobreactuados y reiterativos como siempre, y uno se pregunta si serán capaces algún día de dejar de interpretar, eternamente y una y otra vez, a su “Emilio” y a su “Belén” de “Aquí no hay quien viva”. Javier Gutiérrez, “Satur” en “Aguila Roja” es quien sale mejor parado de todo el elenco actoral, robando todos y cada uno de los planos en los que sale. Su novio gay lo interpreta otro actor televisivo, Jorge Monje, “Juanito el Chico” en “Amar en tiempos revueltos”. El director de este tinglado que naufraga en su intento de convertir en un personaje más al Camino de Santiago es… Roberto Santiago. ¿Estaría predestinado?

Luis Campoy

Lo mejor: Javier Gutiérrez
Lo peor: el guión esquemático y lleno de tópicos, el encasillamiento de Fernando Tejero y Malena Alterio
El cruce:Superman II” + “Dí que sí” + “Aquí no hay quien viva
Calificación: 6 (sobre 10)

lunes, 20 de abril de 2009

Cine/ "LA SOMBRA DEL PODER"


Periodismo a la antigua usanza


Cuando parecía que empezaba a ser inhabitual encontrar una película comercial que fuese, además, inteligente, llega “La sombra del poder” para inyectarnos nuevas esperanzas. La joven ayudante de un congresista que investiga a una corporación paramilitar resulta muerta en extrañas circunstancias. El político es incapaz de contener las lágrimas cuando se le comunica la muerte de la chica, y enseguida se le atribuye un romance extramarital con ella. Un veterano periodista, amigo íntimo del congresista y que en el pasado tuvo que elegir entre la amistad hacia éste y el amor por su esposa, inicia una investigación cuyas consecuencias serán mucho más devastadoras que las inicialmente previstas… El origen de “La sombra del poder” (ridículo título español que ningunea al original, “State of play”, “El estado del juego”) fue una miniserie producida por la BBC británica que se hinchó (merecidamente) a premios y que, para convertirse en película, ha sido convenientemente trasladada a los Estados Unidos y a la peculiar idiosincrasia yanqui. El sustrato argumental, empero, permanece, así como los protagonistas principales, el político y su amigo periodista. Quienes primero sonaron para encarnar estos papeles en la pantalla grande fueron, respectivamente, Edward Norton y Brad Pitt; el uno se apeó por problemas de agenda y el otro, por supuestas deficiencias en el guión. Personalmente, no encuentro lagunas en el libreto de la cinta, pero tengo que decir que me alegro bastante de que Pitt decidiese no participar y en su lugar se contratase al estupendo Russell Crowe, que nunca me cansaré de decir que es uno de mis actores favoritos. A estas alturas creo que nadie puede dudar de que Crowe es capaz de dar credibilidad a cualquier papel, desde el gladiador de “Gladiator” al matemático pirado de “Una mente maravillosa” pasando por el seboso jefe de la CIA en “Red de mentiras” o el pistolero de “El tren de las 3:10”. Su interpretación en “La sombra del poder” es, como suele ser habitual, lo mejor de la película, aunque, para variar, los demás elementos no desentonan demasiado. El guión (que, recordemos, no le gustó a Brad Pitt) es excelente, con el grado justo de complejidad y rozando el maniqueísmo pero sin traspasar la línea, la realización es clásica y con buen ritmo, y los demás actores intérpretes arropar a Crowe resaltando lo buen actor que es; Helen Mirren, que interpreta a su jefa, y Robin Wright Penn, que es la esposa del congresista, están muy bien pero salen poco, y lo mismo puede decirse de los muy entonados Jason Bateman y Jeff Daniels; en cuanto a Ben Affleck (el político) y, sobre todo, la repelente Rachel McAdams, parece que juegan en una liga inferior y protagonizan los momentos más débiles del film. Por el modo en que se presenta la profesión del periodista, cuya entrega e idealismo pueden verse seriamente perjudicados si su trabajo no llega a la redacción antes de que la edición del periódico entre en máquinas, podría entenderse que “La sombra del poder” es una especie de “thriller periodístico crepuscular”, pero, afortunadamente, la alternativa cibernética representada por el blog que escribe el personaje de Rachel McAdams no resulta para nada atractiva, razón por la cual, asimismo, el director Kevin MacDonald ha tenido el buen gusto de obviar una relación romántica entre los dos reporteros, lo cual demuestra, como dije al principio, que nos hallamos ante una película inteligente.

Luis Campoy

Lo mejor: Russell Crowe, la calculada complejidad del guión
Lo peor: Ben Affleck y, sobre todo, Rachel McAdams
El cruce: “Todos los hombres del Presidente” + “Zodiac” + “Michael Clayton”
Calificación: 9 (sobre 10)

jueves, 16 de abril de 2009

Sindescargas


Nunca llueve a gusto de todos. Es un refrán y un tópico socorrido, pero una de las más incuestionables verdades teologales. Cuando, el otro día, Zapatero decidió ascender al rango de Ministra de Cultura a la hasta entonces Presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, Angeles González-Sinde, yo me alegré. Me alegré porque, inocentemente, lo primero que pensé fue que, por fin ,alguien con ímpetu y energías aún juveniles y que, encima de todo, conocía el negocio desde dentro, iba a hacer todo lo posible por salvar o al menos ayudar a la Industria del Séptimo Arte, herida de muerte mientras nadie demuestre lo contrario. En mi torpe ingenuidad, no recordé en aquel instante que González-Sinde, hija del escritor y director cinematográfico José María González-Sinde, y ella misma realizadora (“La suerte dormida”) y, sobre todo, autora de un buen puñado de guiones (“La buena estrella”, “Lágrimas negras” e incluso la recientísima “Mentiras y gordas”), se había venido mostrando contraria a la descarga de material audiovisual a través de internet, hasta el punto de manifestar en más de una ocasión que no entendía para qué eran necesarias la tarifa plana y la banda ancha. Los internautas más freakis se aprestaron a redecorarle el apellido: “González SindeSCARGAS”. Una vez prometido su cargo como ministra, los defensores a ultranza de la libertad de navegación sin cortapisas se han puesto en pie de guerra y han inundado el ciberespacio de protestas y soflamas contra la ex-Presidenta (a quien ha sustituído como máximo dirigente de la Academia del Cine, al menos provisionalmente, mi “pariente”, con el que en realidad no tengo el más mínimo parentesco, Eduardo Campoy). Lo cierto es que, si se sigue el ejemplo de diversos países como Estados Unidos, Francia o Suecia, aquéllos que prefieren ver las películas de estreno en su ordenador antes que en una sala de cine y, en general, quienes comparten películas o música con otros cibernautas en lugar de comprarlas o alquilarlas lo van a pasar muy, muy mal. Se ha rumoreado que González Sinde no sólo va a mantener el polémico Canon Digital sino que incluso pretende incrementarlo, y es muy probable que su Ministerio enfatice la cruzada contra la piratería, ordenando el cierre de esas páginas que no se cortan a la hora de ofrecer a sus visitantes la posibilidad de ver las últimas pelis de estreno simultáneamente (y a veces anteriormente: ver el caso de “X-Men Orígenes: Lobezno”, que ya estaba pirateada en la Red casi dos meses antes de estrenarse) a su exhibición en salas, y habiéndose sopesado la posibilidad de multar y, más adelante, limitar o suspender el acceso a internet a quienes se descarguen materiales considerados ilegales. Ante el aluvión de protestas, doña Angeles, que no quiere ser el Demonio para nadie, se ha apresurado a declarar que se va a reunir con los representantes de las asociaciones de internautas, con el fin de acercar posturas y clarificar actitudes. Entretanto, su primer acto oficial ya ha logrado soliviantar a los catalanes más catalanistas, pues ha nombrado Director del Instituto del Cine al eurodiputado de CiU Ignasi Guardans, al que sus compañeros no han dudado en calificar de “traidor” por haber aceptado el cargo que le ofrecía el Gobierno centralista. Como dije al principio, nunca llueve a gusto de todos.

