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miércoles, 25 de febrero de 2009

Oscars 2008: la cosecha





Lo prometido es deuda y aquí tenéis este nuevo artículo acerca de los Oscar correspondientes al año 2008 (Edición número 81) que se entregaron el pasado domingo día 22 de Febrero (madrugada del lunes para nosotros) en el Teatro Kodak de Los Angeles. En esta ocasión, lo que os cuento ya no es un pronóstico o una quiniela, sino una breve reseña de lo sucedido, que se pareció bastante, en líneas generales, a lo que la mayoría esperábamos que sucediera. Que la ganadora iba a ser “Slumdog Millionaire” era, como suele decirse, un secreto a voces. Nos sé si, como en su momento dije, se trata de una especie de “efecto Obama” (el triunfo de lo exótico, de lo racial), pero era evidente que los premios gordos no iban a ser para expresidentes embusteros (“El Desafío: Frost contra Nixon”), ni para mártires del movimiento gay (“Un hombre llamado Harvey Milk”), ni para guardianes nazis analfabetas (“El Lector”) y ni siquiera para el niño nacido anciano que vive su vida hacia atrás (“El curioso caso de Benjamin Button”). La historia de ese “perro de las chabolas” hindú que consigue ganar cierto famoso concurso televisivo, que, en su versión hispana, presentara con tanto éxito Carlos Sobera, ha conmovido al público y los académicos, incluso bastante más de lo esperado: finalmente ha merecido nada menos que 8 oscars. Que los Oscar no significan lo mismo que hace veinte años todos lo sabemos, pero tampoco su valor es el mismo que tuvieron en los gloriosos viejos tiempos. Objetivamente, ¿se merece “Slumdog Millionaire” más estatuíllas doradas que, por ejemplo, “La lista de Schindler” o “El silencio de los corderos”?. ¿Son justos los 8 premios para “Slumdog…” teniendo en cuenta que un film grandiosamente épico como “Ben-Hur” “apenas” logró 3 más (11)?. En fin, todas estas preguntas son absolutamente improcedentes, especialmente la que hace referencia a la justicia o injusticia de la decisión, pues, como tantas veces he dicho, estos galardones no son una ciencia exacta que se mide por criterios asépticos y objetivos, sino que lo que suele pretenderse es coronar a determinadas producciones con el fin de cumplir un determinado propósito, no siempre artístico, no siempre cinematográfico. Que el film de Danny Boyle pueda ser el mejor del año, y su director haber cuajado el mejor trabajo de realización puede que, desde cierto punto de vista, no sea una exageración, pero eso no implica, objetivamente, que su guión (adaptado) sea el mejor, que su fotografía sea la mejor o que su partitura musical y su canción sean las mejores. En años como éste se nota que ha habido un consenso generalizado, lo cual, entre otras cosas, perjudica seriamente a las películas rivales, que acaban consolándose con la pedrea. Sea como fuere, en esta Edición tan previsible, la mayor sorpresa de todas, probablemente, ha sido el galardón al Mejor Actor Principal, que no ha recaído en el favorito unánimemente reconocido (Mickey Rourke por “El luchador”) sino en Sean Penn (“Mi nombre es Harvey Milk”), lo cual no quiere decir otra cosa que el bueno de Rourke seguirá teniendo motivos para emborracharse a costa de su “rechazo” por parte del sistema. Nada que objetar a la elección de Kate Winslet (“El Lector”) como Mejor Actriz (de verdad que se lo merece), y, en cuanto a la categoría secundaria, me alegro por nuestra Penélope Cruz (“Vicky Cristina Barcelona”), si bien ya sabéís que no me gusta la película y ella me pareció bastante sobreactuada. Lo del premio a título póstumo para el malogrado Heath Ledger (“El caballero oscuro”) era el secreto peor guardado de la noche, tanto que todo el mundo ya lo daba por hecho incluso antes de poder ver el trabajo del actor, pues los rumores empezaron a correr seis meses antes de estrenarse la película. También estaba cantado lo de “Wall-E” (otra que me defraudó, aunque parece que he sido el único), y en cuanto a esa otra película de animación que competía en la categoría de Mejor Película Extranjera (la israelí “Vals con Bashir”), ya avisé de que era un mal momento para premiar a una producción proveniente de Israel, el país que ha estado masacrando a los pobres palestinos de Gaza. Muy buena la actuación de Hugh Jackman en su calidad de maestro de ceremonias (¡esos números musicales con Anne Hathaway, Beyoncé, Zac Efron y compañía…!), y muy triste el luctuoso “In Memoriam” en el que, por si lo habíamos olvidado, pudimos recordar que 2008 no sólo fue el año en que triunfó “Slumdog Millionaire” o el año en que volvió Indiana Jones, sino que, sobre todo, fue el año en que nos dejaron Stan Winston, Sydney Pollack, Cyd Charisse, Charlton Heston o Paul Newman. Ni siquiera el colorido de la India puede pintar el vacío en que nos sumimos cuando se apagan estrellas así.

