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lunes, 9 de marzo de 2009

Cine/ "WATCHMEN"


¿Puede un tebeo convertirse en cine para adultos?

Dicen que todo buen musulmán debe ir, al menos una vez en su vida, de peregrinación a La Meca. Otro axioma tan válido como ése podría rezar que todo buen aficionado al cómic debe leer, como mínimo una vez, la excelente novela gráfica “Watchmen”, escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibbons. Yo lo hice hace cinco o seis años, y he vuelto a hacerlo este pasado verano, pocos meses antes del advenimiento de su adaptación cinematográfica. Después de ver la película (lo hice, como desde pequeño vengo haciendo cuando se trata de un film que me ilusiona de verdad, el mismo día de su estreno), no sólo me alegro de tener fresca la lectura del comic original, sino que me temo que aquéllos que no lo hayan leído nunca, lo tendrán bastante crudo para disfrutar, y aun entender, el torrente de imágenes que desfilan por la pantalla durante casi tres horas, que a un neófito deben hacérsele poco menos que interminables. ¿Qué ha podido fallar en esta adaptación tan lujosa y fiel y que se anunciaba como uno de los hitos cinematográficos del año? Para empezar, y, muy posiblemente, el deseo obsesivo de ser excesivamente fiel. La fidelidad, tal y como la ha entendido el director Zack Snyder, implicaba reflejar todas las subtramas narradas en el comic (una miniserie de 12 episodios), mantener (aunque fuese de modo episódico) a casi todos sus personajes y circunscribir la acción en un contexto preciso y reconocible (los Estados Unidos de 1985, aunque con sutiles diferencias debidas a que se trata de una especie de universo paralelo). Asímismo, el hecho de que, para muchos, “Watchmen” sea considerado el paradigma del comic “para adultos”, da pie a que en el film se haya recurrido de modo excesivo a los dos ingredientes básicos a los que los niños no deben tener acceso: el sexo y, sobre todo, la violencia. Pero contemos un poquito de la trama argumental del film. En esa realidad alternativa que nos narra “Watchmen”, los super-héroes son tan reales como los militares, los científicos, los policías o los kiosqueros, sólo que un decreto gubernamental les obligó a dejar de actuar y tuvieron que “retirarse”. Edward Blake, más conocido como El Comediante, había seguido vinculado al actual gobierno todavía presidido por Richard Nixon, realizando trabajos sucios durante la guerra de VietNam y habiendo llegado a ser él (y no Lee Harvey Oswald) quien disparó la bala que mató al presidente Kennedy. El asesinato de El Comediante constituye el punto de partida de “Watchmen”, y su antiguo compañero Rorschach sospecha que se trata de un plan para ir acabando, uno tras otro, con los super-héroes que aún continúan vivos. Rorschach y El Comediante formaron parte, años atrás, de un equipo conocido como “Vigilantes” (ésta es la traducción de “Watchmen”), en el que también militaban Búho Nocturno, Ozymandias, Espectro de Seda y el Dr. Manhattan. Este último, un ser de piel azul dotado de poderes sobrenaturales tras un accidente nuclear, es el siguiente en sufrir un atentado, si bien centrado en su desprestigio moral y no en su destrucción física (cosa poco menos que imposible), de resultas de lo cual su pareja, Espectro de Seda, le abandona en favor de Búho Nocturno. Ozymandias, alias Adrian Veidt, considerado el hombre más listo (y más rico) del mundo, logra también sobrevivir a un intento de asesinato, y Rorschach cae en una emboscada de la policía que le conduce directamente a prisión, de modo que Búho Nocturno y Espectro de Seda se verán obligados a liberarle. Los “Vigilantes” entran de nuevo en acción, pero ¿llegarán a tiempo de impedir la inminente Guerra Atómica que está a punto de enfrentar a los Estados Unidos y la Unión Soviética…? Seguramente lo que acabo de contar se podría haber narrado en mucho menos tiempo y con menor abuso de un detallismo que sólo los fans del cómic agradecerán, y, aun siendo aceptable la actitud fervorosa de Zack Snyder, no cabe duda de que a) quienes hayan acudido al cine pensando que se trataba de un tebeo de super-héroes al uso se habrán sentido bastante aturullados; b) los que “pasan” olímpicamente de las películas protagonizadas por justicieros enmascarados tampoco hallarán motivos para modificar su actitud; y c) los devotos de la obra de Moore y Gibbons (entre los que me incluyo) se sentirán complacidos por una parte, pero algo frustrados por otra. Lo primero que me chocó (cosa que ya me sucedió en el film anterior de Snyder, la celebrada y superior “300”) fue el uso del ralentí y la aceleración en la primera secuencia (el asesinato de El Comediante), cosa harto curiosa puesto que, a pesar de que se nota que la escena está bien rodada, tanta paradita y tanto avance rápido en tan pocos minutos hace que te quedes saturado ante tal decisión estética, cuando no un poquito