martes, 14 de abril de 2009

Mi noche más blanca




El Domingo de Resurrección, durante la última procesión alhameña, se maravillaba mi hijo al ver pasar un trono que se adivinaba muy pesado pero al que sus costaleros bailaban casi sin inmutarse. “Pero si debe ser muy difícil llevar un trono de ésos, ¿no, papá?”, me preguntó. “Pues sí, pero precisamente por éso es por lo que se ensaya mucho antes”, le contesté. “Recuerdo que nosotros tuvimos que ensayar todas las noches de la semana hasta que llegó el viernes y sacamos el trono de la Virgen de la Amargura”. “Ah, ¿pero tú fuiste costalero?”, inquirió mi hija, abriendo unos ojos fascinados y adivinando que iba a dar comienzo otra historia…

Debían ser aproximadamente las ocho de la tarde del viernes 12 de Septiembre de 1997 cuando la blanca Virgen de la Amargura, plena de luz y hermosura, dio por fin un paso hacia delante, y decenas de ojos se llenaron de lágrimas... Era el principio de una noche memorable, en la que el Paso Blanco de Lorca iba a celebrar por todo lo alto la Coronación Canónica de su imagen titular. Sí, yo era uno de los orgullosos costaleros, ataviados con las mejores galas (traje oscuro, camisa blanca, corbata, calcetines y zapatos negros), sobre cuyos hombros doloridos pero satisfechos viajó majestuosamente la Señora. Y ¿por qué yo, que no era ni siquiera lorquino?, se preguntaban algunos. La razón es bien sencilla: mi mujer era lorquina y blanca; algunos de mis mejores amigos eran lorquinos y blancos... ¿Cómo no iba yo a aspirar a ser, como mínimo, lorquino de adopción y, si se me permitía, blanco?.

El caso es que allí estaba yo, junto con mis compañeros, en la puerta de la Iglesia de Santo Domingo, erizándoseme el vello de todo el cuerpo al sonar el Himno Nacional para rubricar la salida de la Virgen a hombros de un grupo protocolario de costaleros formado por dirigentes actuales y ex-Presidentes del Paso, hijos de ex-Presidentes fallecidos, e incluso el mismísimo Alcalde de Lorca, don Miguel Navarro... que, por cierto, era azul. Las calles húmedas de lluvia estaban atestadas de gente, de blancos ansiosos por admirar a su Madre, que reaccionaban ante su presencia con gritos como “¡Viva la Virgen de la Amargura!”, “¡Viva la Reina de los Claveles!”, o, sobre todo, “¡Viva la Virgen Guapa!”; de hecho, el acompañamiento musical que más se repitió fue el conocido pasodoble “Tres veces guapa” del maestro Laredo, reconvertido oportunamente en briosa marcha de procesión que la Banda de Cornetas y Tambores atacaba una y otra vez.

Tras un interminable trayecto caminando delante de la Amargura, por fin llegó el momento en que mi turno de costaleros se hizo cargo de las deseadas andas, bajo las cuales se situaron con presteza los treinta y dos hombros ansiosos de sufrir durante un ratito el peso del trono, las luces, las flores, la imagen y el manto primorosamente bordado. “Con el pie izquierdo, un paso adelante... ¡Ya!”. Todos a una, tal y como habíamos venido ensayando durante una semana, nos pusimos en movimiento, y entonces, de alguna manera, todos fuimos realmente uno: un solo hombro, un solo hombre, un TODO junto con la Virgen y su trono. Diríase que nos dábamos por aludidos ante los vivas y los piropos que al pasar nos enardecían, y el gozo y el orgullo de ser una minúscula ola en aquel mar de pasión apenas nos dejaron sentir el dolor que, como los recuerdos, durante días nos había de acompañar.

Fue mi grupo el que tuvo el privilegio de subir el trono hasta el entarimado que se había instalado en la Plaza de España, justo delante del engalanado consistorio lorquino. Una emotiva misa celebrada por el entonces Obispo de la Diócesis, don Javier Azagra, apoyado por un nutrido grupo de sacerdotes, dio paso a la largo tiempo esperada Coronación Canónica de Nuestra Señora. Monseñor Azagra, izado en una grúa (como si se tratase de una improvisada ascensión a los cielos), sostenía en sus manos la hermosa corona de oro y pedrería forjada con las aportaciones de cientos de blancos y, como quiera que le costaba un poco encajarla en la cabeza de la imagen, el grupo de costaleros que se hallaba dispuesto a tal efecto dio un paso adelante y elevó a la Amargura unos pocos centímetros hacia arriba; “Fue como si la Virgen viniese a mi encuentro”, comentaría más tarde el Obispo.

Concluída la Coronación, mis compañeros costaleros y yo nos situamos de nuevo bajo las andas, ahora con la responsabilidad de descender la empinada rampa (que a algunos casi nos costó un disgusto, si no hubiera sido porque manos amigas del público nos sujetaron). “El Tres”, el alegre himno del Paso Blanco, sonaba a nuestro paso, y poco importaba el dolor creciente que recorría la espalda desde el hombro; sólo existía el gozo de aquel mágico instante, que yo intentaba vivir muy despacio, casi como una película proyectada a cámara lenta, para que durase y durase y nunca terminara. La Virgen allá arriba, aplausos y pañuelos ante nuestros ojos, y, lo más hermoso, una lluvia de pétalos de flor que desde los balcones caía y caía sobre nuestras cabezas. Aquéllo rayaba en el delirio, y yo no dejaba de pensar que ojalá mi hombro libre midiese un kilómetro, para que en él pudieran depositarse docenas de flores, prometiéndome a mí mismo, tal era mi apasionamiento, que jamás quitaría de mi cabello los pétalos que éste hubiera podido recoger.

Lo más doloroso de todo fue la certeza de que, llegados de nuevo a la Iglesia, la Noche Más Blanca tocaba a su fin. Nuevamente los acordes del Himno Nacional, y nuevamente la locura colectiva del Pueblo Blanco. Cuando los costaleros que en aquel momento soportaban la imagen quisieron, como último regalo para los espectadores, elevar el trono sobre sus cabezas, algo se disparó en todos los otros portapasos y, sin ninguna premeditación, noventa y dos hombres nos arremolinamos para zambullimos en la efímera ilusión de que, si tendíamos la mano hacia las andas, si las rozábamos siquiera con las yemas de los dedos, sería casi como si de nuevo tuviéramos a la Amargura sobre nuestros hombros, recorriendo con Ella y junto a Ella kilómetros y kilómetros de una Lorca más blanca que nunca y rendida devotamente ante su Señora.

