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viernes, 6 de febrero de 2009

Las cosas a la luz del día no se ven igual que durante la noche



Cuando te cambia la vida , a veces los cambios no se limitan al fondo sino que también afectan a la forma , o viceversa. Una mañana soleada me destinaron a nuestra agencia situada en la costa más próxima, y no precisamente porque mi encargado quisiese que mi palidez invernal se tornase en coqueto bronceado. El caso es que , mientras conducía a los sones de Supertramp , pasé por segunda vez ante una silueta de pretensiones modernistas que me resultó vagamente familiar . Las cosas a la luz del día no se ven igual que durante la noche . En aquel momento en que por segunda vez miraba el complejo comercial denominado Parque Almenara, recordé perfectamente la primera ocasión en que me hallé delante y dentro de aquel entorno , y el recuerdo tenia sabor agridulce de pasada felicidad y culpabilidad renovada . Alguien me dijo que este blog es una especie de glosario de mis fracasos , un escaparate de mis carencias como ser humano incapaz de mantener una relación sentimental . Sí , tal vez debería limitarme a hablar de cine y dejar de lado la narración de los errores sobre los que vanamente intento construir algo parecido a un futuro , pero es que , a la larga , es inevitable que un espacio cibernético como éste acabe convirtiéndose en algo así como "El Show de Luis" , en el que lo que prima no es tanto lo que se cuenta sino la óptica particular del cronista . Mi crónica es tan colorista que suele oscilar entre el rosa y el negro , cuando no mezclar ambos colores en la misma paleta . Hace pocas semanas lo veía casi todo como lo hubiera visto la propia Edith Piaf, pero está claro que , si tengo algún destino escrito , ése es el de sufrir o hacer sufrir . De nada valen como excusas mis principios tan decentes o mis intenciones honorables; las lágrimas tienen todas el mismo sabor amargo . Quisiera encontrar las palabras con las que plasmar el pesar propio ante el enésimo dolor ajeno , pero , aunque pudiese pintar mi contrición con verbos floridos , el jardín de la pena seguiría igual de desolado . Los instantes dichosos se quedarán en "dichosos instantes" , el ángel será recordado como demonio y el cielo se confundirá con un infierno en el que la premeditación y la alevosía surgen de cada detalle en el que queramos focalizarlas . El color del cristal tras el que nos miran acaba siendo el único válido para nuestro espectador . La Ronda Sur se confundirá , en el futuro recuerdo , con el sur de la serranía de Ronda , donde un bandolero robaba corazones ; el Garbanzal sólo será aquel sitio en el que dejaron entrar al garbanzo negro de la estirpe masculina; el Mandarache, el escenario de un cambalache de ilusiones trocadas en amargura; y mis futuros regalos de Navidad, mejor que se los pida a los Reyes Magos, y nunca jamás a Santa Claus. Estas, más o menos, fueron las cosas que pensé al circunvalar por segunda vez el Parque Almenara, una soleada mañana en que las cosas ya no se veían como una vez se vieron.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

No se muy bien la historia...pero tu estilo y prosa es inmejorable. Esto es como en los poetas, cuanto más sufren, mejor les salen aquellos poemas que a la gente emociona y a ellos (los poetas) le llena de dolor.

Igual con la alegría y felicidad...
es lo que tiene escribir.

Mil besos y cuidate mucho.

MARISA.

Anónimo dijo...

Cierto.
Cada uno cuenta su historia dependiendo de la óptica con la que la mira.

Por eso siempre es bueno saber desde qué óptica la ve la otra persona.

¿O estoy en un error?