lunes, 23 de febrero de 2009

Los peores cuarenta y cinco minutos




Alguien que me conozca bastante podría pensar que hoy, lunes, iba a hablar de Oscars. Alguien que me conozca mucho sabrá que necesito, primero, hablar de fútbol; los premios cinematográficos pueden esperar a otro día. El pasado sábado, día 21 de Febrero, viví algunos de los cuarenta y cinco minutos más amargos de mi vida. No voy a disimular (nunca lo he hecho, en realidad): soy del Barça, digan lo que digan y para bien o para mal (vamos, igualito que mi amigo Fele, al que, de paso, envío un cariñoso abrazo), y lo que viví entre las 20:00 y las 20:45 horas de ese sábado difícilmente podré olvidarlo mientras tenga uso de razón. Siempre había pensado que los partidos retransmitidos por La Sexta tenían mucho de gafe para el Barcelona; durante las dos últimas temporadas, lo habitual era que cada vez que dicho canal ofrecía los encuentros del conjunto entrenado entonces por Frank Rijkaard, los azulgrana jugasen peor que mal y encima hiciesen el ridículo. Ultimamente, como todo el mundo sabe, las tornas habían cambiado, y los Messi, Eto’o, Alves y compañía estaban no sólo arrasando en la Liga de fútbol sino cautivando con su juego a todo el mundo mundial. Pero el hecho de que yo lleve gafas no me convierte en miope. El parón navideño le ha sentado fatal al Barça. El portentoso ritmo alcanzado hasta entonces, y que se había basado en el ejercicio, la disciplina e incluso la dieta, se resintió muchísimo a raíz del cambio de año. Fue a partir de entonces cuando empezaron a escasear las goleadas, cuando se relajó la presión, cuando se sació el hambre devoradora y los rivales se nos subieron a la chepa. Recordemos, sin ir más lejos, las dificultades para pasar a semifinales de Copa del Rey (precisamente frente al Espanyol) y el agónico empate de hace una semana frente al Betis. Sí, algo sutil y casi imperceptible había cambiado, y los madridistas y pro-madridistas esperaban impacientes una ocasión propicia, que se materializó anteanoche. Desde que dio comienzo la transmisión de La Sexta, y a pesar de que, por fortuna, no hubo que aguantar los insufribles comentarios de Andrés Montes (reservado para el partido de las diez de la noche), las cosas se pusieron muy cuesta arriba para el equipo de Guardiola. Las (pienso que inocentes) declaraciones de Samuel Eto’o a un periódico francés, aludiendo a que “su equipo del alma era el Mallorca, y en el Barcelona sólo trabajaba”, pronunciadas a principios de la semana, habían sido magnificadas de tal modo por los diarios deportivos madrileños que todos acabamos convencidos de que el ambiente en Can Barça se había enrarecido de la noche a la mañana; por si éso no bastaba, los de La Sexta, para meter más presión a todos los aficionados azulgranas, tuvieron la brillante y puñetera idea de insertar un marcador simultáneo que nos permitiría ir siguiendo los resultados de los encuentros que, paralelamente, estaban jugando el Villarreal y el Real Madrid (este último frente al Betis, a quien el Barça había arrancado a duras penas un empate justito a dos goles). Empezó el partido en el Camp Nou y el Barcelona, como siempre, intentó irse hacia delante e imponer su juego basado en el toque y la posesión, a lo que el técnico españolista, Mauricio Pochettino, opuso una táctica que debería estar prohibida, pues consistió básicamente en ahogar el juego contrario (o sea, la teoría del perro del hortelano: ni juego ni te dejo jugar), la sucesión indiscriminada de faltas (con la complicidad del árbitro) y la estrategia del contragolpe como única opción ofensiva. Los culés cayeron en la trampa, y de qué modo. Tan sólo una acción de Messi que le puso un gol en bandeja a un Tití Henry que no entiendo cómo pudo cabecear fuera, y enseguida se comprobó que el verdadero foco de atención tenía como epicentro el Santiago Bernabeu. A los diez minutos, el marcador incrustado traicioneramente en la parte inferior derecha de la pantalla nos dio la primera señal de alarma: el Madrid ganaba 1-0 (y el Barça seguía 0-0). Bien, no pasa nada. Hay partido. Pero, enseguida, apareció de nuevo el rotulito de las narices: el Madrid ganaba 2-0 (y el Barça seguía 0-0). Muy poco después, volvió a surgir de entre los cátodos el sempiterno aviso, y casi todos pudimos prever su contenido: el Madrid ya ganaba 3-0 (y el Barça seguía 0-0). Joder. Empecé a sentirme febril, a notar picores por doquier, y mi resfriado empeoraba por momentos. ¿Qué demonios estaba pasando? El mejor equipo de Europa (por no decir del mundo) estaba cada vez más nervioso, cada vez más dubitativo e inoperante, cortadas en seco todas sus acciones por las faltas cometidas por el Espanyol. Entonces, un tenue hálito de esperanza. El marcador simultáneo informaba de que el Betis había logrado un gol que me pareció de oro (3-1), y me sentí ingenuamente ilusionado. Por poco tiempo. No habían pasado ni cinco minutos, cuando, “Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”, retorna el malhadado avisador. “Real Madrid, 4 – Betis, 1” (y el Barça seguía 0-0). Pero las desgracias nunca vienen solas. Eric Abidal, que, para variar, estaba cuajando un buen partido por la banda izquierda, se lesiona para 8 semanitas de nada, y, lo peor de todo, un botarate vestido de amarillo que no paraba de chupar un silbato oxidado y había sido incapaz hasta entonces de impedir el juego sucio del Espanyol, comete la injusticia de su vida y expulsa, sin ton ni son, al bueno de Seydou Keita. Los azulgrana se quedan con diez, y en ésas, como si todo formase parte de una pérfida estrategia urdida desde la capital del Reino, el rótulo electrónico de los cojones anuncia que el Real Madrid ha marcado el 5-1 (y el Barça seguía 0-0). Como dijo el poeta, “Pies, ¿para qué os quiero?”. Movido por una especie de resorte, me levanté del sofá con la intención de no volver. ¡No estaba dispuesto a seguir presenciando una afrenta semejante!. Y menos mal que me levanté entonces, porque a los pocos segundos los merengones todavía se permitieron la fechoría final con su alevoso 6-1. Durante el descanso, apenas pude descansar. Ya me imaginaba no sólo las risas de todos mis amigos y compañeros madridistas, sino la resurrección del fantasma de las dos últimas temporadas, con un Barça que aspiraba a ganarlo todo y al final todo lo perdía. Pero ¿qué demonios? Todavía quedaban nada menos que otros cuarenta y cinco minutos, en las que, con toda seguridad, el Pep Team reaccionaría de forma espectacular. Quiá. Ante la baja de Keita, Guardiola quita al pobre Henry y saca a Sergio Busquets, con lo cual el juego por las bandas desaparece. Pero ni siquiera el refuerzo del centro del campo surte efecto cuando resurge de sus cenizas una ex-lumbrera de la cantera barcelonista llamada Iván de la Peña, también conocido como “El Pequeño Buda”, también conocido como “Lo Pelat”. El Pelao sentenció el partido él solito, y en apenas cinco minutos. Primero, rematando un córner ante el habitual fiasco de la defensa en zona impuesta por Pep, y, pop, a continuación se aprovechó de la enésima estupidez de Víctor Valdés, que le pasó una pelotita en la que, si uno se acercaba un poco, se podía leer en letras enormes “Métemela hasta dentro”, y materializó un 0-2 que fue coreado en el Bernabeu como si de un orgasmo de Cristiano Ronaldo se tratara. De la Peña no marcaba un gol desde hacía 4 años, pero claro, ya tocaba. El coloso africano Touré Yayá logró acortar distancias con un golito providencial, y, cuando aún era posible la remontada, Guardiola sufre una especie de aneurisma cerebral tamizado de esquizofrenia degenerativa y saca del campo al pichichi de la liga, Samuel Eto’o, el hombre que más goles ha marcado hasta ahora, para dar entrada al rubio Eidur Gudjohnsen, el hombre que más veces la ha pifiado en lo que va de liga. Que sí, que, como castigo a la incontinencia verbal de Samu, la medida pudo ser cojonuda, pero éso se hace cuando el equipo gana 6-0 (qué tiempos aquéllos…) , y no cuando marcar un par de goles es más necesario que respirar. Conclusión, Barça, 1 - Espanyol, 2, adiós a la imbatibilidad, cinco puntos perdidos en dos jornadas, el Madrid a siete y nuestras ilusiones por los suelos. Creo que hoy, más que nunca, me hace falta que mi amigo Jesús, el culé más optimista que existe, me levante un poco la moral. ¡A ver si las chispeantes burbujitas de la Vichy (catalana) me ayudan a superar el trauma! (P.D.: De Oscars hablamos en otro momento, ¿Ok?).

viernes, 20 de febrero de 2009

Televisión/ "Aguila Roja"