Si yo fuera Pep


El Miércoles Santo, en un entorno ciertamente favorable (el Gran Bar de Alhama de Murcia), tuve la ocasión de vivir uno de esos momentos que, ya desde el mismo instante en que los estás viviendo, sabes que serán inolvidables. Se disputaba el encuentro de ida de los Cuartos de Final de la Champions League, que enfrentaba en el Camp Nou al titular del estadio, el FC Barcelona, y al potente Bayern de Munich alemán. El establecimiento poseía (posée) una pantalla gigante y en torno a ella se había congregado una cantidad nunca vista de culés alhameños, que bebían como cosacos y fumaban como carreteros (no creo que haga falta decir que me molesta mucho más lo segundo que lo primero). Me llamó mucho la atención la gran cantidad de personas de piel os… de seres humanos pertenecientes a la etnia afri… de ciudadanos cuya pigmentación epidérmica poseía elevadas dosis de mela… de negros, vamos, quién sabe si por empatía hacia un equipo en el que militan muchos jugadores de su raza como Samuel Eto’o, Thierry Henry, Touré Yaya, Eric Abidal y Seydou Keita. El caso es que, durante quince o veinte minutos del primer tiempo, el Barça cuajó un fútbol de ensueño, un fútbol perfecto en ataque y en defensa, en el que no sólo se marcaron cuatro goles sino que se privó al rival de la posesión del balón, con un control total que hizo parecer marionetas a los alemanes y casi se dejó sentenciada la eliminatoria sin tener que jugar, hoy, el partido de vuelta. Casi.

Si yo fuera Pep Guardiola, lo primero que haría sería perseverar en esa actitud humilde, respetuosa y cauta que ha venido desarrollando hasta ahora. Por muy bueno que uno sea, todos los rivales se merecen respeto y consideración, y no hay que tomarse en serio los patéticos lloriqueos del entrenador del Bayern, Jurgen Klinsmann, que tras acabar el partido dijo que “habían dicho adiós a Europa” puesto que “era imposible ganarle a este Barcelona”, y ayer mismo remató que lo único a lo que podían aspirar era a “marcar algún gol para caer con dignidad”. Si yo fuera Pep Guardiola, no daría por bueno ni siquiera un resultado tan abultado como este 4-0 (ya sabemos lo que pasó hace dos años con la eliminatoria en Copa del Rey ante el Getafe), y procuraría mantener en la alineación a los “buenos”, a los jugadores que son capaces de desarrollar un juego que ha enamorado al mundo entero; la diferencia entre el encuentro del miércoles ante el Bayern y el del sábado ante el Recreativo de Huelva no sólo radicó en la falta de motivación o el eventual cansancio, sino en la ausencia de algunos futbolistas determinantes como Xavi, Puyol, Touré o Eto’o. Si yo fuera Pep, evitaría hacer experimentos de aquí al final de temporada, y por “experimentos” me refiero a veleidades como la de conferir un protagonismo excesivo a determinados señores como Gudjohnsen y Hleb, que han demostrado que lo suyo es, como mucho, tapar agujeros, o situar a Puyol como lateral izquierdo, con lo cual no sólo se priva a esa banda del peligro y potencial que ostenta la banda derecha desde que la ocupa Dani Alves, sino que en el centro de la defensa se pierde seguridad, garra y contundencia. Si yo fuera Pep, independientemente de si se consiguen este año alguno o la totalidad de los tres títulos aún en juego, empezaría desde ya a trabajar en el futuro del equipo de cara a la próxima temporada, para lo que tendría como prioridades la contratación, como dije anteriormente, de un buen lateral izquierdo y, sobre todo, de un portero con menos afán de protagonismo que Víctor Valdés, quien, como apenas toda la pelota gracias al buen hacer de sus defensas, parece empeñado en llamar la atención encajando goles absurdos o provocando penaltis tan innecesarios como el del sábado pasado, que, afortunadamente, se lo tragó el árbitro, hambriento, como todo el mundo (lo reconozcan o no), de disfrutar más victorias aplastantes de este Barça que es una auténtica gozada.

lunes, 13 de abril de 2009

Cine/ "MONSTRUOS CONTRA ALIENIGENAS"


Cuando se confunde lo “familiar” con lo “infantil”

No puedo recordar un período vacacional en el que, ahora que todavía hay cines, no se estrenen en nuestras salas una o dos películas concebidas expresamente para los niños, preferentemente adscritas al subgénero que conocemos como “Dibujos Animados”. Para esta Semana Santa, la propuesta más atractiva es, sin duda, lo nuevo de DreamWorks Animation (que tan sólo conserva de DreamWorks el nombre, ya que recientemente se ha desligado laboral y empresarialmente de la productora de Steven Spielberg), que, recordemos, ha sido artífice de obras como “El Príncipe de Egipto”, “El Espantatiburones”, “Kung Fu Panda” y, sobre todo, la trilogía de “Shrek”. “Monstruos contra Alienígenas” responde, según yo lo veo, a la siguiente pregunta que debieron hacerse los ejecutivos de DreamWorks: “¿En qué podemos invertir ahora el talento de nuestros informáticos y nuestro apabullante dominio de las técnicas de la animación digital?” La respuesta debió ser algo así como: “¿Qué tal si realizamos una parodia de las películas de ciencia ficción de los años 50?”. Las alusiones y referencias a aquellos films en los que la imaginación y la inocencia se reflejaban tanto en las tramas argumentales como en la realización de los efectos especiales son constantes a lo largo de todo el metraje de “Monstruos contra Alienígenas”: “El ataque de la mujer de 50 pies”, “La Mosca”, “The Blob”, “This Island Earth”, “La mujer y el monstruo” e incluso alguna que otra referencia a los clásicos nipones del Kaiju Eiga como Godzilla y Mothra. El argumento es tan simple como efectivo. Cuando una pobre chica a punto de contraer matrimonio resulta afectada por la caída de un meteorito y, como consecuencia de ello, su altura y su fuerza se multiplican hasta convertirla en una mujer gigante y superpoderosa, se ve obligada a formar equipo con otro grupo de seres extraordinarios (un científico mutado en cucaracha, un anfibio considerado el “eslabón perdido” entre el hombre y el reptil, una masa gelatinosa y una larva hiperdesarrollada) para hacer frente a una invasión extraterrestre que pretende conquistar nuestro sufrido Planeta Tierra. Desde el primer fotograma queda claro que “Monstruos contra Alienígenas” presenta una factura técnica irreprochable, que se disfruta tanto más en la versión en 3-D (ya dije en un artículo anterior que esta tecnología ha dado un paso de gigante en los últimos años). Los chicos de DreamWorks han optado por la creación de una comedia de dibujos animados como podían haberse decantado por la realización de un documental de astrofísica, y los resultados, en cuanto a su excelente acabado formal, serían igual de extraordinarios. La principal diferencia entre DreamWorks y su máximo rival, Pixar (actualmente absorbida por Disney) es que, mientras los segundos hace ya tiempo que pretenden realizar películas cuyo planteamiento e idiosincrasia sean adultos e inteligentes sin dejar de ser entretenidos, los primeros continúan haciendo cine “para niños”, ésto es, productos que se limitan a plantear situaciones sin calentarse mucho la cabeza en cuanto a cómo desarrollar la evolución de los personajes, sus motivaciones e interacción. Sin resultar molesta ni demasiado indignante, “Monstruos contra Alienígenas” se queda en una mera evasión vacacional que carece de sentido si no se disfruta en familia, y en la que lo más divertido son las referencias a todo tipo de películas, desde las anteriormente citadas hasta “Mars Attacks”, pasando por “Encuentros en la Tercera Fase” e incluso “Superdetective en Hollywood”, cuyo tema musical (de Harold Faltermeyer) muchísima gente ignora, lamentablemente, que es la base de esa popular canción infantil llamada “Crazy Frog” (“La Rana Loca”).