indignado. Luego, cuando, tras los excelentes títulos de crédito (con la canción de Bob Dylan “The Times They Are A-Changing” sonando de fondo), aparece por primera vez el presidente Nixon, su equivocada caracterización (demasiado artificiosa, más aún después de haber visto recientemente a Frank Langella en “El Desafío: Frost contra Nixon”) da la impresión de que se ha optado por la caricatura, lo cual te desengancha de la pretensión supuestamente realista de la película. Pero no sólo Nixon resulta artificial. Todos sabemos que en el cine muchos actores aparecen maquillados y, en ocasiones, tocados con bigotes y pelucas falsas, pero creo que yo nunca había notado tanto que la mayoría de los intérpretes utilizan postizos capilares (Búho Nocturno, Rorschach y, sobre todo, Ozymandias, en sus identidades de paisano, son un clarísimo ejemplo de ésto). Ahondando un poco más en esta teoría, tengo que decir que, si bien en su momento no me agradó la idea, cuando Bryan Singer decidió, en su primer film sobre la Patrulla X (“X-Men”, 2000) modificar los uniformes originales del tebeo para hacerlos más “creíbles”, logró un punto de realismo que, una vez más, en “Watchmen” se pierde bastante, pues, aun aceptando a regañadientes que los super-héroes pudieran existir, no creo que fuese necesario que llevasen ropajes tan aparatosos y chillones como los que aquí lucen Ozymandias y Búho Nocturno. Por otra parte, no sólo el montaje de las escenas de combate llega a chirriar en ocasiones, sino que los supuestamente espectaculares efectos visuales (gran parte del film se rodó frente a pantallas verdes sobre las que se “pintaron” posteriormente los decorados) a veces “cantan” de lo lindo, en especial el diseño del Dr. Manhattan, que se nota demasiado que es un personaje digital creado por ordenador, al que acompaña, además, una insoportable musiquilla psicodélica que pretende que no olvidemos que se trata de un sér nacido de la energía atómica. Algunas escenas (bastante bien rodadas, todo hay que decirlo) logran acabar de confundir al espectador. En la primera de ellas, El Comediante trata de violar a la primera Espectro de Seda, y el modo en que Zack Snyder visualiza la escena, así como los uniformes de los personajes, lo acerca bastante a un porno soft de tendencia sado. Minutos después, vemos cómo la segunda Espectro de Seda, hija de la anterior, hace el amor con dos clones del Doctor Manhattan (vamos, una especie de menage-a-trois superheroico). Mientras Rorschach permanece en la cárcel, se nos cuenta cómo resolvió la investigación acerca del secuestro de una niña por un pervertido pedófilo, y la violencia es tan brutal como explícita, lo cual vuelve a repetirse mientras algunos presidiarios tratan de vengarse de este mismo justiciero. La violencia y el sexo, como dije anteriormente, se disfrazan de supuestos rasgos de madurez, como si, por ser muy violenta o muy sexual, una persona o una obra ya fuese muy madura y muy adulta. Craso error, que, además queda patente en el climax del film, cuando Ozymandias, el héroe que actúa como villano para demostrar lo bueno y lo humanitario que es, revela su plan maestro a sus ex-compañeros Búho Nocturno y Rorschach, alternando los diálogos grandilocuentes con un recital de hostias más propio de un film de karate. En qué quedamos, ¿tratamos de ser serios, realistas y muy adultos o de complacer al público adolescente fanático de Jackie Chan? Algo decepcionante, incluso para los amantes del comic, y bastante confusa y poco digerible para quienes huyen de un tebeo como de la peste, “Watchmen”, a mí, personalmente, me ha gustado (menos de lo que me hubiera gustado que me gustase), aunque lo justo es exponer todos los defectos anteriormente señalados. El dramatismo y la espectacularidad de algunas escenas de acción, la crudeza de algunos momentos dramáticos, un montón de estupendos diálogos y algunas sorprendentes interpretaciones (Patrick Wilson como Búho Nocturno, Jackie Earle Haley como Rorschach y, sobre todo, un soberbio Jeffrey Dean Morgan como El Comediante) quizá no sean suficientes para redondear una gran película, pero representan retazos de buen cine que no dejan de existir ni siquiera en esta peli de super-héroes.

Luis Campoy

Lo mejor: algunas escenas de acción, los decorados no digitales, las canciones que nutren la banda sonora, Jeffrey Dean Morgan

Lo peor: la excesiva duración, la excesiva violencia, la excesiva complejidad

El cruce: X-Men” + “Batman” (versión Tim Burton) + “Teléfono Rojo: ¿Volamos hacia Moscú?

Calificación: 7,5 (sobre 10)

2 comentarios :

Azusa dijo...

Más o menos tengo esas mismas impresiones, me ha gustado pero la violencia y el sexo son demasiado explícitos, más aún que en el comic...

Luis Campoy dijo...

Y no veas cuánto lo lamento, porque llevo meses hablándole a mis hijos (sobre todo al nene, que tiene 10 añitos) del comic y de la peli, y ahora no me atrevo a llevarlos al cine a verla.....