En medio de una triunfal racha de audiencias estratosféricas (cuyo pico estuvo en la emisión del segundo episodio de la miniserie “23-F: El día más difícil del Rey”, de la que tal vez me decida a hablar algún otro día), La 1 de Televisión Española estrenó anoche su nueva serie de aventuras, “Aguila Roja”, con un resultado ciertamente espectacular: cinco millones de españolitos la acompañaron en su debut. Hace ya muchos meses que comencé a saber de este proyecto, y he de decir que las primeras imágenes que se difundieron daban ganas de apagar la tele. Lo mismo pasó, por ejemplo, con el primer tráiler de “Ghost Rider”, versión Nicolas Cage, antes de que los magos del ordenador metieran mano en el material primigenio. Hoy en día, cualquier obra audiovisual requiere de un “tuneado” informático que le lave convenientemente la cara y suavice sus eventuales arrugas, o, como mínimo, de un montaje bastante exigente que elimine del metraje final aquellos planos o secuencias que no están a la altura que los responsables se han fijado para su obra. Volviendo a “Aguila Roja”, hay que reconocer que, a medida que iba acercándose la fecha de su estreno, la pinta del producto iba mejorando, y, finalmente, cosa muy rara en mí, allí estaba yo anoche, ante el televisor, expectante por disfrutar su primer episodio. La acción de “Aguila Roja” transcurre en el siglo XVII, cosa que podemos deducir por la cuidada reconstrucción, aunque no por sus diálogos. Sus personajes, tanto adultos como infantiles, se expresan con una coloquialidad más propia del siglo XXI, tanto que, oyéndoles hablar, se hace raro no ver entre las manos de los rapaces alguna que otra Nintendo DS. El protagonista del serial es un joven maestro, casado y con un niño, que tan sólo aspira a malvivir ejerciendo su noble profesión. En un entorno bastante más ominoso, una secta de notables caballeros que ocultan sus identidades bajo unos capuchones de color rojo, conspiran para derrocar al Rey. De la forma más tonta, uno de los conspiradores decide desmarcarse del resto y, en su huída, mientras es perseguido por sus antiguos secuaces, se tropieza en plena calle con la mujer del maestro, la cual es acusada de conjura y muere a consecuencia de las heridas que se le infligen mientras es torturada. Transcurridos tres meses de estos sucesos, el pueblo llano recibe con regocijo el advenimiento de un justiciero enmascarado que vela a sangre y fuego por sus intereses: se trata del enmascarado conocido como Aguila Roja. Este es, en líneas generales, el punto de partida de esta serie que, si la audiencia acompaña, presidirá desde ahora el prime time de los jueves en la primera cadena de Televisión Española. Sus protagonistas principales son David Janer, Francis Lorenzo, Javier Gutiérrez, Adolfo Fernández, Myriam Gallego e Inma Cuesta. Sobre el primero, decir que responde al mismo criterio que, por ejemplo, el Rodolfo Sancho que protagoniza otra de las series estrella de la cadena, “La Señora”; en ambos casos se trata de intérpretes en los que el atractivo físico se antepone a las dotes dramáticas, que se limitan a luminosas sonrisas bajo las que chirría una voz impersonal a la que le vendrían de maravilla un par de cientos de horas de teatro clásico sobre los escenarios. Francis Lorenzo, que se dio a conocer acompañando a Emilio Aragón en “Médico de familia”, encarna con bastante convicción al villano de turno, resultando satisfactoriamente creíble, incluso en la fisicidad de su personaje, que le obliga a montar a caballo y empuñar la espada. Javier Gutiérrez da vida al pícaro ayudante del héroe, un Sancho Panza cómico que, al menos, logra desmarcarse de la composición que más me ha gustado de este actor, el padre angustiado de la terrorífica “La habitación del niño”. Adolfo Fernández, de la serie “Policías”, hace de cura díscolo que, bajo sus hábitos, discrepa de la actitud demasiado terrenal de la Iglesia y se erige en mentor del justiciero enmascarado. Myriam Gallego (“Periodistas”) e Inma Cuesta (vista en la segunda temporada de mi serie de cabecera, “Amar en tiempos revueltos”) son las “payas de la película” (que diría un murciano), y, al menos en el primer episodio, parecen más predispuestas a realizar una exhibición de sus encantos que de sus habilidades actorales. En cuanto a la caracterización del personaje principal, el hombre conocido como Aguila Roja (que, digámoslo ya, no es otro que el maestro vilmente atropellado por la villanía de los poderosos), es obvio que los guionistas se han sacado de la manga un héroe que reúne en sí mismo las principales características de Batman, adaptadas a un entorno social copiado de aquél en que El Zorro lleva a cabo sus hazañas, y que domina estrategias de lucha dignas de V, el misterioso enmascarado de “V de Vendetta”. Que en un contexto en el que los ricos oligarcas ejercen sin piedad el derecho de pernada, atropellando un día sí y otro también al pueblo llano, pueda surgir un adalid de los menesterosos, no seré yo quien lo niegue… Pero que, de la noche a la mañana, como consecuencia de un deseo de venganza por la muerte de su esposa, un pacífico maestro se convierta en un saltimbanqui que no sólo es un virtuoso de la esgrima sino que es capaz de realizar más volteretas y saltos mortales que el más experimentado de los atletas circenses, no parece muy creíble. Siento curiosidad por conocer cómo evolucionan las cifras de audiencia cosechadas por este episodio piloto. Cualquier cosa me parecería posible: que el público se siguiera entusiasmando con esta ambiciosa serie que reconstruye con un buen nivel presupuestario una época histórica reconocible, insertando en ella locuciones propias de nuestros días y, al igual que ocurría en el comic “1602”, introduciendo un (super) héroe fácilmente reconocible; o que, decepcionados por la notable debilidad del guión y risiblemente sorprendidos ante los saltitos del enmascarado y la torpeza y apatía de sus rivales, acabasen por sintonizar cualquier otro canal. Yo creo que sí voy a darle otra oportunidad a “Aguila Roja”; al menos, porque ese tufo a historieta me resulta irresistiblemente atractivo, y porque, aunque, argumentalmente, la serie adolezca de un evidente infantilismo, su factura técnica es más que irreprochable y eso siempre se agradece.

jueves, 19 de febrero de 2009

OSCARS 2008, candidaturas... y quiniela

En el albor de los tiempos, hace prácticamente un millón de años, casi cuando los dinosaurios aún dominaban la tierra, los Oscar eran unos galardones tachados de “yanquis” e “imperialistas” y apenas tenían repercusión mediática. Como mucho, una página en blanco y negro en alguna revista especializada como “Fotogramas”. Los cinéfilos a los que nos gustaba el cine-espectáculo, el cine-glamour, teníamos que conformarnos con escuchar por la radio la gala de entrega de los Premios de la Academia narrada por un Carlos Pumares que todavía no había perdido el (buen) juicio, e incluso recuerdo haber podido seguir alguno de esos eventos retransmitido por la Primera Cadena de Televisión Española, con afortunados comentarios de Alfonso Eduardo y, en ocasiones, las incisivas puntillas de su llorado tocayo Alfonso Sánchez. Luego llegaron las televisiones privadas (Antena 3 ofreció al menos un par de ceremonias) y, finalmente, Canal + se hizo con la exclusiva, con lo cual los Oscar volvieron a ser patrimonio de unos pocos afortunados, entre los cuales, lamentablemente, hace tiempo que no me incluyo. En cualquier caso, nadie puede quitarme el maravilloso recuerdo de aquellas noches interminables en las que, en compañía de alguno de mis más frikis pero más adorados amigos, festejaba a mi manera la fiesta por excelencia del Séptimo Arte. Patatas fritas, palomitas, toneladas de chucherías varias, litros de Coca-Cola y muchas cafeteras nos ayudaban a no dormirnos mientras presenciábamos el desfile más rutilante del firmamento, el de las estrellas de Hollywood paseándose por una alfombra carmesí y luego entregándose los unos a los otros unos premios que, para nosotros, tenían tanta repercusión que rara era la película oscarizada que no nos matábamos por ver. Indudablemente, el hecho de no poder presenciar en riguroso directo la glamourosa ceremonia me ha ido desanimando paulatinamente, privándome de aquella ilusión casi infantil, por lo que llegó un momento en que ya no me parecía necesario ver todas las películas favoritas ANTES de la entrega de los premios ni tampoco recuperar las imprevistas vencedoras DESPUÉS de haberse hecho con tan codiciadas estatuillas. No obstante, mi amor por el Cine no ha muerto ni morirá, y rara es la película oscarizable que, teniéndola a tiro, no me acerco al cine más próximo para conocer sus méritos de primera mano. En cuanto a la “porra” o “quiniela” de los Oscar, se trata de una tradición que también se había ido perdiendo (aunque hace un par de años recuerdo haberme proclamado vencedor de la que organizaba mi querido CineClub Paradiso de Lorca), pero, a instancias de uno de esos fenómenos del frikismo paracinematográfico a los que antes aludía, el muy carismático Monty, este año voy a recuperarla con todos los honores.

