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sábado, 1 de noviembre de 2008

Cine/ "LOS AÑOS DESNUDOS"


Desnudando conciencias
Si una película como “Los Años Desnudos” hubiese sido rodada en Estados Unidos, si sus protagonistas no se llamasen Candela Peña, Goya Toledo y Mar Flores sino (por poner un ejemplo) Scarlett Johansson, Keira Knightley y Julia Roberts y a cargo de su dirección no estuviesen Dunia Ayaso y Félix Sabroso sino Paul Thomas Anderson o Jason Reitman, seguramente todos habríamos sido machacados por una publicidad que nos hablaría de “una obra maestra del cine americano, precedida de un fervoroso reconocimiento crítico y un inigualable éxito de taquilla”. Pero claro, ésto es España, nuestra industria cinematográfica está bajo mínimos, la gente tan sólo conoce a directores como Almodóvar, Amenábar o Santiago Segura y quienes pagarán una entrada de cine por ver esta película serán cuatro gatos… por no decir tres y medio.

Tras una trayectoria un tanto desigual jalonada por títulos como “Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mí”, “Descongélate” o “Chuecatown”, el tándem formado por Dunia Ayaso y Félix Sabroso nos sorprende con este retrato increíblemente lúcido de unos tiempos recientes que, mirándolo bien, duraron tanto como un breve suspiro de libertad. La muerte de Franco en 1975 conllevó multitud de lógicos cambios, entre ellos, la abolición de una rígida censura que hasta entonces había impedido no sólo pensar sino simplemente mostrar. En muy pocos meses comenzaron a estrenarse películas prohibidas por diversas razones (“El gran dictador”, “Senderos de gloria” o “La naranja mecánica”) y casi de la nada surgió una industria paralela que empezó a producir como rosquillas una serie de films clonados unos de otros en los que las bellas protagonistas aprovechaban cualquier mínima excusa para mostrar sus cuerpos desnudos, algo absolutamente impensable durante la dictadura. El hambre de sexo era mucha, pero el hartazgo fue brutal. Tras cinco o seis años que parecieron interminables en los que se realizaron decenas y decenas de estos subproductos clasificados “S”, el público empezó a darles la espalda, y quienes lo que querían era visualizar secuencias menos light y más explícitas derivaron hacia las nuevas salas “X”, que a su vez fueron masacradas por la llegada del video doméstico y los sex-shops.

El ascenso y caída del cine “S” está personificado en la historia de tres mujeres, Sandra, Lina y Eva, quienes, por diferentes circunstancias, coinciden en el plató en el que se rueda una película en la que deben interpretar, respectivamente, a dos monjas y una abadesa cuyos hábitos están prestos a deshabitar sus lozanos cuerpos. A partir de ahí encadenan un rodaje con otro, logrando una cierta popularidad en los ambientes pseudoculturales de la época, hasta que una de ellas (Eva: Mar Flores) se casa con un productor de películas “normales”, otra (Lina: Goya Toledo) se hunde en el abismo de las drogas y se convierte en una de las primeras víctimas del SIDA y sólo la tercera (Sandra: Candela Peña) consigue salir adelante labrándose una cierta reputación como actriz dramática y ya no necesita desnudarse para triunfar.

Como dije al principio, me sorprendió mucho la madurez con que Ayaso & Sabroso retratan una época tan cercana como fácilmente reconocible, que fotografían con tonos cálidos (¡esos filtros en las escenas eróticas!) para las escenas de los años setenta y en colores fríos para la parte que se desarrolla en los ochenta, mientras a nuestros oídos acuden una vez más una multitud de canciones e intérpretes casi perdidos en el túnel del tiempo (Manolo Otero, Baccara, “Yo también necesito amar” de Ana y Johnny, “Estoy bailando” de las Hermanas Goggi, “Soul Dracula”, etc. etc. etc.); incluso la banda sonora original, compuesta por Lucio Godoy, recuerda poderosamente a las que se escuchaban en aquel tipo de cine tan “especial”. Todo un acierto, también, en la parte sonora.

La primera escena del film, en la que una cándida Candela Peña se desnuda durante un casting ante un director al que no se llega a ver y que oficia como punto de vista subjetivo del espectador, refleja en apenas tres minutos el significado de “Los Años Desnudos”: la inocencia de un pueblo hasta entonces oprimido derivó en la exhibición gratuita de todo lo que antes había estado vetado, y las actrices que tan populares se hicieron en aquellos años (Susana y Blanca Estrada, María José Cantudo, Agata Lys, Bárbara Rey, etc.) no exhibían su anatomía tan generosa y desinteresadamente como los más puritanos pensaban, sino que se sentían obligadas a ello si querían desarrollar su vocación interpretativa, aunque también había quienes lo hacían simplemente porque era una forma rápida de escapar de la pobreza y el anonimato. Dando fe de ello aparece en un “cameo” la citada Susana Estrada, bastante envejecida y ajada, interpretando a una reportera que entrevista a uno de los supuestos directores de aquellos bodrios, que es quien pronuncia una frase que bien podría servir como slogan y carta de presentación del film: “Mis películas no sólo sirven para desnudar señoras; también desnudan conciencias”.

Con numerosos desnudos integrales a cargo de una entregada Candela Peña (aquí, más que nunca, sí que puede decirse que lo exigía el guión), una más que correcta hembra y una más que excelente actriz, unos diálogos inspirados y, como dije antes, una ambientación sobresaliente, cabe destacar en el seno de esta “película de actrices” a un par de actores poco conocidos (Luis Zahera y Antonio de la Torre) que ofrecen un muy buen trabajo y, a título prácticamente anecdótico, la presencia de Jorge Monje, uno de los secundarios habituales del serial “Amar en tiempos revueltos”.

Luis Campoy

Lo mejor: Candela Peña, la ambientación, la fotografía
Lo peor: no se me ocurre nada
El cruce: “Boogie Nights” + “Cuéntame cómo pasó” + “Torrente”
Calificación: 9 (sobre 10)

1 comentario :

Anónimo dijo...

...lo has explicado como un dulce...como un bombón...

¡Que ganas de ir a verla!...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ERES UN MAESTRO!!!!!!!!.

un besazo amigo.

MARISA