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viernes, 16 de enero de 2009

"Probablemente Dios no existe"




Menuda movida la que se ha montado alrededor de una astuta campaña publicitaria que se ha iniciado en los autobuses urbanos de Barcelona, en la que, en letras bien grandes, se cuestiona la existencia de Dios. Lógicamente, los creyentes se han echado las manos a la cabeza, y muchos de ellos han emprendido una campaña paralela aunque en sentido contrario. Ateos vs. creyentes. Pero ¿existe Dios realmente? Ahora que vivimos en una sociedad en la que la libertad de pensamiento, de expresión y de religiosidad están vigentes, ya se puede dudar incluso de éso. ¿Quién creó a quién? ¿Dios al Hombre…. o el Hombre a Dios? Desde siempre, los seres humanos hemos mirado hacia arriba, hacia lo alto, dando gracias a algo o a alguien por haber nacido, por existir, por seguir viviendo un día más. ¿Qué o quién creó el Universo y la Vida? ¿Acaso todo viene de una génesis espontánea? Yo, como la mayoría de vosotros, he sido educado dentro de una cultura en la que se daba por segura la existencia de un Dios Omnipotente, Creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible y lo invisible. Ese Dios tuvo un hijo devenido en hombre, que dio su vida por todos nosotros, sus congéneres humanos. ¿Cómo no íbamos a estarle agradecidos? ¿Cómo no íbamos a adorar, prácticamente sin rechistar, al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a la Santa Madre y a toda la cohorte de santos, beatos y ángeles celestiales? Durante mis años de educación Marista, ni yo ni mis compañeros éramos capaces de discutir la existencia de tales personajes, incluso aun cuando sus historias se publicaban en textos de notorio carácter simbólico, incluso aun cuando casi siempre aparentaban desoir la mayoría de nuestras súplicas o peticiones. Luego, cuando vas haciéndote mayor, te van sucediendo cosas a ti mismo o bien eres testigo impotente de tantas injusticias, que no puedes evitar pensar “Si Dios existiera, no podría consentir ésto”. Que sí, que ya sé aquello del “libre albedrío”, del “Dios aprieta pero no ahoga” y demás razonamientos, y todos ellos me parecen muy respetables. Creo que todo este asunto depende de nuestra capacidad y de nuestra necesidad de sentir Fe. La fe es la creencia ciega en algo que no podemos ver, pero cuya existencia no podemos dudar (lo de “creencia ciega en algo que no podemos ver” me ha quedado de Cine, ¿eh?). Y la verdad es que todos creemos en algo. Es necesario creer. Hay quien cree en una divinidad cristiana que se llama “Dios”, quien lo hace en una alternativa musulmana que atiende por “Alá”, quien le reza a “Buda” o incluso quienes veneran a… Maradona. Pero está claro que Maradona sólo tiene divina la mano, y a lo que me estaba refiriendo era a deidades entre cuyo principal mérito figura el de haber creado la Vida a partir de la Nada. ¿Vida a partir de la Nada? ¿Pero éso no lo hizo la Madre Naturaleza? Joder. Si es que, con tantos credos y creencias, se nos forma en el cerebelo tal batiburrillo de pensamientos y razonamientos que ya no sabemos a qué atenernos. Si nuestro Dios, se llame como se llame, es realmente el único y verdadero, ¿por qué permite que tantos impostores le quiten adeptos? Pero, si no se trata de un Dios macho sino de la Naturaleza como metáfora de la hembra en cuyo vientre se genera la existencia, ¿por qué la mayoría de los entes divinos reciben apelativos masculinos?. Ya lo véis, en este tiempo de crisis, de crisis económica, política y moral, los valores bursátiles no son los únicos en venirse abajo, y me temo que el único que dio en la diana, el único que no se equivoca, fue el amigo Descartes, quien acuñó una de las frases más célebres de la Historia: “Pienso… luego existo”.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Yo no sé si existe Dios.
Ante tantas injusticias, masacres y enfermedades, uno piensa que no existe ese Dios al que inevitablemente, todos echamos mano cuando creemos necesitarlo.
Así es el ser humano. Cuando nos van bien las cosas, "A Dios, gracias", y cuando nos van mal...

Saludos.

Luis Campoy dijo...

Pues sí. Lo mejor supongo que puede ser tratar de hacer nosotros todo el bien que podamos a los demás sin depender de que el pobre Dios tenga que hacerlo en nuestro nombre. Saludos. (Por cierto, "Anónimo", ¿quién eres? ¿Por qué no dejáis siquiera un nombre?)