Como casi todos sabréis, en la madrugada de este próximo domingo día 22 al lunes 23 de Febrero se producirá la ceremonia anual de entrega de los Premios otorgados por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que conducirá por primera vez el actor australiano Hugh Jackman, elegido recientemente “El Hombre Vivo Más Sexy”, título que, a juzgar por su última película estrenada, “Australia”, podría ser sustituído por el de “Hombre Más Aburrido”; esperemos que, para esa noche sin par, Lobezno Jackman afile las garras de su carisma y comande un espectáculo ameno y entretenido. Vamos a pasar revista a las principales candidaturas, y tras cada una de ellas, valiente y gallardamente, me pronunciaré, para que no se diga que no me atrevo a “mojarme” en la lluvia de premios y estrellas.

Mejor Actor Secundario: Josh Brolin, por “Un hombre llamado Harvey Milk”; Robert Downey Jr., por “Tropic Thunder”; Philip Seymour Hoffman, por “La Duda”; Heath Ledger, por “El Caballero Oscuro”; Michael Shannon, por “Revolutionary Road.” MI FAVORITO: Pocas veces se ha visto mayor unanimidad en todos los pronósticos. Desde el mismo momento en que falleció prematuramente hace un año, y mucho antes de que la película se estrenase, todo el mundo pronosticaba que Heath Ledger obtendría un Oscar póstumo por su creación del Joker en “El Caballero Oscuro”. Voto por él.

Mejor Actriz Secundaria: Amy Adams, por “La Duda”; Penelope Cruz, por “Vicky Cristina Barcelona”; Viola Davis, por “La Duda”; Taraji P. Henson, por “El Curioso Caso de Benjamin Button”; Marisa Tomei, por “El Luchador”. MI FAVORITO: Aunque la película me disgustó profundamente y aunque ella está bastante pasada de rosca, me dejaré invadir por un patriótico sentimiento y votaré a Penélope Cruz por “Vicky Cristina Barcelona” de Woody Allen.

Mejor película animada: “Bolt”; “Kung Fu Panda”; “WALL-E”. Un año irregular para las películas de animación. Hay una favorita hiperclarísima, alabada unánimemente por todititos los críticos (pero que a mí me produjo algún que otro bostezo, sería que la noche antes dormí mal), una que no tiene ninguna posibilidad (“Bolt”) y otra (“Kung Fu Panda”) que ha gustado mucho al pueblo llano pero que no va a obtener otro reconocimiento que el simplemente comercial. MI FAVORITO: Me subo al tren del resto de los críticos y postulo a “Wall-E” como triunfadora.

Mejor música original: Alexandre Desplat por “El Curioso de Benjamin Button”; James Newton Howard por “Resistencia”; Danny Elfman por “Un hombre llamado Harvey Milk”; A.R. Rahman por “Slumdog Millionaire” y Thomas Newman por “Wall-E. MI FAVORITO: La partitura de “Resistencia” es el enésimo plagio de “La Lista de Schindler” de John Williams, y “Wall-E” va a quedarse bien recompensada con el Oscar que acabo de otorgarle, así que voto a la hermosísima partitura de Alexandre Desplat para “El curioso caso de Benjamin Button” (aunque lo más probable es que quien levante la estatuílla sea A.R. Rahman por “Slumdog Millionaire”).

Mejores Efectos Visuales: “El curioso caso de Benjamin Button”, ”El Caballero Oscuro”, ”Iron Man”. MI FAVORITO: Muy reñida esta categoría. Las tres lo merecen (y “El Increíble Hulk”, también), pero solo puede ganar una, y yo voto a… “El curioso caso de Benjamin Button”.

Mejor guión adaptado: Eric Roth y Robin Swicord, por “El curioso caso de Benjamin Button”; John Patrick Shanley, por “La Duda”; Peter Morgan, por “El Desafío: Frost contra Nixon”; David Hare, por “El Lector”; Simon Beaufoy, por “Slumdog Millionaire.” MI FAVORITO: John Patrick Shanley es un dramaturgo muy respetado y que en cine se prodiga muy poco; apuesto a que va a ser recompensado por la adaptación de su propio libreto para “La Duda”.

Mejor guión original: Courtney Hunt, por “Frozen River”; Mike Leigh, por “Happy-Go-Lucky”; Martin McDonagh, por “Escondidos en Brujas”; Dustin Lance Black, por “Un hombre llamado Harvey Milk”; Andrew Stanton, Jim Reardon y Pete Docter, por “WALL-E”. MI FAVORITO: Aquí tengo alguna que otra duda, básicamente entre una comedia inteligente (“Escondidos en Brujas”) y una biografía cuya trascendencia social tiene que ser mínimamente recompensada. Voto por “Un hombre llamado Harvey Milk”.

Mejor Película Extranjera: "Vals con Bashir" (Israel), "La clase" (Francia), "RAF Facción del Ejército Rojo" (Alemania), "Departures" (Japón), "Revanche" (Austria). MI FAVORITO: Aunque es un momento algo delicado para premiar a una producción israelí (recientes aún sus bombardeos sobre la Franja de Gaza), estoy casi seguro de que el Oscar en idioma no inglés va a ser para “Vals con Bashir”.

Mejor Actor: Richard Jenkins, por “The Visitor”; Frank Langella, por “El Desafío: Frost contra Nixon”; Sean Penn, por “Un hombre llamado Harvey Milk”; Brad Pitt, por “El curioso caso de Benjamin Button”; Mickey Rourke, por “El Luchador”. MI FAVORITO: A los americanos en general y a los académicos en particular les encantan las historias de interés humano, de superación de todo tipo de dificultades, y si, además, el protagonista es un ídolo caído en desgracia pero que ha aceptado volver a integrarse en el redil del star system, pues miel sobre hojuelas. El luchador Mickey Rourke va a tener su noche.

Mejor Actriz: Anne Hathaway, por “La boda de Rachel”; Angelina Jolie, por “El Intercambio”; Melissa Leo, por “Frozen River”; Meryl Streep, por “La Duda”; Kate Winslet, por “El Lector”. MI FAVORITO: Podía haber sido igualmente nominada tanto por ésta como por la minusvalorada “Revolutionary Road”, y los premios internacionales le están lloviendo por ambas películas. El Oscar es para… Kate Winslet por “El Lector”.

Mejor Director: David Fincher, por “El curioso caso de Benjamin Button”; Ron Howard, por “El Desafío: Frost contra Nixon”; Gus Van Sant, por “Un hombre llamado Harvey Milk”; Stephen Daldry, por “El Lector”; Danny Boyle, por “Slumdog Millionaire”. MI FAVORITO: Como estaréis observando hasta el momento, mi pronóstico es que estos Oscars van a estar muy, muy repartidos, al no haber una película destacada que vaya a arrasar con una oleada de premios. Como Mejor Director, me gustaría que ganase David Fincher por “El curioso caso de Benjamin Button” (pero me temo que lo más probable es que se premie a Danny Boyle por “Slumdog Millionaire”).

