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martes, 18 de noviembre de 2008

Cine/ "SOLO QUIERO CAMINAR"


Chilis con gangsters

Una de las películas que ví durante mi reciente viaje a Alicante fue “Sólo quiero caminar”, algo así como una tardía secuela de “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, debut en la dirección de Agustín Díaz Yanes, quien también dirige esta segunda entrega, con Victoria Abril protagonizando ambos títulos (por cierto, espero que no os molestéis si os revelo que, definitivamente, no habrá tercera parte, o, al menos, no con la misma protagonista). Ya el tráiler de “Sólo quiero caminar” me dejó clavado en la butaca, y con muchísimos deseos de verla. Mis expectativas no se han visto defraudadas en absoluto. Nunca deja de sorprenderme que en esta España de nuestros amores haya quien sepa rodar y montar tan estupendas películas “de género”, y el propio Díaz Yanes es todo un virtuoso, como ha demostrado tanto en la aventura épico-histórica (“Alatriste”, en la que sólo rechinaba el confuso y apretujado libreto, nunca la puesta en escena) como en el thriller policíaco (“Nadie hablará…” y el título que estamos ahora comentando). Dura, a veces cruel, lúcidamente violenta, “Sólo quiero caminar” (que toma su título de la canción de Camarón y Paco de Lucía) cuenta la historia de dos gangsters mexicanos (Diego Luna y José María Yazpik) cuyo imperio criminal hace aguas por culpa de unas mujeres españolas de armas tomar (Victoria Abril, Ariadna Gil, Pilar López de Ayala y Elena Anaya). Dicen los productores del film que una historia así sólo hubiera tenido cabida en México o Rusia, y que la Casa de Putin les resultaba menos atractiva que la patria de Alejandro Fernández. Así pues, retomando al personaje de Gloria Duque (Abril) y parte del entorno gangsteril de “Nadie hablará…”, Díaz Yanes y su elenco femenino cruzaron el charco y rodaron este virulento policíaco que parece que ha molestado menos a los auténticos mafiosos chicanos que “Gomorra” a la Camorra napolitana; al menos, su guionista y director no ha tenido que ocultarse del mundanal ruido. A quien sí debería molestar lo que se ve en el film es al colectivo feminista, porque es vergonzoso e indignante el modo en que se retrata la conducta hipermachista de la inmensa mayoría de los mexicanos, para quienes las mujeres son poco más que putas a las que, con suerte, se las puede reciclar para convertirlas en limpiadoras o, como mucho, criadoras de hijos. Sólo el personaje de Diego Luna parece escapar a este repugnante estereotipo, y ¡así le va al pobre…! Todos sabemos que, en general, en Sudamérica todavía existe un machismo dominante, asumido, desgraciadamente, por muchas señoras que acaban aceptando que su ciclo vital no está completo si no obtienen determinados beneficios a cambio de su entrega, y, tratando de transgredir este destino, es como Elena Anaya se juega el tipo forjando un plan que sus compañeras deberán llevar a cabo en la mejor tradición del subgénero de robos y atracos al estilo de “Rififí”, “Rufufú”, “Topkapi”, “Atraco perfecto”, etc., etc., etc. Analizar la verosimilitud de tan rocambolesco plan me parece innecesario, pero sí tengo que alabar nuevamente el gran trabajo de puesta en escena, dirección de actores y montaje, así como las composiciones de Ariadna Gil, Pilar López de Ayala y José María Yazpik. Definitivamente, me ha gustado esta película. En realidad, he notado que, últimamente, son los thillers (“Wanted”, “Red de mentiras”), cuanto más violentos, mejor, lo que más me hace disfrutar en una sala de cine. Será que dejarse llevar ante tan artístico despliegue de violencia es lo mejor para no pensar en la propia realidad.



Luis Campoy


Lo mejor: Ariadna Gil, José María Yazpik, Pilar López de Ayala, la realización, el montaje
Lo peor: Victoria Abril, la patética imagen que se da del machismo del pueblo mexicano
El cruce: “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” + “El mariachi” + “Rififí”
Calificación: 9 (sobre 10)

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