Luis Campoy

Lo mejor: la factura técnica
Lo peor: que el destinatario exclusivo del film sean los menores de 10 años
El cruce:El ataque de la mujer de 50 pies” + "La Mosca" + “Mars Attacks” + “Independence Day
Calificación: 6,5 (sobre 10)

miércoles, 8 de abril de 2009

"EVITA", la biografía musical del Arco Iris de Argentina

1975. Han pasado ya cinco años desde la grabación del disco conceptual que dio origen al fenómeno en que se convirtió “Jesus Christ Superstar”, y dos desde el estreno de la película homónima que acabó por otorgarles repercusión universal. Andrew Lloyd Webber y Tim Rice son poco menos que millonarios pero se sienten demasiado jóvenes como para vivir de las rentas, por lo que intentan plantearse nuevos desafíos. Webber ha compuesto la banda sonora para la película “The Odessa File” (titulada simplemente “Odessa” en España), y, presionado por el productor Robert Stigwood, quien ya había financiado “Superstar”, duda entre Mata Hari, Juana de Arco, Peter Pan o el Jeeves de P.G. Woodehouse como personajes centrales de su siguiente obra. Entretanto, Rice se ha tomado unas vacaciones en Argentina. Hallándose en la patria del Tango, piensa que el máximo icono del género, Carlos Gardel, podría ser el protagonista perfecto de un musical lleno de ritmos latinos, pero, durante un paseo en taxi, escucha en la radio la reseña de un libro titulado “Evita, la mujer del látigo”, escrito por Mary Main, que los grupos antiperonistas están utilizando para deslucir la campaña del General Perón con motivo de su segunda elección como Presidente de la República. Aquel cuento de la Cenicienta que provocó el delirio de millones de personas convencidas de que la ex-primera dama Eva Perón era poco menos que una Santa, mientras que otros la veían como una arribista sin escrúpulos, fascina al joven libretista.
 De nuevo en Inglaterra, Rice le cuenta a su todavía amigo (fue muy sonada su ruptura persona y profesional, que acaeció a finales de la década de los setenta) que ya ha encontrado la inspiración que necesitaban, y éste se sienta de inmediato ante el piano. Pocos días después, Andrew llama a Tim para invitarle a escuchar la melodía alrededor de la cual girará su nueva creación: se trata de “It’s Only Your Lover Returning”, que, unos meses después, cambiaría su título por el archipopular “Don’t Cry For Me, Argentina”.

Una Cenicienta latinoamericana
Argentina, 26 de Julio de 1952. Che es un ex-estudiante de Medicina frustrado y deprimido que, como tantos argentinos, se refugia en el cine para olvidar las penurias de la vida cotidiana. Durante la proyección de una película, un comunicado oficial es leído a todos los asistentes: “Es el triste deber de la Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia el anunciar al Pueblo Argentino que Eva Perón, Jefa espiritual de la nación, entró en la inmortalidad a las 20:25 del día de hoy”. El fallecimiento de Eva, a quien se conoce cariñosamente como “Evita”, parece conmover a todos los argentinos… menos a Che. En medio de un funeral de Estado que más parece un circo, la memoria del disidente retrocede hasta 1936, momento en que conoció a una jovencita de apenas 15 años que atendía al nombre de María Eva Duarte. Hija de un hombre de clase alta que mantenía simultáneamente dos familias, la “rica” y la “pobre”, Eva vivía en el pequeño pueblo de Junín, y había accedido a convertirse en la querida de un cantante de tangos llamado Agustín Magaldi, tan sólo para que éste la sacara de la miseria y la llevara a la gran ciudad: Buenos Aires. De nada sirven las excusas y protestas de Magaldi, apelando a la excesiva juventud de la chica, y, en el momento en que ambos llegan a la metrópoli, Eva le abandona. Sirviéndose de sus encantos, Eva va utilizando a cuantos hombres influyentes encuentra en su camino para labrarse una carrera “profesional” que la hace pasar de modelo a actriz de radio y teatro para convertirse, finalmente, en estrella de cine. Paralelamente, un joven coronel llamado Juan Domingo Perón va subiendo peldaños en el escalafón militar. Es una época convulsa en la que se suceden los golpes de estado, siempre con el Ejército marcando los tiempos y controlando los destinos de los civiles, y Perón accede al Gobierno y llega a ser nombrado Secretario de Estado. En 1944, durante la celebración de un concierto de beneficencia, coinciden Magaldi y Eva, pero ahora ella es la famosa y él está casi acabado. También pulula por allí el joven Che, que conoció a ambos en la época de Junín, y es testigo del momento en que Perón y Eva se encuentran por primera vez, y de ese encuentro nace un romance sustentado en el amor pero también en la conveniencia: un político y una estrella de cine, juntos, pueden triunfar mucho más rápido que si lo hicieran por separado. A la semana siguiente, Eva se muda al apartamento de Perón, y no duda en expulsar de malas maneras a la joven concubina de éste. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, se produce un nuevo golpe de estado y Perón, derrocado, se plantea el exilio como única opción. Eva se opone a una huída que le parece un acto de cobardía, y se las ingenia para movilizar a los sindicatos y el proletariado, forzando la celebración de unas elecciones generales que, el 24 de febrero de 1946, convierten a Juan Domingo Perón en presidente electo de Argentina.
En el balcón de la Casa Rosada, el palacio presidencial, Perón pronuncia un discurso en el que agradece el apoyo popular y enseguida cede el protagonismo a su flamante esposa (se habían casado en secreto en Junín), que ya se llama Eva Duarte de Perón y desde ese momento es la Primera Dama de la nación. Los pobres, los descamisados, escuchan a su “Evita” casi en estado de trance y entre lágrimas de emoción, y el escepticismo de Che está a punto de costarle su detención a manos de la policía secreta de Perón; el populismo no tiene por qué obviar un rígido control policial. Pero no sólo Che es inmune a los encantos de Eva, y surgen dos poderosos enemigos que no cesarán de mostrarle su oposición: por un lado, está el estamento militar, que no le perdona su influencia democratizadora sobre Perón, y, por otro, se halla la oligarquía, la aristocracia, consciente de que quien los gobierna es una plebeya bastarda que además ha llegado hasta donde está sirviéndose de su cuerpo y sus encantos. El mundo quiere conocer al fenómeno que ha convulsionado a la América Latina, y Perón la manda de tournée por Europa. La “Gira del Arco Iris” empieza bien en España (Franco y Perón son ambos militares y conocen bastante bien el arte del golpismo), pero las siguientes etapas del viaje (Italia, Portugal y Francia) se convierten en escollos insuperables. En Inglaterra, la Reina se niega a recibir a Eva, y la gente la insulta llamándola “puta”; cuando ésta se queja a uno de sus guardaespaldas, él le contesta: “Pero, señora Perón, ése es un error muy común; a mí aún me siguen llamando ‘Almirante’, a pesar de que hace tiempo que no navego”. Al término de la gira, Eva aparece seriamente desmejorada, pero todos lo atribuyen al simple cansancio. Eva ha creado una Fundación benéfica con la que se pretende ayudar a los más pobres, los “descamisados”, que han empezado a llamarla “Santa Eva”. Cuando Che la increpa porque los fondos de la Fundación no llegan hasta sus legítimos beneficiarios, Eva se limita a contestarle con evasivas referidas a la inevitable simbiosis entre el poder y la corrupción. Perón, por su parte, se convierte en blanco de las críticas por la crisis económica que no consigue atajar y que incluso afecta a las legendarias reservas de carne de vacuno argentino. Pero su mayor preocupación es Eva, quien está cada día más débil, y finalmente se le diagnostica un cáncer de útero. Cuando Perón trata de convencerla para que abandone la vida pública, ella se obstina en hacer justo lo contrario, y consigue que su marido la nombre Vicepresidenta. Pero la realidad es que su salud es tan delicada que a los pocos días se ve obligada a dimitir y, mientras su vida pasa ante sus ojos como una exhalación, fallece a la temprana edad de treinta y tres años. Pero ni siquiera en la muerte Eva obtiene el necesario descanso. Derrocado nuevamente Perón en 1955, el cuerpo embalsamado de Evita es secuestrado y no será recuperado hasta 14 años después… 
Entre el vinilo y las tablas
A pesar de que Robert Stigwood quedó inmediatamente entusiasmado tanto con la música como con las posibilidades dramáticas del texto, Andrew Lloyd Webber insistió en repetir la fórmula que tan bien les funcionase para “Superstar”, por lo que se enfrascó en la grabación de un “concept disc” (“disco conceptual”) que salió a la venta en octubre de 1976. Julie Covington como Eva, Colm Wilkinson (futuro protagonista de “Les Miserables” y que en aquella época aún se hacía llamar “C.T. Wilkinson”) como Che, Paul Jones como Perón, Barbara Dickson como la amante de éste y Tony Christie como Magaldi fueron los intérpretes de un álbum doble que, a imitación del de los Beatles, se editó en tapa blanca y con una portada en la que apenas figuraba la supuesta firma de la mandataria fallecida. El tema central, “Don’t Cry For Me Argentina”, cantado por Julie Covington, se encaramó enseguida al número uno de las listas británicas, y muy pronto fue versionado por Petula Clark, Karen Carpenter y Nacha Guevara, que fue la primera en interpretarlo en español. El segundo sencillo fue “Another Suitcase In Another Hall”, en la voz de Barbara Dickson. Lo primero que llegó a España fue, no obstante, una versión instrumental en formato single, que en la cara A llevaba el “Don’t Cry For Me Argentina” y en la B, “On This Night Of A Thousand Stars”, la canción que en la obra interpreta Magaldi y que en esta adaptación había sido orquestada para acentuar aún más su innegable parecido con el famoso “Cerezo Rosa” de Pérez Prado.