Mejor Película: “El curioso caso de Benjamin Button”, ”El Desafío: Frost contra Nixon”, ”Un hombre llamado Harvey Milk”, ”El Lector”, ”Slumdog Millionaire”. MI FAVORITO: La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca confirma el interés del mundo por lo exótico, y, además, la famosa y controvertida “alianza de civilizaciones” tiende a estrechar lazos con Oriente. La Mejor Película del año (para los académicos de Hollywood) va a ser… “Slumdog Millionaire”.



Bueno, amigos y amigas, hasta aquí mi humilde pronóstico. Os invito a participar dejando el vuestro como comentario a esta entrada. Los resultados, el próximo Lunes, día 23 de Febrero. Hasta entonces… ¡todo el mundo al Cine!.

martes, 17 de febrero de 2009

Todos para una


No, no voy a hablar de mosqueteros... sino de móviles. No de motivaciones u oscuras intenciones… sino de teléfonos celulares. En estos tiempos de aguda y asfixiante crisis, a alguien se le ha encendido una luz mental y, tanto el director general del Congreso Mundial de Móviles como nuestro autóctono ministro de Industria, Miguel Sebastián, han anunciado que se va a presionar a los fabricantes de los susodichos aparatejos para que todos ellos sean susceptibles de ser cargados con un cargador dotado de la misma clavija. El asunto, a poco que lo analicemos, se las trae. Se trata de que para una misma hembra se homologuen todos los machos que a día de hoy pululan (uy, he estado a punto de escribir “pililan”, ¿en qué estaría yo pensando?) por el mercado. O sea, en un futuro a medio plazo, todos los apéndices conectores de los cargadores encajarán perfectamente en el receptáculo vaginal de nuestros teléfonos, cuya forma y textura será una y nada divina, para facilitar la cópula eléctrica, de la que nacerá una carga para la batería que tardará nueve horas en completarse pero que, en la mayoría de los casos, no dará ni para nueve llamadas o para nueve mensajes SMS. Esta es una cruz que tengo yo con mi actual dispositivo. Aproveché una oferta de la FNAC y, el mismo día que ví “El Tren de las 3:10”, a éso de las 6:10 me dejé embaucar por un avispado vendedor que me convenció de que no sería totalmente feliz si no salía del establecimiento provisto de una PDA último modelo de la marca HTC (de la que había abjurado públicamente tras salir escaldado de la primera agenda electrónica que les compré). El cacharrín en sí es una virguería: pequeñito, negro, extraplano, con pantalla táctil, GPS, radio, cámara de 3,8 megapíxels y creo que hasta línea directa con el Teléfono Rojo de la Casa Blanca (esta última prestación confieso no haberla probado todavía). Lo único malo es la duración de su batería, que es, también, pequeñita y extraplana. Las rayitas que indican su nivel de carga desaparecen más rápido que la fe de un venezolano en la pureza democrática de sus elecciones. Vamos que, o lo cargas sin falta todos los días, o te encuentras con un portento tecnológico de primerísimo nivel pero más apagado que el sentido del humor de Don Mariano (Rajoy). Por suerte, es posible que, a partir de ahora, cualquier cargador de cualquier teléfono que cualquier ser humano porte consigo nos sirva para alimentar nuestra batería moribunda antes de que palme por completo. Son las cosas de la globalización. Todos para una… y una para todos.

lunes, 16 de febrero de 2009

Cine/ "EL LECTOR"


Aprender a leer para aprender a olvidar



Es un hecho: las películas que tienen a los nazis o el nazismo como parte intrínseca de su argumento están de moda. Tras “El Hundimiento”, “El buen alemán”, “La Ola”, “El niño con el pijama de rayas”, “Resistencia” y “Valkiria” (sin olvidarnos de la inminente “Good”, con Viggo Mortensen), ahora nos llega, aureolada por su condición de “oscarizable”, “El Lector”, basada en la novela autobiográfica de Bernhard Schlink (bueno, no tan autobiográfica porque en el libro y el film el personaje protagonista pasa a llamarse Michael Berg). Durante la difícil posguerra alemana, un adolescente conoce a una taquillera del metro de Berlín que prácticamente le dobla la edad, pero con la que inicia un romance clandestino basado en el sexo y la lectura (la mujer es analfabeta y le pide al muchacho que, antes de hacer el amor, le lea libros como “La Odisea” de Homero o “La Dama del Perrito” de Chejov). Al finalizar el verano, la mujer desaparece y el joven no vuelve a verla hasta que, casualmente, cuando está acabando sus estudios de Derecho, presencia unas sesiones de un juicio en el que están siendo juzgadas varias guardianas del campo de concentración de Auschwitz… Nunca me ha gustado contar el argumento íntegro de las películas que comento, y jamás destripo sus finales. En el caso de “El Lector” no voy a hacer una excepción, aunque pienso que he dejado suficientes pistas como para que un lector medianamente avispado pueda especular sobre el desarrollo del film. Su director es Stephen Daldry, un tipo que se prodiga poco (por no decir poquísimo) ya que en diez años de carrera tan sólo ha realizado tres películas: “Billy Elliott”, “Las horas” y la que os comento. Podríamos pensar (y acertaríamos) que este caballero se lo piensa mucho antes de decantarse por un film, y que se toma su tiempo en prepararlo para revestirlo de la máxima calidad posible. Excepto por el pequeño pero significativo detalle (muy chocante en una producción tan cuidada) de que los textos y los libros que aparecen en pantalla, aun quedando claro en todo momento que nos hallamos en Alemania, no están en alemán… sino en inglés, la ambientación es estupenda, como lo es la recreación sociológica de la época. En el momento de iniciarse el relato, tan sólo había transcurrido una década desde la dramática derrota de Hitler, y el pueblo germano era una ex-potencia no sólo dividida en dos sino, sobre todo, patéticamente avergonzada de sí misma, de la guerra que sus antiguos dirigentes provocaron y, sobre todo, del Holocausto que ocasionó millones y millones de víctimas. Llamar “nazi” a alguien presuponía, para la mayoría de sus conciudadanos, el peor insulto posible, y contra él (o ella) se abatía la ira no sólo de su país sino del resto del mundo. Pero no olvidemos que lo del nazismo no es sino una hábil cortina de humo que pretende que nos abstraigamos del polémico leit motiv de la historia: una mujer adulta “pervirtiendo” a un adolescente. No quiero ni pensar lo que hubieran dicho determinados sectores de la sociedad si la cosa hubiese sucedido al revés (un hombre hecho y derecho beneficiándose a una doncella quinceañera), pero Stephen Daldry, afortunadamente, se pasa por el forro el “qué dirán”, y no obvia los generosos desnudos de la pareja protagonista, una Kate Winslet cuyo físico se asemeja más a la carnalidad de “Titanic” que a la anorexia de “Revolutionary Road”, y un excelente David Kross, el auténtico descubrimiento de la película. No cabe duda de que “El Lector” no es ni pretende ser la película más alegre ni entretenida del año, y que sus responsables han optado por el drama, la sensibilidad y la introspección como rasgos de estilo. Pero, precisamente por eso, la narrativa clásica de “El Lector” perdurará en la memoria de los amantes del buen cine, a diferencia de productos coyunturales como, sin ir más lejos, “Un chihuahua en Beverly Hills” o “Vicky Cristina Barcelona”, por poner tan sólo dos ejemplos recientes de comedias supuestamente divertidas. Narrado en hasta cuatro momentos temporales (los años cincuenta, los sesenta, los ochenta y, finalmente, los noventa), el film se beneficia de una sorprendente partitura musical compuesta por el desconocido Nico Muhly, y es obligatorio destacar la presencia de actores más o menos ilustres como Bruno Ganz (Hitler en la citada “El Hundimiento”), Lena Olin (mayormente irreconocible) y Ralph Fiennes, que interpreta a Michael en su edad adulta. Con todo, y sin menospreciar la elegante y hermosa puesta en escena de Stephen Daldry (la secuencia inicial, con las siluetas de Michael y Hanna recortándose en el claroscuro de su primer encuentro, ya da una idea de las ambiciones estéticas del cineasta, que no hacen sino confirmarse durante el desarrollo del metraje), el auténtico motor y el alma de “El Lector” es la arriesgada y excelente composición de Kate Winslet, contenida gestualmente pero capaz de transmitir todo un mundo de emociones únicamente a través de su mirada. Reclamamos desde aquí el Oscar para esta señora, que con interpretaciones como ésta (y, no lo olvidemos, como la que nos regala simultáneamente en “Revolutionary Road”) ya se ha ganado a pulso el ser considerada no sólo la actriz más brillante de su generación, sino simplemente una de las mejores de la actualidad.

