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lunes, 16 de febrero de 2009

Cine/ "EL LECTOR"


Aprender a leer para aprender a olvidar



Es un hecho: las películas que tienen a los nazis o el nazismo como parte intrínseca de su argumento están de moda. Tras “El Hundimiento”, “El buen alemán”, “La Ola”, “El niño con el pijama de rayas”, “Resistencia” y “Valkiria” (sin olvidarnos de la inminente “Good”, con Viggo Mortensen), ahora nos llega, aureolada por su condición de “oscarizable”, “El Lector”, basada en la novela autobiográfica de Bernhard Schlink (bueno, no tan autobiográfica porque en el libro y el film el personaje protagonista pasa a llamarse Michael Berg). Durante la difícil posguerra alemana, un adolescente conoce a una taquillera del metro de Berlín que prácticamente le dobla la edad, pero con la que inicia un romance clandestino basado en el sexo y la lectura (la mujer es analfabeta y le pide al muchacho que, antes de hacer el amor, le lea libros como “La Odisea” de Homero o “La Dama del Perrito” de Chejov). Al finalizar el verano, la mujer desaparece y el joven no vuelve a verla hasta que, casualmente, cuando está acabando sus estudios de Derecho, presencia unas sesiones de un juicio en el que están siendo juzgadas varias guardianas del campo de concentración de Auschwitz… Nunca me ha gustado contar el argumento íntegro de las películas que comento, y jamás destripo sus finales. En el caso de “El Lector” no voy a hacer una excepción, aunque pienso que he dejado suficientes pistas como para que un lector medianamente avispado pueda especular sobre el desarrollo del film. Su director es Stephen Daldry, un tipo que se prodiga poco (por no decir poquísimo) ya que en diez años de carrera tan sólo ha realizado tres películas: “Billy Elliott”, “Las horas” y la que os comento. Podríamos pensar (y acertaríamos) que este caballero se lo piensa mucho antes de decantarse por un film, y que se toma su tiempo en prepararlo para revestirlo de la máxima calidad posible. Excepto por el pequeño pero significativo detalle (muy chocante en una producción tan cuidada) de que los textos y los libros que aparecen en pantalla, aun quedando claro en todo momento que nos hallamos en Alemania, no están en alemán… sino en inglés, la ambientación es estupenda, como lo es la recreación sociológica de la época. En el momento de iniciarse el relato, tan sólo había transcurrido una década desde la dramática derrota de Hitler, y el pueblo germano era una ex-potencia no sólo dividida en dos sino, sobre todo, patéticamente avergonzada de sí misma, de la guerra que sus antiguos dirigentes provocaron y, sobre todo, del Holocausto que ocasionó millones y millones de víctimas. Llamar “nazi” a alguien presuponía, para la mayoría de sus conciudadanos, el peor insulto posible, y contra él (o ella) se abatía la ira no sólo de su país sino del resto del mundo. Pero no olvidemos que lo del nazismo no es sino una hábil cortina de humo que pretende que nos abstraigamos del polémico leit motiv de la historia: una mujer adulta “pervirtiendo” a un adolescente. No quiero ni pensar lo que hubieran dicho determinados sectores de la sociedad si la cosa hubiese sucedido al revés (un hombre hecho y derecho beneficiándose a una doncella quinceañera), pero Stephen Daldry, afortunadamente, se pasa por el forro el “qué dirán”, y no obvia los generosos desnudos de la pareja protagonista, una Kate Winslet cuyo físico se asemeja más a la carnalidad de “Titanic” que a la anorexia de “Revolutionary Road”, y un excelente David Kross, el auténtico descubrimiento de la película. No cabe duda de que “El Lector” no es ni pretende ser la película más alegre ni entretenida del año, y que sus responsables han optado por el drama, la sensibilidad y la introspección como rasgos de estilo. Pero, precisamente por eso, la narrativa clásica de “El Lector” perdurará en la memoria de los amantes del buen cine, a diferencia de productos coyunturales como, sin ir más lejos, “Un chihuahua en Beverly Hills” o “Vicky Cristina Barcelona”, por poner tan sólo dos ejemplos recientes de comedias supuestamente divertidas. Narrado en hasta cuatro momentos temporales (los años cincuenta, los sesenta, los ochenta y, finalmente, los noventa), el film se beneficia de una sorprendente partitura musical compuesta por el desconocido Nico Muhly, y es obligatorio destacar la presencia de actores más o menos ilustres como Bruno Ganz (Hitler en la citada “El Hundimiento”), Lena Olin (mayormente irreconocible) y Ralph Fiennes, que interpreta a Michael en su edad adulta. Con todo, y sin menospreciar la elegante y hermosa puesta en escena de Stephen Daldry (la secuencia inicial, con las siluetas de Michael y Hanna recortándose en el claroscuro de su primer encuentro, ya da una idea de las ambiciones estéticas del cineasta, que no hacen sino confirmarse durante el desarrollo del metraje), el auténtico motor y el alma de “El Lector” es la arriesgada y excelente composición de Kate Winslet, contenida gestualmente pero capaz de transmitir todo un mundo de emociones únicamente a través de su mirada. Reclamamos desde aquí el Oscar para esta señora, que con interpretaciones como ésta (y, no lo olvidemos, como la que nos regala simultáneamente en “Revolutionary Road”) ya se ha ganado a pulso el ser considerada no sólo la actriz más brillante de su generación, sino simplemente una de las mejores de la actualidad.

Luis Campoy

Lo mejor: Kate Winslet, la banda sonora
Lo peor: casi nada (bueno, el pequeño detalle de los rótulos impresos en inglés y no en alemán)
El cruce:Vencedores o vencidos” + “Odessa” + “El niño con el pijama de rayas
Calificación: 9 (sobre 10)

2 comentarios :

Anónimo dijo...

HOLA LUIS, TE RECUERDO QUE ME COMENTASTES, QUE PONDRIAS TU QUINIELA DE LOS OSCAR. AAAAAAAAAAAAAAANNNNTES DE QUE SE ENTREGEN.
UN ABRAZO.
JOSE RUIZ MONTALVAN. MONTY

Luis Campoy dijo...

Sr. Ruiz Montalván, alias "Monty", lo prometido es deuda y el artículo sobre los Oscar ya está publicado... con mi "quiniela" incluída. Ahora sólo falta conocer tu quiniela... y la de todos quienes quieran participar en este nuestro pequeño juego de Oscar.