Por su parte, Tim Rice decidió desoir las virulentas críticas que su libreto había cosechado en América del Sur en general y en Argentina en particular, dado que presentaba a Evita como “una prostituta ambiciosa e inescrupulosa”. Tratando de contrarrestar tal imagen, en Buenos Aires se publican a contrarreloj no una sino dos biografías de Eva Duarte: “The Real Lives of Eva Perón”, de Nicholas Fraser y Marysa Navarro, que desvela algunos errores históricos contenidos tanto en el texto de Rice como en el libro de Mary Main que de algún modo lo inspiró, y “Evita vive”, original de Néstor Perlongher, en el que poco menos que se pide su beatificación. Otro aspecto que se criticó muchísimo a Rice fue la participación de un personaje llamado “Che” como narrador de la historia. Obviamente, todo el mundo pensó que “Che” era Ernesto “Che” Guevara, estudiante argentino reconvertido posteriormente en libertador cubano, lo cual conllevaba una serie de incongruencias históricas, ya que Evita y el Che Guevara, aun siendo contemporáneos, jamás se conocieron. Rice evitó en todo momento que sus letras concretasen si “Che” era o no “El Che”, pero lo cierto y verdad es que, en todos los montajes teatrales de la obra, el personaje aparecía caracterizado con pelo largo, barba, boina y la indumentaria paramilitar característica del revolucionario cubano-argentino.
Con vistas a su estreno teatral, Andrew Lloyd Webber y Tim Rice realizaron algunos cambios en la obra, tales como puntuales retoques en canciones como “Dice Are Rolling”, “Eva’s Sonnet” y “Oh What A Circus!” y la completa sustitución de un tema del disco, “The Lady’s Got Potential” por una nueva composición titulada “The Art of the Possible”, cambio en el que el protagonismo inicial de Che pasa a un Coronel Perón cuya llegada al poder se asemeja al juego de las sillas. “Evita”, el musical, se estrenó en el Prince Edward Theatre del West End londinense el día 21 de Junio de 1978, con dirección escénica de Harold Prince y coreografía de Larry Fuller. Robert Stigwood, como ha quedado dicho, fue el orgulloso productor, y el elenco estuvo compuesto por Elaine Paige como Eva (Julie Covington se negó taxativamente a interpretar en escena al personaje que había creado en vinilo), David Essex como Che y Joss Ackland como Perón. La respuesta popular fue apabullante, y las críticas, sobresalientes. La obra recibió dos Premios Olivier (Mejor Nuevo Musical y Mejor Interpretación en un Musical, para Elaine Paige), y el salto a Broadway era inevitable. El debut neoyorquino tuvo lugar el 25 de Septiembre de 1979 y, en el apartado técnico, repitieron Stigwood, Prince y Fuller, si bien todos los intérpretes fueron sustituídos en favor de Patti LuPone (Eva), Mandy Patinkin (Che) y Bob Gunton (Perón). Los galardones tampoco se hicieron de rogar, y “cayeron” siete premios Tony (Mejor Musical, Mejor Partitura, Mejor Libreto, Mejor Dirección, Mejor Actriz – Patti LuPone, Mejor Actor – Mandy Patinkin y Mejor Diseño de Iluminación) además de otras cuatro nominaciones más, entre ellas la de Bob Gunton como Mejor Actor de Reparto. Durante cuatro años ininterrumpidos, este montaje de “Evita” constituyó un éxito apoteósico.

Era evidente que una obra cuya acción transcurre en la América de habla hispana acabaría teniendo, más pronto que tarde, su propia versión española, y ésta se exhibió en el Teatro Monumental de Madrid a partir de 1981. Fueron nuevamente Nacho Artime y Jaime Azpilicueta, quienes ya habían hecho lo propio con “Jesucristo Superstar”, los responsables de la adaptación del texto, mientras que el músico argentino Juan José García Caffi se ocupó de “latinizar” la partitura original, introduciendo nuevas guitarras y, sobre todo, algunos bandoneones. Supongo que todos recordáis que quien finalmente encarnó a Evita no fue Nacha Guevara, sino una Paloma San Basilio en la cumbre de su carrera, acompañada por Patxi Andión como Che y el barítono Julio Catania como Perón.







Del teatro al cine
Desde el mismo momento del estreno del montaje teatral, comenzó a especularse con una posible adaptación cinematográfica de “Evita”. No obstante, quien primero se asomó a la pantalla caracterizada como Eva Perón fue Faye Dunaway, en un telefilm dirigido por Alvin Sargent que bebía directamente de los postulados “irreverentes” enunciados por Tim Rice, y que también tuvo su contrapartida argentina, “Evita, quien quiera oir, que oiga”, de Eduardo Mignogna y con Flavia Palmiero como Eva. La adaptación oficial del musical de Webber & Rice tardó exactamente 20 años en ver la luz, razón por la cual no alcanzó la repercusión que muy probablemente hubiera tenido, de haberse estrenado en un momento más álgido.
 Un Ken Russell que acababa de realizar su muy particular versión de otro musical, el “Tommy” de Pete Townsend y The Who, sonó fuerte a finales de los setenta para ocuparse del proyecto, siendo Barbra Streisand, Liza Minelli e incluso Paloma San Basilio algunas de las posibles “Evitas”, y Barry Gibb y Barry Manilow sus probables partenaires como “Che”. Finalmente, quien se llevó el gato al agua no fue otra que la polémica cantante Madonna, quien, todo hay que decirlo, realizó una muy meritoria encarnación de Eva. La acompañaron un improbable Jonathan Pryce (garrafal error de casting, ya que ni se parecía a Perón ni apenas cantaba) y el malagueño Antonio Banderas, luciéndose (al menos, vocalmente) en el papel de un Che, que, por fin, ni vestía ropa paramilitar ni llevaba barba ni melena, “conformándose” con ser la voz del pueblo y no un guerrillero devenido en icono cultural. El director que logró llevar a buen puerto la traslación fílmica fue Alan Parker, que ya tenía experiencia en el campo de los musicales gracias a “Fama” y “El Muro”, y a mí todavía me dura la decepción tras ver uno de mis musicales favoritos convertido en una película perennemente pintada de tonos ocres que a veces pretende aleccionar con un tono casi documental y que, en otras ocasiones, intenta resultar graciosa en su sarcástica burla del golpismo sudamericano, pero que, lamentablemente, acaba resultando deprimida y deprimente. En cualquier caso, el mismísimo Andrew Lloyd Webber, ya nombrado “Sir” del Imperio Británico a pesar de que llevaba tiempo residiendo en los Estados Unidos, avaló personalmente el film, componiendo una canción adicional, “You Must Love Me” (por cierto, también con letra de Tim Rice, quien accedió a enterrar el hacha de guerra… momentáneamente), que Eva/Madonna entona casi a modo de epílogo y que, como suele suceder en estos casos, obtuvo el Oscar como Mejor Canción Original. Por lo que a mí respecta, tuve la oportunidad de ver la película el mismo día de su estreno en Murcia, en un Cine Rex que casi se llenó y en el que, entre otros muchos espectadores, estaba el famoso y ya fallecido escritor Fernando Vizcaíno Casas. A propósito, conviene reseñar que, una vez más, los argentinos consideraron que aquel mismo año era el momento idóneo para imponer su personal visión de la figura de Evita, y así nació “Eva Perón”, film dirigido por Juan Carlos Desanzo y en la que Esther Goris se convirtió en Eva, y Victor Laplace en Perón.