Luis Campoy

Lo mejor: Kate Winslet, la banda sonora
Lo peor: casi nada (bueno, el pequeño detalle de los rótulos impresos en inglés y no en alemán)
El cruce:Vencedores o vencidos” + “Odessa” + “El niño con el pijama de rayas
Calificación: 9 (sobre 10)

sábado, 14 de febrero de 2009

Gormiti, los Señores del Merchandising





Gormiti. Me temo que todos los que tenemos hijos en edad de merecer un pequeño regalo en forma de juguete de poco más de seis centímetros de altura y dos euros con cincuenta de coste estamos absolutamente hinchados de oir ese infausto palabro. Pero ¿qué son y a quién diablos se le ocurrió parirlos, dándolos a luz y sacándoselos de su cabezota experta en merchandising? Según parece, el tipo al que debéis darle las gracias por ser vilmente esquilmados un día sí y otro también responde al nombre de Leandro Consumi (pero ¿este apellido es real o un pseudónimo explicativo/definitorio?), florida mente pensante natural de Florencia, Italia, quien en 2004, a la crucificable edad de treintaytrés añitos, dibujó sobre un papel toda una legión de monstruitos a los que un amiguete llamado Gianfranco Enrietto (a éste también debéis mandarle hoy alguna que otra tarjeta envenenada de San Valentín) se ocupó de darles consistencia intelectual (sic). Los tebeos que entre los dos pergeñaron cayeron en manos de los cerebros privilegiados de la potente compañía juguetera Giochi Preziosi, ávida de hacerse con una franquicia capaz de competir con los pokemon y digimon de origen japonés y, de paso, joderles el mercado a los juegos más “serios” como WarHammer. Tal y como sucedía en tiempos casi prehistóricos con los “indios y americanos” producidos aquí por la entrañable Comansi, se trataba de meter dentro de un sobrecito brillante una figurita de plástico pintada en colores llamativos y acompañarla de una carta en la que se detallaban sus supuestos poderes. Los bambini no tardaron en ser abducidos por el creciente fenómeno, pero, como todos sabemos, la cosa no quedó ahí. Tras un apoteósico triunfo en toda Italia y, posteriormente, en media Europa, donde barrieron literalmente a todos sus competidores, los gormiti de la citada Giochi Preziosi (lo de si realmente los engendrillos objeto de este artículo podrían calificarse como “juegos preciosos” es una cuestión tan sujeta al subjetivismo que me niego a entrar en ella, so pena de ser vapuleado por mis hijos) aterrizaron en España a finales del verano de 2007, y fue tal la progresión de su éxito que a estas alturas ya deben haber conquistado incluso los Estados Unidos obamianos. Pero ¿qué demonios son realmente los Gormiti? Su historia, su nudo gordiano, arranca en la remota e imaginaria isla de Gorm, donde viven cinco razas o pueblos dotados de especiales características y sobrehumanos poderes provenientes de la Naturaleza. Así, los más o menos bondadosos pueblos de la tierra, del bosque, del mar y del aire luchan denodadamente y sin descanso contra el malvado pueblo del volcán. Precisamente fue el líder de esta volcánica tribu quien, siglos atrás, había dado origen a todo el tinglado, ya que, a espaldas de los dictámenes del venerable Viejo Sabio que regía la isla, tras una espectacular erupción volcánica, surgieron toda una hueste de criaturas de Lava o de Magma que, dirigidas por el pérfido Magmion, sometieron a sus congéneres. De las lágrimas de pena e impotencia que derramó el Viejo Sabio se formó una especie de luminosa llama azul que fue bautizada como “El Ojo de la Vida”, y, de ella, tomando como punto de partida las más elementales fuerzas de la Naturaleza, nacieron los gormiti “buenos” del futuro, que, como digo, se subdividen en cuatro pueblos. La jerarquización social de estos seres es tan simple que, básicamente, se dividen en Señores o reyes y Guerreros o soldados, con lo que se crea la primera cosmogonía de los Gormiti, compuesta por cuarenta y dos personajes, un Señor y seis guerreros representando a cada uno de los seis pueblos primigenios. En este primer momento (o primera Serie, para entendernos), el líder del pueblo del Aire se llamaba Noctis, y los otros señores atendían a nombres como Tasarau (Bosque), Polypus (Mar) y Gheos (Tierra), enfrentándose a los villanos Magmion (Magma) y Lavion (Lava). El apoteósico éxito de la primera Serie propició el lanzamiento de la segunda, en la que la novedad más evidente fue la fusión de los belicosos seres de Lava y de Magma en una sola tribu, el pueblo del Volcán. Los nuevos señores fueron bautizados como Helios (Aire), Barbataus (Bosque), Carrapax (Mar) y Kolossus (Tierra), y su archinémesis era el volcánico Horror Profundo. Cada uno de estos monarcas contaba, no lo olvidemos, con un mini ejército de seis adláteres que eran quienes realmente se daban de hostias. No contentos con estas dos primeras colecciones, los de Giochi Preziosi lanzan entonces la Serie Mística, especie de remake de la Serie 1, y la Atomic, que reformulaba la Serie 2, ambas con nuevas versiones de los personajes ya conocidos. Hace pocas semanas se estrenaba la Serie 3, en la que los pueblos gormiti, ya más evolucionados, contaban con soberanos cuyos nombres son Devilfénix (Aire), Granárbol (Bosque), Nobilmantis (Mar), el Viejo Thorg (Tierra) y Armageddon (Volcán), y esta vez no vienen solos, ya que les acompañan dos nuevas razas lideradas por Luminor (Señor del Pueblo de la Luz) y Obscurio (Pueblo de la Oscuridad). Ya se está cociendo la Serie Mythos, el inevitable paso adelante de la Serie 3, y los zagales se pasan la mitad del tiempo babeando ante la salida de esta nueva encarnación, y la otra mitad buscando los muñequitos que les faltan de cada una de las series anteriores. Paralelamente, el merchandising ha ido evolucionando también, y de las figuritas de seis centímetros se ha pasado a los muñecos de gran tamaño y sus accesorios y escenarios, de ahí a la televisión (series de dibujos animados como “Gormiti Final Evolution”) y de ahí a todo tipo de objetos de uso cotidiano estampados con las efigies de los personajes creados por Consumi: camisetas, estuches escolares, zapatillas, mochilas e incluso calzoncillos para que los niños más frikis puedan no despegarse jamás de sus personajes favoritos. A pesar de que estos italianos se han propuesto (y lo están consiguiendo) vaciarnos los bolsillos sin piedad y sin remisión (el precio de los sobrecitos donde vienen los muñecos ha evolucionado también, pasando del euro pelao a los dos euros con cincuenta), no todo lo que atañe a los Gormiti me parece perjudicial: es la primera vez que mi hijo y mi hija se ponen de acuerdo para pedir, al unísono, el mismo regalo, y éso no es nada, nada habitual. Padres y madres del mundo: que los invencibles Señores de la Naturaleza se apiaden de vosotros.

