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martes, 17 de febrero de 2009

Todos para una


No, no voy a hablar de mosqueteros... sino de móviles. No de motivaciones u oscuras intenciones… sino de teléfonos celulares. En estos tiempos de aguda y asfixiante crisis, a alguien se le ha encendido una luz mental y, tanto el director general del Congreso Mundial de Móviles como nuestro autóctono ministro de Industria, Miguel Sebastián, han anunciado que se va a presionar a los fabricantes de los susodichos aparatejos para que todos ellos sean susceptibles de ser cargados con un cargador dotado de la misma clavija. El asunto, a poco que lo analicemos, se las trae. Se trata de que para una misma hembra se homologuen todos los machos que a día de hoy pululan (uy, he estado a punto de escribir “pililan”, ¿en qué estaría yo pensando?) por el mercado. O sea, en un futuro a medio plazo, todos los apéndices conectores de los cargadores encajarán perfectamente en el receptáculo vaginal de nuestros teléfonos, cuya forma y textura será una y nada divina, para facilitar la cópula eléctrica, de la que nacerá una carga para la batería que tardará nueve horas en completarse pero que, en la mayoría de los casos, no dará ni para nueve llamadas o para nueve mensajes SMS. Esta es una cruz que tengo yo con mi actual dispositivo. Aproveché una oferta de la FNAC y, el mismo día que ví “El Tren de las 3:10”, a éso de las 6:10 me dejé embaucar por un avispado vendedor que me convenció de que no sería totalmente feliz si no salía del establecimiento provisto de una PDA último modelo de la marca HTC (de la que había abjurado públicamente tras salir escaldado de la primera agenda electrónica que les compré). El cacharrín en sí es una virguería: pequeñito, negro, extraplano, con pantalla táctil, GPS, radio, cámara de 3,8 megapíxels y creo que hasta línea directa con el Teléfono Rojo de la Casa Blanca (esta última prestación confieso no haberla probado todavía). Lo único malo es la duración de su batería, que es, también, pequeñita y extraplana. Las rayitas que indican su nivel de carga desaparecen más rápido que la fe de un venezolano en la pureza democrática de sus elecciones. Vamos que, o lo cargas sin falta todos los días, o te encuentras con un portento tecnológico de primerísimo nivel pero más apagado que el sentido del humor de Don Mariano (Rajoy). Por suerte, es posible que, a partir de ahora, cualquier cargador de cualquier teléfono que cualquier ser humano porte consigo nos sirva para alimentar nuestra batería moribunda antes de que palme por completo. Son las cosas de la globalización. Todos para una… y una para todos.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Un tren puede partir a las 3:10.
Pero muy difícil veo que un establecimiento normal, llamémosle "X", pueda estar abierto a las 6:10.
Pero vamos, se ha entendido perfectamente lo que has escrito.

Saludos;

M.C

Luis Campoy dijo...

Tendrías que haber visto el rótulo que este mismo mediodía he podido leer en el Colegio de mis hijos: "Los niños de primaria pueden ser recogidos a partir de la 1:50". Joder, ya me estoy imaginando a los pobres padres pegándose el trasnoche del copón para recoger a sus hijos a tan intempestivas horas. A mí también me hubiera gustado leer "13:50" y no "1:50", y, en mi artículo, haber escrito "18:10" y no "6:10", pero preferí seguirles la corriente a los que titularon la película de marras "El tren de las 3:10" y no "El tren de las 15:10". Son simplemente estilos, mecanismos de escritura.

Vaya racha llevo; en el artículo sobre los Gormiti, me dejan un comentario aludiendo a una referencia minúscula a San Valentín (cuya festividad coincidió casualmente con el día en que "colgué" dicho artículo); en este otro trabajo, acerca de los teléfonos móviles, me comentan algo referente al modo de expresar la hora. O le estáis buscando los tres pies al gato, o es que todo lo que cuento sobre los temas principales lo dejo tan claro que no hae falta ni brindar vuestra opinión..... Bueno, saludos, "M.C.".