Conclusiones

Independientemente de las estériles polémicas, de la manipulación de los hechos históricos y de las incongruencias cronológicas, no cabe duda de que “Evita” constituye, junto con “Jesus Christ Superstar” y“The Phantom of the Opera”, uno de los mejores trabajos de su famosísimo y aclamado compositor, y puede asegurarse que se trata de uno de los mayores hitos del género musical durante la segunda mitad del siglo XX. Nunca llueve a gusto de todos, y no debe permitirse que la ancestral rivalidad entre ingleses y argentinos (que en los ochenta vivió un rocambolesco y lamentable episodio tras la invasión de las Islas Malvinas) empañe la majestuosidad de una obra en la que, éso sí, siendo justos, la letra no siempre está a la altura de la partitura. De memoria cito un par de ejemplos, con su correspondiente traducción para la mayoría no-angloparlante. En la famosísima “Don’t Cry For Me Argentina” (“No llores por mí, Argentina”) se construye una de las rimas más horteras que este cronista recuerda: “… Through all my wild days / my mad existence / I kept my promise / Don’t keep your distance”, que vendría a significar algo así como “… Durante mis días salvajes / y mi loca existencia / yo mantuve mi promesa / pero vosotros no mantengáis vuestra distancia”. La otra “cumbre” del curriculum rapsoda del amigo Tim Rice, poseedor, como, por otra parte, ha quedado de manifiesto, de una trayectoria irreprochable como letrista, la canta el personaje del “tanguista” Magaldi: “On this night of a thousand stars / let me take you to Heaven’s door / where the music of love guitars / plays for evermore” (“En esta noche de mil estrellas / déjame llevarte a las puertas del Cielo / donde la música de las guitarras del amor / suena para siempre”). ¡Toma sutileza romántica!. Pero son sólo dos minúsculas lagunas en un océano de inspiración y calidad, una ópera rock llena de arias maravillosas (“Don’t Cry For Me Argentina” y “Lament” a cargo de Eva, “Oh, What a Circus”, “High, Flying Adored” y “And The Money Kept Rolling In (And Out)” en la voz de Che, “Another Suitcase in Another Hall”, interpretada por la amante de Perón) y dúos inolvidables (“Waltz for Eva and Che” y, sobre todo, el precioso “I’d Be Surprisingly Good For You”, que cantan Eva y Perón) que, por si alguien lo dudaba, logró elevar definitivamente a María Eva Duarte de Perón al Olimpo de los mitos que, como Alejandro Magno, Marilyn Monroe, James Dean, Kurt Cobain o el mismísimo Jesucristo (Superstar), murieron tan prematuramente que siempre permanecerán jóvenes y bellos en nuestra memoria.
Luis Campoy

lunes, 6 de abril de 2009

Los Cazafantasmas también vuelven



La crisis económica lleva aparejada una preocupante crisis de ideas e imaginación. Al menos, en lo que al Cine se refiere. Los altos ejecutivos de Hollywood ya no saben qué hacer para atraer a los públicos jóvenes (los mayores consumidores) a las salas, y, por el momento, sus más brillantes ideas se refieren a prolongar taquilleras sagas ya existentes o bien a “remakearlas” para hacerlas más atractivas para la juventud del siglo XXI. Hace poco nos llegaban las cuartas entregas de “Jungla de Cristal”, Rambo e Indiana Jones, así como la sexta de Rocky, todas ellas con los mismos actores que las hicieron célebres hace veinte o incluso treinta años. Paralelamente, hemos recibido con los brazos más o menos abiertos las revisitaciones de Batman, Superman, “La noche de Halloween” y “Viernes 13”, mientras que la nueva “Star Trek” está a punto de estreno y hasta “Pesadilla en Elm Street” va a ser objeto de revisión. En este contexto, uno casi agradece que los entrañables Cazafantasmas tengan también su oportunidad. Corría el año 1984 cuando varios humoristas procedentes de la cantera del programa televisivo “Saturday Night Live” (el original, el norteamericano… el bueno) se reunieron para elaborar una comedia que, al tiempo que se burlaba de las películas de terror pertenecientes al subgénero fantasmagórico, contenía unos extraordinarios efectos especiales que hicieron historia. Si nos ponemos a analizar en detalle cada uno de sus chistes y gags, comprenderemos que los motivos del triunfo de esta superproducción no se debieron tanto a los puntuales golpes de ingenio como al tono general, los mencionados efectos especiales (diseñados por Richard Edlund ) y, muy especialmente, a su trío protagonista, quienes, además, fueron los guionistas del producto. Bill Murray, Harold Ramis y Dan Aykroyd dieron vida a tres individuos que se decían expertos en parapsicología pero que no eran más que simples oportunistas que, conduciendo un viejo coche y vestidos con monos de espeleólogo, alquilaban un parque de bomberos abandonado desde el cual hacían frente a una oleada de fenómenos paranormales (apariciones, posesiones, etc.) que amenazaban con sincopar la ciudad de Nueva York. En torno a estos tres actores se reunió un elenco en el que destacaron Sigourney Weaver (la novia de “Alien”), Rick Moranis, Ernie Hudson y Annie Potts. Todos ellos repitieron en una secuela, “Cazafantasmas 2” (1989) que en su día recibió feroces críticas pero que doy fe de que ha ganado bastante con el paso del tiempo. El director de ambas, Ivan Reitman, cumplió con creces su propósito de divertir a los jóvenes ochenteros y también a las generaciones posteriores, abatiendo sobre la ciudad de los rascacielos tremendas amenazas de otro mundo (un espíritu asirio en la primera entrega, un demoníaco conquistador moldavo en la segunda) que los cazafantasmas lograban doblegar evitando que una gigantesca criatura (un muñequito de los Marshmallows hiperdesarrollado) aplastase la Gran Manzana o consiguiendo que el espíritu americano (la mismísima Estatua de la Libertad) derrotase al pérfido caudillo Viggo en ultimísima instancia. Veinticinco años después del estreno de la película original, Columbia Pictures (ahora en poder de la japonesa Sony) anuncia “Cazafantasmas 3”, en la que la buena noticia es que reaparecerían Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis, Ernie Hudson y Rick Moranis y la mala, que todos ellos se limitarían a pasar el testigo a una nueva generación de jóvenes cazafantasmas entre cuyos integrantes podrían estar algunos de los insufribles actores de “Supersalidos”, Jonah Hill y Michael Cera. ¿Secuela o remake? Probablemente, las dos cosas, o quién sabe si ninguna de ellas. Yo espero verla lo antes posible… para poder contároslo puntualmente.