viernes, 13 de febrero de 2009

Estimados clientes




Que Iberdrola , la mejor empresa eléctrica a este lado del río Pecos , os apreciaba y estimaba , estoy seguro de que ya lo sabíais . Pero sólo ahora os estáis dando cuenta de cuánto os estima : concretamente , uno de cada dos meses . Como casi todos sabéis , desde el pasado mes de noviembre nuestro gasto en electricidad tenemos que abonarlo mensualmente , lo cual , como siempre en estos casos , debería redundar en nuestro provecho y beneficio . Lindas palabras . Lo malo es que (nueva y desafortunada demostración de lo poco que a los españolitos nos gusta leer) la lectura del contador nos la siguen tomando cada dos meses , por lo que , entre medias , nos encontramos con una estimación que , en determinados casos , es mejor que la afrontemos cómoda y firmemente sentados , por aquéllo de los yuyus , teleles y soponcios traicioneros . Por la cuenta que me trae (sólo un suicida o un estúpido mordería la mano que le da de comer) lo primero que tengo que proclamar es que , en la mayoría de los casos , la antigua Hidroeléctrica asume sus eventuales errores y casi siempre los soluciona de una manera o de otra , lo cual no impide que los consumidores se sientan inicialmente defraudados o incluso estafados . Es el sempiterno síndrome de David contra Goliat , del minúsculo individuo enfrentado a una corporación gargantuesca . Aun a sabiendas de que estamos protegidos por personalidades de tan reconocida solvencia moral como Zapatero , Pepe Blanco , el ministro Miguel Sebastián o , sobre todo , el juez imparcial e independiente por antonomasia , Va-a-asaltar , perdón , Baltasar Garzón , es imposible no sentir alguna vez que los ricos y poderosos pretenden incrementar aún más su poder y su riqueza a costa de nuestra inopia . No obstante , doy la debida fe (de vida) de que Iberdrola es la más honesta , la más decente y la más verde de todas las compañías eléctricas de ayer y de hoy , de aquí y de allá , del mundo mundial y aun del universo universal . Así que , si os sentís damnificados por el sistema de facturación , no os quejéis demasiado , que muy probablemente se debe a una estimación , y éso , el saberos estimados , debería haceros sentir inmensamente complacidos .

martes, 10 de febrero de 2009

Cine/ "EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON"


El paso del tiempo… el peso del tiempo

Un relojero que construye un reloj que marca las horas hacia atrás… Un bebé que nace anciano y, en lugar de envejecer, al ir creciendo rejuvenece… Una anciana que, a punto de morir, cuenta a su única hija el secreto acerca de la identidad de su verdadero padre… Un hombre que afirma haber sido alcanzado ¡siete veces! por un rayo… Estas son algunas de las historias que integran el fascinante argumento de la nueva obra casi maestra de David Fincher, uno de los pocos directores del panorama cinematográfico actual capaz de sorprender con cada nuevo trabajo, y haciéndolo casi siempre no sólo con calidad sino con una notable capacidad de fascinación. Sí, fascinantes han sido sus mejores películas, entre las que podríamos destacar “Seven”, “El Club de la Lucha” y “Zodiac” y, seguramente, su última propuesta, “El curioso caso de Benjamin Button”, incluso excedería este calificativo. Tomando como punto de partida un relato breve de F. Scott Fitzgerald, Fincher y el guionista Eric Roth construyen una fábula que, curiosamente, empieza como “Batman vuelve” (un bebé “diferente” nace en el seno de una familia adinerada y enseguida es abandonado a su suerte) y termina prácticamente igual que una de las más famosas sagas de Spiderman, “La Tabla del Tiempo”, escrita por Stan Lee y dibujada por John Romita, Sr. (merced al poder de una reliquia pseudo religiosa, un anciano se hace cada vez más joven, hasta que, incontrolable su rejuvenecimiento, se convierte en un bebé cuya mayor involución es ya imposible, como también la continuidad de su propia existencia); a veces, incluso sin que exista una relación directa, cine y comic acaban yendo de la mano. Volviendo a “Benjamin Button”, hay que reseñar que las referencias que más se le están imputando son con respecto a “Forrest Gump”, la cual, por cierto, fue también escrita por Eric Roth. A mí, personalmente, se me hace más fácil identificarme con Forrest que con Benjamin, como también prefiero el sentido del humor de aquélla al tono entre melodramático y metafísico que reviste a las desventuras de Button. Pero ésto es tan sólo una opinión. Es innegable que, a pesar de algunos rumores respecto a que fue apartado por los productores del “final cut” o montaje final del film, David Fincher consigue culminar una película que hace de la fábula y la poesía un matrimonio feliz, y el uso que hace de los efectos visuales (se insertó el rostro, ya de por sí maquillado, del protagonista Brad Pitt sobre los cuerpos de los diferentes actores que le dan vida en cada etapa de su originalísima existencia) es absolutamente admirable. No obstante, en esta obra centrada en el paso del tiempo uno de los pocos “peros” que pueden hacérsele viene determinado, precisamente, por el peso del tiempo, es decir, por el excesivo metraje que, en determinados momentos, implica que el ritmo renquée un poco. Algunas de las historias paralelas podían haberse minimizado o incluso obviado, y, sobre todo, la totalidad de las escenas que transcurren en la actualidad, con Cate Blanchett luciendo un horroroso maquillaje y una envejecidísima Julia Ormond (la “Sabrina” de Sydney Pollack y Harrison Ford) a la que en verdad le hubiera hecho falta ir más o mejor maquillada, debieron haber quedado en la mesa de montaje. Con todo, la fotografía de Claudio Miranda, la música del gran Alexandre Desplat (no os perdáis “La joven de la perla”) y el aliento profundamente romántico de sus imágenes convierten a “El curioso caso de Benjamin Button” no sólo en clara favorita a los Oscars que se entregan el domingo 22 de Febrero sino en una de las películas más hermosas que hemos podido ver en la primera década del siglo XXI.

