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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Yes, We Can


He soñado con Obama. Es decir, esta mañana, casi madrugada, cuando me desperté, ya sabía que Obama iba a convertirse en el nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, porque en mi sueño, en mis sueños, había sido testigo de su victoria. Ayer no lo tenía nada claro; las últimas encuestas revelaban un peligroso acercamiento de John McCain en la intención de voto, sustentado, sobre todo, en un vendaval de prejuicios acerca del color de la piel del candidato demócrata. Que sí, que, para muchos norteamericanos, el principal atractivo de McCain respecto de Obama es que aquél es blanco. Estas últimas semanas he oído y he leído numerosos vaticinios a cargo de analistas políticos, y la mayoría coincidían en que, a la hora de depositar el voto, muchos de los que, en la teoría, apoyaban al senador demócrata por Illinois, posiblemente “recularan” en el instante en que comprendieran que iban a dotar de poderes casi absolutos a un afroamericano, a un descendiente de esclavos… a un negro, vamos. Soy incapaz de entender cómo comenzaron las desigualdades entre las personas a causa de la tonalidad de su piel; o sea, ¿por qué el color de la epidermis puede ser tan relevante, y no, por ejemplo, el del cabello o el de los ojos? Tal vez es que soy ingenuo, probablemente un pobre iluso digno de conmiseración. Lo que hace diferentes a unos seres humanos de otros es tan sólo el color de sus actos, el aroma de sus decisiones morales. Incluso en este caso, antes de juzgar a nadie habría que intentar comprenderle, identificarse con él. Pero vivimos en un planeta llamado Tierra y estamos en el siglo XXI, y todo lo que he dicho hasta ahora son sólo teorías, prácticamente quimeras o utopías. Es cierto y es innegable que el mundo está dividido, enfrentado, y que las diferencias raciales son una evidencia, como también lo son las religiosas, las culturales, las económicas o las armamentísticas. Por éso, ayer me acosté con el temor de que el soplo de esperanza que representaba Barack Obama se asfixiara en la persona de un John McCain que no inspiraba ni esperanza, ni confianza, ni ilusión. Sin embargo, en mi sueño se han hecho reales los sueños adolescentes de toda una vida creyendo que el alma importa más que el cuerpo, que la razón debe prevalecer sobre la fuerza, que el juicio se sobrepondrá al prejuicio. Casi me ha dado miedo encender la radio por si me equivocaba, por si Luis el iluso se llevaba uno más de sus habituales chascos; pero no, esta vez no. El mundo ha cambiado, al menos un poquito, en la madrugada del cuatro al cinco de noviembre de dos mil ocho. Todavía es posible dejarse llevar por la esperanza, caminar en pos de un sueño. Pero no nos engañemos: el sueño no lo ha hecho posible Obama, sino quienes, por una vez, han dejado de lado el miedo, el odio y los prejuicios para tomar una decisión macerada en sus corazones. Ojalá que el primer hombre de color que ostentará la presidencia de la nación más poderosa de la Tierra sepa no defraudar las inmensas expectativas que tantos de nosotros hemos edificado en torno a él. ¿Podemos cambiar la Historia, cambiar el Destino, cambiar el mundo? ¡Yes, We Can!.

1 comentario :

Anónimo dijo...

Un proverbio...de no sé quien: "Cuidado con lo q sueñas, por q se puede hacer realidad". Al final, Obama ha arrasado. Me alegro, me alegro un montón, sobre todo por los racistas, todos esos "americanos" blancos q siempre han igualado ser "negros" (o de color, lo mismo me dá), con “esclavitud”. A toda esa gente q no cree en las personas de color… q les dén. Esto va cambiando poco a poco. A ver si de una puñetera vez cambia todo. Ojalá Obama lo haga tan bien, como esperanza y confianza han puesto todo aquel q le haya votado. Han sido muchos meses de campaña, mucho tiempo para meditar. Es joven, además guapo...hay q darle un "voto" de confianza al "chaval". Espero q la suerte esté de su parte, y además..le acompañe.

bichito