domingo, 5 de abril de 2009

Adiós, Don Diego Cines

Corría el año 1999, y el Cine llevaba muchísimo tiempo en crisis. No hablo del cine concebido como entretenimiento, como evasión, sino como actividad social, como acto cultural que es disfrutado al unísono por cientos de personas en una misma sala. En mi Alicante natal, todos los cines de barrio habían ido cayendo, uno tras otro, y sólo las salas ubicadas en el centro de la ciudad lograban sobrevivir. Por aquel entonces, internet era apenas un bebé que aún se meaba en los pañales, pero ya la televisión y el video habían ido cambiando los hábitos de la gente. De mucha gente. Incluso mi madre, que, de algún modo, fue quien me inculcó el desmedido amor que siento por el Séptimo Arte, me decía “mi cine de ahora es la tele”, y se quedaba tan pancha. ¿Cómo hacerle entender que una película sólo se disfruta plenamente en una sala oscura, ante una pantalla gigante y con un sonido envolvente? Quien no entiende ésto ni siquiera podría llegar a entender cómo me siento yo esta tarde.


Pero no adelantemos acontecimientos. Corría, como digo, el año 1999, y Lorca era ya la tercera ciudad más importante de la Región de Murcia. Sin embargo, los lorquinos que realmente amaban el Cine tenían que conformarse con la única y vetusta sala que quedaba en la localidad, un Cristal Cinema situado en el centro neurálgico de la Ciudad del Sol pero que no se había modernizado al ritmo vertiginoso que las postrimerías del siglo XX marcaban. El sonido Dolby no tenía la calidad y la claridad necesaria, las butacas se antojaban incómodas y, por diversas razones, las películas llegaban dos ó tres meses después de haberse estrenado en las principales capitales españolas. Lorca y sus cinéfilos se merecían algo más, algo mejor. En la primavera de 1999, y tras haber venido proyectando un último y muy poco lucido programa doble compuesto por “Estado de sitio”, con Denzel Washington y Bruce Willis y “Tienes un e-mail”, protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan, el Cristal Cinema cerró sus puertas para siempre; aún al año siguiente, con motivo de su posterior demolición, tuve el privilegio de acudir a la televisión local Onda 7 para trazar una breve semblanza póstuma (que escribí a cuatro manos junto con mi amigo José Martínez Vicente, más conocido como “Pepe el del Cine”, encargado de la sala) del entrañable edificio en el que no sólo ví tantas y tantas películas sino que me sirvió de decorado para rodar algunas escenas de “Sangre”, mi segunda experiencia como realizador. Lo menos malo de la desaparición del Cristal fue que, al mismo tiempo que su pantalla se apagaba, se encendieron las de las seis salas que conformaban Don Diego Cines, integradas en el complejo comercial que rodeaba al hipermercado Eroski.

Recuerdo la noche de su inauguración casi como si fuese ayer. Fue el jueves 25 de Marzo de 1999, y, en lo que podría denominarse el “hall” de aquel paraíso del celuloide, abovedado por paredes blancas decoradas con motivos cinematográficos (Forrest Gump sentado en su famoso banco, unos bailarines escapados de “Un día en Nueva York” o “Cantando bajo la lluvia”, la nave espacial Enterprise de “Star Trek”), tuvo lugar un cocktail al que asistieron el alcalde de la Lorca, Miguel Navarro Molina, casi todos quienes eran o se consideraban “alguien” en el mundillo cultural lorquino, algunos políticos y muchos, muchos “convidados de piedra” a los que jamás había visto en el Cristal Cinema pero que, igualmente, habían querido disfrutar de los canapés. Lo de “Don Diego Cines” era una especie de juego de palabras, ya que, por un lado, hacía referencia al barrio (San Diego) en el que estaban ubicadas las nuevas pantallas, pero, sobre todo, rendía homenaje a Don Diego Miñarro, audaz empresario que, desde los años 40, era conocido como “el hombre que trajo el cinematógrafo a Lorca”, y que, a partir de 1952, había quedado como único exhibidor en lo que a dicho entretenimiento se refería. De su propiedad eran tanto el Cristal como el Gran Cinema (clausurado diez años atrás), y sus cuatro hijos habían continuado al frente del negocio familiar. En el discurso subsiguiente, pronunciado por Diego Miñarro, Jr., quedó patente que el advenimiento de las nuevas salas respondía a la máxima de “renovarse o morir”, así como al loable propósito de “no sólo mantener, sino multiplicar la oferta cinematográfica de la Ciudad del Sol”, para lo cual los Miñarro habían accedido a asociarse con Cines ACEC, empresa exhibidora con sede en Cataluña. Tras el cocktail, los asistentes fuimos invitados a visitar las seis salas (dispuestas de modo simétrico, tres a cada lado del pasillo central, siendo la 1 y la 6 las más grandes, ésto es, las que albergaban un mayor aforo), y en la número 1 nos proyectaron algunos trailers correspondientes a los futuros estrenos. El más espectacular fue el de “Star Trek: Insurrección”, en el que se lució particularmente el nuevo sistema de sonido Dolby Surround, si bien las expectativas que generó no llegaron a satisfacerse, pues la película nunca se exhibió. La existencia de aquellas seis salas permitía que casi todas las películas “importantes” por fin llegasen a Lorca al mismo tiempo que lo hacían a Murcia, o a Madrid o a Barcelona, y he entrecomillado “importantes” porque, no nos engañemos, las que llegaban eran las más descaradamente comerciales. En cualquier caso, no había que desplazarse a la capital de la Región para estar al día de la actualidad, y, lo cierto es que, cuando hizo falta, Don Diego Cines cooperó con la Primavera Cinematográfica de Lorca, con el CineClub Paradiso (en ambos tuve la maravillosa oportunidad de poder colaborar) y, más recientemente, con el programa “Mayores de Cine”, que permitía que las personas de la tercera edad acudiesen al cine pagando sólo 1 euro (posteriormente, cincuenta céntimos) por su entrada. Por lo que a mí respecta, la primera película que yo ví, justo al día siguiente de la inauguración, fue “Muertos de risa”, de Alex de la Iglesia, y esa misma tarde cometí la bendita locura de salir de una y meterme a otra, “Mensaje en una botella”, a la que llevé, con todo cariño, a mi madre, para que viese el trabajo de su ídolo de juventud, Paul Newman, que hacía de padre de Kevin Costner.


Durante más de un año, no hubo semana en que yo no acudiese a ver una o dos películas, y, aunque, posteriormente, por diversas circunstancias de mi vida, estuve algún tiempo sin poder acercarme a Don Diego Cines con la asiduidad que me hubiese gustado, nunca olvidaré los pequeños grandes acontecimientos que ligan mi recuerdo a tan entrañable lugar. Fue en la Sala 6 de Don Diego Cines donde, mi hijo Jorge fue por primera vez al cine (“Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma”), y donde, con dos añitos recién cumplidos, mi hija Laura vio su primera película completa, “Monstruos, S.A.”. Allí me balanceé junto al Hombre Araña en los episodios 1 y 3 de Spiderman”, luché al lado de Aragorn y Frodo en “El Señor de los Anillos: “Las Dos Torres”, ayudé a Neo a derrotar a “Matrix”, navegué en la Perla Negra tripulada por Johnny Depp en las tres entregas de “Piratas del Caribe”, sucumbí con honor del brazo de Leónidas en “300” y me regocijé junto a mis padres y mis hijos del tardío regreso de Harrison Ford en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”. Fueron cientos y cientos las películas que ví gracias a Don Diego, aunque, paradójicamente, nunca estuve en una “Sesión golfa”, que, a semejanza de tantos otros cines de España, se denominaba así porque tenía lugar los sábados a una hora tan intempestiva como la una de la madrugada, y que cierto locutor de COPE-Lorca afirmó que recibía el apelativo de “golfa” porque “se proyectaban películas de alto contenido erótico”.