Luis Campoy

Lo mejor: la fotografía, los efectos visuales, Cate Blanchett, Brad Pitt
Lo peor: las escenas que transcurren en tiempo presente, la excesiva duración que podía haberse acortado
El cruce: “Forrest Gump” + “Batman vuelve” + “El color púrpura”
Calificación: 9 (sobre 10)

sábado, 7 de febrero de 2009

Cine/ "VALKIRIA"


Entretenido thriller político-militar

Durante mi adolescencia, tuve oportunidad de conocer bastante bien la parafernalia del III Reich merced a mi relación con mi buen amigo Eugenio, a quien interesaban todos aquellos temas por motivos, digamos, estéticos. No hace falta que os diga que no hay ideología más opuesta a la mía que el nacionalsocialismo, y, sin embargo, viendo “Valkiria”, me sentí, al tiempo que humanamente horrorizado ante la aparición de Adolf Hitler, insospechadamente rejuvenecido al volver a escuchar nombres casi olvidados y al volver a contemplar enseñas y uniformes no por ominosos menos cargados de recuerdos. Hitler es, sin duda, uno de los peores villanos de la Historia de la Humanidad, a la altura de, por ejemplo, Atila el Huno, Nerón, Augusto Pinochet o, más recientemente, Osama Bin Laden. Su insaciable ambición de poder (algo característico en cualquier gobernante de carácter totalitario) se vio acompañada por la puesta en práctica no sólo de grandilocuentes planes anexionistas que llevaron a la guerra a medio mundo, sino también y sobre todo del genocida Holocausto contra el pueblo judío. Pero no todos los alemanes eran como él. Ya en 1938, cuando el hombrecillo del flequillo y el bigote apenas llevaba cuatro años en el poder, se produjeron los primeros intentos de derrocarlo, fallando todos ellos en el último momento. El plan más elaborado y con mayores visos de defenestrar al Führer tuvo lugar el 20 de Julio de 1944, y se conoce como “Operación Valkiria”. Las valkirias (o valquirias), como sabéis, eran una especie de sacerdotisas de los dioses nórdicos que recogían del campo de batalla a los guerreros más heroicos, con el fin de llevarlos al Valhalla o Paraíso, e, inspirándose en ellas, Richard Wagner, involuntario compositor de la banda sonora del nazismo, escribió una de sus más celebres piezas, “La Cabalgada de las Valkirias”, que todos asociamos a la película de Francis Coppola “Apocalypse Now”. Asímismo, “Valkiria” era el nombre clave de un plan de seguridad custodiado por la jefatura suprema de la Wermacht (el ejército alemán) que sólo se pondría en marcha en caso de muerte repentina de Hitler. Como justamente era ésto lo que un grupo de militares alemanes contrarios a la megalomanía nazi perseguía, bajo esta misma denominación se conjuró una operación secreta en la que participaron también algunos políticos e intelectuales, siendo un joven militar de ascendencia aristocrática, el conde Claus Von Stauffenberg, el encargado no sólo de llevarlo a cabo en la práctica (mediante la colocación de una bomba en la “Guarida del Lobo” (el búnker donde se escondía Hitler) sino también de coordinar la sucesión militar y política en el hipotético “día después”, firmando un rápido armisticio con los aliados que pusiese fin inmediato a la Segunda Guerra Mundial. Stauffenberg tenía sólo 36 años pero era ya todo un veterano y un héroe de guerra, habiendo perdido un ojo, una mano y algunos dedos de la otra en un bombardeo en Africa. Obviamente, de todos es sabido que el complot que nos narra “Valkiria”, la película de la que os hablo y que ha dirigido Bryan Singer, el autor de “Sospechosos Habituales” y “X-Men”, constituyó un rotundo fracaso (Hitler murió a consecuencia de una explosión, sí, pero un año después de los sucesos aquí narrados, y, además, suicidándose cobardemente) y, lógicamente, costó la vida a todos y cada uno de los conspiradores. Por lo tanto, el presente film es la crónica llena de tensión y suspense acerca de los preparativos de un acto heroico devenido en derrota, y ¿quién mejor que Tom Cruise para dar vida al héroe y mártir, un gallardo y apuesto Stauffenberg? Con un pintoresco parche en el ojo, Cruise ejerce de protagonista pero también de productor de la película, en un visible intento de reverdecer viejos laureles y de volver a saborear las mieles de un éxito que se le resiste desde que se ha erigido en apóstol número uno de la Iglesia de la Cienciología y enamorado saltimbanqui de su actual pareja, la también actriz Katie Holmes. Más atinado como productor que como actor, nuestro hombre se ha rodeado de un equipo técnico y un elenco artístico infalible, y ni siquiera los innumerables retrasos y la inacabable sucesión de problemas que han aquejado al rodaje y la posproducción del film han mermado la calidad y el resultado final de éste, que siempre interesa y emociona y jamás se hace lento o pesado. Bryan Singer se recupera, también, del fiasco de “Superman Returns”, y los actores secundarios, en su mayoría británicos (Kenneth Branagh, Terence Stamp, Tom Wilkinson, Bill Nighy), están simplemente espléndidos. A pesar de la manía que últimamente todo el mundo parece haberle tomado a Tom Cruise, yo os la recomiendo: “Valkiria” es un trhiller político-militar muy bien llevado, entretenido y primorosamente interpretado.

Luis Campoy

Lo mejor: los actores secundarios, la ambientación
Lo peor: que la gente no acuda a verla simplemente porque la protagoniza Tom Cruise
El cruce: “El hundimiento” + “La noche de los generales” + “Chacal
Calificación: 8,75 (sobre 10)

viernes, 6 de febrero de 2009

Las cosas a la luz del día no se ven igual que durante la noche



Cuando te cambia la vida , a veces los cambios no se limitan al fondo sino que también afectan a la forma , o viceversa. Una mañana soleada me destinaron a nuestra agencia situada en la costa más próxima, y no precisamente porque mi encargado quisiese que mi palidez invernal se tornase en coqueto bronceado. El caso es que , mientras conducía a los sones de Supertramp , pasé por segunda vez ante una silueta de pretensiones modernistas que me resultó vagamente familiar . Las cosas a la luz del día no se ven igual que durante la noche . En aquel momento en que por segunda vez miraba el complejo comercial denominado Parque Almenara, recordé perfectamente la primera ocasión en que me hallé delante y dentro de aquel entorno , y el recuerdo tenia sabor agridulce de pasada felicidad y culpabilidad renovada . Alguien me dijo que este blog es una especie de glosario de mis fracasos , un escaparate de mis carencias como ser humano incapaz de mantener una relación sentimental . Sí , tal vez debería limitarme a hablar de cine y dejar de lado la narración de los errores sobre los que vanamente intento construir algo parecido a un futuro , pero es que , a la larga , es inevitable que un espacio cibernético como éste acabe convirtiéndose en algo así como "El Show de Luis" , en el que lo que prima no es tanto lo que se cuenta sino la óptica particular del cronista . Mi crónica es tan colorista que suele oscilar entre el rosa y el negro , cuando no mezclar ambos colores en la misma paleta . Hace pocas semanas lo veía casi todo como lo hubiera visto la propia Edith Piaf, pero está claro que , si tengo algún destino escrito , ése es el de sufrir o hacer sufrir . De nada valen como excusas mis principios tan decentes o mis intenciones honorables; las lágrimas tienen todas el mismo sabor amargo . Quisiera encontrar las palabras con las que plasmar el pesar propio ante el enésimo dolor ajeno , pero , aunque pudiese pintar mi contrición con verbos floridos , el jardín de la pena seguiría igual de desolado . Los instantes dichosos se quedarán en "dichosos instantes" , el ángel será recordado como demonio y el cielo se confundirá con un infierno en el que la premeditación y la alevosía surgen de cada detalle en el que queramos focalizarlas . El color del cristal tras el que nos miran acaba siendo el único válido para nuestro espectador . La Ronda Sur se confundirá , en el futuro recuerdo , con el sur de la serranía de Ronda , donde un bandolero robaba corazones ; el Garbanzal sólo será aquel sitio en el que dejaron entrar al garbanzo negro de la estirpe masculina; el Mandarache, el escenario de un cambalache de ilusiones trocadas en amargura; y mis futuros regalos de Navidad, mejor que se los pida a los Reyes Magos, y nunca jamás a Santa Claus. Estas, más o menos, fueron las cosas que pensé al circunvalar por segunda vez el Parque Almenara, una soleada mañana en que las cosas ya no se veían como una vez se vieron.