Entretanto, Lorca crecía y crecía y a alguien se le ocurrió que no bastaba con el hipermercado Eroski, por lo que en noviembre del pasado año se inauguraba un nuevo centro comercial, el Parque Almenara, en la pedanía de Campillo. Naturalmente, al igual que en tantísimos otros entornos de estas características, junto con el McDonald’s, el Lizarrán o el C&A de rigor, se consideró poco menos que obligada la existencia de unos nuevos minicines, regentados, también, por los mismos gerentes de Don Diego, cuyas seis pantallas estaban a punto de cumplir sus primeros diez años de vida. Cuando, hace cinco meses, llevé a mi hijo a ver “Quantum of Solace”, la segunda intervención de Daniel Craig como James Bond 007, ignoraba que ésa iba a ser la última vez que entrase en la enorme Sala 1. El otro día, mientras desayunaba, consulté por curiosidad la cartelera de Lorca, una ciudad que se permitía el lujo de poseer nada menos que dieciséis salas, entre “viejas” y nuevas, y sólo encontré la información correspondiente a los novísimos cines ACEC-Almenara. De tapadillo, sin hacer ruido, sin los fastos que acompañaron a su inauguración, diez años atrás, Don Diego Cines proyectó sus últimas películas el domingo día veintinueve de Marzo de 2009. No creo que nadie llorase, ¿para qué? Aquéllos a quienes aún les gusta disfrutar la auténtica magia del Séptimo Arte sólo tienen que desplazarse unos pocos kilómetros más para acercarse al Parque Almenara, y, los que se dicen amantes del Cine pero se conforman con verlo en su ordenador, saben cómo localizar en internet las películas que les interesan. A mí, sin embargo, me inunda la tristeza al recordar aquellas primeras veces en que iba con mis hijos, teniéndolos que entrar tomados en brazos para evitar utilizar las aparatosas silletas de paseo; los “asientos especiales” de color rojo en los que los subía para que no les molestasen las cabezas de los espectadores de delante; las apresuradas visitas al aseo, teniendo que subir los escalones de dos en dos, cuando mi nene no podía aguantarse el pipí durante la proyección; y, más recientemente, las películas que casi “obligué” a ver a mi pareja cuando, nada más salir de trabajar, la subía en mi coche y a duras penas conseguíamos llegar a Don Diego justo en el momento en que empezaba la última sesión. Pero ¡ay!, no sólo Don Diego Cines merece un obituario. Si no cambia radicalmente la actitud de la gente y la de los gobernantes, el Cine en sí mismo está condenado a su extinción. Ayer , sin ir más lejos, en una de esas ultramodernas salas del complejo Parque Almenara, yo era el único espectador, y lo mismo ocurrió quince días antes, cuando fui con mi hijo a ver “Watchmen”. Sí, el Cine se muere. Lleva más de veinticinco años muriéndose, pero, si aquéllos que nos consideramos cinéfilos no hacemos un pequeño esfuerzo y profesamos nuestra fe acudiendo a las salas, su largamente anunciada muerte se producirá incluso antes de lo que nos imaginamos. Mientras tanto, permitidme que entone, con voz queda y compungida, mi última despedida a un lugar mágico en el que viví miles de horas de felicidad. Adiós para siempre, Don Diego Cines.

sábado, 4 de abril de 2009

Cine/ "LA LISTA"




El título original lo dice todo

Algunas veces, mi amor por el cine me juega malas pasadas. O, mejor dicho, mi necesidad de ir al cine a la menor ocasión se convierte en un chasco de proporciones catastróficas. Este fin de semana se me ocurrió invertir algo más de hora y media en acercarme a los novísimos cines ACEC-Almenara de Lorca con el fin de “disfrutar” el nuevo film de Hugh Jackman inmediatamente antes de “Orígenes X-Men: Lobezno”, que se estrena a finales de este mismo mes de abril. Jackman, aparte de haber dado vida a Lobezno en las tres películas de la saga “X-Men” y protagonizar “Van Helsing”, “El truco final” o “Australia”, acaba de presentar la última edición de los Oscar de Hollywood y ha sido nombrado “El hombre vivo más sexy del mundo”. El más sexy no sé si lo será, pero, si se lo propone, como en el caso de “La lista”, puede llegar a ser el más aburrido. El olfato lupino que caracteriza a su personaje más emblemático, el del mutante Lobezno, no le acompaña a la hora de elegir sus papeles. “La lista” cuenta la historia de un contable, cuya existencia es gris e insignificante, que un día conoce a un hombre apuesto y carismático que, mira por dónde, utiliza un teléfono móvil de idéntica marca y modelo que el suyo, por lo que no es fácil presumir que enseguida van a confundirse los dos terminales. Así sucede, y el contable comienza a recibir llamadas de mujeres que le citan en hoteles para fogosos encuentros sexuales. Naturalmente, nada es lo que parece ser… El director de “La lista” se llama Marcel Langenegger y es un suizo que hasta ahora se había dedicado a la publicidad. Cómo ha conseguido que alguien le financie un pestiño como éste y le asigne a un reparto de campanillas como Jackman, Ewan McGregor, Michelle Williams e incluso la ilustre Charlotte Rampling es el único misterio que realmente esconde este film. Pocas veces he deseado tanto salirme de un cine a las primeras de cambio, y de verdad que, si lo hubiera hecho, no hubiera perdido nada, aparte de los 6,30 euros de la entrada, claro está. La película está rodada con bastante precariedad de medios, la fotografía es sosa y fría a más no poder e incluso los decorados y la música parecen propios de una producción amateur. Los actores no sólo están pésimamente mal dirigidos, sino que se nota que no tenían la más mínima confianza en que los diálogos chorras que estaban recitando pudieran tener el menor interés para un espectador un poco exigente. Como muestra de las estupideces que se contienen en este infumable producto, bastan apenas un par de ejemplos. Cuando Ewan McGregor acude a identificar un cuerpo al depósito de cadáveres, al levantar la inevitable sábana puede verse a una mujer con la que se había acostado unas noches antes.. McGregor demuestra que lo suyo son los números y no las ciencias naturales, porque, a pesar de que el cadáver presenta una tremebunda incisión horizontal en la garganta, al muy panoli sólo se le ocurre preguntar: “¿Cómo la mataron?”. En el último acto del film, que se desarrolla en Madrid, los protagonistas tienen que entrevistarse con el muy ilustre director del hipotético “Banco Central de San Sebastián”, y el fulano atiende al rimbombante nombre de… “Señor Ruiz”. Por cierto, a pesar de que el film está doblado, es evidente que todos los personajes “españoles” hablan y entienden un inglés cuya asombrosa fluidez, desgraciadamente, no es la principal característica real de los banqueros de por aquí. En fin, no dediquemos ni un minuto más a hablar de este peñazo que, yo creo que proféticamente, en inglés se titula nada más y nada menos que… “Deception”.

Luis Campoy

Lo mejor: nada
Lo peor: todo
El cruce: "Wall Street" + “El truco final” + ”El club de la lucha”
Calificación: 3 (sobre 10)